Al lado 
Blake Pierce


Un misterio psicológico de suspenso de Chloe Fine #1
Una obra maestra de misterio y suspenso. Pierce desarrolló muy bien a los personajes psicológicamente, tanto así que sientes que estás en sus mentes, vives sus temores y aclamas sus éxitos. Este libro te mantendrá pasando páginas hasta bien entrada la noche debido a sus giros inesperados. Books and Movie Reviews, Roberto Mattos (respecto a Una vez desaparecido) AL LADO (Un misterio de Chloe Fine) es el libro #1 de una nueva serie de suspenso psicológico del autor bestseller Blake Pierce, cuyo libro exitoso Una vez desaparecido (Libro #1) ha recibido más de 1. 000 opiniones de cinco estrellas. La pasante del Equipo de Respuestas de Evidencia del FBI Chloe Fine, de 27 años, se ve obligada a enfrentarse a su propio pasado oscuro cuando su hermana gemela perturbada necesita su ayuda.. y cuando un cuerpo aparece muerto en su pequeño pueblo suburbano. Chloe siente que su vida es perfecta cuando se muda de nuevo a su pueblo natal con su prometido. Su carrera con el FBI parece prometedora y está a punto de casarse. Sin embargo, se entera de que no todo es como parece en su pueblo. Chloe empieza a ver la otra cara del pueblo: los rumores, los secretos, las mentiras. Aunado a eso, los demonios de la misteriosa muerte de su madre, y el encarcelamiento de su padre, la están atormentando. Y cuando un cuerpo aparece muerto, Chloe pronto se da cuenta de que su pasado, y este pequeño pueblo, podrían ser la clave de todo. AL LADO, el libro #1 de una nueva serie fascinante, es un thriller lleno de acción con suspenso emocionante y personajes multifacéticos que te dejará pasando páginas hasta bien entrada la noche. Ya puedes reservar el libro #2 de la serie CHLOE FINE.







a l l a d o



(un misterio psicológico de suspenso de chloe fine - libro 1)



b l a k e p i e r c e


Blake Pierce



Blake Pierce es el autor de la serie exitosa de misterio RILEY PAIGE que cuenta con trece libros hasta los momentos. Blake Pierce también es el autor de la serie de misterio de MACKENZIE WHITE (que cuenta con nueve libros), de la serie de misterio de AVERY BLACK (que cuenta con seis libros), de la serie de misterio de KERI LOCKE (que cuenta con cinco libros), de la serie de misterio LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE (que cuenta con cinco libros), de la serie de misterio de KATE WISE (que cuenta con dos libros) y de los thriller psicológicos de CHLOE FINE (dos libros).

Blake Pierce es un ávido lector y fan de toda la vida de los géneros de misterio y los thriller. A Blake le encanta comunicarse con sus lectores, así que por favor no dudes en visitar su sitio web www.blakepierceauthor.com (http://www.blakepierceauthor.com) para saber más y mantenerte en contacto.



Derechos de autor © 2018 por Blake Pierce. Todos los derechos reservados. A excepción de lo permitido por la Ley de Derechos de Autor de Estados Unidos de 1976 y las leyes de propiedad intelectual, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o distribuida en cualquier forma o por cualquier medio, o almacenada en un sistema de bases de datos o de recuperación sin el previo permiso del autor. Este libro electrónico está licenciado para tu disfrute personal solamente. Este libro electrónico no puede ser revendido o dado a otras personas. Si te gustaría compartir este libro con otras personas, por favor compra una copia adicional para cada destinatario. Si estás leyendo este libro y no lo compraste, o no fue comprado solo para tu uso, por favor regrésalo y compra tu propia copia. Gracias por respetar el trabajo arduo de este autor. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor o se emplean como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es totalmente coincidente. Derechos de autor de la imagen de la cubierta son de  Jan Faukner, utilizada bajo licencia de Shutterstock.com.


LIBROS ESCRITOS POR BLAKE PIERCE



SERIE DE MISTERIO PSICOLÓGICO DE SUSPENSO DE CHLOE FINE

Al LADO (Libro #1)



SERIE DE MISTERIO DE KATE WISE

SI ELLA SUPIERA (Libro #1)

SI ELLA VIERA (Libro #2)



SERIE LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE

VIGILANDO (Libro #1)

ESPERANDO (Libro #2)



SERIE DE MISTERIO DE RILEY PAIGE

UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1)

UNA VEZ TOMADO (Libro #2)

UNA VEZ ANHELADO (Libro #3)

UNA VEZ ATRAÍDO (Libro #4)

UNA VEZ CAZADO (Libro #5)

UNA VEZ CONSUMIDO (Libro #6)

UNA VEZ ABANDONADO (Libro #7)

UNA VEZ CONGELADO (Libro #8)



SERIE DE MISTERIO DE MACKENZIE WHITE

ANTES DE QUE ASESINE (Libro #1)

ANTES DE QUE VEA (Libro #2)



SERIE DE MISTERIO AVERY BLACK

CAUSA PARA MATAR (Libro #1)

CAUSA PARA CORRER (Libro #2)



SERIE DE MISTERIO DE KERI LOCKE

UN RASTRO DE MUERTE (Libro #1)


CONTENIDO



PRÓLOGO (#u77e4f88c-67f3-5031-a9ce-75c4e38c5688)

CAPÍTULO UNO (#u151ed8f7-0789-5990-869b-7ebeb9c3b73c)

CAPÍTULO DOS (#u4aa9e914-1f1d-58e8-ba54-ce60cb0b1e37)

CAPÍTULO TRES (#u1171cfa1-329a-5735-8035-231b4ad2bcd3)

CAPÍTULO CUATRO (#u5aebed29-e01c-5588-82f2-1cb0df2269b1)

CAPÍTULO CINCO (#u2774c0ee-228e-5b80-a934-6f3d0ad01e6f)

CAPÍTULO SEIS (#ud58b0617-9345-5209-a1cd-434d12c6c362)

CAPÍTULO SIETE (#u9102b360-7c94-521e-8166-e78bf0d7fa37)

CAPÍTULO OCHO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO NUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIEZ (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO ONCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DOCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TRECE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO CATORCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO QUINCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECISÉIS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECISIETE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECIOCHO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECINUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTIUNO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTIDÓS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTITRÉS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTICUATRO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTICINCO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTISÉIS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTISIETE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTIOCHO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTINUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y UNO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y DOS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y TRES (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y CINCO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y SEIS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y SIETE (#litres_trial_promo)

EPÍLOGO (#litres_trial_promo)




PRÓLOGO


Chloe estaba sentada en los escalones frontales de su edificio de apartamentos al lado de su hermana gemela, Danielle, viendo al policía que se estaba llevando a su padre esposado.

Un policía grande y barrigón estaba delante de Chloe y Danielle. Su piel negra estaba muy sudada, tanto así que parecía que estaba brillando bajo la luz de la luna.

—Ustedes no deberían ver esto —les dijo el policía.

Eso le pareció un disparate a Chloe. Aunque solo tenía diez años de edad, sabía que el policía simplemente quería tapar la patrulla para que no vieran a su padre ser metido en ella.

Ese era el menor de sus problemas. Había visto la sangre al final de las escaleras. La había visto salpicada en el último escalón y luego en la alfombra que daba a la sala de estar. También había visto el cuerpo, boca abajo. Su padre había hecho todo lo posible para que ella no lo viera, aunque no sirvió de nada. Pero nada de eso importaba, ya que la sangre estaba impregnada en su mente.

Eso era lo que veía mientras el policía estaba delante de ella. Era lo único que veía.

Chloe oyó la puerta de la patrulla cerrarse de golpe. Ese sonido era el de su padre dejándolas, tal vez para siempre.

—¿Están bien? —preguntó el policía.

Ninguna respondió. Chloe seguía viendo toda esa sangre en las escaleras que había empapado la alfombra azul. Miró rápidamente a Danielle y vio que su hermana estaba mirando sus pies. No estaba ni parpadeando. Chloe estaba bastante segura de que algo le pasaba. Supuso que Danielle había visto más del cuerpo, tal vez incluso el lugar muy oscuro de donde parecía haber venido toda la sangre.

De repente, el policía gordo levantó la mirada a las escaleras de entrada y dijo en voz baja: —Dios mío, ¿no te pudiste esperar? Las niñas están aquí…

Chloe vio que otras personas estaban sacando una bolsa de plástico del edificio. Era el cuerpo. Del que había venido toda esa sangre roja en la alfombra.

El cuerpo de su madre.

—¿Niñas? —preguntó el policía para hacerlas hablar.

Pero Chloe no quería hablar.

Tiempo después, un auto conocido se detuvo detrás de una de las patrullas. El policía gordo ya no estaba tratando de hacerlas hablar. Chloe supuso que aún estaba con ellas para que no se sintieran solas.

—Abuela —dijo Danielle finalmente.

El auto conocido que acababa de detenerse era el de su abuela. Ella se salió del auto lo más rápido que pudo. Chloe vio que estaba llorando.

Sintió lágrimas rodando por sus propias mejillas. Se sentía quebrantada.

—Llegó su abuela —dijo el policía. Él parecía aliviado, feliz de deshacerse de ellas.

—Mis niñas —dijo la abuela mientras corría a los escalones. A lo que las alcanzó, comenzó a sollozar y a abrazar a sus dos nietas.

Por extraño que parezca, ese abrazo sería lo único que Chloe recordaría de todo el asunto.

Dejaría de ver la sangre en su mente. El policía gordo se desvanecería después de tan solo unas semanas, al igual que las esposas.

Pero Chloe siempre recordaría ese abrazo.

Y la sensación de algo quebrantándose dentro de ella.

¿Era cierto que su padre había matado a su madre?




CAPÍTULO UNO


17 años después



Chloe Fine subió las escaleras de su nuevo hogar, el hogar que ella y su prometido habían pasado meses intentando comprar. No podía contener su emoción.

—¿Está muy pesada esa caja? —dijo Steven, corriendo por las escaleras para alcanzarla con una caja que leía ALMOHADAS.

—No, para nada —respondió Chloe, cargando su propia caja que leía PLATOS.

Steven colocó la caja en el suelo y tomó la suya.

—Intercambiemos las cajas —le dijo con una sonrisa.

Steven había estado sonriendo mucho recientemente. En realidad, había estado sonriendo desde hace ocho meses, desde el día en el que Chloe lo dejó colocarle el anillo de compromiso.

Siguieron caminando por la acera. Mientras caminaban, Chloe le echó un ojo al patio. No era el gran patio extenso que siempre había imaginado. En su mente, su casa de ensueño tenía un patio abierto y arbolado. En cambio, ella y Steven se habían decidido por una casa en un vecindario tranquilo. Pero ella solo tenía veintisiete años, así que todavía tenía tiempo. Tanto ella como Steven sabían que no envejecerían en esta casa. Y eso hacía todo esto aún más especial. Este era su primer hogar, el lugar en el que aprenderían los pormenores del matrimonio y tal vez donde tendrían uno o dos hijos.

