Vampiro Géminis
Amy Blankenship






Vampiro GÃ©minis

Series El GuardiÃ¡n del CorazÃ³n de Cristal Libro 6



Author: Amy Blankenship

Translated by Maximiliana Rey



Copyright Â© 2010 Amy Blankenship

EdiciÃ³n en inglÃ©s Publicado por Amy Blankenship

Segunda EdiciÃ³n Publicado por TekTime

Todos los derechos reservados.



CapÃ­tulo 1 "Cosas Peligrosas"



Tasuki observÃ³ cÃ³mo Kyoko se levantaba y se inclinaba sobre la mesa para buscar el libro de aspecto medieval que habÃ­a abierto frente a Ã©l. Sus ojos de amatista casi brillaron cuando su camisa de talla baja se aflojÃ³ y cayÃ³ sobre sus hombros antes de que ella enderezara su cuerpo. Estaba seguro de que siempre tendrÃ­a la tentadora visiÃ³n de la escisiÃ³n de Kyoko con la mÃ¡s mÃ­nima seÃ±al de encaje negro que le asomaba.

ParpadeÃ³ y seÃ±alÃ³ el pasaje de la pÃ¡gina que le habÃ­a contado. SonriÃ³ suavemente cuando sus ojos se encontraron brevemente, pero ya habÃ­a olvidado lo que habÃ­a estado diciendo, asÃ­ que Ã©l solo la dejÃ³ leer. Tasuki se retorciÃ³ un poco en su silla tratando de hacer desaparecer su incomodidad, pero sÃ³lo una inocente mirada habÃ­a hecho que por sus venas corriera fuego, y todo ese calor hacÃ­a a sus vaqueros apretados.

Sus ojos de amatista se oscurecieron atractivamente mientras archivaba la foto para mÃ¡s tarde. "Conoces a Kyoko, un dÃ­a estaremos casados... porque ambos sabemos que soy el Ãºnico tipo que estarÃ­a lo suficientemente loco como para pensar que esta es una cita caliente." Se suponÃ­a que era una broma, pero la ronquera de su voz regalÃ³ sus verdaderos sentimientos.

Kyoko brillÃ³ sus ojos de esmeralda hacia Ã©l. Probablemente tenÃ­a razÃ³n... aunque ella no lo admitiÃ³, o negarlo, y que parecÃ­a adaptarse a Ã©l muy bien. La mayorÃ­a de las veces estaban fuera tan tarde juntos... estaban matando vampiros o por lo menos caminando en la oscuridad haciendo buenos objetivos para ellos.

Fue sÃ³lo en los Ãºltimos meses que habÃ­a empezado a presionar el tema ... todo el mundo les habÃ­a etiquetado novio y novia durante todo el tiempo que podÃ­a recordar, a pesar de que nunca habÃ­a preguntado y ella nunca habÃ­a acordado ... sÃ³lo ahora querÃ­a aÃ±adir hormonas a la mezcla.

Ella casi saltÃ³ de su silla cuando la mitad de las luces dentro de la biblioteca parpadearon. El primer pensamiento que pasÃ³ por su mente fue que un demonio intrigante la habÃ­a pillado sin prestar atenciÃ³n. OyÃ³ voces lejanas y se dio cuenta de que la biblioteca estaba cerrando por la noche. Se suponÃ­a que se habÃ­an ido hace mÃ¡s de una hora, pero las personas que trabajaban allÃ­ siempre se quedaban hasta tarde.

"Vamos Kyoko, es hora de encontrar la salida antes de que se bloquee", susurrÃ³ Tasuki, Ã©l tomÃ³ su mano y rÃ¡pidamente la llevÃ³ fuera del edificio sin que nadie se diera cuenta de que estaban allÃ­ despuÃ©s de horas. Parte de Ã©l se preguntÃ³ si encerrarse con Kyoko de la noche a la maÃ±ana serÃ­a algo tan malo.

Una vez en el estacionamiento, los pasos de Kyoko disminuyeron mientras miraba hacia el cielo viendo la turbiedad de la formaciÃ³n de nubes alrededor de la luna. No era supersticiosa, pero le recordaba las escenas nocturnas que salÃ­an de las pelÃ­culas de terror... el tipo de pelÃ­culas que le daba serpenteantes abucheos.

No necesitaba la magia de Hollywood para sentir el cambio entre el bien y el mal. SerÃ­a una buena idea para Tasuki ir directamente a casa. Era un gran luchador pero dependÃ­a mÃ¡s de su instinto, y le estaba diciendo que lo sacara de allÃ­... el problema serÃ­a conseguir que aceptara marcharse.

Cuando llegaron a su coche, Kyoko mirÃ³ hacia sus ojos extraÃ±amente iluminados, sabiendo que era el Ãºnico aparte de su abuelo que en realidad conocÃ­a su secreto. Confiaba en Ã©l lo suficiente como para dejarlo venir en muchas de las cacerÃ­as de demonios. PodrÃ­a sostenerla y nunca habÃ­a dado a conocer su secreto o la dejo caer. Como hoy, habÃ­an buscado demonios de todo tipo en los libros mÃ¡s nuevos de la enorme biblioteca. Nadie se molestÃ³ en ellos se escondÃ­an en una apartada esquinaâ¦ y se habÃ­an divertido durante horas.

"Entra. Te dejarÃ© en tu casa, Kyoko". Tasuki mantuvo la puerta abierta para ella. Estaban de pie tan cerca que habrÃ­a sido fÃ¡cil inclinarse y besarla, y en su mente era justo lo que estaba haciendo.

Sabiendo que lo desecharÃ­a, Kyoko se inclinÃ³ y le dio un rÃ¡pido beso en los labios. -No, estÃ¡ bien. Mi abuelo estarÃ¡ aquÃ­ en cualquier momento para recogerme y no quiero que nos vea aquÃ­ solos juntos, asÃ­ que vete... pero llÃ¡mame cuando llegues a casa para que sepa que lo has hecho con seguridad. "Ella sonriÃ³ dulcemente con la esperanza de que no discutirÃ­a. AdemÃ¡s, sabÃ­a lo sobreprotector que podÃ­a ser su abuelo.

Tasuki mirÃ³ a su alrededor con la esperanza de que no viera el viejo camiÃ³n de su abuelo aparcado en alguna parte en las sombras. SuspirÃ³ agradecido cuando contÃ³ sÃ³lo tres coches. El anciano los habÃ­a capturado el fin de semana pasado, regresando de una cacerÃ­a de medianoche en el cementerio y amenazando su anatomÃ­a. Los mÃºsculos de la mandÃ­bula de Tasuki se flexionaron sabiendo que nunca llegarÃ­a a ninguna parte con ella si no se enfrentara al perro guardiÃ¡n de su abuelo.

VolviÃ³ a mirarla y alzÃ³ los dedos a sus labios, sintiendo todavÃ­a el calor de ella y asintiÃ³ con la cabeza. "bien Kyoko... pero si es todo lo mismo, voy a esperar aquÃ­ con usted." Ãl le dio una sonrisa maliciosa, "nunca se sabe quÃ© clase de monstruos espeluznantes estÃ¡n merodeando en la oscuridad listo para atacar." Ãl sonriÃ³ justo antes de que se abalanzara hacia su amiga en humor ficticio... haciÃ©ndola reÃ­r y correr justo fuera de su alcance.

"Tasuki viene, estarÃ© bien." Ella no pudo evitar la emociÃ³n que saltÃ³ en sus ojos mientras ella retrocediÃ³ y Ã©l la siguiÃ³... acechÃ¡ndola con el calor brillando en su mirada de amatista. Desde que habÃ­a empezado a dejar crecer el cabello, se habÃ­a vuelto salvaje, muy oscuro, con reflejos azules, y el colgante pendiente cruzado habÃ­a transformado su apariencia desde la preparaciÃ³n de la universidad hasta el caramelo de chico malo. Se estaba haciendo mÃ¡s difÃ­cil para ella desviar la vista.

Tasuki sacudiÃ³ la cabeza mientras cerraba la distancia entre ellos. -Â¿Y darle a alguien mÃ¡s la oportunidad de abalanzarte? -Su voz se volviÃ³ un toque mÃ¡s oscuro-. No lo creo.

"Como si tuvieras dinero para pagar sobre quiÃ©n se arroja", exclamÃ³ Kyoko, sintiendo que las cosas empiezan a apretarse en su abdomen inferior y sus muslos.

"En realidad lo hago", dijo Tasuki con un poco de orgullo en su voz. "Tengo dinero sobre dinero."

Kyoko se riÃ³ y sacudiÃ³ la cabeza antes de seÃ±alar en la direcciÃ³n general de la casa de Tasuki. A ella le gustaba este juego de gato y ratÃ³n un poco demasiado esta noche, y sabÃ­a que tenÃ­a que poner una parada antes de que el lÃ­mite de velocidad se cambiÃ©. "Tasuki... casa... ahora."

"Me encanta cuando te vuelves dominado por mÃ­, pero..." Tasuki dijo que sus ojos se oscurecieron atractivamente. "Usted debe saber que no va a funcionar."

Â¡Maldita sea! Kyoko dijo que le pisaba el pie porque se estaba acercando, y ella querÃ­a que Ã©l se acercara. "Â¿Recuerdas lo que pasÃ³ la Ãºltima vez que el abuelo nos encontrÃ³ juntos tan tarde? Â¿De verdad quieres perder eso? ", PreguntÃ³, seÃ±alando su entrepierna. Tan pronto como mirÃ³ a lo que estaba apuntando, tragÃ³ saliva... viÃ©ndolo tensÃ¡ndose contra la tela.

Tasuki gruÃ±Ã³, "No realmente, pero..." La mirÃ³ y sonriÃ³. "Estoy empezando a pensar que vale la pena el riesgo."

Kyoko gritÃ³ cuando Tasuki saltÃ³ de nuevo hacia delante... y esta vez se encontrÃ³ presionada contra el lado de su coche. Sus ojos de esmeralda eran anchos pero sin temor y sus dedos se apretaron ligeramente sobre sus brazos cubiertos de chaqueta. PodÃ­a sentir la flexiÃ³n de sus mÃºsculos debajo de sus dedos cuando Ã©l la apretaba a su alrededor.

Tasuki observÃ³ sus profundos ojos verdes temblar de pasiÃ³n y bajÃ³ la cabeza hasta que sus labios descansaron contra la suave piel de su cuello. SintiÃ³ una emociÃ³n correr por su cuerpo y acomodarse en su entrepierna... donde causaba dolor que se sentÃ­a realmente bien. Incapaz de resistir la tentaciÃ³n, Tasuki mordisqueÃ³ su cuello. Su cuerpo presionÃ³ contra el suyo y Ã©l gimiÃ³ cuando sus piernas largas se separaron ligeramente, concediendo su acceso del muslo. RÃ¡pidamente deslizÃ³ uno de sus muslos entre los suyos mientras se apoyaba contra ella.

"Â¿QuÃ© estÃ¡s haciendo?" SusurrÃ³, incapaz de detenerlo... no queriendo detenerlo.

Tasuki presionÃ³ su muslo contra su nÃºcleo levantando a la joven hasta que sus dedos casi no tocaron el suelo. GimiÃ³ cuando oyÃ³ que Kyoko gemÃ­a suavemente y besÃ³ un largo y lento sendero desde su cuello hasta sus labios.

"te quiero", Tasuki susurrÃ³ en un aliento desigual contra la flexibilidad de terciopelo de su boca antes de capturarla en un beso exigente.

Los ojos de Kyoko revoloteaban cerrados, y ella se tragÃ³ el gemido que amenazaba con emerger. Esta no fue la primera vez que Tasuki se las arreglÃ³ para robarle un beso... pero nunca antes habÃ­a sido tan apasionado. Ella gimiÃ³ cuando su lengua se rozÃ³ en sus labios... luego lentamente la empujÃ³ mÃ¡s allÃ¡.

Tasuki se quejÃ³, saboreando la dulzura mÃ¡s allÃ¡ de los labios de Kyoko. Sus brazos se deslizaron alrededor de su cintura pequeÃ±a, levantÃ¡ndola sÃ³lo un poco, manteniÃ©ndola atrapada entre Ã©l y el coche. ApretÃ³ la pierna mÃ¡s fuerte en el Ã¡pice de sus muslos y se sacudiÃ³ en su contra. Tasuki estaba eufÃ³rico cuando Kyoko regresÃ³ el beso con una pasiÃ³n que rivalizaba con la suya.

Kyoko sintiÃ³ que una de las manos de Tasuki se movÃ­a de lado a su hombro y se enterraba en su cabello castaÃ±o. Por el momento, ella se alegrÃ³ de que su abuelo no iba a venir a recogerla porque ella nunca quiso el beso para terminar. No por primera vez, Kyoko tuvo la tentaciÃ³n de dejar que Tasuki la llevara a casa... con Ã©l.

Ella casi lo sugiriÃ³ cuando Ã©l pasÃ³ su mano por su pierna y la envolviÃ³ alrededor de su rodilla... sacudiÃ©ndola hacia adelante para poder presionarse mÃ¡s fuerte contra su nÃºcleo.

Â¿CÃ³mo se sentirÃ­a al despertar al lado de Tasuki a primera hora de la maÃ±ana? Â¿Le sonreirÃ­a a su Ãºltima moda de cabeza de cama? Â¿La harÃ­a desayunar en la cama antes de arrebatarla otra vez? HabÃ­a tantas preguntas que Kyoko estaba muy, muy tentada a aprender las respuestas a... otra razÃ³n mÃ¡s por la que estaba pensando en irse a casa con Ã©l.

Mientras luchaba por acercarse aÃºn mÃ¡s, la misteriosa sensaciÃ³n de que estaban siendo vigilados se estremeciÃ³ hasta su espina dorsal... haciÃ©ndola alejarse de los dominantes labios de Tasuki. TenÃ­a que empujar contra Ã©l para poder deslizarse por su pierna y ponerse de pie por sÃ­ misma. La acciÃ³n no fue sin repercusiones sin embargo, enviÃ³ choques de sensaciones arriba y abajo del cuerpo de Kyoko.

Por un momento permanecieron cerca con sus frentes juntasâ¦ tratando de recuperar el aliento.

CerrÃ³ los ojos preguntÃ¡ndose si sus muslos palpitaban tan fuertemente como los suyos.

Su voz era temblorosa, y tuvo que intentarlo dos veces antes de que pudiera decir las malditas palabras. "Vaya a casa Tasuki, estarÃ© bien." Ella vio la expresiÃ³n en su cara y casi cambiÃ³ de opiniÃ³n. Sin embargo, ella necesitaba aferrarse a sus armas... "Â¡Prometo!"

Tasuki apretÃ³ los dientes para no mendigar, mientras reinaba en sus emociones. SabÃ­a que habÃ­an dado otro paso esta noche en la direcciÃ³n que querÃ­a, asÃ­ que en lugar de tomarlo como una pÃ©rdida, sabÃ­a que era una victoria. "Bien, pero la prÃ³xima vez serÃ© yo quien te lleve a casa". Por supuesto, su idea de llevarla a casa la dejÃ³ en su cama... no la suya.

Kyoko retrocediÃ³ bajo la luz del farol a plena vista mientras Tasuki vacilaba, luego empezÃ³ a caminar hacia ella. Hizo una pausa, como si estuviera luchando en una guerra silenciosa dentro de sÃ­ mismo, pero cuando Kyoko sonriÃ³ y sacudiÃ³ la cabeza, apretÃ³ las manos a los costados y volviÃ³ hacia el coche.

PreguntÃ¡ndose por la tensiÃ³n en su pecho, Tasuki mirÃ³ preocupado por encima de su hombro hacia ella. Su mirada amatista brillaba en la tenue luz causando algo de suscitar en el corazÃ³n de Tasuki. Ella sabÃ­a que estaba confundida, pero ella no podÃ­a hacer nada esta nocheâ¦ no sin ponerlos en peligro. Ella sonriÃ³ brillantemente y lo saludÃ³, diciÃ©ndole que ella estarÃ­a bien.

Tomando una decisiÃ³n, Tasuki devolviÃ³ la sonrisa. EntrÃ³ en su coche y pasÃ³ junto a ella, tocando la bocina en despedida. SintiÃ³ los dedos frÃ­os de miedo que le aferraban el corazÃ³n, y sabÃ­a que si no daba vueltas... no la vigilaba... que de alguna manera se escaparÃ­a.

Su sonrisa se desvaneciÃ³ lentamente mientras veÃ­a su coche girar la esquina. De pie muy quieta, Kyoko flexionÃ³ su mano lentamente haciendo un puÃ±o y soltÃ¡ndola. Un pequeÃ±o dardo de espÃ­ritu apareciÃ³ y desapareciÃ³ dentro de su agarre. Esta arma era lo Ãºnico que podÃ­a mantenerlos a salvo.

Ella habÃ­a rechazado el ofrecimiento de Tasuki de llevarla a casa por una razÃ³n... desde que habÃ­an salido de la biblioteca, algo habÃ­a estado observÃ¡ndola desde las sombras. PodÃ­a sentir sus ojos en ella ahora, dejÃ¡ndola frÃ­a. Ella gruÃ±Ã³ a sÃ­ misma por dejar que Tasuki la distrajera asÃ­. Se culpaba a sÃ­ misma... no a Ã©l.

Tasuki habÃ­a estado ayudÃ¡ndola a luchar contra los demonios casi tanto tiempo como ella habÃ­a estado luchando contra ellos. Incluso le habÃ­an comprado un arma hace un tiempo y parecÃ­a que le convenÃ­a. Ella le habÃ­a enseÃ±ado muchos movimientos que ayudaron durante una pelea, pero aun asÃ­... si se lastimÃ³, serÃ­a culpa suya.

Ella habÃ­a mentido a Tasuki diciendo que su abuelo estarÃ­a allÃ­ en cualquier momento para recogerla. La verdad era que su abuelo no venÃ­a en absoluto. Pero si ella no hubiera enviado a Tasuki a casa, entonces el demonio los habrÃ­a encontrado en una posiciÃ³n comprometedora y los habrÃ­a matado a ambos... y mientras mÃ¡s sus sentimientos crecieran para Tasuki, menos querÃ­a arriesgarle a hacerse daÃ±o.

SabÃ­a que Ã©l se quedarÃ­a con ella y pelearÃ­a. Pero Ãºltimamente habÃ­a tenido pesadillas recurrentes acerca de que Tasuki era mordido por uno de los monstruos, y le robÃ³ continuamente el sueÃ±o. Kyoko no pensaba que ella serÃ­a capaz de vivir con ella misma si Tasuki se convirtiera en uno de ellos... porque entonces tendrÃ­a que matarlo... Â¿verdad?

Inhalando suavemente, empezÃ³ a caminar en direcciÃ³n a su casa... sabiendo que tardarÃ­a al menos una hora en llegar allÃ­. Lo que la acosaba, esperaba que no esperase tanto tiempo para mostrarse.

DespuÃ©s de caminar un par de cuadras sin ser atacada, Kyoko comenzÃ³ a molestarse. Ella incluso se volteÃ³ el cabello sobre un hombro para exponer su cuello como un plato de la cena... esperando que el demonio se apurara a hacer su movimiento porque estaba cansado, y querÃ­a ir a casa.

Probablemente Tasuki ya habÃ­a llamado para controlarla... o al menos esperaba que lo hubiera hecho. Ella tuvo un flashback de estar entre su auto y su cuerpo... haciÃ©ndola gemir de frustraciÃ³n. Ella iba a patear el culo de este demonio por interrumpirla, si alguna vez llegaba a atacar.

Su caminata la llevÃ³ a otra calle del vecindario, y ella oyÃ³ un perro gruÃ±endo profundo y bajo de algÃºn lugar cerca. Sus labios se adelgazaron, sabiendo que los perros odiaban a los vampiros. Probablemente los odiaban porque si un vampiro no podÃ­a encontrar a un humano para alimentarse, entonces el perro de repente harÃ­a el menÃº. Sus dientes apretados cuando un sonido agudo seguido del gruÃ±ido... el mismo sonido que usted oye cuando un perro se daÃ±a muy mal.

El sonido la hizo parar... y Kyoko sintiÃ³ frÃ­o sabiendo que el pobre estaba muerto.

Ella frunciÃ³ el ceÃ±o mientras ella se arrodillaba y colocaba sus libros en el suelo pretendiendo atar su zapato. "Venga ya" aÃ±adiÃ³, como si la declaraciÃ³n estuviera dirigida a la cuerda de la que estaba tirando.

El demonio probablemente vendrÃ­a detrÃ¡s de ella porque la mayorÃ­a de los vampiros que habÃ­a luchado eran cobardes por naturaleza... y no querÃ­a dar a su vÃ­ctima una oportunidad de pelea. Es por eso que ella hizo un buen objetivo con su pequeÃ±a figura y sus 110 libras... si hubiera sido una chica humana normal, no tendrÃ­a ninguna oportunidad.

Ella rodÃ³ los ojos cuando no pasÃ³ nada. De pie, Kyoko se volviÃ³ hacia el cÃ­rculo y tratÃ³ de encontrar su objetivo... y se estremeciÃ³ cuando lo vio. MirÃ³ al otro lado de la calle una sombra, donde un niÃ±o pequeÃ±o la miraba fijamente. El perro sin vida estaba a sus pies. La piel y el cabello del niÃ±o eran blancos como la nieve, pero incluso a esa distancia podÃ­a distinguir que sus ojos eran negros.

QuÃ© extraÃ±o... la mayorÃ­a de los vampiros se parecÃ­an exactamente a los humanos. Eso era lo que los convertÃ­a en los mÃ¡s peligrosos de todos los demonios que vagaban secretamente por la tierra. Este chico no parecÃ­a humano en absoluto. Mientras lo observaba, estaba atrapada entre la tristeza de que alguien se volviera tan joven... y el conocimiento de que ya no importaba.

Yuuhi la mirÃ³ con los ojos cerrados... casi deseando que fuera Ã©l quien la iba a beber. Le gustaban los bonitos. LlamÃ³ a sus hijos mestizos, preguntÃ¡ndose cuÃ¡nto tiempo iba a durar contra ellos. InhalÃ³, pero no pudo encontrar el olor del miedo que normalmente calentaba su sangre frÃ­a. Ãl sin embargo encontrÃ³ su olor para ser una mezcla de pureza y peligro... y se preguntÃ³ en ello. Yuuhi observÃ³ cÃ³mo los vampiros bajo su esclavo venÃ­an de las sombras detrÃ¡s de ella.

Sintiendo un cosquilleo de advertencia barrido por la parte de atrÃ¡s de su cabeza, por su cuello y columna vertebral, Kyoko se dio la vuelta sabiendo que habÃ­a sido un arreglo para llamar su atenciÃ³n y bastante seguro... ella estaba rodeada. HabÃ­a estado esperando a un vampiro, no a tres... cuatro si contaba al niÃ±o.

"Bueno, supongo que tengo lo que pedÃ­", se burlÃ³ Kyoko mientras trataba de concentrarse en todos ellos a la vez.

Un vampiro de aspecto de alumno de colegio privado se burlÃ³, lo que realmente arruinÃ³ su buena apariencia. -Tengo lo que querÃ­as, Â¿eh? Tengo lo que quieres bebÃ©. "Ãl le dirigiÃ³ los dientes mientras intentaba capturar su mirada y ponerla bajo su esclavo.

Kyoko sabÃ­a lo que estaba haciendo... y sintiÃ³ una satisfacciÃ³n instantÃ¡nea de que ningÃºn vampiro hubiera podido quitarle la voluntad durante una pelea. Lo mirÃ³ de arriba abajo. "Lo dudo", ella se burlÃ³ cuando se preguntÃ³ si la bocina harÃ­a el primer movimiento. "Los sexualmente frustrados no son realmente mi tipo," Ella sonriÃ³ cuando Ã©l gruÃ±Ã³.

Al menos estos vampiros parecÃ­an normales. Bueno... casi tan normal como tres hombres jÃ³venes que parecÃ­an pertenecer al equipo de debate de la universidad, con los colmillos colgados. No era todos los dÃ­as que viste a un vampiro que llevaba un Armani. Diablos, estos tres probablemente gritarÃ­an sus ojos de no-muertos si se ensuciaban. Y, por supuesto, no podÃ­a olvidar al mortal niÃ±o que los miraba como un voyeur enfermo.

Ese pensamiento la hizo temblar interiormente. HabÃ­a oÃ­do historias sobre ese tipo de cosas entre vampiros. Algunos de ellos descendÃ­an sobre la vÃ­ctima de su elecciÃ³n, y comenzaban a beber o violar mientras otros miraban. Una cosa que las pelÃ­culas tienen derecho es que los vampiros eran criaturas muy sexuales y muchos de ellos no tenÃ­an ninguna preferencia... hombre o mujer que no importaba... No tanto.

"Yo no dejarÃ­a tu trabajo del dÃ­a si yo fuera tÃº," Ella se riÃ³ de su propio juego de palabras... y luego lo arrojÃ³ justo en la ingle. Otra cosa acerca de los vampiros, que podrÃ­a ser mÃ¡s rÃ¡pido y mÃ¡s fuerte, pero los hombres todavÃ­a tenÃ­an las mismas debilidades que sus homÃ³logos humanos.

Ella se agachÃ³ justo cuando alguien se acercaba y se sorprendiÃ³ por la velocidad que tenÃ­a... Mucho mÃ¡s de lo normal. Ella nunca habÃ­a tratado con algo tan rÃ¡pido antes. ApretÃ³ el puÃ±o sintiendo el poder del dardo del espÃ­ritu en la palma de su mano.

Desviando otro demonio, ella torciÃ³ la parte superior del cuerpo cuando uno de los vampiros se lanzÃ³ hacia adelante, golpeÃ¡ndolo con el dardo. Una mano frÃ­a y pegajosa envolviÃ³ su muÃ±eca y tirÃ³, haciendo que su cuerpo se retorciera mÃ¡s... casi dolorosamente. Kyoko utilizÃ³ el Ã­mpetu y dejÃ³ que el resto de su cuerpo siguiera el movimiento, agarrando al vampiro por la manga de su chaqueta y golpeÃ¡ndolo contra el suelo.

