Una Luz En El Corazón De Las Tinieblas
Amy Blankenship






Una Luz en el CorazÃ³n de las Tinieblas

Serie El GuardiÃ¡n del CorazÃ³n de Cristal. Libro 4



Author: Amy Blankenship, RK Melton

Translated by Guardian19



Copyright Â© 2010 Amy Blankenship

EdiciÃ³n en inglÃ©s Publicado por Amy Blankenship

Segunda EdiciÃ³n Publicado por TekTime

Todos los derechos reservados.










CapÃ­tulo 1



La Leyenda del CorazÃ³n del Tiempo



Los mundos pueden cambiar... pero las verdaderas leyendas nunca se desvanecen.

La obscuridad y la luz han estado constantemente en guerra desde el principio de los tiempos. Los mundos se forman y pulverizan bajo los pies de sus creadores, y sin embargo, en la actualidad, nunca ha sido cuestionada la necesidad de lo bueno y lo malo. Pero a veces se agrega un nuevo elemento a la mezcla... La Ãºnica cosa que ambos lados quieren, pero que solo uno puede tener.

De naturaleza paradÃ³jica, el GuardiÃ¡n del CorazÃ³n de Cristal es la constante por la que ambos lados han luchado por obtener. La roca cristalina tiene el poder de crear y destruir el universo conocido, pero tambiÃ©n puede acabar con todo el sufrimiento y los conflictos en el mismo soplo. Algunos dicen que el cristal tiene mente propia... otros dicen que los dioses estÃ¡n detrÃ¡s de todo.

Cada vez que el Cristal ha aparecido, sus Guardianes han estado listos para defenderlo de quienes quieren usarlo con fines egoÃ­stas. Las identidades de los Guardianes permanecen invariables, y aman con la misma ferocidad sin importar el mundo o el tiempo.

Una chica estÃ¡ en medio de estos antiguos guardianes y es el objeto de su afecto. Ella tiene dentro de sÃ­ el poder mismo del Cristal, es su portadora y la fuente de su poder. Las lÃ­neas se difuminan con frecuencia y, al defender el Cristal, lentamente cambian para defender a la Sacerdotisa de los otros Guardianes.

Esta es la copa de la que bebe el corazÃ³n de la obscuridad. Es la oportunidad de debilitar a los Guardianes y hacerlos vulnerables para atacar. La obscuridad desea el poder del Cristal y a la chica de la misma forma que un hombre desea a una mujer.

Dentro de cada una de las dimensiones y realidades se puede encontrar un jardÃ­n secreto conocido como el CorazÃ³n del Tiempo. AllÃ­ se encuentra arrodillada la estatua de una joven Sacerdotisa humana rodeada de una magia milenaria que oculta y preserva muy bien su tesoro secreto. La doncella extiende sus manos como si esperara que le colocaran algo sumamente valioso en sus manos.

La leyenda dice que ella estÃ¡ esperando a que la poderosa piedra conocida como el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n vuelva a ella.

Solo los Guardianes conocen los verdaderos secretos detrÃ¡s de la historia de la estatua y su origen. Antes de que los cinco hermanos existieran, sus ancestros, Tadamichi y su hermano gemelo, Hyakuhei, protegieron el CorazÃ³n del Tiempo durante el perÃ­odo mÃ¡s oscuro de su historia. Por siglos, los gemelos protegieron el Sello que evitaba que el reino demonÃ­aco se solapara con el mundo humano. Esta era una obligaciÃ³n sagrada, las vidas de tanto los humanos como de los demonios debÃ­an mantenerse a salvo y secreta unas de las otras.

Inesperadamente, durante su reinado, un pequeÃ±o grupo de humanos accidentalmente cruzÃ³ al mundo de los demonios debido al Cristal sagrado. Durante un tiempo de confusiÃ³n, los poderes del Cristal causaron una fisura en el Sello que habÃ­a separado las dimensiones. El lÃ­der del grupo humano y Tadamichi rÃ¡pidamente se volvieron aliados, haciendo un pacto para cerrar la fisura en el Sello y mantener ambos mundos separados por siempre.

Pero en ese tiempo, Hyakuhei y Tadamichi se habÃ­an enamorado de la hija del lÃ­der humano.

La fisura habÃ­a sido reparada por Tadamichi y el padre de la chica contra los deseos de Hyakuhei. La fuerza del Sello habÃ­a aumentado diez veces, separando el peligroso triÃ¡ngulo amoroso por siempre. El corazÃ³n de Hyakuhei estaba destrozadoâ¦ incluso su hermano de sangre, Tadamichi, lo habÃ­a traicionado asegurÃ¡ndose de que Ã©l y la Sacerdotisa estuvieran separados por la eternidad.

El amor puede convertirse en la cosa mÃ¡s maligna una vez perdido. El corazÃ³n roto de Hyakuhei se volviÃ³ rencorosa y celosamente malicioso, causando una batalla entre los gemelos, terminando con la vida de Tadamichi y separando sus almas inmortales. Esos fragmentos de inmortalidad crearon cinco nuevos Guardianes para custodiar el Sello y protegerlo de Hyakuhei, quien se habÃ­a unido con los demonios en su reino.

Prisionero dentro de la obscuridad en la que se habÃ­a convertido, Hyakuhei desechÃ³ todo pensamiento de proteger el CorazÃ³n del Tiempoâ¦ en cambio, puso su energÃ­a en remover el Sello por completo. Sus largos encierros a medianoche, alcanzando mÃ¡s allÃ¡ de sus rodillas y un rostro perteneciente Ãºnicamente al mÃ¡s seductor, ocultaba la verdadera maldad escondida en su apariencia angÃ©lica.

Mientras la guerra comienza entre las fuerzas de la luz y la obscuridad, la estatua santificada emite una intensa y cegadora luz azul como seÃ±al de que la joven Sacerdotisa ha renacido y que el Cristal ha resurgido en el otro lado.

La batalla entre el bien y el mal comienza realmente, y mientras los Guardianes son atraÃ­dos hacia la Sacerdotisa y se disponen a protegerla, asÃ­ como a la entrada hacia el otro mundo donde la obscuridad domina el mundo de la luz.



Ãsta es una de sus muchas aventuras Ã©picasâ¦

*****

Por siglos la luna roja ha sido siempre sÃ­mbolo del portador de la muerte. Aquellos que veÃ­an ese sÃ­mbolo mortÃ­fero tenÃ­an miedo de perder sus vidas ante el arrullo del eterno sueÃ±o que prometÃ­a. En la distancia, un grito que congelaba las venas se escuchÃ³ a kilÃ³metros mientras el peligroso sÃ­mbolo se asentaba en lo alto del cielo nocturno.

En un claro del bosque habÃ­an dos solitarias figuras de pie: una estaba herida, respirando con dificultad con una de sus dagas gemelas en su mano, la otra se erguÃ­a amenazante sobre ella, una sonrisa de suficiencia agraciaba su inhumanamente hermoso rostro. Unos depredadores ojos rubÃ­ observaban a su vÃ­ctima bajo la luz de la luna esperando su siguiente movimiento. La piel antinaturalmente pÃ¡lida de Hyakuhei parecÃ­a brillar en la noche, dÃ¡ndole la apariencia de un sicario angelical.

â Â¡Nos has matado sin muerte! â gruÃ±Ã³ Toya, enseÃ±ando sus alargados colmillos. Sus ojos de polvo de oro ardÃ­an en odio hacia el hombre de pie a su lado. Una vez fue su amigoâ¦ el hermano de su propio padreâ¦ ahora su enemigo mortal. â Â¡Eres un bastardo!

â Dices eso ahora con convicciÃ³n, pero yo te di vida eterna, te entrenÃ© y te cuidÃ©. Te amÃ© a ti y a tu hermano como si fueran mÃ­os â. Sus ojos escarlata brillaron con furia ante el insolente, era solo un niÃ±o delante de Ã©l.

â TÃº llamas el convertirnos en monstruosâ¦ Â¿amor? Â¡Te robaste nuestras vidas! Â¡Me convertiste para intentar forzar a mi hermano a convertirse en uno de los tuyos! Nos mentiste, dijiste que podrÃ­as deshacer la maldiciÃ³n si nos unÃ­amos a ti â. Su aliento se acabÃ³ en un siseo furioso mientras continuaba.

â Â¡Si no fuera por tu retorcida fascinaciÃ³n por mi hermano, serÃ­amos humanos normales, viviendo vidas normales como una familia, no como las criaturas de la noche, sedientas de sangre en las que nos convertiste! â de los ojos de Toya salieron lÃ¡grimas amargas de rabia y traiciÃ³n volviÃ©ndolas inquietantemente plateadas.

â Â¡Eres un tonto por creer que alguna vez fueron normales! â la voz de Hyakuhei tenÃ­a el malicioso indicio de la amargura. â TÃº y tu hermano lloran errÃ³neamente por algo que nunca podrÃ­an obtener â. Su voz se suavizÃ³ por un momento mientras se tragaba los recuerdos de su hermano gemeloâ¦ de su padre. â No importa â. Sus ojos se encendieron mientras se enfocaba en Toya. â Eres como tu padreâ¦ egoÃ­sta.

â Â¡La muerte de tu padre fue la que los dejÃ³ a mi cuidado! TÃº y tu hermano me pertenecen y siempre tomo lo que es mÃ­o. TendrÃ© su obediencia una vez que termine contigo â. La garra de Hyakuhei se flexionÃ³ en anticipaciÃ³n, ansiosa de sentir la sangre del joven caer por sus mortÃ­feras uÃ±as. â Â¡Eres tÃº quien ha traicionado a su propia carne y sangre!

Toya girÃ³ en cÃ­rculo escuchando a la odiada voz mientras Hyakuhei temblaba y desaparecÃ­a solo para reaparecer al otro lado de donde estaba. Ãl sabÃ­a que el vampiro estaba jugando con Ã©l, pero Toya ya no le tenÃ­a miedo. El miedo habÃ­a muerto con ellaâ¦

â Â¿Por quÃ© la asesinaste? â demandÃ³ Toya siseando con la voz llena de rabia y desesperaciÃ³n. â Â¿Por quÃ© pensaste que al matarla obtendrÃ­as el Cristal? Â¡Nunca! Ella se negÃ³ a darte ese poder y te enfureciÃ³, Â¿no, Hyakuhei? â le gritÃ³ mientras giraba, tratando de seguir a su enemigo mientras Hyakuhei lo rodeaba con intenciones mortales.

â No era un secreto de que la querÃ­as para ti â. La mano de Toya se apretÃ³ alrededor de su daga con furia recordando la mirada obsesivaâ¦ el acosoâ¦ la visiÃ³n de su cuerpo sin vida.

â Cualquiera con ojos podÃ­a ver la forma en que la mirabas cuando pensabas que Kotaro o yo no prestÃ¡bamos atenciÃ³n â. Se le acabÃ³ el aliento en un sollozo al voltearse por un momento sabiendo que Kotaro y Ã©l la habÃ­an amadoâ¦ se habÃ­an peleado con Hyakuhei y entre ellos por ella. Nadie habÃ­a ganado. â Te vimos.

â Â¡Kyoko era mÃ­a y siempre lo serÃ¡! â gritÃ³ Toya, su furia al perder a quien habÃ­a amado mÃ¡s que a respirarâ¦ se habÃ­a ido. Ella habÃ­a sido la luz en las tinieblas en la que se habÃ­a convertido su mundo.

Ella era la razÃ³n por la que habÃ­a desafiado a Hyakuhei. Ahora su razÃ³n para resistirse se habÃ­a ido y Toya sintiÃ³ el fuego de su alma elevarse a una temperatura alarmante. Ãl la habÃ­a encontrado acostada sin vida con una pequeÃ±a daga atravesando su corazÃ³n. En el fondo sabÃ­aâ¦ Ã©l y Kotaro sabÃ­anâ¦ que Hyakuhei la habÃ­a matado de alguna forma.

Los ojos negros de Hyakuhei se volvieron un tono mÃ¡s oscuros mientras miraba al hijo menor de su hermano con desprecio. â Ah, sÃ­, el escurridizo CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡nâ¦ tal poder no le pertenece a un chiquillo tonto como tÃº. Los seres mÃ¡s poderosos han ido en busca del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡nâ¦ Â¿pensaste que eras el Ãºnico, querido muchacho? No solo los vampiros, sino tambiÃ©n los inmortales y hechiceros, incluso los lobos comparten ese deseo de reunir tal poder.

â Â¿No te das cuenta de quÃ© sucederÃ­a si los Lycan la hubiesen reclamado primero? â los ojos de Hyakuhei se volvieron carmesÃ­ al pensar en Kotaro, lÃ­der de las tribus de los Lycan, obteniendo tal poder. Su rabia aumentÃ³ mientras recordaba el aroma de Lycans en la carne de ella esa misma noche. Ãl no esperarÃ­a y dejarÃ­a que sucediera algo tan peligroso.

â No, muchacho descuidado, ya me he hecho cargo de la Sacerdotisa que llevaba el Cristal dentro de ella â. Los ojos de Hyakuhei se endurecieron al pensamiento de la pequeÃ±a mentira.

En realidadâ¦ no habÃ­a matado a la chica. Ella se suicidÃ³ para evitar que el Cristal cayera en manos de Hyakuhei. La habÃ­a tenido en su poder listo para obtener el poder que llevaba dentro de ella. El poder del que hablaba la leyenda, si pudiera ser ciertoâ¦ hubiese permitido a su obscuridad caminar en la luzâ¦ y alimentarse de ella.

Sus dedos aÃºn se estremecÃ­an por el mÃ¡s breve toque de su piel. Hyakuhei se habÃ­a parado detrÃ¡s de ellaâ¦ sintiendo el calor de su cuerpo con su mano frÃ­a. Sus ojos color esmeralda se habÃ­an vuelto para enfrentarse a los suyos por tan solo un segundo para desafiarle. Ãl tan solo la habÃ­a querido probar, pero era muy tarde, Ã©l ya habÃ­a visto la daga en su mano mientras desaparecÃ­a rÃ¡pidamente dentro de su pecho. Ãl hubiese podido convertirla y compartir todo con ellaâ¦ pero ella ya habÃ­a rechazado su generosa oferta.

La valiente pero tonta mujer creyÃ³ que al suicidarse, custodiarÃ­a el poder del Cristal lejos de Ã©l por siempre. Pero por siempre era un tiempo muy largo para intentar esconderse de Ã©l.

â Â¡Ella renacerÃ¡! â gritÃ³ Toya con angustia, sabiendo que habÃ­a fallado al protegerla de la ira de Hyakuhei. La culpa de no haber estado ahÃ­ para salvarla lo estaba comiendo desde adentro. Ella habÃ­a sabido que Toya era un vampiro, una criatura de la noche. Aun asÃ­, ella no le habÃ­a dado la espalda; al contrario, se habÃ­a vuelto su amiga: Kyoko le habÃ­a confiado su propia vida.

Toya en su mente recordÃ³ el tiempo en el que la conociÃ³â¦ cayÃ³ de rodillas y agarrÃ³ la tierra con sus puÃ±os mirando sus lÃ¡grimas caer. â Â¡No fue suficiente tiempo! â negÃ³ gritando en silencio.

Ãl solo la habÃ­a conocido durante un perÃ­odo muy corto: seis ciclos lunares. Cuando la conociÃ³ por primera vez, Ã©l solo habÃ­a querido el Cristalâ¦ el Cristal que, al principio, ella ni siquiera era consciente de estar llevando dentro de ella. Pero Ã©l podÃ­a verlo brillar dentro de ellaâ¦ llamÃ¡ndolo. Entonces, algo habÃ­a cambiado. Toya se encontrÃ³ tratando de protegerla en vez de tratar de quitarle el Cristal.

Desde que ella se habÃ­a estrellado contra su mundo oscuro, Toya habÃ­a encontrado la verdad detrÃ¡s de la leyenda del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n, cosas de las que ni Hyakuhei se habÃ­a dado cuenta. HabÃ­a querido decirle a su hermano los secretos, pero Hyakuhei le habÃ­a hecho imposible encontrar a Kyou a tiempo. Ahora era demasiado tarde.

â Nunca tendrÃ¡s la luz del Cristal en la obscuridadâ¦ Â¡EncontrarÃ© a Kyoko de nuevo y mantendrÃ© el Cristal lejos de ti! â la voz de Toya era dura por su deseo de venganza. â Ella vivirÃ¡ de nuevo y yo estarÃ© esperÃ¡ndola â. Una inadvertida y solitaria lÃ¡grima plateada se deslizÃ³ por su mejilla mientras gritaba. â Â¡Juntos! Â¡Ella y yo encontraremos otra forma de liberar a Kyou de ti!

Hyakuhei caminÃ³ mÃ¡s cerca de Toya y una risa ahogada provenÃ­a de dentro de su pecho: â Oh, sÃ­, mi querido Toya, ella vivirÃ¡ de nuevo. El Cristal volverÃ¡ a este mundo y yo serÃ©, no solo el que reclamarÃ¡ su poder, sino a la chica tambiÃ©n. En cuanto a mi precioso Kyouâ¦ estoy seguro de que puedo encontrar algo con lo que ocupar el tiempo de tu hermano hasta que ese dÃ­a llegue.

Toya gruÃ±Ã³ gravemente en su garganta sabiendo que era una espada de doble filo. â MantÃ©n tus intenciones enfermizas para ti mismo. EncontrarÃ© una forma de hacernos normales de nuevo. Y a tiâ¦ Â¡te darÃ© muerte! â terminÃ³ con un grito mientras el viento comenzaba a aullar perversamente a travÃ©s del claro.

La daga en su mano destellÃ³ en un arco de luz plateada apenas rozando la tÃºnica oscura que embellecÃ­a a Hyakuhei. Toya no podÃ­a creer lo rÃ¡pido que era su oponente pero tenÃ­a el ceÃ±o fruncido con determinaciÃ³n. Una segunda daga apareciÃ³ en su otra mano y se abalanzÃ³ con ella, inmediatamente seguida por la primera.

Hyakuhei esquivÃ³ las hojas mortÃ­feras con la ayuda de los siglos de entrenamiento que habÃ­a soportado. Los humanos eran criaturas muy sencillas de derrotar y Toya, aunque convertido, era bastante humano en su manera de pensarâ¦ aÃºn un chiquillo en los ojos de un vampiro.

Hyakuhei debÃ­a admitir que de alguna manera proteger a la Sacerdotisa habÃ­a envejecido el poder de Toya casi al nivel de un anciano. Llevar a la Sacerdotisa lejos de Ã©l habÃ­a servido para dos propÃ³sitos. Sin su razÃ³n para pelear, el poder de Toya se habÃ­a reducido enormemente.

La mano izquierda de Hyakuhei arremetiÃ³ contra Toya atrapando sus muÃ±ecas en un agarre demoledor. Toya no tenÃ­a manera de defenderse cuando la garra derecha del vampiro cortÃ³ cruelmente su mejilla.

Los ojos plateados se estrellaron con los ojos carmesÃ­ por un momento suspendido en el tiempo, mientras Hyakuhei retraÃ­a sus garras. Sus labios insinuaron una sonrisa envenenada, mientras estiraba su mano para golpear gentilmente la herida que acababa de hacerle tan brutalmente. â Es una pena desperdiciar tanta perfecciÃ³nâ¦ tanta como la de tu hermano â. LamiÃ³ las gotas de sangre reciÃ©n derramada de su dedo antes de aÃ±adir: â pero no puedo tener tu rebelde amor distrayendo a Kyou de mÃ­.

Cuando sintiÃ³ que sus muÃ±ecas se liberaban, Toya dio un paso hacia atrÃ¡s y tratÃ³ de bloquear el siguiente ataque que iba hacia su torso. GruÃ±Ã³ del dolor cuando la sangre se derramÃ³ de los tajos de su pecho. Presionando uno de sus brazos sobre sus heridas, sus ojos dorados se abrieron como platos mientras se tambaleaba hacia atrÃ¡s, y esta vez, Hyakuhei lo dejÃ³.

Toya podÃ­a sentir los huesos rotos de sus muÃ±ecas rechinando uno contra el otro y tenÃ­a que concentrarse solo para evitar que sus dagas cayeran al suelo. Mirando hacia el hombre que odiaba mÃ¡s que a la muerte, Toya tratÃ³ de deshacerse del dolor sabiendo que no era un juego, que hasta los muertos vivientes pueden morir.

â TÃº, niÃ±o tonto, Â¿pensaste que podrÃ­as salvas a tu hermano matÃ¡ndome? Apenas puedes sostener tus cuchillas ahora, mucho menos podrÃ¡s atentar contra mi vida â se burlÃ³ Hyakuhei. Luego su rostro se volviÃ³ sereno, su enfado desapareciÃ³ de repente. La brisa nocturna levantÃ³ las puntas de su largo cabello negro dando la impresiÃ³n de estar vivo.

â Nunca tuviste alguna oportunidad, pequeÃ±o. Te ayudarÃ© a descansar para que asÃ­ no vuelvas a sentir mÃ¡s dolor â murmurÃ³ Hyakuhei, suavizando sus ojos hacia el hombre herido como un padre regaÃ±ando a un hijo caprichoso.

Los ojos plateados destellaron rojo de indignaciÃ³n por sus palabras. â Nunca tendrÃ¡s a mi hermano, Â¡tÃº hijo de perra! Mientras tenga vida en su cuerpo, Â¡Kyou no te dejarÃ¡ ganar y tampoco yo! â gritÃ³ Toya atacando a la figura vestida de negro en un Ãºltimo intento por salvar su alma inmortal.

Hyakuhei desapareciÃ³ en un parpadeo antes de que la daga de Toya pudiera penetrar en el frÃ­o corazÃ³n escondido dentro de su intemporal cuerpo. Penetrantes Ã³rbitas rojas relucieron, hambrientas de derramar sangre del joven que pensÃ³ en desafiarlo.

Su forma oscura levitaba muy arribaâ¦ se detuvo por un momento antes de descender para atacar a su presa.

Los sentidos de Toya estaban gritando peligro mientras sentÃ­a la amenaza inminente a su existencia, pero aÃºn no era suficientemente habilidoso para detallar desde dÃ³nde venÃ­a su atacante. BuscÃ³ alrededor frenÃ©ticamente pero tenÃ­a sus sentidos ahora opacados por la pÃ©rdida de sangre de sus heridasâ¦ junto con la herida escondida dentro de su corazÃ³n, Toya sintiÃ³ su miedo aumentando.

Le dolÃ­a el corazÃ³n por las palabras que su llamado âpadreâ le arrojÃ³. â No puedo dejarte ganar, monstruo. La vida de mi hermano depende de ello â susurrÃ³ Toya a travÃ©s de su dificultosa respiraciÃ³n, haciendo que sus palabras tronaran en sus propios oÃ­dos.

Un frÃ­o agudo subiÃ³ por su espinazo mientras miraba al cielo nocturno. Sus ojos se abrieron con mucho terror ante la visiÃ³n de lo que sabÃ­a era el final dadoâ¦ nunca la habÃ­a visto desde el receptor. âAsÃ­ queâ¦ asÃ­ es como es â se filtrÃ³ el pensamiento por su mente atormentada.

TratÃ³ de moverse pero una fuerza desconocida lo incapacitÃ³. Sus ojos se detuvieron en una mirada mortal. Los ojos rojos penetraron su misma alma y Toya supo que la muerte estaba cerca.

El grito atascado en su garganta fue reemplazado por un balbuceo. Sus ojos plateados se destiÃ±eron a dorado de nuevo y se encontraron con los ojos carmesÃ­ de su asesino mientras el tiempo parecÃ­a detenerse. Su cuerpo comenzÃ³ a sentirse entumecido antes de mirar hacia abajo entre sus cuerpos.

LÃ¡grimas cayeron de los ojos de Toya mientras el color dorado de sus ojos comenzaba a desvanecerse. â Te he fallado, por favor perdÃ³nameâ¦ Kyokoâ¦ Kyou â fue su Ãºltimo pensamiento mientras exhalÃ³ su Ãºltimo aliento.

PodÃ­a sentir el latido de su corazÃ³n alejarse lentamente llevÃ¡ndose el dolor consigo. Los misterios se desvelaron poco a poco con sus Ãºltimos latidos, y susurrÃ³ con una pregunta inquieta: â Kyokoâ¦ Â¿cuÃ¡nto tiempo has estado aquÃ­?








Mirando con una enfermiza sensaciÃ³n de placer, la figura vestida de negro con los abrazadores ojos rojos sonriÃ³ con satisfacciÃ³n. Lentamente los bajÃ³ a ambos a la dura y apisonada tierra. Su mano con garras estaba incrustada profundamente en el pecho del joven con ojos como el sol.

Hyakuhei arrancÃ³ agresivamente el corazÃ³n que habÃ­a dejado de latir.

Mirando a los ojos sin vida de Toya, susurrÃ³: â Siempre me preguntÃ© cÃ³mo se verÃ­an los ojos de Kyou cuando llorabaâ¦ apuesto a que serÃ¡n hermosos â. Se inclinÃ³ hacia abajo y besÃ³ a Toya en la frente antes de levantarse a voltearse para encarar al hombre que acababa de aterrizar a una corta distancia detrÃ¡s de Ã©l.

Una sonrisa sÃ¡dica apareciÃ³ en sus labios mientras sostenÃ­a el corazÃ³n sangrante y esperÃ³ que Kyou cerrara la distancia entre ellos. â Para ti, mi mascota, ahora no hay nada que se interponga entre nosotros â. Se escuchÃ³ su voz en la brisa nocturna.

Sus ojos se estrecharon con disgusto mirando al corazÃ³n fresco que Hyakuhei sostenÃ­a hacia Ã©l. Â¿Tanto tiempo habÃ­a pasado Hyakuhei como un muerto viviente que para Ã©l la muerte era un regalo?

Asqueado, Kyou se dio vuelta ante la perturbadora vista. HabÃ­a sentido la angustia de su hermano y habÃ­a venido a investigar. En su lugar, encontrÃ³ a su llamado âpadreâ y ya no podÃ­a sentir el aura de su hermano.

Algo estaba terriblemente mal y Kyou podÃ­a sentir los nervios a flor de piel en seÃ±al de amenaza.

No podÃ­a ver al dueÃ±o del corazÃ³n que aÃºn goteaba su vida de la mano del viejo vampiro desde que Hyakuhei le habÃ­a bloqueado la visiÃ³n. Le molestaba que lo retuvieran mientras buscaba a su hermano menor. No habÃ­a puesto un ojo en su hermano en mÃ¡s de un aÃ±o, excepto esa nocheâ¦ sabÃ­a que Toya lo necesitaba. DebÃ­a ser importante para que Kyou hubiera sentido el llamado con tanta fuerza.

Percibiendo la anticipaciÃ³n en el hombre que estaba delante de Ã©l, los ojos dorados de Kyou se encontraron con los de Hyakuhei. â Â¿El alma de quiÃ©n robaste esta vez? â PreguntÃ³ con desprecio en su voz.

â Â¿Por quÃ© no vienes a ver, mi mascota? Estoy seguro de que estarÃ¡s sumamente sorprendido. Es mi regalo para ti â. Una sonrisa cÃ³mplice alumbrÃ³ sus rasgos ensombrecidos cuando Hyakuhei se hizo a un ladoâ¦ dejando una clara vista de su vÃ­ctima. ExtendiÃ³ su mano lentamente hacia Toya, Kyou se volteÃ³ para mirar hacia abajo al cuerpo en el suelo.

La mirada de Kyou siguiÃ³ la de Hyakuhei mientras se acercaba lentamente, confundido ante la importancia de la identidad de esta vÃ­ctima. Sus ojos dorados se abrieron como platos ante la forma desplomada en la tierra mientras una mala sensaciÃ³n de mal agÃ¼ero subÃ­a por su espinazo. Su corazÃ³n comenzÃ³ a acelerarse cuando vio los reflejos plateados brillantes que resaltaban en el cabello negro como la noche que le resultaban familiares, ahora enmaraÃ±ado y apelmazado con sangre y mugre que se extendÃ­a sobre el rostro del hombre como si intentara esconder su verdadera identidad.

SintiÃ³ todo su ser gritar con furia y negaciÃ³n del conocimiento de que ahora miraba a la silueta masacrada de su hermano perdido. â Â¡NO! â rugiÃ³ Kyou echando la cabeza hacia atrÃ¡s. LÃ¡grimas llenaron sus ojos mientras se volteaba para encarar al responsable. â Â¿QuÃ© has hecho? â gruÃ±Ã³ y se lanzÃ³ hacia adelante deteniÃ©ndose apenas a pocos centÃ­metros del asesino de su hermano. Sus ojos dorados como el sol sangraron rojoâ¦ Ã©l mostrÃ³ largos colmillos como un perro rabioso. Flexionando su garra esperÃ³ la confesiÃ³n con la ira apenas contenida.

â Solo lo que deberÃ­a haber hecho desde el inicioâ¦ quitar al que no te apreciÃ³ como yo â. La expresiÃ³n de Hyakuhei se suavizÃ³ por un breve momento mientras observaba a su hijo favorito.

Le habÃ­a dado toda su atenciÃ³n y afecto desde que le dio el regalo de la oscura inmortalidadâ¦ pero Kyou no habÃ­a sido feliz. Era la tristeza en la mirada de Kyou lo que lo habÃ­a atraÃ­do asÃ­â¦ la soledad dentro de Ã©l era agradable e imitaba la melancolÃ­a de Hyakuhei. HabÃ­a convertido al hermano de Kyou, Toya, con esperanza de ganar la devociÃ³n de su apreciada posesiÃ³n. Peroâ¦ eso solo habÃ­a molestado mÃ¡s a Kyou.

Hyakuhei mirÃ³ las agridulces lÃ¡grimas que se formaban en los ojos de Kyou y supo que estaba en lo ciertoâ¦ Kyou era mÃ¡s divino cuando lloraba.

En ese momento, algo muy dentro de Kyou se rompiÃ³ como un afligido y desgarrador grito que rasgaba su cuerpo. Con una ira cegadora, atacÃ³ al asesino de su hermano, colmillos al aire y garras cortantes. â Â¡Voy a arrancarte el corazÃ³n y dejar que las criaturas de la noche desgarren tu cuerpo por lo que has hecho!