Veía la casa del vecino muy claramente. Sus céspedes estaban separados solo por unos arbustos altos. El porche blanco pintoresco era casi idéntico al suyo.

—Sé que crecí aquí —dijo Chloe—, pero simplemente no se siente igual. Parece un pueblo totalmente distinto.

—Te aseguro que todo está exactamente igual —dijo Steven—. Bueno, lo único diferente son los nuevos proyectos de vivienda como este. Pinecrest, Maryland es un buen pueblo. Lo suficientemente pequeño que siempre te encuentras con gente que no quisieras ver, pero lo suficientemente grande como para no tener que conducir una hora a un supermercado.

—Ya extraño Filadelfia.

—Yo no —dijo Steven—. Aquí no hay aficionados de los Eagles, ni tampoco tráfico.

—Sí, tienes razón —dijo Chloe—. Pero igual…

—Ten un poco de paciencia —dijo Steven—. Te sentirás como en casa en un santiamén.

Chloe deseaba que su abuela estuviera aquí en este momento para ver esta casa. Chloe estaba segura de que estaría orgullosa de ella. Probablemente prendería el horno nuevo para prepararles un postre de celebración.

Pero su abuela murió hace dos años, diez meses después del accidente automovilístico en el que murió el abuelo de Chloe. Habría sido romántico creer que había muerto de un corazón roto, pero simplemente no fue así. Su abuela había sido víctima de un ataque al corazón, nada más que eso.

Chloe también pensó en Danielle. Justo después de la secundaria, Danielle se había mudado a Boston por unos años. Danielle había vivido muchas cosas, tales como un susto de embarazo, unos arrestos y varios trabajos fallidos. Todo eso había traído a su hermana de vuelta aquí, a Pinecrest, hace unos años.

Por su parte, Chloe había asistido a la universidad en Filadelfia, conocido a Steven y empezado su carrera como agente de FBI. Le faltaban unas clases para graduarse, pero la transición había transcurrido sin tropiezos. Baltimore quedaba solo a media hora de aquí y todos sus créditos habían sido transferidos.

Las estrellas parecieron alinearse majestuosamente cuando Steven consiguió empleo en Pinecrest. Aunque Chloe bromeaba mucho sobre no querer volver a Pinecrest, algo dentro de ella sabía que siempre terminaría allí, así sea por solo unos años. Sí, era una tontera, pero sentía que se lo debía a sus abuelos. Pasó muchos años anhelando poder irse de este lugar, y sentía que sus abuelos se lo habían tomado a mal.

Y luego habían encontrado la casa perfecta y a Chloe comenzó a encantarle la idea de estar de vuelta en un pueblo, aunque Pinecrest no era pequeño en absoluto. Tenía una población de unos treinta y cinco mil habitantes.

Además, estaba emocionada por ver a Danielle.

Pero primero tenían que terminar de mudarse. Sus pocas pertenencias estaban empacadas en un camión que actualmente estaba estacionado en su pequeña entrada de hormigón. Luego de dos horas descargando el camión, finalmente vieron la parte trasera del remolque a través de la última fila de cajas y contenedores.

A lo que Steven metió la última caja en la casa, Chloe comenzó a desempacar. Para Chloe fue surrealista darse cuenta de que todas estas cosas de sus apartamentos separados serían desempacadas en un mismo espacio, el espacio que ellos compartirían como pareja. Era una sensación agradable, una que la hizo echarle un vistazo al anillo que llevaba en su dedo con una sonrisa de satisfacción.

Mientras estaba desempacando, oyó un golpe en la puerta, el primero de su nuevo hogar. El golpe fue seguido por la voz aguda de una mujer que dijo: —¿Hola?

Confundida, Chloe dejó de desempacar y se dirigió a la puerta principal. No estaba segura de lo que esperaba ver, pero ciertamente no había esperado un rostro de su pasado. Por extraño que parezca, eso es exactamente lo que encontró esperándola en la puerta.

—¿Chloe Fine? —preguntó la mujer.

Habían pasado ocho años, pero Chloe reconoció a Kathleen Saunders enseguida. Habían sido compañeras de secundaria. Fue muy onírico verla allí, parada en su puerta. Aunque no habían sido mejores amigas en la escuela secundaria, habían sido un poco más que simples conocidas. Aun así, ver un rostro de su pasado parado en el umbral de su futuro fue tan inesperado que la cabeza de Chloe comenzó a dar vueltas.

—¿Kathleen? —preguntó—. ¿Qué haces aquí?

—Yo vivo aquí —dijo Kathleen con una sonrisa. Había subido un poco de peso desde la escuela secundaria, pero su sonrisa era exactamente la misma.

—¿Aquí? —preguntó Chloe—. ¿En este vecindario?

—Sí. Vivo a dos casas a la derecha de la tuya. Estaba paseando a mi perro y, cuando te vi, te reconocí enseguida. Bueno, supuse que o bien eras tú o tu hermana. Así que me acerqué y le pregunté al hombre que estaba dentro del camión si eras tú. Él me dijo que llamara a la puerta. ¿Ese es tu esposo?

—Prometido —dijo Chloe.

—Sí que el mundo es pequeño —dijo Kathleen—. Bueno, este pueblo.

—Sí, tienes razón —dijo Chloe.

—Me encantaría charlar, pero tengo una cita con un cliente en una hora —dijo Kathleen—. Y, además, sé que estás ocupada desempacando. Pero mira… hay una fiesta de la cuadra el sábado. Quería ser la primera en invitarte.

—Muchas gracias. Lo aprecio mucho.

—Antes de irme, quería preguntarte cómo estaba Danielle. Sé que pasó por momentos difíciles cuando terminó la escuela secundaria. Se rumorea que está viviendo en Boston.

—Sí, vivía en Boston —dijo Chloe—. Pero regresó a Pinecrest hace unos años.

—Qué genial —dijo Kathleen—. Deberías invitarla a la fiesta. ¡Me encantaría hablar con las dos!

—Igualmente —dijo Chloe.

Chloe miró brevemente por encima del hombro de Kathleen y vio a Steven en el camión. Se encogió de hombros y la expresión en su rostro parecía decir: —¡Lo siento!

—Bueno, me dio mucho gusto verte —dijo Kathleen—. Espero verte en la fiesta de la cuadra. Y si no, ¡sabes dónde vivo!

—¡Sí! A dos casas a la derecha.

Kathleen asintió y luego sorprendió a Chloe con un abrazo. Chloe se lo devolvió, bastante segura de que Kathleen no abrazaba mucho a la gente en la escuela secundaria. Vio a su vieja (y nueva, suponía) amiga despedirse de Steven mientras regresaba a la acera.

Steven subió los escalones del porche con las últimas dos cajas. Chloe agarró la de arriba y juntos caminaron a la sala de estar. El lugar era un laberinto de cajas, contenedores y equipaje.

—Lo siento —dijo Steven—. No sabía si sería bienvenida o no.

—No te preocupes. Fue extraño, pero todo bien.

—Me dijo que era una amiga de la escuela secundaria.

—Sí. Y aquí estamos, viviendo a dos casas la una de la otra. Sin embargo, me pareció muy dulce. Nos invitó a una fiesta de la cuadra este fin de semana.

—Qué bueno.

—Ella también conoció a Danielle en la secundaria. Creo que la voy a invitar a la fiesta.

Steven comenzó a abrir una de las cajas, soltando un suspiro. —Chloe, ni siquiera llevamos un día aquí. ¿No podemos esperar un rato antes de meter a tu hermana en nuestras vidas?

—Sí, eso haremos. La fiesta es en tres días. Así que esperaremos tres días.

—Sabes a lo que me refiero. Danielle tiene una tendencia a dificultar las cosas.

Chloe lo entendía perfectamente. Steven había visto a Danielle cuatro veces, y cada una de ellas había sido incómoda. Danielle tenía muchos problemas, los cuales incomodaban a la gente a su alrededor. Sabía que Steven tenía razón. ¿Por qué invitarla a una fiesta en la que no conocería a nadie?

Pero la respuesta era sencilla. Porque era su hermana. Llevaba unos cuantos años sola y triste y, aunque sonora ridículo, Danielle la necesitaba.

Vio un destello de las dos sentadas en las escaleras de apartamentos en su mente.

—Sabías que eventualmente me comunicaría con ella —dijo Chloe—. No puedo seguir excluyéndola de mi vida ahora que vivimos en el mismo pueblo.

Steven asintió, se acercó a ella y le dijo: —Lo sé, lo sé. Pero un hombre puede soñar.

Ella sabía que el comentario debía molestarle, pero solo era en broma. Al menos estaba cediendo, no queriendo que una discusión sobre su hermana arruinara su día de mudanza.

—Tal vez salir y socializar sería bueno para ella —dijo Chloe—. Creo que podría ayudarla mucho. Simplemente quiero ser parte de su vida.

Steven sabía la historia compleja de ambas. Y aunque Chloe sabía que Danielle no le caía muy bien, siempre la había apoyado y entendido su preocupación por su hermana.

—Entonces haz lo que creas que es mejor para ella —dijo Steven—. Y a lo que cuelgues con ella, ven a ayudarme a armar la cama. Quiero tenerla lista para más tarde.

—¿Sí? ¿Para qué?

—Esta mudanza me tiene agotado. Me voy a quedar bien dormido.

Ambos se echaron a reír y luego encontraron su camino a los brazos del otro. Se dieron un beso que sugería que tal vez su primera noche en su nuevo hogar sí le daría un buen uso a su cama. Pero por ahora, tenían montones de cajas por desempacar.

Y también tenía que llamar a su hermana, lo cual podría ser incómodo.

Solo pensar en eso la hacía sentirse alegre, pero también ansiosa.

Aunque era su hermana gemela, Chloe nunca sabía qué esperar de Danielle. Y debido a que Danielle estaba de regreso en Pinecrest, Chloe estaba bastante segura de que no estaba nada bien.




CAPÍTULO DOS


Danielle Fine se metió una píldora de cafeína en la boca, se la tragó con un trago caliente de una Coca-Cola sin gas y luego abrió el cajón donde guardaba su ropa interior.

Danielle pensó en Martin. Llevaban seis semanas saliendo. Y aunque habían decidido que se tomarían las cosas con calma, Danielle había perdido la paciencia. Había decidido que se le montaría encima esta noche. Detenerse en segunda base cada vez que se veían la hacía sentirse como una adolescente estúpida que no sabía lo que estaba haciendo.

Y ella sí que sabía lo que estaba haciendo. Y estaba bastante segura de que Martin también. Sin embargo, eso lo sabría a ciencia cierta esta noche.

Danielle terminó seleccionando unas bragas con encaje que se veían sexy. Pensó en qué sostén ponerse, pero luego decidió no usar ninguno en absoluto. Ella y Martin no se vestían muy formal y, además, ella no tenía mucho busto. Ningún sostén le sería de mucha ayuda. Además, Martin le había dicho que le gustaba cómo se le veían las tetas sin sostén.

