Una Vez Enfriado 
Blake Pierce


Un Misterio de Riley Paige #8
¡Una obra maestra del género de thriller y misterio! El autor hizo un buen trabajo desarrollando a los personajes psicológicamente. Los describe tan bien que sientes que estás en sus mentes, sientes sus temores y te alegras por sus éxitos. La trama es muy inteligente y el libro te mantendrá entretenido de principio a fin. Este libro te mantendrá pasando páginas hasta bien entrada la noche debido a sus giros inesperados. Opiniones de libros y películas, Roberto Mattos (Una vez desaparecido) UNA VEZ ENFRIADO es el libro #8 de la serie exitosa de misterio de Riley Paige, que comienza con UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1), ¡una descarga gratuita con más de 900 opiniones de cinco estrellas! Hay un caso sin resolver que ha atormentado a la agente especial Riley Paige durante toda su carrera, permaneciendo en los rincones de su mente, obligándola a volver a él una y otra vez. Finalmente ha logrado sacarse de su mente el único caso que jamás ha resuelto. Hasta que recibe una llamada de la madre de la víctima asesinada. Eso anima a Riley a enfrentar el caso una vez más y no darse por vencida hasta encontrar respuestas. Sin embargo, Riley apenas tiene tiempo para respirar cuando recibe una pista de otro caso enfriado, uno que la afecta aún más, si es posible. Es una pista que promete resolver el caso del asesinato de su propia madre. Y viene de Shane Hatcher. Un thriller psicológico oscuro con suspenso emocionante, UNA VEZ ENFRIADO es el libro #8 de una nueva serie fascinante, con un nuevo personaje querido, que te dejará pasando páginas hasta bien entrada la noche. El Libro #9 de la serie de Riley Paige estará disponible pronto.







U N A V E Z E N F R I A D O



(UN MISTERIO DE RILEY PAIGE—LIBRO 8)



B L A K E P I E R C E


Blake Pierce



Blake Pierce es el autor de la serie exitosa de misterio RILEY PAIGE que cuenta con trece libros hasta los momentos. Blake Pierce también es el autor de la serie de misterio de MACKENZIE WHITE (que cuenta con nueve libros), de la serie de misterio de AVERY BLACK (que cuenta con seis libros), de la serie de misterio de KERI LOCKE (que cuenta con cinco libros), de la serie de misterio LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE (que cuenta con tres libros), de la serie de misterio de KATE WISE (que cuenta con dos libros), de la serie de misterio psicológico de CHLOE FINE (que cuenta con dos libros) y de la serie de misterio psicológico de JESSE HUNT (que cuenta con tres libros).

Blake Pierce es un ávido lector y fan de toda la vida de los géneros de misterio y los thriller. A Blake le encanta comunicarse con sus lectores, así que por favor no dudes en visitar su sitio web www.blakepierceauthor.com (http://www.blakepierceauthor.com) para saber más y mantenerte en contacto.



Derechos de autor © 2017 por Blake Pierce. Todos los derechos reservados. Todos los derechos reservados. Excepto según lo permitido bajo la Ley de Derechos de Autor de Estados Unidos de 1976, ninguna parte de esta publicación podrá ser reproducida, distribuida, transmitida en cualquier forma o por cualquier medio, o almacenada en una base de datos o sistema de recuperación, sin el permiso previo del autor. Este libro electrónico está disponible solo para tu disfrute personal. Este libro electrónico no puede ser revendido o dado a otras personas. Si te gustaría compartir este libro con otra persona, por favor compra una copia adicional para cada destinatario. Si estás leyendo este libro y no lo compraste, o no fue comprado solo para tu uso, por favor regrésalo y compra tu propia copia. Gracias por respetar el trabajo arduo de este autor. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor o se emplean como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es totalmente coincidente. Derechos de autor de la imagen de la cubierta son de GongTo, utilizada bajo licencia de Shutterstock.com.