El hombre malvado esquivÃ³ con habilidad el ataque y en una imagen borrosa y negra, dejÃ³ a Kyou sujeto contra el suelo. Con una calma que no se reflejaba en las profundidades de sus ojos color rubÃ­, Hyakuhei se inclinÃ³ cerca de Ã©l, centrÃ³ su mirada en el rostro que tanto le encantabaâ¦ la cara de su propio hermano.

â Hice lo que era necesario para nosotros. Toya no querÃ­a que tuvieras mi regalo y buscaba alejarlo de ti. EntenderÃ¡s con el tiempo â. MurmurÃ³ con sus suaves labios que cepillaban brevemente los gruÃ±idos mientras decÃ­a esas palabras.

Con una fuerza que no sabÃ­a que poseÃ­a, Kyou lanzÃ³ violentamente al ofensivo hombre a seis metros de distancia de su cuerpo tembloroso. DeslizÃ³ su antebrazo por su boca asqueado, gruÃ±endo peligrosamente.

â Bien, bien, pequeÃ±o, cÃ¡lmate â. Hyakuhei lo arrullÃ³ mientras se levantaba y se limpiaba el polvo. Sus ojos brillaban con una promesa, mientras su cuerpo temblaba ligeramente y se desvanecÃ­a en la noche. â EstarÃ© esperandoâ¦ esperando por tiâ¦ mi mascota.

El mundo de Kyou se hizo aÃ±icos a su alrededor al mirar hacia abajo al cuerpo sin vida de su hermano. â VengarÃ© la muerte de mi hermano y pasarÃ© el resto de la eternidad persiguiÃ©ndote si lo tengo que hacer. Cuando te encuentre, pagarÃ¡s por esto, Hyakuhei.

Temblando, se arrodillÃ³ lentamente y con gentileza levantÃ³ el cuerpo de Toya hacia su pecho, acunando su cabeza con delicadeza. El cabello de su pequeÃ±o hermano habÃ­a caÃ­do de su rostro haciendo que la visiÃ³n de Kyou se empaÃ±ara mientras trataba de evitar que se desbordaran sus lÃ¡grimas, sin Ã©xito. ParecÃ­a que Toya solo estaba dormido, en paz por primera vez en mucho tiempo.

MirÃ³ sus lÃ¡grimas caer a la mejilla de Toya y Kyou sintiÃ³ su corazÃ³n romperse. Abrazando con fuerza a su amado hermano contra sÃ­, Kyou suspirÃ³ con voz temblorosa: â Toya, por favor, perdÃ³name por no llegar aquÃ­ a tiempo â. Su respiraciÃ³n temblaba dentro de Ã©l al tiempo que cerraba sus ojos fuertemente con dolor. â SabÃ­a que me necesitabasâ¦ debÃ­ haberte salvado.

La mente de Kyou regresÃ³ al dÃ­a en que Hyakuhei lo convirtiÃ³ en lo que era ahora, al dÃ­a siguiente de la muerte de su padre. Kyou sabÃ­a que Hyakuhei solo lo querÃ­a a Ã©l, y Toya solo era un niÃ±o pequeÃ±o. AsÃ­ que para proteger a Toya, Kyou se fue con su tÃ­o aunque su hermano pequeÃ±o le llorara para que no se fuera.

AÃºn podÃ­a recordar el recelo en los dorados ojos de Toya mientras fulminaba con la mirada a Hyakuhei por atreverse a alejar de Ã©l a su hermano mayor. El recuerdo de esa mirada acechante fue la que habÃ­a ayudado a Kyou a alejarse de su hermano durante varios aÃ±os para protegerlo.

Cuando Toya creciÃ³, Kyou se encontrÃ³ anhelando verlo, visitÃ¡ndolo en secreto y observÃ¡ndolo desde la distancia, viendo cÃ³mo su hermano vivÃ­a la vida que Ã©l no podÃ­a. Ver a Toya desde las sombras habÃ­a sido la Ãºnica felicidad durante esos dÃ­as oscuros. A menudo entraba a hurtadillas en la habitaciÃ³n de Toya para verlo dormir.

Se habÃ­a enterado de que Hyakuhei lo seguÃ­a y lo observaba observar a Toya: Ã©l nunca hubiese puesto a Toya en un peligro como ese. Su tÃ­o habÃ­a convertido a Toya porque pensÃ³ que era lo que Kyou habÃ­a querido. Era culpa suya que Toya hubiera muerto la primera vez.

Toya habÃ­a peleado contra su tÃ­o durante la conversiÃ³n y despuÃ©s. Mientras sus discusiones se volvÃ­an mÃ¡s violentas, Kyou tratÃ³ de mantener la atenciÃ³n de Hyakuhei alejada de su hermano. Entonces Toya habÃ­a comenzado a hablar sobre una cura para los vampirosâ¦ el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n. HabÃ­a jurado que lo encontrarÃ­a y curarlos a ambos.

Toya habÃ­a conseguido su cura en la muerte.

Haciendo lo mejor que podÃ­a para evitar mirar a la cavidad vacÃ­a donde una vez estuvo el corazÃ³n de su hermano, Kyou se levantÃ³ llevando el cuerpo de Toya lejos de la escena para darle un entierro apropiado.

Ya no podÃ­a sentir la presencia de Hyakuhei, pero sabÃ­a que estaba cerca, observÃ¡ndolo de alguna forma, siempre observÃ¡ndolo. Kyou entendiÃ³ ahora que tendrÃ­a que irse, esconderse hasta que fuera lo suficientemente fuerte para derrotar la maldad que le habÃ­a arrebatado la Ãºnica cosa que le era preciada: su hermano pequeÃ±o. Se deslizÃ³ mÃ¡s allÃ¡ de la obscuridad dejando aquel claro en un silencio total.

Kamui respirÃ³ un suave suspiro de alivio cuando los hermanos se fueron y bajÃ³ su barrera de invisibilidad de alrededor de la forma magullada de Kotaro. Mirando abajo al Lycan, Kamui supo que tomarÃ­a un tiempo para que las heridas de Kotaro sanaran, no solo las heridas en su cuerpo, sino tambiÃ©n las heridas que ahora yacÃ­an muy dentro incrustadas en su corazÃ³n.

â Vamos â. SusurrÃ³ Kamui, halando uno de los brazos de Kotaro por encima de sus hombros y ayudÃ¡ndole a levantarse. â Hyakuhei no ha ido muy lejos y necesito sacarte del campo abierto â. Sus ojos brillaron del color del polvo de arcoÃ­ris mientras trataba de retener sus propias lÃ¡grimas. Fue en vano porque pudo sentirlas calientes corriendo por sus mejillas.

Tanto se habÃ­a perdido en el periodo de un par de fatales horas, Ã©l sabÃ­a ahora que realmente era mÃ¡s oscuro que lo oscuro. No perderÃ­a a Kotaro tambiÃ©n.

â No lo odiaba tanto â. SusurrÃ³ Kotaro, mirando tristemente hacia el lugar donde el cuerpo de Toya estuvo tumbado momentos atrÃ¡s. Ambos habÃ­an amado a Kyoko y ella les habÃ­a tenido afecto a ambos de vuelta, nunca escogiÃ³ a uno por encima del otro cuando peleaban, hasta esta noche. Los destinos solo le habÃ­an dado unas pocas horas, y al menos Toya no tenÃ­a conocimiento de ello.

Su mano se curvÃ³ en un puÃ±o y lo tensÃ³. Toya se hubiese enojado, pero estarÃ­a vivo. â PreferirÃ­a enfrentar su iraâ¦ esto noâ¦ esto no â. Su voz flaqueÃ³.

Los dos habÃ­an tratado de protegerla, pero ahora Toyaâ¦ los ojos azul hielo de Kotaro nadaron con lÃ¡grimas sin derramar. â Nunca lo odiÃ©.

â Ãl sabÃ­a que no â. Le dijo Kamui llevando a Kotaro en la direcciÃ³n del Ãºnico lugar seguro que conocÃ­a: al hechicero, la casa de Shinbe. Necesitaba decirle a su amigo acerca del destino de Toyaâ¦ y el de Kyoko. Shinbe sabrÃ­a quÃ© hacer, de alguna forma, siempre lo sabÃ­a.

â MatarÃ© al bastardo de Hyakuhei â. GruÃ±Ã³ Kotaro tirando de Kamui en contra de su represiÃ³n, y su naturaleza de Lycan salÃ­a a la superficie. â La matÃ³, y matÃ³ a Toya por ella. Cuando lo encuentre desearÃ¡ haber nacido humano.

Como si el aire hubiese sido sacado de golpe de dentro de Ã©l, el cuerpo de Kotaro se estremeciÃ³. SabÃ­a que Toya era mucho mÃ¡s fuerte de lo que habÃ­a reconocido, pero sin Kyoko para proteger, Toya perdiÃ³ su voluntad de pelear. Hyakuhei supo eso antes de que la pelea comenzara.

La pena de Toya lo habÃ­a exaltado, lo habÃ­a vuelto impaciente. â Si tan solo hubiese esperado unos momentos mÃ¡s, Kyou pudo haberlo salvado â. La tristeza colgaba de cada sÃ­laba mientras Kotaro limpiaba con rabia las lÃ¡grimas que silenciosamente dejaban rastro en sus mejillas.

â QuerÃ­a salvarlos a ambosâ¦ Kyoko â. El dolor de su cuerpo debilitado era demasiado mientras cerraba sus brillantes ojos azul hielo y se rindiÃ³ a la nada que calmarÃ­a el dolor por un corto tiempo.

Kamui asintiÃ³ levantando el cuerpo blando de Kotaro y lo cargÃ³. â Has hecho suficiente. Descansa por ahora â. SusurrÃ³. â Es mi turno de hacer de salvador.



CapÃ­tulo 2



A la hora antes del amanecer, Kamui merodeÃ³ por encima de una tumba sin nombre. Los dos hombres parados a su lado eran lo que le quedaba. HabÃ­a observado a Shinbe usar sus poderes telequinÃ©ticos para remover la tierra de la tumba de Toya y expandirla lo suficiente para dos cuerpos.

Shinbe y Kotaro ahora tenÃ­an la misma expresiÃ³n de tristeza y fuerza terca. Kamui sabÃ­a que intentaban mantenerse fuertes por Ã©l, pero podÃ­a ver a travÃ©s de la melancolÃ­a que ambos escondÃ­an.

Todos clavaron sus ojos en la tumba, la dura realidad de ella hundiÃ©ndose allÃ­. No se suponÃ­a que las cosas terminaran asÃ­â¦ no se supone que el lado bueno pierda, o muera. Shinbe los habÃ­a ayudado a decidir quÃ© hacer. Recuperaron el cuerpo de Kyoko, la habÃ­an traÃ­do a la tumba donde Kyou habÃ­a puesto el cuerpo de su hermano, y los enterraron juntos.

Toya lo hubiese querido asÃ­, era lo Ãºnico que se sentÃ­a correcto.

Kamui habÃ­a sido incapaz de cargar el cuerpo de Kyoko al lugar de la tumba una vez que lo encontraron. No era la sangre que la rodeaba lo que le molestaba, era simplemente desgarrador ver a alguien tan bueno y puro que alguna vez tuvo tanta luz dentro de ella, que te dolÃ­an los ojos de verla acostada ahÃ­ en la obscuridad con los ojos abiertos y ciegos.

Sintiendo el shock de Kamui y viendo que sus manos temblaban, Kotaro se adelantÃ³ y la levantÃ³ con cariÃ±o entre sus brazos tratando con todas sus fuerzas de ignorar la rigidez en sus extremidades como las sintiÃ³. No podÃ­a permitirse sentir otra cosa que no fuera rabia y tristeza en ese momento. Si Ã©l hubiese dejado entrar el resto y lo mucho que la habÃ­a amado, se hubiese desplomado sobre sus rodillas, la pena le pesaba mucho.

Ver la mirada en el rostro de Kamui fue suficiente para ayudarlo a controlar sus propias emocionesâ¦ tambiÃ©n ayudÃ³ el entumecimiento que sentÃ­a. Kamui no era humano, tampoco era criaturaâ¦ lo que sea que fuera, su corazÃ³n se rompÃ­a. Kotaro decidiÃ³ que de ahora en adelante vigilarlo serÃ­a su asunto, aunque el chico probablemente no lo necesitara.

Kamui limpiÃ³ las lÃ¡grimas de sus ojos, tratando de ser fuerte como Kotaro y Shinbe. Su incontrolable cabello morado se ondulaba al viento mientras miraba hacia la tierra recientemente removida. Se habÃ­a quitado su tÃºnica y gentilmente los envolviÃ³ en ella para aumentar el poder del hechizo que estaba por lanzar.

Cerrando sus ojos brillantes entrelazÃ³ sus dedos, entretanto unas alas igualmente iluminadas brotaron de su espalda en un ajetreo de plumas. Brillaron con unos colores muy intensos, desconocidos para el ojo humano.

Shinbe y Kotaro dieron un paso hacia atrÃ¡s sorprendidos, entendiendo de repente lo que era Kamui. La palabra Ã¡ngel rondaba sus labios, pero Ã©l se veÃ­a muy triste. Como un Ã¡ngel con el corazÃ³n roto, un Ã¡ngel caÃ­do.

Con dedos gentiles, Kamui quitÃ³ una pluma de su ala derecha y sostuvo su palma al frente. La triste y serena expresiÃ³n en su rostro no titubeÃ³. Sus ojos brillaron con un destello de esperanza a la vez que golpeÃ³ la repentinamente afilada pluma sobre su palma provocando un corte profundo.

El lÃ­quido carmesÃ­ se encharcÃ³ en su palma y Kamui lentamente cerrÃ³ su puÃ±o encima antes de llevarlo encima de la tumba sin marcar. Las gotas sagradas de la vida de su sangre cayeron en la tierra haciendo que brillara con un poder azul elÃ©ctrico sobrenatural.

Shinbe y Kotaro solo podÃ­an estar parados y mirar asombrados mientras esto sucedÃ­a. No se atrevÃ­an a moverse por miedo de interrumpir el rito que Kamui estaba llevando a cabo. Ambos entendieron que estaban presenciando algo increÃ­ble y sin duda nunca lo volverÃ­an a ver.

El aire alrededor de Kamui se arremolinÃ³ en un vÃ³rtice que lo rodeaba con una luz azul fluorescente. Su voz en eco dejÃ³ sus labios aparentando ser mÃ¡s viejo y sabio de lo que lo habÃ­a sido para sus recuerdos, rebotÃ³ cruzando los cielos, un sonido aterrador llevado por kilÃ³metros haciendo que lo que lo escuchara se reverenciara ante su poder.

â Cien aÃ±os tomarÃ¡â¦

Esta vez por tu bien permaneceremosâ¦

Cuando la sangre de un GuardiÃ¡n se derramaâ¦

Es hora de que la profecÃ­a se cumplaâ¦

Solo entonces dos almas revivirÃ¡nâ¦

TrayÃ©ndolas a la luzâ¦

Destinadas a combatir la magia oscura de la nocheâ¦

Con esta promesa, nosotros los inmortales levantaremos nuestras armasâ¦

Protegiendo a aquellos renacidos de mÃ¡s daÃ±oâ¦

En manos de piedra y mÃ¡rmol a nuestro enemigo le daremosâ¦

El Ãºnico deseo que este deseaâ¦ dentro de la luz para vivir.

Mientras el vÃ³rtice envolvÃ­a a Kamui, una pluma brillante de cada ala iluminada se soltÃ³ y rompiÃ³ hacia dentro del ciclÃ³nâ¦cambiando como dos pequeÃ±as dagas para dispararse directamente hacia abajo, aterrizando en la tumba. Las relucientes plumas se quedaron atascadas en la suave tierra por unos breves momentos antes de hundirse en el suelo para emerger con las almas de sus amigos.

Las rodillas de Kamui golpearon el suelo al dispersarse el hechizo, enviando un terremoto hacia todas las direcciones. â Hasta que nos encontremos de nuevo, Kyokoâ¦ Toya â, susurrÃ³ Kamui sintiendo la soledad acercÃ¡ndosele. â QuizÃ¡ la siguiente vida serÃ¡ un tiempo mejor y mÃ¡s brillante.

Shinbe se mantuvo en silencio a su lado, sin desear nada mÃ¡s que derramar lÃ¡grimas, pero no se podÃ­a permitir ese lujo. Hyakuhei aÃºn estaba ahÃ­ afuera y Shinbe sabÃ­a que el vampiro de corazÃ³n oscuro eventualmente vendrÃ­a por Ã©l. El enemigo sabrÃ­a lo que habÃ­an hecho. BorrarÃ­a todos los rastros que pudiera por ahora.

Buscando dentro de su bolsillo, Shinbe sacÃ³ una botellita amatista llena de un polvo mÃ¡gico intemporal. Rociando ligeramente la tierra, caminÃ³ en cÃ­rculo alrededor de la tumba para protegerla de ojos fisgones. La tierra se volviÃ³ instantÃ¡neamente sÃ³lida para esconder la ubicaciÃ³n de la nueva tumba.

Los ojos de Shinbe se iluminaron del mismo color amatista mientras susurraba palabras que solo Ã©l podÃ­a entender.

SintiÃ³ un vÃ­nculo antiguo entre hermanos que habÃ­an luchado una batalla eterna con la obscuridad abrasando su alma para convertirse en un sÃ­mbolo de protecciÃ³n sobre la tumba. Encima del lugar donde sus amigos yacÃ­an, crecieron flores sin necesidad de que se plantara ninguna semilla. Flores de cinco colores aparecieron en vides espinosasâ¦ plataâ¦ doradoâ¦ azul hieloâ¦ amatistaâ¦ y un brillante polvo de arcoÃ­ris.

â Me voy â. Dijo Shinbe despuÃ©s de un largo silencio. No querÃ­a que su presencia diera la ubicaciÃ³n de los otros y supo que era tiempo de continuar. Su mirada saltÃ³ hacia el arbusto de flores de extraÃ±os colores. Toya y Kyoko ahora estaban protegidos de Hyakuhei y el hechizo no serÃ­a perturbado.

Por ahora, era lo Ãºnico que podÃ­a ofrecerles ademÃ¡s de tristeza.

Kamui mirÃ³ al hechicero, sorprendido ante su nuevo desempeÃ±o. â Â¿QuÃ©? Peroâ¦ Â¿Por quÃ©? â AbriÃ³ sus ojos en un momento de pÃ¡nicoâ¦ Â¿Ahora todos lo dejarÃ­an? Â¿No era suficientemente malo haber perdido a Toya y a Kyoko?

Sintiendo el miedo de Kamui elevarse, Shinbe colocÃ³ una mano firme en el hombro de su amigo e intentÃ³ explicarse. â Sabes tan bien como yo que Hyakuhei se enterarÃ¡ de lo sucedido aquÃ­ â. MirÃ³ a Kotaro por encima del hombro de Kamui sabiendo que el Lycan entenderÃ­a su deserciÃ³n.

â TÃº podrÃ¡s escapar de sus ojos siempre vigilantes, pero yo no poseo esa clase de poder. De todas formas serÃ© capaz de esconderme, pero no estoy seguro de por cuÃ¡nto tiempo â. Shinbe soltÃ³ un largo suspiro y mirÃ³ a la luna colgando baja en el cielo. â Mis dÃ­as tienen un nÃºmero en ellos ahora â. Una suave sonrisa ladeÃ³ las comisuras de sus labios como si supiera un secreto. â Que asÃ­ sea.

â AbordarÃ© el siguiente barco que vaya al oeste sobre el ocÃ©ano. AllÃ­ tendrÃ© una mejor oportunidad de mantener mi identidad a salvo de Hyakuhei y quizÃ¡ incluso de encontrar una forma en que mi alma reencarne al mismo tiempo a nuestros queridos amigos â. Ãl esperaba que lo que estaba diciendo fuera cierto. Ellos lo necesitarÃ­an cuando llegara el momento.

Kamui echÃ³ un vistazo a la tumba debajo de Ã©l, luego a sus amigos con mayor calma de la que habÃ­a sentido desde que esta pesadilla de tarde habÃ­a comenzado. No querÃ­a que Shinbe fuera la siguiente vÃ­ctima, asÃ­ que, sÃ­, entendiÃ³. Gentilmente arrancÃ³ una pluma arcoÃ­ris de su ala derecha y la presionÃ³ contra el cuello de Shinbe.

Shinbe jadeÃ³ cuando empezÃ³ a resplandecer brillantemente con fuerza antes de que su piel la absorbiera. MirÃ³ hacia abajo y vio el breve contorno de la pluma justo debajo del cuello de su tÃºnica.

â Eso ayudarÃ¡ cuando llegue el momento â. Dijo Kamui con una sonrisa y le dio a Shinbe un fuerte y comprensivo abrazo. No perderÃ­a a Shinbe por mucho tiempo, sin importar quÃ©.

â Nos veremos de nuevo mi amigo â, susurrÃ³ Shinbe antes de alejarse del abrazo de Kamui. Ãl le asintiÃ³ a Kotaro con la cabeza sabiendo que el Lycan cuidarÃ­a de Kamui por todos ellos. Shinbe mirÃ³ atrÃ¡s a la tumba, luego apartÃ³ sus ojos dejando que su flequillo cayera para esconder la tristeza. â Que asÃ­ sea â. SusurrÃ³ de nuevo mientras desaparecÃ­a dentro de la obscuridad envolvente.

â NiÃ±o Â¿estÃ¡s listo? â preguntÃ³ Kotaro en voz baja mientras mantenÃ­a su espalda hacia la tumba. Supo que no podÃ­a quedarse. Shinbe tenÃ­a razÃ³nâ¦ mientras mÃ¡s lejos estuvieran, mejor protegido quedarÃ­a el hechizo.

Kamui querÃ­a refunfuÃ±ar ante el sobrenombre que Kotaro le acababa de dar, pero no tenÃ­a el corazÃ³n. Su corazÃ³n estaba enterrado en la tierra a sus pies y, si le tomara hasta el final de los tiempos, verÃ­a a Hyakuhei pagar por sus crÃ­menes.

â SÃ­, dijo Kamui, pasando el brazo por sus ojos â. Estoy listo.

Kotaro puso un brazo alrededor de sus hombros y lo guio. El Lycan descubriÃ³ que no podÃ­a derramar otra lÃ¡grima por la mujer que habÃ­a amado con todo su ser. Su alma se sentÃ­a como si alguien la hubiese tirado de su cuerpo, rasgado en trizas y solo le hubiese devuelto la mitad de ella.

Si el hechizo que habÃ­an hecho Kamui y Shinbe habÃ­a conseguido funcionar, verÃ­a a su amada Kyoko de nuevo. Ãl no podÃ­a evitar sonreÃ­r por todas las travesuras que Ã©l y la reencarnaciÃ³n de Toya harÃ­an para ganarse el afecto de Kyoko. Ãl pelearÃ­a por ella felizmente de nuevo si tan solo Toya volviera. DespuÃ©s de todo, los amaba a los dos.

PeleÃ³ contra la urgencia de mirar nuevamente hacia la tumba. â Cien aÃ±os es un largo tiempo para esperar, pero estarÃ© ahÃ­ para tiâ¦ Kyoko.

*****

MÃ¡s de cien aÃ±os en el futuroâ¦ hoy en dÃ­a.

Una figura solitaria se alzaba en el techo del edificio mÃ¡s alto, mirando desde arriba la ciudad llena de gente. Sus rasgos nunca traicionaron el recuerdo en su corazÃ³n destrozado de su Ãºnico hermano yaciendo solo y sin vida en el frÃ­o y duro suelo siglos atrÃ¡s. Su corazÃ³n que una vez latÃ­a cÃ¡lido, estaba preso en las garras del sÃ¡dico monstruo que los habÃ­a creado a ambos.

Ãl habÃ­a hecho todo lo que estaba en su poder para separarse de la maldad que lo habÃ­a rodeado silenciosamente. AsÃ­ como los humanos de este mundo, Ã©l solo se alimentaba de los animales que la naturaleza proveÃ­a. Aunque la obscuridad es lo Ãºnico que tenÃ­a permitido, pues es asÃ­ la maldiciÃ³n de un vampiro, Ã©l nunca se convertirÃ­a en el demonio que su tÃ­o habÃ­a planeado.

En varios de los Ãºltimos aÃ±os algo dentro de Ã©l se movÃ­aâ¦ una nostalgia que no podÃ­a entender y no habÃ­a sentido en mÃ¡s de cien largos aÃ±os.

En la mente de Kyou se repitieron los recuerdos nunca olvidados acerca de un hombre joven que una vez fue inocente y que habÃ­a llenado su vida de felicidad, incluso en un mundo de obscuridad. Toyaâ¦ habÃ­a estado tan lleno de vidaâ¦ con sonrientes ojos dorados y la ignorancia de un niÃ±o. Una vez mÃ¡s trajo una punzada de culpa a su corazÃ³n por no haber sido capaz de proteger a su hermano pequeÃ±o.

Los ojos dorados como el sol que se habÃ­an endurecido por los cientos de aÃ±os de soledad, sangraron de rojo al recuerdo de una promesa que aÃºn tenÃ­a que cumplir. Con cada dÃ©cada que pasaba, Kyou se habÃ­a hecho mucho mÃ¡s fuerte. Muchas veces se habÃ­a acercado, pero el objeto de su odio e ira lo eludÃ­a en cada oportunidad.

No descansarÃ­a hasta que la vil creatura que habÃ­a buscado se retorciera en agonÃ­a a sus pies y su alma fuera lanzada al infierno a donde pertenece.

La mirada de Kyou fue atraÃ­da hacia el Ãºnico lugar sereno de toda la ciudad: el parque silencioso en el centro. â Lugares asÃ­ no deberÃ­an estar cerca de tanta maldad â, murmurÃ³ hacia la noche. Dando un salto del edificio, Kyou continuÃ³ su bÃºsqueda como habÃ­a hecho por tantos siglos. Hyakuhei pagarÃ­a con su propia vida el haber tomado al Ãºnico que siempre le importÃ³ o que siempre le importarÃ­a. Su hermano se habÃ­a perdido para siempre y nunca mÃ¡s volverÃ­a.

â Toyaâ¦ â susurrÃ³ Kyou desapareciendo en la noche, dejando detrÃ¡s la imagen de un Ã¡ngel vengadorâ¦

*****

El parque estaba siempre tranquilo a esta hora del dÃ­a. AÃºn era la tarde y el sol estaba alto en el cielo. Kotaro paseaba lentamente por las calles cercanas al centro donde se encontraba un enorme bloque de mÃ¡rmol. No tenÃ­a idea de dÃ³nde venÃ­aâ¦ habÃ­a estado ahÃ­ por mÃ¡s tiempo de lo que podÃ­a recordar, era incluso mÃ¡s viejo que la ciudad en sÃ­. Todo lo que sabÃ­a con seguridad era que sentÃ­a una abrumadora sensaciÃ³n de paz cuando estaba cerca.

â Â¿QuiÃ©n pensarÃ­a que esa roca cuadrada traerÃ­a pensamientos tranquilos? â murmurÃ³ Kotaro para sÃ­.

Tomando otro camino entre los Ã¡rboles, se dirigiÃ³ hacia la piedra para poder observarla. Incluso si habÃ­a sido completamente feliz ese dÃ­a, el solo asegurarse de que seguÃ­a ahÃ­ lo hacÃ­a sentir mejor.

Kotaro se detuvo en su rastro cuando entrÃ³ al centro donde estaba y frunciÃ³ el ceÃ±o al individuo sentado en posiciÃ³n de indio encima de la roca con los codos en sus rodillas y su barbilla apoyada en sus manos. El cabello corto y morado oscilaba en la suave brisa haciendo que el hombre joven pareciera infantil.

â Â¿QuÃ© demonios estÃ¡s haciendo aquÃ­? â exigiÃ³ Kotaro.

Kamui sonriÃ³ sin mirarlo. En su lugar, Ã©l asintiÃ³ en la direcciÃ³n de la universidad en la distancia. â Esperando a que empiecen las clases.

Kotaro agitÃ³ su cabeza y continuÃ³ antes de detenerse de nuevo y voltear para encarar a Kamui. â Â¿De quÃ© estÃ¡s hablando? TÃº ni siquiera vas a esta escuela.

Kamui guiÃ±Ã³ el ojo antes de desvanecerse de la existencia en una rÃ¡faga de brillante polvo de arcoÃ­ris. â Lo sÃ©.

Kotaro mirÃ³ con furia el polvo revuelto alrededor antes de que desapareciera completamente. â A veces ese chico es un completo enigma â, informÃ³ al ahora espacio vacÃ­o, y luego sus ojos se movieron hacia abajo como acariciando la piedra. EscuchÃ³ el sonido de pies corriendo que golpeaban el pavimento, pero no se dio realmente cuenta hasta que alguien le tocÃ³ el hombro. Literalmente saltÃ³ y girÃ³ para ver a Hoto y Toki inclinados con sus manos descansando en sus rodillas tratando de recobrar el aliento.

â Â¿QuÃ© los ha hecho perder el aire? â preguntÃ³ Kotaro con una sonrisa de suficiencia mientras recobraba la compostura.

Hoto ondeÃ³ un pedazo de papel en frente de Ã©l. â Para tiâ¦ de la policÃ­aâ¦ importante.

Kotaro tomÃ³ el papel, â Â¿de la policÃ­a, eh? Debe ser realmente importante para hacerlos correr tal maratÃ³n.

Toki asintiÃ³ antes de caer sobre su costado para descansar. Hoto simplemente se hundiÃ³ hasta las rodillas y descansÃ³ su cabeza en la grama.

â Ustedes dos son los mÃ¡s grandes flojos que he visto â, se quejÃ³ Kotaro de buena manera.

â Costado duele â, se quejÃ³ Toki. â Debo volverâ¦ a laâ¦ oficinaâ¦ con aire acondicionado.

