El Escritor
Danilo Clementoni






Danilo Clementoni

El Escritor

Las aventuras de Azakis y Petri



Titulo original:

Lo Scrittore

Le avventure di Azakis e Petri



Traducido por: MarÃ­a Acosta



Editor: Tektime


Este libro es una obra producto de la fantasÃ­a. Nombres, personajes, lugares y organizaciones citados son fruto de la imaginaciÃ³n del autor y su objetivo es dar verosimilitud a la narraciÃ³n. Cualquier parecido con hechos o personas reales, vivas o difuntas, es pura coincidencia.

EL ESCRITOR

Copyright Â© 2016 Danilo Clementoni



1Âª ediciÃ³n (en italiano): abril 2016

Editado e impreso por el autor



facebook: www.facebook.com/libroloscrittore

blog: dclementoni.blogspot.it

e-mail: d.clementoni@gmail.com



Derechos reservados. Ninguna parte de esta publicaciÃ³n podrÃ¡ ser reproducida de ninguna manera, incluso por cualquier tipo de sistema mecÃ¡nico y/o electrÃ³nico sin la autorizaciÃ³n expresa y escrita del editor, a excepciÃ³n de algunos pequeÃ±os pasajes a efectos de ilustrar reseÃ±as o recensiones.


Este es el tercer volumen de la serie

Las aventuras de Azakis y Petri    Con el fin de disfrutar completamente esta apasionante aventura, antes de comenzar la lectura de esta novela recomendarÃ­a la lectura del primer tomo titulado    El Retorno    y del segundo tÃ­tulo    Encuentro con Nibiru    (Nota del Autor)


A mi mujer y mi hijo por la paciencia que han tenido conmigo y por todas las valiosas sugerencias que han aportado, contribuyendo de esta manera, ya se a mi mismo como a esta novela.

Un abrazo especial a mi madre y un fortÃ­simo beso a mi padre que, aÃºn sufriendo por su enfermedad, con su presencia y su mirada, me ha impulsado a poner todo mi corazÃ³n en esta maravillosa novela.

Agradezco en particular a todos mis amigos el que me hayan confortado e incitado a seguir hasta finalizar este trabajo que, quizÃ¡s, sin ellos no habrÃ­a visto jamÃ¡s la luz.




IntroducciÃ³n


El decimosegundo planeta, Nibiru, (el planeta de transiciÃ³n), como fue llamado por los sumerios o Marduk (el rey de los cielos) como lo rebautizaron los babilonios, es en realidad un cuerpo celeste que orbita en torno a nuestro sol durante un perÃ­odo de 3.600 aÃ±os. Su Ã³rbita es claramente elÃ­ptica, retrÃ³grada (gira alrededor del sol en sentido contrario a todos los demÃ¡s planetas) y estÃ¡ muy inclinada respecto al plano de nuestro sistema solar.

Cada una de sus aproximaciones cÃ­clicas ha provocado casi siempre inmensas perturbaciones interplanetarias en nuestro sistema solar, tanto en las Ã³rbitas como en la conformaciÃ³n misma de los planetas que formaban parte del mismo. Concretamente, fue justo en una de sus mÃ¡s tumultuosas transiciones que el majestuoso planeta Tiamat, ubicado entre Marte y JÃºpiter, con una masa aproximada de nueve veces la de la actual Tierra, con abundante agua y con once satÃ©lites, fue devastado debido a un Ã©pico choque. Una de las siete lunas que orbitaban alrededor de Nibiru golpeÃ³ al gigantesco Tiamat partiÃ©ndolo prÃ¡cticamene por la mitad, obligando a cada una de las secciones a moverse en distintas Ã³rbitas. En la siguiente transiciÃ³n (el segundo dÃ­a del GÃ©nesis), los restantes satÃ©lites de Nibiru completaron la obra destruyendo completamente una de las partes que se habÃ­an formado con el primer choque. Los detritos generados por las mÃºltiples colisiones crearon, en parte, lo que hoy conocemos como cinturÃ³n de asteroides


  o Brazalete Martillado, que era como lo llamaban los sumerios, y otra parte fue incorporada por los planetas vecinos. En concreto, fue JÃºpiter el que capturÃ³ la mayor parte de los detritos, aumentando de forma considerable su masa.

Los satÃ©lites artÃ­fices del desastre, incluyendo aquellos supervivientes del antiguo planeta Tiamat, en su mayor parte fueron lanzados hacia Ã³rbitas exteriores, formando lo que hoy conocemos como cometas; la parte superviviente a la segunda transiciÃ³n consiguiÃ³ colocarse en una Ã³rbita entre Marte y Venus, llevÃ¡ndose consigo el Ãºltimo satÃ©lite y acabando por formar lo que hoy conocemos como Tierra, junto a su inseparable compaÃ±era la Luna.

La cicatriz provocada por aquella colisiÃ³n cÃ³smica, que habÃ­a tenido lugar aproximadamente hacÃ­a 4 millones de aÃ±os, todavÃ­a es parcialmente visible. La parte daÃ±ada del planeta estÃ¡ actualmente cubierta por las aguas de lo que hoy llamamos OcÃ©ano PacÃ­fico. Ocupa un tercio de la superficie terrestre con una extensiÃ³n de mÃ¡s de 179 millones de kilÃ³metros cuadrados. En toda esta inmensa superficie no hay prÃ¡cticamente masa terrestre, sÃ³lo una gran depresiÃ³n que se extiende hasta una profundidad que supera los diez kilÃ³metros.

Actualmente Nibiru posee una configuraciÃ³n muy parecida a la de la Tierra. Las dos terceras partes de su superficie estÃ¡n recubiertas de agua mientras que el resto estÃ¡ ocupada por un Ãºnico continente que se extiende de norte a sur, con una superficie total de 100 millones de kilÃ³metros cuadrados. Algunos de sus habitantes, con cientos de miles de aÃ±os, aprovechando la aproximaciÃ³n cÃ­clica de su planeta al nuestro, nos han visitado de manera sistemÃ¡tica, influyendo en la cultura, los conocimientos, la tecnologÃ­a e incluso en la misma evoluciÃ³n de la raza humana. Nuestros antepasados los han llamado de muchas maneras, pero quizÃ¡s el nombre con el que han sido conocidos desde siempre haya sido âDiosesâ.




PrÃ³logo


Azakis y Petri, los dos simpÃ¡ticos e inseparables alienÃ­genas protagonistas de esta aventura, han vuelto al planeta Tierra despuÃ©s de un aÃ±o (3.600 aÃ±os terrestres). Su misiÃ³n era recuperar una valiosa carga que, a causa del mal funcionamiento de su sistema de transporte, se habÃ­an visto obligados a abandonar rÃ¡pidamente en su anterior visita. Esta vez, en cambio, han encontrado una poblaciÃ³n terrestre muy distinta con respecto a aquella que habÃ­an dejado. Usos, costumbres, cultura, tecnologÃ­a, sistemas de telecomunicaciÃ³n, armamento, todo era diferente con respecto a lo que habÃ­an encontrado en la Ãºltima visita.

A su llegada se tropezaron con una pareja de terrestres: la doctora en arqueologÃ­a Elisa Hunter y el coronel Jack Hudson, que los acogieron con entusiasmo y, despuÃ©s de innumerables peripecias, los ayudaron a finalizar su delicada misiÃ³n.

Aquello que sin embargo los dos alienÃ­genas no habrÃ­an querido decir a sus nuevos amigos era que, su planeta natal, Nibiru, se estaba acercando velozmente y que, al cabo de siete dÃ­as terrestres, chocarÃ­a con la Ã³rbita de la Tierra. SegÃºn el cÃ¡lculo efectuado por los Ancianos, uno de sus siete satÃ©lites rozarÃ­a el planeta provocando una serie de alteraciones climÃ¡ticas comparables a aquellas que, en la transiciÃ³n anterior, habÃ­an sido resumidas en un Ãºnico concepto: Diluvio Universal.

En los dos episodios anteriores ("El Retorno" y "Encuentro con Nibiru"), los protagonistas de esta aventura, a pesar de las innumerables dificultades, han conseguido salvar la Tierra de la catÃ¡strofe pero en este momento una nueva aventura les aguarda. La vuelta a casa de Azakis y Petri ha sido saboteada y una amenaza todavÃ­a mÃ¡s terrorÃ­fica estÃ¡ a punto de irrumpir sobre todo el sistema solar.

En el Ãºltimo episodio habÃ­amos dejado a los ocupantes de la majestuosa Theos lidiando con la imprevista activaciÃ³n del procedimiento de autodestrucciÃ³n de la astronave y es justo en este punto que retomaremos la narraciÃ³n de esta nueva y fantÃ¡stica aventura.




Astronave Theos â La evacuaciÃ³n


Â«Â¡Abandonad la nave!Â» exclamÃ³ Azakis desesperado.

La orden perentoria del comandante se difundiÃ³ al mismo tiempo en todos los niveles de la Theos. Los pocos miembros de la tripulaciÃ³n, despuÃ©s de una pequeÃ±a vacilaciÃ³n inicial, siguieron automÃ¡ticamente el procedimiento de evacuaciÃ³n que habÃ­an entrenado tantas veces durante las simulaciones de emergencia.

Â«Ochenta segundos para la autodestrucciÃ³nÂ» anunciÃ³ de nuevo la cÃ¡lida y tranquila voz femenina del sistema central.

Â«Â¡Ãnimo, Zak!Â» gritÃ³ Petri. Â«No nos queda mucho tiempo, debemos largarnos.Â»

Â«Â¿Pero no podemos hacer nada para interrumpir la secuencia?Â» replicÃ³ Azakis, incrÃ©dulo.

Â«Por desgracia no, amigo mÃ­o. De otro modo ya lo habrÃ­a hecho, Â¿tÃº quÃ© crees?Â»

Â«Pero no es posibleÂ» dijo el comandante mientras era arrastrado por un brazo por su compaÃ±ero de aventuras, en direcciÃ³n al mÃ³dulo de comunicaciÃ³n interno nÃºmero tres.

Â«En realidad, se podrÃ­a incluso intentar interrumpir de manera manual el procedimiento pero necesitarÃ­amos, por lo menos, treinta minutos y nosotros, tenemos, mÃ¡s o menos, uno.Â»

Â«Espera, pÃ¡rateÂ» exclamÃ³ entonces Azakis liberÃ¡ndose con un tirÃ³n del fuerte agarre del amigo. Â«No podemos dejar que explote aquÃ­. La ola de energÃ­a que generarÃ¡ la deflagraciÃ³n llegarÃ­a a la tierra en pocos minutos y la parte visible del planeta serÃ­a embestida por una onda de impacto gigantesca que destruirÃ­a todo lo que encontrase a su paso.Â»

Â«Ya he preparado el control remoto de la Theos desde la nave espacial. La desviaremos cuando hayamos subido, siempre que te des prisaÂ» le gritÃ³ Petri mientras aferraba de nuevo el brazo del amigo y lo arrastraba a la fuerza en direcciÃ³n al mÃ³dulo.

Â«Sesenta segundos para la autodestrucciÃ³n.Â»

Â«Â¿A dÃ³nde la quieres desviar?Â» continuÃ³ Azakis mientras la escotilla del mÃ³dulo de comunicaciÃ³n interno se abrÃ­a en el puente de la nave espacial en el nivel seis. Â«No serÃ¡ suficiente un minuto para conseguir que alcance una distancia tal que...Â»

Â«Â¿Quieres dejar de parlotear?Â» lo interrumpiÃ³ Petri. Â«Cierra el pico y siÃ©ntate allÃ­. Yo me encargo.Â»

Azakis, sin decir nada mÃ¡s, obedeciÃ³ la orden y tomÃ³ asiento en la butaca gris al lado de la consola central. De la misma manera que habÃ­a hecho ya decenas de veces en situaciones igualmente peligrosas, decidiÃ³ fiarse completamente de la capacidad y experiencia de su compaÃ±ero. Mientras Petri trasteaba febrilmente con una serie de hologramas tridimensionales de simulaciÃ³n, pensÃ³ en controlar el resultado de la evacuaciÃ³n del resto de la tripulaciÃ³n, contactando de manera simultÃ¡nea con cada uno de los pilotos. En pocos segundos todos confirmaron la reciente separaciÃ³n de las naves espaciales de la nave nodriza. Estaban alejÃ¡ndose rÃ¡pidamente. El comandante dejÃ³ escapar un hondo suspiro de alivio y volviÃ³ a prestar su atenciÃ³n a las maniobras de su amigo.

Â«Treinta segundos para la autodestrucciÃ³n.Â»

Â«Estamos fueraÂ» exclamÃ³ Petri. Â«Ahora desvÃ­o la Theos.Â»

Â«Â¿QuÃ© puedo hacer para ayudarte?Â»

Â«Nada, no te preocupes. EstÃ¡s en buenas manosÂ» y le guiÃ±Ã³ el ojo derecho, asÃ­ como le habÃ­an enseÃ±ado a hacer sus amigos terrestres. Â«PondrÃ© la nave detrÃ¡s de la luna. Desde allÃ­ no podrÃ¡ hacer daÃ±o.Â»

Â«Â¡Maldita sea!Â» exclamÃ³ Azakis. Â«No lo habÃ­a pensado.Â»

Â«Por eso estoy aquÃ­, Â¿no?Â»

Â«La onda expansiva se romperÃ¡ sobre el satÃ©lite, el cual asorberÃ¡ toda la energÃ­a. Eres un fenÃ³meno, amigo mÃ­oÂ»

Â«Y no producirÃ¡ ningÃºn daÃ±o en la lunaÂ» continuÃ³ Petri. Â«AllÃ­ no hay nada mÃ¡s que rocas y crÃ¡teres.Â»

Â«Diez segundos para la autodestrucciÃ³n.Â»

Â«Estoy a punto...Â» dijo Petri con un hilo de voz.

Â«Tres... Dos... Uno.Â»

Â«Â¡Hecho! La Theos estÃ¡ en posiciÃ³n.Â»



Justo en ese momento, en la cara oculta de la luna, en las coordenadas, en grados decimales, 24,446471 de latitud y 152,171308 de longitud, en el mismo lugar de aquello que los terrestres habÃ­an llamado el crÃ¡ter Komarov, tuvo lugar un extraÃ±o movimiento telÃºrico. Sobre la superficie Ã¡rida y accidentada del crÃ¡ter, como si una enorme hoja de espada, invisible se hubiese clavado repentinamente, se abriÃ³ una gruesa y profunda hendidura de mÃ¡rgenes perfectos. Inmediatamente despuÃ©s, como si hubiese sido disparado desde el fondo del crÃ¡ter, un extraÃ±o objeto de forma ovalada saltÃ³ hacia afuera a una velocidad increÃ­ble y se dirigiÃ³ hacia el espacio, con una trayectoria aproximada de treinta grados de inclinaciÃ³n respecto a la perpendicular. El objeto permaneciÃ³ visible solo unos pocos segundos antes de desaparecer definitivamente en un fogonazo de luz azulada.



Sobre la nave espacial, desde la apertura elÃ­ptica que permitÃ­a la visiÃ³n del exterior, un resplandor cegador iluminÃ³ el negro y frÃ­o espacio exterior, inundando el interior de la nave con una luz casi irreal.

Â«Amigo mÃ­o, Â¿quÃ© te parece si nos vamos de aquÃ­?Â» sugiriÃ³ Azakis preocupadÃ­simo, mientras observaba la ola de energÃ­a que se expandÃ­a y acercaba rÃ¡pidamente hacia su posiciÃ³n.

Â«Â¡Seguidme!Â» gritÃ³ Petri en el comunicador dirigiÃ©ndose a los pilotos de las otras naves espaciales. A continuaciÃ³n, sin aÃ±adir nada mÃ¡s, maniobrÃ³ con su propio medio de transporte y lo puso a cubierto rÃ¡pidamente detrÃ¡s de la cara de la luna que siempre mira hacia la tierra. Â«AgÃ¡rrate con fuerzaÂ» aÃ±adiÃ³, mientras se aferraba firmemente a los apoyabrazos de la butaca del puente de mando sobre la que estaba sentado.