Rodaron una vez en el suelo y se detuvieron con Kyoko sentada en el estÃ³mago de la bocina. TenÃ­a que moverse con rapidez o sabÃ­a que no tendrÃ­a otra oportunidad.

-AquÃ­ hay algo para ti -le informÃ³. Levantando el brazo, ella apuÃ±alÃ³ con el dardo del espÃ­ritu. El tercer vampiro se estrellÃ³ contra ella desde el costado... haciÃ©ndola rodar y deslizarse por el suelo. Esta vez, se encontrÃ³ en el fondo mirando hacia arriba.

De acuerdo, esto estaba empezando a enojarla. Alzando la vista, notÃ³ que este tipo parecÃ­a un estudiante "A" directo que habÃ­a decidido traer un arma a la escuela. La seÃ±al sÃ¡dica de asesinato en sus ojos era un regalo muerto.

"Yo no creo que seas tan amable". Se doblÃ³ la muÃ±eca con un Ã¡ngulo extraÃ±o, tocÃ³ el dardo en su mano y lo cortÃ³ con una pequeÃ±a herida. Ella fue recompensada cuando la piel del vampiro empezÃ³ a humear... haciÃ©ndole gritar en agonÃ­a. Llevando sus rodillas contra su pecho, utilizÃ³ sus pies y piernas para lanzar al demonio. NavegÃ³ a unos metros de distancia, todavÃ­a gritando mientras su brazo se derretÃ­a lentamente del resto de su cuerpo.

En unos momentos, no serÃ­a mÃ¡s que un charco burbujeante de polvo en la acera que desaparecerÃ­a antes de que el sol anunciara un nuevo dÃ­a. Kyoko nunca habÃ­a pensado mucho en dÃ³nde iba; Ella estaba feliz de no tener que limpiar el desorden.

"TirÃ³n", Kyoko lanzÃ³ el insulto mientras recuperaba rÃ¡pidamente su equilibrio. HabÃ­a sido mimada con pelear uno a uno a lo largo de los aÃ±os... asÃ­ que Ã©sta era una nueva para ella.

ArqueÃ³ una ceja cuando el grito del vampiro desapareciÃ³ rÃ¡pidamente. "Obviamente no es un descendiente directo", pensÃ³. Su abuelo los llamÃ³ la basura de los demonios, no vampiros puros de la sangre o demonios... apenas media-casta. Pero... todavÃ­a llevaban el mismo nombre. El mejor grado de vampiro, el mÃ¡s lento que se derritiÃ³... bruto pero cierto.

SabÃ­a que se decÃ­a que los antiguos eran mucho mÃ¡s poderosos que esto, pero incluso el abuelo Hogo no estaba seguro de si los puros vampiros de sangre podÃ­an resistir sus dardos espirituales. Una vez le habÃ­a dicho que el dardo del espÃ­ritu no era mÃ¡s que la luz del sol aprovechada en un arma que sÃ³lo podÃ­a ser evocada por una sacerdotisa o un guardiÃ¡n.

Kyoko vio un puÃ±o acercarse a su rostro y girÃ³ la cabeza hacia un lado sabiendo que no tenÃ­a tiempo para hacer nada para detenerla. Si se tomaba el tiempo para jugar a la bola de esquivar, entonces habrÃ­a consecuencias y ella estarÃ­a en el lado perdedor de ellos. Sintiendo el impacto de los nudillos dividir la piel en su mejilla, de repente cruzÃ³ la lÃ­nea de contrariada a ajumada.

Lo Ãºltimo que necesitaba era ir a casa como si hubiera estado en una pelea de pandillas. Ella gruÃ±Ã³ cuando la bocina se acercÃ³ lo suficiente para rasgar su camisa casi abierta, dejando cuatro rasguÃ±os profundos en su pecho izquierdo.

"Pervertido," Ella le silbÃ³, sabiendo que lo habÃ­a hecho a propÃ³sito. La sonrisa lejana que Ã©l le dio lo confirmÃ³.

Su madre se preocuparÃ­a si llegara a casa herida, pero el abuelo Hogo sÃ³lo la ayudarÃ­a a que le arreglaran y la dejaran ir a la cama. SabÃ­a que sanaba diez veces mÃ¡s rÃ¡pido que un ser humano normal. HabÃ­a pasado los Ãºltimos aÃ±os entrenÃ¡ndola para que fuera lo que ella se habÃ­a convertido.

El abuelo habÃ­a sabido de ella mucho antes de que ella hubiera nacido... o asÃ­ lo dijo. Los viejos pergaminos pasados a travÃ©s de la familia hablaban del guardiÃ¡n del corazÃ³n de cristal... y de la sacerdotisa que lo poseÃ­a.

Al principio ella no le habÃ­a creÃ­do, pero su mente cambiÃ³ abruptamente cuando tenÃ­a sÃ³lo diez aÃ±os. Ella lo vio luchar contra un vampiro mientras Ã©l la llevaba a su casa una noche de la fiesta de cumpleaÃ±os de Tasuki. Se habÃ­a divertido tanto que se habÃ­a quedado incluso despuÃ©s de que los otros chicos se hubieran ido a casa.

Cuando fueron atacados, habÃ­a sido muy extraÃ±o ver a un hombre de su edad moverse con la misma gracia letal de un guerrero hÃ¡bil. Lo que era aÃºn mÃ¡s extraÃ±o era que el demonio habÃ­a sido muy real. HabÃ­a salido corriendo para ayudar a su abuelo y golpeÃ³ al monstruo en la espalda con su puÃ±o... eso fue cuando habÃ­a visto por primera vez el dardo del espÃ­ritu. TodavÃ­a estaba en su mano mientras el vampiro se derretÃ­a.

Una vez terminada la pelea, Kyoko recordÃ³ haber preguntado a su abuelo quÃ© le habÃ­a atacado. El abuelo Hogo entonces explicÃ³ que mientras Ã©l era bastante fuerte para luchar contra los demonios, Ã©l no tenÃ­a el mismo poder que Kyoko ni la capacidad de curar tan rÃ¡pidamente de lesiÃ³n.

InsistiÃ³ en que habÃ­a nacido con un regalo. ParecÃ­a sentirse orgulloso de haberlo visto durante su vida. Esto llevÃ³ a una larga explicaciÃ³n de que el vampiro estaba en realidad detrÃ¡s de ella, que los demonios la habÃ­an acosado desde su nacimiento... debido al poder sagrado que ella albergaba en su alma.

No sabÃ­a por quÃ© las criaturas podÃ­an usarlo, pero su lujuria por ella sÃ³lo se habÃ­a vuelto mÃ¡s fuerte a lo largo de los aÃ±os. El abuelo habÃ­a llegado a la conclusiÃ³n de que tal vez habÃ­a sido colocado dentro de ella sÃ³lo para atraer a los demonios hacia ella, para poder destruirlos.

Kyoko todavÃ­a temblaba de repugnancia ante aquella noticia. A veces le hacÃ­a preguntarse quÃ© mÃ¡s le habÃ­a estado ocultando su abuelo. Una cosa era cierta... ella no lo habÃ­a mirado igual desde entonces... tampoco Tasuki, porque Tasuki los habÃ­a seguido a casa esa noche y era testigo de la pelea. Eso sÃ³lo la habÃ­a vinculado a ella y a Tasuki aÃºn mÃ¡s cerca.

SacudiÃ³ el recuerdo de su mente mientras se concentraba en la lucha. RÃ¡pidamente decidiÃ³ que el bocÃ³n necesitaba ser el siguiente en morir antes de que de alguna manera descubriera una manera de desnudarla lentamente.

Ella bajÃ³ los brazos... fingiendo dolor para que Ã©l volviera a ella una vez mÃ¡s. A pesar de su naturaleza generalmente sexual, se preguntaba si todos los vampiros eran pervertidos o si eran sÃ³lo los que conociÃ³. Justo cuando Ã©l la golpeÃ³ y la bajÃ³, ella observÃ³ cÃ³mo el miedo se reflejaba en sus brillantes ojos. El dardo del espÃ­ritu lo habÃ­a empalado en el Ãºltimo lugar que habÃ­a pensado.

Yuuhi silenciosamente mirÃ³ a su pelea preguntÃ¡ndose cÃ³mo una simple hembra humana podrÃ­a tomar tanto castigo y seguir luchando. Una chica normal no pelearÃ­a en absoluto. Simplemente caerÃ­an bajo la esclavitud de los vampiros y harÃ­an lo que le pidieran. No estaba satisfecho con este desarrollo. HabÃ­a engendrado a esos tres vampiros en el Ãºltimo aÃ±o... queriendo saber cÃ³mo serÃ­a tener hermanos.

La Ãºnica otra familia que tenÃ­a era su padre... Tadamichi. En los Ãºltimos tiempos, la atenciÃ³n del capitÃ¡n se habÃ­a vuelto de Ã©l... al hermano gemelo que habÃ­a regresado a la ciudad.

Deseando alejar a su nueva familia de la hÃ­per vida nocturna de la ciudad y el peligro del conflicto que se aproximaba entre los gemelos, Yuuhi habÃ­a decidido hacer un viaje fuera de la ciudad, donde su atenciÃ³n se centrarÃ­a solamente en Ã©l.

La ciudad era un lugar crudo para aprender los fundamentos de su clase, y pensÃ³ que los suburbios serÃ­an mejores para probar sus habilidades. La raza de la ciudad de los nuevos vampiros era descuidada, y le recordÃ³ nada mÃ¡s que animales hambrientos. Durante su excursiÃ³n dentro de este pequeÃ±o pueblo, en realidad habÃ­an sido capaces de traer nuevos reclutas. Pero, los vampiros novatos continuaron desapareciendo sin dejar rastro.

Yuuhi al principio creyÃ³ que las nuevas media-castas acababan de mudarse... abandonÃ¡ndolo. Pero ahora sabÃ­a de otra manera. Estaban siendo asesinados uno a uno por nada mÃ¡s que una hembra humana. El niÃ±o demonio ocultaba sus emociones mientras veÃ­a matar a sus hermanos auto-hechos. En el fondo, estaba algo enojado... pero mÃ¡s curioso.

Tal vez esto le quitarÃ­a la atenciÃ³n a Tadamichi de su hermano gemelo. Â¿Le importarÃ­a que alguien matara a su familia?

Kyoko observÃ³ con satisfacciÃ³n que el Ãºltimo vampiro comenzÃ³ a derretirse y ella supo que sÃ³lo tomarÃ­a una hora antes de que los charcos se hubieran ido sin dejar rastro. Se frotÃ³ el dorso de la mano sobre la mejilla, dejando un rastro de sangre manchada en su estela mientras ella sacudÃ­a su mirada hacia atrÃ¡s para buscar al espeluznante niÃ±o.

Yuuhi se trasladÃ³ a las sombras donde ya no podÃ­a verlo. Un sexto sentido le dijo que no querÃ­a enredarse con la niÃ±a en este momento, aunque no apartÃ³ los ojos de ella ni de la forma en que sostenÃ­a con fuerza esa extraÃ±a arma brillante en su mano.

Kyoko parpadeÃ³ en la oscuridad pensando que era inquietante en muchos niveles que el niÃ±o habÃ­a desaparecido.

"Â¿Lo asustÃ©?" Se preguntÃ³ a sÃ­ misma negÃ¡ndose a moverse. Ella mirÃ³ fijamente el punto donde el niÃ±o habÃ­a estado parado. Minutos pasaron... horas... o tal vez fue sÃ³lo un par de latidos. Finalmente soltÃ³ su puÃ±o cerrado y dejÃ³ que el dardo del espÃ­ritu desapareciera... ella se encogiÃ³ de hombros.

Los labios de Yuuhi insinuaron una sonrisa malvada cuando Kyoko recogiÃ³ sus libros desechados y comenzÃ³ a caminar de nuevo. Se dio cuenta cuando se acercÃ³ a los objetos que la rodeaban, su apariencia cambiÃ³ y cambiÃ³ hasta que la habÃ­a pasado... como un halo de magia. MirÃ³ los Ã¡rboles delante de ella. Las copas de los Ã¡rboles eran como garras negras que llegaban al cielo... pero cuando ella se acercÃ³ a ellos, se convirtieron en una cosa de belleza... hasta que una vez mÃ¡s estaba fuera de su alcance.

Su negra mirada se posÃ³ sobre ella como si fuera un blanco. MoviÃ©ndose por el aire quieto, la siguiÃ³. HarÃ­a una nueva y potente adiciÃ³n a su familia de oscuridad... un regalo para su padre. TenÃ­a un alto instinto de supervivencia a diferencia de los tontos descuidados que acababa de matar. Incluso ahora habÃ­a un pequeÃ±o rastro de sangre en la acera; Como si la estuviera acosando, pero ella no hizo caso de esto. TenÃ­a magia dentro de ella y querÃ­a formar parte de ella... para ver cosas que no habÃ­a visto desde su vuelta.

*****

El abuelo se paseaba de un lado a otro delante de la ventana preguntÃ¡ndose dÃ³nde estaba Kyoko. No era como ella no decirle si iba a salir tarde. PasÃ³ la mano por su cabello blanco y delgado, preocupado. TenÃ­an un arreglo y se suponÃ­a que siempre se lo dirÃ­a antes de ir a buscar a las criaturas del inframundo.

Se girÃ³ cuando el telÃ©fono sonÃ³ y lo agarrÃ³ antes de que pudiera despertar al resto de la casa.

Tasuki no habÃ­a podido sacudir la extraÃ±a sensaciÃ³n que tenÃ­a desde que dejÃ³ a Kyoko solo en el estacionamiento. Condujo unos minutos antes de volverse y lo encontrÃ³ vacÃ­o. Maldijo en silencio mientras golpeaba su volante con frustraciÃ³n. Haciendo una rosquilla en el estacionamiento, saliÃ³ de la biblioteca... pero en vez de irse a casa, colocÃ³ el lugar de Kyoko.

Cuanto mÃ¡s se sentaba allÃ­... mÃ¡s inquietante era hasta que no podÃ­a evitarlo... tenÃ­a que llamar. Cuando respondiÃ³ a su telÃ©fono tan rÃ¡pido, sonriÃ³. "Gracias a Dios que lo hiciste en casa Kyoko."

"EstÃ¡s enfermo... Â¿lo sabes?" El abuelo volviÃ³ a mirar por la ventana mientras sostenÃ­a el telÃ©fono en la oreja. AlzÃ³ una ceja al ver el coche de Tasuki estacionado sÃ³lo un par de casas. -Â¿Llamar a una joven esta vez de noche? Â¿QuÃ© eres, pervertido?

Tasuki casi dejÃ³ caer el telÃ©fono cuando todo el color saliÃ³ corriendo de su rostro y luego corriÃ³ rÃ¡pidamente hacia su cuerpo haciendo que sus oÃ­dos se quemaran. SÃ³lo el viejo podÃ­a hacerle sentir como un completo idiota a menudo. Cerrando su telÃ©fono celular, continuÃ³ mirando la casa de Kyoko esperando que ella llegara a casa. La llamada telefÃ³nica comprobÃ³ que su abuelo definitivamente no la estaba recogiendo.

Tasuki se frotÃ³ las sienes y suspirÃ³ cansadamente. Le habÃ­a mentido... pero Â¿por quÃ©? Mirando furiosamente al Ãºnico objetivo a una distancia sorprendente, golpeÃ³ el volante con ambas manos y luego una vez mÃ¡s para una buena medida. Â¿CuÃ¡ndo Kyoko iba a enfrentar el hecho de que podrÃ­a cuidar de sÃ­ mismo? Bueno, tal vez no tan bien como ella podÃ­a... pero todavÃ­a lo suficientemente bien para ayudarla a salir en un atasco.

Estaba distraÃ­do de su silenciosa protesta cuando oyÃ³ un ruido cerca de su coche y estaba a punto de mirar alrededor, pensando que era Kyoko. SintiÃ³ algo golpear el costado de su cuello, justo detrÃ¡s de la oreja, haciÃ©ndole inhalar bruscamente mientras las estrellas entraban en su visiÃ³n.

La cabeza de Tasuki cayÃ³ hacia adelante en el volante, haciÃ©ndolo frÃ­o.

Yuuhi llegÃ³ a travÃ©s de la ventana abierta para el joven, pero tirÃ³ su mano cuando una chispa de amatista disparÃ³ entre ellos. El niÃ±o demonio calmadamente mirÃ³ sus dedos, luego lentamente hacia el joven en el asiento del conductor. No sÃ³lo le decÃ­an que lo querÃ­a mÃ¡s y la comisura de sus labios se curvaba hacia arriba en el tono de una sonrisa astuta.

Al oÃ­r pasos lejanos, se alejÃ³ del coche y mirÃ³ por la calle sintiendo su cercanÃ­a. Volviendo a la oscuridad de nuevo, Yuuhi esperÃ³.

Abuelo colgÃ³ el telÃ©fono con una amplia sonrisa. Le dio unos golpecitos en la barbilla mientras se preguntaba si Tasuki iba a tener suficiente nervio para tomar la virginidad de Kyoko. HabÃ­a leÃ­do en los rollos antiguos que mientras la sacerdotisa fuera virgen, ella serÃ­a un objetivo aÃºn mÃ¡s grande para los demonios. Pero hasta ahora, se negÃ³ a decirle a su nieta que tuviera relaciones sexuales. SÃ³lo deseaba que Tasuki se diera prisa y llegara a la pubertad o algo asÃ­.

Al ver el movimiento desde abajo, enfocÃ³ sus viejos ojos en el coche de Tasuki... preguntÃ¡ndose si el chico iba a crecer un juego de pelotas y salir. HabÃ­a algo fuera de la puerta del lado del conductor, pero era demasiado pequeÃ±o para ser Tasuki, y era demasiado rÃ¡pido para decir lo que era. Su atenciÃ³n fue tomada por otra sombra al otro lado de la calle cuando se acercÃ³.

Sus cejas se juntaron cuando sus heridas aparecieron a la vista. Â¿En quÃ© se habÃ­a metido? Algo apareciÃ³ detrÃ¡s de ella y su mirada se clavÃ³ en ella.

Cuando Kyoko caminÃ³ delante de la casa, las luces del detector de movimiento se encendieron y ella mirÃ³ hacia la ventana y saludÃ³ a su abuelo. Cuando no retrocediÃ³, notÃ³ la expresiÃ³n de su rostro y la amplitud de sus ojos. Estaba mirando directamente detrÃ¡s de ella.

"Bueno... eso es espeluznante". Se inclinÃ³ un poco y se quedÃ³ boquiabierta al ver al misterioso muchacho, pero a un par de metros de ella. Estaba inmÃ³vil como una estatua en medio de la calle. La Ãºnica vida dentro de Ã©l era su pelo rebelde de plata soplando en la brisa nocturna. ApretÃ³ los dientes por su descuido... -Â¿CÃ³mo pudo haber sido tan estÃºpida?

Yuuhi podÃ­a oler su pÃ¡nico y se sorprendiÃ³ por la rapidez con que fue reemplazado por la ira de miedo. Su mirada se elevÃ³ curiosamente hacia el anciano abriendo la ventana del piso de arriba. Â¿Lo estaba protegiendo? DejÃ³ que su mente vagara por toda la casa y detectara dos fuerzas mÃ¡s de la vida... una era una niÃ±a. Volviendo su mirada a la niÃ±a, Yuuhi se preguntÃ³ si el niÃ±o era su hermano. Ella habÃ­a llevado a sus hermanos... serÃ­a justo que Ã©l tomara el suyo.

"Ni siquiera pienses en eso", advirtiÃ³ Kyoko, viendo su interÃ©s en su casa. Sus ojos se estrecharon con determinaciÃ³n mientras el dardo del espÃ­ritu se formaba en su palma.

Una luz perversa apareciÃ³ dentro de su puÃ±o y algo Yuuhi no habÃ­a sentido en mÃ¡s de quinientos aÃ±os barriÃ³ su cuerpo sin vida... miedo. Sus ojos de Ã©bano se fijaron en los suyos; Sabiendo si intentaba llevarse a su hermano... morirÃ­a esta noche.

La mente de Kyoko se acelerÃ³ al darse cuenta de que habÃ­a llevado al pequeÃ±o demonio directamente a su propia casa. HabÃ­a puesto a toda su familia en peligro y eso era algo que siempre habÃ­a evitado a toda costa. PodÃ­a sentir la inquietud del muchacho extendiÃ©ndose hacia ella, mientras permanecÃ­a silencioso e inmÃ³vil. En apariencia... parecÃ­a tener la misma edad que su hermanito Tama. Aunque, ella podÃ­a sentir que era mucho mayor que eso, el demonio mÃ¡s viejo que habÃ­a tenido la desgracia de encontrar.

"Le dirÃ© que te he encontrado" susurrÃ³ la voz sin emociÃ³n del niÃ±o, como si acabaran de compartir una larga y pacÃ­fica conversaciÃ³n.

Al oÃ­r que la puerta se abrÃ­a de golpe, Kyoko rÃ¡pidamente mirÃ³ por encima del hombro y gritÃ³: -Â¡Vuelo, vuelve a entrar!

Ella levantÃ³ su arma y se volviÃ³ al demonio listo para pelear, sÃ³lo para gritar porque el niÃ±o ya no estaba allÃ­. No sabÃ­a cuÃ¡l era el pensamiento que mÃ¡s la arrastraba. Verlo... o saber que existÃ­a y no verlo.

Cerrando los ojos, Kyoko dejÃ³ que su fuerza vital se extendiera en busca del hielo de su aura. Sin sentir nada... dejÃ³ escapar un aliento tembloroso sabiendo que todo habÃ­a cambiado... y todo en un instante. La Ãºnica cosa que se habÃ­a prometido a sÃ­ misma que no harÃ­a... fue poner a su familia en peligro.

SintiÃ³ una pesada mano caer sobre su hombro y rÃ¡pidamente se volviÃ³... arrojÃ¡ndose a los brazos de su abuelo. "Lo siento... Â¡lo siento mucho!" Las lÃ¡grimas brotaron a sus ojos de esmeralda. "Ãl sabe dÃ³nde vivo... Ã©l lo dirÃ¡".

El abuelo envolviÃ³ sus brazos alrededor de ella sintiendo la pesadez de la pÃ©rdida dentro de su pecho. TendrÃ­a que trasladar a la familia a su otra casa cerca del santuario sagrado antes de que terminara el fin de semana. Ellos estarÃ­an mÃ¡s seguros allÃ­ donde el suelo fue bendecido. Esto ya habÃ­a sido el plan si algo asÃ­ ocurriÃ³. Sus ojos se entristecieron al saber que Kyoko no vendrÃ­a con ellos. La perderÃ­an.

Ãl la sujetÃ³ con fuerza mientras le hacÃ­a la Ãºnica pregunta a la que ya conocÃ­a la respuesta. "Les llevarÃ© a casa Kyoko, pero Â¿quÃ© harÃ¡n?"

"Dime adiÃ³s" sollozÃ³ Kyoko, y luego volviÃ³ a desesperar a su interior-. DejÃ³ que el maravilloso entumecimiento se agarrara sabiendo que tenÃ­a mucho que hacer antes del amanecer.

El abuelo lentamente la dejÃ³ ir y mirÃ³ como ella entrÃ³ en la casa antes de que Ã©l dio vuelta y comenzÃ³ ir hacia el coche de Tasuki. LanzÃ³ un suspiro, sabiendo que tendrÃ­a que asegurarse de que el niÃ±o estaba bien.

Al ver que ese chico amante estaba inconsciente, murmurÃ³: "TÃº siempre fuiste mÃ¡s problemÃ¡tico de lo que valÃ­as". AbriÃ³ la puerta y empujÃ³ al chico hacia el otro asiento, casi sonriendo cuando la cabeza de Tasuki golpeÃ³ la ventanilla del pasajero.

"Parece que soy el que estÃ¡ atrapado llevÃ¡ndote a casa", murmurÃ³ el abuelo. -Por lo menos antes de que Kyoko se entere de que te has desmayado. Esta vez el hombre mayor sonriÃ³. -No podemos permitir que Kyoko sepa que te has hecho daÃ±o o ella no te llamarÃ¡ si ella te necesita. Empezando el coche, se bajÃ³ por la calle deseando apresurarse y regresar a su nieta.

*****

A la maÃ±ana siguiente, Tasuki se despertÃ³ con un sobresalto, sacudiÃ©ndose en la cama de una pesadilla que no querÃ­a recordar. Algo estaba mal en mÃ¡s de una forma... Ã©l lo sabÃ­a. Agarrando el telÃ©fono al lado de la cama, golpeÃ³ el dial de velocidad apretando la mandÃ­bula cuando su abuelo contestÃ³.

"Necesito hablar con Kyoko." Su voz era casi manÃ­aca mientras su agarre se apretÃ³ en el receptor. No recordaba haber venido a casa anoche... Â¿quÃ© habÃ­a pasado?

Imitando el estado de Ã¡nimo de Tasuki, el apretÃ³n del abuelo se apretÃ³ en el telÃ©fono cuando el taxi se detuvo frente a la casa. Kyoko le habÃ­a hecho prometer que no le dirÃ­a a Tasuki ni a nadie a donde fuera. Era la Ãºnica forma de protegerlos. Eso fue una vergÃ¼enza.

Su voz era mÃ¡s suave y mÃ¡s cansada de lo que habÃ­a sonado. "Lo siento Tasuki. Kyoko ya no vive aquÃ­ y no hay direcciÃ³n de reenvÃ­o. "Realmente fue una vergÃ¼enza.

Tasuki escuchÃ³ cuando la lÃ­nea se apagÃ³... oyendo su propio latido del corazÃ³n sobrepasar el sonido. Kyoko le habÃ­a dicho una vez que si algo salÃ­a mal con los demonios, entonces ella desaparecerÃ­a. -No. -La palabra saliÃ³ corriendo de Ã©l mientras sus ojos tomaban la mÃ¡s sorprendente sombra de amatista.