Kotaro suspirÃ³ en resignaciÃ³n y los dejÃ³ para hornearse bajo el calor del sol antes de abrir la nota. Su mano se cerrÃ³, arrugando el papel que acababa de recibir de la estaciÃ³n de policÃ­a no lejos del campus. Otra chica habÃ­a desaparecido sin dejar rastro. HabÃ­a estado gastando un largo tiempo investigando las desapariciones de muchas chicas jÃ³venes, lo que eventualmente lo llevÃ³ a la universidad donde ahora era el nuevo jefe de seguridad.

Sus pensamientos inmediatamente dieron vuelta hacia su amada Kyoko. Kotaro la habÃ­a encontrado de nuevo y justo como esperaba, Toya no estaba lejos. Una cosa que lo habÃ­a sorprendido era el hecho de que Toya habÃ­a renacido normal, humano, o eso parecÃ­a.

A veces podÃ­a sentir al verdadero Toya descansando justo debajo de la superficieâ¦ sin ser consciente de su propia existencia, pero hasta ahora esa parte de Ã©l ha permanecido dormida. â Gracias a Dios por los pequeÃ±os favores â. Kotaro pasÃ³ una mano agitada por su cabello despeinado por el viento.

Le iba bien que ninguno de ellos recordara el pasado, pues era un recuerdo que era mejor que estuviese olvidado. Ãl deseaba tener el mismo privilegio de olvidarâ¦ pero para Ã©l, la memoria permanecÃ­a, y lo despertaba frecuentemente en la noche sudando frÃ­o.

Mientras dejaba el parque se encontrÃ³ de pie en el camino de piedra en frente del campus. Kotaro levantÃ³ sus ojos azules como el hielo en la direcciÃ³n a donde Kyoko vivÃ­a. FrunciÃ³ el ceÃ±o mientras la preocupaciÃ³n dejaba marcas en sus rasgos y tuvo la repentina urgencia de pasar por âsu mujerâ para asegurarse de que estuviera bien.

TenÃ­a la parte larga de su cabello negro en capas echada hacia atrÃ¡s con una banda que colgaba baja. El resto de su cabello, desde su flequillo hasta la coronilla se veÃ­a constantemente naturalmente despeinado por el viento, dÃ¡ndole la apariencia de un chico malo punk pero que le quedaba muy bien. Esta apariencia le habÃ­a servido en mÃ¡s de una ocasiÃ³n en aÃ±os recientes.

Su cuerpo era alto con mÃºsculos delgados, pero las apariencias engaÃ±an. No tenÃ­a un gramo de grasa extra y era mÃ¡s fuerte que cincuenta hombres humanos juntos. Las Ãºnicas personas que conocÃ­an de su fuerza inhumana eran los que decidieron darle malos momentos o se atrevÃ­an a meterse en su camino. Y esos pocos estaban muy asustados para decir palabra. Nadie en el campus sabÃ­a del lado secreto de Kotaro y Ã©l querÃ­a mantenerlo de esa forma.

Kotaro era responsable de la seguridad de cada persona que caminara en el campus, fuera visitante, estudiante o miembro de la facultad. Algunas mujeres jÃ³venes habÃ­an comenzado a desaparecer a un ritmo alarmante en esta Ã¡rea, sobre todo cerca de la reja elÃ©ctrica que rodeaba los suelos de la universidad.

Un rugido grave se formÃ³ muy dentro de su pecho mientras inhalaba los aromas que lo rodeaban. El aire habÃ­a sido contaminado con un antiguo olor, maligno. Kotaro se estaba acercando a quien era responsable de mÃ¡s que solo las chicas perdidasâ¦ podÃ­a sentirlo. Dejando esos pensamientos a un lado por ahora, comenzÃ³ a caminar rÃ¡pidamente hacia los departamentos de alrededor que ubicaban a muchas de las estudiantes universitarias inocentes.

Ãl irÃ­a a reportarse con Kyoko y si ella lo dejaba, sus ojos se oscurecÃ­an atractivamente, Ã©l no se irÃ­a de su lado por el resto del dÃ­a, o la noche. Solo esperaba que hoy Toya no estuviera esperÃ¡ndola de nuevo. Ãl la querÃ­a toda para Ã©l. DespuÃ©s de todo, ella era de verdad su mujer y ese âchicoâ tendrÃ­a que conseguirse una vida.

Sus pasos se enlentecieron por un momento ante la ironÃ­a de ello, estaba feliz de que Toya ahora al menos tenÃ­a una vida. Una sonrisa de satisfacciÃ³n casi entretenida apareciÃ³ mientras mentalmente amenazaba esa vida si Toya no paraba de acosar a Kyoko todo el tiempo.

Solo pensar en ella sentada a su lado en el cÃ³modo sofÃ¡, comiendo palomitas y viendo una pelÃ­cula cursi sonaba como la tarde perfecta. Ellos compartÃ­an algo asÃ­ al menos una vez a la semana y para Ã©l, esa era su parte favorita de la semana. TenÃ­a su tiempo ininterrumpido con la belleza de cabello cobrizo. No importaba si estaban viendo una pelÃ­cula o solo se sentaban en su sofÃ¡ a hablar: Ã©l solo amaba la sensaciÃ³n de ella acurrucada a su lado.

Kotaro sonriÃ³ para sÃ­ mismo con satisfacciÃ³n mientras se preguntaba cÃ³mo serÃ­a estar siempre a su lado, dÃ­a y noche.

Su sonrisa se desvaneciÃ³ ante su siguiente pensamientoâ¦ Kyoko no lo habÃ­a escogido sobre Toya aÃºn, en realidad. Al menos no en esta vida. â Algunas cosas nunca cambian â, mirÃ³ hacia arriba como enviando un silencioso y sarcÃ¡stico âgracias por la ayuda en esa Ã¡reaâ a cualquiera que estuviera escuchando. Algo le dijo que los dioses tenÃ­an que tener el sentido del humor mÃ¡s perturbador.

*****

Finalmente, los exÃ¡menes finales se habÃ­an terminado y Kyoko habÃ­a estado cantando esas palabras toda la tarde. HabÃ­a sido una chica buena y estudiÃ³ hasta que se hartÃ³ de ello, pero habÃ­a valido la pena. Ella sabÃ­a que habÃ­a sacado puras ases en esos malvados exÃ¡menes. Solo ese pensamiento le habÃ­a hecho querer bailar felizmente en todo el camino de vuelta a su departamento hoy.

De hecho, la primera cosa que habÃ­a hecho tan pronto entrÃ³ por la puerta fue arrojar sus libros como si estuvieran infestados por una enfermedad y finalmente sucumbiÃ³ a la urgencia, interpretando un âbaile felizâ espontÃ¡neo justo en la puerta de entrada, como que tenÃ­a un poco de friki en ella despuÃ©s de todo.

Esto siguiÃ³ inmediatamente despuÃ©s de su propia ejecuciÃ³n de un baile de touchdown que le habÃ­a visto hacer a Toya una vez, sacudiendo sus nalgas todo el camino del pasillo a su baÃ±o asÃ­ ella podrÃ­a darse un baÃ±o caliente de burbujas. Kyoko decidiÃ³ que si iba a hacer esto entonces lo harÃ­a bien, asÃ­ que fue a encender el estÃ©reo y agarrÃ³ unas cuantas velas.

AÃºn hacÃ­a lindos sonidos de victoria para el momento en el que la baÃ±era se llenÃ³ e hizo un breve trabajo con su ropa quitÃ¡ndosela y lanzÃ¡ndola a donde le complaciera. âEs muy probable que encuentre mi ropa interior colgando del ventilador del techo cuando termineâ pensÃ³ para sÃ­, luego se encogiÃ³ de hombros y se metiÃ³ en el agua.

Se deslizÃ³ mÃ¡s abajo en la baÃ±era para dejar que las burbujas que flotaban acompaÃ±ando la superficie acariciaran su cuello y hombros. Sus ojos verdes esmeralda, que a veces eran conocidos por volverse tormentosos en un instante, brillaban con alegrÃ­a.

Las ondas de su cabello cobrizo estaban apiladas de cualquier modo encima de su cabeza y su piel sedosa y suave ahora estaba escondida bajo las burbujas. Era una chica felizâ¦ y todo lo que realmente querÃ­a hacer era relajarse por el resto del dÃ­a. Un poco de mÃºsica suave de fondo, algunas velas de olor dulce encendidas alrededor del baÃ±o y era el escenario perfecto.

CerrÃ³ sus ojos a sabiendas de que la imagen de Ã©l pronto se enfocarÃ­a, como si esperara por ella. Era el secreto que ella guardaba.

Los ojos azules como el hielo la observaron desde dentro de su mente. Ella habÃ­a tenido sueÃ±os sobre Ã©l en las noches que ahora podÃ­a evocar incluso durante sus horas despierta. Mientras mÃ¡s profundo se enrollara en el sueÃ±o, mÃ¡s real se hacÃ­a, hasta que parecÃ­a que Ã©l estaba ahÃ­, arrodillado al lado de la baÃ±era.

Sus labios se ladearon en una sonrisita sensual mientras acercaba su brazo y tomaba el paÃ±o de ella, sus ojos se volvÃ­an tan brillantes como una flama azul.

â Los sueÃ±os son agradables â, susurrÃ³ mientras rodaba su cabeza hacia un lado dejÃ¡ndolo hacer lo que querÃ­a.

âRing, Ringâ. Uno de los sonidos mÃ¡s irritantes del mundo hizo eco a travÃ©s del apartamento. Kyoko se sacudiÃ³ hacia el frente en la tina derramando el agua sobre la orilla y al suelo de azulejos. Levantando su mano hacia su mejilla, ella pudo sentir el calor ahÃ­ y se sonrojÃ³ a la vez que el telÃ©fono sonaba de nuevo.

â Â¡Chispas! â se levantÃ³ rÃ¡pidamente sabiendo que el telÃ©fono estaba al final en la sala de estar. Saliendo del agua, agarrÃ³ la bata de seda de la encimera y la envolviÃ³ en ella mientras corrÃ­a para contestarlo.

DÃ¡ndose cuenta de que dejaba un rastro de agua, hizo una nota mental para recordar llevar el telÃ©fono inalÃ¡mbrico al baÃ±o con ella la prÃ³xima vez.

En el otro extremo del repique irritante, Suki tocÃ³ con sus uÃ±as en la encimera de la cocina deseando que Kyoko se apurara y tomara el telÃ©fono. Ella tenÃ­a esta molesta sensaciÃ³n de que Shinbe estarÃ­a aquÃ­ en cualquier momento, y ella no querÃ­a que Ã©l se enterara de nada de lo que estaba planeando.

EscuchÃ³ el clic en el otro extremo. â Â¡Finalmente!

Kyoko empujÃ³ el telÃ©fono lejos de su oreja, lo mirÃ³ con furia y lo colocÃ³ de nuevo en su oreja. â Â¡Suki, estaba en el baÃ±o! â Kyoko casi se quejÃ³ mientras miraba con anhelo hacia atrÃ¡s a la puerta del baÃ±o donde sabÃ­a que el agua estaba aÃºn caliente y con aroma a jazmÃ­n. La llamaba a volver y disfrutar, y asÃ­ lo hizo en el sueÃ±o. Se mordiÃ³ el labio inferior mientras arrastraba sus ojos lejos de lo que querÃ­a.

â Â¿EstÃ¡s ahÃ­ parada desnuda? â Suki se rio disimuladamente sabiendo que Kyoko se sonrojaba fÃ¡cilmente.

â Â¡Suki! â gritÃ³ Kyoko al auricular. Su amiga simplemente tenÃ­a un sentido del humor retorcido, que probablemente venÃ­a de pasar mucho tiempo con Shinbe. SonriÃ³ con picardÃ­a mientras replicaba, â Â¿necesitabas algo? Tengo un baÃ±o caliente y lleno de vapor llamando mi nombre, estÃ¡s interrumpiendo mi pequeÃ±a cita.

â Â¿Cita? â Suki mirÃ³ al telÃ©fono y volteÃ³ los ojos. â Definitivamente necesitas ayuda, Kyoko. Â¿QuiÃ©n alguna vez escuchÃ³ sobre ponerse romÃ¡ntico en el agua del baÃ±o sin alguien mÃ¡s ahÃ­ contigo? Al menos ten una chispa de imaginaciÃ³n y piensa en un hombre sexy que limpie tu espalda mientras estÃ¡s ahÃ­ â. SuspirÃ³ con un tono exasperado sin ser consciente de que justamente acababa de impactar a Kyoko hasta la mÃ©dula por lo cerca que estaba de su imagen mental.

â De todos modos, tÃº y yo vamos a tener una noche de chicas para celebrar que se acabaron los finales â, chirriÃ³ Suki. Ella no iba a dejar a Kyoko decir que no.

â No tomarÃ© un no por respuesta, asÃ­ que comienza a prepararte. Y usa el atuendo que compramos el fin de semana pasado. Yo harÃ© lo mismo â. Suki inhalÃ³ profundamente y rÃ¡pidamente comenzÃ³ antes de que Kyoko tuviera oportunidad de decir alguna palabra. â EstÃ¡ lista a las 7:30. Te quiero. Â¡AdioooÃ³s!

Kyoko parpadeÃ³ cuando el telÃ©fono hizo clic seÃ±alando que la lÃ­nea estaba desconectada. Sus labios seguÃ­an separados porque habÃ­a estado lista para decir ânoâ a la primera oportunidad. EnviÃ³ una mirada silenciosa a la pared lejana de la sala de estar que separaba los apartamentos de ambas chicas preguntÃ¡ndose si Suki habÃ­a llamado desde ahÃ­ o desde su celular en alguna otra parte.

SuspirÃ³ mirando al identificador de llamada. â Celular, con razÃ³n â. No hace falta golpear la pared entonces. Pero la imagen de sus manos alrededor del cuello de Suki le puso una sonrisa en el rostro. â Aunque puedo fingir.

Lanzando el telÃ©fono inalÃ¡mbrico de nuevo a la encimera, Kyoko mirÃ³ hacia abajo a la bata de seda adherida a su cuerpo hÃºmedo y gruÃ±Ã³. El agua tibia que aÃºn estaba en su piel se habÃ­a vuelto frÃ­a y daba una sensaciÃ³n de hormigueo, haciendo que se le erizara la piel por el frÃ­o. RÃ¡pidamente se volteÃ³ para volver a su baÃ±o.

âRing, Ringâ. Kyoko se sacudiÃ³.

GirÃ³ mientras su ceja izquierda se levantÃ³ con frustraciÃ³n. â Â¡Espero que sea Suki, asÃ­ podrÃ© decirle cuÃ¡nto me gusta que me acosen! â Jalando el telÃ©fono con brusquedad, dijo un poco mÃ¡s alto de lo normal. â Â¡Â¡Hola!!

Toya sonriÃ³ al saludo de Kyoko. â Vamos, Â¿tu mami no te enseÃ±Ã³ a ser educada al contestar el telÃ©fono?

Kyoko se sentÃ­a como para caminar con calma hacia la ventana, abrirla y dejar que el telÃ©fono se deslizara de su mano hacia lo desconocido. â Â¿Por quÃ© serÃ¡ que nadie quiere dejarme terminar mi baÃ±o? â se quejÃ³, pisando fuerte con su pie solo para sentir el aire acondicionado meterse debajo de su bata.

La sonrisa de Toya se desvaneciÃ³ mientras su imaginaciÃ³n enloquecÃ­a y visiones explÃ­citas comenzaron a danzar en su mente. â EstÃ¡s desnuâ¦ â se quedÃ³ mudo antes de preguntarle si estaba de pie desnuda. Sacudiendo el pensamiento fuera de su cabeza, Toya tomÃ³ una respiraciÃ³n profunda para calmarse y con suerte controlar sus ahora intensas hormonas. â Carajo, esa fue una bonita imagenâ¦

Kyoko frunciÃ³ el ceÃ±o preguntÃ¡ndose si Toya estaba de pie al lado de Suki en ese mismo momento.

Toya tratÃ³ de nuevo. â Eh, no importa. Mira, estoy de camino a buscarte para ir al cine esta noche, asÃ­ que solo vÃ­stete.

Kyoko estrechÃ³ sus ojos preguntÃ¡ndose quiÃ©n proclamÃ³ que era âEl DÃ­a de los Acosadoresâ. â Este, tengo planes esta noche â. Por supuesto que sus planes habÃ­an sido volverse una ciruela pasa en el baÃ±o, luego acurrucarse en el sofÃ¡ y ver una pelÃ­cula. QuizÃ¡ incluso quedarse dormida mientras tanto, no tener a todo el mundo molestÃ¡ndola para âsalirâ.

â Â¿QuÃ©? Â¡CancÃ©lalos porque vienes conmigo! â prÃ¡cticamente ordenÃ³ Toya, comenzando a molestarse porque ella no estaba haciendo lo que Ã©l querÃ­a que ella hicieraâ¦ como si alguna vez lo hubiese hecho.

Kyoko cerrÃ³ los ojos y sostuvo el telÃ©fono lejos de su cÃ¡ntico â no lo lanzarÃ© por la ventana, no lo lanzarÃ© por la ventana â, âToc, tocâ Kyoko se balanceÃ³ para encarar la puerta pensando âÂ¡Pero SÃ se lo lanzarÃ© a quien sea que estÃ© en la maldita puerta!â pudo escuchar una risa demente venir de algÃºn lugar muy adentro, donde la malvada hermana residÃ­a.

Serenamente caminÃ³ hacia la puerta y la abriÃ³, entonces se asomÃ³ por la puerta a mirar alrededor para ver quiÃ©n era. â Kotaro â susurrÃ³, un poco sin aliento, luego cerrÃ³ de golpe su boca con culpa esperando que Ã©l no lo hubiera notado.

Los ojos de Kotaro se iluminaron y se oscurecieron al mismo tiempo cuando la puerta se abriÃ³. Estaba feliz de ver a Kyoko a salvoâ¦ y obviamente no completamente vestida. LevantÃ³ una ceja ante la forma en que ella habÃ­a dicho su nombre. Presionando la mano contra la parte de encima de su cabeza en la puerta, la terminÃ³ de abrir con su usual sonrisa confiada mientras pasaba mÃ¡s allÃ¡ de ellaâ¦ casi tocÃ¡ndose.

â Â¿CÃ³mo estÃ¡ mi mujer hoy? â Kotaro caminÃ³ mÃ¡s allÃ¡ de ella dentro del apartamento como si perteneciera allÃ­.

âNo voy a cometer asesinato, no voy a lanzar el telÃ©fono, no voyâ¦â la mente de Kyoko continuÃ³ cantando mientras Kotaro la miraba con su habitual sonrisa de infarto. De repente sintiÃ³ que el aire acondicionado habÃ­a dejado de funcionar.

Â¿CÃ³mo era que este hombre, quiÃ©n solo podÃ­a ser descrito como sexo caminante, le afectara tanto? Ella siempre sentÃ­a que estaba tratando de detenerse a sÃ­ misma de lanzarlo contra el suelo. Sacudiendo su cabeza, mirÃ³ hacia abajo y chillÃ³ cuando vio que su bata se habÃ­a abierto parcialmente. No era suficiente para mostrar nada pero era visible suficiente piel para hacerla sonrojar.

Toya se tensÃ³, escuchando la llamada a la puerta en el fondo a travÃ©s del telÃ©fono y luego la voz de Kotaro. GritÃ³ al telÃ©fono para tener su atenciÃ³n. â Â¡Carajo, Kyoko! Â¿QuÃ© demonios hace Kotaro ahÃ­? â ladrÃ³, molesto de que el guardia de seguridad se apareciera, de nuevo, en el apartamento de âsuâ Kyoko.

Kyoko se avergonzÃ³ cuando el grito desde el telÃ©fono pudo escucharse fuerte y claro dentro de la sala de estar. Mirando sobre el hombro de Kotaro al reloj de pared, supo que debÃ­a comenzar a arreglarse o Suki serÃ­a la prÃ³xima golpeando la puerta. Ya era suficiente. Se volviÃ³ y caminÃ³ hacia la encimera, teniendo en mente colgar el telÃ©fono.

LevantÃ¡ndolo de nuevo a su oreja gritÃ³: â Â¡Te verÃ© luego! â âclicââ¦ uno menosâ¦ falta uno.

Kotaro sonriÃ³ sabiendo que era a Toya a quien habÃ­a gritado. Sus ojos viajaron a la seda que colgaba como una segunda piel en un cuerpo muy bien formado y no podrÃ­a haberse detenido si hubiese intentado moverse hacia adelante, mÃ¡s cerca de ella. Lentamente cerrÃ³ sus ojos solo por un segundo mientras tomaba aire profundamente, ahora todo su cuerpo a solo centÃ­metros del de ella. El pensamiento de tocar sin contacto lo tenÃ­a mentalmente curvando su cuerpo alrededor del de ella y apretÃ¡ndola.

Se inclinÃ³ hacia adelante llevando sus labios al hueco de su oreja antes de susurrar su nombre. Sus labios se suavizaron, asÃ­ como sus ojos azules como el hielo. A menudo se encontraba casi deseando que ella pudiera recordar el pasado y lo cercanos que una vez fueron. Â¿QuÃ© harÃ­a ella si recordara que solÃ­an vivir juntos? Ãl, ella y Toyaâ¦ asÃ­ podÃ­an protegerla.

Kyoko perdiÃ³ el aliento al salÃ­rsele rÃ¡pidamente y sintiÃ³ la piel de su cuello y mejilla erizarse. Era suficientemente duro mantener sus pensamientos en orden con Ã©l cerca, pero ahora ella podÃ­a sentirlo tocÃ¡ndola incluso cuando no era asÃ­. Recordando lo que estaba haciendo justamente antes de que el telÃ©fono la interrumpiera hizo que el calor se le subiera a la cara.

Sin querer que Ã©l notara su culpa, se mantuvo de espaldas a Ã©l e intentÃ³ con todas sus fuerzas suprimir el recuerdo del baÃ±o. Cerrando sus ojos, peleÃ³ con la urgencia de recostarse en Ã©l y tuvo que agarrar la mesa para sujetarse.

Kotaro querÃ­a poner sus manos en la mesa a ambos lados de ellaâ¦ atrapÃ¡ndola entre sus brazos, pero de repente se quedÃ³ quieto. Pudo oler los jabones que ella habÃ­a usado en el baÃ±o, pero un sabor llegÃ³ hasta Ã©l y su expresiÃ³n se volviÃ³ curiosa, Â¿excitaciÃ³n? Ãl se alejÃ³ de ella, sintiendo como se endurecÃ­a.

Pasando sus manos por su indomable cabello, se retirÃ³ a una distancia mÃ¡s segura tratando con todas sus fuerzas ignorar la sacudida en la boca de su estÃ³magoâ¦ Â¿por quÃ© habÃ­a venido de nuevo? Era importante.

Sus instintos protectores comenzaron a surtir efecto al recuerdo de las alertas recientes que habÃ­a recibido. â Â¿PasarÃ­as la tarde conmigo? â la pregunta que sonaba inocente resguardaba un doble sentido, mientras saboreaba el deseo.

Kyoko desacelerÃ³ su respiraciÃ³n una vez mÃ¡s lista para luchar contra sus sentimientos. Ella frunciÃ³ el ceÃ±o sabiendo que serÃ­a muy peligroso quedarse a solas con Ã©l. De repente, querÃ­a agradecer a Suki por mangonearle.

Viendo su ceÃ±o fruncido, Kotaro aÃ±adiÃ³ rÃ¡pidamente â podemos hacer lo que tÃº quieras. Rentar una pelÃ­cula y quedarnos, o salir.

â Rentar una pelÃ­cula y quedarnos en casaâ¦ â repitiÃ³ Kyoko pensando que eso era exactamente lo que querÃ­a hacer. Luego, notando cÃ³mo se le iluminaban los ojos a Kotaro, rÃ¡pidamente cambiÃ³ â al menos, eso era lo que querÃ­a hacer si no hubiese sido arrastrada a los planes de alguien mÃ¡s. Me hubiese encantado quedarme viendo pelÃ­culas contigo. Pero lo siento, Kotaro. No puedo â. Le dio una sonrisa de disculpa mentalmente pisando fuerte al pensamiento de perder una tarde acogedora con el apuesto guardia de seguridad.

Los hombros de Kotaro cayeron unos centÃ­metros pero sonriÃ³ de todas formas sabiendo que ella no estaba intentando herir sus sentimientos. Incluso se dio cuenta de que ella querÃ­a que Ã©l se quedara y se peguntÃ³ por ese impulso de deseo, Â¿eran los mismos deseos que Ã©l sentÃ­a? Para Ã©l, Kyoko era la gema mÃ¡s preciosa sobre la tierra y harÃ­a lo que fuera para hacerla sonreÃ­r y mantenerla a salvo al mismo tiempo.

DespuÃ©s de todo, habÃ­a esperado por mÃ¡s de cien aÃ±os solo para verla de nuevo.

Como necesitaba estar seguro de que estaba protegida y alejada de lo que pudiera daÃ±arla, preguntÃ³: â Â¿Y entonces, quÃ© planes tienes? QuizÃ¡s podrÃ­a sumarme a la diversiÃ³n â. Le dio su sonrisa mÃ¡s traviesa esperando que funcionara. Si no, podÃ­a recurrir a acosarlaâ¦ las esquinas de sus labios perfectos se inclinaron en una sonrisa secreta.

Kyoko sabÃ­a que Suki no estarÃ­a de acuerdo con eso. Noche de chicas significaba noche de âchicasâ. TambiÃ©n sabÃ­a que si Kotaro se enteraba de que ella estaba solo con Suki, de alguna forma las seguirÃ­a a todas partes, apareciendo como si fuera accidental. Lo habÃ­a visto hacerlo muchas veces.

Cuando Toya era agresivo, Kotaro trataba de ser sutil, aunque cuando ponÃ­a a ambos chicos en la misma habitaciÃ³n parecÃ­an actuar muy similar y constantemente se molestaban. Ambos chicos tenÃ­an corazones de oro y ella lo sabÃ­a. En una manera los querÃ­a a los dosâ¦ tanto que era doloroso, por lo que decidiÃ³ no decidir y solo quedarse soltera por ahora. Ella, honestamente, no querÃ­a herir los sentimientos de ninguno.

Pero una cosa que Kyoko sabÃ­a a ciencia cierta era que si Kotaro pensaba que iba a salir con Toya esa noche, no se molestarÃ­a en seguirla. Al menos esperaba que no.

â Lo siento Kotaro, ya tengo planes con Toya, pero te prometo que otro dÃ­a rentaremos pelÃ­culas o algo â. Kyoko bajÃ³ sus ojos sin gustarle el hecho de que estaba mintiÃ©ndole, pero era la Ãºnica forma de que lo dejara pasar. Mirando al suelo lo notÃ³ dar un paso hacia adelante e inmediatamente dio un paso hacia atrÃ¡s mordiendo su labio inferior cuando sintiÃ³ la mesa detrÃ¡s de ella.

Kotaro sintiÃ³ los celos vibrar dentro de Ã©l, aunque los mantuvo en su lugar. Su Ãºnico consuelo era que si ella estaba con Toya esta noche, al menos podrÃ­a contar con que ella no serÃ­a una de las prÃ³ximas chicas desaparecidas.

AdemÃ¡s, Ã©l sabÃ­a que Kamui estaba secretamente vigilando a ambos, Toya y Kyoko. Mentalmente, tuvo que admitir que Toya era sobreprotector con ella y la mantendrÃ­a a salvo. Ãl querÃ­a ser el que estuviera con Kyoko esta noche, el que la protegiera. Pero aunque no le gustara, Toya no dejarÃ­a que nada le hiciera daÃ±o alguno.

Ãl la observÃ³ levantar sus ojos lentamente hacia los suyos y pudo ver la preocupaciÃ³n en su mirada de que Ã©l intentarÃ­a detenerla, Ã©l querÃ­a detenerla pero no lo harÃ­a. Con el tiempo ella tomarÃ­a su decisiÃ³n.

Asintiendo con su cabeza con reacia aceptaciÃ³n, Kotaro buscÃ³ su mano y la sostuvo por un momento, entrelazando los ojos azules como el hielo con los apasionados ojos de ella pudo notar que ella tuvo un dÃ­a duro por sus ojos. Siempre podÃ­a leer sus sentimientos por el color de sus ojos, lo habÃ­a aprendido hacÃ­a mÃ¡s de cien aÃ±os atrÃ¡s. Solo deseaba que ella lo recordara.

â Entonces, tenemos un trato, Kyoko. VendrÃ© a reportarme contigo maÃ±ana. Ten cuidado hermosa â. InclinÃ¡ndose hacia adelante rozÃ³ sus labios sobre su frente, luego soltÃ³ su mano, y se dio la vuelta para irse.










Kyoko sonriÃ³. â Gracias, Kotaro â. Su frente aÃºn hormigueaba donde sus labios tibios la habÃ­an tocado. Estaba feliz de que fuera mÃ¡s sencillo lidiar con Ã©l que con Toya. Ãl a menudo le besaba la mejilla, frente o mano, dejando ese lugar hormigueando y caliente.

Se preguntÃ³ quÃ© pensarÃ­a Ã©l si supiera que ella nunca habÃ­a sido besada en los labios. Nadie lo creerÃ­a a la edad de dieciocho, aÃºn era tan puraâ¦ bueno, fÃ­sicamente pura. Se sonrojÃ³ de nuevo sabiendo que sus pensamientos no la libraban de culpa. CulparÃ­a a la traidora que vive dentro de su pecho y se aceleraba cada vez que pensaba en Ã©l.

Kotaro abriÃ³ la puerta para deslizarse hacia afuera, no sin antes lanzarle una sonrisa sobre su hombro y aÃ±adir. â Solo recuerda, aÃºn eres mi mujer â. Se fue rÃ¡pidamente, cerrando la puerta detrÃ¡s de Ã©l, sonriendo vorazmente ante el comentario.

Ãl sabÃ­a que no cruzarÃ­a la lÃ­nea con Toya y no estaba preocupado. Incluso en el pasado, cuando Ã©l y Toya se han dado cabezazos, ella lo preferÃ­a a Ã©l por encima de Toya. Ella siempre quiso a Toya, pero Kotaro sabÃ­a que era Ã©l de quiÃ©n estaba verdaderamente enamorada. La velocidad de su corazÃ³n cuando Ã©l estaba cerca siempre le habÃ­a revelado sus verdaderos sentimientos, en esta vida y en las pasadas. Ãl solo tenÃ­a que esperar a que se diera cuenta de nuevo.