LIBROS ESCRITOS POR BLAKE PIERCE



SERIE DE MISTERIO PSICOLÓGICO DE SUSPENSO DE JESSE HUNT

LA ESPOSA PERFECTA (Libro #1)

LA CALLE PERFECTA (Libro #2)

LA CASA PERFECTA (Libro #3)



SERIE DE MISTERIO PSICOLÓGICO DE SUSPENSO DE CHLOE FINE

Al LADO (Libro #1)

LA MENTIRA DEL VECINO (Libro #2)

CALLEJÓN SIN SALIDA (Libro #3)



SERIE DE MISTERIO DE KATE WISE

SI ELLA SUPIERA (Libro #1)

SI ELLA VIERA (Libro #2)



SERIE LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE

VIGILANDO (Libro #1)

ESPERANDO (Libro #2)

ATRAYENDO (Libro #3)



SERIE DE MISTERIO DE RILEY PAIGE

UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1)

UNA VEZ TOMADO (Libro #2)

UNA VEZ ANHELADO (Libro #3)

UNA VEZ ATRAÍDO (Libro #4)

UNA VEZ CAZADO (Libro #5)

UNA VEZ CONSUMIDO (Libro #6)

UNA VEZ ABANDONADO (Libro #7)

UNA VEZ ENFRIADO (Libro #8)

UNA VEZ ACECHADO (Libro #9)

UNA VEZ PERDIDO (Libro #10)

UNA VEZ ENTERRADO (Libro #11)

UNA VEZ ATADO (Libro #12)

UNA VEZ ATRAPADO (Libro #13)

UNA VEZ LATENTE (Libro #14)



SERIE DE MISTERIO DE MACKENZIE WHITE

ANTES DE QUE ASESINE (Libro #1)

ANTES DE QUE VEA (Libro #2)

ANTES DE QUE DESEE (Libro #3)

ANTES DE QUE ARREBATE (Libro #4)

ANTES DE QUE NECESITE (Libro #5)

ANTES DE QUE SIENTA (Libro #6)

ANTES DE QUE PEQUE (Libro #7)

ANTES DE QUE CACE (Libro #8)

ANTES DE QUE SE APROVECHE (Libro #9)

ANTES DE QUE ANHELE (Libro #10)

ANTES DE QUE SE DESCUIDE (Libro #11)



SERIE DE MISTERIO DE AVERY BLACK

UNA RAZÓN PARA MATAR (Libro #1)

UNA RAZÓN PARA HUIR (Libro #2)

UNA RAZÓN PARA ESCONDERSE (Libro #3)

UNA RAZÓN PARA TEMER (Libro #4)

UNA RAZÓN PARA RESCATAR (Libro #5)

UNA RAZÓN PARA ATERRARSE (Libro #6)



SERIE DE MISTERIO DE KERI LOCKE

UN RASTRO DE MUERTE (Libro #1)

UN RASTRO DE ASESINATO (Libro #2)

UN RASTRO DE VICIO (Libro #3)

UN RASTRO DE CRIMEN (Libro #4)

UN RASTRO DE ESPERANZA (Libro #5)


CONTENIDO



PRÓLOGO (#u5611dca2-c6aa-452f-8bd9-1d63e684e69b)

CAPÍTULO UNO (#ua4519bf4-f2ae-59ca-b6d4-8f5a30814d2f)

CAPÍTULO DOS (#u8d27b4a1-9dd5-53dd-a750-c7aecfa508fb)

CAPÍTULO TRES (#u2c7c6b8d-c9d5-586a-a7f0-7c093b71440b)

CAPÍTULO CUATRO (#u5d2a16b6-f647-5053-8375-85d00a465244)

CAPÍTULO CINCO (#u21742f4f-9ba8-5d10-ae61-b130ef1b36bb)

CAPÍTULO SEIS (#u32e75965-49f7-5518-94a6-99a0cc686f03)

CAPÍTULO SIETE (#u3c3363bc-07ea-5407-9eb3-858e79f85c6d)

CAPÍTULO OCHO (#u34b27be6-0b36-500c-b880-c29760822004)

CAPÍTULO NUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIEZ (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO ONCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DOCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TRECE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO CATORCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO QUINCE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECISÉIS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECISIETE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECIOCHO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO DIECINUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTIUNO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTIDÓS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTITRÉS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTICUATRO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTICINCO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTESÉIS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTESIETE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTIOCHO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO VEINTINUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y UNO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y DOS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y TRES (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y CINCO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y SEIS (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y SIETE (#litres_trial_promo)

CAPITULO TREINTA Y OCHO (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO CUARENTA (#litres_trial_promo)

CAPÍTULO CUARENTA Y UNO (#litres_trial_promo)








PRÓLOGO


El hombre entró en el Bar Patom y se encontró rodeado por una espesa nube de humo de cigarrillo. Todo estaba tenue, una vieja canción de heavy metal sonaba por los altavoces y ya se estaba sintiendo impaciente.