"Â¡MALDITA SEA!" GritÃ³ y tirÃ³ el telÃ©fono por la habitaciÃ³n. CubriÃ©ndose los ojos con las manos, se echÃ³ hacia atrÃ¡s contra las exuberantes almohadas mientras sentÃ­a que su corazÃ³n se fracturaba y sangraba dolorosamente.

DescubriÃ³ sus ojos despuÃ©s de unos minutos... el color amatista dentro de ellos todavÃ­a no se habÃ­a desvanecido. Tasuki decidiÃ³ que esperarÃ­a su tiempo. SÃ³lo porque el anciano le dijo que Kyoko no dejaba una direcciÃ³n de reenvÃ­o... no significaba que ignorara a dÃ³nde iba.

Inconsciente para Ã©l, el personal de Tasuki se mantuvo encerrado en su caja por la cama comenzÃ³ a brillar siniestramente.

*****

Kyoko abriÃ³ la puerta del taxi pero se volviÃ³ hacia la casa cuando su hermano menor vino corriendo por los escalones y cruzando el patio. Ella lo abrazÃ³ mientras Ã©l la atacaba... apenas manteniendo sus pies.

-Â¡No quiero que te vayas! -gritÃ³, poniÃ©ndole la mano en la camisa-.

Kyoko sonriÃ³... sabiendo que estaba haciendo lo correcto. Ella lo amaba tanto que tomÃ³ la decisiÃ³n de dejar el dolor interior. "VolverÃ© a verte pronto, y una vez que la escuela haya salido, te prometo que puedes venir a la ciudad a visitarme. Pasaremos tantos tiempos juntos que serÃ¡ como si nunca me fuera. "Ella levantÃ³ la vista para ver la mirada de sus madres con la suya.

La seÃ±orita Hogo apartÃ³ a Tama de su hija con una sonrisa comprensiva. "Vamos a tener su habitaciÃ³n lista y esperando por usted. Â¿No vamos Tama? "Ella rozÃ³ las lÃ¡grimas de su mejilla mientras Ã©l asintiÃ³, luego mirÃ³ hacia atrÃ¡s a Kyoko. "Mira, todo estarÃ¡ bien".

Mirando a la casa por Ãºltima vez, Kyoko pudo ver a su abuelo en la ventana de arriba. Ella le hizo una seÃ±a y le dio una sonrisa que casi le doliÃ³ las mejillas... luego subiÃ³ al taxi. Si ella se marchaba de casa a causa de los demonios, entonces ella iba a invadir su casa y limpiarlos uno a uno.

"A la ciudad por favor", dijo Kyoko al conductor y se negÃ³ a mirar hacia atrÃ¡s.

*****

En el corazÃ³n de la ciudad, Hyakuhei estaba en un estado de semi-sueÃ±o cuando oyÃ³ la voz de su hermano gemelo que le llamaba. No sabÃ­a abrir los ojos porque no servÃ­a. Su hermano no estarÃ­a allÃ­... asÃ­ que Ã©l simplemente inhalÃ³ agudamente y escuchÃ³ la oscuridad.

-Â¿AsÃ­ que mi hermano menor todavÃ­a se niega a unirse a mÃ­? La voz contenÃ­a un toque de anhelo mezclado con ira.

Hyakuhei abriÃ³ los ojos y pasÃ³ una mano por su largo pelo de Ã©bano. Sin decir una palabra en voz alta, respondiÃ³ a la intrusa voz. "Â¿Hermano mÃ¡s joven? Somos gemelos Tadamichi, tÃº no eres mejor que yo.

La voz de Tadamichi se endureciÃ³, "Los gemelos son iguales... Â¿somos iguales? AdemÃ¡s, soy el primer nacido... asÃ­ que eso te hace el mÃ¡s joven. "

Al sentarse, Hyakuhei dejÃ³ caer las sÃ¡banas de su cuerpo desnudo mientras se deslizaba de la cama. Era como Tadamichi para torcer los acontecimientos a su gusto. -No, no somos iguales... tan suficientes con los enigmas. -Se encogiÃ³ de nuevo y luego rodÃ³ los ojos cuando la lÃ¡mpara de la mesita de noche a su lado se hizo aÃ±icos-. TendrÃ­a que aprender a mantener su temperamento bajo control o todo lo que le rodea serÃ­a destruido. Supuso que era su castigo por perder la paciencia con su hermano.

"No te odio" gruÃ±Ã³ Hyakuhei como intentando convencerse a sÃ­ mismo-.

"QuÃ© generoso de vos" la voz de Tadamichi tomÃ³ un sonido melancÃ³lico como si no creyera en la confesiÃ³n. "La Ãºltima vez que estuvimos dentro del mismo reino... nos matamos unos a otros. Tales actos sin sentido para los inmortales... Â¿no crees? Hubo una pausa antes de continuar. "Una vez terminado el destierro, como un hermano fiel... esperÃ© a tu regreso".

"Estamos destinados a estar solos", dijo Hyakuhei con la mentira. SabÃ­a que su hermano ya no estaba solo... Tadamichi se habÃ­a asegurado de eso.

PodÃ­a oÃ­r la risa silenciosa de su hermano. Le hacÃ­a preguntarse si no habÃ­a sido un error pensar que podÃ­a volver a enfrentarse a la malvada familia que su hermano habÃ­a creado en su ausencia. La Ãºnica manera en que Ã©l y su hermano eran iguales era que no les gustaba estar solos... aunque tenÃ­an dos formas completamente diferentes de corregir ese problema.

"SabÃ­a que volverÃ­as... aquÃ­ donde la noche nunca es oscura... aquÃ­ donde nunca estarÃ¡s solo entre tantos humanos y los niÃ±os que he creado para nosotros." La voz de Tadamichi se habÃ­a convertido en un deseo.

Hyakuhei entrÃ³ en el cuarto de baÃ±o, girando la ducha y girando para mirar al espejo. Ninguna reflexiÃ³n lo mirÃ³ de nuevo, asÃ­ que se imaginÃ³ el rostro de su hermano... su propia cara mientras respondÃ­a. -No quiero tener nada que ver con las abominaciones que has engendrado. Se echÃ³ hacia atrÃ¡s en la ducha mientras rasgaba el vÃ­nculo para que no tuviera que escuchar la voz embrujada de su hermano por mÃ¡s tiempo.

No... no habÃ­a vuelto a su patria para unirse a ellos como una retorcida reuniÃ³n familiar. Su hermano era el mÃ¡s destructivo de todos los demonios y los niÃ±os que Ã©l crio eran inquietantes por decir lo menos. Aquellos niÃ±os que ahora desovan a otros y sus nÃºmeros crecÃ­an como la peste negra.

Hyakuhei colocÃ³ sus manos en las paredes de cerÃ¡mica de la ducha... dejando que el agua caliente recorriera su piel congelada. Â¿QuÃ© le importaba? La Ãºltima vez que habÃ­a intentado impedir que su hermano infestara al mundo humano con demonios de raza, habÃ­a terminado en sus dos muertes... una muerte falsa que tomÃ³ siglos para levantarse.

Su castigo por ese crimen fue el destierro de los demÃ¡s y de este mundo de los humanos. Se habÃ­an convertido en sombras que recorrÃ­an el reino entre reinos... echando sÃ³lo las sombras de la soledad. Eso habÃ­a terminado hace mÃ¡s de un siglo. Sin embargo, se habÃ­a mantenido alejado de su gemelo. Incluso desde las tinieblas del otro lado del mundo, habÃ­a oÃ­do a esta ciudad llamÃ¡ndolo hasta que ya no pudo luchar contra la convocatoria.

Su hermano tenÃ­a razÃ³n en una cosa... estaba exhausto por estar solo. Pero ahora que estaba en casa, podÃ­a oler la mancha de los pecados de su hermano que asolaban la tierra. Verdaderos demonios de la sangre que Ã©l podrÃ­a acatar, pero la violaciÃ³n de la ciudad por los vampiros semejantes que el desove habÃ­a creado... era provocadora.

Su hermano gemelo se mantuvo bajo tierra la mayor parte del tiempo dentro de las lujosas catacumbas que habÃ­an compartido una vez durante la Ã©poca medieval... sÃ³lo para resurgir de vez en cuando, el tiempo suficiente para traer a otra vÃ­ctima al doblez mortal.

Hyakuhei mirÃ³ hacia arriba en la cascada de la ducha... tratando de evitar que su rabia se escapara, pero supo su fracaso cuando oyÃ³ el espejo del baÃ±o quebrarse.

Tadamichi lo habÃ­a acusado de ocultarse lejos del mundo, pero eso no era cierto.

"Es Tadamichi quien ha elegido ese camino", pensÃ³ sombrÃ­amente. No puede ver la destrucciÃ³n que estÃ¡ causando. La noche ya no es oscura ni silenciosa. Hyakuhei apagÃ³ la ducha y saliÃ³, sin molestarse en envolver una toalla alrededor de su forma esbelta. En lugar de eso, agarrÃ³ el suave paÃ±o negro y comenzÃ³ a secar su largo cabello de Ã©bano. En unos instantes estuvo vestido y listo para la noche.

Caminando hacia su ventana en la sala de estar, se sentÃ³ en el alfÃ©izar y mirÃ³ hacia su vista.

Hyakuhei sonriÃ³ con su propio humor oscuro y mirÃ³ al lado del edificio opuesto.

"La oscuridad estÃ¡ viva con los demonios Hermano. Esta ciudad con sus altos muros lo ha hecho asÃ­ ", reflexionÃ³ en voz alta.

*****

Yuuhi reapareciÃ³ dentro del Ã¡rea del centro de la ciudad minutos antes del amanecer. Ya podÃ­a sentir el calor del sol sobre su piel y acelerar su paso hacia el Grand Hotel, en el centro de la metrÃ³poli. Bajo los masivos establecimientos de cinco estrellas escondidos del mundo estaba la vivienda subterrÃ¡nea de su padre. Era tan hermoso debajo de la tierra como lo que albergaba a los humanos de arriba... su padre habÃ­a dispuesto que fuera asÃ­.

Yuuhi atravesÃ³ las puertas del Grand y caminÃ³ a travÃ©s del vestÃ­bulo. Ignorando el saludo amistoso de la mujer humana detrÃ¡s del escritorio, Yuuhi atravesÃ³ la puerta que leÃ­a "mantenimiento". Haciendo su camino hasta el sÃ³tano, abordÃ³ el ascensor de mantenimiento que lo llevarÃ­a hasta el nivel sub-sÃ³tano. Desde allÃ­, fue la apertura del pasaje oculto lo que lo llevarÃ­a a su padre.

Sintiendo la oscuridad cerca de Ã©l como una manta protectora, el niÃ±o de cabello plateado corriÃ³ a travÃ©s de los tÃºneles sinuosos como si tratara de escapar de la oscuridad... o mantenerse al dÃ­a con ella.

Yuuhi era uno de los pocos privilegiados permitidos en la guarida privada de Tadamichi... sÃ³lo los que Tadamichi habÃ­a criado personalmente estaban permitidos. El niÃ±o pequeÃ±o habÃ­a sido uno de los primeros de Tadamichi y el vÃ­nculo que lo mantuvo fiel fue lo que lo llevÃ³ a advertir al maestro acerca de la niÃ±a... y el poder que poseÃ­a. El vÃ­nculo tambiÃ©n le permitiÃ³ sentir los estados emocionales de su amo, lo que podrÃ­a resultar problemÃ¡tico a veces.

PodÃ­a sentir que el Maestro Tadamichi estaba enojado y sabÃ­a la causa detrÃ¡s de esa rabia... Hyakuhei. SÃ³lo el hermano gemelo del amo podÃ­a provocar este tipo de reacciÃ³n. Los celos y el rechazo podrÃ­an ser peligrosos con uno tan poderoso.

Yuuhi se deslizÃ³ en silencio en las habitaciones de Tadamichi, pero se quedÃ³ en las sombras para observar a su amo. El joven era paciente y sabÃ­a esperar la tormenta de la ira de su amo.

Tadamichi mirÃ³ su reflejo en el espejo de las almas y apartÃ³ la vista con un siseo enojado. Su hermano habÃ­a roto el vÃ­nculo entre sus mentes... desterrÃ¡ndolo una vez mÃ¡s. Cada oportunidad que Tadamichi tomÃ³ para hablar con su hermano fue terminada de manera abrupta, enfadÃ¡ndolo. Estaba empezando a creer que su vÃ­nculo nunca volverÃ­a a lo que habÃ­a sido una vez.

Â¿Acaso los siglos que se habÃ­an alejado unos de otros no habÃ­an sido suficientes para castigarlos? Â¿MantendrÃ­a Hyakuhei para siempre su distancia?

Al ver el movimiento dentro de las sombras, Tadamichi agitÃ³ airadamente su mano en su direcciÃ³n... cada mestizo dentro de su cÃ¡mara ya menos de mil metros de su soledad espontÃ¡neamente quemada... dejando atrÃ¡s el olor del azufre en el aire. No habrÃ­a testigos del rechazo de su hermano. Sin embargo, volviÃ³ la cabeza en la otra direcciÃ³n y puso los ojos en el Ãºnico de sus hijos que confiarÃ­a en su secreto.

Ignorando a Yuuhi por un momento, Tadamichi caminÃ³ lentamente por la habitaciÃ³n y se parÃ³ delante de un retrato con las manos juntas detrÃ¡s de su espalda. Cuando los gritos y las llamas se apagaron, Tadamichi continuÃ³ mirando la pintura como si nada estuviera mal.

La pintura fue creada mucho antes de que las guerras medievales hubieran tenido lugar... antes de su guerra civil. Uno asumirÃ­a que era un autorretrato que mostraba dos personalidades. En verdad, era Ã©l y su hermano... tan difÃ­ciles de distinguirlos. Â¿CÃ³mo podrÃ­an ser tan parecidos en apariencia... y ser tan diferentes? Â¿Su hermano nunca habÃ­a aprendido el significado del amor... el dolor del rechazo?

Tadamichi pasÃ³ las puntas de los dedos a travÃ©s de la imagen de su hermano, frunciendo el ceÃ±o ligeramente antes de que su cara se contorneara de rabia. De pronto golpeÃ³ la pintura con un movimiento tan rÃ¡pido que prÃ¡cticamente no se vio. La imagen se detuvo por un momento, y luego, tan lentamente, apareciÃ³ un rasgÃ³n dentado... cortando a los gemelos uno del otro. La tela del retrato cayÃ³ ligeramente a un lado y la expresiÃ³n de Tadamichi de repente mostrÃ³ tristeza.

Colocando las palmas contra la pintura, Tadamichi las sostuvo un momento antes de dejarlas caer.

Su amor por Hyakuhei era insondable. Tadamichi sÃ³lo querÃ­a que Hyakuhei, a su lado, compartiera esta maravillosa existencia. -Â¿Por quÃ© me abandonas a mÃ­ ya la vida que podrÃ­amos tener? -preguntÃ³ en silencio, luego sintiÃ³ el escalofrÃ­o de haber hecho esa misma pregunta a uno mÃ¡s que a su hermano. Ãl dibujÃ³ la memoria dentro de sÃ­ mismo negÃ¡ndose a morar en ella.

Yuuhi saliÃ³ de la sombra detrÃ¡s de Ã©l, sintiendo la melancolÃ­a de su amo. Le sorprendiÃ³ que su padre pudiera sentir tan profundamente a su hermano cuando Ã©l mismo apenas habÃ­a sentido una punzada como la muchacha habÃ­a matado a sus hermanos sÃ³lo un par de horas antes.

-Â¿Entonces los has perdido? -preguntÃ³ Tadamichi, sin apartar los ojos de la imagen de su hermano.

Yuuhi asintiÃ³ con la cabeza sabiendo que Tadamichi podÃ­a ver sus pensamientos. Un destello de mÃ¡rmol blanco apareciÃ³ en su visiÃ³n perifÃ©rica y girÃ³ la cabeza hacia Ã©l. Su mirada parecÃ­a casi pensativa mientras miraba las estatuas a su izquierda. Girando lentamente en un cÃ­rculo, mirÃ³ a cada uno, uno por uno. HabÃ­an estado aquÃ­ durante el tiempo que Yuuhi podÃ­a recordar pero nunca habÃ­a preguntado por ellos.

-Una niÃ±a -susurrÃ³ Yuuhi, preguntÃ¡ndose por quÃ© un maestro demonio tendrÃ­a estatuas de Ã¡ngeles. Era extraÃ±o... o siempre lo habÃ­a pensado. Los Ã¡ngeles eran hermosos incluso a los ojos de Yuuhi y se preguntÃ³ si criaturas como estas podrÃ­an haber existido alguna vez en esta tierra.

-Te dirÃ© la historia de las estatuas de mi hijo. Tadamichi apartÃ³ lentamente la mirada de la pintura con curiosidad... -Y me hablarÃ¡s de esta chica. -La esquina de sus labios se convirtiÃ³ en el rastro de una sonrisa perversa. -Ve y echa un vistazo mÃ¡s de cerca -susurrÃ³. "La curiosidad es una emociÃ³n intrigante... Â¿no?"

Yuuhi caminÃ³ lentamente alrededor de la habitaciÃ³n mirando hacia arriba en las caras de los hombres con alas... parando delante de la que le intrigÃ³ mÃ¡s. El cabello largo que llegaba hasta la parte baja de su espalda se balanceaba... como si estuviera en medio de la batalla. La expresiÃ³n que habÃ­a estado en su rostro era mÃ¡s hermosa... y aterradora. Â¿Para quÃ© estaba luchando tanto el Ã¡ngel? Â¿CuÃ¡l habrÃ­a sido el premio?

Las manos de piedra se aferraron a una espada que estaba en un movimiento hacia abajo y Yuuhi extendiÃ³ la mano para deslizar su pulgar a travÃ©s de Ã©l... sÃ³lo para retroceder cuando una pequeÃ±a lÃ­nea fina de sangre brotÃ³ en su pulgar.

Tadamichi estaba de repente a su lado, levantando la herida en sus labios para succionar la sangre del dedo del niÃ±o. Sabiendo que Yuuhi era un niÃ±o de muy pocas palabras e incluso menos emociones; Tadamichi soltÃ³ su mano y asintiÃ³ con la cabeza a la estatua. "Esta estatua... Kyou, y su espada de destrucciÃ³n", cerrÃ³ los ojos al recordar a los guardianes, "Fuertes adversarios ... todos eran".

Yuuhi se volviÃ³ hacia su amo y esperÃ³ pacientemente.

"Ellos pensaron que podÃ­an librar al mundo de la oscuridad... pensaron que podÃ­an librarse de mÃ­ y de mi hermano. DeberÃ­an haberlo sabido mejor. AbriÃ³ los ojos que ahora tenÃ­an un extraÃ±o color rojo. -Fueron hermanos. -se acercÃ³ a la estatua del que parecÃ­a mÃ¡s joven cuando agregÃ³-, o al menos todos ellos pensaron que eran verdaderos hermanos.

ExtendiÃ³ la mano y acariciÃ³ la mejilla de la estatua, dejando que sus dedos rastrearan el camino que una lÃ¡grima habÃ­a dejado... helada en el tiempo. "Mi querido Kamui. SabÃ­a que lo que los guardianes habÃ­an hecho estaba mal. Por eso estÃ¡ tan triste. Es una pena que mi hermano nunca lo conociera.

Tadamichi se volviÃ³ hacia el siguiente hermano. "Kotaro era fuerte en espÃ­ritu, pero posesivo de lo que afirmaba ser suyo." Sus ojos brillaron como si viera el pasado. "Ãl estaba dispuesto a morir si tuviera que... todo por el amor de una mujer."

Desechando la estatua con una ola de su mano, se acercÃ³ a la siguiente cuando sus ojos se oscurecieron. Este era el mÃ¡s peligroso de los hermanos. "Toya... Ã©l era una criatura muy interesante. Tan lleno de fuego y rabia, sin embargo, cÃ³mo podÃ­a amar a una mujer con tanta ferocidad estaba mÃ¡s allÃ¡ de mÃ­. LlevÃ³ a muchas batallas entre Ã©l y los otros hermanos. Era el mÃ¡s posesivo de ella. Me sorprende que nunca se hayan destruido en su absurdo.

Se volviÃ³ hacia la estatua final. La mano del hombre estaba delante de Ã©l como si estuviera lanzando un hechizo. Tadamichi sabÃ­a la verdad del hechizo de Shinbe... el vacÃ­o habÃ­a estado en movimiento cuando lo habÃ­an lanzado a travÃ©s del portal del tiempo... sellÃ¡ndolo detrÃ¡s de Ã©l. "Shinbe era sabio mÃ¡s allÃ¡ de sus aÃ±os, pero era lo suficientemente tonto como para alterar el destino... todos lo eran." Sus ojos se endurecieron cuando se preguntÃ³ si la sacerdotisa aÃºn estarÃ­a con ellos.

"La chica puede destruirnos." La voz de Yuuhi no contenÃ­a ninguna emociÃ³n mientras se paraba frente a la estatua que parecÃ­a tener el verdadero significado de rabia. -Me lo recuerda, seÃ±or.

Tadamichi mirÃ³ extraÃ±amente al guardiÃ¡n que el niÃ±o habÃ­a indicado, "Â¿Toya?"

Yuuhi finalmente girÃ³ sus ojos negros hacia Tadamichi mientras sus palabras de asombro resonaban, "Toya, esto es lo que estÃ¡ dentro de ella... esto es lo que puede matarnos".

Los ojos de Tadamichi se elevaron a la furia de Toya y de repente se sintiÃ³ mÃ¡s vivo de lo que habÃ­a estado en mucho tiempo. Â¿QuÃ© era la vida sin una razÃ³n para vivir? AsÃ­ que... ella ha vuelto a este reino. HabÃ­a perdido las guerras de antaÃ±o. Ãngeles y demonios son uno y el mismo... sÃ³lo uno tenÃ­a una mejor reputaciÃ³n. Si se decÃ­a la verdad, todos eran asesinos.

Reemplazando la piedra con la imagen mental de lo que el guardiÃ¡n de plata habÃ­a sido una vez, sonriÃ³ perezosamente sabiendo que el guardiÃ¡n podÃ­a oÃ­rlo, todos podÃ­an. Todo estaba en silencio y estaba tan quieto como siempre. Pero en lo mÃ¡s profundo de las almas de las estatuas... podÃ­a sentir el poder como un terremoto sujeto por los grilletes del tiempo.

"AsÃ­ que incluso en este estado de prisiÃ³n, todos ustedes han encontrado una manera de luchar." Tadamichi tarareÃ³ su curiosidad. -Â¿Puede ser que la sientas? Ãl la bajÃ³ de las pestaÃ±as cuando sintiÃ³ una ola de poder recorrer la habitaciÃ³n en respuesta. "Tal vez deberÃ­as haberla obligado a permanecer en tu lado del portal del tiempo... como lo hiciste la Ãºltima vez."

Se apartÃ³ de las estatuas, dejÃ¡ndolas con una advertencia embrujada. "Es una pena que no puedas acompaÃ±ar a tu sacerdotisa esta vez."



CapÃ­tulo 2 "Calor de la ciudad"



Kyoko se despertÃ³ con un inicio sabiendo que el sol se estaba poniendo. Era como un reloj de alarma biolÃ³gico para ella y lo habÃ­a sido desde... hasta donde podÃ­a recordar. Se empujÃ³ a sÃ­ misma sabiendo que era hora de ir a trabajar. SÃ³lo deseaba que le pagaran por ello.

Al oÃ­r una sirena a lo lejos, llamÃ³ su atenciÃ³n a la ventana justo a tiempo para captar los Ãºltimos rayos de luz que salÃ­an del cielo de la ciudad. PodÃ­a oÃ­r el dÃ©bil sonido de la mÃºsica de los clubes nocturnos de la avenida donde vivÃ­a. HabÃ­a elegido un apartamento en el corazÃ³n de la ciudad por una razÃ³n.

PodÃ­a sentir la vibraciÃ³n a travÃ©s de su cama... El metro era el nombre del club que vivÃ­a arriba. Alquiler era barato porque no habÃ­a manera alguien podrÃ­a vivir aquÃ­ y esperar a conseguir cualquier tipo de sueÃ±o a menos que fuera durante el dÃ­a. AhÃ­ es donde Kyoko creÃ­a en la suerte.

Â¿DÃ³nde mÃ¡s podrÃ­a haber encontrado un lugar que tuviera las mismas horas que ella? No habÃ­a personas groseras corriendo por los pasillos... a menos que contara a Yohji, pero Ã©l no solÃ­a despertar nada a menos que fuera temprano por la maÃ±ana cuando llegÃ³ a casa o por las noches justo antes de ir a trabajar.

Hablando de alquiler... la suya llegÃ³ tarde. TendrÃ­a que llegar a ella pronto si no querÃ­a tratar con Yohji, el hermano del propietario, que vivÃ­a al otro lado del pasillo. La Ãºltima vez que habÃ­a llegado tarde con el alquiler, se habÃ­a ofrecido a negociar con ella. HabÃ­a parecido tan decepcionado cuando le habÃ­a entregado el alquiler en su totalidad menos de una hora despuÃ©s.

MirÃ³ su telÃ©fono celular viendo el sÃ­mbolo del mensaje parpadeando y sonriÃ³. Haciendo clic en los botones que podrÃ­an conectarla con algo familiar, ella escuchÃ³ la voz de su madre, sin siquiera prestar atenciÃ³n a lo que estaba diciendo. Ella ya sabÃ­a de todos modos.