Kotaro inhalÃ³ suavemente saboreando su perfume. Incluso ahora podÃ­a oler su pureza y sabÃ­a que ella no era de las que tomaban algo asÃ­ a la ligera. Ella era muy inocente para el mundo real.

El pensamiento hizo que se desvaneciera la sonrisa de Kotaro. No estaba tan seguro de querer que ella supiera del lado oscuro de este mundo, no querÃ­a arriesgar su felicidad. Incluso Ã©l mismo no era lo que ella creÃ­a que era. Ãl sabÃ­a que ella lo aceptarÃ­a de todas formas, pero el recuerdo de enterrarla mantuvo sus labios sellados de hablar sobre el pasado. Algunas cosas eran mejor no ser recordadas.

Mientras Kotaro caminaba fuera del edificio y de vuelta sobre la acera, mirÃ³ hacia arriba desde el patio debajo de la ventana de Kyoko preguntÃ¡ndose quÃ© harÃ­a cuando se enterara sobre Ã©l. Y sÃ­, le dirÃ­a la verdad, solo que aÃºn no. Â¿CÃ³mo explicas que eres mayor que cualquier humano normal y que tienes poderes como los que ella solo ha visto en las pelÃ­culas?

Kotaro sacudiÃ³ la cabeza mientras comenzaba a volver hacia la universidad reflexionando sobre su siguiente movimiento en relaciÃ³n con las chicas desaparecidas.

Ãl sabÃ­a quÃ© era lo que les estaba pasando y que era muy probable que estuvieran muertas o al menos muertas vivas. Sus ojos destellaron con ira solo por un momento, revelando el lado mÃ¡s oscuro de su alma de Lycan. Necesitaba atrapar el aroma de esos malditos chupasangres y el que los guio antes de que encuentren a Kyoko de nuevo.



CapÃ­tulo 3



Kyoko volteÃ³ el armario buscando lo que Suki le habÃ­a dicho que compraron el fin de semana pasado. SoltÃ³ una risita recordando que Shinbe las habÃ­a seguido a sus compras compulsivas ofreciÃ©ndoles dejarlas modelar lo que fuera sobre lo que necesitaran una opiniÃ³n. Lo que lo rematÃ³ fue cuando se infiltrÃ³ en el vestuario de chicas y le hablÃ³ a Suki a travÃ©s de la cortina.

Shinbe habÃ­a estado hablando en un tono de voz agudo para hacerle creer a Suki que Ã©l era la empleada del vestuario de chicas y se ofrecÃ­a a subirle el cierre.

Suki habÃ­a dicho que sÃ­ a la oferta de ayuda y se dio vuelta de espalda a la cortina. Kyoko casi se cayÃ³ cuando Shinbe pasÃ³ volando por el vestuario para aterrizar golpeando la pared del otro lado.

Le habÃ­a preguntado a Suki cÃ³mo se habÃ­a dado cuenta de que era Shinbe, y Suki habÃ­a respondido: â no creo que dejarÃ­an a una lesbiana trabajar en un vestuario de chicas, asÃ­ que cuando puso sus manos dentro de mi vestido en vez de en el cierre, fue lo que le delatÃ³.

â Pobre Shinbe â. SuspirÃ³ Kyoko mientras sacaba una blusa blanca corta con vuelos y mangas de seda que tenÃ­an forma de campana y sueltas desde el codo hasta la muÃ±eca. De verdad, pensÃ³ que era muy bonita. Le recordaba un poco a la bata de un Ã¡ngel, pero sexy. Era suficientemente corta para mostrar su ombligo con la mini falda negra a la cadera que se habÃ­a comprado.

DespuÃ©s de ponerse la ropa y encontrar los zapatos que querÃ­a, empujÃ³ el cabello detrÃ¡s de sus orejas y algo de la parte de atrÃ¡s hacia arriba con una banda elÃ¡stica, dejando que el resto colgara atractivamente. Aplicando una pequeÃ±a cantidad de maquillaje y un collar del que colgaba una lÃ¡grima de cristal, se considerÃ³ lista para lo que fuera aquello en lo que la estaba metiendo Suki.

Secretamente deseÃ³ haberle podido decir a Kotaro a dÃ³nde iban, pero incluso ella no sabÃ­a quÃ© responder a eso. MordiÃ³ su labio inferior dÃ¡ndose cuenta de que ya lo extraÃ±aba, luego tratÃ³ de empujar su sentimiento melancÃ³lico hacia un lado sabiendo que Suki lo detectarÃ­a.

Lo Ãºltimo que necesitaba esta noche era a su mejor amiga haciÃ©ndole un millÃ³n de preguntas que ella no querÃ­a responder.

*****

Shinbe pasÃ³ sus dedos por los reflejos azules que brillaban en su cabello oscuro mientras se apoyaba contra el marco de la puerta sonriendo. Se habÃ­a ido corriendo a donde Suki cuando recibiÃ³ una llamada de ella diciendo que no iba a estar en casa esta tarde y que no viniera.

â Se estÃ¡ engaÃ±ando si cree que se va a deshacer de mÃ­ tan fÃ¡cilmente â. Shinbe levantÃ³ una ceja mientras esperaba.

Cuando ella abriÃ³ la puerta con su cabello envuelto en una toalla, las primeras palabras de Shinbe fueron: â Ohhâ¦ Â¿me perdÃ­ tu baÃ±o, Suki? â sonriÃ³ viendo la ceja de Suki crisparse. Tan pronto como habÃ­a conocido a Suki y a Kyoko, habÃ­a sentido la necesidad de quedarse cerca de ellas todo el tiempo. A menudo habÃ­a salido en citas dobles con Toya y las chicas.

Suki sabÃ­a que Shinbe se consideraba âsu novioâ solo porque era el Ãºnico con el que tenÃ­a citas, pero Suki nunca habÃ­a accedido a la parte del grillete. Ella intentÃ³ esconder el rubor que amenazaba con elevarse y tomar posesiÃ³n de su rostro mientras replicaba: â TomarÃ­a blanqueador y una bola de demoliciÃ³n para limpiar una mente sucia como la tuya.

Se inclinÃ³ mÃ¡s cerca de ella bloqueando todo lo demÃ¡s mientras sus ojos amatista se oscurecÃ­an atractivamente. â Si me dejasâ¦ entrarâ¦ creo que podrÃ­amos encontrar una razÃ³n para que tomes otro baÃ±o.

Suki sintiÃ³ el latido de su corazÃ³n acelerarse ante el sonido de su voz ronca, y dio un par de pasos hacia atrÃ¡s mientras Shinbe daba varios pasos al frente cerrando la puerta detrÃ¡s de Ã©l. Decidiendo no dejarlo tener ventaja, le dio su mejor mirada de advertencia y fue recompensada cuando Ã©l detuvo su persecuciÃ³n hacia ella. Si Ã©l alguna vez se enterara de cuÃ¡nto dominio Ã©l ejercÃ­a sobre ellaâ¦ a ella le caerÃ­a muy bien.

â Eh, Shinbe, mira, tengo que terminar de alistarme porque tengo planes esta noche con una amiga. Ya te habÃ­a dicho por telÃ©fono, Â¿te acuerdas? â Ella sabÃ­a que Ã©l vendrÃ­a de todas formasâ¦ por ninguna otra razÃ³n, sino para intentar averiguar a dÃ³nde iba.

Tomando la toalla de su cabeza, su largo cabello aÃºn mojado, Suki fue al baÃ±o aun hablando suficientemente alto para que Ã©l pudiera escucharla. â Podemos hacer algo maÃ±ana a la noche, Â¿okey?

Shinbe se apoyÃ³ contra el bar que separaba su cocina de la sala de estar. Estaba a punto de comenzar a expresar su opiniÃ³n en voz alta, cuando su mirada cayÃ³ en un volante que descansaba sobre la encimera. LevantÃ¡ndolo, rÃ¡pidamente escaneÃ³ la pÃ¡gina. Ambas cejas se levantaron en seÃ±al de esclarecimiento.

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CLUB MEDIANOCHE

ESPECIAL DE VIERNES POR LA NOCHE


NOCHE DE CHICAS

La palabra chicas estaba en un cÃ­rculo. Shinbe levantÃ³ una ceja mientras dejaba el papel de nuevo en la encimera y caminaba hacia el baÃ±o. EscondiÃ³ su sonrisa en tanto entraba sin golpear y se deslizÃ³ detrÃ¡s de Suki mientras tenÃ­a el cepillo preparado para deslizarlo a travÃ©s de su cabello.

â MaÃ±ana entonces â, susurrÃ³ Shinbe seductivamente en su oreja, despuÃ©s bajÃ³ sus labios para besar su hombro. Se volteÃ³ sin decir otra palabra, escondiendo su sonrisa sabionda.

Suki estuvo de pie sin moverse, mirando al espejo, sin gustarle la vibra que acababa de percibir. Era impropio de Shinbe no rogar y suplicarle. Sin querer verle el colmillo al caballo regalado, se apurÃ³ y terminÃ³ de arreglarse. Con miedo de que ahora Shinbe tuviera algo bajo la manga, Suki decidiÃ³ que iba a aparecer donde Kyoko antes de lo planeado.

*****

A varios kilÃ³metros, unos penetrantes ojos rojos miraban por la ventana de la suite desde un pent-house mirando la ciudad desde arriba. Largas ondas de cabello negro sedoso caÃ­an en cascada hacia abajo por una espalda desnuda en contraste con una piel tan pÃ¡lida como la luna. Su rostro angÃ©lico era impresionante, con Ã¡ngulos pronunciadamente definidos y su cuerpo era delgado y duro como el del dios mÃ­stico Adonis.

Su cuerpo desnudo relucÃ­a por la luz de la luna, los mÃºsculos bailaban con cada movimiento que hacÃ­a. Ãl era hermoso para cualquiera que lo mirara, sin embargo su alma oscura era maliciosa y maligna. Una sonrisa agraciÃ³ sus labios perfectos al tiempo que sus pensamientos volvÃ­an a los eventos ocurridos la noche anterior.

Dando la espalda a la ventana comenzÃ³ a prepararse para la noche. Su mirada solitaria fue a la silla de Queen Ann al lado del fuego y sentada sin vida sobre ella estaba la joven estudiante universitaria. Hyakuhei sonriÃ³ maliciosamente ante el pensamiento de la sangre fresca que habÃ­a cenado la noche anterior.

â LÃ¡stima, era una chica hermosa â, lamiÃ³ sus labios recordando el placer de tomar a la chica y alimentarse de ella. No podrÃ­a nunca aburrirse de las mujeres jÃ³venes que atraÃ­a y tomaba para sÃ­.

Esta noche estarÃ­a visitando un club nocturno popular para cazar su presa y necesitaba estar seguro de que sus âhijosâ estuviesen bien cuidados. La âNoche de chicasâ estaba siempre lista para la selecciÃ³n y era un bufÃ© de carne interminable para los caminantes nocturnos.

Hyakuhei era un poderoso seÃ±or vampiro y nadie se atreverÃ­a a hacerlo enojar ni a cuestionar su fuerza. El placer ha sido su Ãºnico deseo por mÃ¡s de cien aÃ±os, pero ahora querÃ­a mÃ¡s. QuerÃ­a lo que era suyo por derecho. Un ceÃ±o fruncido arruinÃ³ su rostro mientras reflexionaba acerca de su misiÃ³n, el objeto que se habÃ­a vuelto su obsesiÃ³n en tanto que esperaba que renaciera en el mundo de nuevo. El legendario CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n.

El Cristal sagrado era una joya del que se decÃ­a que era capaz de darle a un vampiro la habilidad de caminar mÃ¡s allÃ¡ de la noche hacia la luz del dÃ­a. En la leyenda se dice que una chica con sangre inmaculada y el corazÃ³n de una niÃ±a, poseerÃ­a la joya dentro de su cuerpo. Ella serÃ­a una Sacerdotisa de la mÃ¡s alta clasificaciÃ³n y poder, la protectora y guardiana del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n.

Su oscura mirada volviÃ³ al cielo nocturno donde una luna rojo sangre se avecinaba en lo alto. â Te he perdido una vez, querida Sacerdotisa, pero no cometas errores: te encontrarÃ© de nuevo. â Sus ojos se entrecerraron mientras prometÃ­a a la noche. â Esta vez los poseerÃ© a ambos, a ti y al Cristalâ¦

*****

Suki habÃ­a llevado a Kyoko de compras el fin de semana pasado por esta misma razÃ³n, solo que no le habÃ­a dicho a su amiga para quÃ© habÃ­a sido. Suki tambiÃ©n se habÃ­a comprado un atuendo. SacÃ¡ndolo del closet, se contoneÃ³ dentro de Ã©l emocionada. Era un vestido completamente negro y pegado al cuerpo. Se habÃ­a enamorado de Ã©l desde el momento en que habÃ­a puesto los ojos sobre Ã©l.

â QuÃ© bueno que Shinbe no estÃ¡ cerca â, pensÃ³ Suki para sÃ­ con una sonrisa sabionda mirando el vestido en el espejo. Era bastante corto pero no mostraba demasiado, solo lo suficiente para provocar y dejar vagar la imaginaciÃ³n. Halando su cabello oscuro hacia atrÃ¡s con una goma elÃ¡stica negra a juego, Suki aplicÃ³ algo de maquillaje y agarrÃ³ sus llaves, rumbo al apartamento de Kyoko, al lado.

Kyoko saliÃ³ de su habitaciÃ³n esperando tener tiempo de comer algo antes de salir, pero antes de que siquiera llegara a la cocina alguien golpeaba la puerta.

â Dios, espero que no sea Toya â, dijo y se preguntÃ³ si siquiera deberÃ­a responder. AÃºn tenÃ­a 20 minutos antes de que fuera tiempo de encontrarse con Suki, asÃ­ que Kyoko escogiÃ³ ignorar los golpes de la puerta por el momento por el temor de la persona que estuviera al otro lado.

Es increÃ­ble cÃ³mo el miedo te hace sentir de cinco aÃ±os. La ceja de Kyoko se alzÃ³ mientras aguantaba la respiraciÃ³n.

El golpeteo se volviÃ³ un poco mÃ¡s fuerte, pero esta vez seguido de una voz. â De acuerdo, Kyoko, sÃ© que estÃ¡s ahÃ­. Â¡No me hagas tirar la puerta! â esto lo dijo con una risita.

Kyoko volteÃ³ los ojos pensando que Suki sonaba como la ley. AbriÃ³ la puerta a su mejor amiga sonriente, quien inmediatamente la agarrÃ³ del brazo y la sacÃ³ del apartamento.

â VÃ¡monos. Tengo un mal presentimiento de que si no nos vamos ahora, Shinbe aparecerÃ¡ o algo â. Kyoko apenas tuvo tiempo de cerrar la puerta con llave antes de que Suki la empujara hacia afuera.

*****

Kyou apartÃ³ las pesadas cortinas negras de la ventana ahora que el anochecer habÃ­a llegado. Su largo cabello plateado blanquecino se abanicÃ³ a su alrededor mientras abrÃ­a la ventana, permitiendo al venidero viento nocturno acariciar su rostro angÃ©lico. Vestido de negro, daba la apariencia de un Ã¡ngel caÃ­do.

El dinero le habÃ­a traÃ­do la libertad de establecer su propio horario y el poder aseguraba que no serÃ­a perturbado. Comprar el Ãºltimo piso del hotel mÃ¡s costoso de la ciudad le dio la soledad y la vista que querÃ­a. Mirando al otro lado de la calle, Ã©l podÃ­a ver una fila que se habÃ­a comenzado a formar en el Club Medianoche, el club mÃ¡s popular de la ciudad. Era el lugar perfecto de las creaturas de la noche para alimentarse.

La fila llena de gente estaba llena de jÃ³venes chicas universitarias y los jÃ³venes punk que las seguÃ­an. Los obsesivos ojos de Kyou brillaron con desdÃ©n mientras comenzaba a escanear la fila preguntÃ¡ndose cuÃ¡l de ellas atraerÃ­a la atenciÃ³n de aquel a quien Ã©l cazaba. Â¿QuiÃ©n serÃ­a la prÃ³xima vÃ­ctima de Hyakuhei?

Kyou podÃ­a sentir a Hyakuhei dentro de la ciudad y se preguntÃ³ si Hyakuhei podÃ­a sentir la muerte acechÃ¡ndolo. Esta vez las cosas eran diferentes. Kyou lo habÃ­a encontrado con mucha facilidad, como si Hyakuhei hubiese dejado un rastro para que Ã©l lo siguiera. Las muertes y desapariciones de estudiantes universitarias locales era una descarada tarjeta de presentaciÃ³n para Kyou, apuntando a una sola persona.

No le gustaba pensar que Hyakuhei lo estaba guiando hasta aquÃ­. â Ya no estoy bajo tu control â, gruÃ±Ã³ Kyou mientras sangre caÃ­a entre sus dedos apretados y sus ojos se tiÃ±eron de rosa. â TÃº no tienes ningÃºn poder sobre mÃ­â¦ Â¡no mÃ¡s! â calmando su creciente ira, Kyou dibujÃ³ de nuevo la mÃ¡scara sin emociones en sus rasgos, ocultando su aura. Era tiempo de que el depredador se volviera presa.

Si podÃ­a sentir la fuerza vital de Hyakuhei, Kyou necesitarÃ­a prudencia para evitar que su creador lo sienta a Ã©l tambiÃ©n.

*****

Kyoko estaba sorprendida por lo realmente grande que era el club nocturno. Sus labios se separaron cuando Suki entrÃ³ al estacionamiento masivo. Suki querÃ­a llegar un poco temprano para evitar la lÃ­nea, pero por lo que Kyoko pudo notar, una fila ya habÃ­a comenzado asÃ­ que se apresuraron a salir del auto. Kyoko podÃ­a ver rostros familiares de la universidad a la que iban, y sonriÃ³ cuando notÃ³ que su viejo amigo Tasuki era uno de ellos.

Tasuki localizÃ³ a Kyoko y a Suki desde su lugar entre la multitud. HabÃ­a dejado que sus amigos lo convencieran de venir y, como no tenÃ­a nada mejor que hacer ahora que los finales habÃ­an terminado, voluntariamente habÃ­a aceptado. Era bien parecido y corpulento, con cabello marrÃ³n a la altura de los hombros y ojos marrÃ³n chocolate que derretÃ­an los corazones de todas las chicas.

Tasuki tambiÃ©n era uno de los chicos mÃ¡s populares en el campus, pero era mÃ¡s conocido por las notas altas que recibÃ­a en todas sus clases y era mÃ¡s amable que la mayorÃ­a de los chicos del campus. Por supuesto, como era uno de los mÃ¡s adinerados de la academia, aunque no actuaba como tal, eso tambiÃ©n subÃ­a su estatus.

Zigzagueando alrededor de la horda de gente, Tasuki se acercÃ³ a Kyoko con una sonrisa genuina. La habÃ­a conocido desde la secundaria y siempre tuvo un encaprichamiento con ella. HabÃ­an salido por temporadas, pero nada serioâ¦ mÃ¡s como mejores amigos en realidad y habÃ­a pasado un tiempo desde que habÃ­an hecho eso.

Ãl le pedirÃ­a salir mÃ¡s a menudo, pero ese chico Toya o el jefe de seguridad de la escuela siempre estaban cerca de ella Ãºltimamente. PodrÃ­a jurar que escuchÃ³ un gruÃ±ido la Ãºltima vez que se le acercÃ³ a ella cuando estaba con uno de ellos.

Con eso en mente, escaneÃ³ nerviosamente el Ã¡rea esperando que estuviera sola. No es que les tuviera miedo a ninguno de ellosâ¦ noâ¦ nuncaâ¦

Suki pudo ver el nerviosismo de Tasuki y se rio en voz alta. â EstÃ¡ bien, Tasuki. Vinimos solas.

Suki sonriÃ³ a la mirada confusa de Kyoko, luego agarrÃ³ a Tasuki por el hombro halÃ¡ndolo a la fila con ellas. Ella y todo quien lo conociera estaba al tanto del hecho de que sentÃ­a algo por Kyoko. Bueno, es decir, todo el mundo excepto Kyoko.

Kyoko se sonrojÃ³ cuando Tasuki se volteÃ³ para encararla. No se habÃ­a dado cuenta de lo alto que se habÃ­a vuelto. â Hola Tasuki, ha pasado un tiempo. He escuchado que lo estÃ¡s haciendo genial con tus notas de nuevo este aÃ±o â, su rostro se iluminÃ³ al darse cuenta de que habÃ­a pasado demasiado tiempo desde que habÃ­an salido. Ella siempre se habÃ­a sentido a salvo cerca de Ã©l, justo como mejores amigos. HabÃ­a extraÃ±ado a Tasuki.

Una sonrisa agraciÃ³ sus labios, y le gustÃ³ el hecho de haber seguido en contacto con Ã©l, incluso si era desde la distancia. QuizÃ¡s aÃºn tenÃ­a una oportunidad con ella. Ãl realmente querÃ­a la oportunidad para demostrarle lo mucho que aÃºn le importaba y lo que querÃ­a ser con ella, que no estaba âfuera de su alcanceâ como ella siempre pareciÃ³ creer.

Por alguna razÃ³n ella parecÃ­a pensar que Ã©l saldrÃ­a de su camino para verla solo porque habÃ­an sido amigos desde secundaria. TenÃ­a la intenciÃ³n de corregir esa idea equivocada. â SÃ­, Kyoko, si alguna vez necesitas alguna ayuda, estarÃ­a encantado de ser tu tutor en cualquier momento â. Secretamente querÃ­a golpear su cabeza contra la pared de ladrillo sabiendo que una vez mÃ¡s sonaba como un mejor amigo y no como material para novio.

Suki sacudiÃ³ su cabeza silenciosamente viendo la miseria en los ojos de Tasuki mientras Ã©l le sonreÃ­a a Kyoko. âPobre chicoâ, pensÃ³ para sÃ­ mientras una sonrisa traviesa se extendÃ­a en sus labios. Ãl solo necesitaba un empujÃ³n en la direcciÃ³n correcta.

*****

Los ojos de Kyou se entrecerraron mientras la multitud de niÃ±os inocentes crecÃ­a. âDemasiados para que Hyakuhei escojaâ, reflexionÃ³. Siempre era lo mismo. Quitar la vida y salirse con la suya, justo como ese monstruo se habÃ­a salido con la suya en el pasado. Sus garras agarraron la repisa de la ventana con frustraciÃ³n preguntÃ¡ndose si podrÃ­a detener la masacre.

TendrÃ­a que acercarse y mezclarse con la multitud. Sonriendo ante el pensamiento de su cabello plateado y ojos extraÃ±amente color oro, siempre mezclÃ¡ndose, Kyou volviÃ³ su atenciÃ³n a la masa reunida.

EchÃ³ un vistazo al estacionamiento una vez mÃ¡s, su vista se detuvo. Su mirada sorprendida se deslizaba sobre un grupo de tres apiÃ±ados mÃ¡s cerca del frente de la multitud. El aura que rodeaba el triÃ¡ngulo era sorprendentemente diferente de los otros humanos. El suave tinte de luz blanca pura que rodeaba el grupo deslumbrÃ³ la visiÃ³n interna de vampiro de Kyou.

Disminuyendo la intensidad de su mirada, Kyou sacudiÃ³ su cabeza y ojeÃ³ al grupo de nuevo. Incluso con sus sentidos atenuados a propÃ³sito, pudo detectar un dÃ©bil resplandor arremolinado alrededor de las tres figuras. Un dÃ©bil brillo de polvo de arcoÃ­ris vino directamente de encima de ellos ensombreciendo la luz como para esconderla de sus ojos.

Kyou buscÃ³ en el cielo encima de ellos solo para ver la noche. Sus ojos se entrecerraron entendiendo mÃ¡s de lo que se suponÃ­a antes de devolver su mirada al grupo.

Nunca habÃ­a visto algo asÃ­ en su vida interminable. Un dÃ©bil recuerdo captÃ³ su atenciÃ³n causando que mirara al grupo con los ojos abiertos como platos. Estaba recordando las palabras de su hermano menor antes de que Hyakuhei lo asesinara tan agresivamente. âSi tan solo pudiÃ©ramos conseguir el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n, entonces quizÃ¡s podrÃ­amos ser libres de la obscuridad, hermano.

Kyou se habÃ­a burlado al decirle a Toya que la joya era solo un mito e imposible de hallar, incluso en las leyendas. Toya habÃ­a ignorado esa rÃ©plica, â el aura de aquella que protege a la joya brillarÃ¡ con luz santa. Â¿No quieres ser libre?

Un sentimiento de melancolÃ­a se instalÃ³ en Kyou con el recuerdo de la pregunta de su hermano. Ãl hubiera dado lo que fuera para liberar a su hermano de la vida a la que Hyakuhei lo habÃ­a metido. La brisa entrÃ³ por la ventana soplando su largo cabello lejos de su rostro como diciÃ©ndole que se fuera, como si Toya en persona le estuviera diciendo que se fuera.










Reuniendo la obscuridad que rodeaba su letal cuerpo, Kyou emergiÃ³ desapercibido entre la multitud de juventud ignorante, y su mirada intensa nunca dejÃ³ el lugar donde la mÃ¡s pura y suave luz brillaba.

*****

Kyoko soltÃ³ una risita cuando vio a Suki moviendo sus cejas detrÃ¡s de la espalda de Tasuki. Suki habÃ­a estado saliendo demasiado con Shinbe Ãºltimamente. CruzÃ³ los ojos y sacÃ³ su lengua casi haciendo a Suki doble en un ataque de risa, luego la mirada despareciÃ³ instantÃ¡neamente cuando Tasuki se volteaba para ver de quÃ© se reÃ­a Suki.

Esto hizo que Suki se agarrara de la pared para evitar que sus rodillas se desplomaran mientras Kyoko solo se encogÃ­a de hombros diciendo: â Â¿quiÃ©n sabrÃ¡ quÃ© mosquito le picÃ³? Ella nunca ha sido normal â. LevantÃ³ una ceja aÃ±adiendo: â tengo que sacarla de su locura al menos una vez a la semana o se pone incluso peor, y trata de morder los Ã¡rboles en frente del dormitorio.

Tasuki se sonriÃ³ acercÃ¡ndose a la oreja de Kyoko como si fuera a susurrarle pero luego dijo, en una voz suficientemente alta para que Suki escuchara: â quizÃ¡s a nuestro regreso a casa esta noche deberÃ­as llevarla de vuelta.

Kyoko asintiÃ³ felizmente, luego sintiÃ³ el vello de la nuca erizarse como si alguien la estuviera observando. Esperando que no fuera Toya siguiÃ©ndolas, tratÃ³ de ignorarlo manteniendo su atenciÃ³n en Suki y Tasuki.

Suki finalmente agarrÃ³ suficiente aliento para recordarle a Kyoko que iban a tener una fiesta de pijamas en la habitaciÃ³n acolchada mÃ¡s tarde en la noche, luego le preguntÃ³ a Tasuki si le gustarÃ­a unÃ­rseles. â Incluso tenemos una camisa de fuerza para la ocasiÃ³n â. SacÃ³ su lengua hacia ambos.

â Guarda esa cosa antes de que lastimes a alguien â, le replicÃ³ Kyoko y fue rÃ¡pidamente recompensada cuando la mandÃ­bula de Suki se cayÃ³.

Mientras la fila comenzaba a avanzar, Kyoko mirÃ³ sobre su hombro preguntÃ¡ndose quiÃ©n la estaba observando. Solo vio las luces del estacionamiento y una horda de gente esperando para entrar, luego frunciÃ³ el ceÃ±o a su propia paranoia. El sentimiento de intranquilidad de que alguien la estaba observando se rehusaba a dejarla y la preocupaba. Recordaba a Kotaro advirtiÃ©ndola sobre un acosador alrededor del campus y de repente deseÃ³ haberle dado una pista de a dÃ³nde iban a estar.

Suki tomÃ³ su mano y la jalÃ³ consigo, puesto que comenzÃ³ a retrasar la fila. Kyoko ignorÃ³ el sentimiento escalofriante mientras entraban al edificio y su atenciÃ³n era atraÃ­da hacia el interior del inmenso club.

Kyou la habÃ­a visto voltearse como si lo sintiera y se preguntara por ello. Los ojos de Kyoko se habÃ­an dejado llevar muy lentamente hasta el mismo lugar en que Ã©l estaba de pie, pero Ã©l sabÃ­a que ella no podÃ­a verlo en las sombras. Bajo el manto de obscuridad, Ã©l la mantenÃ­a dentro de su visiÃ³n mientras entraba en el establecimiento.

Su mirada dorada se moviÃ³ por la habitaciÃ³n sabiendo que habÃ­a mÃ¡s que humanos en el espacio tenuemente iluminado, pero eran amenazas de bajo potencial y no merecÃ­an su atenciÃ³n.

Suki los guio a un Ã¡rea cerca del bar para que no tuvieran que ir muy lejos por las bebidas y aÃºn tener una buena vista de la pista de baile. La mÃºsica ya habÃ­a comenzado pero no muy alto como para gritar para ser escuchado.

Kyoko estaba estupefacta de lo agradable que era el lugar adentro. Comenzaba a sentirse contenta de dejar que Suki la acosara para venir. DespuÃ©s de todo, tenÃ­a que haber mÃ¡s para vivir que estudiar, que era todo lo que habÃ­a hecho por mÃ¡s de una semana. Toda la energÃ­a en el lugar era adictiva y sonriÃ³ con entusiasmo. Era uno de esos raros momentos en que Kyoko habÃ­a sentido que podÃ­a pasar cualquier cosa.

En vez de mesas y sillas reales, el establecimiento tenÃ­a sofÃ¡s demasiado rellenos aquÃ­ y allÃ¡ con pequeÃ±as mesas de vidrio para colocar las bebidas. El club mostraba principalmente los colores morados, azules y negros, los cuales le daban un toque de misterio y magia con todas las luces cambiando constantemente, y que a su vez creaba la sensaciÃ³n de una pandemia sensual. La atmÃ³sfera del club era casi embriagante.