Esperaron, en silencio absoluto, el paso de interminables segundos, con la mirada fija en la pantalla central, esperando que el desplazamiento repentino de la Theos hubiese conseguido evitar una catÃ¡strofe sobre la tierra.

Â«La onda de energÃ­a se estÃ¡ dispersando en el espacioÂ» dijo tranquilamente Petri. Hizo una breve pausa, a continuaciÃ³n, despuÃ©s de haber verificado toda una serie de incomprensibles mensajes aparecidos en los hologramas que estaban enfrente de Ã©l, aÃ±adiÃ³ Â«La luna ha absorbido perfectamente la parte que iba directamente hacia el planeta.Â»

Â«Beh, creo que has hecho un buen trabajo, amigo mÃ­oÂ» comentÃ³ Azakis despuÃ©s de haber vuelto a respirar.

Â«La Ãºnica que ha salido perdiendo ha sido la pobre luna. Ha recibido un buen golpe.Â»

Â«Piensa en lo que podrÃ­a haber ocurrido si la onda hubiese llegado a la tierra.Â»

Â«HabrÃ­a quemado medio planetaÂ»

Â«Â¿EstÃ¡is todos bien?Â» se apresurÃ³ a preguntar Azakis, mediante el comunicador, a los otros pilotos que, siguiendo las maniobras de Petri, habÃ­an puesto tambiÃ©n las propias naves espaciales al amparo del satÃ©lite. Respuestas reconfortantes llegaron una tras otra y, despuÃ©s de que el Ãºltimo comandante hubiese confirmado tanto las perfectas condiciones de la tripulaciÃ³n como de la nave, se dejÃ³ caer sobre el respaldo de la butaca y dejÃ³ escapar todo el aire que tenÃ­a en los pilmones.

Â«Todo ha salido bienÂ» comentÃ³ Petri satisfecho.

Â«SÃ­, pero Â¿ahora quÃ© hacemos? La Theos ha dejado de existir. Â¿CÃ³mo volvemos a casa?Â»




Tell el-Mukayyar â Un rayo en el cielo


En el campamento base de la doctora Elisa Hunter, la gatita LulÃº, despuÃ©s de haber saltado desde los brazos de la arqueÃ³loga, habÃ­a comenzado a girar nerviosamente por todas partes con la mirada fija en el cielo. El sol estaba a punto de ponerse y una bellÃ­sima luna casi llena estaba ya alta en el horizonte.

Â«LulÃº, Â¿quÃ© pasa?Â» preguntÃ³ Elisa un poco preocupada, volviÃ©ndose hacia la inquieta gata.

Â«Debe estar triste porque habrÃ¡ comprendido que nuestros amigos se han idoÂ» comentÃ³ Jack lacÃ³nico intentando consolarla con algunas rascaditas debajo del mentÃ³n.

Al principio parecÃ­a que la minina habÃ­a agradecido las atenciones ronroneando y restregando el hocico en la mano del coronel. De repente, sin embargo, se parÃ³, hizo un ruido extraÃ±o y volviÃ³ su mirada en direcciÃ³n al pÃ¡lido satÃ©lite de la tierra. Los dos, asombrados por aquel extraÃ±o comportamiento, se volvieron instintivamente en la misma direcciÃ³n. Lo que vieron poco despuÃ©s dejÃ³ a ambos sin respiraciÃ³n. ParecÃ­a que un resplandor anÃ³malo envolvÃ­a la luna. Una luz blanquÃ­sima, que se expandiÃ³ hasta, mÃ¡s o menos, unas diez veces el diÃ¡metro del satÃ©lite, formÃ³ una especie de contorno alrededor de ella. El acontecimiento durÃ³ unos pocos segundos pero fue como si otro sol hubiese aparecido de repente en el cielo a la caÃ­da de la noche, iluminando toda la zona con una luz decididamente innatural.

Â«Pero quÃ© demonios...Â» consiguiÃ³ susurrar el coronel, horrorizado.

De la misma manera en que habÃ­a aparecido la luz anÃ³mala se desvaneciÃ³ y todo pareciÃ³ volver exactamente a su estado anterior. La luna estaba allÃ­ y el sol continuaba perezosamente su descenso detrÃ¡s de las dunas que se recortaban en el horizonte.

Â«Â¿QuÃ© ha ocurrido?Â» preguntÃ³ Elisa asombrada.

Â«No tengo ni la mÃ¡s remota idea.Â»

Â«Por un instante temÃ­ que la luna hubiese explotado.Â»

Â«Ha sido realmente increÃ­bleÂ» exclamÃ³ el coronel mientras, con la mano extendida sobre las cejas escrutaba el cielo terso en busca de algÃºn indicio.

Â«Azakis... Petri...Â» dijo Elisa de repente. Â«Debe haberles sucedido algo, lo presiento.Â»

Â«Venga, dÃ©jalo. QuizÃ¡s ha sido sÃ³lo el efecto de la igniciÃ³n de los motores de su nave espacial.Â»

Â«No es posible. Eso parecÃ­a una autÃ©ntica explosiÃ³n. Tu deberÃ­as saber mÃ¡s de esto, Â¿no?Â»

Â«CariÃ±oÂ» comenzÃ³ a hablar pacientemente el coronel. Â«Para ver los efectos de una explosiÃ³n de ese tipo desde tan lejos, tendrÃ­an que haber explotado sobre la luna al mismo tiempo un centenar de bombas atÃ³micas o quizÃ¡s incluso un millar.Â»

Â«Â¿Pero entonces quÃ© ha sucedido?Â»

Â«PodrÃ­amos intentar preguntÃ¡rselo a nuestros amigos militares. En el fondo todavÃ­a pertenezco al ELSAD. Con todos los instrumentos apuntando siempre al cielo, un acontecimiento de este tipo no creo que se les haya pasado por alto.Â»

Â«Se ha dado cuenta hasta LulÃº.Â»

Â«Creo que esta gatita es mucho mÃ¡s inteligente que nosotros dos juntos.Â»

Â«Los felinos son una raza superiorÂ» dijo Elisa mientras cogÃ­a de nuevo a la gatita en brazos. Â«Â¿TodavÃ­a no te habÃ­as dado cuenta?Â»

Â«Ya. Creo que incluso los antiguos egipcios los adoraban como si fuesen dioses.Â»

Â«Justo, amor mÃ­oÂ» dijo Elisa, feliz de que la discusiÃ³n se hubiese adentrado en un campo que ella conocÃ­a a la perfecciÃ³n. Â«Bastet, por ejemplo, era una de las mÃ¡s importantes y veneradas deidades de la antigua religiÃ³n egipcia, representada o bien con semblante de mujer y cabeza de gata o directamente como una gata. En sus orÃ­genes Bastet era una divinidad del culto solar pero con el tiempo se fue convirtiendo en una diosa lunar. Cuando la influencia griega se extendiÃ³ sobre la sociedad egipcia, Bastet, diviene definitivamente una Diosa lunar, ya que los griegos la identificaron con Artemisa, personificaciÃ³n de la "Luna creciente".Â»

Â«Vale, vale. Gracias por la lecciÃ³n, eximia doctoraÂ» dijo Jack irÃ³nicamente, enfatizando la frase con una ligera reverencia. Â«Ahora, sin embargo, intentemos comprender que dÃ­ablos ha sucedido allÃ­ arriba. Voy a hacer un par de llamadas.Â»

Â«Cuando quieras, estoy siempre a tu disposiciÃ³n, amorÂ» replicÃ³ Elisa, alzando progresivamente la voz mientras el coronel se alejaba en direcciÃ³n a la tienda laboratorio.

LulÃº, ya tranquila, con los ojos cerrados disfrutaba de los mimos que su amiga humana le dispensaba en abundancia.




Nave espacial seis â InspecciÃ³n lunar


Azakis, despuÃ©s de que la mano invisible del miedo que le habÃ­a atenazado el estÃ³mago se hubiese decidido a dejarlo en paz, habÃ­a comenzado a merodear nerviosamente por el puente de mando de la nave espacial balbuceando frases incomprensibles.

Â«Â¿Quieres parar de girar en redondo como una peonza?Â» le gritÃ³ Petri. Â«De esa manera desgastarÃ¡s el suelo y conseguirÃ¡s que revoloteemos en el espacio como dos viejos satÃ©lites artificiales.Â»

Â«Â¿CÃ³mo puedes estar tan tranquilo? La Theos se ha destruido, estamos a millones de kilÃ³metros de nuestro planeta natal, no podemos comunicarnos con nadie y, aunque lo consiguiÃ©semos, serÃ­a imposible que alguien nos pueda rescatar, Â¿y tÃº? Tirado panza arriba en el sofÃ¡ como si estuvieses de vacaciones y estuvieses sentado sobre el promontorio del golfo de Saraan disfrutando del panorama al atardecer.Â»



Â«CÃ¡lmate, amigo mÃ­o, cÃ¡lmate. VerÃ¡s como encontramos una soluciÃ³n.Â»

Â«De momento no se me ocurre ninguna.Â»

Â«Porque estÃ¡s nervioso. Son las ondas gamma que tu pobre cerebro fatigado estÃ¡ emitiendo y te impiden razonar con lucidez.Â»

Â«Â¿TÃº crees?Â»

Â«SÃ­Â» respondiÃ³ Petri con una sonrisa deslumbrante. Â«SiÃ©ntate a mi lado, respira hondo y relÃ¡jate. VerÃ¡s que en poco tiempo todo te parecerÃ¡ distinto.Â»

Â«Puede que tengas razÃ³n, amigo mÃ­oÂ» dijo Azakis mientras, siguiendo el consejo del compaÃ±ero, se dejaba caer sobre la butaca gris del segundo piloto Â«pero en este momento soy capaz de hacer de todo menos relajarme.Â»

Â«Si prometes calmarte, te dejarÃ© incluso fumar una de esas porquerÃ­as malolientes que llevas siempre encimaÂ»

Â«Bueno, tambiÃ©n podrÃ­a ser una buena idea. Estoy convencido de que me ayudarÃ­a un pocoÂ». Dicho esto, sacÃ³ del bolsillo un largo cigarro oscuro hecho a mano y, despuÃ©s de haber cortado las extremidades con un extraÃ±o artilugio multicolor, se lo llevÃ³ a la boca y lo encendiÃ³. AspirÃ³ rÃ¡pidamente unas cuantas bocanadas dejando que unas pequeÃ±as nubes de humo azulado se dispersasen por la habitaciÃ³n. Con un ligero silbido el sistema automÃ¡tico de purificaciÃ³n de aire de la nave espacial se activÃ³. En pocos segundos el humo se desvaneciÃ³ y con Ã©l tambiÃ©n el olor dulzÃ³n y acre.

Â«Pero asÃ­, no tiene graciaÂ» exclamÃ³ Azakis que habÃ­a comenzado a recuperar el buen humor. Â«Me habÃ­a olvidado de lo eficientes que son nuestros sistemas de purificaciÃ³n.Â»

Â«Los proyectactes tÃºÂ» replicÃ³ Petri. Â«No habrÃ­a podido ser de otra manera.Â»

ParecÃ­a que, poco a poco, la tensiÃ³n estaba desapareciendo.

Â«Hagamos el balance de la situaciÃ³nÂ» propuso Azakis mientras, todavÃ­a con el cigarro entre los labios, activaba una serie de hologramas que se dispusieron a media altura entorno a los dos alienÃ­genas. Â«Tenemos cuatro naves espaciales operativas, incluyendo la nuestra. La Theos-2 ha aterrizado ya en Nibiru y ambos estamos fuera del radio de acciÃ³n del sistema de comunicaciÃ³n a vÃ³rtice de luz.Â» SoltÃ³ otro par de nubes de humo y a continuaciÃ³n prosiguiÃ³ Â«Carburante y reservas alimentarias al noventa y nueve por ciento.Â»

Â«Genial, veo que estÃ¡s retomando el control de la situaciÃ³n. ContinÃºaÂ» lo exhortÃ³ Petri satisfecho.

Â«Los restantes seis componentes de la tripulaciÃ³n estÃ¡n en perfectas condiciones. Escudos y armamento a pleno rendimiento. El Ãºnico problema es que no tenemos un H^COM para contactar con los Ancianos e informar sobre la situaciÃ³n.Â»

Â«En eso te equivocasÂ» exclamÃ³ Petri.

Â«Â¿QuÃ© quieres decir?Â»

Â«Quiero decir que todavÃ­a hay un H^COM en funcionamiento.Â»

Â«Pero si el Ãºnico que tenÃ­amos se ha destruido con la astronave.Â»

Â«Â¿Y el que hemos dejado a los terrestres?Â»

Â«Â¡Maldita sea! Tienes razÃ³n. No se me habÃ­a ocurrido. Debemos volver con ellos para que nos lo den.Â»

Â«Calma, amigo mÃ­o, calma. TodavÃ­a estamos a tiempo. Yo, en primer lugar, irÃ­a a dar una vuelta a la luna para ver si conseguimos recuperar algo de nuestra hermosÃ­sima nave que has hecho pedazos tan alegremente.Â»

Â«Â¿Yo? Â¿QuÃ© tengo que ver yo? Has sido tÃº quien la ha hecho explotar allÃ­ arriba.Â»

Â«Â¿Y quiÃ©n ha perdido el sistema de control remoto?Â»

Â«Eso fue culpa tuya. El mÃ©todo de enganche era defectuoso.Â»

Â«Vale, vale. Lo que ha sucedido, ha sucedido. Intentemos llegar hasta el fondo del asunto. Aunque yo sea un incorregible optimista, por el momento no consigo encontrar una soluciÃ³n brillante.Â»

Â«SerÃ¡n las ondas gammaÂ» replicÃ³ Azakis pagando al compaÃ±ero con la misma moneda. Â«Asumiendo que esas cuatro neuronas que merodean por tu cerebro vacÃ­o todavÃ­a sean capaces de emitirlas.Â»

Â«DespuÃ©s de esta pÃ©sima broma puedo finalmente anunciar que el viejo Zak estÃ¡ de nuevo entre nosotros. Bienvenido.Â»

Â«Entonces, Â¿te ves capaz de llevar esta nave espacial al lugar de la explosiÃ³n sin hacerla estrellar sobre cualquier accidente del terreno lunar?Â»

Â«Por supuesto, jefe. A tus Ã³rdenesÂ» exclamÃ³ Petri imitando los modales militares que habÃ­a vitso usar a menudo a sus amigos terrestres. Â«Destino la lunaÂ» aÃ±adiÃ³ alegremente, despuÃ©s de haber preparado los motores y configurado la ruta hacia el satÃ©lite.



Se necesitaron sÃ³lo un par de minutos para alcanzar el lugar donde la Theos se habÃ­a desintegrado. La nave espacial comenzÃ³ a sobrevolar lentamente la zona de la cara oculta de la luna que habÃ­a sufrido el impacto de la explosiÃ³n. El terreno, normalmente muy accidentado y lleno de crÃ¡teres provocados por los antiguos impactos de centenares de meteoros que, durante millones de aÃ±os, lo habÃ­an literalmente acribillado, ahora se mostraba, en una superficie de casi seiscientos kilÃ³metros cuadrados, increÃ­blemente liso y pulido. La onda de energÃ­a generada por la deflagraciÃ³n habÃ­a hecho desaparecer todo. Rocas, crÃ¡teres y depresiones ya no existÃ­an. Era como si una gigantesca apisonadora hubiese pasado sobre la zona dejando detrÃ¡s de sÃ­ una interminable llanura de suave arena gris.

Â«IncreÃ­bleÂ» exclamÃ³ Petri. Â«Parece que volamos sobre el inmenso desierto del Sihar en Nibiru.Â»

Â«La hemos hecho buenaÂ» dijo Azakis desconsolado.