"Hola Kyoko es tu madre," Kyoko imitÃ³ las palabras en el contestador automÃ¡tico. "Realmente deseo que llames, te extraÃ±amos terriblemente. Nos gustarÃ­a saber cuÃ¡ndo volverÃ¡s a casa para poder hacer tu cena favorita. Tama pasÃ³ un buen rato el otro fin de semana y ya estÃ¡ empezando a tener retiros de no verte. Â¿EstÃ¡ comiendo lo suficiente o necesita dinero? Por favor, llÃ¡mame, te amo. "

Kyoko sacudiÃ³ la cabeza y dejÃ³ que el correo de voz siguiera tocando el resto de los mensajes. Uno era de Yohji recordÃ¡ndole que el alquiler era debido. -SÃ­... sÃ­... tonta. -Se borrÃ³ su mensaje. La otra era de su hermano menor, Tama, diciÃ©ndole acerca de su Ãºltima novia, luego le advirtiÃ³ que no le dijera a su abuelo o que hubiera difundido rumores realmente embarazosos sobre ella y Tasuki. Era una amenaza vacÃ­a y ambos lo sabÃ­an.

"Vas a tener que hacerlo mejor que ese pequeÃ±o hermano", dijo Kyoko al telÃ©fono.

HabÃ­a salido de casa para mantenerlos a salvo. No habÃ­a manera de evitarlo. Desde que era pequeÃ±a, habÃ­a sido consciente de los demonios en el mundo... pero eso no significaba que ella querÃ­a que su hermano pequeÃ±o conociera a los monstruos de las pelÃ­culas en las que real y esperando en la oscuridad. Era como si ella fuera la Ãºnica que pudiera verlos caminando entre los inocentes... alimentÃ¡ndose de ellos.

Los demonios generalmente parecÃ­an personas normales hasta que tuvieron a su vÃ­ctima sola. Los demonios dentro de la ciudad se estaban multiplicando a un ritmo peligrosamente rÃ¡pido y ella estaba teniendo problemas para mantenerse al dÃ­a y ayudar incluso a las probabilidades de los seres humanos. De hecho... se sentÃ­a como si estuviera perdiendo la guerra.

Aquellos seres humanos que estaba tratando de proteger habÃ­an dado al mal un nombre a travÃ©s de libros y pelÃ­culas... vampiros. Era sÃ³lo un nombre aunque... vampiro, demonio, para ella era lo mismo. Se encogiÃ³ de hombros. Con ella era casi como un espejo de dos vÃ­as, porque aunque podÃ­a detectar a los vampiros... tambiÃ©n sabÃ­an cuando entrÃ³ en una habitaciÃ³n llena de gente. Ella no pensaba que pudieran detectar su poder... eso no era lo que parecÃ­a atraerlos a ella... era mÃ¡s como una campana de cena con ella como el plato principal.

Incluso habÃ­a acudido al mÃ©dico una vez para ver si tenÃ­a un extraÃ±o tipo de sangre... pensando que eso les atraÃ­a. Pero el mÃ©dico sÃ³lo le habÃ­a dado un saludable certificado. Lo que le dio escalofrÃ­os fue que cuando ella salÃ­a de la oficina, el mÃ©dico la habÃ­a detenido y le habÃ­a pedido que donara sangre. Torcido... era sÃ³lo retorcido.

Por alguna razÃ³n, los vampiros siempre estaban atraÃ­dos por ella y tendrÃ­a que luchar contra ellos. Tal vez el mÃ©dico no habÃ­a estado buscando lo correcto. Una triste expresiÃ³n se deslizÃ³ por su cara sabiendo que era por eso que tenÃ­a que permanecer sola. Ella habÃ­a puesto a su familia y amigos en peligro demasiadas veces para vivir cerca de ellos. La Ãºltima vez que uno habÃ­a seguido su casa. Era difÃ­cil mantener su secreto sin tener un demonio en el patio delantero.

Su abuelo fue el que la habÃ­a llevado a esta vida, asÃ­ que fue Ã©l quien le habÃ­a hecho la Ãºnica pregunta que la atormentaba. Â¿CÃ³mo era el sentido del vampiro cuando estaba cerca y por quÃ© siempre la buscaban en un lugar lleno de cientos? RecordÃ³ que Ã©l le habÃ­a golpeado la barbilla mientras profundamente pensaba, pero la forma en que la miraba la hacÃ­a sentir como si estuviera guardando algo de ella.

-Lo investigarÃ© y te harÃ© saber si tengo una pista. -Todo lo habÃ­a dicho su abuelo.

Ella habÃ­a dejado de preguntar por quÃ© tenÃ­a el poder de golpearlos y realmente lastimarlos... no era como si no pudieran sostener sus propias veces sin embargo. Ella habÃ­a cojeado en casa muchas veces para pensar que era indestructible. Pero ella sanÃ³ mÃ¡s rÃ¡pido que cualquier persona que ella conocÃ­a y podrÃ­a tomar un duro golpe mejor que... bueno, ella no conocÃ­a a nadie que pudiera resistir lo que ella podrÃ­a... cualquier humano que es.

Ahora que tenÃ­a una distancia segura entre ella y todo lo que amaba... Kyoko tenÃ­a una razÃ³n para estar enojado y una razÃ³n para pelear. Ella los culpaba... de los demonios que la acosaban. La habÃ­an obligado a salir de casa y abandonar todo lo que se parecÃ­a a una vida normal. Ahora su familia se habÃ­a mudado a la casa del santuario. Por supuesto, los puso mÃ¡s cerca de Tasuki y eso la hizo sentirse mejor.

"No es tan malo", dijo en voz alta en la soledad de su apartamento. Al salir de la cama, se dirigiÃ³ a la pequeÃ±a cocina y abriÃ³ la nevera. "EstÃ¡ bien... tal vez sea asÃ­ de malo", sonriÃ³ Kyoko al ver que todavÃ­a estaba vacÃ­a.

SÃ³lo tendrÃ­a que ir a buscar a los vampiros esta noche y si tenÃ­an un fajo de dinero en efectivo en el bolsillo cuando los matÃ³, entonces que asÃ­ sea... no era como si pudieran llevarlo al infierno con ellos. Cerrando la puerta se volviÃ³ hacia la Ãºnica cosa que sabÃ­a que tenÃ­a mucho. -Gracias a Dios por el cafÃ©.

LevantÃ³ la taza a sus labios sabiendo que iba a ser una larga noche.

*****

Hyakuhei estaba en la cama escuchando la voz de su hermano una vez mÃ¡s antes de que se desvaneciera. Esto se habÃ­a convertido en un hÃ¡bito... aunque en su opiniÃ³n, era mejor que estar cara a cara. Ellos escuchaban los pensamientos de los demÃ¡s la mayorÃ­a de las noches por los pocos momentos que tomÃ³ para que el sol se pusiera... entonces el enlace se desvanecerÃ­a. En los Ãºltimos tiempos, las silenciosas conversaciones se habÃ­an vuelto cada vez mÃ¡s inquietantes.

MirÃ³ hacia arriba el toldo que cubrÃ­a su cama... viendo el regalo de su hermano. El espejo de las almas habÃ­a aparecido en su habitaciÃ³n hace mÃ¡s de un mes... ya lo habÃ­a visto antes. Era el Ãºnico espejo que podÃ­a arrojar el reflejo de un vampiro. HabÃ­a sido la preciada posesiÃ³n de su hermano.

Cuando habÃ­a llamado silenciosamente a Tadamichi, preguntando por quÃ© se lo habÃ­a dado, su hermano le habÃ­a respondido: Â«SÃ³lo quiero recordarle lo que es ustedÂ».

Ahora contemplaba su propio reflejo y sabÃ­a que habÃ­a otra razÃ³n para el regalo. Era una manera de ver a su hermano gemelo mientras se miraba a sÃ­ mismo. Hyakuhei se pasÃ³ el brazo por los ojos, rechazando la vista.

HabÃ­a pensado que Tadamichi estarÃ­a enojado cuando le dijera que estaba matando a los vampiros mestizos dentro de la ciudad por el simple hecho de que estaban en su camino... o en el lugar equivocado en el momento equivocado. El conocimiento ni siquiera habÃ­a perturbado a Tadamichi. Su hermano sÃ³lo le recordÃ³ que el poder de gobernar la ciudad humana y los demonios dentro de ella eran de ellos para la toma.

Tadamichi incluso habÃ­a confesado que le agradaba. De algÃºn modo torcido... su hermano gemelo estaba contento de haber proporcionado entretenimiento para Ã©l... algo que matar... de nuevo recordÃ¡ndole lo que era. Hyakuhei volviÃ³ a mirar al espejo pensando en la manipulaciÃ³n. Ãl y su hermano no eran mÃ¡s que monstruos en todos los sentidos de la palabra y no necesitaba ser recordado de ello.

Una cosa que Hyakuhei notÃ³ en los Ãºltimos meses fue que cuando su hermano se convirtiÃ³ en un vampiro, entonces ese vampiro convirtiÃ³ a un vampiro, y asÃ­ sucesivamente, todo lo que creÃ³ fue un vampiro dÃ©bil y necesitado que era codicioso y descuidado. Donde estaba puro sangre... sÃ³lo se alimentaba una vez al aÃ±o y no dejaba evidencia. PodÃ­a sobrevivir sin nada si decidÃ­a hacerlo o incluso participar de la comida humana. Un vampiro de raza reciÃ©n convertida se alimentaba todas las noches y generalmente sacrificaba su comida antes de que terminaran.

Un verdadero vampiro no hizo eso... un vampiro de sangre pura podrÃ­a seducir a los humanos en su esclavitud y luego alimentarse de ellos lo suficiente para saciar su sed antes de salir y tomar la memoria de Ã©l con ellos. Nadie era el mÃ¡s sabio. En otras palabras, cuanto mÃ¡s abajo la lÃ­nea el vampiro era de Tadamichi... mÃ¡s cerca estaban de ser una responsabilidad fea como la basura de la ciudad.

PodÃ­a sentir la necesidad de salir a la ciudad y formar parte de ella. No necesitaba que Tadamichi le recordara quiÃ©n era... ya podÃ­a sentir la necesidad de la caza. Su hambre crecÃ­a no sÃ³lo por la necesidad de alimentar... sino tambiÃ©n por la necesidad de sentir parte de algo. Ãl culpÃ³ este antojo a su hermano.

Hyakuhei deslizÃ³ su camisa de seda negra mientras caminaba hacia la ventana, retirando la cortina ahora que el sol se habÃ­a ido. EntrecerrÃ³ los ojos ante la vista. -Buena pared -dijo sarcÃ¡sticamente-. Su paisaje era el lado de un edificio de ladrillo a travÃ©s de un pequeÃ±o callejÃ³n y habÃ­a una razÃ³n para eso. A pesar de que podÃ­a soportar la luz del dÃ­a por unos momentos a la vez... lo Ãºltimo que querÃ­a era que fluyera a travÃ©s de la ventana de su dormitorio.

Casi se dio la vuelta y se alejÃ³, pero algo llamÃ³ su atenciÃ³n y mirÃ³ al callejÃ³n.

AllÃ­... apoyado contra la pared mÃ¡s alejada del alcance de las lÃ¡mparas de la calle, era un joven de unos veinte aÃ±os. Hyakuhei mirÃ³ fijamente a la mirada bien vestida de la universidad, sabiendo que era engaÃ±osa. PodÃ­a oler la sangre de la Ãºltima muerte del subalterno incluso a travÃ©s de la ventana cerrada. El rostro sombreado se volviÃ³ un poco y Hyakuhei pudo ver el resplandor de luz artificial que emanaba de sus ojos.

Si habÃ­a algo que Hyakuhei podÃ­a decir sobre sÃ­ mismo, era que era muy territorial. Incluso Ã©l y su gemelo se quedaron en diferentes lados de la ciudad por esta razÃ³n. No permitirÃ­a que estos medios demonios codiciosos se alimentaran tan cerca de su edificio. Si esto era lo que su hermano deseaba... verlo matar a un asesino... asÃ­ sea.

Hyakuhei extendiÃ³ la mano y abriÃ³ la ventana sin hacer ruido.

Antes de que pudiera saltar por la ventana, Hyakuhei escuchÃ³ pasos procedentes del otro lado del callejÃ³n y se detuvo. EsperÃ³ a que el estÃºpido humano entrara en la mortal trampa. Quienquiera que fuera... lo merecÃ­an por viajar por el oscuro callejÃ³n.

Demonios, donde no son los Ãºnicos peligros de la noche de la ciudad... los rufianes humanos como asaltantes y violadores tambiÃ©n se esconden en la oscuridad de la mayorÃ­a de los callejones de la ciudad. Tal vez incluso dejarÃ­a que el vampiro tuviera su Ãºltima comida antes de matarlo... era lo menos que podÃ­a hacer. No era como si le debÃ­a nada a la poblaciÃ³n humana. No le debÃ­a a nadie.

Se apoyÃ³ contra el alfÃ©izar de la ventana con oscuros y sombrÃ­os ojos. La primera cosa que Hyakuhei notÃ³ fue el largo cabello castaÃ±o mientras el humano se deslizaba de las sombras hacia la tenue luz que habÃ­a debajo. La mitad de ella estaba en una cola de caballo rebotando, dejando el resto en cascada por sus hombros y espalda en ondas sedosas.

Llevaba una minifalda negra y corta con senderos de encaje negro que bajaban y cubrÃ­an algunos de sus muslos inferiores. La camisa coincidÃ­a con un paÃ±o de raso negro que bajaba justo por encima de su ombligo pero tambiÃ©n tenÃ­a los mismos senderos en forma de V de encaje negro que se movÃ­an mientras caminaba.

No perdiÃ³ nada mientras su mirada acariciaba los pequeÃ±os destellos de la piel expuesta. Su aura tenÃ­a el tamaÃ±o de cien seres humanos y se extendiÃ³ cubriendo la mayor parte del callejÃ³n. A medida que su aura pasaba cosas mundanas, los colores apagados se volverÃ­an vibrantes haciendo que incluso la oscuridad parezca impresionantemente viva.

Estaba tan encantado de ver a la chica que se olvidÃ³ momentÃ¡neamente de que estaba entrando en su propia trampa mortal.

Kyoko caminaba lentamente como si no tuviera un cuidado en el mundo. SabÃ­a que parecÃ­a delicada e indefensa... poco mÃ¡s que un niÃ±o. Ella estaba bien con eso porque ella era un buen objetivo. La noche de la ciudad estaba viva y latiendo pero si giraba la esquina equivocada, podÃ­a convertirse en sombras oscuras con bordes mortales... para los humanos.

Sus labios insinuaron una sonrisa engaÃ±osa mientras se volvÃ­a y se dirigÃ­a a uno de esos largos callejones oscuros. Al oÃ­r el leve eco de sus propios pasos, ella mantuvo su mirada frente a ella a pesar de que notÃ³ que una sombra se despegaba de la pared a mitad de camino.

Bajando las pestaÃ±as para no darse por vencido, Kyoko se cubriÃ³ la ropa y tuvo que reprimir una sonrisa. ParecÃ­a que venÃ­a de la parte rica de la ciudad. Una cosa que habÃ­a notado acerca de los vampiros en la ciudad era que la mayorÃ­a de ellos podrÃ­a haber tenido trabajos de modelado antes de que se convirtieran... sexy y mortal.

Ella levantÃ³ la cabeza sabiendo que el demonio estaba a punto de hacer su movimiento. Fiel a su acto... dio un grito casi silencioso... no era como si quisiera llamar la atenciÃ³n de la gente inocente que pasaba por la acera, era sÃ³lo una maniobra actuar asustada y despegar corriendo.

Corriendo por delante de Ã©l, corriÃ³ hacia adelante y luego se dirigiÃ³ hacia el lugar mÃ¡s oscuro del callejÃ³n como si tratara de esconderse de Ã©l. Justo cuando ella se volviÃ³, Ã©l se estrellÃ³ contra ella, colocando sus palmas a ambos lados de su cabeza como si intentara escapar.

El agresivo vampiro empujÃ³ su cuerpo contra el de ella mientras la miraba fijamente con frÃ­os ojos azules. -Â¿Quieres venir a cenar conmigo? Su voz tenÃ­a un mal humor que no debÃ­a atrapar.

Kyoko casi sonriÃ³ al oÃ­r la peticiÃ³n de doble filo. "Seguro... mientras sea estaca." Sus manos se deslizaron a su alrededor y Ã©l sonriÃ³ hasta que Ã©l sintiÃ³ el dolor cortar en su espalda y salir por delante de Ã©l. MirÃ³ hacia abajo la punta de la luz brillante que sobresalÃ­a de su pecho y abriÃ³ la boca sin hacer ningÃºn sonido.

Al ver a la chica pegada a la pared, Hyakuhei agarrÃ³ el alfÃ©izar de la ventana decidiendo que serÃ­a egoÃ­sta y no permitirÃ­a al vampiro que la Ãºltima comida. EmpujÃ¡ndose hacia adelante, sus pies golpearon el suelo justo cuando la niÃ±a saliÃ³ de la sombra solo.

Hyakuhei no se moviÃ³ cuando parecÃ­a no darse cuenta de Ã©l. RetrocediÃ³ hacia las sombras y observÃ³ mientras sacaba unos pantalones de la oscuridad. ArqueÃ³ una ceja al darse cuenta de que era la ropa del vampiro que acababa de atacarla.

"Tiene que haber una mejor manera de deshacerse de ellos", murmurÃ³ Kyoko. "Â¿QuiÃ©n oyÃ³ hablar de un vampiro que se derritiera de todos modos? Nunca me acostumbrarÃ© a eso. DeberÃ­a ser mÃ¡s como en las pelÃ­culas... Maricon y se han ido. "Ella continuÃ³ mientras se extendÃ­a en el bolsillo delantero de los pantalones y sacando un paquete de cigarrillos. "GuÃ¡rdelas para mÃ¡s tarde, nunca sepa cuÃ¡ndo voy a necesitar un favor. Â¿Por quÃ© diablos estÃ¡ fumando un vampiro de todos modos? "

Ella sostuvo los pantalones delante de ella e hizo una cara con el pegote en el frente lentamente goteando abajo. "Eu," Ella dijo infantilmente antes de comenzar su bÃºsqueda de los bolsillos traseros. -Vamos a ver -susurrÃ³ ella. "Peine, mÃ¡s ligero... pertenencia al gimnasio local... Â¿hilo dental?" Kyoko mirÃ³ el producto de higiene dental antes de lanzarlo detrÃ¡s de ella. "Ahora hay un pensamiento grosero."

Dejando caer los pantalones, sacÃ³ su chaqueta de los restos del vampiro y comenzÃ³ a buscar allÃ­. "EstÃ¡ bien, esto es mÃ¡s prometedor," dijo ella un poco mÃ¡s fuerte. "Tiffany and Co., definitivamente vale la pena empeÃ±ar. HA, jackpot ", exclamÃ³ Kyoko cuando sacÃ³ la billetera de la criatura muerta.

Al abrirla, sacÃ³ las tarjetas de crÃ©dito una por una, mirÃ¡ndolas. "Tarjeta bancaria, MasterCard, Visa... whoa, tarjeta American Express... No salgas de casa sin ella." DejÃ³ caer las tarjetas de crÃ©dito en el suelo y sacÃ³ el dinero. "Â¡SCORE!" GritÃ³ Kyoko cuando vio cuÃ¡nto habÃ­a allÃ­. "Un mes mÃ¡s sin tener que tener relaciones sexuales con Yohji para un lugar donde vivir, la vida es buena." Ella terminÃ³ mientras embolsaba el dinero y dejaba caer la chaqueta en una lata de basura.

Hyakuhei arqueÃ³ una ceja escuchando a la joven. "EstÃ¡ loca", pensÃ³ para sÃ­. DejÃ³ que la mÃ¡s breve sonrisa apareciera en sus labios cuando aliviÃ³ al vampiro muerto de todo su dinero. Mientras caminaba hacia la acera, saliÃ³ de la oscuridad y lentamente caminÃ³ hacia el lugar donde el otro vampiro habÃ­a quedado.

Viendo todo lo que quedaba de Ã©l era un charco negro y polvoriento, se metiÃ³ en el bolsillo un fÃ³sforo y lo encendiÃ³, arrojÃ¡ndolo sobre los restos. El callejÃ³n iluminÃ³ durante unos cinco segundos antes de quemarse... sin dejar nada atrÃ¡s.

Estaba teniendo problemas para aceptar que una simple mujer humana habÃ­a hecho esto a un vampiro. Estaba vestida indecentemente, aparentemente tenÃ­a unos cuantos tornillos sueltos en la cabeza y era un carterista maestro considerando todas las joyas sin valor que habÃ­a dejado atrÃ¡s. Prueba de que ser el Rolex golpear que se habÃ­a quemado con el resto de la mitad de raza muerta.

InhalÃ³ aun oliendo el olor persistente de la muchacha. QuÃ© extraÃ±o para una vestida tan provocativa aÃºn ser virgen. VolviÃ³ a mirar el lugar quemado en el suelo ya no le importaba cÃ³mo lo habÃ­a matado... si no lo hubiera hecho... lo habrÃ­a hecho.

Mientras caminaba hacia la acera, su mirada se volviÃ³ lentamente en la direcciÃ³n que habÃ­a tomado. Por primera vez en mucho tiempo, Hyakuhei sintiÃ³ un revuelo en su sangre. Esta noche cazarÃ­a y antes del amanecer... la saborearÃ­a.

*****

Kyoko gimiÃ³ al ver a la multitud que todavÃ­a se estaba moliendo en la puerta del metro. Era el fin de semana y el lugar parecÃ­a ser un punto caliente. Se deslizÃ³ alrededor de la lÃ­nea y se dirigiÃ³ hacia el gorila, dÃ¡ndole un mero asentimiento antes de agacharse bajo el brazo que le abrÃ­a la puerta. Todos los salteros la conocÃ­an a la vista porque vivÃ­a por encima del club.

Una vez dentro, se dirigiÃ³ directamente a la puerta que decÃ­a "No entrar". Golpeando el cÃ³digo de la cerradura de la puerta, extendiÃ³ la mano y la abriÃ³, dejÃ¡ndola cerrar detrÃ¡s de ella. Ella respirÃ³ un suspiro tan pronto como el ruido se convirtiÃ³ en un rugido sordo. Sintiendo que el trozo de dinero se aferraba fuertemente a su mano, subiÃ³ las escaleras. Los demonios no eran lo Ãºnico peligroso en la ciudad y ella no estaba caminando toda la noche con su dinero de alquiler en su sujetador.

DeteniÃ©ndose por las pequeÃ±as cajas de cierre al final del pasillo, ella perforÃ³ otro cÃ³digo y lo abriÃ³ para revisar su correo. Normalmente estaba vacÃ­o, pero Kyoko sonriÃ³ al ver el solitario sobre que descansaba dentro y lo sacÃ³, reconociendo la escritura de su abuelo en la etiqueta de direcciÃ³n.

Cerrando el armario del buzÃ³n, subiÃ³ otro tramo de escaleras. El secreto para mantenerse en forma... viven en el tercer piso sin ascensor. Se detuvo antes de golpear el piso superior y contÃ³ el dinero viendo que sÃ³lo le quedaban veinte dÃ³lares despuÃ©s de dar a Yohji su dinero de alquiler.

Yohji... se encogiÃ³. Kyoko sabÃ­a que Ã©l querÃ­a que ella le pidiera mÃ¡s tiempo para pagar el alquiler, pero que serÃ­a doble si no llegaba a pasar. Yohji era escoria en lo que a ella se referÃ­a, pero tenÃ­a que ser amable con Ã©l ya que Ã©l era el que coleccionaba su renta cada mes. TambiÃ©n le correspondÃ­a arreglar las cosas y Ã©l tenÃ­a la voz, asÃ­ que en quiÃ©n alquilÃ³ y quiÃ©n fue expulsado.

CaminÃ³ hasta su puerta y apenas consiguiÃ³ su llave en la cerradura antes de que la puerta al otro lado del pasillo se abriera. Kyoko gimiÃ³ interiormente antes de dar la vuelta y dar una sonrisa forzada a Yohji. Â¿QuÃ© era... psÃ­quico?

"Â¿CÃ³mo te va cosa caliente?" PreguntÃ³ Yohji mientras se apoyaba contra el marco de su puerta como si estuviera actuando bien.

"Se va", respondiÃ³ Kyoko, deseando de repente que llevara un enorme abrigo que ocultaba todo lo que Ã©l miraba tan ligeramente. -Ah, tengo el dinero del alquiler por cierto. -Le entregÃ³ el dinero que habÃ­a contado cuidadosamente hacia Ã©l sabiendo que era mejor que acercarse a su puerta-. La Ãºltima vez que habÃ­a llegado a cerrarla, la habÃ­a invitado a entrar.

Los hombros de Yohji se desplomaron visiblemente mientras sus ojos se arrastraban de nuevo hacia ella, "EstÃ¡ bien, entra y te traerÃ© un recibo." HabÃ­a esperado que ella estuviera corto este mes y le rogara que dejara escapar. La esquina de sus labios se alzÃ³ en una sonrisa.

Kyoko sacudiÃ³ la cabeza mientras contaba a diez. -Puedo esperar aquÃ­ afuera. Ella cruzÃ³ los brazos delante de ella como si estuviera aburrida de su mente esperando en Ã©l.

Yohji se encogiÃ³ de hombros sabiendo que ese pequeÃ±o juego... lo habÃ­an jugado antes. Iba a buscar el recibo y ella se irÃ­a antes de que volviera a salir. Te lo darÃ© mÃ¡s tarde.

"EstÃ¡ bien", Kyoko girÃ³ la llave en su cerradura y abriÃ³ la puerta de su apartamento tratando de una rÃ¡pida escapada.

"Â¿Alguien te ha dicho lo bien que te ves en esa falda?", PreguntÃ³ Yohji de pronto justo detrÃ¡s de ella.

Kyoko mirÃ³ por encima de su hombro hacia Ã©l y arqueÃ³ una ceja. "Â¿EstÃ¡s coqueteando conmigo Yohji?" Siempre se habÃ­a preguntado quÃ© aspecto tendrÃ­a su espalda... con la nariz ensangrentada.