Las sombras profundas le daban privacidad a quienes la buscaban, y Kyoko se sonrojÃ³ pensando en las cosas que a veces sucedÃ­an en las sombras, cosas que ella aÃºn debÃ­a experimentar. Su mente volviÃ³ a preguntarse quÃ© hacÃ­a Kotaro antes de que ella devolviera rÃ¡pidamente su atenciÃ³n a sus amigos con un aire de culpabilidad.

Kyou tomÃ³ asiento en la esquina mÃ¡s oscura, cerca del aura intensamente pura. Observando al grupo que ahora podÃ­a ver que el brillo provenÃ­a solo de una de ellos. Sus ojos se suavizaron por primera vez en innumerables aÃ±os, por solo un instante al verla sonreÃ­r capturando la majestuosidad del club. Era como ver al sol y eso era algo que no habÃ­a hecho en un largo tiempo.

Ella era hermosa, con cabello caoba suelto y largo compensado por la sedosa camisa blanca que usaba.

La mirada de Kyou escaneÃ³ su cuerpo perfecto, capturando la piel expuesta en su cintura y la corta mini falda seguida de unas piernas bien formadas antes de levantar de nuevo a su cuello, que estaba expuesto. SiguiÃ³ el arco arriba hacia su rostro con un gruÃ±ido de desaprobaciÃ³n. Estaba volteada a un Ã¡ngulo y se encontrÃ³ a si mismo necesitando ver sus ojos, los ojos eran el espejo del alma.

Sus instintos estaban reaccionando de formas en que no habÃ­a experimentado antes. Este sentimiento que no podÃ­a describir lo agitaba y de alguna forma le recordaba a su hermano. No le gustaba lo desconocido.

OscureciÃ³ las sombras a su alrededor al ella voltearse, haciendo un barrido con su mirada por encima de Ã©l pero Ã©l los habÃ­a visto. La vista casi le habÃ­a quitado la respiraciÃ³n de su cuerpo. TenÃ­a los ojos de esmeralda cubierta de inocencia, pero tambiÃ©n pudo ver la travesura y el poder escondido ahÃ­.

Kyou apretÃ³ su puÃ±o tan fuertemente que pudo sentir gotas de sangre formarse donde sus uÃ±as afiladas habÃ­an perforado su piel. Â¿Por quÃ© habÃ­a ese tipo de inocencia aquÃ­, en un lugar como este? No deberÃ­a estar permitido. SintiÃ³ un gruÃ±ido comenzar en el fondo de su pecho y tratÃ³ de suprimirlo.

Si esta corazonada era correcta y Hyakuhei hiciera una apariciÃ³n, entonces las cosas se podrÃ­an poner muy peligrosas muy rÃ¡pido. Â¿Era ella la que tenÃ­a el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n en su interior? Las palabras de su hermano vinieron una segunda vez para atormentarlo.

ââ¦ hermano, si lo encontramos entonces podemos ser libres de Ã©lâ¦â

Bloqueando los demÃ¡s sonidos dentro del club, Kyou dirigiÃ³ todos sus sentidos a ella, asÃ­ podÃ­a saber mÃ¡s y prepararse. Sus encantados ojos color oro casi brillaron mientras se metÃ­a en los pensamientos del grupo sentado en la mesa de ella. Escuchar los pensamientos de mortales era un vicio que no habÃ­a usado en un largo tiempo.

Tasuki se ofreciÃ³ a buscar la primera ronda de bebidas ya que el barman era su primo. No iba a desperdiciar su Ãºnica oportunidad de impresionar a Kyoko. Ãl sabÃ­a que ella pensaba en Ã©l como un amigo, pero Ã©l querÃ­a mucho mÃ¡s, si tan solo ella pudiera abrir sus ojos y ver la devociÃ³n que Ã©l le ofrecÃ­a. Nunca habrÃ­a un hombre que pudiera amarla mÃ¡s que Ã©l. Era simplemente imposible.

Suki sonriÃ³ al escuchar que Ã©l conocÃ­a al barman y le pidiÃ³ a Tasuki que les trajera a todos unos tÃ©s Long Island bien frÃ­os. Tasuki le dedicÃ³ un guiÃ±o sonrojado a Kyoko, asintiendo y diciÃ©ndoles que volverÃ­a pronto. Se fue a buscar las bebidas de las chicas lo mÃ¡s rÃ¡pido posible.

Los ojos de Kyoko se redondearon mientras clavaba los ojos en Suki. â Â¿TÃ© Long Island? Pero si somosâ¦ â Suki moviÃ³ una mano desdeÃ±osa para callarla.

â Vamos Kyoko. Â¡Vive un poco! Los finales se acabaron y ademÃ¡sâ¦ hemos bebido antes â, Suki tratÃ³ de calmar a Kyoko al sonreÃ­r y voltear sus ojos. Esperando cambiar de tema, agregÃ³: â debo admitir Kyoko que en ese atuendo y tus curvasâ¦ no te ves menor de edad â. Se rio en voz alta ante la mirada sorprendida en el rostro de Kyoko.

Kyoko mirÃ³ a Suki escÃ©pticamente. â Dos veces, Suki. He bebido dos veces y apenas recuerdo cada vezâ¦ y no necesito vestirme asÃ­ para probar quÃ© edad tengo â. Kyoko se ruborizÃ³ al poder recordar lo que se presentÃ³ la Ãºltima vez en su cumpleaÃ±os. Por Suki, ella no recordaba mucho sobre su propia fiesta de cumpleaÃ±os.

Recordaba el enorme bol de fruta que Suki le habÃ­a dado con una sonrisa tan inocente. SabÃ­a de la debilidad de Kyoko por la fruta y habÃ­a jugado con eso. Kyoko se habÃ­a comido casi todo el bol sin darse cuenta de que habÃ­a sido impregnado de alcohol.

âElla me va a meter en problemas de nuevoâ¦ Â¡eso lo sÃ©!â LloriqueÃ³ Kyoko silenciosamente para sÃ­ y mentalmente se desplomÃ³ derrotada. Los otros solo habÃ­an bromeado sobre esa noche, algo sobre cÃ³mo Kyoko habÃ­a olvidado caminarâ¦ Â¡o hablar!

Suki sonriÃ³, encogiÃ©ndose de hombros. â AsÃ­ que esta es la tercera vez â. Le sonriÃ³ contenta a Tasuki mientras traÃ­a las bebidas agarrando uno para ella ansiosamente.

Kyoko mordiÃ³ sus labios, luego balbuceÃ³ algo sobre âtres strikes y estÃ¡s fueraâ, pero se volteÃ³ y sonriÃ³ a Tasuki de todas formas. HabÃ­a algo como presiÃ³n de grupo despuÃ©s de todo, y siendo lo inocente que era, se rindiÃ³.

â Tres tÃ©s Long Island como se solicitÃ³ â. Tasuki se sentÃ³ entre las chicas y dio un sorbo a su bebida. SintiÃ³ el calor alzarse de repente dentro de la habitaciÃ³n porque la bebida estaba muy fuerte. Mirando de reojo detrÃ¡s de Kyoko vio a su primo detrÃ¡s de la barra. La sonrisa traviesa en el rostro de su primo le hizo saber que las bebidas estaban mÃ¡s fuertes de lo normal.

Tasuki sacudiÃ³ la cabeza y mirÃ³ de vuelta a las chicas. â Por los finales, para que los pasemos todos brillantemente â, brindÃ³ Tasuki. Luego mirando a Kyoko a los ojos agregÃ³: â Y porque no perdamos contacto con el otro de nuevo, sin importar quÃ©.

Kyoko se sonrojÃ³ y sonriÃ³ tÃ­midamente mientras tomaba su bebida de su mano extendida. Tomando un sorbo apresurada, sus ojos se abrieron cuando decidiÃ³ que en realidad le gustaba el sabor. â Si no puedes vencerlos, Ãºneteles â, guiÃ±Ã³ el ojo a Suki con cordialidad.

MetiÃ³ de golpe una pajilla en la bebida y a los diez minutos siguientes de risas y payasadas, el tÃ© helado Long Island desapareciÃ³. A Kyoko se le ruborizaban las mejillas en tanto que los efectos del alcohol lentamente fluÃ­an por su cuerpo.

Y Tasuki, habiendo tomado el suyo a la misma velocidad que Kyoko, ahora se sentÃ­a mÃ¡s cÃ³modo y con un poco mÃ¡s de valor al preguntar a las chicas si querÃ­an bailar. Sus ojos se oscurecieron atractivamente mientras tomaba la mano de Kyoko y la guiaba a la pista de baile con Suki sosteniendo la otra mano de Kyoko.

Ãl solo supo que esta noche serÃ­a la mejor de sus noches en la universidad y nunca olvidarÃ­a un solo momento de ella.

A tan solo unos metros de distancia, Kyou observÃ³ al joven llamado Tasuki estirar el brazo y tomar la mano de la chica de ojos verdes y sintiÃ³ la necesidad de romper los dedos ofensivos del joven atreviÃ©ndose a tocarla. Los sentimientos inocentes por la chica se podÃ­an leer claramente en sus ojos y pensamientos, pero aÃºn no confiaba en Ã©l.

Kyou lo habÃ­a visto suceder muchas veces observando la vida nocturna. Un joven les da bebidas a las chicas y luego toma ventaja de su inocencia. Sus ojos se tiÃ±eron de carmesÃ­ mirando al chico guiar a las chicas a la pista de baile. Kyou sintiÃ³ la necesidad de tomar a la chica de cabello caoba y esconderla de cualquiera que quisiera herirla o poseerla.

Se preguntÃ³ ligeramente por su propia posesividad hacia la chica. Si ella era la que retenÃ­a el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n, entonces, Â¿quÃ© deberÃ­a Ã©l hacer? Una cosa que Kyou sabÃ­a era que, antes de dejar que Hyakuhei la tuviera, la matarÃ­a con sus propias manos.

Si la leyenda era cierta y Hyakuhei ponÃ­a sus manos en el poder del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n, no habrÃ­a forma de detenerlo.

*****

Kamui se sentÃ³ invisible, encima de uno de los altavoces enormes en frente del DJ viendo la pista de baile donde Kyoko y Suki estaban bailando con un joven. LevantÃ³ una ceja cuando se dio cuenta de quiÃ©n era este chico. Una sonrisa muy secreta ladeÃ³ sus labios viendo la tonalidad amatista que se adherÃ­a al chico.

Su atenciÃ³n volviÃ³ al otro hombre que estaba acosando a la Sacerdotisa. Ya habÃ­a tratado de detener la atracciÃ³n una vez cuando Kyoko aÃºn estaba en la fila, pero el viejo guardiÃ¡n era terco como siempre. Las vibras que Kyou daba eran pesadas y algo contaminadas.

â Kyou, Â¿en quÃ© estÃ¡s pensando? â se preguntÃ³ Kamui en voz alta sabiendo que nadie podÃ­a escucharlo o verlo. Observando a Kyou observar a Kyoko, reconociÃ³ el destino cuando lo vio. El destino siempre habÃ­a atraÃ­do a los Guardianes hacia la Sacerdotisaâ¦ sin importar el mundo o la vida.

Secretamente deseÃ³ poder organizar un lugar donde Toya y Kyou se vieran pero aprendiÃ³ a no tratar de usar sus poderes en Kyou. SintiÃ³ escalofrÃ­os subir por su brazo al pensar en molestar al peligroso GuardiÃ¡n dorado.

Su mirada escaneÃ³ la multitud de nuevo sabiendo que Kyou no era por quien deberÃ­a estar preocupado. HabÃ­a otros dentro del club que no eran humanos, pero podÃ­a sentir la verdadera obscuridad acercarse por momentos. Se preguntaba si Kyou podÃ­a sentirlo tambiÃ©n.

Kamui asintiÃ³ para sÃ­. Lo mejor que podÃ­a hacer por ahora era ayudar a esconder los poderes de Kyoko de ojos entrometidos. Con ese pensamiento, saltÃ³ de los altavoces pero sus pies nunca golpearon el suelo del club de baile.



CapÃ­tulo 4



Mientras el trÃ­o entraba en la abarrotada pista de baile, Suki y Kyoko inmediatamente comenzaron a mover sus cuerpos al ritmo de la mÃºsica dejando a Tasuki mirar con fascinaciÃ³n. Los cuerpos calurosos a su alrededor hicieron que su piel se ruborizara mientras el alcohol fluÃ­a por sus venas.

El cuerpo de Suki se moviÃ³ mÃ¡s cerca del de Kyoko poniendo sus brazos alrededor del cuello de la otra y comenzaron a bailar. RiÃ©ndose de las payasadas de la otra, bailaron como amantes perdiÃ©ndose en el ritmo de la mÃºsica. Se habÃ­an enseÃ±ado a bailar asÃ­ en la escuela elemental hacÃ­a mucho tiempo.

Atrapadas en el momento de pura diversiÃ³n sin adulterar, las chicas se habÃ­an olvidado momentÃ¡neamente de su tercer acompaÃ±ante.

Tasuki mirÃ³ a ambas amigas bailando apasionadamente juntas y sintiÃ³ calor en sus mejillas. âÂ¡Guao!â Su cuerpo reaccionaba a la escena que se interpretaba en frente de Ã©l. Se sentÃ­a como si su respiraciÃ³n fuera golpeada fuera de sus pulmones. Mirando el cuerpo de Kyoko frotÃ¡ndose contra el de Suki mientras sus manos vagaban por el cuerpo de la otra casi era mÃ¡s de lo que podÃ­a soportar.

Tasuki decidiÃ³ que querÃ­a sumarse a la diversiÃ³n, y obligÃ³ a sus pies moverse antes de que perdiera el valor.

DeteniÃ©ndose justo en frente de Kyoko, pudo ver que sus ojos estaban cerrados mientras se movÃ­a contra Suki. Su mirada enzarzada con la de Suki en tanto ella sonreÃ­a y bajaba detrÃ¡s de Kyoko lentamente volviendo a subir, acariciando con sus dedos las caderas de su amiga. Esperaba que Tasuki tuviera suficiente valor para bailar con Kyoko asÃ­.

â Â¿Por quÃ© no te nos unes? Â¡Esto es demasiado divertido! â se rio agarrando a Tasuki por la hebilla del cinturÃ³n, tirando de Ã©l sonrojÃ¡ndose contra Kyoko.

Los ojos de Kyoko se abrieron como platos de la sorpresa sintiendo un cuerpo duro, definitivamente masculino golpearla de una manera muy Ã­ntima. Un rubor encendiÃ³ sus mejillas cuando se dio cuenta de que Tasuki la sostenÃ­a cerca. â Â¡Ey! â sonriÃ³ tÃ­midamente, y decidiÃ³ que le gustaba la forma en que se sentÃ­a su cuerpo contra el de ella. SabÃ­a que podÃ­a confiar en que Ã©l no pasarÃ­a los lÃ­mites. Ãl siempre era un caballero.

SintiÃ©ndose osada, Kyoko continuÃ³ bailando con Suki moviÃ©ndose detrÃ¡s de ella poniendo una mano en el hombro de Tasukiâ¦ alentÃ¡ndolo silenciosamente.

Tasuki no necesitaba nada mÃ¡s que ese simple movimiento para agarrar las caderas de Kyoko y comenzar a moverse con su cuerpo. SentÃ­a que estaba en el cielo con la chica de sus sueÃ±os bailando seductoramente contra Ã©l. Sintiendo cada curva de su cuerpo frotarse contra Ã©l era una dulce tortura que nunca habÃ­a experimentado.

Sus ojos marrones se suavizaron seductoramente en tanto todo su cuerpo se sentÃ­a como si estuviera quemÃ¡ndose y querÃ­a sentir tanto de ella como fuera posible. PresionÃ¡ndose mÃ¡s cerca de Kyoko, comenzÃ³ a bailar contra ella, moviendo su cuerpo caliente con el suyo como un amante perdido hace mucho tiempo.

Kyoko mirÃ³ hacia arriba a los ojos de Tasuki y se dio cuenta por primera vez de que eran bonitos copos amatista rociados de orbes chocolate. âHermosoâ¦â era la Ãºnica palabra que le vino a la mente. Mientras mÃ¡s profundo miraraâ¦ mÃ¡s le recordaba a Shinbe.

*****

El humor de Toya no habÃ­a mejorado desde que fue al dojo de la universidad esperando quemar un poco de vapor. HabÃ­a decidido que mejor se iba rÃ¡pidamente cuando estropeÃ³ el saco de boxeo de quinientos dÃ³lares. No era su culpa que estuviera imaginando el rostro de Kotaro cuando lo golpeaba.

â Â¡Chica estÃºpida! â gruÃ±Ã³. âÂ¿Por quÃ© siempre era tan difÃ­cil de manejar?â MirÃ³ hacia nada en particular pensando en el molesto guardia de seguridad con el que Kyoko habÃ­a salido.

AÃºn se sentÃ­a lÃ­vido de cuando escuchÃ³ la voz de Kotaro en el apartamento de Kyoko mÃ¡s temprano. Nada le hubiese gustado mÃ¡s que arrancar la cabeza del hombre y meterla donde el sol no le alcanzarÃ­a. Toya siempre tuvo un sexto sentido sobre cosas y sus sentidos le decÃ­an que Kotaro no era lo que aparentaba ser.

â Un lobo con ropa de oveja va mÃ¡s como Ã©l â. SonriÃ³, luego se sintiÃ³ ligeramente culpable porque tambiÃ©n le escondÃ­a cosas a Kyoko. Cosas que Ã©l no podÃ­a explicar.

HabÃ­a aprendido desde pequeÃ±o a esconder sus habilidades inusuales de otros, habilidades como fuerza inhumana y velocidad, asÃ­ como sus intensificados sentidos del olfato y la vista. El Ãºnico problema era que venÃ­an y se iban cuando querÃ­an. No podÃ­a evocarlos en un momento y quizÃ¡s era algo bueno.

Perdido en sus pensamientos, la piel de Toya se erizÃ³ al notar al guardia apoyado contra la puerta del edificio de seguridad. âHablando del rey de Romaâ. Toya mirÃ³ a Kotaro, casi caminando mÃ¡s allÃ¡ de Ã©l y luego se detuvo sobre sus pasos. â Â¿QuÃ© demonios estÃ¡s haciendo aquÃ­? â gruÃ±Ã³.

Sin prisa, Kotaro se levantÃ³ a su mÃ¡xima altura y caminÃ³ hacia donde la supuesta cita de Kyoko estaba de pie gruÃ±Ã©ndole. Mirando alrededor y sin verla por ninguna parte, su comportamiento relajado se tensÃ³ y Kotaro perforÃ³ a Toya con una mirada furiosa. â Â¿DÃ³nde estÃ¡ Kyoko? PensÃ© que estarÃ­a contigo esta noche.

Si habÃ­a algo que Toya odiaba era ser confundido y ahorita no estaba de humor para eso. â TÃº estÃºpido malparidoâ¦ pensÃ© que tenÃ­a una cita contigo â, le espetÃ³ sin pensarlo.

La jaula de Kotaro ahora estaba seriamente agitada. Kyoko le habÃ­a dicho que iba a salir con Toya y habÃ­a sido una mentira. â Â¡MaldiciÃ³n!

Sin darle una segunda mirada, se fue en direcciÃ³n al lugar donde vivÃ­a Kyoko esforzÃ¡ndose contra la necesidad de usar su velocidad antinatural. Â¿Por quÃ© le habÃ­a mentido? Si Ã©l hubiese sabido que no estarÃ­a con el imbÃ©cil, la hubiese seguido.

Toya sintiÃ³ pÃ¡nico por un momento cuando vio que la preocupaciÃ³n se filtraba a los ojos de su rival y la forma en que se fue a una velocidad vertiginosa no lo hacÃ­a sentirse mejor. Algo dentro de Ã©l confiaba en Kotaro completamente, pero nunca le dirÃ­a eso.

Sin siquiera pensar lo que estaba haciendo, se fue detrÃ¡s de Kotaro a ver a dÃ³nde iba. FÃ¡cilmente alcanzÃ¡ndolo pero dÃ¡ndose cuenta de la velocidad a la que ambos iban, algunas de las sospechas de Toya se confirmaban. Kotaro era mÃ¡s de lo que parecÃ­aâ¦ Â¿tenÃ­an el mismo ADN o algo? ApretÃ³ sus dientes sin gustarle ese pensamiento.

En un minuto, Kotaro estaba golpeando la puerta del apartamento de Kyoko esperando contra todo pronÃ³stico de que realmente estuviera allÃ­. Golpeando ambas palmas contra la inocente puerta gritÃ³: â Â¡Demonios, Kyoko! Â¿DÃ³nde estÃ¡s? â temor y preocupaciÃ³n se filtraron por cada poro de su ser. â Esto no es bueno â, gruÃ±Ã³.

â Â¿QuÃ© no es bueno? â reclamÃ³ Toya de pie detrÃ¡s de Kotaro.

Las vibras que transmitÃ­a Kotaro hacÃ­an que el pecho de Toya doliera con su intensidad. Si hubiese sabido que Kyoko no estaba con Kotaro, hubiese venido para estar cerca de ella. DebiÃ³ haber seguido sus instintos y venir de todas formas. TendrÃ­a que ponerle una correa a esa chica tarde o temprano.

Kotaro se balanceÃ³ habiÃ©ndose olvidado de Toya completamente en su prisa de llegar con Kyoko. Ahora teniendo a alguien con quien descargar su ira, se descargÃ³. â Â¡PensÃ© que estaba contigo! â Kotaro tensÃ³ su puÃ±o y atrajo su rabia dentro de sÃ­ antes de ir demasiado lejos. â Â¿Y cÃ³mo demonios fuiste capaz de mantener el paso? No importa, no respondas eso.

Toya lo mirÃ³ fijamente, sorprendido de que el guardia de seguridad se diera cuenta, pero que se encogiera de hombros a ello. â Simplemente soy asÃ­ de rÃ¡pido imbÃ©cil.

Calmando su lado dominante, Kotaro abriÃ³ sus perforadores ojos azul hielo, entrelazÃ¡ndolos con la persona que lo iba a ayudar a encontrar a âsu Kyokoâ. Era suficientemente malo que Toya no hubiese renacido como vampiro para que pudieran simplemente resolverlo a puÃ±etazos, pero ahora Toya estaba recuperando sus habilidades del pasado y no tenÃ­a idea de por quÃ©. Para colmo, el mejor amigo de Toya era Shinbe y Shinbe no tenÃ­a idea de su pasado tampoco.

Kotaro golpeÃ³ la palma de su mano contra su sien preguntÃ¡ndose por quÃ© carajo confiarÃ­a en Toya para cuidarlaâ¦ por segunda vez, cuando habÃ­a fallado la primera. El hecho de que Toya no recordara nada, hacÃ­a imposible para Kotaro vociferarle. InhalÃ³ profundamente ante la verdad, ambos le habÃ­an fallado. Sus labios se estrecharon mientras miraba silenciosamente.

Toya lanzÃ³ una sonrisa poco entusiasta. â AsÃ­ que te mintiÃ³ y te botÃ³ diciendo que iba a salir CONMIGO. Â¡Ja! â aunque sabÃ­a que eso era mÃ¡s o menos lo que ella habÃ­a hecho con Ã©l, no dejarÃ­a que Kotaro lo supiera.

Kotaro tomÃ³ otra respiraciÃ³n profunda tratando de mantener su temperamento bajo control. Era como hablar con un maldito chiquillo. â Esto no es un juego, punk. Chicas han desaparecido de derecha a izquierda del campus y de la ciudad por mÃ¡s de un mes. Ahora, ninguno de los dos sabe dÃ³nde estÃ¡ Kyoko â. Kotaro podÃ­a escuchar el pÃ¡nico en su propia voz, pero lo ignorÃ³. â Â¿Tienes alguna idea de a dÃ³nde pudo haberse escapado?

Toya podÃ­a sentir su pecho destrozarse de preocupaciÃ³n pensando que Kyoko estuviese en peligro. â Â¡Maldita sea! â Se volteÃ³ hacia la puerta de Suki y comenzÃ³ a golpear hasta que escuchÃ³ la puerta agrietarse haciendo que aflojara el golpeteo. Sin respuesta.

â Â¡Mierda! â Cerca de un estado de pÃ¡nico, Toya buscÃ³ a tientas su celular esperando que Shinbe supiera dÃ³nde estaban las chicas. â Â¡SÃ¡tiro libidinoso, atiende! â gritÃ³ al telÃ©fono que aÃºn llamaba. DespuÃ©s del cuatro timbrazo Shinbe finalmente respondiÃ³.

â Â¡Shinbe! Â¿Sabes dÃ³nde estÃ¡n Suki y Kyoko? â mirÃ³ a Kotaro cuando se le acercÃ³ como esperando escuchar la respuesta.

En el otro extremo del telÃ©fono, Shinbe sonriÃ³ una sonrisa reveladora. â QuizÃ¡sâ¦

*****

Kyou siguiÃ³ escondido dentro de la obscuridad mirando a la chica bailar con sus amigos. HabÃ­a descubierto que su nombre era Kyoko al escuchar su conversaciÃ³n. Hasta ahora, el chico llamado Tasuki habÃ­a mantenido sus manos para sÃ­ mismo, lo que era algo bueno considerando que Kyou habÃ­a decidido dejarlo vivir mientras no se acercara demasiado a ella. ParecÃ­a suficientemente inofensivo; si no, al menos un poco obsesionado con ella.

Se habÃ­an abierto espacio hacia la pista de baile, la chica y su amiga habÃ­an comenzado a bailar juntas. La forma en que estaban bailando era indecente. âDebe ser el alcohol que consumiÃ³ tan rÃ¡pidamenteâ, se le dificultÃ³ pensar de otra forma.

Un gruÃ±ido grave vibraba en su pecho mientras su visiÃ³n era obstruida por un grupo de humanos punk. Escuchado su advertencia, luego viendo la mirada dorada escalofriante que les dio, rÃ¡pidamente se retiraron al otro lado del club. Las esquinas de los labios de Kyou dieron el indicio de una sonrisa divertida sobre la forma en que se dispersaron inmediatamente.

DevolviÃ³ su atenciÃ³n a la pista de baile enfocÃ¡ndose en la chica joven que lo dejÃ³ perplejo. La visiÃ³n que lo saludÃ³ hizo que su sangre hirviera de ira. Un gruÃ±ido violento vino de un lugar desconocido mientras los ojos dorados destellaron rojo con sangre.

El inofensivo Tasuki estaba bailando con Kyoko como si tratara de seducirla.

*****

Kyoko estaba perdida en la sensaciÃ³n de las manos de Tasuki en sus caderas, acariciando la piel desnuda de su cintura mientras Ã©l tomaba control de su danza. En realidad se veÃ­a alucinante con su cabello desordenado y bailando sensualmente con ella. Una risita escapÃ³ de sus labios al cambio de sus pensamientos.

Mientras lo sentÃ­a acariciar su piel expuesta en la parte baja de su espalda, ella se dio cuenta de que sus ojos casi se volvÃ­an puro amatista.

Suki, decidiÃ³ que podrÃ­a probar algo frÃ­o y mojado, y le dio una nalgada a Kyoko. â Â¡Vamos, ustedes dos! Â¡Requiero alimento! â Se rio por su tonta frase arrastrando a la pareja de vuelta a la mesa que habÃ­an ocupado antes en la espera de otra bebida.

*****

Kyou se levantÃ³ tratando desesperadamente de calmar su sangre rabiosa. Su usual control vestido de hierro y frÃ­o comportamiento se habÃ­a desvanecido completamente al ser testigo del chico Tasuki que estaba bailando con Kyoko como si fuera su amante.

En el descanso de su mente, sabÃ­a que debÃ­a calmarse rÃ¡pidamente, de otra forma, Hyakuhei sentirÃ­a su presencia si no lo habÃ­a hecho ya. Tomando un respiro firme y profundo, mentalmente se reprendiÃ³ por su estupidez.

Durante siglos habÃ­a sido un frÃ­o demonio de la noche sin emociones. Su resoluciÃ³n era como una montaÃ±a que nunca se movÃ­a y no podÃ­a forzarse a ser sumisa. Sus emociones eran bien conservadas dentro de su frÃ­o exterior, irrompible por una razÃ³n: para que pudiera esconder su aura del verdadero enemigo.

En una noche, la presencia de una chica joven, mÃ¡s allÃ¡ de inocente y pura, habÃ­a causado que flaqueara por primera vez en su vida de muerto viviente.

Ajenos al enfurecido vampiro de cabello plata, el trÃ­o se abriÃ³ paso de vuelta a sus asientos previos. La risa inocente de Kyoko flotÃ³ hasta Ã©l, casi calmando su rabia. Un poco de su tensiÃ³n aminorÃ³ y se preguntÃ³ por quÃ© habÃ­a actuado tan posesivamente hacia la chica.

EntrecerrÃ³ los ojos, lanzando dagas al chico con ella prometiendo una muerte agonizante si siquiera caminaba de puntillas fuera de la lÃ­nea una vez mÃ¡s. Ella necesitaba un GuardiÃ¡n.

Kyou no podÃ­a entender la atracciÃ³n tan fuerte que sentÃ­a hacia ella, pero observarla se habÃ­a vuelto adictivo. Su belleza e inocencia lo habÃ­an fascinado mientras comenzaba a preguntarse si su piel era tan suave como parecÃ­a. Ver otro vaso del lÃ­quido contaminado deslizarse frente a ella le enfurecÃ­a.

Con cada sorbo que tomaba, el resplandor de luz pura que la rodeaba parecÃ­a titubear y debilitarse. Ya era mucho mÃ¡s difÃ­cil de detectar. Si seguÃ­a bebiendo del agua del demonio que estaba puesto frente a ella, pronto caerÃ­a en la obscuridad.

Como si lo desafiara, mirÃ³ a la chica quitar la pajilla de la copa y presionarla contra sus labios, drenando el resto del lÃ­quido contaminado.