Â«Â¡Que va! Â¿No ves lo hermoso que es ahora el panorama? Antes la superficie tenÃ­a mÃ¡s arrugas que nuestro Anciano Supremo, ahora, en cambio estÃ¡ lisa como la piel de un niÃ±o.Â»

Â«No me parece que haya quedado mucho de nuestra querida astronave.Â»

Â«Estoy haciendo un anÃ¡ilis en profundidad del Ã¡rea pero el trozo mÃ¡s grande que he detectado tendrÃ¡, mÃ¡s o menos, un centÃ­metro cuadrado.Â»

Â«No hay mÃ¡s que decir. El sistema de autodestrucciÃ³n ha funcionado estupendamente.Â»

Â«Eh, ZakÂ» exclamÃ³ Petri de repente. Â«SegÃºn tÃº, Â¿quÃ© es aquello?Â» e indicÃ³ un punto oscuro sobre la pantalla principal.

Â«Ni idea... no se ve bien. Â¿QuÃ© dicen los sensores?Â»

Â«No estÃ¡n detectando nada. SegÃºn ellos allÃ­ no hay nada mÃ¡s que arena pero a mÃ­ me parece ver algo mÃ¡s.Â»

Â«Es imposible que los sensores no detecten nada. Prueba a hacer un test de calibraciÃ³n.Â»

Â«DÃ¡me un segundo.Â» Petri trasteÃ³ con una serie de comandos hologrÃ¡ficos y a continuaciÃ³n sentenciÃ³ Â«Los parÃ¡metros estÃ¡n dentro de lo normal. Parece que todo funciona correctamente.Â»

Â«ExtraÃ±o... Intentemos acercarnos un poco.Â»

La nave espacial nÃºmero seis se moviÃ³ lentamente en direcciÃ³n a aquel extraÃ±os objeto que parecÃ­a aflorar de la capa de polvo y arena gris.

Â«MÃ¡xima ampliaciÃ³nÂ» ordenÃ³ Azakis. Â«Â¿Pero quÃ© es?Â»

Â«Por lo poco que se consigue ver, parece una secciÃ³n de una estructura artificialÂ» intentÃ³ adivinar Petri.

Â«Â¿Artificial? No creo que ninguno de nosotros haya instalado nada sobre la luna.Â»

Â«QuizÃ¡s hayan sido los terrestres. Creo haber leÃ­do en algÃºn sitio que han hecho unas cuantas expediciones sobre este satÃ©lite.Â»

Â«Lo mÃ¡s extraÃ±o es que los sensores no estÃ¡n revelando nada de aquello que, sin embargo, estÃ¡n viendo nuestros ojos.Â»

Â«No sÃ© quÃ© decirte. QuizÃ¡s la explosiÃ³n los ha daÃ±ado.Â»

Â«Pero si acabo de hacer una prueba y todo estaba en ordenÂ» rebatiÃ³ Azakis perplejo.

Â«Entonces, esa cosa que estamos viendo debiÃ³ de ser hecha con un material desconocido para nosotros y que nuestros sensores no son capaces de analizar.Â»

Â«Â¿Quieres decir que los terrestres han conseguido inventar un compuesto que ni siquiera nosotros conocemos, lo han traÃ­do hasta aquÃ­ arriba y han construido una base o algo parecido?Â»

Â«Y, para colmo, ahora la hemos destruÃ­daÂ» comentÃ³ Petri desconsolado.

Â«Nuestros amigos no dejan jamÃ¡s de sorprendernos, Â¿eh?Â»

Â«Cierto... Bueno, nos hemos dado un paseÃ­to. Yo dirÃ­a que, por el momento, lo dejÃ¡semos correr. Tenemos cosas mÃ¡s importantes que hacer ahora. Â¿QuÃ© dices, jefe?Â»

Â«Digo que tienes toda la razÃ³n. Dado que de la Theos no ha quedado nada que podamos reutilizar pienso que podrÃ­amos irnos de aquÃ­.Â»

Â«Â¿En ruta hacia la tierra?Â»

Â«Volvamos al campamento de Elisa e intentemos utilizar su H^COM para contactar con Nibiru.Â»

Â«Â¿Y nuestros compaÃ±eros de viaje? No podemos dejarlos de ninguna manera aquÃ­ arribaÂ» dijo Petri.

Â«Debemos organizar una base de apoyo en la tierra. Podremos instalar una especie de campamento cerca del de nuestros amigos.Â»

Â«Me parece una genial idea. Â¿Advierto al resto de la tripulaciÃ³n?Â»

Â«SÃ­. Dales las coordenadas del campamento de la excavaciÃ³n y pÃ­deles que organicen la preparaciÃ³n de una estructura de emergencia. Nosotros descenderemos primero y nos ocuparemos de contactar con los Ancianos.Â»

Â«VamosÂ» exclamÃ³ Petri alegremente. Â«Y pensar que hasta hace poco me preocupaba quÃ© podrÃ­a hacer para superar el aburramiento del viaje de regreso.Â»

En el mismo momento, a una distancia de, aproximadamente, 500 U.A.


  de nuestro sol, un extraÃ±o objeto de forma oval apareciÃ³ prÃ¡cticamente de la nada, precedido de un rayo azulado que rasgÃ³ el negro absoluto del espacio. Se moviÃ³ en lÃ­nea recta durante casi cien mil kilÃ³metros a una velocidad increÃ­ble antes de desaparecer de nuevo, engullido por una especie de enorme vÃ³rtice plateado con reflejos dorados. Toda la acciÃ³n durÃ³ sÃ³lo unos pocos segundos tras lo cual, como si nada hubiese sucedido, aquel lugar tan remoto y desolado del espacio profundo entrÃ³ de nuevo en la quietud total en la cual habÃ­a estado inmerso hasta ese momento.




Tell-elMukayyar â Contacto con Nibiru


Â«SÃ­, coronelÂ» dijo, en un tono muy claro, una voz al otro lado de la lÃ­nea. Â«Nos han informado desde distintos puntos de observaciÃ³n de la tierra de un resplandor inusual emitido probablemente desde la luna.Â»

Â«Pero la luna no emite "resplandores"Â» replicÃ³ Jack contrariado.

Â«Con respecto a esto, tiene razÃ³n, seÃ±or. Puedo decirle que nuestros cientÃ­ficos estÃ¡n todavÃ­a analizando los datos recibidos con el fin de identificar quiÃ©n o quÃ© cosa lo ha provocado.Â»

Â«En definitiva, no habÃ©is entendido nada.Â»

Â«Bueno, yo no lo habrÃ­a dicho justo de esta manera pero creo que la suya puede ser considerada una deduciÃ³n muy justa.Â»

Â«Pero cÃ³mo habla esteÂ» dijo Jack volviÃ©ndose a Elisa que, mientras tanto, habÃ­a llegado hasta Ã©l, al tiempo que con la mano cubrÃ­a el micrÃ³fono de su telÃ©fono mÃ³vil. Â«Muy bien. Gracias por la informaciÃ³nÂ» prosiguiÃ³. Â«Le ruego que, en el momento en que tenga mÃ¡s noticias, contacte conmigo inmediatamente.Â»

Â«SerÃ¡ mi prioridad, seÃ±or. Hasta luego, que tenga un buen dÃ­aÂ» y cortÃ³ la conversaciÃ³n.

Â«Â¿QuÃ© te han dicho?Â» preguntÃ³ la doctora.

Â«Beh, parece que, efectivamente, ha ocurrido algo extraÃ±o allÃ­ arriba pero nadie ha encontrado todavÃ­a una explicaciÃ³n coherente.Â»

Â«Cada vez estoy mÃ¡s convencida de que les ha ocurrido algo a nuestros amigos.Â»

Â«Venga, no pienses eso. Con su fantÃ¡stica astronave quiÃ©n sabe dÃ³nde estarÃ¡n ahora.Â»

Â«Espero, de corazÃ³n, que estÃ©s en lo cierto pero continuo teniendo un extraÃ±o presentimiento.Â»

Â«Escucha, para salir de dudas, Â¿por quÃ© no usamos el artilugio que nos han dejado e intentamos contactar con ellos?Â»

Â«Bueno, no sÃ©... DecÃ­an que sÃ³lo podrÃ­amos utilizarlo cuando estuvieran en su planeta... No creo que...Â»

Â«Vete a cogerlo y bastaÂ» la interrumpiÃ³ el coronel. A continuaciÃ³hn, percatÃ¡ndose de que habÃ­a sido muy brusco, aÃ±adiÃ³ un Â«Por favorÂ» seguido de una deslumbrante sonrisa.

Â«Vale. En el peor de los casos, no funcionarÃ¡Â» dijo Elisa mientras iba a recuperar el H^COM portÃ¡til. RegresÃ³ casi enseguida y, despuÃ©s de arreglar un poco sus largos cabellos, se puso aquella especie de extraÃ±o y engorroso casco.

Â«HabÃ­an dicho que presionÃ¡semos ese interruptorÂ» dijo Jack indicando el botÃ³n. Â«A continuaciÃ³n el sistema funcionarÃ­a solo.Â»

Â«Â¿QuÃ© hago, lo pulso?Â» preguntÃ³ Elisa dubitativa.

Â«Venga, Â¿quÃ© puede suceder?Â»

La arqueÃ³loga pulsÃ³ el botÃ³n y, articulando quizÃ¡s demasiado las palabras, dijo Â«Â¿Hola? Â¿Me escucha alguien?Â»

PermaneciÃ³ a la espera pero no recibiÃ³ ninguna respuesta. EsperÃ³ todavÃ­a algunos minutos y a continuaciÃ³n insistiÃ³ Â«Hola... Hola... Â¿Petri estÃ¡s ahÃ­? No escucho nada.Â»

Elisa esperÃ³ un poco mÃ¡s, despuÃ©s abriÃ³ los brazos y se encogiÃ³ de hombros.

Â«Pulsa de nuevo el botÃ³nÂ» sugiriÃ³ el coronel.

Intentaron repetir el procedimiento varias veces pero desde el sistema de comunicaciÃ³n no llegÃ³ a ellos ni siquiera un mÃ­sero crujido.

Â«No hay nada que hacer. QuizÃ¡s les ha sucedido realmente algoÂ» susurrÃ³ Elisa mientras se sacaba el H^COM de la cabeza.

Â«O quizÃ¡s no han llegado todavÃ­a al rango de acciÃ³n de este artilugio.Â»

El coronel no habÃ­a terminado de decir la Ãºltima frase cuando un extraÃ±o ruido proveniente del exterior llamÃ³ la atenciÃ³n de los dos.

Â«Jack, miraÂ» exclamÃ³ Elisa asombrada mientras se asomaba desde la tienda. Â«Las esferas... Se estÃ¡n reactivando.Â»

Con el corazÃ³n en un puÃ±o corrieron los dos afuera y, realmente perplejos, observaron la pirÃ¡mide virtual de aterrizaje que estaba de nuevo tomando forma. Sus amigos estaban volviendo.

Â«Ves como no han explotadoÂ» dijo Jack tranquilo.

Â«QuizÃ¡s han olvidado algo.Â»

Â«Lo importante es que estÃ¡n bien. Ahora intentemos mantener la calma. Dentro de nada descubriremos quÃ© ha sucedido en realidad.Â»

El procedimiento de aterrizaje se desenvolviÃ³ con normalidad y, en poco tiempo, las enormes figuras de los dos alienÃ­genas aparecieron sobre la plataforma de descenso.

Â«Hola chicosÂ» gritÃ³ Petri agitando su manaza sobre la cabeza.

Â«Â¿QuÃ© diablos hacÃ©is todavÃ­a aquÃ­?Â» preguntÃ³ Jack mientras los dos llegaban hasta el suelo gracias a la estructura mÃ³vil.

Â«Os echÃ¡bamos de menosÂ» replicÃ³ Petri mientras saltaba desde aquella especie de ascensor antes incluso de que tocase tierra, seguido inmediatamente despuÃ©s por su compaÃ±ero de aventuras.

Â«Nos estÃ¡bamos preocupandoÂ» dijo Elisa finalmente aliviada. Â«Hemos asistido a un extraÃ±o acontecimiento que ha ocurrido en la luna hace poco y temÃ­amos que os hubiese ocurrido algo malo.Â»

Â«Por desgracia, querida, algo malo ha sucedido realmenteÂ» dijo Azakis con aire desconsolado.

Â«Â¿Ves? Â¡Lo sabÃ­a!Â» exclamÃ³ Elisa. Â«Una vocecita dentro de mÃ­ me lo decÃ­a. Â¿Pero quÃ© ha sucedido?Â»

Â«Ha ocurrido todo de repente.Â»

Â«Â¡Por el amor de Dios! Â¿Quieres hablar? Venga, no nos tengas sobre ascuas. CuÃ©ntalo todo, ahora.Â»

Â«Nuestra nave ha dejado de existirÂ» anunciÃ³ Azakis de un tirÃ³n.

Los dos terrestres se miraron asombrados. A continuaciÃ³n fue Jack el que tomÃ³ la palabra diciendo Â«Â¿EstÃ¡is bromeando? Â¿QuÃ© querÃ©is decir con que ya no existe?Â»

Â«Quiere decir que, en este momento, el pedazo mÃ¡s grande de la Theos podrÃ­a estar tranquilamente sobre la yema de tu dedo Ã­ndice.Â»

Â«Â¿CÃ³mo ha podido suceder? Â¿Y el resto de la tripulaciÃ³n, dÃ³nde se encuentra? Â¿EstÃ¡n todos bien?Â»

Â«SÃ­, estÃ¡n bien, gracias. Ahora se encuentran sobre otras tres naves espaciales y dentro de un rato estarÃ¡n aquÃ­ con nosotros. Si no os molesta, prepararemos aquÃ­ una estructura de emergencia e intentaremos arreglarnos de alguna manera.Â»

Â«Pues claro, Â¿quÃ© problema hay?Â» dijo Jack. Â«Os ayudaremos en lo posible. No hay ni que preguntar.Â»

Â«En definitivaÂ» explotÃ³ Elisa que no conseguÃ­a frenar su curiosidad. Â«Â¿Nos podÃ©is decir de una vez quÃ© ha sucedido alli arriba?Â»

Â«Es una historia un poco largaÂ» dijo Azakis sentÃ¡ndose sobre un cubo de lata tirado por el suelo. Â«PonÃ©os cÃ³modos.Â»



DespuÃ©s de unos diez minutos, el alienÃ­gena les habÃ­a contado prÃ¡cticamente toda la historia. Desde la pÃ©rdida del sistema de contol remoto a la tentativa de desactivaciÃ³n del mismo. Desde la imprudencia de haber renunciado a su recuperaciÃ³n hasta la repentina reactivaciÃ³n del instrumento que habÃ­a provocado despuÃ©s el comienzo del procedimiento de autodestrucciÃ³n.