-Â¿Es importante? -preguntÃ³, pasando una mano por su pelo clavado y sonriendo, pensando que finalmente iba a tener suerte.

"En realidad lo hace," declarÃ³ Kyoko. "No creo que a mi novio le guste mucho".

Yohji sonriÃ³ burlonamente sabiendo que ella pasaba su tiempo dentro del apartamento solo, "Ahora ambos sabemos que no tienes novio, Kyoko. Si no lo sabÃ­a mejor, dirÃ­a que tratabas de evitar lo inevitable. PresionÃ³ su gran mano contra la puerta abierta de Kyoko para que no pudiera cerrarla. -Â¿QuÃ© pasa? Â¿Miedo de no ser hombre suficiente para usted, o lo estÃ¡ guardando para ese alguien especial imaginario? "

Kyoko lo fulminÃ³ con la mirada, sus ojos esmeraldas se volvieron tempestuosos. Si estaba cansado de ser amable... entonces tambiÃ©n lo era. "Lo siento Yohji, pero estoy mÃ¡s en los tipos que no se sumergen en un sabor diferente de salsa cada noche."

Kyoko jadeÃ³ cuando Yohji de repente agarrÃ³ la mano que tenÃ­a en el pomo de la puerta y cerrÃ³ la puerta y luego presionÃ³ contra su trasero, empujando su cuerpo hacia la madera implacable.

"No puedes decirme que no eres un poco curioso Kyoko," Yohji susurrÃ³ en su oÃ­do mientras molÃ­a su excitaciÃ³n contra su fondo. "No le dirÃ© a tu novio imaginario si no quieres."

No es imaginario. De hecho, voy a reunirme con Ã©l abajo en un rato ", Kyoko argumentÃ³ sabiendo si perdiÃ³ la paciencia con el culo mudo... definitivamente serÃ­a expulsado y se marcharÃ­a en una ambulancia.

"Â¿Oh enserio? Dime cÃ³mo es Ã©l, "preguntÃ³ Yohji mientras se sentÃ­a tenso dentro de sus vaqueros. Le gustaban los que hacÃ­an una pequeÃ±a pelea.

Kyoko respirÃ³ hondo. "Tiene cabello sedoso largo y negro, piel pÃ¡lida, ojos muy oscuros y un cuerpo por el que morir." Ella describiÃ³ y sonriÃ³ mentalmente. -Â¡Te tomas el culo! -Y es muy posesivo.

Yohji hizo un sonido que se suponÃ­a que era un gruÃ±ido. Kyoko casi se echÃ³ a reÃ­r... si Yohji sÃ³lo sabÃ­a lo que sonaba la cosa real. Finalmente decidiÃ³ que ya habÃ­a tenido suficiente y estaba a punto de encenderlo cuando una puerta mÃ¡s allÃ¡ del pasillo se abriÃ³.

Amni saliÃ³ con un par de pantalones vaqueros apretados y camiseta negra que acentuÃ³ su cuerpo atlÃ©tico. Sus ojos azules se entrecerraron y los mÃºsculos de su mandÃ­bula saltaron mientras entraba en el llamado casero virtualmente atacando a Kyoko. ObservÃ³ cÃ³mo Yohji se alejaba rÃ¡pidamente de Kyoko y la mujer de pelo castaÃ±o se volviÃ³ con una mirada.

-DÃ©jame saber cuÃ¡ndo quieres el alquiler -dijo dulcemente-. "PensÃ¡ndolo bien... tal vez empiece a enviarlo a tu hermano Hitomi para que no te moleste mÃ¡s... Â¿de acuerdo?"

Antes de que Yohji pudiera detenerla, Kyoko se metiÃ³ en su apartamento y cerrÃ³ todas las cerraduras detrÃ¡s de ella. Arrojando su chaqueta en una silla cercana, Kyoko abriÃ³ la carta de su abuelo y comenzÃ³ a leerla. Se deslizÃ³ sobre el sofÃ¡ y puso los ojos en blanco ante su contenido.

"Oh, esto es rico," gruÃ±Ã³ Kyoko suavemente. "No sÃ³lo soy una virgen de dieciocho aÃ±os... Â¿pero esa es la razÃ³n por la que los vampiros pueden sentirme?" Ella bufÃ³ en disgusto justo antes de que sus ojos se abrieran en la Ãºltima lÃ­nea de la carta. "Â¿Quieres que lo haga?", GritÃ³ Kyoko.

Su abuelo acababa de ordenarle que encontrara un novio o le dirÃ­a a Tasuki dÃ³nde encontrarla.

"Abuelo..." Ella hervÃ­a mientras arrugaba la carta en su puÃ±o. "Â¡PERFECCIONARAS TIRON, TÃ PODÃAS HABER HABLADO ESTO HACE MUCHO TIEMPO!"

Amni habÃ­a mirado a Yohji hasta que el fluente regresÃ³ a su apartamento. "Me pondrÃ© contigo por tocarla mÃ¡s tarde", informÃ³ a la puerta cerrada y luego se volviÃ³ para golpear a Kyoko. Su mano se detuvo en el aire preguntÃ¡ndose quiÃ©n estaba gritando.

Hubo un golpe suave en su puerta y Kyoko irrumpiÃ³ a travÃ©s de la habitaciÃ³n. RÃ¡pidamente desatÃ³ todas las cerraduras y casi arrancÃ³ la puerta del apartamento de sus bisagras antes de mirar al pobre alma del otro lado.

-Â¿QuÃ©? -preguntÃ³ ella.

Amni retrocediÃ³ un paso y alzÃ³ las manos delante de Ã©l. "TranquilÃ­cese con Kyoko, sÃ³lo me estaba asegurando de que estuvieras bien." Aunque admitirÃ­a que la ira se veÃ­a muy sexy en ella, especialmente cuando su pecho se elevaba y caÃ­a asÃ­.

Kyoko suspirÃ³ y apoyÃ³ la sien en la puerta. Amni era el barman abajo en el club. HabÃ­an logrado un tipo de amistad poco despuÃ©s de que ella se mudara. Amni era muy linda con el pelo rubio que colgaba en capas alrededor de su cara y por su espalda... las capas mÃ¡s largas apenas tocaban sus muslos superiores. Su piel estaba libre de manchas y tenÃ­a un aspecto sedoso que Kyoko estaba seguro que cualquier chica podrÃ­a acostumbrarse.

Ãl habrÃ­a sido su primera opciÃ³n para lo que el abuelo Hogo habÃ­a sugerido... demasiado malo Ã©l era un vampiro. Esa era una relaciÃ³n extraÃ±a, si no desastrosa, esperando que ocurriera si alguna vez llegaba a pasar... lo cual no. Amni nunca habÃ­a hecho ningÃºn movimiento para matarla o acostarse con ella por lo que estaba agradecida. Fue todo para el mejor de todos modos, porque ella no serÃ­a atrapada muerta con un vampiro como novio, no en un millÃ³n de aÃ±os.

Amni estaba pacientemente fuera de su puerta y estudiÃ³ su cansada expresiÃ³n. HabÃ­a conocido por primera vez a Kyoko en el mismo pasillo la misma noche en que se habÃ­a mudado. TodavÃ­a le hacÃ­a sentirse un poco alto cuando se dio cuenta de las implicaciones de esa reuniÃ³n.

Acababa de salir de su habitaciÃ³n y la estaba cerrando cuando saliÃ³ de la suya. Ambos se congelaron y se miraron el uno al otro. Su puÃ±o derecho estaba enroscado y vio el brillante dardo del espÃ­ritu apretado firmemente dentro de Ã©l. DespuÃ©s de mirarle unos instantes, se volviÃ³ para mirarlo, pero se quedÃ³ junto a su puerta, apoyÃ¡ndose en ella.

Amni caminÃ³ cuidadosamente por el pasillo hacia las escaleras y respirÃ³ un suspiro de alivio cuando finalmente llegÃ³ al club. MÃ¡s tarde esa noche, o temprano en la maÃ±ana, si lo desea, Ã©l habÃ­a subido arriba listo para regar los olores de la barra de su cuerpo. Otra vez vio a Kyoko de pie frente a su puerta y recordÃ³ preguntÃ¡ndose si habrÃ­a permanecido allÃ­ toda la noche.

Mientras caminaba por su lado hacia su propia puerta, ella finalmente le hablÃ³.

"SÃ© lo que eres," Kyoko dijo suavemente.

Amni se detuvo, pero se mantuvo de espaldas a ella esperando que ella lo viera como un signo de confianza. -Tengo una buena idea de lo que eres tambiÃ©n.

-Entonces propongo una tregua -dijo Kyoko-.

Amni finalmente la mirÃ³ con curiosidad. -Â¿Por quÃ© no me mataste anoche?

Kyoko cruzÃ³ los brazos sobre su pecho, pensando en ello durante toda la noche. La verdad era... que simplemente no querÃ­a. "No matas a los humanos para alimentarte", ella habÃ­a estado mÃ¡s que agradecida de encontrar todas las pintas de sangre de la Cruz Roja vacÃ­as en su basura.

"Mi sustento es entregado una vez por semana", Amni explicÃ³ secretamente preguntÃ¡ndose cÃ³mo ella ya lo sabÃ­a.

A partir de ese momento, Amni se habÃ­a convertido en amigo de Kyoko, hermano, protector... quizÃ¡s mÃ¡s. No estaba seguro de quÃ© palabra usarÃ­a para describir su relaciÃ³n. Lo Ãºnico que sabÃ­a era que se miraban unos a otros.

"Estoy bien", respondiÃ³ Kyoko, atrayendo su atenciÃ³n hacia el presente. -SÃ³lo un poco estresado.

Amni sonriÃ³, "SÃ­, Yohji puede hacerle eso. Â¿CreerÃ­as que en realidad llegÃ³ a mÃ­ la otra noche? Hablar de doblado. "Era una mentira pero la mirada en su cara valiÃ³ la pena. La verdad era que habÃ­a pillado a Yohji en el bar yendo a una chica que ya le habÃ­a dicho "No" muchas veces... pero Ã©l dejarÃ­a de lado ese pequeÃ±o detalle.

Las cejas de Kyoko se dispararon en su cabello y una sonrisa incrÃ©dula se extendiÃ³ por su rostro. "Oh, Dios mÃ­o, Â¿tienes que estar bromeando?"

Amni sacudiÃ³ la cabeza, "No, no me encantarÃ­a algo asÃ­."

-Â¿QuÃ© hiciste? -preguntÃ³, deseando haber sido una mosca en la pared.

-Le golpeÃ© su culo borracho y lo depositÃ© en su apartamento. -Su sonrisa se ensanchÃ³-. Me hubiera gustado ver su rostro cuando se despertÃ³.

Las cejas de Kyoko alzaron una muesca, "Â¿QuÃ© extraÃ±o?"

"En lugar de meterlo en su cama... lo metÃ­ debajo de Ã©l." Sus ojos azules brillaron maliciosamente.

Kyoko se echÃ³ a reÃ­r y negÃ³ con la cabeza. -Usted no tiene precio, Amni.

Amni sonriÃ³, "Ahora no vayas diciendo a todo el mundo que... podrÃ­an pensar que soy un buen tipo." Su rostro se suavizÃ³ sabiendo que Ã©l la habÃ­a hecho feliz. -Supongo que serÃ¡ mejor que vaya a la planta baja antes de que el lugar se vuelva demasiado salvaje sin mÃ­.

"Eres un chico agradable", le informÃ³ Kyoko. Te verÃ© abajo en poco tiempo.



CapÃ­tulo 3 "El hambre"



Hyakuhei estaba de pie frente a The Underground. Normalmente se mantenÃ­a alejado de esta zona de la ciudad porque estaba muy infestado de mestizos. TambiÃ©n estaba mÃ¡s cerca de la guarida subterrÃ¡nea de su hermano, lo que le hacÃ­a preguntarse quiÃ©n habÃ­a nombrado a la pequeÃ±a discoteca abarrotada. No era un buen lugar para la chica.

Ãl desapareciÃ³ y reapareciÃ³ dentro de sus paredes, tomando un asiento en el rincÃ³n mÃ¡s oscuro.

Amni seguÃ­a sonriendo cuando abriÃ³ la puerta y entrÃ³ en el club sÃ³lo para detenerse en seco. Algo no estaba bien. Su cabeza se rompiÃ³ a un lado y sus ojos se abrieron. Tadamichi? Apartando la mirada, se alejÃ³ tras el bar, completamente alterado.

Â¿Por quÃ© estaba el Maestro aquÃ­... en su bar?

*****

Kyoko se quedÃ³ mirÃ¡ndose en el espejo preguntÃ¡ndose quÃ© borracho tendrÃ­a que tener antes de que pudiera hacerlo. Ella se pelusa el pelo y empezÃ³ a cambiar, pero no... decidir lo que llevaba se espera que haga el truco. SÃ³lo tendrÃ­a que detenerse de golpear a quienquiera que se le acercara por una vez.

Ella asintiÃ³ con la cabeza en su reflejo, dÃ¡ndose la charla de su vida. "Ok Kyoko... puedes hacer esto. Piensa en todos los vampiros en los que podrÃ¡s escabullirse si no sienten que viene tu virginidad. "Ella puso los ojos en blanco ante la extraÃ±eza de esa conversaciÃ³n. "Alcohol... eso es lo que necesito."

En cuestiÃ³n de minutos estaba sentada en el bar pensando en lo que habÃ­a dicho el abuelo. MirÃ³ a Amni mientras trabajaba para mezclar todas las extraÃ±as solicitudes de bebida. Ella frunciÃ³ el ceÃ±o, preguntÃ¡ndose por quÃ© parecÃ­a tan nervioso. InclinÃ³ la cabeza un poco mientras lo veÃ­a echar de menos la copa con la que apuntaba con la bola de hielo.

Hyakuhei sintiÃ³ su presencia en el momento en que entrÃ³ en la habitaciÃ³n. No tenÃ­a prisa mientras se recostaba en la silla que la examinaba. La niÃ±a parecÃ­a no prestar atenciÃ³n a nada a su alrededor, lo que le llevaba a creer que no querÃ­a estar aquÃ­ en absoluto... asÃ­ que Â¿por quÃ© estaba? Ãl la mirÃ³ en el espejo mientras tomaba un asiento de la pared en el bar, confirmando el hecho de que parecÃ­a que preferÃ­a estar sola.

Ãl siguiÃ³ su lÃ­nea de visiÃ³n y se dio cuenta de que era la licitaciÃ³n de bar que mantenÃ­a su atenciÃ³n... el vampiro rubio que lo habÃ­a mirado nerviosamente.

Amni mirÃ³ de nuevo a preguntarse si era su imaginaciÃ³n o no, pero parecÃ­a que el rincÃ³n se habÃ­a vuelto aÃºn mÃ¡s oscuro. Tratando de fingir que no le molestaba, Ã©l, apoyÃ³ sus manos contra el bar y le dirigiÃ³ una sonrisa distraÃ­da a Kyoko: -Â¿Quieres una copa?

"SÃ­," Kyoko le informÃ³, la determinaciÃ³n en su voz casi haciendo que Amni se cayera. "El tÃ© helado de Long Island... mÃ¡s fuerte que usted puede hacerlo." Ella anunciÃ³.

Amni vacilÃ³ y mirÃ³ a su alrededor preguntÃ¡ndose si habÃ­a entrado en la Zona de CrepÃºsculo para la noche. Primero, el seÃ±or vampiro entra y se sienta como si fuera el dueÃ±o del lugar, entonces Kyoko pide una bebida alcohÃ³lica. Â¿QuÃ©... Polar Bears realizando la Suite Cascanueces?

Su mano inconscientemente se acercÃ³ a su cuello, recordando la noche en que Tadamichi lo habÃ­a vuelto hace tanto tiempo. Â¿Estaba aquÃ­ buscando otra vida? ApartÃ³ el pensamiento con fuerza de su mente.

"Kyoko," dijo Amni en voz baja. "No creo que una bebida sea lo que realmente quieres. Â¿Por quÃ© no vuelves arriba y duermes un poco? Eso es mejor para el estrÃ©s y luego una resaca. Estoy seguro de que todo se verÃ¡ mejor por la maÃ±ana.

Kyoko le habÃ­a dicho muchas veces que ella era una persona que no bebÃ­a y que ya habÃ­a suficientes alarmas para esta noche para que ella cambiara de opiniÃ³n. En muchos niveles, estaba contento de no haber notado la bomba atÃ³mica de todos los vampiros que estaban en la esquina... y le gustarÃ­a mantenerlo de esa manera.

"No se puede hacer", dijo Kyoko con una mueca. "Tengo un poco de equipaje que necesito deshacerme de esta noche y empezarÃ¡ con esa bebida que me vas a dar".

-De acuerdo, estÃ¡ bien -dijo Amni, ahora que tenÃ­a toda su atenciÃ³n. "Retraiga las garras y deja de silbarme o no tendrÃ¡s ninguna."

Kyoko fulminÃ³ con la mirada y Amni riÃ³ entre dientes. Deseaba poder arreglar lo que le molestara lo suficiente para hacerla beber. Era la Ãºnica que conocÃ­a, cuya vida parecÃ­a tan complicada como la suya. Tratando de animarla, guiÃ±Ã³ un ojo y encendiÃ³ el encanto.

-Bueno, es verdad -dijo mientras se servÃ­a el ron. "Todo lo que falta es la piel, la cola y las orejas. Ya tienes el temperamento y la actitud.

Kyoko agarrÃ³ el aire delante de ella juguetonamente con una sonrisa en su rostro. "Tal vez deberÃ­a ir a destacar en el callejÃ³n esta noche maullando de llave y esperando a un novio peludo."

Amni colocÃ³ la bebida delante de ella antes de sacudir la cabeza. "Y aquÃ­ pensÃ© que yo era el Ãºnico hombre en tu vida. Usted me hiere Kyoko... Puedo necesitar consuelo. "Ãl colocÃ³ su mano sobre su corazÃ³n para el afecto aÃ±adido, aunque en alguna parte profundamente abajo... Ã©l no estaba bromeando.

Kyoko hizo una pausa con la bebida a medio camino de sus labios. "Amni... deja de coquetear conmigo. Es un poco inquietante. "Ella levantÃ³ la vista todavÃ­a jugando, pero como ella sostuvo sus ojos un segundo demasiado largo, su aliento se calmÃ³ dentro de su pecho. Si no fuera un vampiro. Cerrando los ojos, tomÃ³ una copa muy larga del vaso.

-Estoy hablando en serio -continuÃ³ Amni mientras miraban con fijeza una silenciosa batalla de voluntades-. "Si no puedes decirme quÃ© estÃ¡ pasando, entonces, Â¿a quiÃ©n puedes contar?"

"Necesito otra bebida primero." Kyoko golpeÃ³ sus pestaÃ±as en Ã©l sparring por mÃ¡s tiempo y coraje para decir su pequeÃ±o secreto sucio.

Amni lentamente le hizo otra bebida. Ãl se encogiÃ³ ante el impulso de sacudirla arriba y encerrarla en su habitaciÃ³n para pasar la noche. Cuando volviÃ³ a mirar hacia arriba y le entregÃ³ la bebida... la primera estaba vacÃ­a. EmpezÃ³ a apretarla, pero alguien en el otro extremo de la barra llamÃ³. Con un gruÃ±ido agitado, se alejÃ³.

Kyoko lo observÃ³ mientras trabajaba. Amni estaba en lo correcto... si no podÃ­a decirle, entonces, Â¿a quiÃ©n podÃ­a contar? En toda la ciudad, era la Ãºnica con quien podÃ­a hablar libremente... la Ãºnica a la que llamarÃ­a una amiga. Ella sintiÃ³ que sus ojos se le llenaban de agua y se preguntÃ³ si serÃ­a lo que ellos llamaban un borracho llorando.

"Â¡No!" Ella se regaÃ±Ã³ y levantÃ³ la bebida en una tostada. -AquÃ­ estÃ¡ la pÃ©rdida de la virginidad. Ella lo girÃ³ y no se detuvo hasta que el vaso volviÃ³ a estar vacÃ­o.

Ser un vampiro tenÃ­a muchas ventajas y una buena audiciÃ³n era una de ellas. Amni empujÃ³ las bebidas mezcladas delante de la muchedumbre ruidosa pero sus ojos anchos estaban en Kyoko mientras que la mirÃ³ abajo de su bebida como si la ahorrarÃ­a. "Â¡Pierde quÃ©!" PrÃ¡cticamente volÃ³ hasta su extremo del bar y la estaba mirando fijamente cuando abriÃ³ los ojos.

Kyoko se estremeciÃ³ al ver a Amni tan cerca tan de repente, luego sus labios se separaron cuando ella se dio cuenta... "Â¿Me escuchaste?" Ella tragÃ³ saliva tratando de superar la sensaciÃ³n de quemazÃ³n que le quedaba del alcohol yendo tan rÃ¡pido por su garganta. En el momento en que recuperÃ³ el aliento, Kyoko podÃ­a sentir la bebida empezar a trabajar su magia.

"Otra, por favor." Ella empujÃ³ el vaso hacia Ã©l ignorando el elefante gigante en la habitaciÃ³n que ahora estaba sentada entre ellos.

La ira repentina que atravesÃ³ Amni fue templada por el dolor. Sus ojos azules se convirtieron en una sombra mÃ¡s oscura. Sus manos temblaron mientras Ã©l fijaba OTRA bebida para ella. No tenÃ­a el efecto calmante que esperaba.

"SÃ­, te oÃ­... este no es el lugar para que te emborraches y cÃ¡llate. Sigue bebiendo esos tÃ©s helados esta noche y estarÃ¡s en el callejÃ³n cantando la llave mientras un hombre sin rostro... "

Los ojos esmeralda de Kyoko brillaron desafiante, "Parece divertido... mantenerlos venir".

Amni hizo una mueca. "Oh, eso es bajo."

Kyoko sonriÃ³ a Amni sobre el borde de su vaso y el vampiro no pudo evitar devolvÃ©rselo. HabÃ­a decidido cÃ³mo resolverÃ­a este problema. Ãl la dejarÃ­a emborracharse... pero no la dejarÃ­a salir del bar... no en un millÃ³n de aÃ±os. Por ahora, jugarÃ­a su pequeÃ±o juego de perdemos mi virginidad.

Kyoko suspirÃ³ cuando Amni volviÃ³ al otro extremo del bar. Se acercÃ³ al mostrador y agarrÃ³ una pajita esta vez. Â¿Por quÃ© tiene que ser algo asÃ­ como la virginidad entregÃ¡ndola a los demonios? No es como si pudiera enamorar de alguien. Si amaba a un tipo... entonces ella nunca podrÃ­a estar con Ã©l porque sÃ³lo lo pondrÃ­a en peligro.

Una cara brillÃ³ en su mente y cerrÃ³ los ojos deseando saborear la foto... Tasuki. Si ella no amaba a Tasuki entonces Ã©l serÃ­a su elecciÃ³n. Es porque ella lo amaba que ella no podÃ­a llamarlo y... dejar que le ayude a resolver su pequeÃ±o problema. DeslizÃ¡ndose la paja entre los labios, Kyoko empezÃ³ a beber mÃ¡s rÃ¡pido, tratando de levantarse lo suficiente como para volverse y jugar 'Eeny meeny miny moe'.

-Â¿En realidad estÃ¡s buscando quedar acostada? -preguntÃ³ Amni mientras le hacÃ­a otra bebida.

"Por supuesto que lo soy", declarÃ³ Kyoko. "Pero no quiero parecer una puta volviÃ©ndose".

-Entonces usa el espejo -soltÃ³ Amni y suspirÃ³ aliviada cuando Kyoko se iluminÃ³ ante la perspectiva. No querÃ­a que se volviera y divisara al seÃ±or vampiro sentado en la esquina. La anciana la habÃ­a estado observando desde que bajÃ³... y en su estado actual, Kyoko no estaba en condiciones de protegerse y Amni no era lo suficientemente fuerte para luchar contra Ã©l.

-Â¿QuÃ© hay de esa cabeza roja? -preguntÃ³ Amni, eligiendo deliberadamente al peor de la habitaciÃ³n. Si ella fuera a soÃ±ar, entonces Ã©l lo harÃ­a duro con ella.

Kyoko mirÃ³ al espejo antes de sacudir la cabeza. No tiene culo.

Amni rodÃ³ los ojos, "Â¿A quiÃ©n le importa si tiene un culo?"

"Me importa", dijo Kyoko. "Necesito algo para agarrarme." Por un momento, ella recordÃ³ el hombre imaginario que ella habÃ­a descrito a Yohji hace un par de horas.

-De acuerdo -admitiÃ³ Amni. -Â¿QuÃ© tal el que tiene el cabello agrietado?

-Â¿Podemos ponerle un "L" en la frente y cruzarlo de la lista? -preguntÃ³ Kyoko mientras arrugaba la nariz y luego aÃ±adiÃ³-: Y usted tiene un sabor malo hasta ahora.

"Esa rubia por ahÃ­ es linda." Ãl sonriÃ³ sabiendo que el tipo sÃ³lo saliÃ³ con otros tipos... ella no tenÃ­a ninguna oportunidad.

Kyoko negÃ³ con la cabeza y casi cayÃ³ con el movimiento. "Â¿QuÃ© estÃ¡s tratando de hacer Amni? Es tan poco atractivo como Yohji.

"Â¿No crees que el rey del tercer piso es lindo?" Amni fingiÃ³ una mirada de horror luego se riÃ³ de su expresiÃ³n inexpresiva.

Los veinte minutos siguientes se pasaron mirando a los diferentes tipos del club. Uno era un jugador, uno era demasiado matÃ³n, otro era demasiado viejo, demasiado joven, demasiado gordo, demasiado flaco, demasiado nerdy, demasiado alumno de colegio privado y asÃ­ sucesivamente. Amni finalmente lanzÃ³ sus manos en el aire en rendiciÃ³n.