Kyou hizo algo que no habÃ­a hecho en siglosâ¦ sonriÃ³, sabiendo que ahora su secreto estarÃ­a a salvo del mal que acababa de entrar al club nocturno. QuizÃ¡s ocultar el aura de ese tipo de inocencia inimaginable de la hermosa chica no era tan malo despuÃ©s de todo.

Kyou retrocediÃ³ a la obscuridad mientras su enemigo salÃ­a de ella.

*****

Hyakuhei caminÃ³ a travÃ©s de la puerta sin darse por advertido de los secuaces que lo seguÃ­an en su sombra. PodÃ­an buscar su propio entretenimiento para la noche. Ellos solo entorpecerÃ­an sus planes para la tarde, en caso de que les permitiera unÃ­rsele. Sus ojos carmesÃ­ escanearon la exhibiciÃ³n de carne caliente delante de Ã©l con interÃ©s.

HabÃ­a sentido vida aquÃ­, escondida en alguna parte entre los humanos. Lo habÃ­a llamado como a un amante ansiaba su caricia, pero ahora la sensaciÃ³n de caricias casi se habÃ­a desvanecido, como si se hubiese apagado.

Se habÃ­a alimentado bien la noche anterior y no sentÃ­a la necesidad de alimentarse de nuevo tan pronto. Noâ¦ esta noche tenÃ­a algo mÃ¡s en mente.

Esta ciudad guardaba el poder del legendario CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n, estaba seguro de eso. Todos los caminos que habÃ­a tomado, buscando la luz escondida, lo habÃ­an llevado a este lugar. Incluso ahora, podÃ­a sentir la escurridiza luz escondida bajo la obscuridad mientras se apoyaba contra la pared, mirando a los humanos.

Varios de los mortales ignorantes ya lo habÃ­an notado y supo que vendrÃ­an por Ã©l, errÃ³neamente ofreciendo sus almas.

La simple atracciÃ³n de alto, oscuro y bien parecido siempre le habÃ­a facilitado capturar a su presa. Su largo y oscuro cabello fluÃ­a a su alrededor en ondas como el fondo por su buena y sin igual apariencia. PodÃ­a sentir la lujuria emanando de los humanos, pero esta noche no le prestÃ³ atenciÃ³n.

Esta noche, buscarÃ­a a quiÃ©n podrÃ­a poner bajo su control. A veces convertÃ­a un alma ignorante simplemente para matarle la noche siguiente. Solo otorgaba el regalo de la vida eterna cuando le era apropiado y eso era menos de una vez cada siglo. Pero esta noche, buscarÃ­a a alguien que lo asistirÃ­a en su misiÃ³n de determinar quiÃ©n resguardaba el CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n.

Los ojos de Hyakuhei se oscurecieron con sus pensamientos. La Ãºltima vez habÃ­a estado muy cerca del misterioso Cristal de la leyenda, la chica que llevaba el poderoso Cristal habÃ­a percibido su intenciÃ³n. Antes de que pudiera detenerla, se habÃ­a suicidadoâ¦ llevando el Cristal con ella y mÃ¡s allÃ¡ del alcance de Hyakuhei una vez mÃ¡s.

Su mente se dejÃ³ llevar por la nostalgia. HabÃ­a sido tal desperdicioâ¦ por ser la chica incomparable en belleza y de pureza incontaminada. Su cuerpo delgado no hacÃ­a movimiento mientras buscaba sin prisa entre la multitud con ojos de medianoche.

El Cristal Ãºnicamente resurgÃ­a cada cien aÃ±os de acuerdo con los pergaminos antiguos que habÃ­a tomado del brujo Shinbe antes de quitarle la vida. Sus labios dieron un indicio de sonrisa cruel recordando ese asesinato en particular, ciertamente bastante delicioso.

Contando los aÃ±os desde ese momento, la doncella elegida que ahora llevaba el Cristal cerca de su corazÃ³n ahora tendrÃ­a veinte aÃ±os, posiblemente un poco mÃ¡s joven. Hyakuhei lo habÃ­a sentido entre las inmediaciones de la universidad y ahora aquÃ­ entre la multitud de estudiantes universitarios en el club.

El hecho de que esta ciudad estaba construida en el mismo suelo donde el Cristal se habÃ­a desvanecido solo confirmaba que serÃ­a el mismo lugar para su reencarnaciÃ³n.

Si Ã©l no podÃ­a encontrar a la portadora del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n, entonces reclutarÃ­a a uno que fuera aceptado entre ellos y pudiera ayudar con su bÃºsqueda. Un no humano, una creatura de la noche, por encima de todos podrÃ­a detectar el poder que Ã©l querÃ­a y deseaba para sÃ­.

Una sonrisa maliciosa agraciÃ³ sus labios perfectos con anticipaciÃ³n de la emociÃ³n de la caza. Habiendo llamado a sus hijos preferidos para unÃ­rsele, esta vez tendrÃ­a lo que deseaba. HabÃ­a estado en la obscuridad por demasiado tiempo e incluso las cosas mÃ¡s placenteras comenzaron a aburrirle.

Hyakuhei querÃ­a algo nuevo y un reto era justo lo que necesitaba para despertarlo de su larga vida de sueÃ±o. Vagamente, pudo sentir un alboroto en el aire y sonriÃ³ intencionadamente. No habÃ­a prisaâ¦ porque quÃ© era el tiempoâ¦ para un vampiro.

*****

Tasuki miraba asombrado mientras Kyoko se bajaba lo Ãºltimo de su tÃ© helado Long Island. Sus ojos ahora suaves miraron de vuelta al suyo que seguÃ­a lleno, una mirada preocupada en su rostro. â Eh, Kyoko, si tienes sed podrÃ­a buscar tÃ© de verdad del bar, si quisieras â. SonriÃ³ viendo a Kyoko sonrojarse al darse cuenta de lo que acababa de hacer.

Suki levantÃ³ una ceja notando el vaso vacÃ­o de Kyoko e internamente se encogiÃ³ sabiendo que Kyoko la matarÃ­a felizmente maÃ±ana por la resaca. Se encogiÃ³ de hombros mentalmente convenciÃ©ndose de que esta noche estaban celebrando y que Kyoko la perdonarÃ­aâ¦ eventualmente.

Mirando a Tasuki con su mejor expresiÃ³n de âpor favor ayÃºdame, estoy en problemasâ, Suki accediÃ³. â Pienso que esa puede ser una buena idea â. Le guiÃ±Ã³ el ojo en apoyo y con picardÃ­a traviesa por debajo.

Siempre le habÃ­a gustado Tasuki y frecuentemente deseaba que Kyoko saliera con Ã©l mÃ¡s a menudo, en vez de Toya, quien le gustaba, pero no siempre trataba a Kyoko tan bien como deberÃ­a. Estaba contenta de que Kyoko pudiera dar tan bien como recibiera y no dejara que Toya le pasara por encima.

Luego estaba Kotaro, quien se llevarÃ­a a Kyoko y se casarÃ­a con ella si tuviera la oportunidad. Ãl era agradable y la trataba como a una diosa, pero Suki tampoco estaba cÃ³moda con la idea de perder a su mejor amiga.

Los ojos de Suki se iluminaron al pensar en presionar a Tasuki y Kyoko para que estÃ©n juntos, especialmente despuÃ©s de la forma en que bailaron justo ahora. Ella habÃ­a aprendido a que no la atraparan haciÃ©ndolo, porque Kyoko podÃ­a ser aterradora cuando estaba furiosa. Una chica tendrÃ­a que tener valor para salir con los dos impulsivos con los que ella estaba saliendo. La sonrisa de Suki se suavizÃ³ pensando en su propio novio, aunque nunca admitirÃ­a tal tÃ­tulo.

Shinbe estaba tan loco como cualquiera de los dos con los que salÃ­a Kyoko, si no mÃ¡s.

Volviendo sus pensamientos al presente, Suki se levantÃ³ con una sonrisa traviesa. â TratarÃ© de convencer al DJ de que ponga mi canciÃ³n favorita, Â¡ya vuelvo! â Con eso dejÃ³ a los dos solos a expensas de sus propios recursos. Secretamente, esperÃ³ que el tiempo juntos a solas iniciara una pequeÃ±a llama ardiente entre esos dos.

Kyoko mirÃ³ de vuelta a Tasuki sintiÃ©ndose aturdida y sonriÃ³ de manera culpable. â Me encantarÃ­a algo de tÃ©â¦ o quizÃ¡s cafÃ© serÃ­a incluso mejor. Aunque a veces el mareo de la cafeÃ­na es casi tan malo â. Se rio de su propia broma, â si no te molesta buscarlo mientras voy al baÃ±o de damas â. TomÃ³ la mano extendida de Tasuki y le dejÃ³ ayudarla a levantarse.

Kyoko parpadeÃ³ rÃ¡pidamente en cuanto las cosas comenzaron a verse borrosas y luego rio. â Â¡Ya vuelvo! â EscaneÃ³ las paredes buscando la direcciÃ³n del baÃ±o de damas. ViÃ©ndolo cerca de la puerta principal, se fue esperando que no se viera tan tambaleante como se sentÃ­a. QuizÃ¡s si salpicara algo de agua frÃ­a en su rostro y no tomara mÃ¡s alcohol esta noche, estarÃ­a bien.

El cuerpo de Kyou se tensÃ³ mirando a la chica caminar directamente hacia el Ãºltimo lugar al que querÃ­a que fuera, la entradaâ¦ y al enemigo. Sus acechantes ojos dorados se tiÃ±eron de rosado y con un gruÃ±ido irritado, su silueta se desvaneciÃ³ como si nunca hubiese estado ahÃ­.

La mente abrumada de Kyoko se preguntÃ³ por quÃ© habÃ­an puesto los baÃ±os tan cerca del frente de la puerta mientras miraba una horda de gente que aÃºn llegaba al club. Algunos de los reciÃ©n llegados parecÃ­an ya estar bien en el ambiente fiestero y el ruido dentro del salÃ³n de baile se amplificÃ³.

Yohji, uno de los chicos del campus, vino tambaleÃ¡ndose, sin ver por dÃ³nde iba. Su hermano ya lo habÃ­a convencido de ir a un par de bares por el camino mÃ¡s temprano y acababan de irse del Ãºltimo para probar este. VolviÃ©ndose para llamar a su hermano, Hitomi, chocÃ³ contra un cuerpo suave y caliente.

Escuchando un grito femenino, Yohji instantÃ¡neamente extendiÃ³ los brazos y la atrapÃ³ con ambos brazos. Mientras sus ojos se iluminaban ante la cara de la que sostenÃ­a, una sonrisa salvaje se extendiÃ³ por sus labios. â Â¿Kyoko?

Una vez que la habitaciÃ³n decidiÃ³ dejar de dar vueltas y estuvo derecha de nuevo, Kyoko mirÃ³ hacia arriba al chico que le habÃ­a cortado el paso, luego jugando al hÃ©roe todo en una caÃ­da. â Yohjiâ¦ holaâ¦ â Kyoko se sonrojÃ³ cuando la sostuvo mÃ¡s cerca de Ã©l e inmediatamente empezÃ³ a sacudir su salida.

âÂ¡No es bueno! No es bueno.â CantÃ³ alguna parte dentro de su cabezaâ¦ podÃ­a escuchar la advertencia fuerte y clara.

Se habÃ­a encontrado varias veces con Yohji en la escuela y aunque fuera un gran jugador con las chicas, extremadamente bien parecido y uno de los tipos populares deportistas, ella siempre tratÃ³ de evadirlo. Era demasiado agresivo para su gusto y escogiÃ³ estar lejos de Ã©l y del grupo con el que salÃ­a.

â Estoy bien ahora Yohji, ahora me puedes soltar â, sonriÃ³, escondiendo su ansiedad, tratando de mantenerse serena y no empezar una escena.

Yohji no aflojÃ³ su agarre en ella y le dio una sonrisa perversa ante su inquietud. â Â¿Por quÃ© te dejarÃ­a ir ahora que finalmente te tengo en mis brazos, Kyoko?

Sus ojos ya estaban llenos de lujuria cuando su rostro tomÃ³ la apariencia de un depredador. HabÃ­a estado detrÃ¡s de ella por un largo tiempo y ella nunca le daba la hora. Bueno, ahora que ninguno de sus guardaespaldas estaba cerca para detenerlo, ella no se iba a escapar tan fÃ¡cilmente.

Hyakuhei miraba la escena sucediendo a pocos pasos de Ã©l con interÃ©s. PodÃ­a ver al chico perfectamente, pero solo podÃ­a ver la espalda de la mujer. âEsa chicaâ¦â sus ojos tomaron un brillo espeluznante mirÃ¡ndola. PodÃ­a oler su nerviosismo y pureza tanto que estaba abrumando sus sentidos.

En cuando al chico que la sostenÃ­a, su lujuria llenaba tanto el aire que se podÃ­a saborear. Los ojos de Hyakuhei se entrecerraron mientras la necesidad de matar al punk comenzÃ³ a arder dentro de sus venas. CaminÃ³ hacia el frente solo para encontrar un escudo de polvo de arcoÃ­ris bloqueando su camino. El brillo reconfortante se instalÃ³ en tanto se apoyaba contra la pared una vez mÃ¡s entrecerrando los ojos con recelo. Â¿Era protegida por el inmortal?

ExtendiÃ³ el brazo para tocar lo que quedaba de la barrera y dejÃ³ que el sentimiento relajante lo baÃ±ara. Un efecto tan tranquilizante no suprimirÃ­a sus malas intenciones por mucho. â NiÃ±os pequeÃ±os y sus juegos â, sonriÃ³ mientras sus ojos de medianoche volvÃ­an a la chica.

Su aura lo habÃ­a agarrado con la guardia baja. Su mirada vagÃ³ por su encantador cuerpo y su piel brillaba como el rocÃ­o en una flor antes de la primera luz del amanecer. La necesidad de tocarla abrumaba sus sentidos tomando otro paso desconocido hacia ellaâ¦ esta vez ignorando el molesto escudo inmortal de brillo protector.

Justo cuando estuvo a punto de tomar a la chica entre sus brazos, otra ola de egoÃ­smo lo golpeÃ³ como un puÃ±etazo fÃ­sico. El aura familiar acariciÃ³ sus sentidos, una que no habÃ­a sentido en dÃ©cadas. Dando una Ãºltima mirada a la chica que habÃ­a mentalmente asegurado, sus ojos oscuros se suavizaron brevemente mientras tomaba su decisiÃ³n. Ãl la tendrÃ­aâ¦ pronto.

Una sonrisa inclinÃ³ sus labios maliciosos a la nueva aura retrocediendo hacia la obscuridad fuera de la vista. â AsÃ­ que mi obstinado Kyou ha decidido unirse al juegoâ¦ vamos a ver cuÃ¡les son sus verdaderas intenciones.

******

Toya estallÃ³ dentro del apartamento que compartÃ­a con Shinbe, pero cuando no vio a su amigo comenzÃ³ instantÃ¡neamente a gritar. â Â¿Shinbe, dÃ³nde diablos estÃ¡s? â TenÃ­a mucha rabia y por obvias razones tenÃ­a un mal presentimiento sobre la seguridad de Kyoko, especialmente despuÃ©s de que Kotaro le informara sobre las otras chicas perdidasâ¦ eran muchas.

Ya sus nervios se dispararon y si no posaba sus ojos en Kyoko pronto, iba a romper algo. De nuevo, cuando pusiera sus ojos en ella tendrÃ­a suerte si dejaba que se le perdiera de vista de nuevoâ¦ nunca. Si se salÃ­a con la suya, la esposarÃ­a permanentemente a Ã©l para custodiarla.

Shinbe saliÃ³ del baÃ±o abotonando su camisa azul hielo y viÃ©ndose como si fuera a salir por la ciudad. â Estoy aquÃ­, Â¿dÃ³nde estÃ¡ el fuego? â Se sentÃ³ en el sofÃ¡ y comenzÃ³ a ponerse los zapatos como si nada le importara en el mundo.

Kotaro estaba de pie detrÃ¡s de Toya esperando a ver si Shinbe tenÃ­a alguna informaciÃ³n sobre el paradero de Kyoko. ApoyÃ¡ndose contra la encimera de la cocina, mirÃ³ a Toya alzarse por encima de Shinbe.

Si Toya recordara lo que Shinbe habÃ­a hecho en el pasado por Ã©l, posiblemente le mostrarÃ­a mÃ¡s respeto al chico. Kotaro inclinÃ³ su cabeza en un Ã¡ngulo divertido repensando eso. âNo, no lo harÃ­aâ, se corrigiÃ³. Mirando el temperamento del chico alzarse hubiese sido divertido si Kyoko no estuviese desaparecida.

â Â¡PerdÃ­ a Kyoko y ahora no puedo encontrar a Suki tampoco! â Toya se retorciÃ³ cuando Shinbe ni lo mirÃ³.

La sonrisa petulante de Shinbe estaba poniendo a Toya sobre su lÃ­mite. Si Shinbe no estuviera ya con el cerebro medio muerto porque Suki siempre le estaba pegando en la cabeza, Toya le hubiese agregado tambiÃ©n al daÃ±o cerebral. Pero ahora querÃ­a a su amigo consciente y contestando sus preguntas.

Shinbe terminÃ³ de atarse los zapatos sabiendo que Suki lo odiarÃ­a por esto pero no le importaba. Se lo recompensarÃ­a. Siempre se divertÃ­an cuando se reconciliaban de una peleaâ¦ sus ojos se pusieron vidriosos ante el agradable pensamiento. Reconciliarse serÃ­a divertidoâ¦

Escuchando un gruÃ±ido peligroso Shinbe rÃ¡pidamente puso su atenciÃ³n de nuevo en su amigo levantando una ceja con calma. â Â¿QuÃ©?

â Shinbe, Â¡maldita sea! Â¡No te estoy jodiendo! Â¿DÃ³nde diablos estÃ¡n Suki y Kyoko? â gritÃ³ Toya, sus ojos dorados atravesando a su amigo como un cuchillo. Si Shinbe no le respondÃ­a pronto, sabÃ­a que iba a explotar.

Shinbe frunciÃ³ el ceÃ±o con confusiÃ³n cuando notÃ³ que Kotaro se apoyÃ³ en el bar. Toya y el guardia de seguridad ni siquiera se gustaban, mucho menos salÃ­an juntos. Su pecho se ajustÃ³. â No lo sÃ© seguro, pero Suki me plantÃ³ esta noche diciendo que iba a salir con una amiga aunque no dijo quiÃ©n.

Cuando Toya comenzÃ³ a despotricar de nuevo, Shinbe se levantÃ³. â Espera, no he terminado, asÃ­ que mantÃ©n los pantalones puestos. Cuando estuve en su apartamento mÃ¡s temprano, vi un volante en su encimera sobre el Club Medianoche y la fecha de hoy tenÃ­a un cÃ­rculo â. SonriÃ³ lascivamente. â Estaba alistÃ¡ndome para ir y ver si me la encontraba.

Kotaro suspirÃ³ cuando Toya comenzÃ³ a volverse loco por las chicas estÃºpidas. Sin querer malgastar su tiempo se volviÃ³ a la puerta. â Gracias, Shinbe â, lanzÃ³ por encima de su hombro mientras se iba ahora mÃ¡s preocupado que nunca. Solo esperaba que Kamui estuviera con ellaâ¦ protegiÃ©ndola de alguna forma.

Shinbe moviÃ³ la cabeza hacia un lado mirando sobre el hombro de Toya mientras Kotaro se iba y luego enderezÃ³ su espalda para fruncirle el ceÃ±o a Toya. â Â¿QuÃ© estÃ¡ sucediendo y quÃ© hacÃ­a Kotaro aquÃ­? â Le brillÃ³ la preocupaciÃ³n en sus ojos amatista. Siempre le cayÃ³ bien Kotaro, pero no podÃ­a confesÃ¡rselo a Toya sin ser etiquetado de traidor.

Toya agarrÃ³ las llaves del bar respondiendo. â Te dirÃ© en el camino.

Se dio la vuelta y caminÃ³ hacia la puerta, sin molestarse si quiera en asegurarse de que Shinbe estaba detrÃ¡s de Ã©l. Odiaba estar sin Kyoko. Siempre lo hacÃ­a sentir que vagaba confundido. Ya era tiempo de encontrarla y ponerla en su lugarâ¦ a su lado.



CapÃ­tulo 5



A Kyoko no le gustaba la forma en que Yohji la sostenÃ­a sonrojada contra Ã©l y sintiÃ³ que su resentimiento comenzaba a colapsarse. EmpujÃ¡ndolo lo mÃ¡s fuerte que pudo colocando sus manos en su pecho, sus ojos dispararon chispas de ira tratando de hacerlo que la soltara. â Mira, Â¡necesito que me dejes ir en este momento Yohji! Estoy aquÃ­ con alguien â. Sus ojos se abrieron cuando Ã©l simplemente le dio una mirada petulante y la presionÃ³ de vuelta a su antigua posiciÃ³n. â Â¡Carajo! â Kyoko echÃ³ humo pisando fuerte tratando de que cayera en el dedo de Yohji.

Al otro lado del sitio, Tasuki habÃ­a traÃ­do tÃ© regular de vuelta a la mesa y lo colocÃ³ ahÃ­. Mirando hacia la puerta a ver si podÃ­a encontrar a Kyoko, sus ojos se oscurecieron cuando notÃ³ a Yohji acosÃ¡ndola. La mayorÃ­a de las personas que lo conocÃ­an creÃ­an que Tasuki era el dulce chico Americano de al lado y el mÃ¡s popular en la escuelaâ¦ pero sÃ­ tenÃ­a un temperamento escondido.

Yohji estaba al borde de presenciarlo desatado si no quitaba sus manos de encima de Kyoko.

La ira de Tasuki se reflejaba en su rostro mientras cruzaba la habitaciÃ³n para rescatar a su dulce Kyoko. SabÃ­a por escuchar a otros hablando en los pasillos de la universidad que Yohji y su hermano eran agresivos con las chicas, e incluso habÃ­an sido acusados de violaciÃ³n mÃ¡s de una vez.

Al acercÃ¡rseles, vio al hermano de Yohji, Hitomi, de pie a su lado, pero no dejÃ³ que eso lo detuviera. Esos dos chicos eran veneno y lo sabÃ­a. Los ojos de Tasuki tomaron un matiz amatista iluminado al moverse hacia adelante. Su adrenalina estaba alta y apretÃ³ sus dientes viendo a Kyoko luchando para liberarse.

A la ceja de Kyoko le dio un tic mientras la mano de Yohji viajaba hacia debajo de su espalda y la ahuecaba agarrando sus nalgas firmemente, forzÃ¡ndola a arquearse hacia Ã©l. Ella podÃ­a sentir su lujuria mientras sonreÃ­a con suficiencia malvada hacia ella.

â Â¡Ya estÃ¡! â LevantÃ³ su mano tan rÃ¡pidamente que Yohji no la habÃ­a visto venir hasta que escuchÃ³ el chasquido haciendo eco en su oÃ­do.

El hermano de Yohji, Hitomi, escuchÃ³ el sonido y se volviÃ³ para mirar la mejilla roja de su hermano. SonriÃ³ a sabiendas, pero luego mirando mÃ¡s allÃ¡ de Ã©l, observÃ³ al chico llamado Tasuki caminando directamente hacia su hermano con una expresiÃ³n lÃ­vida en su rostro.

Sabiendo que su hermano podrÃ­a ocuparse de la chica reacia Ã©l mismo, Hitomi caminÃ³ alrededor de ellos y directamente por el camino de Tasuki. â Â¿Justamente hacia dÃ³nde pensabas que estabas yendo, niÃ±o?

Tasuki mirÃ³ mÃ¡s allÃ¡ de Hitomi, sus ojos chocaron instantÃ¡neamente con los de Yohji. PodÃ­a ver la mano de Yohji acariciando la de Kyokoâ¦ sin pensarlo, lanzÃ³ todo su peso en el puÃ±o aterrizando justo en el estÃ³mago de Hitomi. Para su gran sorpresa, el otro chico apenas se moviÃ³.

Siendo mucho mÃ¡s grande que el chico de colegio, con un puÃ±o, Hitomi lanzÃ³ a Tasuki tumbÃ¡ndolo hacia la lejana pared del pasillo. Se encogiÃ³ de hombros, asumiendo que el chico no se volverÃ­a a levantar y se volviÃ³ para mirar a su hermano jugar con su nuevo juguete.

Ver a la chica pelear para liberarse trajo una sonrisa a los labios de Hyakuhei. âAsÃ­ que esta chica no serÃ¡ manejada tan fÃ¡cilmente. TendrÃ© placer al quebrarla.â Mirando al joven que habÃ­a venido a defender el honor de la chica, Hyakuhei decidiÃ³ a quiÃ©n querÃ­a como su mÃ¡s nuevo recluta.

RÃ¡pidamente atrapÃ³ al chico llamado Tasuki antes de que se estrellara contra la pared.

Sus sentidos le dijeron que el chico aÃºn era puroâ¦ virgenâ¦ quÃ© extraÃ±o. CubriÃ©ndolos rÃ¡pidamente en obscuridad para evitar que otros los vieran, Hyakuhei bajÃ³ la mirada hacia Ã©l. Lo habÃ­a visto interactuar con esta chica y varios otros. SerÃ­a una buena elecciÃ³n.

â Bienvenido a la obscuridad hijo mÃ­oâ¦ â SusurrÃ³ clavando sus colmillos en la vena de Tasuki. Los ojos de Hyakuhei se abrieron al sabor de la sangre del chico. Â¿Poder escondido? SabÃ­a a amatista. AgarrÃ³ al chico con mÃ¡s fuerza deseando mÃ¡s.

Tasuki se habÃ­a tomado el golpe en la cara de un trancazo ya que le corrÃ­a mucha adrenalina por sus venas. Planeaba levantarse de inmediato, pero con brazos envolviÃ©ndolo por detrÃ¡s todo se volviÃ³ negro y se sintiÃ³ paralizado con un miedo instantÃ¡neo. Una suave y casi seductora voz le dio la bienvenida a la obscuridad.

JadeÃ³ sintiendo dientes afilados hundirse en la piel de su cuello. Mientras la vida le era drenada, sus pensamientos fueron sobre Kyoko y lo mucho que necesitaba llegar a ella. Estaba extendiendo su mano en un Ãºltimo intento de llegar a ella cuando el olvido llegÃ³ reclamando su Ãºltimo aliento.

*****

La mano de Kyoko aÃºn ardÃ­a del impacto contra la mejilla de Yohji. Se querÃ­a encoger ahora que podÃ­a sentir muchos ojos interesados en ella. No habÃ­a ayudado el que la bofetada hubiese sonado como un disparo.

â Â¡Maldita sea todo! â Esto era lo que ella estaba tratando de evitar, pero no, Yohji tenÃ­a que ir y ser un imbÃ©cil. Hablando de imbÃ©ciles, Ã©l aÃºn tenÃ­a que quitar sus manos de encima de ella. Lentamente subiÃ³ su mirada a Ã©l. Por la mirada iracunda en sus ojos, ella no pensÃ³ que Ã©l planeara dejarla ir en lo absoluto.

DevolviÃ³ la mirada furiosa y fulminante, esperando a ver si Ã©l se la cobrarÃ­a o la dejarÃ­a ir. Si ella fuera del tipo de apostarâ¦ apostarÃ­a por la primera opciÃ³n.

Kyou podÃ­a decir que la brizna de chica no era oponente para la lujuria que venÃ­a del chico que la sostenÃ­a con tanta fuerza. Mentalmente hizo trizas al lujurioso por atreverse a tocar lo que pretendÃ­a reclamar como su posesiÃ³n. Repentinamente no le importaba si Hyakuhei lo detectaba o no mientras tomaba su decisiÃ³n. Justo cuando Kyou se movÃ­a para salir de las sombras, intentando llevÃ¡rsela lejos del acosador, escuchÃ³ un gruÃ±ido profundo.

Aturdido momentÃ¡neamente, Kyou supo que ese tipo de gruÃ±ido solo era conocido de provenir de un Lycan. Sus ojos dorados siguieron el sonido a su fuente mientras continuaba vibrando desde la entrada a solo unos metros de la chica. La furia del lobo inundÃ³ el pasillo lleno de gente.

Los ojos de Kyou se entrecerraron ante la escena, preguntÃ¡ndose si podÃ­a confiar en que semejante fuerza intemporal llegara tan cerca de la chica. No habÃ­a visto un Lycan desde que lo habÃ­an convertido y, luego, solo habÃ­a observado en la distancia. Recordaba una vez haberle dicho a Toya que los vampiros y los hombres lobo no se mezclaban. Toya le habÃ­a preguntado por quÃ© y no le habÃ­a respondido, porque solo estaba repitiendo las palabras que le habÃ­a dicho Hyakuhei sin saber la razÃ³n de ello.

Kotaro dio una mirada a Yohji toqueteando a âsu mujerâ y perdiÃ³ la cabeza. En un abrir y cerrar de ojos, Yohji se estrellÃ³ contra la pared con la mano de Kotaro alrededor de su garganta, levantÃ¡ndolo varios centÃ­metros del suelo. HabÃ­a lidiado con los lujuriosos hermanos anteriormente, y donde estaba unoâ¦ el otro seguramente le seguÃ­a.

Sus sentidos estaban en extremo alerta oliendo el hedor de Hitomi y supo que venÃ­a desde atrÃ¡s. Con una patada bien situada, Kotaro enviÃ³ a Hitomi volando a travÃ©s del aire, aterrizando en una pila en el suelo pasillo abajo. Las personas se dispersaron y el pasillo rÃ¡pidamente se despejÃ³.

Kyoko se sentÃ³ donde habÃ­a caÃ­do en el suelo con los ojos abiertosâ¦ casi perdiÃ©ndose lo que acababa de suceder, ya que habÃ­a sucedido muy rÃ¡pido. Su mirada fue de la silueta desplomada de Hitomi hasta la furiosa silueta de Kotaro, quien sostenÃ­a el cuello de un Yohji que lentamente se volvÃ­a azul.