Hoy se verían temprano para cenar antes de entrar al cine a las 6:30. El mero hecho de que iban a cenar y luego al cine en lugar de tomarse unos tragos y luego regresar a su casa para besarse era un punto a su favor. Se preguntó si Martin era el tipo de hombre al que le gustaba sentirse que estaba siendo un caballero.

«Llevas seis semanas con el tipo… ya deberías saber ese tipo de cosas», pensó mientras se ponía las bragas.

Se vistió frente al espejo de cuerpo entero en la pared de su dormitorio. Se probó algunas camisetas antes de decidirse por una camiseta negra apretada y unos jeans muy básicos. Ella no era el tipo de chica que tenía un montón de faldas o vestidos en su clóset. En las mañanas, normalmente se ponía lo primero que encontraba. Sabía que había sido bendecida con el atractivo de su madre y, como también tenía un cutis hermoso, por lo general tampoco usaba mucho maquillaje. Su pelo negro teñido y ojos marrones intensos la hacían verse aún más bonita. En un abrir y cerrar de ojos, podía pasar de ser inocente y dulce a sexy. Esa era una de las razones por las que nunca le habían preocupado sus tetas pequeñas.

Luego de echarse un vistazo en el espejo y ver la misma figura, rostro y camiseta de adolescente, Danielle estaba lista para su salida con Martin. A Martin le gustaba pasar el rato en garajes y pistas de carreteras. Le había dicho que había participado en boxeo amateur hace un tiempo. Ella le había creído porque tenía cuerpo de boxeador (otra razón por la que estaba perdiendo la paciencia) y actualmente trabajaba como especialista en TI independiente. Pero, como ella, no se tomaba la vida demasiado en serio y disfrutaba de beber mucho. Hasta el momento, parecían la pareja perfecta.

Pero seis semanas sin sexo… ya no aguantaba. Se sentía muy presionada. ¿Y si le decía que no? ¿Y si realmente quería seguir yendo despacio y ella simplemente no podía esperar más?

Con un suspiro, se fue a la nevera. Para calmar sus nervios, agarró una cerveza de la nevera, la destapó y tomó un trago. Cayó en cuenta de que estaba mezclando cafeína con alcohol, pero no le importó mucho. Ciertamente había sometido su cuerpo a cosas peores.

Su teléfono sonó. «Si está llamando para cancelar nuestra cita, lo mato», pensó.

Cuando vio que no era su nombre en la pantalla, se relajó. Sin embargo, cuando vio que su hermana era la que estaba llamando, sus hombros se cayeron. Sabía que debía contestarle. Si no lo hacía, Chloe la llamaría otra vez en quince minutos. Persistencia era una de las pocas cosas que tenían en común.

Ella contestó la llamada, no molestándose en saludar como de costumbre. —Bienvenida de nuevo a Pinecrest —dijo Danielle en un tonó monótono—. ¿Ya estás bien mudada?

—Depende de si me lo estás preguntando a mí o a todas estas cajas empacadas —respondió Chloe.

—¿Cuándo llegaste? —preguntó Danielle.

—Esta mañana. Ya bajamos todo del camión. Estamos desempacando todo poco a poco para luego poner todo en su lugar.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó Danielle.

El breve silencio al otro lado de la línea sugirió que Chloe no había estado esperando este tipo de generosidad. A decir verdad, Danielle solamente se había ofrecido porque sabía que Chloe no le diría que sí. O, más bien, Steven no querría que Chloe aceptara su oferta.

—Creo que no, pero gracias. Ojalá se me hubiese ocurrido llamarte cuando estábamos bajando todas las malditas cajas.

—De ser así, tal vez no me habría ofrecido —dijo Danielle con sarcasmo.

—En fin… Mira, ¿recuerdas a Kathleen Saunders de la escuela secundaria?

—Un poco —dijo Danielle, el nombre trayendo a su mente un rostro adolescente brillante y sonriente.

—Resulta que vive en mi vecindario. A solo dos casas de la mía. Pasó por mi casa a saludarme hace un rato. También me invitó a Steven y a mí a una fiesta este fin de semana.

—Guau, apenas llevan un día aquí y ya están domesticados. ¿Ya compraron una camioneta para los bebés?

Hubo otro breve silencio. Danielle supuso que Chloe estaba tratando de decidir si el comentario era venenoso o simplemente una broma.

—Todavía no —respondió Chloe—. No pienso tener hijos aún. Pero respecto a la fiesta de la cuadra… creo que deberías venir. Kathleen me preguntó por ti.

—Me siento halagada —dijo Danielle, realmente nada halagada.

—Mira, sabes que nos reuniremos en algún momento —dijo Chloe—. Es mejor que lo hagamos más pronto que tarde para evitar todas estas llamadas incómodas. Y quiero que vengas a mi casa para que la conozcas.

—Quizá tenga una cita ese día —dijo Danielle.

—¿Una cita real o una aventura de una sola noche?

—Una cita real. Creo que te caerá bien Martin.

Eso fue tremenda mentira. Estaba bastante segura de que Martin no le caería nada bien a Chloe.

—¿Sabes qué? Deberías llevarlo a la fiesta.

—Dios mío, eres insoportable.

—Entonces… ¿Eso es un sí? —preguntó Chloe.

—Eso es un ya veremos.

—Está bien, lo acepto. En otro tema, ¿cómo estás, Danielle? ¿Todo va bien?

—Sí, supongo. El trabajo va bien, y estoy a punto de salir con el mismo chico por vigésima vez.

—Él suena especial —bromeó Chloe.

—Hablando de eso, tengo que colgar —dijo Danielle.

—Está bien. Te enviaré nuestra dirección por mensaje de texto. Espero que vengas a la fiesta de la cuadra. Es este sábado a las tres en punto.

—No te prometo nada —dijo Danielle antes de tomar un buen trago de cerveza—. Adiós, Chloe.

Colgó sin esperar la despedida de Chloe. Ella no sabía el porqué, pero la conversación había sido agotadora.

«Una fiesta de cuadra —pensó con sarcasmo—. Sé que no hablamos muy a menudo, pero debería conocerme mejor que eso… saber que no me gustan esas cosas.»

Después de ese pensamiento, comenzó a pensar en su madre. Cada vez que Chloe la irritaba, pensaba en su madre. A lo que pensó en su madre, su mano se fue a su cuello. Al darse cuenta de que su cuello estaba desnudo, volvió rápidamente a su dormitorio. Se dirigió al joyero en su cómoda y sacó el collar de plata de su madre, prácticamente lo único que quedaba en el mundo de Gale Fine. Se puso el collar alrededor de su cuello y se metió el colgante debajo de su camiseta.

A lo que lo sintió en su piel, se preguntó con qué frecuencia Chloe pensaba en su madre. También trató de recordar la última vez que ambas habían hablado de lo que había sucedido aquella mañana hace diecisiete años. Sabía que eso las atormentaba a ambas, pero a ninguna de las dos les gustaba hablar de fantasmas.

Solo faltaban diez minutos para su cita con Martin, así que se tomó el resto de su cerveza. Supuso que ya debería salir, aunque eso significaba que llegaría un poco temprano. Se dirigió a la puerta principal para hacer eso, pero luego se detuvo en seco.

Había un sobre directamente debajo de su puerta principal. El sobre no había estado allí mientras había estado hablando con Chloe por teléfono.

Se acercó a él y lo recogió con cuidado. Se sentía como si estuviera viéndose a sí misma en una película porque había hecho esto antes. Esta no era la primera nota que recibía…

El sobre estaba en blanco. No tenía nombre, ni dirección, ni marcas de ningún tipo. Abrió la solapa, la cual no estaba pegada al resto del sobre. Adentro del sobre encontró un pequeño cuadrado de papel.

Sacó la nota y la leyó. Y luego la volvió a leer.

La metió de nuevo en el sobre y llevó el sobre al escritorio que estaba en la pared de fondo de la sala de estar. Guardó la nota allí con las cuatro otras, todas las cuales tenían mensajes similares.

Ella las miró por un momento, asustada y confundida.

Sus manos comenzaron a sudar y su corazón comenzó a latir con fuerza.

«¿Quién me está acechando? —se preguntó—. ¿Y por qué?»

Luego hizo lo que normalmente hacía cuando algo la molestaba. Lo ignoró. Sacó la nota de su mente, junto con su mensaje, y se dirigió hacia la puerta para verse con Martin.

Sin embargo, mientras salía del edificio, el mensaje de la nota comenzó a hacer eco en su mente.

YO SÉ LO QUE REALMENTE SUCEDIÓ.

No tenía ningún sentido pero, por otra parte, parecía tener todo el sentido del mundo.

Miró su propia sombra en la acera y no pudo evitar caminar un poco más rápido. Sabía que no podía escapar de un problema simplemente ignorándolo, pero al menos eso la hacía sentirse mejor.

YO SÉ LO QUE REALMENTE SUCEDIÓ.

Sus pies parecían estar de acuerdo. Querían correr de regreso a su casa para tratar de darle sentido a las notas o tal vez convencerla de llamar a alguien. Tal vez a la policía. Tal vez incluso a Chloe.

Pero Danielle solo apretó el paso.

Había logrado dejar su pasado atrás…. bueno, casi…

¿Por qué debería dejarse atormentar por esas notas?




CAPÍTULO TRES


—¿Servirán pollo entonces?

Fue una pregunta inocente, pero igual enojó mucho a Chloe. Se mordió la mejilla para evitar hacer algún mal comentario.

Sally Brennan, la madre de Steven, estaba sentada frente a ella con una sonrisa perfecta en su rostro envejecido.

—Sí, mamá —dijo Steven—. Es comida… comida que probablemente ni siquiera coma por los nervios. Si alguien quiere quejarse de la comida en mi boda, que se vayan. Pueden comprar tacos en camino a casa.

Chloe apretó la mano de Steven debajo de la mesa. Al parecer se había percatado de que estaba incómoda. Steven casi nunca se enfrentaba a su madre, pero parecía un héroe cuando sí lo hacía.

—Esa no es una buena actitud —dijo Sally.

—Steven tiene razón —dijo Wayne Brennan, el padre de Steven, desde el otro extremo de la mesa. La copa de vino a su lado estaba vacía por tercera vez, y ya se encontraba alcanzando la botella de vino tinto en medio de la mesa para servirse otro trago—. Honestamente, a nadie le importa un bledo la comida en una fiesta nupcial. Todos andan pendientes de la bebida. Y tendremos barra libre, así que…

Dejaron la conversación inconclusa. La mirada amarga en el rostro de Sally dejaba en claro que no le agradaba nada que se habían decidido por pollo.

Pero eso no era nada nuevo. No había estado de acuerdo con ninguna de las decisiones que Chloe y Steven habían tomado. Y nunca dejaba de recordarles disimuladamente quién estaba pagando por la boda.