Â«Pero Â¡es alucinante!Â» exclamÃ³ Elisa asombrada. Â«Â¿QuiÃ©n ha podido provocar un desastre asÃ­?Â»

Â«ProbablementeÂ» dijo Azakis Â«alguien habrÃ¡ encontrado aquel extraÃ±o objeto y se habrÃ¡ puesto a estudiar sus caracterÃ­sticas. A continuaciÃ³n, habrÃ¡ encontrado alguna informaciÃ³n entre los millones de datos que hemos descargado sobre vuestros servidores y, de alguna manera, ha conseguido encenderlo, provocando de esta manera lo que sabemos.Â»

Â«Â¡Por todos los santos!Â» susurrÃ³ el coronel desconcertado. Â«Parece una historia tan absurda... Y vosotros, sabiendo lo peligroso que era un artilugio de ese tipo, Â¿no habÃ©is hecho nada para recuperarlo?Â»

Â«La culpa fue mÃ­aÂ» dijo Petri, metiÃ©ndose en la discusiÃ³n. Â«CreÃ­a que lo habÃ­a desactivado completamente y pensaba que ningÃºn terrestre, aunque lo hubiese encontrado, serÃ­a capaz de reactivarlo.Â»

Â«Y en cambio, ha sucedidoÂ» aÃ±adiÃ³ Jack. Â«Â¿TenÃ©is una idea de dÃ³nde se extraviÃ³?Â»

Â«Sinceramente, pensÃ¡bamos que lo habÃ­amos perdido durante la recuperaciÃ³n del cristal de Zenio pero, lo mÃ¡s probable, es que haya acabado en cualquier otra parte del mundo mucho mÃ¡s poblada. AllÃ­ abajo no habÃ­a nadie.Â»

Â«Zak, se me ha ocurrido una ideaÂ» exclamÃ³ Petri poniÃ©ndose en piÃ©. Â«Creo que, si trabajamos un poco, quizÃ¡s podrÃ­a determinar el momento en que el control remoto se ha desenganchado de tu cinturÃ³n.Â»

Â«No es que tenga ahora mucha importancia pero debo decir que tengo un poco de curiosidad.Â»

Â«Bien. Entonces, empecemos por informar a los Ancianos de nuestra situaciÃ³n y apenas nos hayamos acomodado intentarÃ© recuperar esta informaciÃ³n.Â»

Â«ElisaÂ» dijo entonces Azakis. Â«Por desgracia el Ãºnico H^COM que tenÃ­amos se destruyÃ³ al mismo tiempo que la Theos. Â¿PodrÃ­as, por favor, prestarnos el que te habÃ­amos dejado antes de irnos?Â»

Â«Â¿Te refieres al casco? Pues claro. Lo cojo enseguida.Â»

Â«Por desgracia la situaciÃ³n es graveÂ» susurrÃ³ Azakis volviÃ©ndose hacia el coronel, en el momento en que Elisa estuvo bastante lejos para no poder oirles. Â«Aunque consiguiÃ©semos contactar con los Ancianos, las posibilidades que tenemos de volver a nuestro planeta son ahora ya prÃ¡cticamente nulas.Â»

Â«Â¿Pero no pueden mandar a alguien a recogeros? Zaneki tiene una nave como la vuestra, Â¿o me equivoco?Â»

Â«Lamentablemente los motores instalados sobre su nave son mucho menos potentes de los que tenÃ­amos en la nuestra. Es esa la razÃ³n por la que tuvo que irse inmediatamente despuÃ©s de la transiciÃ³n de Kodon. Si no lo hubiese hecho no habrÃ­a conseguido alcanzar Nibiru, que se estaba alejando rÃ¡pidamente. Nosotros hemos podido permanecer aquÃ­ mucho mÃ¡s debido a nuestros motores experimentales. Por desgracia, la Theos era la Ãºnica de nuestra flota que los tenÃ­a. La producciÃ³n e instalaciÃ³n de otros dos nuevos podrÃ­a llevarnos un montÃ³n de tiempo. Un montÃ³n de "nuestro" tiempo.Â»

Â«Â¿QuerÃ©is decir que deberÃ­as quedar aquÃ­ hasta la prÃ³xima transiciÃ³n de Nibiru?Â»

Â«AquÃ­ estÃ¡Â» exclamÃ³ Elisa mientra volvÃ­a rÃ¡pidamente hacia ellos.

Â«Me temo que sÃ­, JackÂ» dijo Azakis en voz baja, mientras se levantaba para coger el casco H^COM que la arqueÃ³loga le estaba entregando. Â«Gracias ElisaÂ» dijo el alienÃ­gena mientras se lo ponÃ­a. Â«Veamos si funciona.Â»

Â«A decir verdad, hemos probado tambiÃ©n nosotros pero no hemos conseguido hablar con nadie.Â»

Â«AsÃ­ trabaja mi amigoÂ» comentÃ³ Azakis mirando hacia Petri. Â«JamÃ¡s funciona nada de lo que hace.Â»

Â«Muy simpÃ¡tico, como siempreÂ» replicÃ³ con aire muy serio Petri. Â«Lo recordarÃ© cuando me pidas que ponga a punto tu baÃ±o.Â»

Â«El baÃ±oÂ» exclamÃ³ Elisa sonriendo. Â«Me acuerdo perfectamente cÃ³mo funcionan vuestros baÃ±os. Una experiencia realmente inolvidable.Â»

Los cuatro soltaron una sonora risotada al tÃ©rmino de la cual Petri sacÃ³ de las manos de Azakis el casco y dijo Â«Espera, viejo gruÃ±Ã³n. Primero debo cambiar una configuraciÃ³n. El sistema estÃ¡ programado para que llamemos sobre la pobre Theos y no creo que allÃ­ te pueda responder nadie.Â»

El alienÃ­gena trasteÃ³ durante un momento con los mandos del H^COM portÃ¡til, a continuaciÃ³n, cuando quedÃ³ satisfecho con lo que habÃ­a hecho, se lo pasÃ³ de nuevo a su compaÃ±ero, diciendo Â«Prueba ahora. Esperemos que mi memoria no me haya traicionado y que haya conseguido configurarlo para conectarte con la persona adecuada.Â»

Azakis no dudÃ³ ni siquiera un segundo de la memoria de su amigo y endosÃ³ el casco. PulsÃ³ el botÃ³n de inicio y quedÃ³ pacientemente a la espera. PasÃ³ casi un minuto antes de que la imagen tridimensional de la huesuda cara de su Anciano responsable fuese proyectada directamente sobre la retina de sus ojos un poco cansados.

Â«Azakis, Â¡que placer verte!Â» dijo su canoso interlocutor alzando el delgado brazo derecho en seÃ±al de saludo. Â«Â¿Pero desde dÃ³nde estÃ¡s llamando? Tu imagen aparece muy extraÃ±a y distorsionada.Â»

Â«Es una larga historiaÂ» replicÃ³ el alienÃ­gena. Â«Lo que estoy utilizando es un aparato improvisado para comunicaciones de larga distancia.Â»

Â«Â¿No estÃ¡s en tu nave? No me dirÃ¡s que todavÃ­a no habÃ©is salido. Sabes que el lÃ­mite temporal para alcanzarnos estÃ¡ a punto de acabarse Â¿verdad?Â»

Â«Justo es de esto que querÃ­a hablarte.Â» Hizo una breve pausa para buscar las palabras adecuadas y a continuaciÃ³n prosiguiÃ³ diciendo Â«Ha ocurrido un imprevisto... Nuestra nave ya no existe.Â»

Â«Â¿CÃ³mo que no existe? Â¿QuÃ© quieres decir?Â»

Â«Ha explotado. FuÃ© activado el sistema de autodestrucciÃ³n y sÃ³lo tuvimos tiempo para ponernos a salvo antes de que todo saltase en mil pedazos.Â»

Â«Pero ese procedimiento sÃ³lo lo podÃ­as activar tÃº con tu sistema de control remoto personal. Â¿CÃ³mo pudo suceder algo asÃ­?Â» preguntÃ³ el Anciano asombrado.

Â«Digamos que han tenido lugar una serie de acontecimientos especiales, en uno de los cuales se me debiÃ³ caer.Â»

Â«Â¿Y alguien lo ha encontrado y lo ha activado en vez de ti?Â»

Â«TodavÃ­a no hemos conseguido determinar quÃ© es lo que realmente sucediÃ³, pero es una posibilidad.Â»

Â«Â¿Y ahora? Â¿CÃ³mo pensÃ¡is hacer para volver?Â»

Â«Es justo por esto que os estamos hablando. NecesitarÃ­amos una soluciÃ³n buena y rÃ¡pida para este pequeÃ±o problema.Â»

Â«Â¿PequeÃ±o?Â» replicÃ³ el Anciano levÃ¡ntandose con una agilidad sorprendente. Â«Â¿Te das cuenta de lo que estÃ¡s diciendo? La ventana temporal estÃ¡ ya en el lÃ­mite mÃ¡ximo. TendrÃ­as que haber partido ya y tÃº me dices que la Theos no existe y que estÃ¡is bloqueados en la tierra. Â¿QuÃ© deberemos hacer nosotros ahora?Â»

Â«Bueno, no sabrÃ­a decirte. Vosotros sois los Ancianos. Confiamos que, con vuestra experiencia y vuestra infinita sabidurÃ­a, nos podÃ¡is echar una mano para salir de esta desagradable situaciÃ³n.Â»

Su interlocutor volviÃ³ a sentarse dejÃ¡ndose caer pesadamente sobre la suave butaca gris, apoyÃ³ los codos sobre la repisa que habÃ­a enfrente de Ã©l y puso las manos entre los blancos y largos cabellos mientras quedaba en silencio. PermaneciÃ³ inmÃ³vil algunos segundos, a continuaciÃ³n levantÃ³ la vista y dijo Â«IntentarÃ© reunir rÃ¡pidamente al Consejo y pondrÃ© a trabajar a todos nuestros mejores Expertos. Espero poder darte pronto buenas noticiasÂ» y cortÃ³ la conversaciÃ³n.




Pasadena, California â El friqui


Â«Â¿Nada mÃ¡s?Â» exclamÃ³ el tipo grueso, decididamente con sobre peso, mientras observaba el extraÃ±o artilugio que tenÃ­a en la mano el joven friqui. Â«No me dirÃ¡s que nos has hecho esperar mÃ¡s de un mes para hacernos ver esta cosa que parpadea.Â»

Â«Os puedo asegurar que estÃ¡ funcionandoÂ» replicÃ³ el chaval aterrorizado. Â«AÃºn dirÃ­a mÃ¡s, creo que ha hecho ya aquello para lo que ha sido proyectado.Â»

Â«Muy bien, Â¿pero nos quieres decir el quÃ©?Â» chillÃ³ el tipo alto y delgado mientras se ponÃ­a de repente en piÃ©. Â«Estoy empezando a perder la paciencia.Â»

En el sÃ³tano repleto de aparatos, monitores y ordenadores de todo tipo, iluminado por una dÃ©bil luz led que se difundÃ­a reflejada desde las desgastadas paredes, la cara demacrada del chaval parecÃ­a todavÃ­a mÃ¡s pÃ¡lida de lo que era en realidad.

Â«Si no nos dices para quÃ© sirve realmente esta cosa, juro que te la hago tragar enteraÂ» exclamÃ³ el gordito cogiendo al friqui por el pescuezo.

Â«Pero si os lo he dichoÂ» rebatiÃ³ el chaval cada vez mÃ¡s atemorizado. Â«Es un sistema para activar en modo remoto un procedimiento.Â»

Â«Â¿Pero quÃ© procedimiento? Â¿De quÃ© se trata?Â» continuÃ³ el tipo gordo mientras sacudÃ­a al chaval como si estuviese agitando un Margarita.

Â«No estoy seguroÂ» intentÃ³ responder el joven. Â«Pero creo que hemos activado una cosa muy especial y peligrosa visto los sistremas de protecciÃ³n que he debido eludir.Â»

Â«ExplÃ­cate mejorÂ» dijo el gordito sin dejar de moverlo.

Â«Si me dejas te lo enseÃ±o.Â»

Â«Vale. Pero intenta ser convincente porque sino el trozo mÃ¡s grande que encontrarÃ¡n de ti sÃ³lo serÃ¡ visible con el microscopio.Â»

El chaval se puso bien la camiseta, se arreglÃ³ los largos cabellos que no veÃ­an el champÃº desde hacÃ­a mucho tiempo y se dirigiÃ³ hacia un puesto con dos teclados y una serie de ordenadores medio desmontados. TecleÃ³ rÃ¡pidamente unos cuantos comandos


  incomprensibles y despuÃ©s de unos segundos, sobre una pantalla gigante que colgaba del techo, apareciÃ³ una imagen tridimensional del extraÃ±o objeto que giraba lentamente sobre Ã©l mismo.

Â«Este es nuestro misterioso telecomando.Â»

Â«Â¿Ah, asÃ­ que ahora se ha convertido en un telecomando?Â»

Â«Bueno, dada su funciÃ³n creo que podemos llamarlo asÃ­.Â»

Â«ContinÃºaÂ» dijo el tipo flaco mientras se acomodaba sobre una silla destartalada para, de esta manera, poder observar mejor el enorme monitor.

Â«Por lo tanto, el problema principal fue el reactivarlo. He debido trabajar muchÃ­simo porque, probablemente, no sÃ³lo habÃ­a sido apagado sino que el propietario deseaba que nadie pudiese volver a encenderlo.Â»

Â«Â¿Ves cÃ³mo no se le habÃ­an descargado las baterÃ­as? Que no eres otra cosa que un imbÃ©cilÂ» exclamÃ³ el tipo corpulento volviÃ©ndose a su compinche.

Â«No, no hay ninguna baterÃ­a en su interiorÂ» continuÃ³ el friqui. Â«Creo que funciona gracias a una fuente de energÃ­a externa, una especie de flujo electromagnÃ©tico que consigue captar y transformar en pura potencia.Â»

Â«InteresanteÂ» comentÃ³ el tipo delgado. Â«Â¿Pero cuÃ¡l es su alcance?Â»

Â«En teorÃ­a, incluso centenares de miles de kilÃ³metros.Â»

Â«Â¡Caray!Â» exclamÃ³ el gordito mientras cogÃ­a el extraÃ±o objeto. Â«Â¿Quieres decir que esta pequeÃ±a cosa serÃ­a capaz de transmitir una seÃ±al desde aquÃ­ a la luna?Â»

Â«Creo que sÃ­ y probablemente ya lo hayamos hecho.Â»

Â«Â¿Y quÃ© habrÃ­a transmitido?Â»

Â«AquÃ­ viene lo interesanteÂ» continuÃ³ el chaval mientras mostraba una nueva imagen en la gran pantalla. Â«Estos son los sÃ­mbolos que, despuÃ©s de haberlo reactivado, han aparecido en la parte frontal.Â»

Â«Parece una especie de lenguaje antiguoÂ» comentÃ³ el tipo delgado. Â«Creo haberlo ya visto en algÃºn sitio.Â»

Â«De hecho, es cuneiforme. Lo usaban los sumerios miles de aÃ±os antes de Cristo.Â»

Â«Â¿Y quÃ© hacen en un instrumento tecnologicamente tan avanzado?Â»

Â«Esta es la lengua de nuestros visitantes alienÃ­genas.Â»

Â«Â¿Quieres decir que aquellos energÃºmenos que nos capturaron hablan el cuneiforme?Â» preguntÃ³ el tipo corpulento bastante sorprendido.

Â«BuenoÂ» intentÃ³ explicar el chaval Â«en realidad el cuneiforme no se habla. Es una forma de escritura. De todos modos creo que su lengua es esta.Â»

Â«Â¿Has conseguido traducirla?Â»

Â«En realidad, para garantizar que la orden fuese enviada, he tenido que meter una especie de contraseÃ±a. Se puede decir que, pulsando los sÃ­mbolos en la secuencia justa, he conseguido entrar en modo operativo.Â»

Â«En fin, Â¿como el sistema que se usa para desbloquar los telÃ©fonos mÃ³viles?Â»

Â«MÃ¡s o menos, sÃ­Â» dijo el friqui sonriendo, feliz de que los dos hubiesen entendido finalmente de lo que estaba hablando.

Â«Bien, pero aÃºn no hemos entendido su verdadera funciÃ³nÂ» rebatiÃ³ el tipo flaco bastante contrariado.

Â«Me arriesgarÃ© con una hipÃ³tesis que creo puede ser bastante aproximada a la realidadÂ» dijo entonces, con un hilo de voz, el chaval.

Â«Bueno, Â¿a quÃ© esperas? HablaÂ» replicÃ³ el gordito acercÃ¡ndose a pocos centÃ­metros de su nariz.