A sabiendas de que debÃ­a detener a Kotaro antes de que realmente hiriera a alguien, Kyoko jadeÃ³ y comenzÃ³ a levantarse. Presionando sus manos contra el suelo, se tropezÃ³ detrÃ¡s de Kotaro poniendo una mano en su hombro tratando de calmarlo.

â Gracias Kotaro, pero ya estoy bien, puedes dejar ir a Yohji. Â¿SÃ­? â Su voz era suave, pero su pÃ¡nico incrementÃ³ cuando los dedos de Kotaro se apretaron alrededor de la garganta de Yohji. Kotaro volteÃ³ su rosto a Kyoko y ella dio un sorprendido paso hacia atrÃ¡s viendo el tinte rojo alrededor de sus ojos azul hielo.

â Â¡Vi dÃ³nde estaba su mano Kyoko y creo que es hora de sacar la basura! â gruÃ±Ã³ Kotaro volteando hacia Yohji y escuchÃ³ con mÃ³rbida fascinaciÃ³n al chico, mientras hacÃ­a sonidos de gorgoteo y tomaba un tono de azul escalofriante.

El temperamento de Kotaro quedÃ³ complacido por el color mÃ¡s oscuro dÃ¡ndole suficiente control para darse cuenta de que Kyoko lo miraba conmocionada. Necesitando borrar su miedo, agarrÃ³ a Yohji por el cuello de su camisa y caminÃ³ hacia la puerta para enseÃ±arle modales al bastardo. Ella no necesitaba ver el resto.

Kyoko parpadeÃ³ mientras la puerta se cerraba de golpe detrÃ¡s de Kotaro. Perpleja, aÃºn estaba sorprendida y aturdida. Guau, Kotaro podÃ­a ser realmente aterrador cuando se enojaba. Incluso sintiÃ³ pena por Yohji en ese momento.

Mirando por encima de su hombro, vio a Hitomi, el hermano de Yohji aÃºn en el suelo donde lo habÃ­a dejado Kotaro. Por primera vez, no le molestaba que Kotaro fuera tan protector con ella. TemblÃ³ y tratÃ³ de no pensar en quÃ© podrÃ­a haber pasado si Kotaro no hubiese aparecido cuando lo hizo.

Kyou la vio mordisquear su labio inferior como si no estuviera segura de quÃ© hacer. La mirada de Kyoko viajÃ³ de nuevo hacia la puerta y Ã©l reflexionÃ³. AsÃ­ que ella tiene la protecciÃ³n del Lycan. Se preguntÃ³ quÃ© otros misterios rodeaban a la chica. Este no era un lobo normal, el que ella habÃ­a llamado Kotaro, podÃ­a sentir que era tan viejo como Ã©l mismo.

Kyoko caminÃ³ mÃ¡s cerca de las puertas de vidrio mirando hacia afuera al oscuro estacionamiento, preguntÃ¡ndose a dÃ³nde se habÃ­a ido Kotaro. Poniendo su mano en el picaporte, comenzÃ³ a abrir la puerta, pero un chico joven caminÃ³ en frente de ella, bloqueando su camino. Ella se detuvo inmÃ³vil por un momento mientras el chico pequeÃ±o trababa sus ojos en ella. Era el sentimiento mÃ¡s escalofriante que haya experimentado.

El chico tenÃ­a cabello blanco sÃ³lido y un tono de piel que casi le hacÃ­a juego. Pero esa no era la peor parte: sus ojos eran tan negros que parecÃ­an no terminar nunca, y le daban a Kyoko la sensaciÃ³n de que caÃ­a dentro de ellos. El chico sonriÃ³ suavemente, apenas mostrando sus colmillos inhumanos y por un momento, Kyoko realmente creyÃ³ que los habÃ­a visto.

Una mano llegÃ³ de la nada y agarrÃ³ el hombro de Kyoko haciendo que un grito aterrado se atascara en su garganta volviÃ©ndose para ver a quiÃ©n le pertenecÃ­a la mano.

*****

Kyou caminÃ³ fuera de la obscuridad cuando vio al secuaz de Hyakuhei al otro lado del vidrio. SabÃ­a del chico engaÃ±oso, el mÃ¡s joven que parecÃ­a tan inocente, era a menudo el mÃ¡s mortÃ­fero.

DeslizÃ¡ndose detrÃ¡s de Kyoko, sus ojos sangraron y sus colmillos se alargaron haciendo saber al chico fantasma que no morderÃ­a a esta chica sin perder su propia vida inmortal.

La mano de Kyoko se quedÃ³ quieta en la puerta sin estar completamente segura de si querÃ­a abrirla. Algo sobre el chico la estaba asustando. Justo cuando comenzaba a dar un paso hacia atrÃ¡s, una mano pesada vino de la nada y agarrÃ³ su hombro. Un grito de terror se atascÃ³ en su garganta al volverse a ver quiÃ©n era.

Kyoko olvidÃ³ respirar al mirar arriba a los ojos devastadoramente dorados. Largo cabello blanco enmarcaba su rostro y hombros. Ãl era un par de aÃ±os mayor y su cabello se perdÃ­a en la obscuridad detrÃ¡s de los reflejos plata, pero casi se veÃ­a comoâ¦

â Â¿Toya? â susurrÃ³ con vacilaciÃ³n, sabiendo que estaba equivocada, pero mÃ¡s importanteâ¦ Â¿por quÃ© la habitaciÃ³n daba vueltas?

Tan pronto como sus ojos se encontraron, Kyou se sintiÃ³ atraÃ­do a ellos. Ella lo miraba como si lo conociera. Pero eso no era ni de cerca tan perturbador como cuando susurrÃ³ el nombre de su difunto hermano. Sus brazos se deslizaron alrededor de ella, viÃ©ndola balancearse por el lÃ­quido contaminado que habÃ­a consumido antes.

Mientras sus manos se deslizaban a travÃ©s de su piel descubierta donde su camisa era muy corta para cubrirla, sintiÃ³ una excitaciÃ³n en su sangre de vampiro que le susurraba que se quedara con ella.

La visiÃ³n de Kyoko decidiÃ³ que ella no era suficientemente buena para eso por el momento. ParecÃ­a desafiar su voluntad a la vez que el hombre se volvÃ­a borroso mientras lo miraba con curiosidad. Aunque no podÃ­a ver bien, aÃºn podÃ­a sentir el cuerpo que la sostenÃ­a.

Levantando sus dedos para tocar su mejilla preguntÃ³: â TÃº no eres Toyaâ¦ Â¿QuiÃ©n eres? â Antes de que pudiera obtener una respuesta, Buda o cualquier dios que siguiera jugando con ella, apagÃ³ las luces al ella caer inconsciente.

Kyou la sujetÃ³ contra Ã©l con fuerza cuando su cuerpo se desplomÃ³ en sus brazos. Se habÃ­a desmayado, pero al menos no se habÃ­a desmayado en los brazos de un enemigo. Su cabeza cayÃ³ hacia atrÃ¡s exponiendo la suave pÃ¡lida columna de su garganta y Kyou peleÃ³ contra sus instintos. Silenciosamente se preguntÃ³ si ella no estaba en los brazos del enemigo despuÃ©s de todo. Sus colmillos comenzaron a alargarse y Ã©l gobernÃ³ la sensaciÃ³n en su interiorâ¦ esta era muy pura para tal obscuridad.

SintiÃ³ su furia desatarse contra la chica ingenua. Si Ã©l no hubiese estado ahÃ­ para protegerla, Â¿quÃ© le hubiese pasado? Convenientemente olvidÃ³ sus propias urgencias momentos atrÃ¡s. Si el lobo hubiese sido un protector adecuado, no la hubiese dejado. MirÃ³ a su alrededor dÃ¡ndose cuenta de que los amigos que la habÃ­an acompaÃ±ado antes tambiÃ©n la habÃ­an abandonado.

Al amoldar sus sentidos, Kyou aÃºn podÃ­a sentir a su nÃ©mesis, Hyakuhei, dentro de los confines del edificio. Sintiendo la maldad viniendo de arriba de Ã©l, supo que Hyakuhei estaba en algÃºn lugar arriba en las habitaciones del segundo piso.

*****

Shinbe saltÃ³ fuera del auto antes de que siquiera dejara de moverse. Una cosa lo incentivÃ³ hacia adelante y lo tuvo caminando derecho hacia la entrada principal del club en una carrera mortal. No podÃ­a sacarse de su cabeza el pensamiento de Suki y Kyoko volviÃ©ndose una de esas chicas perdidas y eso lo estaba aterrorizando.

Toya lo habÃ­a puesto al corriente con lo que Kotaro le habÃ­a dicho y una vez que pusiera las manos sobre Suki, Ã©l bien que las mantendrÃ­a ahÃ­. En quÃ© parte de su cuerpo no lo podÃ­a decir, pero tenÃ­a que encontrarla primero.

Shinbe se detuvo de golpe cuando entrÃ³ por las puertas frontales del Club Medianoche.

Justo en medio del pasillo habÃ­a un hombre sosteniendo a Kyoko y ella no se veÃ­a muy bien. No se movÃ­a y estaba demasiado pÃ¡lida. Y si vamos al caso, el hombre no se veÃ­a nada normal tampoco. PÃ¡lido serÃ­a un eufemismo para Ã©l, lo que hizo que Shinbe se detuviera nervioso cuando se dio cuenta de que el hombre le recordaba a su mejor amigo.

El cabello plateado y los ojos doradosâ¦ el cabello de Toya era oscuro como la noche, pero en Ã©l tenÃ­a las mismas mechas que el hombre frente a Ã©l. Esas eran caracterÃ­sticas poco comunes y solo sabÃ­a de Toya que tuviera ese tipo de combinaciones inusuales.

DÃ¡ndose cuenta de que el hombre se movÃ­a para irse con ella, Shinbe hizo a un lado el molesto sentimiento. Toya lo matarÃ­a si no detenÃ­a el secuestro de Kyoko.

â Â¿QuÃ© demonios estÃ¡s haciendo con Kyoko? â Los ojos amatista brillaron al grito de Shinbe, sintiendo sus pies moverse de nuevo sin pensarlo. Ella podÃ­a no ser su novia, pero era muy preciada para Ã©lâ¦ mÃ¡s preciada de lo que admitirÃ­a y, ademÃ¡s, era la mejor amiga de Suki. De ninguna manera este chico se irÃ­a con Kyoko en sus garras.

Kyou deslizÃ³ su brazo debajo de las rodillas de Kyoko y la levantÃ³ sin esfuerzo. La acunÃ³ como a un bebÃ©, descansando su cabeza contra su hombro con cuidado de no molestarla. El momento en que su cabeza tocÃ³ su hombro, se acurrucÃ³ en su abrazo suspirando suavemente.










PodÃ­a sentir la confianza y alegrÃ­a emitida de su aura mientras se asentaba en sus brazos. La mujer-niÃ±a le afectaba enormemente y mientras mÃ¡s la observaba dormir, mÃ¡s la querÃ­a esconder de todo el mundo. Ãl sabÃ­a que podÃ­aâ¦ si realmente querÃ­a y la tentaciÃ³n era verdaderamente grande. Nunca habÃ­a convertido a nadie en lo que eraâ¦ pero si quisieraâ¦ podrÃ­a hacerlo.

Su protecciÃ³n hacia la chica, asÃ­ como la necesidad posesiva de quedÃ¡rsela lo sorprendÃ­a y Kyou gruÃ±Ã³ suavemente a sus acciones. Â¿CÃ³mo podÃ­a esta chica afectarle de esta forma? Arrancando su mirada de su rostro angÃ©lico, mirÃ³ hacia arriba al tiempo que un joven le gritaba. ParecÃ­a que el hombre que la querÃ­a seguÃ­a metido en el camino.

Los ojos dorados se entrelazaron con los ojos color amatista y sintiÃ³ una extraÃ±a familiaridad. â Esto no es decisiÃ³n tuya mago â, le advirtiÃ³ Kyou con un tono grave y mortÃ­fero.

En ese momento supo que Hyakuhei en persona no se la podrÃ­a llevar de su lado, ella era suya. Sus brazos se ciÃ±eron a su alrededor sin gustarle el amor que podÃ­a sentir elevÃ¡ndose del poderoso aura que se irradiaba del otro hombre por la chica.

ArmÃ¡ndose de valor contra sus pensamientos descarriados, Kyou gruÃ±Ã³ de nuevo suavemente. No dejarÃ­a que la chica llegara a Ã©l, peroâ¦ no estaba listo para dejarla ir aÃºn. TenÃ­a muchas preguntas y ella las responderÃ­a, le gustara o no.

Una vez que se tuvo a sÃ­ mismo de nuevo bajo control, Kyou decidiÃ³ que era hora de partir.

Shinbe estaba de camino hacia Kyoko cuando el hombre se moviÃ³. Â¿MoviÃ³? Esa posiblemente no era la palabra correcta. MÃ¡s bien, brillÃ³ y desapareciÃ³, luego reapareciÃ³ de la nada en frente de Ã©l.

â Pero quÃ©â¦ â Shinbe derrapÃ³ hasta detenerse mirando al rostro que tenÃ­a muerte escrito por todas partes.

Sus ojos se abrieron como platos con sorpresa, se sintiÃ³ como si su corazÃ³n acabara de detenerse. Tan cerca de Ã©lâ¦ podÃ­a ver claramente que el hombre tenÃ­a piel prÃ¡cticamente blanca como porcelana y se veÃ­a demasiado similar a Toya para que fuera una broma. PestaÃ±eando, podrÃ­a jurar que veÃ­a colmillos sobresalir de la boca del hombre y un gruÃ±ido de advertencia retumbando a su alrededor.

Shinbe se plantÃ³ de pie ante el hombre que extendÃ­a un dedo y lo empujÃ³ contra su pecho. Lo siguiente que supo Shinbe, era que estaba sentado sobre sus nalgas en medio del suelo. PestaÃ±eando de nuevo, se sentÃ³ confundido mientras el hombre de cabello plata vestido de negro simplemente caminÃ³ por encima de Ã©l, luego desapareciÃ³ de repente.

Suki llegÃ³ al pasillo justo a tiempo para ver a Shinbe golpearse contra el suelo nada gentilmente y un hombre alto de cabello plata desapareciendo con Kyoko. ParpadeÃ³ una vez y se habÃ­an idoâ¦ allÃ­ un segundo e idos al siguiente.

Shinbe, quien parecÃ­a que estaba en la dimensiÃ³n desconocida, se sentÃ³ ahÃ­ por otro momento parpadeando confuso. â Â¿QuÃ© demonios?

Corriendo hacia Shinbe, las manos de Suki temblaban al intentar ayudarlo a levantarse. â Â¿QuiÃ©n era ese hombre que desapareciÃ³ con Kyoko? â MirÃ³ a Shinbe preocupada mientras ambos se volvÃ­an y corrÃ­an por la puerta para buscarlos. âÂ¿Realmente acababa de desaparecer?â

Salieron del edificio y miraron alrededor frenÃ©ticamente solo para no encontrar rastro del hombre ni de Kyoko por ninguna parte.

Volteando hacia Shinbe, los ojos de Suki brillaron. SentÃ­a que estaba al borde de las lÃ¡grimas. â Â¿A dÃ³nde se fueron? Â¡Ese hombre secuestrÃ³ a Kyoko! â Estaba temblando de miedo. Lo que habÃ­a comenzado como una divertida noche de chicas se habÃ­a convertido en una pesadilla.

â CÃ¡lmate Suki. La encontraremos. Toya tambiÃ©n estÃ¡ aquÃ­ â. Shinbe mirÃ³ alrededor ansiosamente buscando a su amigo perdido. â Â¡PensÃ© que estaba detrÃ¡s de mÃ­!

La preocupaciÃ³n rÃ¡pidamente se volviÃ³ ira ahora que se habÃ­a sumergido en que Suki estaba a salvo y a su lado. Una sombra de pena cruzÃ³ sus obsesivos ojos mientras pensaba en el pasado. â Â¿Y en quÃ© demonios estabas pensando? Â¡Algo pudo haberte pasado y pude no saber dÃ³nde estabas! â La agarrÃ³ con fuerza por los brazos mientras sus ojos amatista se oscurecÃ­an posesivamente.

Los labios de Suki se estrecharon ante su ira. Â¿CuÃ¡l era su problema? No era como si nunca hubiese salido con sus amigas. Su mirada entrelazada con la suya mientras su ira comenzaba a alzarse. â QuiÃ©n crees que mmm â sus palabras fueron detenidas al Shinbe chocar sus labios con los de Suki en un vertiginoso y ardiente beso.

Shinbe habÃ­a estado tan preocupado por ella que no podÃ­a detener los sentimientos que se habÃ­an precipitado. QuerÃ­a asegurarse de que ella sintiera cada emociÃ³n que pasaba por sus venas justo en ese momento y en ese lugar. La abrazÃ³ con fuerza, jurÃ¡ndose que ella no volverÃ­a a salir de su vista.

Suki gimiÃ³ suavemente ante la intensidad del beso de Shinbe. Era como si estuviera mostrando cada cruda emociÃ³n dentro de su alma. Ella prÃ¡cticamente podÃ­a sentirlas con sus dedos mientras agarraba sus hombros. A sabiendas de que si se soltaba no podrÃ­a mantenerse de pie, notando que sus piernas se habÃ­an vuelto de gelatina se aferrÃ³ a la preciada vida.

Su mente se puso en blanco por un momento y se olvidÃ³ de que estaba molesta con Ã©l o que Kyoko se acababa de desvanecer. Todo lo que podÃ­a sentir era a Shinbe y un amor que sin duda durarÃ­a mÃ¡s que ellos.

Gentilmente, Shinbe relajÃ³ su agarre terminando su beso rozando su nariz con la de ella. Sus ojos se llenaron de alivio, pero aÃºn estaban oscuros de deseo. Sacudiendo su cabeza un poco, tratÃ³ de enfocarse en la situaciÃ³n en sus manos y, por una vez, su lujuriosa mente no vagabundeÃ³ ante la sensaciÃ³n del cuerpo de Suki en sus brazosâ¦ despuÃ©s de todo, ella habÃ­a estado ahÃ­ durante muchas vidas.

â Han sucedido algunas cosas y necesitas saber. No era seguro para ti o Kyoko que salieran solas esta noche. Te explicarÃ© mientras buscamos a Toya. Creo que Kotaro tambiÃ©n estÃ¡ por aquÃ­ â. Shinbe envolviÃ³ un brazo protector alrededor de Suki al dirigirse en direcciÃ³n al estacionamiento para encontrar a Toya.

Suki estaba muy aturdida por el momento para hacer algo mÃ¡s que asentir.

*****

Toya corriÃ³ por el estacionamiento maldiciendo a Shinbe por adelantÃ¡rsele. TenÃ­a que salir de su auto en el asiento del pasajero una vez que se dio cuenta de que no podÃ­a salir de su lado. En su apuro de llegar a Kyoko, se habÃ­a estacionado muy cerca de una pared de ladrillo. Desafortunadamente, tambiÃ©n se habÃ­a dado cuenta cuando intentÃ³ abrir su puerta y se golpeÃ³ contra la pared abollando el lado de su bebÃ©.

Sin embargo, eso no era lo que realmente lo habÃ­a retrasado. Cuando saliÃ³ corriendo por el estacionamiento a una velocidad vertiginosa, un chico habÃ­a salido de la nada y chocÃ³ contra Ã©l. El impacto habÃ­a sido tan repentino que lo habÃ­a arrojado por los aires. Cuando se habÃ­a enderezado lo suficiente para levantarse de nuevo, rÃ¡pidamente le ofreciÃ³ al chico su mano para ayudarle a levantarse.

â Eh, chicoâ¦ Â¿estÃ¡s bien? â Toya jalÃ³ su mano con brusquedad cuando el chico le siseÃ³ y se fue en la direcciÃ³n opuesta como si SatÃ¡n en persona lo persiguiera.

Toya se sacudiÃ³ la sensaciÃ³n inquietante que le habÃ­a dejado el chico al mirar al club de las dos historias. La sensaciÃ³n escalofriante regresÃ³ multiplicada por diez cuando se dio cuenta de la sombra de un hombre llevando a alguien a travÃ©s de una de las ventanas del Ãºltimo piso. HabÃ­a tantas cosas que estaban mal con esa pequeÃ±a escena.

Sus ojos brillaron plataâ¦ sus sentidos sabÃ­an cosas que Ã©l aÃºn no comprendÃ­a. Le habÃ­a dejado con la sensaciÃ³n de que alguien acababa de caminar sobre su tumba.

AcercÃ¡ndose al club, Toya gruÃ±Ã³ con molestia cuando se dio cuenta de que habÃ­an dos entradas. Una parecÃ­a ser la entrada principal y la otra estaba igual de abarrotada de gente.

âMÃ¡s le vale estar bienâ¦ cuando la consiga, la voy a esposar a mi le guste o noâ¦â manchas de plateado comenzaron a fortalecerse dentro del oro de sus ojos mientras buscaba a Kyoko.

*****

Kyou se fue calle abajo con Kyoko fuertemente abrazada en sus brazos. Su mente estaba lista y llevarÃ­a a la chica a su hogar temporal para que se recuperara. MirÃ³ hacia arriba al pent-house justo al otro lado de la calle principal del club. Ella estarÃ­a a salvo con Ã©lâ¦ pero tendrÃ­a que ser cuidadoso. PodÃ­a sentir al secuaz de Hyakuhei dentro de la obscuridad que rodeaba al club.

ApretÃ³ su mandÃ­bula al escuchar un grito distante y supo que habÃ­a encontrado otra vÃ­ctima. Mirando hacia la chica dormida, sus ojos dorados se suavizaron. Por ahoraâ¦ ella era su secreto. Se sentÃ­a tan ligera como una pluma y parecÃ­a tan frÃ¡gil.

No podÃ­a comprender cÃ³mo esta pequeÃ±a chica tenÃ­a un espÃ­ritu tan intenso, y aun asÃ­ tenÃ­a un alma tan pura. Y âToyaâ, ella habÃ­a dicho el nombre de su difunto hermano como si lo conociera. Â¿CÃ³mo podÃ­a ser eso posible?

Sus pensamientos se detuvieron al sentir una poderosa creatura de la noche adelante al mismo tiempo que un olor a sangre golpeaba su nariz. TensÃ¡ndose, reconociÃ³ el aura del Lycan que habÃ­a protegido antes a Kyoko del punk que la acosaba solo para luego abandonarlaâ¦ dejÃ¡ndola en peligro.

Sin querer que la chica saliera lastimada en caso de que Ã©l debiera pelear, Kyou la puso en el suelo del callejÃ³n gentilmente y siguiÃ³ el olor a sangre que estaba justo a la vuelta de la esquina. Si el lobo habÃ­a masacrado a un humano, la chica podrÃ­a no estar segura cerca de Ã©l. Se sabÃ­a que algunos hombres lobo se perdieran a sÃ­ mismos una vez que la ira entraba en su sangre, y no permitirÃ­a que la chica fuera protegida por una creatura tan peligrosa.

Al voltear en la esquina con pisadas silenciosas, sus ojos contemplaron una escena que no habÃ­a presenciado en siglos. El lobo, aÃºn en forma humana, estaba de pie gruÃ±endo, sus colmillos al aire. Sus duros ojos azules se colocaron mientras gruÃ±Ã­a agresivamente a lo que parecÃ­a ser un cuerpo entre sus manos.

*****

Toya se detuvo al acercarse a la puerta. Olfateando, se volviÃ³ rÃ¡pidamente y caminÃ³ en la direcciÃ³n opuesta de la entrada. PodÃ­a olerlaâ¦ aunque en el fondo de su mente no podÃ­a entender cÃ³mo o por quÃ© podÃ­a. SaliÃ³ corriendo con rapidez hacia el callejÃ³n a la izquierda del edificio, su corazÃ³n golpeaba violentamente en su pecho mientras pensamientos mÃ³rbidos cruzaban su mente.

Chicas desaparecidas y lugares oscurosâ¦ mÃ¡s le valÃ­a a Kyoko no tener ni un solo cabello fuera de lugar u otra cosaâ¦

Al entrar en las sombras, Toya derrapÃ³ hasta detenerse al tiempo que el miedo ahogaba su respiraciÃ³n en sus pulmones. AhÃ­, yaciendo desplomada contra la sucia pared de ladrilloâ¦ estaba Kyoko. El mismo terror que lo habÃ­a enraizado en su lugar, lo incentivÃ³ a moverse. Con su siguiente aliento, estaba a su lado.

ArrodillÃ¡ndose, la tocÃ³, comprobando la vida que le permitirÃ­a a su corazÃ³n comenzar a latir de nuevo.

Tan pronto como su dedo tocÃ³ su cuello, su propio corazÃ³n pateÃ³ al tiempo del de ella y respirÃ³. Gracias a Diosâ¦ ella estaba viva. Un momento de dÃ©jÃ  vu se reflejÃ³ en un recuerdo indeseado y lo alejÃ³ rÃ¡pidamente, asustado de repente. Sintiendo a otros cerca, no desperdiciÃ³ tiempo en levantarla y llevarla a un lugar seguro. SosteniÃ©ndola cerca de Ã©l, Toya usÃ³ su velocidad antinatural para llevarlos fuera de la obscuridad.

*****

Kotaro sostuvo a Yohji contra la pared de ladrillo al tiempo que dispuso la lujuria de su sangre a enfriarse. Ya no tenÃ­a sentido continuar castigÃ¡ndolo considerando que el chico se habÃ­a desmayado de nuevo. Lo soltÃ³ sin mucho cuidado al suelo y sintiÃ³ un disturbio en la energÃ­a a su alrededor.

MoviÃ³ de golpe su cabeza hacia un lado, sus ojos azul hielo se entrecerraron.

Kyou mirÃ³ al lobo dejar caer al chico de nuevo al suelo sin matarlo. Inmediatamente reconociÃ³ al humano que habÃ­a acosado a Kyoko. Cambiando su opiniÃ³n de momentos atrÃ¡s, sus labios se curvaron en un ligero gruÃ±ido. Si hubiese sido Ã©l sosteniendo al chico del cuello, el chico no seguirÃ­a en una pieza.

Como si lo percibiera, el Lycan volteÃ³ su cabeza y trabÃ³ su mirada mortÃ­fera en Ã©l. Kyou podÃ­a sentir el inmenso poder emanando del lobo. Lo estaba mostrando en advertencia.

En el pasado, lobos y vampiros siempre se habÃ­an evitado. Ninguno se preocupaba por el otro, escogieron dejarse en paz. Ambos estaban muy cerca de emparejar fuerza y a ninguno le importaba dominar sobre el otro. Ellos solo existÃ­an juntos en el mismo mundo, manteniendo la mayor parte para sÃ­ y vivÃ­an sus propias interminables vidas.

Todos los instintos de Kotaro cobraron vida viendo al vampiro de pie en las sombrasâ¦ mirÃ¡ndolo. No podÃ­a verlo con suficiente claridad para notar algÃºn rasgo caracterÃ­stico, pero su instinto le dijo que el chupasangre era una amenaza. AÃºn necesitaba soltar la lujuria de su sangre y se sonÃ³ los nudillos pensando que podÃ­a ser uno de los subordinados de Hyakuhei.

Justo cuando decidiÃ³ volverse y atacar, la imagen se volviÃ³ fuerte, luego titubeÃ³ y desapareciÃ³. â Â¿Ojos dorados? â Kotaro se incorporÃ³ por completo de y se dio cuenta de que casi habÃ­a atacado a Kyou. â Â¿QuÃ© estÃ¡ haciendo aquÃ­?

â Â¡Carajo! â siseÃ³ Kotaro y saliÃ³ corriendo temiendo que Kyoko no estarÃ­a donde Ã©l la habÃ­a dejado. TenÃ­a que llegar a ella rÃ¡pidoâ¦ habÃ­a chupasangres afuera esta noche y ella no serÃ­a una de sus vÃ­ctimas. Y con Kyou cercaâ¦ no habÃ­a forma de decir quÃ© tan peligrosas se podÃ­an volver las cosas.

Kyou reapareciÃ³ de frente a la misma pared de ladrillo donde habÃ­a dejado a la chica. Viendo que ya no estaba ahÃ­, sus ojos sangraron carmesÃ­ y un gruÃ±ido enfurecido y desgarrador se escuchÃ³ por el callejÃ³n vacÃ­o, haciendo eco en las calles de alrededor.

*****

Suki y Shinbe se encontraron con Kotaro en la puerta del club. Sujetando a Shinbe por el hombro, Kotaro preguntÃ³ con urgencia: â Â¿Kyoko aÃºn estÃ¡ adentro? â Sus sentidos inhumanos se pusieron en su mÃ¡xima potencia y sus instintos le decÃ­an que ella no estaba en ningÃºn lugar cercano.

Suki se adelantÃ³ hacia Kotaro tomÃ¡ndolo de su camisa y confirmÃ³ sus sospechas. â Â¡Un hombre se la llevÃ³ hace unos diez minutos, tienes que encontrarla! â Sus ojos se llenaron de lÃ¡grimas mientras le hablaba. â Â¡No podemos encontrarla por ninguna parte!

AÃºn sin estar listo para devolverle a Suki su libertad, Shinbe la jalÃ³ de su mano estrellÃ¡ndola contra su pecho. EnvolviÃ³ sus brazos alrededor de ella como si fuera un tambor metÃ¡lico de Trinidad y Tobago. Mirando a Kotaro aÃ±adiÃ³: â Alguna âcosaâ se la llevÃ³ de aquÃ­.

Shinbe mirÃ³ a la silueta temblorosa de Suki y tratÃ³ de tranquilizarla. Ella nunca le dejarÃ­a hacer lo que Ã©l querÃ­a hacer sin discutir. â Te prometo que la encontraremos â, con su promesa hecha, mirÃ³ hacia arriba de nuevo para hablar con Kotaro una vez mÃ¡s, pero el guardia de seguridad ya se habÃ­a ido.

â Â¿Aâ¦ a dÃ³nde se fue? â tartamudeÃ³ Shinbe mirando alrededor sin encontrar rastro del guardia de seguridad. SacudiÃ³ su cabeza y suspirÃ³. HabÃ­a visto suficiente mierda extraÃ±a por una noche.