-Es casi todos los hombres del club Kyoko -le informÃ³. "EstÃ¡s demasiado borracho para decirle a un hombre bien parecido y no lo sabrÃ­a si te mordiera en el culo ahora." Ãl aÃ±adiÃ³ silenciosamente, 'Â¡gracias a Dios!'

Kyoko sonriÃ³ borracho: "Si me mordiera en el culo, no me importarÃ­a lo que parecÃ­a".

Los ojos de Amni se ensancharon sabiendo que Kyoko sÃ³lo estaba tratando de hablar duro porque podÃ­a oler su inocencia.

"Gran conversaciÃ³n que viene de una virgen que nunca ha sido besado correctamente," Ãl sonriÃ³ con la esperanza de que tenÃ­a razÃ³n.

Kyoko tosiÃ³ cuando la bebida fue por el camino equivocado. -Â¿QuÃ© dijiste? -preguntÃ³ ella, luego parpadeÃ³, negÃ¡ndose a llevar a Tasuki a la conversaciÃ³n.

Amni sonriÃ³, "No te preocupes. No le dirÃ© a nadie si no me molesta.

"Â¿QuÃ© harÃ­as si te molestaba?" Kyoko exigiÃ³ comenzar a disfrutar realmente de lo alto.

"Bueno, probablemente me levante en el bar y anuncie muy fuerte que tenemos una virgen en casa esta noche y la licitaciÃ³n comienza en cinco mil dÃ³lares. Por supuesto, sÃ³lo obtendrÃ­as el veinte por ciento y el resto me irÃ­a. "Se agarrÃ³ al borde del bar sabiendo que superarÃ­a a todos.

-Â¿Por quÃ© sÃ³lo conseguirÃ­a veinte? -preguntÃ³. "Es mi virginidad... DeberÃ­a ser yo la que me paguen por ello".

"Maldita sea caro," Amni gruÃ±Ã³.

"EscuchÃ© eso", exclamÃ³ Kyoko y se puso de pie sobre las barras de los pies de su taburete. "Te harÃ© saber que soy una cita muy barata" asintiÃ³ ella.

"Cola y pasteles de luna en mi lugar despuÃ©s del trabajo", Amni dijo con una sonrisa brillante.

"No voy a salir con una cita contigo", Kyoko se las arreglÃ³ y se sorprendiÃ³ antes de que ella se cayÃ³, luego seÃ±alÃ³ un dedo en la cara de Amni, tocando la punta de su nariz con Ã©l. "Me voy a una cita con el primer hombre que no viene a mÃ­ y me trata como a una dama".

Amni arqueÃ³ una ceja, "Â¿Esto viene de la mujer que estÃ¡ buscando a alguien para tomar su virginidad? Â¿Quieres saber cÃ³mo se ve este tipo por la maÃ±ana?

"No," Kyoko siseÃ³ y se dejÃ³ caer de nuevo en el taburete, pero no bajÃ³ el dedo. "No quiero saber nada de Ã©l porque..." hizo una pausa buscando las palabras. "... Tengo mi moralidad."

Amni riÃ³ entre dientes, "Kyoko, Â¿sabes lo que la moralidad significa ahora?"

El rostro de Kyoko quedÃ³ en blanco, "No," dijo con una voz inexpresiva. De repente, mirÃ³ su regazo y volviÃ³ a Amni. "No estoy usando ropa interior."

Amni, con toda su gracia, cayÃ³ detrÃ¡s de la barra mientras Kyoko seguÃ­a sentÃ¡ndose allÃ­ con una expresiÃ³n de asombro en su cara por no usar ropa interior.

-Â¡MaldiciÃ³n! -murmurÃ³ una voz desencarnada detrÃ¡s de la barra-.

Amni se levantÃ³ y mirÃ³ la cara de Kyoko antes de que empezara a reÃ­r. Realmente no podÃ­a evitarlo. Nunca habÃ­a visto a la mujer borracha y tenÃ­a que admitir que era muy entretenida en este estado. Nunca me dijiste por quÃ© estÃ¡s tan empeÃ±ado en hacer esto.

Kyoko se mordiÃ³ el labio inferior y luego le dijo la verdad: "Me estÃ¡ convirtiendo en un blanco y eso me va a matar si no me deshago de Ã©l." Le echÃ³ un vistazo y rÃ¡pidamente apartÃ³ la vista. "Parece estar atrayendo mÃ¡s... peligros de los que puedo luchar".

De repente, Amni supo exactamente de quÃ© estaba hablando y tragÃ³ saliva. -Â¿Quieres beber otra copa?

Nunca habÃ­a pensado en eso de esa manera, pero lo que ella dijo era cierto. Si decidiera beber de un humano de nuevo... incluso Ã©l la elegirÃ­a. Fue una delicia rara encontrar a una virgen de su edad... es como sangre aromatizada.

-Â¿Otra bebida? -preguntÃ³ Kyoko, luego mirÃ³ su vaso. La sostuvo a la altura de los ojos y la girÃ³ como si estuviera buscando algo. "EstÃ¡ vacÃ­o."

-Â¿No, en serio? -preguntÃ³ Amni burlonamente antes de quitarle el vaso. "No mÃ¡s bebidas para usted esta noche."

"Hey!" Dijo Kyoko en voz alta. "Necesito eso."

-Â¿Por quÃ©? -preguntÃ³ Amni.

"AsÃ­ que puedo perder mi virginidad", respondiÃ³ Kyoko. -No puedo tener sexo sin ese vaso.

Amni volviÃ³ a colocar el vaso en la barra y Kyoko lo mirÃ³ furioso.

-Â¿QuÃ© pasa ahora? Ãl supo que no pasarÃ­a mucho mÃ¡s antes de que Ã©l la ayudara a subir las escaleras y con seguridad a su habitaciÃ³n.

Kyoko volviÃ³ su mirada hacia Ã©l. -Â¿QuiÃ©n lo bebiÃ³?

-Lo hiciste -le informÃ³.

"Yo no. Estaba lleno cuando lo quitaste. Â¿A quiÃ©n le diste una bebida gratis... y dÃ³nde estÃ¡ la mÃ­a? ", AcusÃ³.

"Eso fue hace cuatro copas," Amni seÃ±alÃ³ tratando de confundirla.

"Noooo," Kyoko hizo una mueca. Ni siquiera tuve la oportunidad de disfrutarlo. Ella empujÃ³ el vaso hacia Amni. "Dame otra copa y asegÃºrate de disfrutar esta vez."

"Disfrutaste de la Ãºltima", dijo Amni. "Te voy a cortar esta noche."

Kyoko le sonriÃ³ sexualmente. -Â¿QuÃ© me estÃ¡s cortando?

"No me tientes, Kyoko," Amni respondiÃ³ entonces sintiÃ³ una amenaza silenciosa. Sus ojos azules se alzaron para encontrarse con los de Ã©bano del otro lado de la habitaciÃ³n.

Hyakuhei estaba sentado observando la escena entre la mujer y el camarero, sus ojos y su estado de Ã¡nimo cada vez mÃ¡s oscuros a cada minuto. HabÃ­a observado silenciosamente mientras su mirada recorrÃ­a la sala usando el espejo para mirar a todos los hombres del bar. Por razones que lo eludÃ­an, estaba tentado a cerrar el lugar sÃ³lo para que todos se fueran. No querÃ­a que mirara a los demÃ¡s.

Este comportamiento... esa sensaciÃ³n que estaba sintiendo... le perturbaba.

El barman era un vampiro y la chica parecÃ­a muy amable con Ã©l. Hyakuhei mirÃ³ al muchacho de arriba a abajo mientras la chica conversaba con Ã©l. Ãl era joven; TodavÃ­a un bebÃ© en el sentido vampÃ­rico, pero algo sobre el joven lo separÃ³ de los otros vampiros que Hyakuhei habÃ­a encontrado desde su llegada a la ciudad. El anciano lo sacudiÃ³... Ã©l lo entenderÃ­a cuando llegara el momento.

El camarero de repente lo mirÃ³ directamente a los ojos. Ãl sonriÃ³ y el hombre se congelÃ³ en su lugar antes de temblar visiblemente y desviar la vista. Ahora sabÃ­a lo que era tan diferente de Ã©ste. No poseÃ­a la incontrolable sed de sangre de la mayorÃ­a de los nuevos vampiros. Tal vez no era tan joven como pensÃ³ Hyakuhei.

Se enganchÃ³ a la conexiÃ³n en la lÃ­nea de sangre y mirÃ³ en el pasado de Amni... sintiendo a su hermano allÃ­. CerrÃ³ los ojos mientras los recuerdos de Amni flotaban a travÃ©s de Ã©l... asÃ­ que Amni habÃ­a sido la primera de Tadamichi... la que habÃ­a curado su soledad. Sus ojos se abrieron lentamente ahora sabiendo por quÃ© el vampiro lo habÃ­a acosado visualmente... pensÃ³ que era su padre.

Para el subalterno no sentir la diferencia contada de su relaciÃ³n con Tadamichi... Â¿o era evidencia de que Ã©l y su hermano eran verdaderamente los mismos? Su diversiÃ³n llegÃ³ a un punto Ã¡lgido cuando el joven vampiro colocÃ³ otra copa delante de la chica y tomÃ³ un sorbo de ella. La siguiente escena lo hizo querer reÃ­r.

Amni tomÃ³ el vaso de Kyoko lejos de ella y quiso sonreÃ­r ante el ceÃ±o que ella le dio. Se moviÃ³ para agarrar las diferentes botellas de ron para servirle otra copa. Afortunadamente, ella apartÃ³ la mirada y Ã©l agarrÃ³ la mezcla embotellada no alcohÃ³lica de la bebida de Kyoko de la opciÃ³n... TÃ© helado de Long Island de la Virgen.

Echando el lÃ­quido sobre el hielo fresco que acababa de meter en su vaso, Amni decidiÃ³ ser linda y aÃ±adiÃ³ una cereza y un pequeÃ±o paraguas a la bebida antes de colocarla de nuevo delante de ella.

Kyoko se volviÃ³ hacia Amni y luego mirÃ³ el bar. Su rostro se iluminÃ³ cuando vio que su bebida habÃ­a sido rellenada. En lugar de tomar el primer sabor, recogiÃ³ la cereza por el tallo largo y lo puso en su boca. Amni tragÃ³ saliva mientras la boca de Kyoko se movÃ­a un poco antes de que el tallo de la cereza se asomara entre sus labios. SacÃ³ el tallo y lo colocÃ³ en la barra.

"Â¿QuÃ© piensas?" PreguntÃ³ Kyoko despuÃ©s de estudiar el tallo de la cereza con un escrutinio intenso.

"Creo que serÃ­a un besador malo," Amni dijo en una voz muerta despuÃ©s de ver el tallo de la cereza no habÃ­a sido anudada con su lengua.

"Â¿QuÃ© sabes?" Kyoko gruÃ±Ã³ y sacÃ³ el paraguas antes de tragar su primer gusto. Ella se congelÃ³ con la cabeza todavÃ­a inclinada hacia atrÃ¡s antes de bajar lentamente su rostro hasta que ella estaba buscando a Amni directamente en el ojo. TragÃ³ el brebaje y cogiÃ³ el diminuto paraguas. Sin avisar, golpeÃ³ el extremo puntiagudo del paraguas a menos de una pulgada de la mano de Amni.

Amni, por una vez, estaba agradecido por sus rÃ¡pidos reflejos mientras sacaba la mano. Te dije que esta noche te cortaron.

"Eso sabe cÃ³mo basura," Kyoko se enfureciÃ³. "Si me vas a arreglar algo sin licor, entonces dame una cerveza de jengibre la prÃ³xima vez. Y si planeas cortarme, entonces vas a pagar mi cuenta de bar porque serÃ© un cliente muy infelizâ.

"Â¡Mi dios Kyoko!" Amni exclamÃ³ dramÃ¡ticamente, esperando que la chispa en sus ojos se quedara por un tiempo. "Vas a dejarme sin dinero. No tendrÃ© forma de pagar el alquiler.

Kyoko sonriÃ³ maliciosamente. "Habla con Yohji... tal vez puedas cortar un trato."

-Tienes una mala racha, Â¿sabes? -BajÃ³ las palmas hacia la barra mientras arqueaba una ceja preguntÃ¡ndose si lo admitirÃ­a.

La expresiÃ³n perversa de Kyoko se desvaneciÃ³ en un instante, reemplazada por una completa inocencia antes de inclinar la cabeza hacia un lado. Ella lo mirÃ³ profundamente en sus ojos azules sintiÃ©ndose como si estuviera cayendo en ellos.

Amni mirÃ³ por la barra larga cuando oyÃ³ a alguien gritar por Ã©l. Se inclinÃ³ sobre la barra hacia Kyoko, lo suficientemente cerca para que ella pudiera oler la colonia que llevaba puesto. "No hagas nada estÃºpido hasta que vuelva", ordenÃ³ y rÃ¡pidamente fue a tomar sus bebidas, dejando a Kyoko solo.

Hyakuhei se acomodÃ³ en su silla, sintiÃ©ndose un poco mÃ¡s tranquilo ahora que el camarero se habÃ­a alejado para esperar a otros clientes. ObservÃ³ cÃ³mo la niÃ±a se echÃ³ hacia atrÃ¡s un poco de la barra y tirÃ³ de su cabello en un moÃ±o desordenado antes de continuar su escrutinio de la poblaciÃ³n masculina del club en el espejo. Por los dioses... ella estaba tentando el destino y ni siquiera se dio cuenta.

Se dio cuenta de que sus colmillos se habÃ­an alargado hasta el punto de que casi estaban clavando en su labio inferior y su cuerpo estaba respondiendo a su inocente acciÃ³n. Sus oscuros ojos estaban pegados a su largo y delgado cuello y no era su sangre la que querÃ­a probar... era su piel. Se apoderÃ³ del borde de la mesa sÃ³lo para anclar en su lugar. El crujido de madera y metal le recordÃ³ dÃ³nde estaba y quÃ© estaba haciendo.

Dejando ir la mesa, volviÃ³ a mirarla y vio que parecÃ­a estar mirando a travÃ©s del espejo y sonriente. FrunciÃ³ el ceÃ±o y mirÃ³ a su alrededor antes de mirar hacia la mesa mÃ¡s cercana a Ã©l.

FrunciÃ³ el ceÃ±o cuando vio a un joven, apenas de unos veinte aÃ±os, que miraba fijamente a la belleza castaÃ±a y sonriendo a cambio. Hyakuhei lanzÃ³ un gruÃ±ido descontrolado bajo en su pecho. ObservÃ³ con inmensa satisfacciÃ³n cuando la bebida del hombre se rompiÃ³ en su mano, haciendo que pequeÃ±os trozos de vidrio le cortaran la piel.

El hombre maldijo y se levantÃ³ rÃ¡pidamente, dirigiÃ©ndose hacia el baÃ±o mientras acunaba su mano lesionada. Hyakuhei sonriÃ³... el hombre ya no la miraba.

Kyoko frunciÃ³ el ceÃ±o y suspirÃ³ frustrado cuando el tipo que habÃ­a cogido su ojo en el espejo de repente saltÃ³ y corriÃ³ hacia el baÃ±o. DejÃ³ que un hechizo apareciera en su rostro haciendo que el acosador invisible en el espejo sonrisa en diversiÃ³n. Tomando otro trago de la bebida no alcohÃ³lica que Amni le habÃ­a dado, Kyoko decidiÃ³ no mirarse mÃ¡s al espejo.

Su mirada, en cambio, se dirigiÃ³ a la pista de baile donde las luces estaban parpadeando en pandemonio salvaje. La sÃºbita necesidad de unirse a esa masa retorcida de cuerpos la superÃ³ y ella se deslizÃ³ de su taburete. Kyoko se aferrÃ³ a la barra hasta que consiguiÃ³ su equilibrio y luego comenzÃ³ a travÃ©s de la sala con la intenciÃ³n de encontrar a alguien... alguien.

Se preguntÃ³ si esto era lo que un gato sentÃ­a cuando estaba en el calor, entonces culpÃ³ la idea del alcohol y demasiada soledad.

La atmÃ³sfera del club cambiÃ³ repentinamente, haciÃ©ndose mÃ¡s gruesa con el poder oscuro. Kyoko no lo sentÃ­a porque el alcohol que habÃ­a consumido habÃ­a humedecido sus sentidos hasta el punto de la inutilidad. Si hubiera estado prestando atenciÃ³n... habrÃ­a visto a cuatro hombres muy atractivos entrar en el club.

La atenciÃ³n de Hyakuhei fue sacada de la chica cuando los cuatro hombres entraron. Les dio una rÃ¡pida una vez mÃ¡s y se burlÃ³. En el exterior a los seres humanos inocentes, apenas parecÃ­an cuatro amigos hacia fuera para una noche en la ciudad. Para Hyakuhei, eran vampiros en busca de su cena y tal vez un poco de juegos previos.

Se parÃ³ cuando los cuatro vampiros se separaron inmediatamente yendo en direcciones diferentes. Sin embargo, uno se dirigÃ­a a la pista de baile con los ojos puestos en la hembra de pelo castaÃ±o que lo habÃ­a cautivado. Los ojos oscuros de Hyakuhei escudriÃ±aron la habitaciÃ³n viendo que los otros tres estaban mirando la pista de baile con interÃ©s. Cuando su mirada cruzÃ³ el bar, notÃ³ que la licitaciÃ³n del bar sentÃ­a el cambio tambiÃ©n aunque no habÃ­a imaginado de dÃ³nde venÃ­a. Ãl habÃ­a palidecido sin embargo... y que era un truco aseado para un vampiro.

Kyoko se balanceÃ³ a la mÃºsica, sintiÃ©ndose un poco mareada, pero honestamente, no le importaba. A pesar de que sus ojos estaban cerrados, podÃ­a sentir la mirada hambrienta de alguien devorÃ¡ndola y hacÃ­a que su piel hormigueara muy bien... podÃ­a sentir las miradas recorrerla como si fueran manos.

Ella deslizÃ³ su propia mano sobre su cuerpo mientras bailaba. ConcentrÃ¡ndose en la mÃºsica, se perdiÃ³ en el movimiento cuando un par de manos grandes se colocaron en sus caderas. No estaban obstaculizando sus movimientos, sino que se movÃ­an con ella... sensualmente.

Muy lentamente, un cuerpo cÃ¡lido se apretÃ³ contra su espalda y se apoyÃ³ contra ella, dejando caer su cabeza sobre un ancho hombro. Ella no pudo evitarlo y gimiÃ³ cuando las manos se movieron de sus caderas a su vientre. SintiÃ³ que los dedos le rozaban la piel desnuda por debajo del dobladillo de la parte superior mientras la otra se movÃ­a lentamente por el frente de su cuerpo, rozando sus pechos antes de acariciar suavemente el lado de su cara.

-Baile para mÃ­ -susurrÃ³ una voz oscura y sensual en su oÃ­do.

Kyoko sintiÃ³ que el latido de su corazÃ³n se hacÃ­a mÃ¡s lento y le resultaba difÃ­cil respirar. Esa voz era el sexo dado resonancia y ella tuvo que ver la cara que iba con ella. Mientras ella se volvÃ­a en sus brazos, el extraÃ±o la empujÃ³ hacia fuera y luego la trajo de vuelta, mÃ¡s cerca de lo que eran hace un segundo.

Su mirada se encontrÃ³ con un par de ojos azules, casi hipnÃ³ticos y su aliento parÃ³ en temor. TenÃ­a largo cabello ondulado negro que se balanceaba de lado a lado con sus movimientos. Kyoko se confundiÃ³ contenta... Â¿cuÃ¡ndo habÃ­a empezado a bailar con Ã©l? Su cara era suave... casi femenina en su perfecciÃ³n. TenÃ­a una complexiÃ³n morena que le hacÃ­a querer tocarle con los labios carnosos que eran una sombra mÃ¡s roja de lo normal.

Kyoko sintiÃ³ que su cuerpo empezaba a calentarse desde el interior... o tal vez era todo el alcohol que habÃ­a bebido.

PodÃ­a escuchar mÃºsica erÃ³tica pulsando desde algÃºn lugar y gimiÃ³ cuando la rodilla del hombre se empujÃ³ entre sus muslos hasta que su pierna fue presionada contra su centro. Kyoko no podÃ­a apartar la vista mientras su cuerpo empezaba a moverse contra su despreocupado. Se sentÃ­a como si cada nervio en su cuerpo estuviera vivo con sensaciones... ella podrÃ­a incluso sentir el aire circundÃ¡ndolos en calor.

Cuando se inclinÃ³ un poco para mirarlo, su brazo la atrajo mÃ¡s cerca con un rÃ¡pido tirÃ³n y ella jadeÃ³ cuando sintiÃ³ sus labios contra la piel de su cuello. PodÃ­a sentir cada centÃ­metro de su cuerpo presionado contra ella mientras continuaban la seductora danza. El resto de la habitaciÃ³n estaba girando, pero Ã©l era muy constante... alineado con ella y mÃ¡s grande que la vida.

En su estado de ebriedad, ni siquiera se dio cuenta de que la mÃºsica estaba empezando a desvanecerse a un palpitar sordo... todo lo que sabÃ­a en ese momento era el hombre que la sostenÃ­a.

Amni sintiÃ³ que la ola de poder se precipitaba por el club desde la vecindad de la pista de baile. No era raro sentirlo a esta hora de la noche y por lo general lo ignoraba. Fuera de reflejo, mirÃ³ hacia el otro extremo de la barra y notÃ³ que Kyoko habÃ­a desaparecido. Sus ojos se abrieron y Ã©l hizo un rÃ¡pido barrido del club.

La bebida que estaba mezclando cayÃ³ de su mano y aterrizÃ³ en el suelo con un ruido fuerte. HabÃ­a echado un vistazo a los espejos detrÃ¡s del bar y vio a Kyoko bailando... Â¡consigo misma! Su cara estaba ruborizada con los labios ligeramente separados y los ojos cerrados. PodrÃ­a haber jurado que estaba en medio de un clÃ­max.

Amni corriÃ³ en pÃ¡nico, Amni corriÃ³ hacia la abertura en el bar para que pudiera salir y sacar al demonio que la sostenÃ­a. No habÃ­a sentido el anhelo de matar en tanto tiempo que lo sorprendiÃ³ con la rapidez con que el impulso podrÃ­a volver... el impulso de matar incluso a su propia especie.

"MaldiciÃ³n, Kyoko." Ãl gruÃ±Ã³ entre dientes apretados. Si estuviera tan desesperada... lo bastante desesperada como para enfrentarse a un vampiro, entonces Ã©l dormirÃ­a con ella y eso serÃ­a el final.

Amni se detuvo en sus pasos cuando vio a Tadamichi de pie en su camino. El seÃ±or vampiro ni siquiera lo mirÃ³, pero Amni sabÃ­a que estaba allÃ­ para evitar que ayudara a Kyoko. Amni se acercÃ³ lo suficiente como para estar a la distancia de su amo con la esperanza de que Ã©l tomara la indirecta sutil. Cuando eso no sucediÃ³, Amni inclinÃ³ ligeramente la cabeza en sumisiÃ³n. Sus ojos azules se volvieron demasiado brillantes y helados en la barricada, pero no le harÃ­a ningÃºn bien si lo mataran por su insolencia.

-SeÃ±or, por favor... Ella no se da cuenta ... -susurrÃ³ Amni sabiendo que el anciano podÃ­a oÃ­rlo alto y claro. "DÃ©jame pasar antes de que ella caiga al mismo destino que tengo." Ãl silenciosamente se encogiÃ³ ante el insulto implÃ­cito que habÃ­a dejado sus labios pero nunca se habÃ­a enorgullecido del hecho de que Ã©l era un vampiro. No habÃ­a pedido la maldiciÃ³n. "Ella es mi amiga."

La respuesta que Amni recibiÃ³ fue un gruÃ±ido bajo que hizo que los vasos de vino detrÃ¡s de Ã©l sacudieran en sus dispositivos colgantes.

"No soy tu padre, muchacho." Hyakuhei lo enderezÃ³ de una vez por todas.

Amni sintiÃ³ que el shock se instalaba en su interior mientras retrocedÃ­a nerviosamente. Sus ojos se ensancharon sabiendo que acababa de conocer al legendario hermano gemelo de Tadamichi. Tan cerca, Ã©l podÃ­a sentir la diferencia entre ellos y esa diferencia hacÃ­a difÃ­cil respirar.

Se volviÃ³ y agarrÃ³ el borde de la barra mientras miraba a Kyoko con temor. Fue entonces cuando supo con certeza quÃ© estaba planeando el vampiro en la pista de baile. Kyoko estaba tan borracha, que no sabÃ­a con quÃ© estaba bailando... o que era una vÃ­ctima voluntaria.

Hyakuhei cruzÃ³ los brazos sobre su pecho mientras observaba al presumido vampiro mirar a sus camaradas como diciÃ©ndoles que recibirÃ­a el primer bocado y que podrÃ­an tener las sobras. SentÃ­a una calma completa sobre Ã©l, pero era una mentira... era la calma antes de la tormenta.

SintiÃ³ la ansiosa presencia del barman detrÃ¡s de Ã©l. -TÃº la tratas como si fuera tuya -su voz contenÃ­a un tono peligroso cuando el espejo detrÃ¡s de Amni se quebrÃ³.

-No -susurrÃ³ Amni, encontrando coraje y temor de ser una lÃ­nea fina. Ella no es mÃ­a. Una mujer como esa no le pertenece a nadie. Se quedÃ³ enraizado en el lugar sin saber quÃ© hacer. SÃ³lo habÃ­a oÃ­do hablar a Tadamichi de su hermano una vez... la noche en que se habÃ­a convertido. Este era el hombre que habÃ­a matado a su padre, sÃ³lo para morir a sÃ­ mismo como castigo por el crimen.

Los pensamientos de Amni volvieron a su amo. Tadamichi lo habÃ­a colocado bajo un esclavo... tomando su voluntad de pelear. El maestro le habÃ­a susurrado de su soledad... de su malvado deseo de su hermano gemelo. Amni habÃ­a tenido conocimiento del conocimiento de la debilidad de Tadamichi y por lo tanto se habÃ­a convertido... el primero de los hijos de Tadamichi.