Â«Creo que es el sistema para activar el procedimiento de autodestrucciÃ³n de una astronave ademÃ¡s de tener no sÃ© cuÃ¡ntas funciones mÃ¡s.Â»

Los dos compinches se miraron por un instante asombrados, a continuaciÃ³n, el mÃ¡s gordo, como si alguien le hubiese hecho el regalo mÃ¡s hermoso del mundo, exclamÃ³ Â«Por favor, dÃ­me que los hemos hecho saltar por los aires.Â»

Â«Probablemente los alienÃ­genas hayan tenido tiempo de ponerse a salvo pero su medio de transporte podrÃ­a haber tenido, seguramente, un fatÃ­dico final.Â»

Â«Chaval, eres un genioÂ» exclamÃ³ el tipo corpulento. DespuÃ©s, sacÃ³ una memoria USB del bolsillo y aÃ±adiÃ³ Â«Pon aquÃ­ dentro todos los datos que hay en esa cosa y despuÃ©s borra todo. Si descubrimos que has conservado para tÃ­ aunque sÃ³lo sea un byte...Â»

Â«Lo sÃ©, lo sÃ©. Me harÃ©is pedazos.Â»

Â«Bravo. Estaba seguro de que eras un tipo listo.Â»

El procedimiento de copia durÃ³ sÃ³lo unos segundos. El friqui, despuÃ©s de haber sacado la memoria USB del ordenador, se la ofreciÃ³ al tipo corpulento que se la cogiÃ³ rÃ¡pidamente de las manos. A continuaciÃ³n, despuÃ©s de haber cogido tambiÃ©n el extraÃ±o objeto y haber metido ambos en el bolsillo derecho de los pantalones, dijo a su compaÃ±ero Â«Vamos, quizÃ¡s nuestros sueÃ±os estÃ¡n a punto de cumplirse.Â»

HabÃ­an llegado casi al umbral de la puerta cuando el joven exclamÃ³ Â«Â¿No os estÃ¡is olvidando de algo?Â»

Â«Â¿De quÃ© hablas?Â» preguntÃ³ el tipo alto y delgado.

Â«El resto de mi dinero.Â»

Â«Â¿Dinero?Â» replicÃ³ el gordito. Â«Da gracias al cielo que no te hayamos retorcido el cuelloÂ» y diÃ³ un portazo al salir.




ConstelaciÃ³n de Tauro â Planeta Kerion


A casi sesenta y cinco aÃ±os luz de la tierra, la gigante roja denominada AldebarÃ¡n ilumina dÃ©bilmente un Ã¡rido planeta conocido con el nombre de Kerion. Su superficie, hoy caracterizada por Ã¡ridos desiertos, resecos paisajes rocosos, profundas gargantas secas y lisas mesetas, no habÃ­a sido siempre asÃ­. El planeta comenzÃ³ su lento declive aproximadamente diez mil aÃ±os antes cuando, por motivos todavÃ­a desconocidos, el fluÃ­do metÃ¡lico que constituÃ­a el nÃºcleo empezÃ³ lentamente, pero de manera inexorable, a reducir la velocidad de rotaciÃ³n, provocando la progresiva reducciÃ³n de su campo magnÃ©tico.

Actualmente, la atmÃ³sfera de Kerion, compuesta tiempo atrÃ¡s principalmente de nitrÃ³geno y de aproximadamente un veinte por ciento de metano, ya casi no existe. Los daÃ±inos rayos provenientes de su estrella, no pudiendo ser frenados ya por el poderoso campo magnÃ©tico, la han disuelto gradualmente hasta reducirla a un 0,1 por ciento de su cantidad inicial. Mares de hidrocarburo lÃ­quido ocupaban casi la mitad del planeta. Lagos de metano e innumerables extensiones de helada agua salpicaban las zonas emergidas y la vida prosperaba exhuberante.el castÃ¡strofico evento sin embargo, parecÃ­a haber marcado el destino de Kerion. Sus habitantes, durane milenios, han intentado encontrar una soluciÃ³n para reavivar el nÃºcleo sin haberlo conseguido jamÃ¡s. Justo desde el inicio del declive probaron, incluso, a aventurarse en arriesgados y largos viajes interestelares buscando un planeta similar al suyo donde poder trasladarse, pero ninguna de esas misiones tuvo Ã©xito.

Llegados casi al tÃ©rmino de sus recursos naturales ya se habÃ­an resignado a la invevitable extinciÃ³n cuando una de las mentes mÃ¡s brillantes del planeta propuso lo que la mayor parte de la poblaciÃ³n creyÃ³ que era una autÃ©ntica locura: liberarse de todo aquello que podrÃ­a "morir". El keriano iniciÃ³ una serie de experimentos que, en el transcurso de unos pocos decenios, lo llevaron a extraer de los cuerpos materiales de sus semejantes aquello que nosotros podemos definir como "alma", liberÃ¡ndola de esta manera del vÃ­nculo que se creÃ­a, hasta este momento, indisoluble del cuerpo fÃ­sico. La esencia de algunos voluntarios fue separada de la materia viva y fue implantada en nuevas estructuras, completamente mecÃ¡nicas. Aquello que naciÃ³ fue una nueva especie, basada completamente sobre cuerpos cibernÃ©ticos pero dotados de una inteligencia propia y de aquella esencia cÃ³smica llamada alma o, simplemente, vida.

La separaciÃ³n de todas las almas de todos los habitantes fue completada en unos pocos aÃ±os pero, debido a la escasez de materiales adecuados para la fabricaciÃ³n de nuevos cuerpos cibernÃ©ticos, el traslado se estaba llevando con mucha lentitud. Se decidiÃ³, entonces, proceder a la conservaciÃ³n de las "esencias" en envoltorios ovoides especiales destinados a este fin, de manera que se preservasen de la destrucciÃ³n hasta que su nuevo exoesqueleto no fuese fabricado.

Los primeros nuevos seres creados, ahora ya practicamente inmortales, comenzaron una nueva epopeya de exploraciones del cosmos a la bÃºsqueda, esta vez, de planetas que pudiesen proporcionarles las necesarias materias primas para la finalizaciÃ³n del proyecto. De estos fueron identificados diez, incluso a distancia de aÃ±os luz de su planeta natal, en los que fueron construidos autÃ©nticos laboratorios donde los recursos de los planetas podÃ­an ser extraÃ­dos y utilizados in situ para la realizaciÃ³n de los nuevos cuerpos. Fudamentalmente era la presencia de helio-3 el que, mediante un complejo sistema de fusiÃ³n nuclear, garantizarÃ­a a la estructura de cada uno de los kerianos una fuente prÃ¡cticamente inagotable de energÃ­a. Para alcanzar aquellos planetas tan lejanos se crearon autÃ©nticos portales interestelares, a travÃ©s de los cuales los contenedores con las almas de los habitantes y los aparatos necesarios eran transferidos a los laboratorios de ensamblaje. La realizaciÃ³n de cada uno de los cuerpos, la instalaciÃ³n de cada una de las almas y su completa activaciÃ³n requerÃ­a cada vez un procedimiento muy largo pero, para ellos, ahora ya el tiempo no era un problema.



Â«Hemos recibido un extraÃ±o mensaje de la instalaciÃ³n ÎÂ» anunciÃ³ el keriano encargado de las transmisiones.

Â«Â¿CuÃ¡l es el mensaje?Â» replicÃ³ su superior, que respondÃ­a al nombre de Supervisor RTY y cuya conformaciÃ³n fÃ­sica recordaba mucho a una especie de araÃ±a de patas larguÃ­simas y cuerpo macizo.

Â«Se ha interrumpido de manera extraÃ±a antes de completarse. Esto es todo lo que nos ha llegadoÂ» y transmitiÃ³ en subluz


 el fragmento de la comunicaciÃ³n.



Laboratorio atacado. Enviamos de vuelta...



Â«Â¿QuÃ© cosa envian? Â¿Atacado por quiÃ©n?Â»

Â«No hay nada mÃ¡s. Desde ese momento las comunicaciones con Î se han interrumpido.Â»

Â«Intentemos reestablecerlas los mÃ¡s pronto posible y entender quÃ© ha sucedidoÂ» ordenÃ³ RTY. Â«Hay mÃ¡s de diez millones de almas en ese laboratorio a la espera de ser trasladadas.Â»

Â«Lo sÃ© muy bienÂ» dijo el encargado de las transmisiones. Â«Pero, por el momento, lo Ãºnico que recibo es la seÃ±al del contenedor (|) que estÃ¡ recorriendo el tÃºnel de intercomunicaciÃ³n.Â»

Â«QuizÃ¡s sea eso lo que nos estÃ¡n enviando de vuelta.Â»

Â«Pronto lo descubriremos. EstarÃ¡ aquÃ­ dentro de trescientos veinte cens.Â»




Tell-el-Mukayyar â La energÃ­a de las pirÃ¡mides


Â«AquÃ­ estÃ¡n, estÃ¡n bajandoÂ» dijo Petri indicando las tres naves espaciales que estaban rÃ¡pidamente acercÃ¡ndose al campo de excavaciÃ³n.

Â«DisposiciÃ³n estÃ¡ndarÂ» ordenÃ³ Azakis, en su comunicador portÃ¡til, a los pilotos de las naves.

Los dos alienÃ­genas, junto con Jack y Elisa, quedaron en silencio mientras observaban las naves espaciales que completaban las rÃ¡pidas y precisas maniobras de aterrizaje.

Â«Deberemos activar un campo de fuerza en cÃºpula para recrear una atmÃ³sfera mÃ¡s adecuada a nuestro sistema respiratorioÂ» sugiriÃ³ Petri.

Â«Estoy de acuerdoÂ» replicÃ³ Azakis. Â«Ya estoy aburrido de ponerme estos malditos artilugiosÂ» e indicÃ³ los dos tubos del respirador que tenÃ­a enfilados en las narices.

Â«Hay demasiado oxÃ­geno aquÃ­ para nosotros. QuizÃ¡s habrÃ­a sido mejor organizar nuestra base de emergencia en alta montaÃ±a.Â»

Â«No, hombre. Por lo menos por el momento. El campo de fuerza serÃ¡ mÃ¡s que suficiente a la espera de organizarnos un poco mejor.Â»

Â«Vale, tÃº eres el jefeÂ» dijo Petri, dando Ã©nfasis a la frase con una especie de saludo militar que habÃ­a visto hacer a los soldades terrrestres.

Â«Nave espacial nÃºmero dos. Activar la cÃºpula de contenciÃ³nÂ» dijo de nuevo Azakis en su intercomunicador.

Partiendo desde lo mÃ¡s alto de la nave espacial central, traicionado sÃ³lo por una ligera vibraciÃ³n del aire, una especie de velo casi invisible se extendiÃ³ rÃ¡pidamente en un radio de, aproximadamente, cien metros, formando una capa con forma de semi esfera que, desde el Ã¡pice de la pirÃ¡mide virtual de la nave espacial nÃºmero dos, se extendÃ­a uniformemente hasta hundirse en el terreno arenoso del desierto.

Â«Realmente un buen trabajoÂ» exclamÃ³ Petri satisfecho.

Â«Â¿Por quÃ© se han colocado de esa manera?Â» preguntÃ³ Elisa con curiosidad.

Â«Â¿De quÃ© manera?Â» respondiÃ³ Azakis. Â«Â¿QuÃ© quieres decir?Â»

Â«Las naves espaciales. Las pirÃ¡mides que han formado estÃ¡n casi en lÃ­nea recta y dispuestas con una de las caras hacia el sur. Las dos de los extremos estÃ¡n aparentemente alineadas mientras que las centrales parecen que estÃ¡n, levemente, fuera de los ejes.Â»

Â«Tienes unas excelentes dotes de observaciÃ³nÂ» comentÃ³ Azakis,

Â«El caso es que me recuerdan mucho a otra cosa.Â»

Â«Â¿QuÃ© cosa exactamente?Â» preguntÃ³ entonces el coronel que se sintiÃ³ interesado de repente en la discusiÃ³n.

Â«Â¿Has estado alguna vez en Egipto?Â»

Â«Hace mucho tiempo.Â»

Â«Â¿Y has visto la llanura de Giza?Â»

Â«Por supuesto que sÃ­Â» respondiÃ³ Jack. A continuaciÃ³n, dÃ¡ndose una manotada sobre la frente, exclamÃ³ Â«Pues claro. EstÃ¡n puestas igual que las tres pirÃ¡mides mÃ¡s grandes.Â»

Â«Keops, Kefren y MicerinoÂ» precisÃ³ la doctora.

Â«No tengo ni idea de lo que estÃ¡is hablandoÂ» dijo Azakis perplejo.

Â«EsperaÂ» dijo entonces Elisa. Â«Te lo enseÃ±oÂ» y se dirigiÃ³ con paso veloz hacia la tienda laboratorio. SaliÃ³ de ella despuÃ©s de poco menos de un minuto llevando en la mano un grueso libro realmente antiguo. Mientras se acercaba a los otros tres, iba pasando rÃ¡pidamente las pÃ¡ginas. Â«AquÃ­ estÃ¡. MiraÂ» y se lo mostrÃ³ al alienÃ­gena.

Â«Interesante... Â¿QuÃ© son?Â»

Â«DÃ©jame verÂ» dijo Petri sacando el libro de las manos del compaÃ±ero. Â«Ah, sÃ­. He visto este tipo de construcciones. Son parecidas a aquella de allÃ­Â» e indicÃ³ el zigurat detrÃ¡s del campamento. Â«Pero deben haber sido construidas por otro pueblo y en distintos periodos de tiempo.Â»

Â«Â¡Muy bien, Petri! Tienes razÃ³n. Nuestros estudiosos, desde el dÃ­a de su descubrimiento, se han estrujado el cerebro para comprender el motivo por el cual habÃ­an sido construidas y por quÃ© las habÃ­an dispuesto de esa manera.Â»

Â«Pero si es muy simpleÂ» dijo Petri mostrando una bella sonrisa. Â«Â¿Ves aquellas estrellas allÃ­ arriba?Â» e indicÃ³ una constelaciÃ³n en medio de todas las otras estrellas, a las cuales el sol, ya desaparecido del horizonte, habÃ­a dejado el lugar.

Â«SÃ­, claro. Nosotros la llamamos constelaciÃ³n de Orion. Coge el nombre del semi dios griego OrionÂ» dijo Elisa. DespuÃ©s, mientras con el dedo Ã­ndice dibujaba el contorno en el aire limpio del desierto, aÃ±adiÃ³ Â«Si, con una lÃ­nea imaginaria, conectamos sus estrellas, se forman la cabeza, los hombros, el cinturÃ³n y los pies de un hombre. SegÃºn la mitologÃ­a griega Orion era un gigante nacido con habilidades sobrehumanas, un poderoso cazador que mataba las presas con una maza de bronce indestructible. Cuando el hÃ©roe griego muriÃ³ fue puesto entre las estrellas por toda la eternidad.Â»

Â«Son siempre muy sugestivas vuestras historiasÂ» comentÃ³ Petri fascinado. Â«Por lo que los Ancianos nos han enseÃ±ado todas las construcciones de este tipo, y hay un montÃ³n diseminadas sobre la tierra, se refieren a nosotros.Â»

Â«Â¿A los alienÃ­genas?Â»

Â«A nosotros, los "Dioses", descendidos del cielo para crear la raza humanaÂ» precisÃ³ Petri.

Â«Y parecÃ­a que no hubiesen dejado huella aquÃ­Â» dijo Jack. Â«Parece como si todo lo que hemos hecho hasta hoy sea debido sÃ³lo exclusivamente a vosotros.Â»

Â«Bueno, pensÃ¡ndolo bienÂ» comentÃ³ Elisa Â«debo decir que no podemos culparles de todo.Â»

Â«QuerÃ­a decirÂ» aÃ±adiÃ³ Petri tranquilamente Â«que nuestras naves espaciales se han colocado simplemente como las tres estrellas del "cinturÃ³n" de vuestro Orion.Â»

Â«Â¿Y lo mismo valdrÃ­a para las pirÃ¡mides de Egipto?Â» preguntÃ³ Jack asombrado.