Pinecrest también era el hogar de los padres de Steven. Se mudaron allí hace cinco años, técnicamente a las afueras de Pinecrest a un pueblo pequeño llamado Elon. Aparte del trabajo de Steven, esa había sido una de las razones por las cuales Chloe y Steven habían decidido mudarse a Pinecrest. Steven trabajaba como desarrollador de software para una contratista del gobierno y había sido ofrecido un puesto demasiado bueno como para rechazarlo. En cuanto a Chloe, actualmente estaba de pasante en el FBI mientras terminaba su maestría en justicia penal. Y lo mejor de todo era lo cerca que quedaba Pinecrest de la sede del FBI en Baltimore.

Sin embargo, Chloe ya se estaba arrepintiendo de vivir tan cerca de los padres de Steven. Wayne casi siempre se portaba bien. Pero Sally Brennan era, por decirlo suavemente, una perra arrogante a quien le gustaba meterse en donde nadie la estaba llamando.

Los Brennan, como pareja, eran bastante agradables. Ambos estaban jubilados, eran pudientes y estaban felices. Pero también mimaban demasiado a Steven. Steven le había admitido a Chloe muchas veces que sus padres lo habían consentido mucho ya que era hijo único. Aunque tenía veintiocho años, lo seguían tratando como un niño. Sus padres simplemente lo sobreprotegían mucho. Esa era la razón principal por la que Chloe sufría cada vez que querían hablar de la boda.

Y lo peor del caso era que, esta vez, lo habían hecho durante la cena. Sally no había perdido tiempo en hablar de qué servirían de comida en la fiesta nupcial.

—¿Qué tal la casa? —preguntó Wayne, tan ansioso como Chloe de cambiar de tema.

—Es genial —dijo Chloe—. Terminaremos de desempacar dentro de unos días.

—Y oigan esto… una compañera de secundaria de Chloe vive a dos casas de la nuestra. ¿Qué loco, no? —dijo Steven.

—Tal vez no tan loco como parece —dijo Wayne—. Este pueblo es demasiado pequeño. Es inevitable encontrarte con algún conocido.

—Sobre todo en esos vecindarios donde las casas están todas hacinadas —dijo Sally con una sonrisa de superioridad, sutilmente rechazando el lugar en el que habían elegido vivir.

—Nuestras casas no están hacinadas —dijo Steven.

—Sí, tenemos un patio de buen tamaño —añadió Chloe.

Sally se encogió de hombros y tomó otro sorbo de vino. Luego pareció pensar en su siguiente comentario, tal vez incluso hasta pensando que lo mejor sería no decir nada, pero igual soltándolo de todos modos.

—Tu amiga de secundaria no es la única persona que conoces en Pinecrest, ¿verdad? —preguntó Sally—. Tu hermana también vive por aquí, si mal no recuerdo.

—Sí, es cierto —respondió Chloe con firmeza, pero sin ser grosera.

Sally Brennan nunca había tratado de disimular su disgusto por Danielle, a pesar de que solo se habían visto dos veces. Lastimosamente, Sally era una de esas amas de casa cliché que estaban tan aburridas que vivían del escándalo y el chisme. Por eso había sentido intriga al descubrir que Chloe tenía una hermana con un pasado difícil y oscuro.

—Cambiemos de tema, mamá —dijo Steven.

Chloe deseaba que eso la hiciera sentirse defendida pero, en todo caso, solo la hacía sentirse menospreciada. Cuando salía a relucir el tema de Danielle, Steven usualmente se ponía del lado de su madre. Sin embargo, tenía la sensatez de saber cuándo callarse, pero su madre por lo general no.

—¿Será la dama de honor? —preguntó Sally.

—Sí.

Sally no puso los ojos en blanco, pero su expresión facial mostraba lo que pensaba al respecto.

—Ella es mi hermana —dijo Chloe—. Así que sí, le pedí que fuera mi dama de honor.

—Sí, tiene sentido —dijo Sally—. Sin embargo, a mi parecer, la dama de honor debe elegirse con cuidado. Es un gran honor y responsabilidad.

Chloe tuvo que agarrarse del borde de la mesa para no responderle mal.

Al darse cuenta de su tensión, Steven hizo todo lo posible para apaciguar la situación: —Mamá, ya basta. Danielle hará un buen trabajo. E incluso si algo sale mal, me aseguraré de que todo esté cubierto. Es mi boda, mamá. No dejaré que nada malo suceda.

Esta vez fue Chloe la que estuvo a punto de poner los ojos en blanco. Una vez más, esa era su forma de defenderla sin molestar a sus padres. Chloe esperaba que algún día Steven realmente defendería a Danielle. Ella sabía que Steven no tenía problemas con ella, sino que estaba haciendo todo lo posible para apaciguar la inquietud de su madre hacia ella. Todo el asunto era un poco desagradable.

—Basta ya de tonterías —dijo Wayne, alcanzando para servirse una segunda porción de patatas—. Hablemos de fútbol americano. Chloe... eres fan de los Redskins, ¿cierto?

—No, para nada. Soy de los Giants.

—Igual de malo —dijo Wayne con una carcajada.

Y así no más, la inquietud de la noche se esfumó. Chloe siempre había valorado la audacia de Wayne en ser capaz de ignorar las groserías de su esposa y sacar otro tema a relucir para apaciguar la situación. Era algo que Chloe deseaba que Steven aprendiera de su padre.

Aun así, a medida que avanzaba la noche, Chloe no pudo evitar preguntarse si Sally tenía razón. A Danielle no le gustaba vestirse elegante, permanecer en silencio y estar en frente de la gente. Danielle no estaría en su zona de confort en la boda y Chloe se había preguntado más de una vez cómo saldrían las cosas.

Mientras esas preocupaciones flotaban por su cabeza, pensó en las niñas sentadas en los escalones mientras la bolsa de plástico era sacada de su apartamento. Recordaba la mirada en blanco en la cara de Danielle. Supo que algo se había quebrantado dentro de ella en ese momento. Que había perdido a su hermana en un abrir y cerrar de ojos.

Y en ese mismo momento supo que Danielle nunca volvería a ser la misma.




CAPÍTULO CUATRO


Estaba lloviendo cuando Chloe y su instructor de campo llegaron a la escena. Chloe se sintió muy novata cuando salió del auto a la llovizna. Como era una pasante que tenía que acompañar a su instructor, no le daban casos importantes. Este, por ejemplo, parecía un caso típico de violencia doméstica. Y aunque el caso no parecía ni muy gráfico ni muy brutal, las palabras violencia doméstica la estremecían.

Después de todo, ella había oído esas palabras mucho después de la muerte de su madre. Su instructor debía estar consciente de su pasado, de lo que le había pasado a sus padres, pero no había mencionado nada del caso durante el camino.

Estaban en el pueblo de Willow Creek en ese primer día, un pueblito que quedaba a unos veinticinco kilómetros de Baltimore. Chloe estaba de pasante en el Equipo de Evidencias del FBI. Mientras caminaban hacia la casa sencilla de dos pisos, el instructor hasta la dejó tomar la delantera. Su instructor era Kyle Greene, un agente de cuarenta y cinco años de edad que había sido retirado del trabajo de campo luego de desgarrarse el ligamento cruzado anterior mientras perseguía a un sospechoso. Como no sanó bien de la lesión, el FBI le dio la opción de ser mentor e instructor de pasantes. Él y Chloe solo habían hablado dos veces antes de esta mañana. Se conocieron por FaceTime hace una semana y luego se volvieron a ver hace dos días, durante su viaje desde Filadelfia a Pinecrest.

—Quiero decirte algo antes de que entremos —dijo Greene—. No te lo quise decir hasta ahora porque no quería que pasaras toda la noche pensando en eso.

—De acuerdo…

—Si bien este es un caso de violencia doméstica, también es un caso de homicidio. Hay un cadáver adentro. Uno relativamente fresco.

—Ah… —dijo Chloe, incapaz de contener su shock.

—Sé que es más de lo que esperabas. Pero cuando llegaste de pasante, hubo unas cuantas discusiones. Queríamos que vieras más desde el principio. Hemos estado jugando con la idea de dejar que los pasantes tengan más responsabilidades, dejar que se involucren un poco más. Y basándonos en tu expediente, decidimos que serías la candidata ideal para eso. Espero que te parezca bien.

Todavía estaba desconcertada, incapaz de responder. Sí, era más responsabilidad. Sí, eso significaba que la escudriñarían más de cerca. Pero ella nunca rechazaba un desafío y no tenía la intención de empezar ahora.

—Agradezco la oportunidad.

—Excelente —dijo Greene, con un tono que indicaba que nunca había dudado de ella.

El agente le indicó que lo siguiera mientras caminaban hacia el porche y por las escaleras. Adentro había dos agentes conversando con el forense. Chloe respiró profundo y, aunque creía que estaba preparada para la escena, igual se conmovió cuando vio las piernas de una mujer sobresaliendo por detrás de la isla de la cocina.

—Necesito que te acerques al cuerpo —dijo Greene—. Dime qué ves, tanto en términos del cuerpo como los alrededores. Háblame mientras procesas todo.

Chloe había visto un par de cadáveres durante sus pasantías. En Filadelfia, no eran muy difíciles de encontrar. Pero esto era diferente. Este cadáver se sentía demasiado personal. Dio un paso detrás del mostrador de la cocina y bajó la mirada hacia la escena.

La víctima era una mujer que parecía treintañera. Había sido golpeada en la cabeza con un objeto muy sólido, probablemente la tostadora que yacía destrozada en pedazos a unos metros de ella. El lado izquierdo de su frente se había llevado la peor parte del impacto. El golpe había sido lo suficientemente fuerte como para romper su cavidad ocular, por lo que parecía muy probable que su ojo rodaría al piso en cualquier momento. Un charco de sangre rodeaba su cabeza como un halo.

Tal vez lo más curioso de ella era que tenía los pantalones de chándal en los tobillos y su ropa interior en las rodillas. Chloe se puso en cuclillas cerca del cuerpo para ver si notaba algo más. Ella vio lo que parecía ser dos pequeños arañazos en un lado del cuello. Se veían frescos y como si hubiesen sido hechos por uñas.

—¿Dónde está el marido? —preguntó.

—Bajo custodia —dijo Greene—. Confesó el crimen y le contó a la policía lo que hizo.

—Pero si se trata de una disputa doméstica, ¿por qué llamaron al FBI? —preguntó.

—Porque este tipo fue arrestado hace tres años por golpear tan fuerte a su primera esposa que ella tuvo que ir a la sala de emergencias. Pero ella no presentó cargos. Y la policía recibió una alerta de que había videos de asesinatos en su computadora personal.

Chloe analizó toda esa información y la aplicó a lo que estaba viendo. Todo comenzó a tomar forma como un rompecabezas. Empezó a decir todas sus teorías en voz alta.

—Dado el historial de este hombre, es propenso a la violencia. Violencia extrema, por lo que pasó aquí. Sus pantalones de chándal y ropa interior indican que estaba tratando de tener sexo con ella aquí en la cocina. O quizás estaban teniendo sexo pero ella quería parar. Los arañazos en su cuello indican que el sexo fue violento y que fue o bien consensual solo al principio o nunca lo fue. —Ella pausó para estudiar la sangre—. La sangre se ve relativamente fresca. Yo estimaría que el asesinato ocurrió en las últimas seis horas.