Su mirada volviÃ³ hacia el hermano al que habÃ­a sustituido hace tanto tiempo. Tadamichi sÃ³lo querÃ­a que alguien fuera testigo de su paso del tiempo... la soledad era demasiado para alguien que ansiaba atenciÃ³n.

Hyakuhei tenÃ­a que ser un demonio muy poderoso para matar a su hermano... El padre de Amni. Hizo que el rubio se tragara con fuerza ante la magnitud de la intenciÃ³n de matar que poseÃ­an los hermanos. Por un momento... Amni se preguntÃ³ quÃ© habrÃ­a sido tener a Hyakuhei como su padre en vez de Tadamichi ... para ser su posesiÃ³n.

Ya podÃ­a ver la diferencia entre los gemelos... donde uno era un asesino... el otro era mortal.

Kyoko estaba en un estado de euforia y sus labios se suavizaron ... abriÃ©ndose ligeramente con placer mientras las manos del hombre vagaban por su cuerpo, tocÃ¡ndose ligeramente bajo la parte posterior de su camisa. Ella no pudo suprimir el escalofrÃ­o que corrÃ­a por su espina dorsal cuando su mano le rozÃ³ la espalda. Era como un fuego lÃ­quido calmante que rugÃ­a a travÃ©s de su cuerpo, haciÃ©ndola querer mÃ¡s de Ã©l.

Hyakuhei observÃ³ a la mestiza apartar la vista de la mujer y asintiÃ³ con la cabeza por encima del hombro a los otros vampiros que habÃ­an entrado con Ã©l. Uno por uno, comenzaron a moverse hacia la salida del club antes de salir a esperar su cena. Hyakuhei vio las miradas hambrientas en sus ojos y supo que era mÃ¡s que sÃ³lo sangre que tomarÃ­an de la niÃ±a.

Sus labios se adelgazaron mientras trataba de mantener la calma... para esperarlo. El sonido de las gafas de grietas detrÃ¡s de Ã©l le contÃ³ una historia diferente. Las manos que la tocaban pronto no sentirÃ­an mÃ¡s que dolor.

Amni tragÃ³ saliva mientras su mirada pasaba del seÃ±or vampiro, a Kyoko, a las gafas que se rompÃ­an una por una. No necesitaba la atenciÃ³n de tener una pelea de vampiros completa en el club, pero si eso era lo que se necesitaba para salvar a Kyoko... no lo detendrÃ­a. Los humanos sÃ³lo lo culparÃ­an de las drogas y la violencia de la ciudad. Ninguno serÃ­a el mÃ¡s sabio.

Kyoko sintiÃ³ como si estuviera mareada, casi como un trÃ­o cuando el tipo la soltÃ³. Ella lo alcanzÃ³ otra vez pensando que Ã©l se marchaba sÃ³lo para que Ã©l se inclinara ligeramente y le sostuviera la mano para que ella lo tomara.

"Ven conmigo", alto, oscuro y guapo susurrÃ³ como si estuvieran solos.

Su voz suave resonÃ³ en la habitaciÃ³n, ahogando un poco de sonido que estaba llegando al confuso cerebro de Kyoko. Se deslizÃ³ los dedos por la palma de su mano, sintiendo el fuego y deseando que ardiera... no querÃ­a nada mÃ¡s que ir con Ã©l. Su mano se apretÃ³ contra la de ella mientras la conducÃ­a hacia la puerta. -Ven conmigo.- La voz seguÃ­a resonando en su mente como una peticiÃ³n cantada que no podÃ­a rechazar.

Hyakuhei observÃ³ mientras el mestizo conducÃ­a a la chica hipnotizada por el club, salÃ­a por la salida y entraba en la noche traicionera. Ãl inmediatamente se alejÃ³ de su lugar en el bar, siguiendo a la niÃ±a y maldiciendo a Tadamichi ya su crÃ­a por interponerse en su camino... de nuevo.

Sus ojos se agrandaron cuando Ã©l oyÃ³ el sonido de la voz inquietante de su hermano no invitados en su mente. "Hermano... Â¿matarÃ­as a mis hijos por ella? Salva a ella entonces... solo la rasgarÃ¡s mÃ¡s tarde. Eres un demonio, un asesino a sangre frÃ­a... Â¿realmente crees que ella te tendrÃ¡? "

La visiÃ³n de Hyakuhei barriÃ³ la habitaciÃ³n sabiendo que su hermano estaba cerca... mirÃ¡ndolo. No te pedÃ­ que me acariciaste Tadamichi. Â¿Te has puesto tan aburrido de matar que has decidido verme hacerlo? Â»Con un gruÃ±ido profundo cortÃ³ el vÃ­nculo con su gemelo al ver que la chica ya se habÃ­a ido. SintiÃ³ una incontenible cÃ³lera de celos en su interior que trataba de interponerse entre Ã©l y su objetivo.

Se sintiÃ³ mÃ¡s que oÃ­r un susurro invisible de movimiento que venÃ­a de detrÃ¡s y se volviÃ³ abruptamente, sosteniendo su mano frente a Ã©l. Su poder ardÃ­a, golpeando al camarero en el centro del pecho.

Amni fue arrojado a travÃ©s de la habitaciÃ³n, chocando contra un espejo detrÃ¡s de la barra y enviando una lluvia de copas de vino espirando en todas direcciones. Casi todo el movimiento se detuvo en el club y Hyakuhei maldijo por su propio descaro.

Amni se levantÃ³ y se encontrÃ³ con la mirada de Hyakuhei un poco insegura. Silenciosamente llegaron a un acuerdo y volvieron su mirada hacia los otros patrones del club. Los humanos no eran testigos de tales cosas.

De repente, todo el mundo volviÃ³ a lo que estaban haciendo y Hyakuhei dio la espalda al camarero, sin esperar a ver si hacer una mente limpiar a tantos a la vez debilitÃ³ la raza media o no. Deja que los subordinados limpien el desastre... Hyakuhei tenÃ­a cosas mejores que hacer.

Al salir de la noche, dejÃ³ que una sonrisa oscura se extendiera por su rostro cuando vio que las tres mestizas comenzaban a caer detrÃ¡s de su amiga y la niÃ±a.

-Â¿Quieres tanto que me sientas hermano? Siente esto. Las palabras salieron de sus labios mientras su poder lo rodeaba en una neblina roja que irradiaba hacia fuera. Sintiendo el cambio en el aura, los tres demonios se volvieron para mirarlo, sus ojos se ponÃ­an negros y brillaban oscuros. Ellos siseaban de temor y confusiÃ³n, confundiÃ©ndolo con Tadamichi antes de escabullirse en las sombras en un esfuerzo por escapar de la rabia en el aire.

Al convertirse en una mancha de movimiento que el ojo normal no podÃ­a ver, Hyakuhei se deslizÃ³ detrÃ¡s de la mÃ¡s cercana y pasÃ³ su mano por el pecho de la mitad de la raza en retirada. DejÃ³ escapar un gorgoteo apagado de su matanza antes de cubrir la boca del demonio con una mano con garras y girar su cabeza con una grieta enfermiza.

El vampiro se puso rÃ­gido cuando su cara se contorsionÃ³, revelando su verdadera identidad antes de caer al suelo en un montÃ³n de polvo y pegote. Los otros dos mestizos lo vieron y miraron abiertamente horrorizados ante el seÃ±or vampiro en medio de ellos... la muerte los habÃ­a encontrado.

Los ojos de Hyakuhei se mostraban con Ã©bano insondable en la luz de la farola antes de que lentamente volviera su atenciÃ³n hacia ellos. Los otros dos demonios le silbaron viciosamente antes de desaparecer mÃ¡s profundamente en las sombras. Hyakuhei sacudiÃ³ los restos de su matanza de su mano en desprecio y dio persecuciÃ³n.

El segundo era mucho mÃ¡s fÃ¡cil y pronto se encontrÃ³ separado de su cabeza... literalmente. El tercer... Hyakuhei decidiÃ³ tener un poco de diversiÃ³n con. AcorralÃ¡ndolo al final de un callejÃ³n, el demonio de la mitad de la raza hizo un intento de escalar la pared para alejarse de la antigua, pero Hyakuhei no tendrÃ­a nada de eso.

Gimiendo suavemente, el Ãºltimo subalterno cometiÃ³ su Ãºltimo error y se encontrÃ³ con la mirada de Hyakuhei.

Respirando hondo, Hyakuhei inclinÃ³ la cabeza hacia un lado y le tendiÃ³ la palma de la mano para que el vampiro la tomara. El mestizo se tambaleÃ³ lentamente hacia Ã©l, incapaz de resistirse al esclavo del seÃ±or vampiro. Una vez dentro de la distancia tocante, Hyakuhei envolviÃ³ un brazo alrededor de Ã©l, tirando de Ã©l cerca.

"Ella no fue para ti," susurrÃ³ Hyakuhei suavemente. Ãl separÃ³ sus labios, dejando sus colmillos crecer a su longitud completa antes de hundirlos en la garganta de su matanza. Parte de Ã©l estaba disgustado con sus acciones, pero tomar la vida de otro de tal manera tenÃ­a sus ventajas. Al tomar la vida de un vampiro semejante a la raza de esta manera, uno podrÃ­a aprender todo su conocimiento... tal como donde otros podrÃ­an estar ocultando.

Para su decepciÃ³n, Ã©ste sabÃ­a muy poco. Ãl rÃ¡pidamente retirÃ³ sus colmillos tomando un gran pedazo de carne con ellos. Hyakuhei escupiÃ³ el sabor ofensivo y dejÃ³ caer el cuerpo al suelo. No sentÃ­a simpatÃ­a al ver la expresiÃ³n suplicante en la cara de su vÃ­ctima.

La sangre de la cual la escoria ya habÃ­a participado por la noche se le escapaba lentamente... no le pertenecÃ­a de todos modos. Ahora estarÃ­a demasiado dÃ©bil como para pedir ayuda de cualquier manera, pero Hyakuhei no querÃ­a arriesgarse a que el mestizo pudiera vivir. Colocando el pie en la cara del mestizo, Hyakuhei puso su peso sobre Ã©l... aplastando su cabeza.

Dio un paso atrÃ¡s en satisfacciÃ³n cuando el lÃ­quido se quemÃ³ de su zapato y piernas pantalones dejando el material intacto.

Cuando el vampiro expirÃ³ y se disolviÃ³ en un charco polvoriento informe, Hyakuhei se sentÃ­a un poco mÃ¡s justificado al robarles su premio y sus vidas. Ahora todo lo que tenÃ­a que hacer era cuidar de su "lÃ­der audaz". Casi sonriÃ³ al ver el tÃ­tulo, pero lo mejor serÃ­a describir la suciedad en este momento.

Es cierto que necesitaban un lÃ­der y Hyakuhei estaba enfadado porque Tadamichi no habÃ­a enseÃ±ado a estos subordinados las costumbres o incluso la etiqueta de vampiros. Lo Ãºnico que sabÃ­an era Â«morderlos y dejarlos muertosÂ», como habÃ­a oÃ­do recientemente decir un mestizo.

Tadamichi los habÃ­a transformado en nada mÃ¡s que bastardos demonÃ­acos sin padre para enseÃ±arles morales de cualquier tipo, lo que siempre los llevÃ³ a tomar decisiones idiotas. Â¿No sabÃ­an que se suponÃ­a que debÃ­an someterse a un antiguo si alguna vez se encontraron con uno? Hyakuhei decidiÃ³ que no importaba... Ã©l los habÃ­a matado por su indiscreciÃ³n.

Se volviÃ³ lentamente en la direcciÃ³n en que el otro vampiro se habÃ­a ido. Se arreglÃ³ el cuello y empezÃ³ a seguirlos con indiferencia. Sus pies se movieron silenciosamente por el pavimento de la acera y Hyakuhei resistiÃ³ el impulso de follar mentalmente con la criatura como lo habÃ­a hecho tantas otras recientemente.

Esta nueva generaciÃ³n de vampiros que Tadamichi habÃ­a creado era un lote paranoico... listo para disparar a la primera verdadera seÃ±al de problemas. Una cosa que no se les habÃ­a enseÃ±ado era que sÃ³lo los fuertes sobrevivÃ­an mÃ¡s allÃ¡ de la muerte.

Estaba empezando a enojarse nuevamente preguntÃ¡ndose dÃ³nde estarÃ­a llevando a la niÃ±a ese imbÃ©cil. Las aceras comenzaban a hacerse mÃ¡s abarrotadas cuando se acercaban al centro del centro de la ciudad. Hyakuhei ignorÃ³ los pases que le hicieron las prostitutas... no eran mejores que los demonios de la noche. De vez en cuando una lÃ¡mpara de la calle se rompÃ­a repentinamente mientras caminaba bajo ella debido a su ira reprimida.

"Â¿CuÃ¡l es tu prisa bebÃ©?", PreguntÃ³ una puta mientras se abrÃ­a paso en su camino. "Si estÃ¡s persiguiendo a alguien entonces estarÃ­a mÃ¡s que feliz de dejarme perseguirme."

Hyakuhei le dirigiÃ³ a la mujer una mirada de muerte. En el mismo momento, el parabrisas del coche a su lado soplÃ³ hacia fuera, haciendo que la gente a su alrededor gritara con sorpresa. La puta se apartÃ³ del camino y Hyakuhei reanudÃ³ su acecho. SabÃ­a que en ese momento la chica no se alejarÃ­a de Ã©l... no lo permitirÃ­a. Y si alguien trataba de detenerlo, no pensarÃ­a dos veces en arrancarle el corazÃ³n y empujarlo por la garganta.

El mestizo Romeo llevÃ³ a la mujer en sus brazos por la acera. No podÃ­a creer su suerte cuando sus sanguinarios amigos desaparecieron de repente. RÃ¡pidamente tomÃ³ la decisiÃ³n de mantenerla para sÃ­, no queriendo compartir su cena o el sexo que iba a pasar de antemano. TenÃ­a prisa por hacerla gritar de una manera u otra.

LlevÃ³ a la niÃ±a mÃ¡s allÃ¡ del centro de la ciudad y sonriÃ³ cuando mirÃ³ hacia arriba y vio el hotel mÃ¡s elegante de la ciudad. Con una sonrisa arrogante, dirigiÃ³ a la niÃ±a mÃ¡s allÃ¡ de la entrada principal y alrededor de la espalda a una de las Ã¡reas de la piscina que siempre estaba cerrado a esta hora de la noche... perfecta.

Alcanzando hacia fuera, el vampiro hambriento apenas utilizÃ³ cualquier esfuerzo en todos como Ã©l rompiÃ³ la cerradura en la puerta. DeslizÃ¡ndose por la valla de privacidad, condujo a la niÃ±a a una de las cabaÃ±as de la piscina privada y se detuvo. Volviendo a la chica en sus brazos, supo que ni siquiera recordaba la caminata que acababan de tomar. Ni siquiera necesitaba ponerla bajo su esclava... lo que habÃ­a estado bebiendo habÃ­a sido suficiente.

Ãl sonriÃ³ perversamente antes de inclinarse para besarla... devolviendo su cuerpo a la vida para poder quitarle esa vida.

Kyoko gimiÃ³ de aprecio, tan alto en el alcohol que se preguntÃ³ por quÃ© no habÃ­a hecho esto antes. Ella jadeÃ³ cuando sintiÃ³ que las manos empujaban hacia arriba debajo de su cima para pastar lentamente sobre sus pezones endurecidos antes de tirar la camisa por encima de su cabeza. El hombre empezÃ³ a besarle el cuello... haciÃ©ndola estremecer y arquear contra Ã©l.

Las manos que vagaban por su cuerpo la empujaron suavemente hacia atrÃ¡s para aterrizar en algo suave. Ella girÃ³ su cabeza para mirar perezosamente la piscina justo mÃ¡s allÃ¡ de la entrada de la cabaÃ±a. Una mano en su mejilla volviÃ³ su rostro hacia delante y sonriÃ³ cuando vio los intensos ojos azules del hombre frente a ella.

Esto habÃ­a sido lo que ella querÃ­a... esto resolverÃ­a todo. CerrÃ³ los ojos, adorando el hecho de que su cuerpo estuviera en llamas, pero aun cuando el pensamiento acariciaba su mente, las llamas se convirtieron en un infierno que la hacÃ­a sentirse desesperada.

Ella arqueÃ³ la espalda cuando sus manos tomaron posesiÃ³n de sus pechos esta vez, ahuecÃ¡ndolos y amasÃ¡ndolos hasta que ella se quejaba con el dolor profundo dentro de su cuerpo. Kyoko se dio cuenta de que no podÃ­a quedarse quieto mientras su cuerpo se movÃ­a en el ritmo como si todavÃ­a bailara sÃ³lo ahora acostada.

El vampiro sonriÃ³ burlonamente hacia ella y decidiÃ³ probarla antes de que entrara en su cuerpo. Sus colmillos repentinamente crecieron y Ã©l bajÃ³ la boca a su cuello, donde susurrÃ³ como si partiera un oscuro secreto, "Una cosa que te puedo prometer... esto va a doler".

Una fuerte mano en la parte de atrÃ¡s de su chaqueta de repente lo apartÃ³ de su comida y se fue a navegar hacia atrÃ¡s a travÃ©s del aire de la noche en la piscina, aterrizando con un chapoteo enorme. RompiÃ³ la superficie del agua, pero se congelÃ³ cuando de repente se encontrÃ³ cara a cara con un verdadero vampiro seÃ±or.



CapÃ­tulo 4 "Calor de la PosesiÃ³n"



"Esta chica ya ha sido reclamada", gruÃ±Ã³ Hyakuhei tratando de sacudir el sitio de su respuesta a este humano convertido en canÃ­bal.

El mestizo se levantÃ³ repentinamente del agua como si fuera levantado por cuerdas invisibles y flotÃ³ sobre la superficie del agua. Hyakuhei arqueÃ³ una ceja ante la tenacidad de Ã©ste. Por supuesto, Ã©l era sÃ³lo un mestizo, pero no un niÃ±o completo a su manera... Ã©l resumiÃ³ que Ã©ste habÃ­a sido convertido dÃ©cadas atrÃ¡s.

"Perdida, ella es mÃ­a," el vampiro siseÃ³. "La encontrÃ©."

Hyakuhei lo fulminÃ³ con la mirada, su ira alcanzando nuevas alturas haciendo que el agua de la piscina empezara a burbujear como un jacuzzi.

-Â¿Quieres pelear conmigo por una sola comida? -preguntÃ³ Hyakuhei en voz baja, que habÃ­a enviado a mÃ¡s de una criatura corriendo por sus vidas. "Que asÃ­ sea."

El agua de la piscina estaba hirviendo ahora, chapoteando en la cubierta de la piscina y lo suficientemente caliente como para causar quemaduras graves. Hyakuhei se moviÃ³ mÃ¡s rÃ¡pido de lo que la mitad de la raza habÃ­a visto nunca y nunca volverÃ­a a hacerlo. Ni siquiera tuvo tiempo de intentar protegerse a sÃ­ mismo, y mucho menos luchar cuando su cabeza cayÃ³ en el agua hirviendo, cortada del resto de su cuerpo.

El cadÃ¡ver cayÃ³ al agua con un plop y comenzÃ³ a disolverse en una sustancia que le recordÃ³ a Hyakuhei el limo que se encontraba en las mÃ¡quinas expendedoras para niÃ±os.

Se alejÃ³ de la piscina chisporroteante, entrÃ³ en la cabaÃ±a donde la niÃ±a todavÃ­a estaba tumbada. Ni siquiera se habÃ­a dado cuenta de que su pareja estaba desaparecida y se estaba acariciando con los ojos cerrados, desesperadamente necesitados. PodÃ­a sentir lo alto del estimulante sexual que la otra habÃ­a puesto en su mente y sacudiÃ³ la cabeza en descontento ante la persistente mancha de otro hombre... la borrarÃ­a de la historia.

ApoyÃ¡ndose sobre su cuerpo marchito, Ã©l extendiÃ³ la mano y agarrÃ³ su barbilla, volviendo su cara a la suya. EsperÃ³ pacientemente hasta que ella lo estaba mirando con esos ojos de esmeralda demasiado brillantes antes de iniciar su propio proceso, colocÃ¡ndola bajo su propio poder. Normalmente, cuando una hembra fue colocada dentro de su poder... simplemente se convertirÃ­an en muÃ±ecos de trapo obedientes que se sometieron a todos los deseos del vampiro.

Esta chica parecÃ­a estar luchando con tanta pasiÃ³n... tal anhelo que era casi doloroso presenciar... como si estuviera exhibiendo una esclava propia. Si un vampiro tan dÃ©bil pudiera enviarla a este tipo de altura sexual, entonces su necesidad ahora se convertirÃ­a en un anhelo de que coincida con la suya.

El aroma que provenÃ­a de ella casi le hizo perder el control sobre su deseo de edificio para la chica. Esta mujer moviÃ³ esa parte latente de Ã©l a un nivel peligroso. TenÃ­a que entrar en ella y rÃ¡pidamente.

Kyoko mirÃ³ al hombre que estaba encima de ella y por un momento no lo reconociÃ³. SintiÃ©ndose completamente inmÃ³vil, se fijÃ³ en lo que habÃ­a pensado que eran ojos azules, pero ahora se habÃ­an vuelto mÃ¡s oscuros que medianoche y fascinantes. ParecÃ­a que estaba hambriento mientras la miraba fijamente. Su mirada se centrÃ³ hambrienta en sus labios y ella vio el anhelo crudo en las profundidades de esos ojos de medianoche.

Kyoko recordÃ³ de repente que lo describÃ­a a Yohji y sonriÃ³ cuando ella se levantÃ³, deslizando sus dedos a travÃ©s de su largo pelo negro y tocÃ³ su pulgar a su pÃ¡lida mejilla... Ã©l era aÃºn mÃ¡s hermosa de lo que recordaba.

Hyakuhei bruscamente la empujÃ³ hacia abajo contra el relleno suave de la silla de la sala y la sostuvo allÃ­ por un momento... mirando a ella y su atrevimiento para cautivarlo. Al oÃ­r su gemido con necesidad enviÃ³ calor golpeando a travÃ©s de su cuerpo y casi lo llevÃ³ a sus rodillas. Sus ojos se estrecharon preguntÃ¡ndose quiÃ©n estaba mÃ¡s cautivado.

Incapaz de enjaular su hambre por mÃ¡s tiempo, rÃ¡pidamente se inclinÃ³ para capturar sus labios en un beso abrasador y tarareÃ³ cuando ella gimiÃ³ en respuesta. Aprovechando el beso, lentamente se arrastrÃ³ sobre ella, dejando que su mano se deslizara por su muslo. Colocando su otro brazo alrededor de ella y levantÃ¡ndola ligeramente, Ã©l tomÃ³ su centro completamente en la palma de su mano y apretÃ³ su agarre.

La mujer instantÃ¡neamente se inclinÃ³ contra Ã©l y Hyakuhei se sorprendiÃ³ al aprender algo que nunca habÃ­a esperado... no llevaba ropa interior y el calor que irradiaba de ella se sentÃ­a como un fuego lÃ­quido. Se sintiÃ³ endurecido en respuesta, esforzÃ¡ndose hacia arriba contra su ropa. GruÃ±Ã³ negÃ¡ndose a perder el control tan rÃ¡pidamente y su necesidad de dominar surgiÃ³ con una venganza.

A pesar de su deseo por ella, Hyakuhei seguÃ­a enojado con su ingenuidad y querÃ­a enseÃ±arle una lecciÃ³n sobre ser mÃ¡s cuidadoso con los hombres... especialmente los vampiros antiguos que tenÃ­an una tendencia a seguir regresando a una fuente de sangre que era pura e intacta por otra. Si no hubiera aparecido... habrÃ­a sido condenada de cualquier manera.

Arrancando sus labios de la de ella con un duro aliento, Ã©l le arrancÃ³ la mano de entre sus piernas y la colocÃ³ alrededor de su garganta para mantenerla inmÃ³vil... tratando de calmar a los dos.

-Â¿Por quÃ© alguien tan puro querrÃ­a librarse de su inocencia? -preguntÃ³ Hyakuhei con un gruÃ±ido hipnotizante. -Â¿EstÃ¡s tan ansiosa por convertirte en mujer?

Kyoko tragÃ³ saliva, todavÃ­a bajo su esclavo y lo mirÃ³ fijamente. Luchando por recordar, sus ojos se agrandaron cuando las palabras en la carta de su abuelo volvieron a atormentarla. "Ya no puedo ser virgen... Â¿me ayudarÃ¡s?" SusurrÃ³ la sÃºplica y tirÃ³ de su camisa sin querer nada mÃ¡s que arrancÃ¡rsela.

Hyakuhei gruÃ±Ã³ en su pecho antes de levantarse y llevarla con Ã©l. Ãl serÃ­a el Ãºnico que ella harÃ­a esa pregunta... Ã©l se ocuparÃ­a de ello. DespuÃ©s de darle la oportunidad de ponerse de pie, rÃ¡pidamente se quitÃ³ la camisa por encima de su cabeza y la barriÃ³ dentro del Grand Hotel y en uno de los ascensores vacÃ­os.

Hace unos meses, Hyakuhei se habÃ­a encontrado en las primeras horas de la maÃ±ana sin llegar a tiempo a su casa. HabÃ­a sido atraÃ­do por el Gran y ahora tenÃ­a uno de los Ã¡ticos allÃ­ para su uso personal. Con esta comodidad en la punta de sus dedos, nunca tuvo que registrarse.

TambiÃ©n ayudÃ³ que la mayorÃ­a del personal de la noche eran vampiros y eran lo suficientemente inteligentes para tratarlo con respeto. MÃ¡s tarde se enterÃ³ de que Tadamichi era dueÃ±o del hotel, pero no le importaba nada mientras su gemelo se mantuviera inmÃ³vil.