Â«DirÃ­a que sÃ­.Â»

Â«Entonces eran autÃ©nticas las suposiciones de nuestros cientÃ­ficosÂ» dijo casi en voz baja la doctora. A continuaciÃ³n se cogiÃ³ el mentÃ³n con los dedos Ã­ndice y pulgar y aÃ±adiÃ³ Â«Sin embargo, no he comprendido todavÃ­a el verdadero motivo de esta disposiciÃ³n.Â»

Â«Muy simple, queridaÂ» exclamÃ³ Petri. Â«EnergÃ­a.Â»

Â«Esto me lo debes explicar muy bienÂ» replicÃ³ la doctora mientras enderezaba la espalda y cruzaba los brazos.

Â«Incluso nosotros, tampoco sabemos demasiadoÂ» se apresurÃ³ a aclarar Petri. Â«Parece ser que, un objeto fabricado con forma de pirÃ¡mide es capaz de generar una especie de energÃ­a positiva benÃ©fica para todos los seres vivientes que estÃ¡n cerca de ella. Obviamente, cuanto mÃ¡s grande es el objeto mÃ¡s energÃ­a genera. Si despuÃ©s, existe tambiÃ©n una conexiÃ³n con un cuerpo celeste o mejor, con una serie de ellos, todo se amplifica de manera exponencial.Â»

Â«Â¿De quÃ© tipo de energÃ­a estamos hablando?Â» preguntÃ³ la arqueÃ³loga.

Â«Como te decÃ­a, ni siquiera para nosotros estÃ¡ claro. Muchos de nuestros Expertos se han dedicado a su estudio pero todavÃ­a no tienen datos concluyentes.Â»

Â«Por fin, algo que no sabÃ©is ni vosotrosÂ» exclamÃ³ Jack satisfecho. Â«Es casi un milagro.Â»

Â«Son muchas las cosas que no sabemos, amigo mÃ­o. A grosso modo, nosotros sÃ³lo estamos ligeramente un poco mÃ¡s evolucionados que vosotros. El universo estÃ¡ lleno de misterios. Â¿No habrÃ­as pensado que los conocÃ­amos todos?Â»

Â«Te confieso que, por un momento, lo he creÃ­do de verdad.Â»

Â«Hay conceptos que no podremos entender jamÃ¡s. Debemos resignarnos.Â»

Â«Pero nosotros somos seres inteligentes, fantasiosos, curiosos. Â¿QuÃ© nos impedirÃ­a entenderlo?Â»

Fue en este momento cuando Azakis intervino en la discusiÃ³n diciendo Â«Es sÃ³lo un problema de niveles de percepciÃ³n.Â»

Â«No he entendido nadaÂ» exclamÃ³ Elisa perpleja.

Â«Cojamos, por ejemplo, una cÃ©lula de tu hÃ­gadoÂ» continuÃ³ pacientemente Azakis. Â«ImagÃ­natela intentando razonar sobre su situaciÃ³n, su trabajo, sobre las cÃ©lulas cercanas a ella. QuiÃ©n sabe cuÃ¡ntas veces habrÃ¡ intentado comprender quÃ© hay mÃ¡s allÃ¡ de la realidad en la que vive. Â¿HabrÃ¡ otros grupos de cÃ©lulas? Â¿SerÃ¡n como yo? QuizÃ¡s habrÃ¡ incluso supuesto la presencia de un Dios. Incluso habrÃ­a intentado entrar en contacto con Ã©l, siguiendo, sabe Dios, quÃ© complejos rituales, rezando por su intercesiÃ³n en la resoluciÃ³n de sus problemas cotidiamos. Â¿Pero quiÃ©n es su Dios? Â¿Tu vesicula biliar? Â¿Tu corazÃ³n? Â¿QuÃ© percepciÃ³n podrÃ¡ tener una cÃ©lula de tu hÃ­gado sobre ti, su Dios? Â¿CÃ³mo podrÃ­a entrar en contacto contigo? Y si no te percibiese, Â¿podrÃ­a alguna vez percibirme a mÃ­? Y el mar, el cielo, el sol, la galaxia... Es lo que quiero decir con distintos niveles de percepciÃ³n.Â»

Â«Â¡Caray!Â» exclamÃ³ Elisa como si acabase de salir de un extraÃ±o trance. Â«No se me habÃ­a ocurrido... AsÃ­ que nosotros no podremos jamÃ¡s ponernos en contacto con entidades de un nivel superior ni imaginar quÃ© es lo que puede existir mÃ¡s allÃ¡ de la dimensiÃ³n en que vivimos.Â»

Â«Esto no lo sabemos. Parece ser que alguien, gracias a la energÃ­a particular aprisionada en las pirÃ¡mides de las que hablÃ¡bamos antes, podrÃ­a haber sido capaz de saltar uno o mÃ¡s niveles. Por desgracia incluso nuestros conocimientos en esta materia tan particular son todavÃ­a muy limitados.Â»

Â«FascinanteÂ» susurrÃ³ la doctora completamente alucinada. Â«AsÃ­ que tambiÃ©n vosotros estÃ¡is buscando vuestro Dios.Â»

Â«Efectivamente, es un tema que llevamos estudiando desde hace mucho tiempo.Â»

Â«Y, si ni vosotros habÃ©is conseguido llegar al fondo del asunto, figuraos cuantas esperanzas tendremos nosotros.Â»

Â«A menudo las mejores intuiciones nacen de la casualidadÂ» sentenciÃ³ Azakis. Â«Nuestras razas son muy parecidas y estoy convencido que, tanto nosotros como vosotros, podremos tener la misma posibilidad de descubrir el funcionamiento de este misterioso mecanismo, a travÃ©s del cual podrÃ­amos ponernos en contacto con las entidades superiores.Â»

Elisa cruzÃ³ las manos detrÃ¡s de la espalda y comenzÃ³ a caminar en cÃ­rculos. ReflexionÃ³ durante unos segundos y a continuaciÃ³n aÃ±adiÃ³ Â«Sin embargo, en realidad, si la cÃ©lula de antes no hiciese bien su trabajo, yo tendrÃ­a problemas y me darÃ­a cuenta. En el fondo incluso Ã©sta es una forma de contacto, Â¿me equivoco?Â»

Â«Tienes razÃ³n. Todos nosotros estamos aquÃ­ con una finalidad concreta y deberemos buscar, simplemente, hacer de la mejor manera nuestro trabajo. Es justo por esto que en Nibiru, desde el momento mismo en que nacemos, nuestros Formadores concentran sus esfuerzos en descubrir nuestra principal peculiaridad. Cada uno de nosotros posee una, de la misma manera creo que ocurra entre vosotros los terrestres. El mayor problema es descubrirla y exaltarla al mÃ¡ximo. Los Formadores, ademÃ¡s de proporcionarnos todos los conocimientos bÃ¡sicos, se ocupan justo de esto. Son ellos los que, despuÃ©s de haber analizado atentamente nuestras caracterÃ­sticas, nos envÃ­an al grupo que mÃ¡s se adapta a nuestras actitudes personales como son aquellos de los Artistas, los Artesanos, los Expertos, etc. Nosotros no debemos hacer otra cosa que dar siempre el mÃ¡ximo en la actividad en la que resaltamos y completar el recorrido que han pensado para nosotros.Â»

Â«Muy bien, muchachosÂ» intervino el coronel. Â«Â¿QuÃ© me decÃ­s de dejar a un lado todos estos discursos filosÃ³ficos y dedicarnos seriamente a resolver el problemita que tenemos ahora?Â»

Â«SÃ­, claroÂ» aÃ±adiÃ³ Petri. Â«De hecho, mientras vosotros, "cerebritos", estabÃ¡is disertando sobre los misterios del universo, yo he conseguido descargar los datos de tu grabadora personal.Â»

Â«Â¿De quÃ© estÃ¡s hablando?Â» preguntÃ³ Azakis perplejo.

Â«En honor a la verdad ni siquiera yo me acordabaÂ» continuÃ³ el Experto. Â«Sin embargo, antes de salir, me habÃ­a ocupado de activar un sistema de grabaciÃ³n personal que memorizarÃ­a todas las acciones de cada uno de los componentes de la tripulaciÃ³n.Â»

Â«SÃ­, sÃ­, ahora me acuerdo. Â¿EstÃ¡s hablando de ese aparatito que me pusiste aquÃ­ detrÃ¡s, verdad?Â» replicÃ³ el comandante mientras, torciendo el busto, intentaba seÃ±alar un pequeÃ±o rectÃ¡ndulo negro fijado sobre su cinturÃ³n gris claro.

Â«Justo, amigo mÃ­o. Y no imaginas lo bien que ha funcionado. He conseguido descubrir dÃ³nde ha acabado tu sistema de control remoto.Â»

Â«Â¿Ah, sÃ­? Â¿Y dÃ³nde ha acabado?Â»

Â«Nunca lo imaginarÃ­as.Â»




Pasadena, California â El noticiario


Â«Â¿Y ahora quÃ© hacemos con este juguetito?Â» preguntÃ³ el tipo alto y flaco mientras subÃ­a, por la parte del conductor, a bordo de un flamante Chevrolet Corvette de color rojo fuego.

Â«Â¿Hablas del automÃ³vil o del artilugio de los alienÃ­genas?Â» preguntÃ³ su corpulento compinche mientras que, con mucha dificultad, intentaba tambiÃ©n Ã©l subir a bordo del veloz auto deportivo.

Â«Hablaba del control remoto, aunque todavÃ­a no he comprendido porquÃ© has decidido comprar un auto como este, ya que ni siquiera consigues entrar.Â»

Â«Me parece que tambiÃ©n a tÃ­ te cuesta, mi querido poste de la luz.Â»

Â«Precisamente. Â¿No podÃ­as coger algo un poco mÃ¡s cÃ³modo para los dos?Â»

Â«Cuando hundas el piÃ© en el acelerador de esta bestia, entenderÃ¡s inmediatamente el porquÃ©Â» y despuÃ©s de cerrrar la portezuela con demasiada violencia, aÃ±adiÃ³ Â«Venga, vamos.Â»

Â«Â¿A dÃ³nde vamos?Â»

Â«Volvemos a la base. Quiero analizar con calma todos los datos que nos ha suministrado nuestro amigo el friqui y descubrir todos los secretos de este aparato alienÃ­gena.Â»

Â«No querrÃ¡s decir que sabes mÃ¡s que Ã©l. ParecÃ­a muy preparado.Â»

Â«Debo decir que el chaval ha hecho un trabajo excelente pero tambiÃ©n he investigado por mi cuenta.Â»

Â«Â¿De quÃ© estÃ¡s hablando?Â» preguntÃ³ el tipo delgado, perplejo.

Â«Â¿QuÃ© crees que he estado haciendo todas estas noches del Ãºltimo mes, delante del ordenador, mientras tÃº roncabas como un oso en hibernaciÃ³n?Â»

Â«Â¿Ver pÃ¡ginas porno?Â»

Â«Â¿Pero dÃ³nde te he encontrado? Ãltimamente me lo pregunto con frecuencia.Â»

Â«Es el destino que nos ha unidoÂ» replicÃ³ el tipo delgado mientras pisaba a fondo el pedal del acelerador y el Corvette volaba, dejando dos estelas negras de neumÃ¡ticos sobre el asfalto.

Â«Eh, ve despacioÂ» gritÃ³ el gordito mientras era aplastado contra el asiento debido a la repentina aceleraciÃ³n.  Â«No querrÃ¡s destrozarlo en un jesÃºs. SÃ³lo he pagado los dos primeros plazos.Â»

Â«Â¡Guau!Â» exclamÃ³ el tipo delgado.  Â«Va como un misil. Es una bestia esta joya.Â»

Â«SabÃ­a que te gustarÃ­a. Ahora, sin embargo, ten cuidado y no tires a aquella viejaÂ» dijo el tipo corpulento, indicando una frÃ¡gil seÃ±ora que estaba atravesando con lentitud la carretera.  Â«Dejemos que goce un poco mÃ¡s su jubilaciÃ³n.Â»

Â«No te preocupes, amigo mÃ­o. EstÃ¡s en buenas manosÂ» replicÃ³ el tipo que estaba conduciendo mientras que, con una brusca maniobra, esquivaba por un pelo a la viejecita.

Â«Â¡Demonios!Â» exclamÃ³ el gordito.  Â«Casi le has arrancado el vestido.Â» A continuaciÃ³n se volviÃ³ hacia atrÃ¡s y viendo a la anciana seÃ±ora que, agitando el bolso, los estaba poniendo verdes, aÃ±adiÃ³  Â«Otra serie de improperios como esos y serÃ¡s tÃº quien no conseguirÃ¡ gozar de la jubilaciÃ³nÂ» y soltÃ³ una risotada.

Â«OlvÃ­dalo. No soy nada supersticioso.Â»

Â«Haces mal. Â¿Y si fuese un rito vudÃº? PodrÃ­as encontrarte saltando como un grillo mientras la vieja te pincha con un alfiler de sombrero en el trasero en el muÃ±equito que hace las veces de tu persona.Â»

Â«Â¿Quieres parar con esas tonterÃ­as y me dices quÃ© hace esa cosa?Â»

Â«Vale, vale. No te calientes. SÃ³lo estaba bromeando, Â¿no?Â» El tipo corpulento apoyÃ³ de nuevo el objeto alienÃ­gena sobre la palma de la mano izquierda y dijo Â«El friqui tendrÃ¡, es posible, un montÃ³n de conocimientos pero, segÃºn lo que he encontrado, te puedo asegurar que he utilizado los canales a los que, seguramente, no habrÃ¡ tenido la posibilidad de acceder.Â»

Â«A veces me das miedo.Â»

Â«Â¿Quieres ver una cosa?Â»

Â«Bueno, depende de lo que sea.Â»

Â«En los diferentes archivos que he consultado con respecto a esta tecnologÃ­a alienÃ­gena, he descubierto que este artilugio, ademÃ¡s de hacer saltar por los aires las astronaves, puede hacer muchas otras cosas igualmente majas.Â»

Â«Â¿EstÃ¡s seguro que ha funcionado?Â» dijo el tipo que estaba conduciendo mientras se enfrentaba a una curva a toda mecha, aplastando al pasajero contra la portezuela.

Â«Â¡Eh! Â¿Quieres ir mÃ¡s despacio? SÃ³lo faltarÃ­a que nos persiguiera la policÃ­a y nos arrestaran de nuevo.Â»

Â«Se me ha ocurrido una ideaÂ» dijo entonces el tipo flaco.  Â«Enciende la radio.Â»

Â«Â¿Te parece que sea el momento de ponernos a oir cancioncillas?Â»

Â«No, idiota, que no eres mÃ¡s que un idiota. Pon el noticiario.Â»

El tipo corpulento, si bien un poco dubitativo, decidiÃ³ no hacer mÃ¡s preguntas y, una vez encendida la radio, comenzÃ³ a recorrer la distintas emisoras hasta que encontrÃ³ una en la que estaban retrasmitiendo las noticias del mundo.

Â«DespuÃ©s de haber irrumpido en la oficina de la sede central del banco, los cuatro ladrones, con la cara cubierta, que empuÃ±aban pistolas y fusÃ­les automÃ¡ticos, han intimidado a los empleados con el fin de llenar las bolsas con el dinero. Toda la operaciÃ³n ha durado poco menos de cinco minutos. Cuando la policÃ­a llegÃ³ los ladrones ya se habÃ­an marchado sin dejar rastro. Se han establecido puestos de control policial en todas las vÃ­as de acceso a la ciudad.Â»

Â«Â¿QuÃ© nos importa esto?Â» preguntÃ³ el gordito cada vez mÃ¡s alucinado.