—¿Y cuáles serían tus siguientes pasos? —preguntó Greene—. Si no tuviéramos a este tipo en custodia en este momento y lo estuviéramos buscando, ¿qué harías?

—Buscaría pruebas que indicaran que tuvieron relaciones. De esta forma, obtendríamos su ADN. Mientras esperáramos los resultados, buscaría cosas como como carteras arriba en el dormitorio, con la esperanza de encontrar su licencia de conducir. Bueno, si es que ya no sospecháramos que el culpable fue el esposo. Si ese fuera el caso, pudiéramos obtener su nombre de la dirección.

Greene le sonrió, asintiendo con la cabeza. —Perfecto. Te sorprendería la gran cantidad de novatos que pasan eso por alto. Estás en la casa del tipo, por lo que ya sabrías su nombre. Pero si no se sospechara que fue el marido, tienes razón. ¿Estás bien, Fine?

La pregunta la tomó por sorpresa, sobre todo porque ella no estaba bien. Se había distraído, y ahora estaba mirando la sangre en los azulejos de la cocina. Todo eso la regresó de golpe a su pasado, mirando un charco de sangre en la alfombra al final de las escaleras.

Sin previo aviso, comenzó a marearse. Se apoyó contra de la isla de la cocina, creyendo que iba a vomitar. Fue alarmante y vergonzoso.

«¿Esto es lo que me pasará en todas las escenas de crimen horripilantes? ¿En cualquier escena que remotamente se asemeje a lo que le pasó a mamá?», pensó.

Oía a Sally hablándole en su mente, repitiendo lo que le había dicho cuando apenas se acababan de conocer: —No conozco a ningún buen agente mujer. No sé cómo tú podrías ser una, especialmente dado tu pasado traumático. Me pregunto si ese tipo de estrés te afecta en otros sentidos…

—Disculpa —murmuró antes de salir corriendo por la puerta principal. Casi se cayó por las escaleras del porche en su camino hacia el césped, segura de que iba a vomitar.

Por suerte, no lo hizo. Respiró profundo varias veces, concentrándose tan intensamente en eso que no vio a Greene bajar los escalones del porche.

—Ciertos casos me afectan también. —Se mantuvo a una distancia prudente, dándole su espacio—. Habrá escenas mucho peores. Lamentablemente, después de un tiempo, te vuelves un poco insensible a ellas.

Ella asintió con la cabeza, ya que había oído todo eso antes. —Lo sé. Es solo que… esta escena me hizo recordar algo. Algo que no me gusta recordar.

—El FBI tiene terapeutas excepcionales que ayudan a los agentes a procesar todo tipo de cosas. Así que no estás sola, y sentirte así no te hace menos agente.

—Gracias —dijo Chloe, finalmente capaz de ponerse de pie.

De repente, comenzó a extrañar a su hermana. Aunque era un poco mórbido, pensamientos gratos de Danielle inundaban su mente cada vez que recordaba el día que murió su madre. Y esta vez pasó lo mismo. Chloe no pudo evitar pensar en su hermana. Danielle había pasado por muchas cosas a lo largo de los años, una víctima de las circunstancias, así como también de sus propias malas decisiones. Y ahora que Chloe vivía tan cerca, parecía impensable que siguieran tan distanciadas.

Sí, ella había invitado a Danielle a la fiesta de la cuadra de este fin de semana, pero Chloe ahora se sentía incapaz de esperar tanto tiempo. Y Chloe sospechaba que su hermana ni siquiera iría a la fiesta.

Tenía que verla ahora mismo.



***



Chloe no sabía por qué estaba tan nerviosa cuando llamó a la puerta de Danielle. Ella sabía que Danielle estaba en casa. El mismo auto que había tenido de adolescente estaba estacionado en el estacionamiento del complejo de apartamentos, aun con las pegatinas de diversas bandas. Nine Inch Nails. KMFDM. Ministry. Ver el auto y las pegatinas la hizo sentirse muy nostálgica y triste.

«¿Realmente no ha crecido en absoluto?», se preguntó Chloe.

Cuando Danielle abrió la puerta, Chloe vio que no… no había crecido nada. O, más bien, que no había envejecido en términos de apariencia.

Las hermanas se miraron por un período de dos segundos antes de finalmente acercarse para abrazarse. Chloe vio que Danielle todavía se teñía el cabello de negro. También seguía teniendo el piercing en su labio, el cual sobresalía de la esquina izquierda de su boca. Sus ojos estaban delineados y estaba vestida con una camiseta de la banda Bauhaus y jeans rasgados.

—Chloe —dijo Danielle, sonriendo un poco—. ¿Cómo has estado?

Era como si se hubieran visto justo el día anterior. Sin embargo, ese saludo la había sorprendido, ya que Chloe no había esperado ningún sentimentalismo de su hermana.

Chloe entró en el apartamento y, sin preocuparse mucho de cómo Danielle lo tomaría, le dio otro abrazo. Llevaban un poco más de un año sin verse, y aproximadamente tres sin abrazarse de esta forma. Algo sobre el hecho de que ahora vivían en la misma ciudad parecía haberlas unido un poco. Era algo que Chloe podía sentir, algo que sabía que no necesitaba ser vocalizado.

Danielle le devolvió el abrazo, aunque no con tanto entusiasmo, y le preguntó: —Así que… ¿cómo estás?

—Estoy bien —dijo Chloe—. Sé que debí haberte llamado antes de venir, pero… no sé. Temía que te inventarías una excusa para que no viniera.

—Sí, tal vez tienes razón —admitió Danielle—. Pero ahora que estás aquí, adelante. Perdón por el desorden. Bueno, en realidad no debería pedirte perdón. Ya sabes que siempre he sido desordenada.

Chloe se echó a reír y, cuando entró en el apartamento, le sorprendió encontrar el lugar relativamente ordenado. La zona de estar no tenía muchos muebles, solo un sofá, TV y estante para TV, una mesa de centro y una lámpara. Chloe sabía que el resto del apartamento sería igual. Danielle era el tipo de persona que vivía con solo lo necesario. La excepción, si es que no había cambiado nada desde su adolescencia (y parecía que no), era con la música y los libros. Eso hizo a Chloe sentirse un poco culpable por la casa grande que recientemente había comprado con Steven.

—¿Quieres que prepare café? —preguntó Danielle.

—Sí, muchas gracias.

Entraron en la cocina, la cual también solo tenía artículos de primera necesidad. La mesa obviamente había sido comprada en una venta de garaje. Se veía un poco mejor por un mantel que Danielle le había colocado encima. La mesa tenía dos sillas, una a cada lado.

—¿Estás aquí para obligarme a ir a la fiesta de la cuadra? —preguntó Danielle.

—No, para nada —dijo Chloe—. Estaba en mis pasantías hoy y fui a una escena del crimen que… bueno, me hizo recordar todo.

—Qué mal.

Hubo un momento de silencio incómodo entre ellas mientras Danielle preparaba el café. Chloe vio a su hermana moverse por la cocina, un poco espantada por lo poco que había cambiado. Sentía que estaba viendo a la misma chica de diecisiete años de edad que se había ido de casa con la esperanza de comenzar una banda, a pesar de los deseos sus abuelos. Se veía demasiado igual, hasta su expresión adormecida.

—¿Has oído algo sobre papá? —preguntó Chloe.

Danielle solo negó con la cabeza. —Supuse que tú te enterarías de algo debido a tu trabajo. Si es que hay algo de qué enterarse.

—Dejé de buscar hace un tiempo.

—Salud por eso —dijo Danielle, tapándose la boca ya que estaba bostezando.

—Te ves cansada —dijo Chloe.

—Lo estoy. Pero no es que tengo sueño. El médico me tenía tomando un estabilizador del ánimo. Me jode el sueño. Y cuando eres una barman que no suele llegar a casa hasta después de las tres de la mañana, lo último que necesitas es un medicamento que te jode el sueño.

—Dijiste que el médico te tenía tomando ese medicamento. ¿Ya no te lo estás tomando?

—No. Me estaba jodiendo el sueño, el apetito y mi libido. Desde que lo dejé de tomar, me siento mucho mejor… pero cansada todo el tiempo.

—¿Por qué te lo prescribieron en primer lugar? —preguntó Chloe.

—Para poder aguantar a mi hermana entrometida —dijo Danielle, medio en broma. Luego se tomó un momento para responder—. Estaba empezando a deprimirme. Y de la nada. Lidié con eso de mala forma. Bebía mucho. Tenía mucho sexo.

—Si era para tratar tu depresión, deberías volvértelo a tomar —dijo Chloe, dándose cuenta de que sí estaba siendo entrometida—. ¿Para qué necesitas tener libido? —añadió con una risita.

—La libido es bastante importante para nosotros los que no estamos a punto de casarnos. No podemos simplemente darnos la vuelta en la cama y echar un polvo cada vez que queramos.

—Nunca te ha costado encontrar chicos —señaló Chloe.

—Sí, eso es cierto —dijo Danielle, trayendo las tazas de café a la mesa—. Solo que es mucho trabajo. Sobre todo últimamente. Este nuevo chico… bueno, va en serio. Decidimos tomar las cosas con calma…

—Esa es la única razón por la que me voy a casar con Steven, sabes —dijo Chloe, tratando de mantener las cosas ligeras—. Me cansé de tener que salir a buscar personas con quienes tener relaciones sexuales.

Ambas se rieron luego de ese comentario. Debió haberse sentido natural reír y sonreír juntas de nuevo, pero en vez se sintió un poco forzado.

—Entonces, ¿por qué estás aquí, hermana? —preguntó Danielle—. No sueles venir a visitarme. No que yo sepa, ya que no hemos tenido esa oportunidad en casi dos años.

Chloe asintió, recordando la única ocasión en la que habían pasado tiempo juntas en los últimos años. Danielle había estado en Filadelfia para asistir a un concierto y se había quedado a dormir en su apartamento. Habían hablado, pero no mucho. Danielle había estado muy borracha. Habían hablado de su madre y también de su padre. Esa fue la única vez que Chloe había oído a Danielle decir que quería ir a visitarlo.

—La escena de esta mañana —dijo Chloe—. Me hizo recordar esa mañana afuera del apartamento. Me quedé pensando en la sangre al final de las escaleras y eso me afectó mucho. Estuve a punto de vomitar. Y yo no soy ese tipo de persona, ¿me entiendes? La escena en sí no fue tan grotesca como otras que he visto. Simplemente me afectó demasiado. Me hizo pensar en ti y simplemente sentí que tenía que verte. ¿Eso tiene sentido?

—Sí. Estoy bastante segura de que estaba deprimida porque estaba teniendo muchas pesadillas con mamá y papá. Cada vez que tenía una pesadilla, pasaba días mal. No quería ni levantarme de la cama porque no confiaba en nadie.

—Bueno, justo te iba a preguntar qué hacías para lidiar con tus pensamientos sobre lo que pasó, pero supongo que ya me diste la respuesta.

Danielle asintió con la cabeza y apartó la mirada. —Medicamentos.