Una vez cerradas las puertas, empujÃ³ a la niÃ±a contra la pared, deslizando sus dedos entre los suyos y levantando sus manos sobre su cabeza. Mantener las manos cerradas por encima de ella serÃ­a la Ãºnica manera de llegar a sus habitaciones con toda la cordura que quedaba. Incapaz de resistirse a la mirada seductora en sus ojos, Ã©l cortÃ³ sus labios con los suyos con hambre sabiendo que habÃ­a mÃ¡s de una forma de estar dentro de ella.

Sacudiendo las manos, Kyoko envolviÃ³ sus brazos alrededor de su cuello y levantÃ³ sus piernas hasta que fueron enganchadas alrededor de su cintura. Cuando Ã©l moliÃ³ sus caderas hacia adelante y hacia arriba... Kyoko lanzÃ³ un gruÃ±ido agudo y lo empujÃ³ contra Ã©l en respuesta. Ella jadeÃ³ por el aire cuando se apartÃ³ de sus labios y comenzÃ³ a dejar un rastro ardiente de besos a travÃ©s de su mejilla y por su cuello.

Sus dientes se hundieron en su labio inferior cuando la punta de su lengua cepillÃ³ contra la parte superior de sus pechos debajo del dobladillo de su top sin tirantes.

Sus uÃ±as se clavaron en su espalda mientras ella presionaba en el duro beso. Ella no tenÃ­a ni idea de lo que estaba haciendo, asÃ­ que dejÃ³ que su cuerpo respondiera de la Ãºnica manera que se sentÃ­a bien. Su cuerpo gritaba para que Ã©l la tomara y se preguntÃ³ por quÃ© no lo habÃ­a hecho todavÃ­a. Con toda la necesidad de reprimida... el beso se volvÃ­a rÃ¡pidamente salvaje.

DespuÃ©s de lo que parecÃ­a una eternidad, el ascensor se sacudiÃ³ haciendo que ambos se movieran ligeramente al escuchar el sonido.

Hyakuhei dio un paso atrÃ¡s pero no la dejÃ³ caer. PoniÃ©ndole las manos bajo los muslos, la mantuvo donde ella la necesitaba... la deseaba. La llevÃ³ a la puerta de su suite del Ã¡tico mientras sus labios se alimentaban de los suyos. Alzando la mano, apretÃ³ el pulgar contra la pequeÃ±a pantalla negra junto a la puerta. Hubo un pitido y la puerta desbloqueada. Hyakuhei abriÃ³ la puerta con el pie sÃ³lo para patearla detrÃ¡s de ellos.

El interior era oscuro, pero eso no importaba. Con una mirada impaciente... la chimenea se encendiÃ³ como si obedecÃ­a a su orden. Necesitaba volver a concentrarse, Hyakuhei la soltÃ³ y dejÃ³ que sus piernas se deslizaran por Ã©l para pararse en el suelo. ColocÃ³ una mano firme en su hombro para mantenerla inmÃ³vil, querÃ­a mirarla, sabiendo que esta pasiÃ³n no era normal y se estaba poniendo fuera de control... en ambos lados.

Cuando la mujer lo empujÃ³ contra la pared con mÃ¡s fuerza de la que deberÃ­a haber tenido y comenzÃ³ a besarlo de nuevo, un gruÃ±ido saliÃ³ de lo profundo de su garganta y la empujÃ³ suavemente contra la pared opuesta del vestÃ­bulo... manteniendo su cuerpo a sÃ³lo unos centÃ­metros de suyo. Su rostro estaba enrojecido y su cabello se habÃ­a caÃ­do en desorden, dejando mechones suaves colgando en su cara para balancearse con cada respiraciÃ³n irregular que ambos tomaron.

ParecÃ­a que estaba lista para luchar contra Ã©l y sus ojos de esmeralda se habÃ­an vuelto tempestuosos, haciendo que los rayos de deseo se desparramaran por su estÃ³mago y por sus muslos mientras la miraba. Hyakuhei de repente lo sintiÃ³ en su sangre... golpeando profundamente bajo su piel. HabÃ­a estado esperando algo mientras pudiera recordar y ahora lo habÃ­a encontrado... ella.

Sus manos estaban en su chaqueta de cuero negro, casi rasgÃ¡ndola de Ã©l. Lo echÃ³ a un lado y Hyakuhei oyÃ³ que golpeÃ³ el respaldo del sofÃ¡ antes de caer al suelo. Su camisa no durÃ³ mucho mientras la abrÃ­a, enviando botones volando por todas partes. TenÃ­a la sensaciÃ³n de que iba a necesitar ropa nueva durante aÃ±os, porque no tenÃ­a la intenciÃ³n de dejarla ir.

-Te quiero -pidiÃ³ Kyoko contra sus labios y luego lo empujÃ³ con fuerza como si lo rechazara.

Se puso de pie a toda su altura cuando un fuego maligno empezÃ³ a arder tras los ojos de la oscuridad. "Es demasiado tarde... eres mÃ­a ahora." Su voz era profunda, ya que resonaba a travÃ©s de ellos.

Hyakuhei no perdiÃ³ tiempo en volver a encerrarla dentro de la banda de acero de sus brazos y la levantÃ³ para que no pudiera volver a intentarlo. SintiÃ³ que su sangre se calentaba a un nivel peligroso mientras sus piernas se envolvÃ­an alrededor de su cintura una vez mÃ¡s.

Empujando hacia atrÃ¡s el impulso de darle lo que ella estaba pidiendo justo allÃ­ en el pasillo, la llevÃ³ a la habitaciÃ³n. PodÃ­a probar el alcohol en su aliento y querÃ­a besarla tan profundamente que sentirÃ­a la embriaguez mientras la bebÃ­a.

Dejando a la niÃ±a demasiado suavemente en la cama, retrocediÃ³ mientras ella se levantaba rÃ¡pidamente sobre sus manos y rodillas y lo observaba rodear la cama. De nuevo se preguntÃ³ quiÃ©n estarÃ­a acechando a quiÃ©n mientras se desnudaba lentamente de la pequeÃ±a ropa que le habÃ­a dejado. Sus manos estaban firmes... implacables mientras seguÃ­a cada uno de sus movimientos con uno de los suyos. MÃ¡s tarde se preguntarÃ¡ quiÃ©n fue primero desvestido.

Los labios de Kyoko se separaron cuando ella se encontrÃ³ en su espalda rodeada por una cortina de seda de Ã©bano mientras su cabello se balanceaba alrededor de ellos... bloqueando todo lo demÃ¡s de su vista. Sus manos estaban clavadas en el colchÃ³n a ambos lados de ella mientras Ã©l se acercaba apenas fuera de su alcance, haciÃ©ndola gruÃ±ir en Ã©l.

Hyakuhei lo tomÃ³ como un signo de desafÃ­o y el macho alfa en Ã©l se hizo cargo de querer dominarla completamente. Colocando su muslo entre los suyos, los separÃ³ rÃ¡pidamente y se levantÃ³ sobre sus rodillas. LevantÃ³ lentamente las manos por los brazos y las costillas, tomÃ³ sus caderas y las levantÃ³ en alto, avanzando hacia Ã©l mientras besaba su muslo interior en un sendero caliente hasta el centro de ella.

Kyoko gritÃ³, el movimiento habÃ­a sido tan rÃ¡pido y antes de que el grito terminara, su aliento se calmÃ³ dentro de sus pulmones ardiendo mientras su lengua se deslizaba hacia arriba a travÃ©s de la abertura de sus labios inferiores sÃ³lo para retroceder hacia ellos un poco mÃ¡s profundo. Sus manos puestas en las sÃ¡banas mientras arqueaba su espalda aÃºn mÃ¡s. Ella entrÃ³ en pÃ¡nico sintiendo algo dentro de su ruptura con tanta fuerza que su cuerpo vibrÃ³ desde el interior como el grito volviÃ³... sonando mÃ¡s como el pinÃ¡culo entre el dolor y el placer.

Hyakuhei agarrÃ³ sus caderas, envolviendo sus dedos alrededor de la suavidad mientras profundizaba su beso cuando alcanzÃ³ su pico tan rÃ¡pidamente. Ãl querÃ­a devorarla y gruÃ±Ã³ con placer sabiendo que Ã©l era el primero y serÃ­a el Ãºltimo en probar su cielo.

Cuando Ã©l gruÃ±Ã³ en ella, Kyoko se resistiÃ³ y luego se desmayÃ³ al romper de nuevo. PodÃ­a sentir que Ã©l la bebÃ­a y la dejaba perdida dentro del terremoto. Mientras gimiÃ³, alargÃ³ la mano y agarrÃ³ un puÃ±ado de su pelo, tratando de alejarse del intenso placer... sÃ³lo para descubrir que ahora ella lo estaba sosteniendo en su lugar y moviÃ©ndose contra su boca mientras gritaba.

Hyakuhei sintiÃ³ que estaba siendo poseÃ­do por su necesidad de ella mientras levantaba la cabeza y rugÃ­a, dejando caer su espalda al colchÃ³n y deslizando su cuerpo hacia arriba y sobre el suyo en un fluido movimiento dominante. HabÃ­a esperado tanto... mÃ¡s tiempo que el tiempo... siempre habÃ­a querido poseerla aunque no recordaba haberla conocido nunca. Se lamiÃ³ los labios antes de descender sobre los suyos y mover su parte inferior del cuerpo hacia atrÃ¡s entre sus piernas.

El calor le ardÃ­a a medida que la cabeza de su rÃ­gido personal se acercaba a su entrada. El tiempo para querer habÃ­a terminado.

Todo el aliento la dejÃ³ mientras el Ã¡ngel oscuro empujaba hacia adelante... rompiendo su lazo de sangre. Ella girÃ³ la cabeza de un lado a otro con miedo, escuchando susurros frenÃ©ticos a su alrededor de cosas que no estaban destinadas a ser. PodÃ­a sentir auras de luz tratando de alejarla de Ã©l, pero cuando sus ojos volvieron a centrarse en Ã©l; Todo estaba en silencio, excepto el espeso dolor que le latÃ­a entre los muslos.

Se mantuvo inmÃ³vil sobre ella, despuÃ©s de haber oÃ­do las mismas voces que ella. Los celos posesivos lo arrastraron atreviendo al fantasma para tratar de quitÃ¡rselo. Al ver que su mirada ahora se centraba en Ã©l, Ã©l se retirÃ³ de su opresiÃ³n sÃ³lo para golpear de nuevo en ella mientras ella lo observaba. Sus labios se separaron cuando Ã©l le dio un nuevo alto... uno que las voces de los condenados no podÃ­an penetrar.

Sus brazos temblaron cuando Ã©l se desacelerÃ³ a un fuerte empuje; Sin apartar los ojos de la pasiÃ³n que irradiaba de ella. Ahora eran iguales mientras levantaba sus caderas para encontrarse con las de Ã©l, sÃ³lo para gritar con cada golpeteo... dejÃ¡ndola luchando por alejarse y acercarse al mismo tiempo. PodÃ­a sentir que ella lo apretaba desde dentro y gimiÃ³ mientras luchaba para acelerar el paso.

Kyoko agarrÃ³ sus costillas en un esfuerzo por mantenerla mientras sentÃ­a que los rayos corrÃ­an por ella y cruzaban sus muslos al ritmo de su latido cardÃ­aco.

Al ver que habÃ­a ganado la batalla, Hyakuhei frenÃ³ su rostro y sus labios adoraron los suyos, lamiÃ©ndose y escaldÃ¡ndose antes de volver a ser exigentes una vez mÃ¡s mientras volvÃ­a a acelerar, sin darle descanso. Mientras se movÃ­a de arriba abajo, sabÃ­a que nunca terminarÃ­a con ella... nunca lo suficiente como para detenerse.

Deslizando sus brazos alrededor de ella, Ã©l se recostÃ³ sobre sus rodillas... trayÃ©ndola con Ã©l. Tirando de sus palmas hacia sus caderas, Ã©l la sostuvo, luego bajÃ³ su espalda sobre Ã©l... observando su arco de cabeza hacia atrÃ¡s y girando alrededor de su hombro, trayendo una oleada de pelo castaÃ±o con ella. Jalando sus piernas alrededor de Ã©l, Hyakuhei subiÃ³ de la cama, empujÃ¡ndola contra la pared mientras Ã©l continuaba levantÃ¡ndola y retrocediendo con movimientos mÃ¡s fuertes.

Mientras se movÃ­a, Kyoko no podÃ­a quitar los ojos de sus perfectos labios llenos ahora que se habÃ­a levantado sÃ³lo una pulgada mÃ¡s alta que Ã©l, sÃ³lo para bajar con cada empuje de sus caderas. ApretÃ³ los dientes mientras se apoyaba contra ella y levantÃ³ una mano por encima de su cabeza... tratando desesperadamente de encontrar algo en la pared para aferrarse a ella. Su mundo se inclinÃ³ cuando su espalda dejÃ³ la pared y Ã©l aterrizÃ³ en la cama con ella todavÃ­a encima.

Finalmente, teniendo el control que habÃ­a anhelado, Kyoko tomÃ³ sus manos y las sujetÃ³ rÃ¡pidamente a la cama mientras levantaba sus caderas casi liberÃ¡ndolo sÃ³lo para golpear de nuevo sobre Ã©l. PodÃ­a sentir cada centÃ­metro del hombre debajo de ella mientras empezaba a moverse hacia adelante y hacia atrÃ¡s en un movimiento abrasador. Alzando la mirada de Ã©l, tratÃ³ de recuperar el aliento sin detener el movimiento.

Hyakuhei tomÃ³ a la diosa por encima de Ã©l y supo que no era una mentira. HabÃ­a nacido sÃ³lo para Ã©l y habÃ­a esperado tanto tiempo que la habÃ­a olvidado. PodÃ­a sentir su alma llamÃ¡ndolo desde el pasado y Ã©l torciÃ³ sus manos de las suyas sÃ³lo para agarrar su muÃ±eca firmemente y tirar de ella contra Ã©l. Girando sobre ella sin perder el ritmo, Hyakuhei se maravillÃ³ ante el calor que sÃ³lo habÃ­a creado en su sangre frÃ­a y sintiÃ³ su frÃ¡gil agarre en la salud mental.

PodÃ­a oÃ­r su rÃ¡pido latido del corazÃ³n... el latir de la sangre de su vida le estaba llamando. Ãste era el Ãºnico cielo que habÃ­a conocido cuando avanzÃ³ hacia Ã©l, conduciÃ©ndose tan profundamente dentro de ella como pudo. Bajando los labios al arco de su cuello mientras ella se alejaba de Ã©l, Hyakuhei no pudo contener.

Rechazando rasgar en ella como su mente estaba gritando para Ã©l para hacer, Hyakuhei puso sus labios y dientes contra ella mientras que Ã©l utilizÃ³ sus energÃ­as para tomarla a una velocidad que ella no podrÃ­a emparejar. Al llegar al clÃ­max, dejÃ³ que sus colmillos rompieran su piel delicada con la menor cantidad de daÃ±o, deseando saborearla esta vez desde lo mÃ¡s profundo posible de todas las maneras posibles.

Se convertirÃ­a en lo mÃ¡s importante de su vida, eternos compaÃ±eros de alma... no era una mentira... podÃ­a probarlo.

Lo que habÃ­a dado y tomado habÃ­a debilitado a ambos y robado su voluntad de retener. Sintiendo su ojeada de nuevo, sacudiÃ³ su boca lejos de ella enviando ecos de sonidos Ã¡speros y desordenados alrededor de ellos mientras Ã©l se sentÃ­a romperse y derramar ... bombeando en ella con cada latido del corazÃ³n.

Momentos mÃ¡s tarde, sus brazos cedieron y Ã©l rodÃ³ a su lado, llevÃ¡ndola con Ã©l. La habitaciÃ³n se quedÃ³ en silencio mientras escuchaba el sonido de su respiraciÃ³n, sabiendo que habÃ­a caÃ­do en un sueÃ±o profundo como una combinaciÃ³n de los espÃ­ritus que habÃ­a bebido, y la sangre que Ã©l habÃ­a tomado de ella... mezclado con la pasiÃ³n de su apareamiento.

Hyakuhei apretÃ³ sus brazos alrededor de ella no queriendo perderse una cosa, pero Ã©l podÃ­a sentir el sueÃ±o indeseado fluir a travÃ©s de Ã©l como la mano no invitada del destino.

*****

Miles bajo la habitaciÃ³n del hotel, en lo mÃ¡s profundo de las catacumbas, los gritos violentos y susurros de negaciÃ³n finalmente habÃ­an cesado. Tadamichi sacÃ³ sus afiladas garras de sus ojos rojos, por sus mejillas mientras su vista volvÃ­a a Ã©l. MirÃ³ las estatuas de los guardianes a su alrededor sabiendo que era lo mÃ¡s cercano que habÃ­an llegado a romper el corazÃ³n del tiempo. PodÃ­an sentirla... y las cadenas que sostenÃ­an el portal del tiempo cerrado casi habÃ­an sido desenredadas. Casi habÃ­an venido a por ella.

HabÃ­a sentido la rendiciÃ³n de su hermano a la sacerdotisa y ahora que la visiÃ³n se habÃ­a ido, Tadamichi gritÃ³ de rabia otra vez rastrillando sus garras en su cara como si tratara de arrancar alguna mÃ¡scara invisible. Era la vibraciÃ³n de la furia que seguÃ­a viniendo de las estatuas que lo hacÃ­a perder la cabeza y se tropezÃ³ de pie sin querer mÃ¡s... ya estaba cubierto.

VolviÃ©ndose, corriÃ³ a travÃ©s de los tÃºneles... sus pies dejando el suelo cuando se convirtiÃ³ en la oscuridad que tanto le gustaba. Liberar algo de la rabia dentro de su cuerpo durante el vuelo enviÃ³ ecos de poder en todas direcciones... dejando a sus subordinados corriendo a esconderse. Momentos despuÃ©s se encontrÃ³ en la habitaciÃ³n de su hermano mirando a la pareja agotada.

Los ojos de Tadamichi se volvieron de nuevo a Ã©bano mientras su mirada acariciaba a sus hermanos con una cuchara tan perfectamente contra las suaves curvas de la chica. Su piel aÃºn estaba hÃºmeda debido a su apareamiento. SintiÃ³ la misma rabia que los guardianes y apenas tuvo la fuerza de voluntad para anularla.

Ella era hermosa... igual que Ã©l la recordaba. PensÃ³ que habrÃ­a sentido la necesidad de venganza mientras inhalaba la nueva marca de apareamiento que la rodeaba... y Hyakuhei. Su hermano ni siquiera se dio cuenta de lo que habÃ­a hecho. Se habÃ­a traspasado a travÃ©s de una lÃ­nea que nunca iba a ser violada y no habrÃ­a ningÃºn volver de esto.

HarÃ­a lo que pudiera por su hermano... pero el daÃ±o ya estaba hecho. Su hermano lo habÃ­a traicionado... no haciendo el amor con una chica... sino haciendo el amor con esta chica. ExtendiÃ³ la mano para tocarla sÃ³lo para retirar los dedos en el Ãºltimo instante, temiendo que no pudiera detenerse. Ãl y su hermano morirÃ­an por ella... matÃ¡ndose unos a otros. No hay manera de que Hyakuhei pueda amarla mÃ¡s que Ã©l y esa serÃ­a su caÃ­da a menos que se detenga ahora.

El destino los habÃ­a separado hacÃ­a mucho tiempo y los guardianes habÃ­an sellado el pacto, asÃ­ que Â¿por quÃ© los dioses burlaban de Ã©l de tal manera que dejara que su hermano tuviera lo que se le negÃ³? Â¿O los destinos entraron para dejar el corazÃ³n de su hermano sangrando como lo habÃ­an hecho hace tanto tiempo? Una profunda tristeza cruzÃ³ sus ojos sabiendo que debÃ­a hacerse antes de que fuera demasiado tarde.

Tadamichi tratÃ³ de alcanzar con su mente para quitarle los recuerdos de esta noche. Ãl sÃ³lo serÃ­a capaz de rozar la superficie de su mente... Ã©l no tenÃ­a poder sobre ella... no ahora... no en el pasado.

HabÃ­an sido amantes una vez, asÃ­ como Hyakuhei y ella eran amantes ahora. Ãl y su gemelo eran mÃ¡s parecidos que Hyakuhei jamÃ¡s admitirÃ­a... hasta su alma gemela. Â¿Lo habÃ­a estado buscando, sÃ³lo para encontrar a Hyakuhei? No recordarÃ­a, pero su alma nunca lo olvidarÃ­a. Sus ojos se oscurecieron con el pensamiento, incluso mientras luchaba contra la esperanza de ello.

La esclavitud de un vampiro nunca la habrÃ­a afectado si no hubiera debilitado su mente con el fuerte alcohol que ahora olÃ­a en su aliento. Si nunca habÃ­a bebido el agua del espÃ­ritu antes, entonces su poder podrÃ­a haber sido suficiente para que el esclavo nunca hubiera tomado efecto... no podÃ­a estar completamente seguro.

La parte triste es que una vez que tuviera sus poderes atrÃ¡s... su hermano tampoco tendrÃ­a control sobre ella.

Utilizar sus poderes sobre la sacerdotisa era asombroso... haciendo que su cuerpo temblara con el esfuerzo. Lo mÃ¡ximo que podÃ­a hacer era tratar de quitarle la cara del ojo de su mente... la cara de su hermano. Mientras trataba de profundizar, podÃ­a sentir los gritos de los guardianes allÃ­ y rÃ¡pidamente se retirÃ³... negÃ¡ndose a darle a su memoria algÃºn poder. Era mejor que sÃ³lo quedaran fantasmas en su mente.

Sabiendo que sÃ³lo habÃ­a podido sacar el borde de su memoria, Tadamichi cayÃ³ de rodillas junto a ella en el suelo. Hace tanto tiempo que se habÃ­a enamorado de ella... Â¿ahora era su castigo? No podÃ­a hacerle daÃ±o de ninguna manera o el hechizo sobre los guardianes se romperÃ­a y vendrÃ­an por Ã©l con una venganza. Casi valdrÃ­a la pena por un momento con ella.

Su mirada se elevÃ³ hacia su hermano, la agradecida Hyakuhei nunca la habÃ­a conocido en el pasado o los guardianes que la habÃ­an robado de Ã©l... esa era su cruz para soportar.

Dando al destino la mano que necesitaba, Tadamichi sintiÃ³ que el amanecer venÃ­a y pasÃ³ sus dedos por el aura de la chica para despertarla, sabiendo que Hyakuhei no tendrÃ­a la energÃ­a que aÃºn no habÃ­a despertado. ObservÃ³ cÃ³mo la suave luz empezaba a filtrarse entre las gruesas cortinas y se quedÃ³ en sus vigas un momento mÃ¡s antes de retroceder hacia la oscuridad.

SÃ³lo esperaba que la sacerdotisa fuera lo suficientemente inteligente como para marcharse y no mirar hacia atrÃ¡s. Si Hyakuhei hubiera encontrado lo que habÃ­a anhelado... ahora serÃ­a una lucha entre la pureza y el mal que atraÃ­a.

Su mirada adorÃ³ a su hermano por varios latidos de corazÃ³n sabiendo que esta vez el mal tenÃ­a un corazÃ³n. Pero si no podÃ­a tenerla... tampoco su hermano.

*****

Kyoko despertÃ³ en capas y puso una mano sobre sus ojos. Ella medio esperaba que el sol brillara en su rostro, pero despuÃ©s de romperse los ojos un poco, se dio cuenta de que en realidad era agradable y sombrÃ­o en la habitaciÃ³n. Ella alzÃ³ la cabeza, casi silbando de aprecio por sus alrededores. Dondequiera que ella estaba... era un lugar de primera lÃ­nea.

Ella rodÃ³ a un lado, pero se detuvo cuando sintiÃ³ el pesado brazo extendido sobre su cintura. Mirando hacia atrÃ¡s, todo lo que veÃ­a en las sombras era largo cabello negro y el contorno de un cuerpo magnÃ­fico... suspirÃ³ alegremente. Por fin habÃ­a sucedido. Ahora el abuelo no tendrÃ­a que enviar a Tasuki para salvarla de su virginidad.

Ella se encogiÃ³ silenciosamente sabiendo que Tasuki nunca la perdonarÃ­a por esto si lo descubrÃ­a, pero no era como si alguna vez lo volviera a ver... este tipo o Tasuki. Su labio inferior hizo una mueca ante el pensamiento solitario.

DeslizÃ¡ndose cuidadosamente bajo el pesado brazo y fuera de la cama, Kyoko se dio cuenta de que estaba tan desnuda como su dÃ­a de nacimiento. Rozando doce tonos de rojo, rÃ¡pidamente agarrÃ³ su sujetador sin tirantes del suelo, poniÃ©ndolo en un tiempo rÃ©cord.

-Por favor, por favor, que se quede dormido -susurrÃ³ nerviosamente mientras se mantenÃ­a de espaldas al hombre-.

Sus mejillas estaban ruborizadas de vergÃ¼enza al despertar junto a un hombre igualmente desnudo. HabÃ­a visto su cuerpo cuando echÃ³ las tapas. Para empeorar las cosas, habÃ­a decidido no usar ropa interior la noche anterior. El hombre probablemente pensÃ³ que era una puta total. Sus movimientos disminuyeron al sentir el dolor dentro de su cuerpo. SentÃ­a que habÃ­a perdido una pelea. Le dolÃ­an los brazos y las piernas, pero lo que hacÃ­a que sus ojos se ensancharan era la extraÃ±a y espesa sensaciÃ³n... entre sus muslos.

DespuÃ©s de buscar durante unos minutos, encontrÃ³ toda su ropa y se dio cuenta de que no tenÃ­a una chaqueta para cubrir su parte superior de corte bajo. Su mirada cayÃ³ sobre su chaqueta de cuero y ella la agarrÃ³ sin pensar dos veces.




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