Â«Paciencia, amigo mÃ­o, paciencia.Â»

Â«Ahora volvemos con los titulares. Parece ser que hay novedades interesantes. Conectamos con nuestro enviado especial en Washington, Fred Salomon.Â»

Â«Gracias Lisa. Me encuentro en la sala de conferencias de la Casa Blanca donde el presidente acaba de llegar y estÃ¡ a punto de emitir un comunicado oficial. EscuchÃ©moslo en directo.Â»

Pasaron algunos segundos de silencio, a continuaciÃ³n la inconfundible voz del Presidente de los Estados Unidos de AmÃ©rica fue difundida por los potentes altavoces del Corvette.

Â«SeÃ±oras y seÃ±ores, para empezar gracias a todos por haber venido. Por desgracia las noticias que me han llegado hasta ahora no son para nada reconfortantes. Parece ser que el insÃ³lito resplandor, detectado hace casi una hora en la luna, haya sido causado, efectivamente, por una inmensa explosiÃ³n y que en ella ha estado involucrada la astronave de nuestros amigos alienÃ­genas. TodavÃ­a no sabemos si han conseguido ponerse a salvo. Daremos otro comunicado en el momento en que tengamos mÃ¡s novedades con respecto a lo ocurrido. Gracias.Â»

Â«Â¡Por todos los demonios!Â» exclamÃ³ el gordito atÃ³nito Â«AsÃ­ que la hemos hecho saltar por los aires de verdad.Â»

Â«Â¿No estÃ¡s contento? Cuando estÃ¡bamos con el friqui parecÃ­a que era lo que mÃ¡s deseabas del mundo.Â»

Â«Bueno, sÃ­.... vale. Sin embargo, en el fondo, me da un poco de pena.Â»

Â«IncreÃ­ble. No habrÃ­a pensado jamÃ¡s que debajo de toda esa carne hubiese un corazoncito.Â»

Â«DÃ©jate de decir tonterÃ­asÂ» dijo el gordo con aire arrepentido. Â«DÃ¡le al acelerador y volvamos a la base.Â»




Planeta Kerion â El trÃ¡gico descubrimiento


Â«El contenedor (|) acaba de salir del tunel de intercomunicaciÃ³nÂ» anunciÃ³ el diminuto keriano responsable de la coordinaciÃ³n de las maniobras. Â«Dentro de 0,1 cens llegarÃ¡ al punto de atraque.Â»

Â«Quiero que lo traigan aquÃ­ de inmediato para verificar el contenido y para el anÃ¡lisis de los datos memorizadosÂ» ordenÃ³ el Supervisor RTY a su subordinado.

El extraÃ±o objeto ovoide, proveniente de casi sesenta y cinco aÃ±os luz de distancia, fue interceptado por una especie de campo de contenciÃ³n que lo desenganchÃ³ de la Ã³rbita del planeta y lo transportÃ³ rÃ¡pidamente en direcciÃ³n a una abertura de la gigantesca estructura, completamente metÃ¡lica, que se extendÃ­a por casi doscientos kilÃ³metros cuadrados a lo largo del ecuador de Kerion.

Â«Contenedor (|) casi en posiciÃ³nÂ» dijo el coordinador.

Â«DÃ¡te prisa para traerlo aquÃ­Â» exclamÃ³ RTY. Â«Debemos descubrir, como sea, quÃ© ha sucedido en ÎÂ»

En cuanto el recipiente alcanzÃ³ el punto de atraque fue enseguida custodiado por dos keriani con una figura realmente insÃ³lita. Uno era muy parecido a una especie de remolque sin ruedas, mientras que el otro se parecÃ­a mÃ¡s a un enorme cangrejo con seis pinzas. El cangrejo aferrÃ³ con delicadeza el contenedor y lo depositÃ³ en el interior del keriano/remolque que, despuÃ©s de recibir el mensaje de que habÃ­a tenido lugar el enganche, sin emitir ni un sonido, partiÃ³ a una velocidad increÃ­ble en direcciÃ³n a los laboratorios.

Â«El contenedor (|) ha llegadoÂ» exclamÃ³ el coordinador. Â«Equipo de verificaciÃ³n, efectuad un anÃ¡lisis competo del contenido.Â»

Cuatro keriani, incluso Ã©stos con unas formas muy extrambÃ³ticas, se precipÃ¬taron sobre el objeto y, despuÃ©s de haberlo sumergido en un pequeÃ±o embalse que contenÃ­a una soluciÃ³n a base de amonÃ­aco, comenzaron con el escaneo de su interior. HabÃ­an pasado pocos minutos cuando el keriano mÃ¡s pequeÃ±o de los cuatro comunicÃ³. Â«Novecientos noventa almas presentes, todas en perfectas condiciones. Estoy enviando al sistema central la grabaciÃ³n de los acontecimientos memorizados desde la cÃ¡psula.Â»

Â«La quiero en la pantallaÂ» ordenÃ³ perentoriamente RTY.

Las imÃ¡genes mostraron la superficie de la luna alejÃ¡ndose rÃ¡pidamente mientras un objeto enorme perfectamente esfÃ©rico se acercaba a la zona del laboratorio subterrÃ¡neo Î. Pasados unos segundos, un resplandor cegador saturÃ³ con su luz la grabaciÃ³n e, inmediatamente despuÃ©s, ya no habÃ­a nada. Toda el Ã¡rea parecÃ­a haber sido golpeada por un gigantesco martillo. Las imÃ¡genes mostraban sÃ³lo una zona enorme y plana del suelo lunar, increiblemente lisa y pulida. La grabaciÃ³n continuÃ³ todavÃ­a por unos momentos mostrando el satÃ©lite cada vez mÃ¡s lejos; luego, se interrumpiÃ³.

Â«El laboratorioÂ» exclamÃ³ RTY horrorizado. Â«Ha sido destruido por completo.Â»

Â«No hay nada mÃ¡sÂ» comentÃ³ con amargura el coordinador. Â«La grabaciÃ³n ha terminado.Â»

Â«Es un ataque descarado y deliberado a nuestro puesto de avanzadilla. SabÃ­a que no debÃ­amos fiarnos de aquella especie de alienÃ­genas.Â»

Â«Â¿Piensas que el arma esfÃ©rica ha sido construida por ellos?Â»

Â«Hay sÃ³lo dos planetas habitados en aquel sistema solar y en ellos hay seres de la misma especie. No tendrÃ­amos que haber establecido allÃ­ nuestra base.Â»

Â«Es una tragedia inmensaÂ» dijo con tristeza el keriano coordinador. Â«En el laboratorio habÃ­a casi diez millones de almas preparadas para ser transferidas. Se salvaron sÃ³lo las novecientas noventa que han conseguido huir a la catÃ¡strofe por medio de la cÃ¡psula (|).Â»

Â«TodavÃ­a no me lo puedo creerÂ» exclamÃ³ RTY consternado. Â«Debemos de advertir de inmediato al Supremo TYK.Â»




Tell-el-Mukayyar â Las grabaciones


Petri y sus tres amigos, de momento, se habÃ­an trasladado al interior de la tienda laboratorio de la doctora Hunter.

Â«Realmente me come la curiosidadÂ» dijo Azakis ansiosamente. Â«Me gustarÃ­a ver quÃ© es lo que no ha funcionado de tu sistema de enganche.Â»

Â«No, querido. Ya verÃ¡s como las cosas sucedieron de manera distintaÂ» replicÃ³ Petri mientras hacÃ­a aparecer, aproximadamente a medio metro del suelo, un holograma tridimensional.

Â«Esto que haces, siempre me deja atÃ³nitoÂ» exclamÃ³ Jack mientras observaba las imÃ¡genes que se formaban justo en medio de la tienda.

Â«Ahora voy un poco hacia atrÃ¡sÂ» dijo Petri mientras trasteaba con un extraÃ±o instrumento y las escenas se iban reproduciendo al revÃ©s. Â«Este es el momento en que hemos llevado al Ãrea 51 al general Campbell, el senador Preston y los dos graciosos personajes que nos han asaltado cuando estÃ¡bamos intentando recuperar la carga.Â»

Â«SÃ­, sÃ­. Me acuerdo perfectamente.Â»

Â«Ahora os enseÃ±o una cosaÂ» y el holograma mostrÃ³ al tipo corpulento que se acercaba amenazante a Azakis al tiempo que le daba una palmada en la espalda.

Â«CreÃ­a que me estaba atemorizandoÂ» dijo el comandante alienÃ­gena. Â«No me ha movido ni un milÃ­metro. Â¿QuÃ© tiene que ver esto con el extravÃ­o del control remoto?Â»

Â«Espera. Deja que agrande este detalle... Lo que estÃ¡is viendo es la mano del gordito mientras, con una habilidad finÃ­sima, te quita del cinturÃ³n el aparato.Â»

Â«Â¡IncreÃ­ble!Â» exclamÃ³ el coronel. Â«Una maniobra digna de los mejores carteristas que dan vueltas por el metro.Â»

Â«Con la excusa del golpe en el hombro ha aprovechado para robarte el control remotoÂ» aÃ±adiÃ³ Elisa. Â«Es una vieja tÃ©cnica que los ladrones de tiendas se transmiten de generaciÃ³n en generaciÃ³n.Â»

Â«Â¿Me lo ha robado Ã©l?Â» preguntÃ³ Azakis consternado.

Â«Justo, amigo mÃ­oÂ» confirmÃ³ Petri.

Â«Â¿Y cÃ³mo diablos ha conseguido reactivarlo y completar la orden de autodestrucciÃ³n? TÃº lo habÃ­as deshabilitado completamente Â¿o me equivoco?Â»

Â«SÃ­, Zak. El aparato habÃ­a sido desactivado. Probablemente, Ã©l y su compinche, despuÃ©s de haber sido liberados, se habrÃ¡n puesto a buscar entre las numerosas informaciones que hemos dejado a los terrestres y habrÃ¡n encontrado el sistema para burlar el sistema de bloqueo.Â»

Â«Esos dos han destruido nuestra astronave y nos han impedido regresar a casaÂ» explotÃ³ Azakis preso de una furia impensable en Ã©l. Â«Cuando los tenga otra vez a mano harÃ© que se arrepientan de haber nacido, te doy mi palabra.Â»

Â«CÃ¡lmate amigo mÃ­o. Ahora, lo que estÃ¡ hecho, hecho estÃ¡. No podemos hacer nada. Lo que deberÃ­amos hacer es localizar a esos dos desgraciados y recuperar lo que nos han robado antes de que descubran las otras funciones que posee.Â»

Â«Â¿Por quÃ©? Â¿QuÃ© otras cosas hace?Â» preguntÃ³ Elisa con curiosidad.

Â«OlvÃ­dalo, por el momento. Es mejor que no lo sepas.Â»

Â«Â¡Porras! Â¡CuÃ¡ntos misterios!Â» replicÃ³ la doctora un poco molesta.

Â«Tienes razÃ³n, si han conseguido descubrir cÃ³mo activar la autodestrucciÃ³n, podrÃ­an haber descubierto tambiÃ©n el restoÂ» dijo Azakis preocupado.

Â«Â¿No deberÃ­ais pensar antes de nada en un sistema para volver a casa?Â» preguntÃ³ el coronel. Â«No me parece que esto sea tan urgente.Â»

Â«Tienes razÃ³n Jack, pero ese artefacto, en las manos equivocadas, podrÃ­a resultar realmente muy peligroso.Â»

Â«Y aquellas son, decididamente, manos equivocadasÂ» aÃ±adiÃ³ Elisa.

Â«PodrÃ­a haber un sistemaÂ» dijo Petri casi en voz baja.

Â«Â¿El quÃ©? Di algo. Â¿Tengo que pedÃ­rtelo de rodillas?Â» exclamÃ³ Azakis molesto.

Â«Aquel aparato estÃ¡ dotado de un sistema de alimentaciÃ³n particular. Si estuviÃ©semos todavÃ­a en la Theos podrÃ­a fabricar un dispositivo que fuese capaz de localizar el rastro de las emisiones que se dejan atrÃ¡s.Â»

Â«Â¿Y te acuerdas ahora?Â» Azakis estaba realmente muy alterado. Â«Â¿No podrÃ­as haberlo hecho en el momento en que te has dado cuenta de su desapariciÃ³n?Â»

Â«Lo siento, pero este sistema de bÃºsqueda funciona solo si el objeto estÃ¡ en movimiento y nosotros habÃ­amos dado por descontado que te habÃ­a caÃ­do por ahÃ­.Â»

Â«CalmÃ¡os, muchachosÂ» dijo el coronel, reforzando sus palabras con un amplio gesto de sus manos. Â«De todas formas, por lo que he entendido, sin la Theos no se puede hacer nada, Â¿verdad?Â»

Â«Bueno, quizÃ¡s se podrÃ­a hacer alguna chapucillaÂ» dijo Petri rascÃ¡ndose la cabeza.

Â«Perdona el arrebato, amigo mÃ­oÂ» dijo el comandante arrepentido. Â«SÃ© que no es culpa tuya. Es un mal momento para los dos.Â» A continuaciÃ³n, mientras le apoyaba una mano sobre el hombro, aÃ±adiÃ³ Â«Haz lo que puedas. Creo que es muy importante que recuperemos ese objeto lo antes posible.Â»

Â«No te preocupes Zak. NingÃºn problema. IntentarÃ© inventar algo, arreglÃ¡ndomelas con los pocos medios que nos quedan.Â»

Â«SÃ³lo tÃº puedes hacerlo. Estamos en tus manos.Â»

Â«VoyÂ» y, sin aÃ±adir nada mÃ¡s, el Experto saliÃ³ de la tienda laboratorio dejando detrÃ¡s de sÃ­ algunas nubes de polvo.

Â«Â¿Lo conseguirÃ¡?Â» preguntÃ³ Jack dubitativo.

Â«Seguro. No tengo ninguna duda. Petri posee unas capacidades increÃ­bles. MÃ¡s de una vez le he visto realizar cosas que ni siquiera un equipo compuesto por los mejores Artesanos habrÃ­a sido capaz de hacer. Es una persona excepcional. Lamento haber sido tan rudo. Lo quiero muchÃ­simo y estarÃ­a dispuesto a dar la vida por Ã©l en cualquier momento.Â»

Â«No te preocupes ZakÂ» dijo entonces Elisa con una voz muy dulce. Â«Ãl lo sabe perfectamente. Es un mal momento pero lo superaremos sin problemas. No tengo ni la mÃ¡s mÃ­nima duda.Â»

Â«Gracias Elisa. Lo espero de corazÃ³n.Â»




Pasadena, California â La guarida


Apenas la puerta se abriÃ³, el hombre con sobrepeso fue golpeado por una placentera rÃ¡faga de aire fresco. El aire acondicionado de la habitaciÃ³n, que habÃ­a dejado encendido desde la noche anterior, habÃ­a hecho magnÃ­ficamente su trabajo.

Â«Â¡QuÃ© maravilla!Â» exclamÃ³. Â«No podÃ­a soportar por mÃ¡s tiempo aquel calor asfixiante.Â»

Â«QuizÃ¡s si te decidieses a hacer una dieta seria y te librases de toda esa grasa que tienes encima, el calor no te darÃ­a tantos problemas.Â»

Â«Â¿Por quÃ© te metes siempre con mi excedente?Â»

Â«LlÃ¡malo provisiones. PodrÃ­as estar tranquilamente un mes sin comerÂ» exclamÃ³ el tipo flaco explotando despuÃ©s de una sonora risotada.