—¿Estás bien?

Danielle se encogió de hombros y luego le respondió con desdén: —Llevamos apenas diez minutos juntas y ya estás hablando del tema. Dios mío, Chloe… ¿No has aprendido a vivir tu vida sin sacar esa mierda a relucir? Si mal no recuerdo, cuando me llamaste para decirme que te ibas a mudar a Pinecrest, decidimos que no hablaríamos de eso. Agua pasada, ¿recuerdas?

Esto sorprendió a Chloe. Acababa de presenciar a Danielle pasar de seca y sarcástica a completamente furiosa en un abrir y cerrar de ojos. Sí, el tema de sus padres era un tema delicado, pero la reacción de Danielle le pareció muy bipolar.

—¿Desde hace cuánto tiempo no te tomas el medicamento? —preguntó Chloe.

—Vete a la mierda.

—¿Desde hace cuánto tiempo?

—Tres semanas aproximadamente. ¿Por qué?

—Porque solo llevo quince minutos aquí y se nota que lo necesitas.

—Gracias, doctora.

—¿Podrías tomártelo otra vez, por favor? Te quiero en mi boda. Dama de honor, ¿recuerdas? Aunque te parezca muy egoísta, quiero que disfrutes de mi boda. Así que, ¿podrías tomártelo, por favor?

Danielle reaccionó al oír las palabras dama de honor. Suspiró y luego relajó su postura. Fue capaz de mirar a Chloe otra vez y, aunque aún estaba enojada, se veía más tranquila.

—Está bien —dijo.

Se levantó de la mesa y caminó hacia a una pequeña cesta de mimbre decorativa en el mostrador de la cocina. De la cesta, sacó un frasco de medicina. Luego lo abrió y se tomó una píldora con su café.

—Gracias. —Después de una pausa, decidió seguir presionando—. ¿Y cómo va todo lo demás?

Danielle lo pensó por un momento y Chloe la pilló mirando la puerta de su apartamento. Fue muy breve, pero Chloe vio miedo en sus ojos.

—Todo lo demás está bien.

Chloe conocía a su hermana lo suficientemente bien como para no seguir presionando.

—Entonces, ¿qué diablos es una fiesta de la cuadra? —preguntó Danielle.

Chloe se echó a reír. Casi había olvidado la capacidad de Danielle de dejar un tema y empezar otro enseguida. Chloe observó a su hermana para ver si se quedaba mirando la puerta con miedo en sus ojos otra vez, pero no volvió a pasar.

Aun así, Chloe sintió que algo le pasaba. Tal vez después de un tiempo juntas, Danielle se lo contaría.

«Pero ¿para qué?», se preguntó Chloe, echándole una mirada a la puerta principal.

Y en ese momento cayó en cuenta de que no conocía a su hermana en absoluto. Había partes de ella que parecían muy iguales a la chica de diecisiete años de edad que había conocido tan bien. Pero Danielle era diferente ahora… era más oscura. Ahora necesitaba un medicamento para controlar sus estados de ánimo, para ayudarla a dormir y funcionar.

Se le ocurrió a Chloe en ese momento que sentía miedo por su hermana y que quería ayudarla de cualquier forma posible.

Incluso si eso significa regresar al pasado.

Pero no ahora. Tal vez después de la boda. Solo Dios sabía qué tipo de peleas y cambios de humor generarían el hablar de la muerte de su madre y el encarcelamiento de su padre. Aun así, Chloe sintió que los fantasmas de su pasado estaban más presentes que nunca mientras estaba sentada allí con Danielle y eso la hizo preguntarse qué tanto había atormentado todo eso a Danielle.

¿Qué tipo de fantasmas acechaban la mente de Danielle? ¿Y qué, exactamente, le decían?

Ella intuyó que todo lo que Danielle estaba reprimiendo la afectaría a ella de algún modo. Y que también afectaría su nueva vida. Su nuevo prometido, su nueva casa. Y que nada bueno resultaría de todo esto.




CAPÍTULO CINCO


Danielle estaba sentada en su sofá, recostada sobre Martin, su pierna sobre la de él, y estaba muy consciente de que no llevaba ropa interior debajo de sus shorts de pijama. Sin embargo, eso no importaba. La había rechazado la noche anterior, a pesar de que no había llevado sostén. Parecía que Martin se estaba tomando en serio el asunto de ir despacio.

Ella también estaba empezando a creer que o bien simplemente era un caballero o no se sentía sexualmente atraído por ella. Sin embargo, lo último era muy difícil de creer porque sentía su erección en sus piernas y caderas cada vez que se besaban.

Trató de no dejar que eso la molestara. Aunque sí estaba sexualmente frustrada, valía la pena un hombre que quería algo más que sexo.

Esta noche era un gran ejemplo de eso. Habían decidido quedarse en su apartamento viendo una película. Antes de eso, habían hablado del día de Martin. Sin embargo, como era subgerente en una imprenta, no hubo mucho qué discutir. Era como escuchar a alguien explicar cómo se seca la pintura. En cuanto a Danielle, odiaba hablar de su día. Como barman en un restaurante local, sus días eran aburridos. Pasaba casi todos sus días leyendo. Sus noches estaban llenas de historias que compartir, pero a veces ni le quedaban ganas de contarlas.

Una vez que terminaron de hablar, se besaron un poco, pero hasta ahí. Y a Danielle no le molestó eso en nada. Además, había estado desanimada desde la visita de Chloe. El estabilizador del estado de ánimo probablemente ni siquiera surtiría efecto hasta que se tomara la segunda pastilla antes de dormir.

Gracias a la visita de Chloe, Danielle había estado pensando en su madre, su padre y en su infancia que había pasado volando. En realidad, lo único que quería era estar en los brazos de Martin… y eso era muy difícil de admitirse a sí misma.

Habían elegido la película Cadena perpetua y estaban acurrucados en el sofá como un par de escolares nerviosos e inexpertos. La mano de Martin se deslizó por su hombro varias veces y Danielle se preguntó si estaba tratando de seducirla. Pero él no hizo más nada, lo que a la vez fue refrescante y exasperante.

Ella también notó que su teléfono sonó en algunas ocasiones. Estaba en la mesa de centro frente a ellos, pero él decidió no revisarlo. Al principio, asumió que estaba siendo educado. Pero después de un tiempo, lo que Danielle supuso fueron siete u ocho pitidos, empezó a ser desagradable.

Justo cuando Tim Robbins se encerró en la oficina del alcaide y puso a sonar ópera para los presos de la prisión de Shawshank, el celular volvió a sonar. Danielle miró al teléfono y luego a Martin.

—¿Vas a revisarlo? —preguntó—. Por lo visto, alguien te necesita.

—No, no te preocupes —dijo Martin. La acercó más a su cuerpo y se estiró. Estaban tendidos uno al lado del otro. Si quisiera, pudiera besar su cuello fácilmente. Miró el espacio expuesto allí y lo pensó. Se preguntó cómo reaccionaría si ella lo besaba allí, tal vez pasaba su lengua por su cuello.

El teléfono volvió a sonar. Danielle soltó una risita y, sin ningún tipo de advertencia, saltó sobre el pecho de Martin. Cogió el teléfono y se lo llevó a su pecho. A lo que vio su pantalla de bloqueo, dijo: —¿Cuál es tu…?

Martin le quitó el teléfono violentamente. Se veía más sorprendido que furioso. —¿Qué fue eso? —le preguntó.

—Nada —dijo Danielle—. Solo estaba jugando. Puedes revisar tu teléfono cuando estás conmigo. No me molesta. Si es tu otra novia, bueno… allí sí perderé los estribos.

—No quiero que estés viendo mi teléfono —espetó Martin.

—Eh, cálmate. No tienes que ponerte así. Solo estaba jugando.

Martin la miró con desprecio y se metió el celular en el bolsillo. Suspiró y se enderezó. Al parecer ya no estaba interesado en abrazarla.

—Ah, entonces eres uno de esos — dijo ella, bromeando pero siendo un poco más persistente—. De los que protegen sus teléfonos como si fueran sus penes o algo así.

—Cambiemos de tema —dijo él—. No te pongas rara.

—¿Yo? Martin, casi me rompiste la mano cuando me quitaste el teléfono.

—Bueno, no es tu teléfono. ¿No confías en mí?

—No sé —dijo ella, levantando la voz—. No llevamos mucho tiempo saliendo. No tienes que ponerte tan defensivo, carajo.

Él puso los ojos en blanco y miró la televisión. Fue un gesto desdeñoso, uno que la molestó. Negó con la cabeza y, haciendo todo lo posible para para seguir juguetona, lo montó a horcajadas. Bajó la mano como si fuera a bajar su cremallera, pero luego la movió hacia el bolsillo donde había guardado el celular. Con la otra mano, comenzó a hacerle cosquillas.

Esto sorprendió a Martin, y fue evidente que no sabía cómo responder. Sin embargo, accionó justo cuando sus dedos tocaron el borde de su celular. La agarró del brazo y lo jaló con fuerza. Luego la empujó hacia el sofá, sin soltarle el brazo. Le dolió mucho, pero Danielle no lo dejaría tener la satisfacción de escucharla gritar de dolor. La velocidad y la fuerza que mostró la hicieron recordar que había sido boxeador amateur.

—¡Suelta mi puto brazo!

Martin lo hizo y la miró con sorpresa. La expresión en su rostro la hizo pensar que no había querido ser tan brusco con ella. Se había sorprendido incluso a sí mismo. Pero también estaba enojado. Sus cejas fruncidas y hombros temblorosos lo demostraban.

—Me voy —dijo.

—Sí, buena idea —dijo Danielle—. Y no se te ocurra volver a llamarme a menos que esa llamada empiece con unas disculpas.

Él negó con la cabeza. Danielle no estaba segura si había negado con la cabeza por como se había comportado o por lo que ella había dicho. Danielle lo vio caminar rápidamente hacia la puerta, cerrándola de golpe detrás de él. Ella se quedó mirando la puerta por varios minutos mientras trataba de darle sentido a lo que había pasado.

«No tiene ningún interés en follarme y de paso tiene un mal genio —pensó—. Lo único que me traerá son problemas.»

Bueno, ella siempre se había sentido atraída por ese tipo de hombre.

Miró su brazo y vio manchas rojas donde la había agarrado y empujado. Estaba bastante segura de que se convertirían en moretones. No sería la primera vez que un chico la moreteaba, pero realmente no lo había visto venir de Martin.

Consideró ir detrás de él para preguntarle qué había sido todo eso. Pero luego decidió quedarse en el sofá y seguir viendo la película. Su pasado al menos le había enseñado que no valía la pena perseguir a ningún hombre. Ni siquiera a los que parecían demasiado buenos para ser verdad.

Ella terminó de ver la película sola y luego decidió irse a dormir. Mientras apagaba todas las luces, sintió que alguien la estaba vigilando, que no estaba sola. Ella sabía que eso era ridículo, pero igual no pudo evitar mirar la puerta principal, donde había aparecido la carta ayer, y el resto de las cartas anteriormente, en un abrir y cerrar de ojos.