Saliendo de su perdido estado de desesperanza, Suki resoplÃ³ molesta. â MÃ¡s le vale encontrar a Kyokoâ¦ o tendrÃ© pinchos de Kotaro para la cenaâ¦ â Arrastrando a Shinbe detrÃ¡s de ella como si de repente hubiesen intercambiado roles aÃ±adiÃ³: â Mi auto, ahora, Â¡vamos!

Shinbe mirÃ³ alrededor del estacionamiento como si recordara algo importante de repente. â Hablando de autosâ¦ falta el de Toya.



CapÃ­tulo 6



Hyakuhei recostÃ³ al joven que habÃ­a escogido para que se convirtiera en uno de sus hijos en una habitaciÃ³n oscura encima de los sonidos del club. Quitando el suave cabello marrÃ³n de sus ojos cerrados, aÃºn podÃ­a oler el aroma de la chica que permanecÃ­a en la piel del chico. âTasukiâ, habÃ­a escuchado a los otros llamarle.

â Bueno, Tasuki, cuando despiertes, tendrÃ¡s un regalo mÃ¡s valioso de mi parteâ¦ el regalo de la vida eterna â. Dio una sonrisa comprensiva como si le hablara a un niÃ±o. â Pero entenderÃ¡s queâ¦ esa vida es mÃ­a.

Los ojos de Hyakuhei titilaron rojos al sentir que uno de sus hijos lo llamaba. No le gustaba ser perturbado durante la espera de un despertar, pero uno de sus favoritos lo habÃ­a solicitado. A sabiendas de que el subordinado nunca lo llamarÃ­a a menos que fuera importante, respondiÃ³ a su solicitud.

Mirando una vez mÃ¡s al chico que habÃ­a convertido, el cuerpo de Hyakuhei brillÃ³ y desapareciÃ³, dejando a Tasuki solo dentro de los confines de la habitaciÃ³n cerrada.

*****

Yohji podÃ­a sentir los pinchazos de dolor forzÃ¡ndolo a la consciencia. Dios, todo le dolÃ­a. Lentamente recordÃ³ lo que habÃ­a pasado y por quÃ© ahora se sentÃ­a tan mal. Se habÃ­a topado con Kyoko y habÃ­a decidido jugar con ella cuando el estÃºpido guardia de seguridad habÃ­a aparecido.

Â¿CÃ³mo alguien puede ser tan fuerte? Cuando habÃ­a intentado pelear de vuelta, no habÃ­a tenido oportunidad alguna. Era como si hubiese intentado ir contra una manada de lobos y ahora estaba sufriendo severamente por sus esfuerzos.










Finalmente atreviÃ©ndose a abrir los ojos, se sorprendiÃ³ de ver a un chico de pie ahÃ­â¦ mirÃ¡ndolo. ParecÃ­a tener mÃ¡s o menos 12 aÃ±os y hubiese sido etiquetado como albino si sus ojos no hubiesen sido tan negros y vacÃ­os.

AtraÃ­do por el olor de sangre fresca, Yuuhi apareciÃ³ junto al chico herido. MirÃ¡ndolo de cerca, estuvo de pie tan quieto como una estatua, tocÃ¡ndolo brevemente con su aura antes de asentir una vez. El chico tenÃ­a la corrupciÃ³n de la maldad dentro de Ã©l, pero habÃ­a un aroma de pureza que colgaba de su energÃ­a negativa.

Los remanentes de energÃ­a pura parecÃ­an estar vivos con un poder que no morirÃ­a. âInesperadoâ¦â

Mientras los ojos del muchacho herido se abrÃ­an, Yuuhi susurrÃ³ suavemente. â Padre, ha tocado a la puraâ¦ su energÃ­a aÃºn estÃ¡ allÃ­, atacando suâ¦ â los colmillos del niÃ±o resplandecieron en una sonrisa de burla. â Â¿Nos lo quedamos?

Los ojos de Yohji se entrecerraron ante las palabras extraÃ±as del chico, luego mirÃ³ alrededor buscando a quien quiera que fuera con quien el niÃ±o hablaba, solo para ver un hombre siniestro cubierto de negro salir de las sombras a la luz borrosa del callejÃ³n. Era alto y emitÃ­a poder de su silueta como si fuera una deidad vengadora.

Los ojos llenos de miedo de Yohji se abrieron como platos, entrelazando con ojos que eran rojo sangre y esta vez definitivamente vio colmillos. PresionÃ³ su cuerpo abusado contra la pared. Nunca tendrÃ­a oportunidad si trataba de correr en el estado en el que estaba.

Hyakuhei mirÃ³ abajo al joven que habÃ­a acosado a la chica y que ahora consideraba suyo. Este chico se atreviÃ³ a tocarla y ahora pagarÃ­a por su insolencia. InhalÃ³â¦ oliendo restos del lobo que ya lo habÃ­a golpeado severamente y sus ojos de medianoche se entrecerraron en rajas. Â¡Kotaro habÃ­a estado aquÃ­!

Â¡CÃ³mo se atrevÃ­a Kotaro a interferir en esto! Â¿Era Ã©l la razÃ³n por la cual la chica habÃ­a desaparecido de repente sin dejar rastro? Hyakuhei gruÃ±Ã³ al solo pensar en que el Lycan estuviera tan cerca del CorazÃ³n de Cristal del GuardiÃ¡n y la chica una vez mÃ¡s. Solo porque la chica lo habÃ­a escogido no la hacÃ­a realmente suya. Nunca habÃ­a sido decisiÃ³n de la chicaâ¦ Â¿es que no habÃ­a aprendido su lecciÃ³n en el pasado?

HabÃ­a pensado que habÃ­a matado a la vil creatura junto con Toya aÃ±os atrÃ¡s por atreverse a hacerle frente y tratar de proteger a la chica de su posesiÃ³n. âNo importaâ, los pensamientos de Hyakuhei se volvieron melancÃ³licos por un momento, âuna vez pusiste en mi contra a Toya y a la Sacerdotisa, Kotaroâ¦ y mira lo que me haces hacerâ.

Una sombra de pena cruzÃ³ su expresiÃ³n al pensar en el pasado. Si Toya no hubiera intentado volverse un GuardiÃ¡n para la Sacerdotisa y alejar a Kyou de Ã©lâ¦ Toya no estarÃ­a en el inframundo ahora sino aquÃ­, a su lado, junto con el hermoso Kyou. El culpable de alimentar a Toya con mentiras errÃ³neas era Kotaro.

Kotaro tambiÃ©n era quien habÃ­a advertido a la Sacerdotisa de su verdadera intenciÃ³n. Era extraÃ±o cÃ³mo el tiempo podÃ­a deformar las mentiras que se habÃ­an dicho.

â AsÃ­ que, Kotaroâ¦ â susurrÃ³ ââ¦la has encontrado de nuevo.

Fue traÃ­do al presente por el gimoteo que provino del chico agachado contra la pared. NecesitarÃ­a mÃ¡s de un nuevo recluta para encontrar a su Sacerdotisa perdida si Kotaro tambiÃ©n estaba con ella. Hyakuhei la querÃ­a y la tendrÃ­a.

Planeaba reclamarla con la ayuda del imbÃ©cil que habÃ­a pensado contaminarla. La corrupciÃ³n de tal creatura era destinada solo para Ã©l. TenÃ­a muchos planes para su Sacerdotisa, despuÃ©s de todoâ¦ mil aÃ±os era un largo tiempo para preparar nuevas formas de torturar a alguien.

Volviendo a las sombras, sus ojos destellaron al suavemente asentirle a Yuuhi. â Hazlo doloroso. Tortura su carne, pero no lo mates â. Ãl querÃ­a que el chico sufriera un poco mÃ¡s por sus acciones asÃ­ entenderÃ­a nunca desafiar a su nuevo maestro y nunca volver a tocar a la chica.

Yohji volteÃ³ la cabeza de golpe de nuevo hacia el niÃ±o y sus ojos se abrieron como platos con verdadero miedo. El chiquillo le estaba sonriendo, pero no era una buena sonrisa, era mortÃ­fera. En los bordes de sus labios pÃ¡lidos, el chico tenÃ­a colmillos largos y afilados y sus ojos ya no eran negros, sino de un rojo oscuro.

Esos ojos vacÃ­os hacÃ­an un inquietante contraste con su cabello y piel de alabastro. Se veÃ­a como un niÃ±o, pero era un demonio roba almas disfrazado y Yohji estaba realmente asustado.

MirÃ³ con horror mientras sus pies dejaban el suelo, y el chico saltÃ³ hacia Ã©l, arrastrando un grito aterrado de su ya reseca garganta. Nunca supo quÃ© le golpeÃ³ en tanto dientes y garras destrozaban su carne, causÃ¡ndole un dolor que nunca habÃ­a imaginado.

*****

Toya mirÃ³ a la chica desplomada en el asiento del pasajero a su lado. â Â¡Carajo, Kyoko, nunca mÃ¡s me asustes de esa manera de nuevo! â Ãl sabÃ­a que ella no podÃ­a escucharlo, pero eso no detenÃ­a su aliviada vociferaciÃ³n. â Â¡TÃº, pequeÃ±a idiota, podrÃ­an haberte matado o peor! â CruzÃ³ hacia el edificio donde se encontraba su apartamento.

Aunque el ceÃ±o fruncido permanecÃ­a en su lugar, la levantÃ³ como si ella fuera la gema mÃ¡s preciosa sobre la tierra y la llevÃ³ escaleras arriba. Encontrando su puerta cerrada, maldijo, empujando el picaporte, esperando no hacer mucho daÃ±o en tanto crujÃ­a y luego abrÃ­a.

â Bueno, ella necesitaba una mejor cerradura de todas formas con un asesino suelto â. Toya usÃ³ esa excusa, guardÃ¡ndola para cuando despertara y le gritara por romper su puerta. â Al menos aÃºn estÃ¡ sobre sus bisagras â, se quejÃ³ entrando al apartamento tenuemente iluminado.

De pie, quieto en medio de su sala de estar, mirÃ³ a Kyoko y levantÃ³ una ceja al oler alcohol mezclado con su aroma natural.

â Ah, ya veo cÃ³mo eres. â SusurrÃ³. â No es justoâ¦ ni siquiera me llevaste a tomar contigo. Â¿En quÃ© estabas pensando?

*****

Kyou luchÃ³ para mantenerse sereno, lo que parecÃ­a que sucedÃ­a mucho esta noche. Incapaz de mantenerlo contenido, su mano empuÃ±ada se elevÃ³ hacia adelante y golpeÃ³ la pared de ladrillo con tal fuerza que las piezas de mamposterÃ­a se fueron volando en todas direcciones. GruÃ±Ã³ con rabia y sus ojos se tiÃ±eron de rosado en tanto olÃ­a el aire.

Nadie tomarÃ­a lo que le pertenecÃ­a sin pagar por su interferencia.

Inmediatamente tomÃ³ el aroma de Kyoko mezclado con otro que se sentÃ­a raramente familiar y masculino. Kyou dejÃ³ salir un rugido, haciendo el sentimiento a un lado mientras levitaba del callejÃ³n y siguiÃ³ el aroma que se habÃ­a incrustado en su ser.

Su silueta solitaria desapareciÃ³ dentro de las sombras mientras salÃ­a a cazar a su presa. La encontrarÃ­a y la tomarÃ­a de vuelta del ladrÃ³n que la habÃ­a robado. Los mÃºsculos de la mandÃ­bula de Kyou se flexionaron con furia. Â¿CÃ³mo se atrevÃ­a ella decir el nombre de su hermano como si intentara confundirloâ¦ como si lo hubiese conocido?

De alguna forma, la mujer-niÃ±a le habÃ­a lanzado un hechizo, estaba seguro de ello. PodÃ­a sentir su presencia que permanecÃ­a en la punta de sus dedos y sintiÃ³ el deseo de volver a tocar su piel. Necesitaba saber cÃ³mo es que es tan pura y quÃ© era la luz que su cuerpo emitÃ­a.

Â¿Era lo que Toya habÃ­a estado buscando? Si era asÃ­, entonces, Â¿la culpa por la muerte de Toya era de esta chica? Â¿QuÃ© significaba todo esto? Deseaba respuestas. Esa luz lo habÃ­a atraÃ­do como una polilla a una llama, y ahora descubriÃ³ que no podÃ­a simplemente dejarla ir. Era como si ella, sin saberlo, lo hubiese llamado y no tuviera mÃ¡s opciÃ³n que responder.

Kyou gruÃ±Ã³ en la parte baja de su garganta mientras sus ojos brillaron rojos con sangre. Esta chica era peligrosa. Ãl no era alguien que necesitara o quisiera solo tener venganza por siglos. Ella tenÃ­a que ser tratada con cuidado. No confiaba en sÃ­ mismo alrededor de ella. Ella lo habÃ­a capturado de alguna forma y le enfurecÃ­a inmensamente que esta chica, de alguna forma, lo hiciera dÃ©bil.

*****

Balbuceando algo sobre reuniones de AlcohÃ³licos AnÃ³nimos, Toya llevÃ³ a Kyoko a su habitaciÃ³n y gentilmente la extendiÃ³ en su cama. MoviÃ©ndose de vuelta rÃ¡pidamente a travÃ©s del apartamento a la puerta principal, la cerrÃ³ usando el cerrojo de seguridad ya que habÃ­a roto la cerradura regular.

â QuÃ© bueno que ella solo habÃ­a cerrado el picaporte â, se encogiÃ³ de hombros y mirÃ³ alrededor a la soledad del apartamento. Era muy diferente del rugido ensordecedor que estaba en el club. Era casi demasiado silencioso. QuitÃ¡ndose los zapatos, suspirÃ³. â Â¡QuÃ© nochecita! â, dejÃ³ a sus hombros relajarse por primera vez en todo el dÃ­a mientras se acolchaba de vuelta donde su Kyoko estaba extendida.

La luz de la luna se derramaba en la ventana lanzando un brillo etÃ©reo sobre su cuerpo. El rostro de Toya se suavizÃ³ al detener su vista en el rostro de ella. Su cuerpo flexible se extendÃ­a en la cama con sus manos medio relajadas en cada lado de su cabeza. Se veÃ­a como un Ã¡ngel, tan en paz y tan ajena al peligro en el que podrÃ­a estar, su mano se volviÃ³ un puÃ±o al corregir su pensamiento: casi lo estuvo. TenÃ­a en mente sacudirla hasta despertarla y provocarle algo de lÃ³gicaâ¦ pero no lo harÃ­a.

El ceÃ±o fruncido se grabÃ³ en su rostro tratando de pensar cÃ³mo ella habÃ­a terminado en el callejÃ³n, sola, desmayada pero ilesa. Sin alguien para mirarle el colmillo al caballo regalado, decidiÃ³ agradecer a los guardianes que cuidaban de ellaâ¦ quienes fueran.

Por el resto de la noche, Kyoko estarÃ­a con Ã©l y a salvo. Eso era todo lo que importaba.

Un destello travieso brillÃ³ en sus ojos mientras le quitaba los zapatos y halÃ³ las sÃ¡banas sobre la duermevela silueta. Ella posiblemente lo matarÃ­a maÃ±ana peroâ¦ Toya se montÃ³ en la cama y tirÃ³ del cuerpo ruborizado de ella contra el suyo.

Generalmente, ligeros pensamientos sucios llenarÃ­an su mente como lo habÃ­a hecho tantas veces cuando estaba en casa solo. Sin embargo, por alguna razÃ³n esos pensamientos se sentÃ­an mal en el momento. HabÃ­a algo sobre estar acostado aquÃ­ con ella que parecÃ­aâ¦ Â¿inocente? SacudiÃ³ su cabeza suavemente y se ubicÃ³ cÃ³modamente contra ella.

SosteniÃ©ndola con fuerza, agradeciÃ³ a cualquier dios afuera porque ella estaba sana y salva donde pertenecÃ­a. Se sentÃ­a tan bien tenerla en sus brazos y lo disfrutarÃ­a por ahora. En la maÃ±ana podrÃ­a probar atentar contra su vida, pero si Ã©l iba a morir, al menos morirÃ­a feliz.

Kyoko suspirÃ³ con alegrÃ­a, acurrucÃ¡ndose al calor protector que rodeaba su cuerpo.

Una sonrisa agraciÃ³ los suaves labios de Toya mientras besaba su sien y la siguiÃ³ en una dichosa alegrÃ­a en un sueÃ±o ligero.

*****

El cuerpo de Kyou levitÃ³ hacia la ventana en la que se dio cuenta de que el aroma era mÃ¡s fuerte. Unas esferas de oro fundido se abrieron sorpresivamente ante la escena frente a sus ojos. AhÃ­â¦ en la habitaciÃ³n donde Kyoko yacÃ­a, un joven con ojos dorados y largo cabello medianoche plagado de mechas plata que hacÃ­an juego con las suyas entrÃ³.

SintiÃ³ como si el aire hubiese sido sacado de golpe de sus pulmones al tiempo que veÃ­a el reflejo de la imagen del asesino de su hermano de pie en la cabecera de la cama, mirando hacia la chica adormilada que habÃ­a secuestrado.

Su mÃ¡scara helada se desvaneciÃ³ completamente ante la visiÃ³n de este chico que se parecÃ­a a su querido hermano de hace tanto tiempo. âÂ¿CÃ³mo es esto posible?â Al recordar la primera palabra que ella le habÃ­a dicho, hizo que su pecho le doliera. Lo habÃ­a llamado Toya por error, y ahoraâ¦ Â¿aquÃ­ en su habitaciÃ³n estaba la imagen de Toya?

Kyou vacilantemente buscÃ³ con el olfato un aroma, tratando de comprobar lo que le decÃ­an sus ojos, pero su mente no podÃ­a comprender. El aroma de su hermano estaba ligeramente mezclado con el aroma de este chico; sin embargo, antes de que pudiera contemplarlo mÃ¡s, el chico trepÃ³ en la cama y envolviÃ³ sus brazos posesivamente alrededor de ella.

Celos iracundos se dispararon por el cuerpo de Kyou mientras la chica confiadamente se acurrucaba en el abrazo del joven. Un gruÃ±ido grave de advertencia vibrÃ³ dentro de su pecho al tiempo que sus ojos brillaban rojos brevemente. Hermano o noâ¦ no lo permitirÃ­a.

AlargÃ³ su brazo hacia la ventana justo cuando una cascada de brillo ondeÃ³ a travÃ©s de ella haciÃ©ndolo quitar de golpe su mano. Viendo el polvo arcoÃ­ris asentarse en el alfÃ©izar de la ventana como si la protegiera, gruÃ±Ã³ de nuevo. La chica parecÃ­a estar rodeada de todo lo sobrenatural, y el inmortal estaba enrejado en su ira.

Sus ojos se entrecerraron preguntÃ¡ndose si solo era el hechizo de un mago lo que le permitÃ­a ver a su hermano. Â¿Ella habÃ­a lanzado el hechizo cuando le habÃ­a susurrado el nombre de su difunto hermano?

Su atenciÃ³n se apartÃ³ de golpe de la ventana para mirar hacia el suelo debajoâ¦ el lobo estaba llegando. EnviÃ³ otra mirada asesina dentro de la habitaciÃ³n antes de levitar rÃ¡pidamente al techo.

Toya se acababa de dormir cuando escuchÃ³ un gruÃ±ido animal que parecÃ­a provenir de la ventana de Kyoko. âEso no estÃ¡ bienâ¦ ella estÃ¡ en el segundo pisoâ. Los ojos de Toya se abrieron de golpe cuando escuchÃ³ el sonido de nuevo.

Levantando su cabeza levemente para no molestar a Kyoko, mirÃ³ hacia la ventana de donde venÃ­a el sonido. Cada instinto de su cuerpo le dijo que alguien o algo estaba ahÃ­â¦ vigilÃ¡ndolos.

Su mirada se enlazÃ³ con la sombra de lo que parecÃ­a ser un hombre. ParecÃ­a que estaba mirando fijamente a su ventanaâ¦ Â¿en el segundo piso? El contorno plateado se inflaba a su alrededor y casi lo hacÃ­a ver fantasmal. Toya habÃ­a visto esta apariciÃ³n antesâ¦ en pesadillas.

Unos ojos dorados como el sol estaban enfocados en el suelo, pero Toya pudo verlos brillar rojo por solo un momento y podrÃ­a jurar que vio un centelleo de colmillos tambiÃ©n. La imagen brillÃ³ como si copos metÃ¡licos de polvo multicolor llovieran contra la ventana bloqueando su visiÃ³n.

Toya sacudiÃ³ su cabeza y parpadeÃ³ rÃ¡pidamente antes de mirar hacia la ventana una vez mÃ¡s, solo para ahora encontrarla vacÃ­a. â Â¿QuÃ© demonios fue eso?

SintiÃ©ndose un poco mÃ¡s que perturbado, saliÃ³ de la cama y reptÃ³ hacia la ventana. Mirando hacia afuera, lo recibiÃ³ nada mÃ¡s que sombras y obscuridad. Inhalando profundamente, frunciÃ³ el ceÃ±o notando un aroma inusual rondando cerca de la cornisa que no reconociÃ³.

Un grave gruÃ±ido irritado se escapÃ³ de sus labios tratando de identificarlo. Decidiendo que quizÃ¡ era solo su imaginaciÃ³n reaccionando excesivamente por los eventos de esa tarde, revisÃ³ de nuevo para asegurarse de que no era nada.

Temporalmente satisfecho de que al menos se estaba debilitando, trepÃ³ de nuevo en la cama con Kyoko, manteniendo un ojo abierto por un ratoâ¦ por si acaso.

*****

Kotaro estuvo de pie junto a la ventana de Kyoko sintiendo la presencia del vampiro que se habÃ­a encontrado en el callejÃ³n junto al club. Aunque nunca habÃ­a obtenido una buena vista del caminante nocturno, estaba seguro de que era Kyou. PodÃ­a sentir el poder frÃ­o y silencioso de Kyou y eso era algo que no querÃ­a en ningÃºn lugar cerca de Kyoko. Kyou era un enigma y no era de confianza.

Con un rugido, su velocidad sin rival lo tuvo en el segundo piso afuera de la puerta de Kyoko en un pestaÃ±eo.

Olfateando, se calmÃ³ cuando sintiÃ³ el aroma de Kyoko, fuerte y reciente. ConfirmÃ³ que âno hay chupasangres dentro de sus paredesâ, pero un gruÃ±ido de enfado se escapÃ³ de sus labios cuando oliÃ³ el aroma de Toya, tan fresco como el de Kyoko. Toya habÃ­a entrado al apartamento tambiÃ©n, pero no habÃ­a salido. Poniendo su mano en la perilla, Kotaro la volteÃ³ para descubrir que estaba rota.

Rota pero completamente cerrada. â Â¿Pero quÃ©â¦? â gruÃ±Ã³ furioso a la entrada forzada que ahora era obvia.

Kotaro sostuvo su mano frente a Ã©l, mirando cÃ³mo sus garras se extendÃ­an y se afilaban en las puntas. Nunca hubo una cerradura que no pudiera forzar y la cerradura de Kyoko era menos que adecuada. Kotaro sonriÃ³ arrogante mientras ponÃ­a su garra en la cerradura. MoviÃ©ndola ligeramente, escuchÃ³ un clic satisfactorio.

Con el sigilo de una sombra, entrÃ³ al apartamentoâ¦ cerrando la puerta suavemente detrÃ¡s de Ã©l.

Escuchando nada mÃ¡s que silencio, siguiÃ³ el camino que le habÃ­a dejado el aroma de Kyoko. Un momento despuÃ©s, se encontrÃ³ a si mismo de pie en la puerta de su habitaciÃ³n. Sus abrasadores ojos azules afilados como una espada se enfocaron en el sentimiento incÃ³modo que se disparÃ³ a travÃ©s de su cuerpo.

Sin saber lo que se iba a encontrar al otro lado, abriÃ³ lentamente la puerta.

*****

Kamui decidiÃ³ mantenerse invisible mirando a Kotaro entrar en el apartamento de Kyoko. No era como si se estuviera escondiendo de su amigoâ¦ no, no era eso para nada. Pero sabiendo quiÃ©n estaba en la cama de Kyoko en el momento, buenoâ¦ pensÃ³ que era mejor mantenerse invisible en vez de convertirse en un objetivo una vez que se armara el peo.

HabÃ­a hecho lo posible para mantener a salvo a Kyoko toda la tarde, pero tan pronto como Toya fueâ¦ en esta oportunidad, el GuardiÃ¡n de plata estaba por su cuenta. Kamui silenciosamente se agachÃ³ mientras Kotaro abrÃ­a la puerta de la habitaciÃ³n.

La visiÃ³n que recibiÃ³ a Kotaro era casi mÃ¡s de lo que podÃ­a comprender. Â¡A su lado en la cama estaba ese perro sucio, Toya! SosteniÃ©ndola como si le perteneciera a Ã©l y solo a Ã©lâ¦ sus brazos estaban fuertemente alrededor de su cuerpo inconsciente y una inclinaciÃ³n satisfactoria estaba en sus labios.

Un gruÃ±ido se le escapÃ³ a Kotaro mientras avanzaba sobre la pareja perdida dentro de sus propios sueÃ±os.

âTÃº, ladrÃ³n sinvergÃ¼enza,â los pensamientos de Kotaro rugieron en su mente mientras sus ojos comenzaban a sangrar con furia. Su control apenas existÃ­a cuando agarrÃ³ y tirÃ³ a su rival fuera de la puerta de la habitaciÃ³n sin despertar a Kyoko.

Toya no sabÃ­a quÃ© pensar cuando lo levantaron de la cama por el cuello de su camisa y, literalmente, lo echaron fuera de la puerta de la habitaciÃ³n para aterrizar bien en la sala de estar. Antes de que tuviera tiempo de recuperar sus sentidos adormilados, levantaron a Toya una vez mÃ¡s por el cuello.

Esta vez, sabÃ­a a quiÃ©n se enfrentaba. Los ojos dorados furiosos se entrelazaron con unos azules como el hielo cuando arrastraron su cuerpo casi sin esfuerzo de nuevo por el aire.

AÃºn invisible, Kamui se habÃ­a dispersado del sofÃ¡ al ver a Toya dispararse sobre Ã©l. Ahora se acomodÃ³ en la encimera de la cocina para mirar la diversiÃ³n. Mirando la puerta de Kyoko, moviÃ³ una mano en esa direcciÃ³nâ¦ poniendo un escudo ahÃ­ para evitar que el sonido la despertara.

VolviÃ³ su atenciÃ³n a sus dos amigos quienes estaban casi listos para arrancarse las cabezas mutuamente. âComo en los viejos tiemposâ, Kamui sonriÃ³ en secreto deseando haber traÃ­do algunas palomitas para el espectÃ¡culo. âTodo lo que ahora necesito es una mÃ¡quina de apuestas y dineroâ. Silenciosamente levantÃ³ una ceja preguntÃ¡ndose por quiÃ©n apostarÃ­a.

Kotaro gruÃ±Ã³ gravemente en su garganta, tratando de evitar que la lujuria de su sangre se filtrara en sus ojos azul cobalto. â Â¿Pero quÃ© demonios creÃ­as que estabas haciendo en la cama de Kyoko? â Su voz sostuvo un indicio de muerte como si la respuesta de Toya decidiera si luego se le encontrarÃ­a vivo o no. La forma de Kotaro prometÃ­a retribuciÃ³n si la respuesta probaba ser una que no pensara que fuera aceptable.

â Â¡Carajo, idiota! Â¡DÃ©jame ir! â Toya engarzÃ³ los dedos fuertemente apretados alrededor de su cuello con una mano y con la otra, atacÃ³ con un golpe que debiÃ³ estremecer el crÃ¡neo de Kotaro.

Aunque Kotaro apenas se moviÃ³ del puÃ±etazo, Toya ganÃ³ su liberaciÃ³n y rÃ¡pidamente se cuadrÃ³ en caso de que el patÃ¡n no hubiese terminado.

Toya podÃ­a sentir la furia intensa que venÃ­a de la forma silenciosa frente a Ã©l. Su propia furia aumentÃ³ cuando se dio cuenta de que Kotaro lo habÃ­a podido atacar. â Â¿Pero quÃ© carajo pensabas que hacÃ­as en el cuarto de Kyoko, maldito sÃ¡tiro? â respondiÃ³ con una pregunta propia.

Kotaro se dio cuenta que se iba a poner ruidoso cuando la voz de Toya comenzÃ³ a elevarse. Dio una ojeada hacia la habitaciÃ³n de Kyoko y viendo que la puerta aÃºn estaba entreabierta, moviÃ³ con brusquedad su cabeza hacia la puerta principal gruÃ±endo las palabras: â Llevemos esto afuera antes de despertarla.

Cuando parecÃ­a que Toya se iba a oponer a la idea, Kotaro lo tentÃ³ sabiendo que funcionarÃ­a. â A menos que tengas miedo de enfrentarme â. SonriÃ³ con suficiencia y lo mirÃ³ con furia a la vez, pues sabÃ­a que Toya morderÃ­a el anzuelo.

â Seguro, los idiotas primero â. Toya esperÃ³ a que Kotaro hiciera el primer movimiento e incluso deseaba que lo hiciera. Ya su Ã¡nimo estaba bastante caldeado como para acabar con un vecindario completo. Necesitaba a alguien con quien desahogar toda su frustraciÃ³n, y ademÃ¡s habÃ­a buscado una razÃ³n para intercambiar golpes con Kotaro desde hacÃ­a ya un largo tiempo.

Ambos parecÃ­an difuminarse y en un par de rÃ¡pidos latidos ambos estaban en el patio vacÃ­o en frente de los departamentos donde vivÃ­a Kyoko. Justo cuando Kotaro se volteaba para encararlo, Toya le dio un golpe que estaba seguro dejarÃ­a al idiota fuera de combate.

GruÃ±Ã³ con rabia cuando Kotaro derrapÃ³ hacia atrÃ¡s en la grama pero no cayÃ³. No era realmente que no le cayera bien Kotaroâ¦ le caÃ­a bien en varios aspectos. Pero al mismo tiempo, Toya siempre sentÃ­a la necesidad de golpearle con fuerza. Era como tener a un enemigo como amigo.




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