Â«Hago como que no te he oÃ­do.Â»

El pequeÃ±o piso que los dos estaban utilizando como base de operaciones estaba amueblado de manera muy espartana. En el salÃ³n principal habÃ­a sÃ³lo una sencilla mesa de madera clara con cuatro sillas del mismo color y un pesado sofÃ¡ de color gris oscuro con los cojines y los apoyabrazos desgastados. En el rincÃ³n de al lado de la ventana francesa que daba sobre un triste patio interior, una maceta de plÃ¡stico marrÃ³n contenÃ­a el resto de una pequeÃ±a Washingtonia Filifera que, a pesar de su gran resistencia a los climas secos, habÃ­a muerto la semana anterior por falta de agua. El baÃ±o diminuto mostraba tambiÃ©n signos evidentes de abandono. Unas cuantas baldosas habÃ­an saltado de las paredes y gruesas manchas oscuras sobre el suelo descolorido daban testimonio de las filtraciones de agua que no se habÃ­an reparado jamÃ¡s. Dos pequeÃ±os y lamentables dormitorios, cada uno de ellos con una cama de una plaza y una mesita de noche barata, junto con una cocina americana con muebles viejos de hace, por lo menos, veinte aÃ±os, completaban el equipamiento de aquel apartamento, al que se podÃ­a llamar de todo menos agradable.

Â«A decir verdad, en cuanto a gusto en la elecciÃ³n de nuestros escondites, eres lo mÃ¡ximo, Â¿eh?Â» comentÃ³ el tipo alto y delgado.

Â«Â¿Por quÃ© lo dices? Â¿QuÃ© es lo que no te gusta de este sitio?Â»

Â«Es una pocilga. Eso es lo que no me gusta. Siempre estamos hablando de hacer una montaÃ±a de dinero pero, al final, acabamos siempre en uno de estos agujeros asquerosos.Â»

Â«Siempre te estÃ¡s lamentandoÂ» replicÃ³ el tipo gordo. Â«Intentemos vender este aparato y verÃ¡s como podremos dejar esta vida de una vez por todas.Â»

Â«Si tÃº lo dices... yo no estarÃ­a tan convencido.Â»

Â«Venga, pÃ¡same el ordenador portÃ¡til que te enseÃ±o una cosa.Â»

El tipo delgado sacÃ³ desde detrÃ¡s del sofÃ¡ una bolsa negra de bandolera y extrajo de ella un ordenador portÃ¡til gris oscuro. Lo observÃ³ durante un momento, a continuaciÃ³n lo pasÃ³ a su compinche que lo apoyÃ³ sobre la mesa y lo encendiÃ³. Quedaron los dos durante un rato observando la pantalla mientras el sistema operativo completaba el procedimiento de arranque hasta que, llegado a un cierto punto, el tipo flaco explotÃ³ Â«No agunto estos chismes. Paso las horas mirando barras de deslizamiento, relojes que giran, actualizaciones diversas... Â¿SerÃ¡ posible que no se consiga fabricar un ordenador que funcione como un televisor? Le das al botÃ³n y se enciende.Â»

Â«SÃ­ claro, estarÃ­a genial. Yo, en cambio, lo que mÃ¡s odio es que, cuando has acabado de usarlo y quieres apagarlo para irte a casa, te escribe un mensaje que dice "No apagar el ordenador. Instalando actualizaciÃ³n 1 de 325 en curso..." y tienes que esperar media hora mientras hace lo que le da la gana. Â¿Justo tiene que esperar a que me vaya?Â»

Â«Ay, la informÃ¡tica. Probablemente los programadores que han proyectado estos sistemas operativos gozan viÃ©ndonos a nosotros, pobres mortales, perder los nervios delante de sus "creaciones"Â»

Â«Â¿Dices que lo hacen a propÃ³sito?Â»

Â«Si piensas que hoy en dÃ­a sÃ³lo para escribir una carta, te hace falta un ordenador con una potencia de trabajo un millÃ³n de veces mÃ¡s grande que aquel que han usado en las misiones Apollo para mandar al hombre a la luna, supongo que algo ha tenido que torcerse en la revoluciÃ³n tecnolÃ³gica.Â»

Â«Bueno, el experto eres tÃºÂ» comentÃ³ el tipo flaco. Â«Estoy convencido que nos hacen perder un montÃ³n de tiempo pero sin estos aparatos ahora ya no podrÃ­amos ni siquiera il al baÃ±o.Â»

Â«OlvidÃ©moslo, serÃ¡ mejor. Mira, en cambio, lo que he descubierto en mis noches de insomnio.Â»

El hombre corpulento mostrÃ³ sobre la pantalla una serie de imÃ¡genes que debÃ­a haber cogido de algÃºn archivo que se veÃ­a que no era pÃºblico. Hizo pasar de largo algunos y a continuaciÃ³n dijo Â«AquÃ­ estÃ¡. Esto que estÃ¡s viendo creo que son una especie de combinaciones de caracteres cuneiformes capaces de activar funciones complementarias de este aparato.Â»

Â«Â¿DÃ³nde las has conseguido?Â» preguntÃ³ el tipo flaco asombrado.

Â«Si te lo dijese despuÃ©s tendrÃ­a que matarteÂ» respondiÃ³ con un aire muy serio el gordito.

El tipo alto y flaco quedÃ³ por un momento como paralizado, despuÃ©s se diÃ³ cuenta que su compinche hablaba de broma, y despuÃ©s de darle un buen coscorrÃ³n, exclamÃ³ Â«TÃº eres imbÃ©cil. Venga, dÃ©jame ver ese increÃ­ble descubrimiento.Â»

Â«Espera, dÃ©jame examinar antes quÃ© nos ha dado el friquiÂ» y metiÃ³ en el ordenador la memoria USB obtenida del chaval. Se deslizÃ³ rÃ¡pidamente por una serie de archivos, abriendo al azar alguno de vez en cuando, hasta que su atenciÃ³n fue atraida por una imagen que ya habÃ­a visto. Â«Mira estoÂ» exclamÃ³.

Â«Â¿QuÃ© es?Â»

Â«Es una secuencia de caracteres que ya conozco.Â»

Â«No entiendo.Â»

Â«TÃº estÃ¡s tonto. Esta combinaciÃ³n es la que ha activado la orden de autodestrucciÃ³n de la astronave y estoy seguro de haberla visto ya durante mis bÃºsquedas.Â»

El tipo delgado, para evitar mÃ¡s reproches, se limitÃ³ emitir un gruÃ±ido.

Â«AquÃ­ estÃ¡Â» dijo de nuevo el tipo gordo mostrando la misma serie de imÃ¡genes que estaban mirando con anterioridad pero resaltÃ¡ndolas con el ratÃ³n. Â«Es esta.Â»

Â«SÃ­, Â¿y...?Â»

Â«Entonces, si esta secuencia ya ha funcionado, probablemente estas otras que se ven aquÃ­ podrÃ­an estar activadas.Â»

Â«Tiene sentido.Â»

Â«Â¿QuÃ© te parece si probamos una de ellas?Â»

Â«Â¿No serÃ¡ peligroso? Creo que ya hemos hecho bastante daÃ±o.Â»

Â«Eres un miedicaÂ» dijo el tipo gordo. Â«En el peor de los casos haremos saltar por los aires otra de esas malditas astronaves.Â»

Â«Â¿Y si fuÃ©semos nosotros los que saltÃ¡semos por los aires? No sabemos nada de esa cosa.Â»

Â«Venga, probemosÂ» exclamÃ³ el gordo con la expresiÃ³n de un chaval que estÃ¡ a punto de hacer explotar un petardo bajo la manta del abuelo mientras duerme plÃ¡cidamente.

Â«HÃ¡zlo tÃº. Yo me voy a proteger detrÃ¡s de allÃ­.Â»

Â«Siempre tan valiente, Â¿eh? No te preocupes, lo hago yo, no eres mÃ¡s que una nenaza.Â»

El tipo corpulento, entonces, despuÃ©s de esperar a que su compinche se fuese a encerrrar en el dormitorio adyacente, tomÃ³ aire y, usando su grueso dedo Ã­ndice, trazÃ³ sobre la superficie del objeto la primera secuencia indicada en la pantalla. Justo despuÃ©s lanzÃ³ el aparato sobre el sofÃ¡ y se echÃ³ a tierra con las manos sobre la cabeza. EsperÃ³ inmÃ³vil algunos segundos pero no sucediÃ³ nada. PermaneciÃ³ todavÃ­a un rato, tendido sobre el suelo, y sÃ³lo despuÃ©s de haber constatado que no parecÃ­a que hubiese ningÃºn peligro, alzÃ³ ligeramente la cabeza. El control remoto estaba tranquilamente apoyado sobre el asiento del sofÃ¡ y no parecÃ­a que funcionase.

Â«Â¿Y bien? Â¿QuÃ© ha sucedido?Â» preguntÃ³ su compinche asomando la cabeza desde la puerta semi cerrada.

Â«Nada, absolutamente nada.Â»

Â«Â¿No te habrÃ¡s equivocado al escribir la secuencia?Â»

Â«No lo creo. Parece que hice todo correctamenteÂ» dijo el gordito mientras, con mucha cautela, se volvÃ­a a levantar y se acercaba de nuevo al objeto alienÃ­gena.

Â«Venga, prueba otra vez. Yo me quedo aquÃ­.Â»

Â«Gracias por la ayuda. Â¿QuÃ© harÃ­a sin ti?Â»

Esta vez el tipo corpulento decidiÃ³ que no se tirarÃ­a de nuevo al suelo y compuso la sequencia permaneciendo sentado en la butaca. RepitiÃ³ mÃ¡s veces la operaciÃ³n pero el objeto no parecÃ­a que reaccionase.

Â«Nada de nadaÂ» aÃ±adiÃ³ el tipo gordo.

Â«Puede que estemos destruyendo todas sus astronavesÂ» comentÃ³ el tipo alto mientras se asomaba otra vez desde la puerta.

Â«No digas sandeces. El friqui ha dicho que este chisme tiene un alcance de solo algunos cientos miles de kilÃ³metros. Nibiru vete a saber dÃ³nde estÃ¡. Yo, en cambio, creo que, es algo mucho mÃ¡s sencillo, esta secuencia no estÃ¡ operativa.Â»

Â«Entonces probamos otra, Â¿no?Â»

Â«Â¿Probamos? A mÃ­ me parece que soy el Ãºnico en "probar"Â»

Â«Eh, no seas tan intransigente. Por otra parte, Â¿quiÃ©n es el mÃ¡s entendido en tecnologÃ­a de los dos?Â»

Â«Vale, vale. Ahora pruebo con la segunda.Â»

El tipo gordo pasÃ³ los diez minutos siguientes componiendo, una despuÃ©s de otra, casi todas las combinaciones que habÃ­a visto sobre la pantalla del ordenador pero no ocurriÃ³ nada de extraÃ±o.

Mientras tanto, visto que las situaciÃ³n era de todo menos peligrosa su compinche se habÃ­a acercado hasta Ã©l y juntos estaban haciendo conjeturas y suposiciones de todo tipo.

Â«QuizÃ¡s las imÃ¡genes van al revÃ©sÂ» dijo, llegado a un punto, el tipo delgado.

Â«Que va. Los caracteres cuneiformes del control remoto estÃ¡n en el mismo orden que los del vÃ­deo.Â»

Â«Entonces, tus fantÃ¡sticas "fuentes" se deben de haber secado.Â»

Â«No es posible. Debe funcionar. Estoy convencido.Â»

Â«Me quedan sÃ³lo dos por probar. Si ni siquiera estas funcionan, tiramos esta cosa al cubo de la basura y nos vamos a beber algo fresquito.Â»

El tipo corpulento bufÃ³ y, sin aÃ±adir nada mÃ¡s, compuso, sin mucha convicciÃ³n, la penÃºltima secuencia. Tecleado el Ãºltimo sÃ­mbolo percibiÃ³ un ligerÃ­simo temblor y un instante despuÃ©s, desde la parte delantera del aparato, apareciÃ³ una especie de resplandor nada natural. Hubo un ligero chasquido y, en la parte vacÃ­a delante de ellos, se abriÃ³ una nueva ventana, perfectamente circular de casi medi metro de diÃ¡metro.

Â«Pero quÃ© demonios...Â» exclamÃ³ el tipo flaco con los ojos abiertos como platos.

Â«Por todos los cielos...Â» aÃ±adiÃ³ su amigo tambiÃ©n horrorizado.

Con las piernas todavÃ­a temblequeantes por el miedo, se levantaron y se acercaron con cautela al agujero de la pared. Fue el mÃ¡s alto el que, metiendo la cabeza en la abertura, exclamÃ³ Â«Es increÃ­ble. La pared se ha desmaterializado y hemos agujereado tambiÃ©n el cartel publicitario del coche allÃ­ abajo. Â¡EstÃ¡ por lo menos a cien metros de aquÃ­!Â»




Planeta Kerion â TYK el Supremo


Â«Supremo TYKÂ» anunciÃ³ RTY en el sistema de comunicaciÃ³n interno de la estructura ecuatorial del planeta. Â«Por desgracia soy el embajador de una terrible noticia.Â»

Â«RTY, mi fiel amigo. No temas, nada podrÃ¡ turbar mi serenidad y la de nuestro pueblo.Â»



El Supremo TYK era, en realidad, el exoesqueleto mÃ¡s grande y antiguo de todo Kerion donde, miles de aÃ±os antes, habÃ­an sido trasladadas las almas de aquellos que habÃ­an gobernado el planeta en el periodo pre-mÃ¡quina. Con el tiempo, su estructura fÃ­sica se habÃ­a convertido en algo inmenso. Su extensiÃ³n actual se acercaba a los dos kilÃ³metros cuadrados con una altura que, en algunos puntos, superaban incluso los quinientos metros lineales. TYK era un conglomerado tecnolÃ³gico multifuncional con las caracterÃ­sticas especÃ­ficas y la eficiencia de un millÃ³n de fÃ¡bricas japonesas todas juntas.



Â«Me temo que esta vez lo que ha sucedido sea verdaderamente atrozÂ» continuÃ³ el keriano responsable.

Â«Habla, Â¿quÃ© ocurre?Â»

Â«El laboratorio Î ha sido atacado y destruido. Diez millones de almas han sido aniquiladas. SÃ³lo se han salvado novecienta noventa expulsadas, por medio del contenedor (|), pocos momentos antes de la explosiÃ³n.Â»

Â«Â¿ExplosiÃ³n? Â¿De quÃ© estÃ¡s hablando? Â¿QuiÃ©n ha sido?Â» la voz, siempre suave y tranquila de TYK, habÃ­a asumido ahora un tono decididamente mucho mÃ¡s alterado.

Â«En el sistema central, referencia |^|, puedes ver directamente lo que ha sido grabado desde la cÃ¡psula mientras se alejaba del satÃ©lite.Â»

TYK quedÃ³ duratne mucho tiempo en silencio mientras miraba una y otra vez las imÃ¡gfnes capturadas por el contenedor, a continuaciÃ³n desactivÃ³ la grabaciÃ³n y dijo Â«Ese artefÃ¡cto esfÃ©rico ha sido diseÃ±ado por aquella raza alienÃ­gena que habita el planeta azul llamado |o|.Â»

Â«O quizÃ¡s por los habitantes del otro planeta que pertenece al mismo sistema solraÂ» aÃ±adiÃ³ el responsable.

Â«Ha sido un ataque despiadado por parte de esa especie primitiva hacia nuestra raza. Millones de nuestros hermamos han sido aniquilados antes de que puediÃ©semos trasladarlos. Â¿Por quÃ©?Â»

Â«Hemos pensado siempre que esos seres no representaban ningÃºn peligro para nosotros, aunque yo siempre me he opuesto a la fabricaciÃ³n de Î en su satÃ©lite.Â»

Â«Â¿CuÃ¡l es el otro planeta del que hablabas?Â»

Â«Lo llamamos |O|. Es muy parecido a |o|. Su Ã³rbita, sin embargo, es mucho mÃ¡s grande. EfectÃºa un giro completo entorno al sol cada 3.600 revoluciones de |o| y sus habitantes son de orÃ­genes muy parecidos. De hecho, segÃºn estudios hechos en su momento, parece ser que los habitantes de |O| han modificado genÃ©ticamente algunas especies que vivÃ­an en |o| para hacerlos semejantes a ellos.Â»




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