Se quedó en el sofá y siguió mirando la puerta, casi esperando que otra carta se deslizara por debajo. Y veinte minutos después, cuando se levantó y comenzó a prepararse para el trabajo, lo hizo con todas las luces encendidas.

Sentía mucha paranoia. Era una paranoia familiar, la sensación que se había convertido en su amiga cercana, una amiga aún más cercana desde que había empezado a recibir esas notas.

Ella pensó en las pastillas y se preguntó por un momento si solo se estaba imaginando todo. Todo… incluyendo las notas.

¿Qué era real y qué no?

No pudo evitar recordar su pasado y la oscuridad que creía haber superado.

¿Estaba perdiendo la cabeza?




CAPÍTULO SEIS


Chloe estaba sentada en la sala de espera, mirando las pocas revistas que estaban sobre la mesa de centro. Ella se había visto con dos terapeutas diferentes después de la muerte de su madre, pero realmente no había entendido el propósito de esas visitas. Ahora que tenía veintisiete años, entendía por qué estaba allí. Había seguido el consejo de Greene y llamado al terapeuta del FBI para hablar de su reacción a la escena del crimen de ayer. Ahora se encontraba tratando de recordar las oficinas que había visitado de niña.

—¿Señorita Fine? —llamó una mujer desde el otro lado de la sala.

Chloe había estado tan perdida en sus pensamientos que no había oído la puerta de la sala de espera abrirse. Una mujer de aspecto agradable la saludó con la mano. Chloe se puso de pie e hizo todo lo posible para no sentirse como una fracasada mientras seguía a la mujer por un pasillo hacia una gran oficina.

Ella pensó en lo que Greene le había dicho ayer mientras se tomaron un café juntos. Lo recordaba muy bien, ya que ese había sido el primer consejo real que recibía de un agente experimentado.

—Me vi con este terapeuta varias veces durante mi primer año. Mi cuarta escena del crimen fue un asesinato-suicidio. Cuatro cuerpos en total. Uno de ellos fue el de un niño de tres años de edad. Eso me afectó demasiado. Así que estoy cien por ciento seguro que ir a terapia funciona. Especialmente si empiezas a ir desde esta etapa de tu carrera. Conozco a muchos agentes que se creen mejores que los demás, que no necesitan ayuda. No seas uno de esos, Fine.

Así que no… necesitar a un terapeuta no la hacía una fracasada. En todo caso, esperaba que ir a terapia la hiciera más fuerte.

Entró en la oficina y vio a un señor mayor de unos sesenta años más o menos sentado detrás de un escritorio grande. Una ventana detrás del escritorio mostraba un pequeño topiario afuera lleno de mariposas. Su nombre era Donald Skinner, y él llevaba más de treinta años en esto. Lo sabía porque lo había buscado en Google antes de decidirse a hacer la cita.

Skinner era muy formal y correcto. Se levantó para saludarla. Luego, hizo un gesto hacia un sillón cómodo en todo el medio de la oficina y le dijo: —Siéntate, por favor. Ponte cómoda

Chloe se sentó. Se sentía muy nerviosa. Ella sabía que probablemente estaba esforzándose demasiado por tratar de ocultarlo.

—¿Has hecho esto antes? —preguntó Skinner.

—Sí, de niña —dijo Chloe.

Él asintió mientras se sentaba en una silla idéntica colocada en frente de ella. Cuando se sentó, puso la rodilla derecha sobre su pierna derecha y cruzó las manos sobre ellas.

—Señorita Fine, ¿por qué no me hablas de ti y me cuentas qué te trajo aquí?

—¿Desde qué edad empiezo? —preguntó ella en broma.

—Por ahora, enfoquémonos en la escena del crimen de ayer —respondió Skinner.

Chloe se tomó un momento para pensar y luego comenzó. Ella no se guardó nada, incluso hablando un poco de su pasado para que la entendiera mejor. Skinner escuchó con atención y ahora estaba analizando todo lo que le acababa de decir.

—Cuéntame… —dijo Skinner—. ¿De todas las escenas del crimen que has visitado, esa fue la más horripilante?

—No. Pero fue lo más horripilante que me habían dejado ver hasta ahora.

—¿Así que estás dispuesta a admitir plenamente que ese evento de tu pasado fue lo que te hizo reaccionar de esa manera?

—Supongo. Digo, nunca antes me había pasado. E incluso cuando siento que algo me está medio afectando, trato de sacudirme para que se me pase.

—Entiendo. ¿Hay otros factores que podrían haber entrado en juego? Estás en una nueva ciudad. Un nuevo instructor, una nueva casa. Has atravesado muchos cambios.

—Tal vez mi hermana gemela… —dijo Chloe—. Vive aquí en Pinecrest. Supongo que el pensar en verla después de un año también me afectó, además del hecho que la escena del crimen fue muy similar a la de mi madre.

—Sí, quizás —dijo Skinner—. Discúlpame por hacerte una pregunta tan simple, pero ¿el asesinato de tu madre te condujo a una carrera con el FBI?

—Sí. Desde los doce años supe que esto era lo que quería hacer.

—Y ¿qué de tu hermana? ¿Qué hace ella?

—Ella es una barman. Creo que lo disfruta porque solo tiene que ser sociable unas horas al día y luego se puede ir a casa y dormir hasta el mediodía.

—¿Y ella recuerda ese día de la misma forma que tú? ¿Han hablado de eso?

—Sí, pero jamás entra en detalle. Cuando lo intento, me manda a callar.

—De acuerdo. Ahora quiero que hables de eso conmigo —dijo Skinner—. Es evidente que tienes que discutirlo. Así que deberías hacerlo conmigo, que soy imparcial.

—Bueno, como dije antes, pareció un accidente desafortunado y básico.

—Pero tu padre fue arrestado —señaló Skinner—. Así que para mí, una persona que no está familiarizada con el caso, no me parece que fue un accidente. Se me hace curioso que tú creas que lo fue. Así que hablemos de eso. ¿Qué pasó ese día? ¿Qué recuerdas?

—Bueno, fue un accidente causado por mi padre. Por eso fue arrestado. Ni siquiera mintió sobre eso. Estaba borracho, mamá lo hizo enojar y él la empujó.

—¿Te di la oportunidad de entrar en más detalles y eso es lo único que me dices? —dijo Skinner en un tono amistoso.

—Bueno, no recuerdo todo muy bien —admitió Chloe—. Los recuerdos del pasado los veo lejos, borrosos.

—Sí, eso pasa. Así que… quiero probar algo contigo. Como esta es la primera vez que nos vemos, no probaré hipnosis. Sin embargo, voy a intentar una forma probada de terapia. Es lo que algunos llaman terapia de la línea de tiempo. Espero que nos ayude a sacar a la luz más detalles de ese día, detalles que están en tu mente, pero que están escondidos porque te dan miedo. Si sigues asistiendo, este tipo de terapia nos ayudará a acabar con el miedo y la ansiedad que sientes respecto a ese día. ¿Quieres intentarlo hoy?

—Sí —dijo Chloe sin vacilar.

—Excelente. Así que… empecemos con el lugar en el que estabas sentada. Quiero que cierres los ojos y te relajes. Tómate unos momentos para despejar tu mente y ponerte cómoda. Asiente con la cabeza cuando estés lista.

Chloe hizo lo que le pidió. Se hundió en el sillón. Era un sillón de cuero de imitación muy cómodo. Sentía que todavía estaba tensando los hombros, incómoda por estar tan vulnerable con una persona que apenas iba conociendo. Suspiró profundamente y luego sintió sus hombros relajarse. Se acomodó en el sillón y escuchó el zumbido del aire acondicionado. Luego, asintió con la cabeza. Estaba lista.

—Está bien —dijo Skinner—. Estabas sentada en la escalera de entrada con tu hermana. Ahora, incluso si no puedes recordar el tipo de zapatos que llevabas ese día, quiero que te imagines mirando tus pies. Mirando tus zapatos. Quiero que te enfoques en ellos y en nada más, solo los zapatos que llevabas ese día cuando tenías diez años. Tú y tu hermana en la escalera de entrada. Solo mira tus zapatos. Descríbemelos.

—Llevaba zapatillas Chuck Taylor —dijo Chloe—. Rojas. Un poco raídas. Cordones grandes.

—Perfecto. Ahora estudia los cordones. Realmente concéntrate en ellos. Después quiero que te pongas de pie sin dejar de mirar los cordones. Quiero que te pongas de pie y regreses al lugar donde estabas antes, donde descubriste la sangre en la alfombra al final de las escaleras. Necesito que retrocedas unas horas. Pero no dejes de mirar los cordones. ¿Puedes hacer eso?

Chloe sabía que no estaba hipnotizada, pero sus instrucciones eran muy simples. Tan básicas y fáciles. Se puso de pie dentro de su mente y volvió a entrar en el apartamento. Cuando lo hizo, vio la sangre, vio a su madre.

—Mamá está ahí al final de las escaleras —dijo—. Hay mucha sangre. Danielle está en alguna parte, llorando. Papá está caminando de un lado a otro.

—Excelente. Pero sigue mirando tus cordones —le dijo Skinner—. E intenta retroceder un poco más. ¿Puedes hacer eso?

—Sí. Fácil. Estoy con Beth… una amiga mía. Acabamos de regresar del cine. Su madre nos llevó. Su madre me dejó en frente del edificio y esperó a que entrara. Siempre hacía eso, no se iba hasta que yo entrara.

—Bien. Sigue mirando tus cordones mientras te sales del auto y subes las escaleras. Luego háblame del resto de la tarde.

—Entré al edificio y subí al segundo piso, donde estaba nuestro apartamento. Cuando llegué a la puerta y saqué las llaves para abrirla, escuché a papá adentro. Así que entré. Cerré la puerta y me dirigí a la sala de estar y luego vi el cuerpo de mamá. Estaba al final de las escaleras. Su brazo derecho estaba debajo de ella. Su nariz estaba destrozada y había sangre por todas partes. Toda su cara estaba llena de sangre. Toda su sangre estaba esparramada ahí, al final de las escaleras. Creo que papá intentó mover el cuerpo…

Chloe dejó de hablar. Le resultaba difícil concentrarse en aquellos viejos cordones. Conocía la escena que estaba describiendo demasiado bien como para ignorarla.

—Danielle estaba parada justo encima de ella. Tenía un poco de sangre en sus manos y en su ropa. Papá estaba hablando muy fuerte por teléfono, diciéndole a alguien que viniera ya, que hubo un accidente. Cuando colgó, me miró y empezó a llorar. Tiró el teléfono a la pared, donde se hizo pedazos. Luego se acercó a nosotras y se puso en cuclillas. Dijo que lo sentía… que venía una ambulancia en camino. Luego miró a Danielle y apenas pudimos entenderlo porque estaba llorando. Dijo que Danielle tenía que ir arriba, que tenía que cambiarse de ropa.

Ella lo hizo, y yo la seguí. Le pregunté qué había pasado, pero no quiso hablar conmigo. Ni siquiera estaba llorando. Dentro de poco, escuchamos sirenas. Nos fuimos a sentar con papá, esperando que nos dijera qué pasaría. Pero nunca lo hizo. La ambulancia llegó, luego la policía. Un policía amable nos llevó a la escalera de entrada y se quedó con nosotras hasta que sacaron a papá con las manos esposadas. Hasta que sacaron el cuerpo de mamá…

La imagen de los cordones desapareció de repente. Ella estaba de nuevo en la escalera de entrada, esperando que su abuela las recogiera. El policía gordo estaba con ella y, aunque ella no lo conocía, la hacía sentirse segura.

—¿Estás bien? —preguntó Skinner.

—Sí —dijo con una sonrisa nerviosa—. Había olvidado por completo que papá había tirado el teléfono contra la pared.

—¿Cómo te hizo sentir ver eso?

Era una pregunta difícil de responder. Su padre tenía buen genio, pero verlo hacer eso después de lo que pasó con su madre lo hacía parecer débil y vulnerable.

—Me siento triste por él.

—¿Lo has culpado por la muerte de tu madre desde que pasó? —preguntó Skinner.

—Honestamente, depende del día. Depende de mi estado de ánimo.

Skinner asintió, se puso de pie y la miró con una sonrisa reconfortante.

—Creo que ya está bien por hoy. Por favor llámeme si vuelves a experimentar este tipo de reacción a una escena del crimen. Y quisiera volverte a ver pronto. ¿Podemos programar una cita?

Chloe lo pensó, asintió con la cabeza y luego dijo: —Sí, pero me casaré dentro de poco y tenemos un montón de reuniones con floristas y pasteleros… es una pesadilla. ¿Puedo programarla después por teléfono?

—Por supuesto. Y hasta entonces… pégate mucho al agente Greene. Es un buen hombre. Y tuvo razón en aconsejarte a que te vieras conmigo. También tienes que saber que no significa nada el hecho que hayas tenido que recurrir a mí tan pronto en tu carrera. Eso no es un reflejo de tu talento.

Chloe asintió. Ella lo sabía, pero igual le había agradado oír a Skinner decirlo. Se levantó y le dio las gracias por su tiempo. Mientras caminaba hacia la sala de espera, vio a su padre lanzando el teléfono. Pero luego él hizo un comentario, uno que no había olvidado pero que había estado borroso hasta hoy.

Había mirado a Danielle y, con un poco de urgencia en su voz, había dicho: —Danielle, cariño… cámbiate de ropa. Llegarán dentro de poco.

Chloe pasó toda la tarde pensando en ese comentario. Eso la inquietó, pero también la llevó a una puerta cerrada que había logrado ignorar durante los últimos diecisiete años.




CAPÍTULO SIETE


Danielle se despertó a las ocho en punto, sintiendo que no había descansado nada. Había llegado del trabajo a las 2:45 y se había acostado a dormir a las 3:10. Solía dormir hasta las once o a veces hasta incluso más tarde pero, cuando sus ojos se abrieron a las 8:01 de la mañana, no se pudo volver a dormir. A decir verdad, realmente no había dormido muy bien desde que se enteró que Chloe regresaría a la ciudad. Eso la había hecho sentir que su pasado la estaba atormentando y que finalmente la devoraría.

Irritable y cansada, Danielle se duchó y luego desayunó. Hizo todo eso mientras escuchaba el álbum Too Dark Park de la banda Skinny Puppy. Mientras colocaba los platos del desayuno en el fregadero, cayó en cuenta de que tendría que ir de compras hoy. Eso casi nunca la molestaba. Pero algunos días sentía que salir al público sería un error… que las personas la observaban, esperando a que estropeara algo para luego culparla por eso.

También temía que salir le permitiría al que estaba escribiendo las notas seguirla y acosarla. Suponía que el escritor simplemente dejaría de jugar con ella y la terminaría matando. Tal vez hoy sería ese día.

Ella condujo al supermercado, sabiendo muy bien que hoy sería uno de esos días… uno de esos días en los que todo la asustaría. Uno de esos días en los que estaría mirando sobre su hombro constantemente. Ella condujo rápidamente, incluso pasándose un semáforo en rojo en el camino, con ganas de terminar esto rápido.

Desde que Danielle había comenzado a recibir las notas inquietantes debajo de su puerta, se sentía ansiosa si pasaba mucho tiempo en lugares públicos. Para ella, la persona que le estaba enviando esas notas tendría que estar siguiéndola. Hasta en el trabajo se preguntaba si el escritor estaba sentado en la barra, esperando que le sirviera un trago. Cuando salía a comprar cualquier cosa, ¿el escritor la estaba siguiendo, esperando el momento perfecto para raptarla?

Incluso después de que llegó a su destino a salvo, prácticamente corriendo dentro del supermercado con un carrito con una rueda chirriante, siguió preocupada. El escritor de las notas podría estar allí con ella, reflejando sus pasos en el siguiente pasillo, tal vez echándole un buen vistazo en la sección de verduras o en el pasillo de los cereales.

Era un temor muy real que pasó por su mente el día después de lo que había pasado con Martin. Se sintió inundada por la paranoia, lo cual la hizo bajar la cabeza. Si alguien quisiera ver su cara, tendrían que detenerla y subirle el rostro.

Odiaba sentirse así. Siempre había lidiado con este tipo de problemas, y por eso la mayoría de sus relaciones de pareja rara vez duraba más de un mes. Ella había tenido una reputación de puta la primera vez que vivió aquí en Pinecrest, pero no había sido porque le gustaba acostarse con muchos hombres. Era solo que, para cuando se sentía lo suficientemente cómoda con un hombre como para acostarse con él, empezaba a asumir lo peor de él. Terminaba la relación, se tomaba algún tiempo para recuperarse y luego empezaba de nuevo.

Sin embargo, había mejorado un poco desde su mudanza a Pinecrest hace unos años. Se había mudado de Boston para empezar de nuevo. Al menos había decidido hacerlo en un lugar conocido. A lo que más le costó acostumbrarse fue al mundo de las citas aburrido de Pinecrest. Todo estuvo bien al principio, a pesar de que había logrado arruinar cada relación que había empezado. Es por eso que su pelea con Martin la había afectado tanto.

Pinecrest también tenía otra desventaja, Demasiadas personas recordaban a ella y a Chloe. Recordaban que las pobres niñas Fine habían terminado viviendo con sus abuelos después de la muerte de su padre y el encarcelamiento de su padre.

—Danielle, ¿eres tú?

Se volvió hacia la voz, sobresaltada. Había estado tan perdida en sus pensamientos que había mostrado todo su rostro mientras alcanzaba una caja de cereal. Se encontró mirando un rostro de su pasado, una mujer que parecía muy conocida, pero que lastimosamente no recordaba.

—¿No te acuerdas de mí? —preguntó la mujer, un poco ofendida. Ella tenía aproximadamente unos cuarenta y cinco años. Y no, Danielle no recordaba a esta mujer.

—Supongo que no me recuerdas —dijo la mujer—. La última vez que te vi tenías unos trece o catorce años. Soy Tammy Wyler. Yo era amiga de tu madre.

—Ah, sí, claro —dijo Danielle. No recordaba a la mujer en absoluto, pero el nombre sonaba familiar. Danielle supuso que era una de las amigas de la familia que la habían visitado en casa de sus abuelos años después de la muerte de su madre.

—Casi no te reconocí —dijo Tammy—. Tu pelo está más… oscuro.

—Sí —dijo Danielle sin entusiasmo. Supuso que cuando Tammy Wyler la vio por última vez, no se había rebelado por completo. En aquel entonces, a los trece o catorce años de edad, usaba cabello color rosa neón con rayas negras. Ahora llevaba el cabello completamente negro, un look que sabía era un poco aburrido pero que le lucía mucho.

—Siempre supe que volverías por aquí, pero bueno… no sé. Simplemente no te busqué más luego de que te mudaste. Viviste un tiempo en Boston, ¿cierto?

—Sí.

—Me enteré de que Chloe también se mudó para acá. Que compró una nueva casa en Lavender Hills.

—Sí, regresó —dijo Danielle, a punto de perder la paciencia.

—Escuché por ahí que vive a unas pocas casas de una de sus compañeras de secundaria. Yo vivo a dos calles de ella, qué casualidad.

«Pobre Chloe», pensó Danielle.

—¿Te habló de la fiesta de la cuadra? —preguntó Tammy, aparentemente incapaz de mantener la boca cerrada por más de tres segundos.

—Sí —dijo Danielle. Esperaba que, por sus repuestas cortas, Tammy entendiera que ella no era el tipo de mujer que se quedaba charlando en los pasillos de los supermercados.

Hubo un breve silencio entre las dos, y Tammy finalmente pareció entender. Miró a su alrededor con incomodidad y luego le dijo: —Bueno, espero que vayas a la fiesta. Fue bueno verte, Danielle.

—Sí, igualmente —dijo Danielle.

Ella no perdió tiempo en encorvar los hombros y bajar la cabeza mientras empujaba el carrito de compras. Sentía que tenía que salir del supermercado y regresar a su apartamento cuanto antes, y no por su paranoia habitual, sino por su encuentro incómodo con Tammy Wyler.

Terminó de buscar lo que necesitaba con rapidez, casi chocando con una señora mayor en la sección de productos lácteos. Luego pasó por la caja de autoservicio (porque no quería lidiar con ningún cajero conversador) y salió del supermercado. Cuando sintió el aire fresco en su rostro, se sintió un poco mejor. Sabía que era posible que el hombre de las notas estuviera sentado adentro de uno de los carros estacionados. Tal vez la había estado siguiendo en el supermercado y había oído su conversación incómoda con Tammy.

Metió las bolsas en el asiento trasero y luego puso el auto en marcha. Su teléfono celular sonó justo cuando estaba a punto de salir del estacionamiento. Vio el nombre de Martin en la pantalla y no dudó en contestar. Si él la estaba llamando para discutir, ella le seguiría el juego. Si él la estaba llamando para disculparse, también estaría abierta a eso. A decir verdad, simplemente le gustaba la idea de estar hablando por teléfono con alguien que conocía en este momento.

—Hola —contestó ella.

—Hola, Danielle —dijo Martin—. Mira, te debo una disculpa por lo de anoche. Y no solo por haber sido brusco contigo. No debí haberme puesto así por mi teléfono. Es solo que las cosas están un poco mal en el trabajo. Por eso recibí todos esos mensajes de texto. Lo supe justo cuando comenzaron a llegar. No quería ser molestado anoche. ¿Eso tiene sentido?

—Sí, eso tiene sentido. Pero lo que no tiene sentido es porque no me lo dijiste anoche.

—Porque soy un estúpido —dijo Martin—. No quería que supieras que estoy a punto de ser despedido. Y cuando te pusiste juguetona, simplemente perdí los estribos. Danielle… nunca le he hecho daño a una mujer. Por favor, créeme. No puedo creer que te puse las manos encima… Dios mío, lo siento mucho.




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