El lugar estaba demasiado caliente, demasiado abarrotado de gente. Se estremeció cuando oyó una risita a su lado. Se dio la vuelta para ver un juego de dardos que estaba siendo jugado por cinco borrachos. Junto a ellos unas personas estaban jugando billar americano. Entre más pronto saliera de allí, mejor.

Miró alrededor de la sala por solo unos segundos antes de que sus ojos se iluminaron ante una mujer joven sentada en el bar.

Tenía un rostro lindo y llevaba el pelo corto. Estaba demasiado bien vestida para ese tipo de lugar.

“Es perfecta”, pensó el hombre.

Se acercó al bar, se sentó en el taburete junto a ella y sonrió.

“¿Cuál es tu nombre?”, preguntó.

Se dio cuenta de que no podía oír su propia voz por encima del ruido general.

Ella lo miró, le devolvió la sonrisa, señaló a sus oídos y negó con la cabeza.

Repitió la pregunta más fuerte, moviendo los labios de una manera exagerada.

Ella se inclinó hacia él. Casi gritando, dijo: “Tilda. ¿Cuál es el tuyo?”.

“Michael”, dijo no tan alto.

Obviamente no era su verdadero nombre, pero eso ni siquiera importaba. Dudaba de que podía escucharlo. No parecía importarle.

Miró su bebida, que estaba casi vacía. Parecía una margarita. Miró el vaso y dijo en una voz muy alta: “¿Quieres otra?”.

Sin dejar de sonreír, la mujer llamada Tilda negó con la cabeza.

Pero ella no estaba tratando de sacárselo de encima. Estaba seguro de ello. ¿Era el momento para un movimiento audaz?

Alcanzó una servilleta de papel y sacó un bolígrafo del bolsillo de su camisa.

Escribió sobre la servilleta de papel...



“¿Quieres ir a otro lugar?”.



La mujer miró el mensaje y su sonrisa se ensanchó. Vaciló por un momento, pero él se dio cuenta de que ella estaba buscando un buen rato. Y parecía estar satisfecha de haberlo encontrado.

Para su deleite, ella asintió.

Antes de irse, cogió una caja de fósforos con el nombre del bar.

La necesitaría más adelante.

La ayudó a ponerse el abrigo y salieron a la calle. El aire fresco de primavera y el silencio repentino era sorprendente después de todo el ruido y el calor de adentro.

“Guau”, dijo mientras caminaba con él. “Casi quedó sorda allí”.

“Supongo que no pasas mucho rato ahí”, dijo.

“No”, dijo ella.

No dio más detalles, pero estaba seguro de que esta era su primera vez en el Bar Patom.

“Yo tampoco”, dijo. “Tremendo bar de mala muerte”.

“No tienes que decirlo dos veces”.

“Tremendo bar de mala muerte”, dijo.

Ambos se echaron a reír.

“Ese es mi auto”, dijo, señalando. “¿Adónde te gustaría ir?”.

Ella vaciló de nuevo.

Luego, con un brillo pícaro en los ojos, dijo: “Sorpréndeme”.

Ahora sabía que su suposición anterior había sido acertada. Realmente había venido aquí en busca de un buen rato.

Bueno, pero él también.

Abrió la puerta del copiloto de su auto, y ella entró. Él se puso al volante y comenzó a conducir.

“¿Adónde vamos?”, preguntó.

Con una sonrisa y un guiño, respondió: “Me dijiste que te sorprendiera”.

Se echó a reír. Su risa sonaba nerviosa, pero contenta.

“Supongo que vives aquí en Greybull”, dijo.

“Aquí nací y aquí me criaron”, dijo. “No creo haberte visto antes. ¿Vives por aquí?”.

“No muy lejos”, dijo.

Se echó a reír de nuevo.

“¿Qué te trae a este pueblito aburrido?”.

“Negocios”.

Ella lo miró con una expresión de curiosidad, pero no le preguntó más nada al respecto. Al parecer no estaba muy interesada en conocerlo bien. Eso se adecuaba muy bien a sus propósitos.

Se detuvo en el estacionamiento de un motel sórdido llamado Motel Maberly. Se estacionó en frente a la habitación 34.

“Ya alquilé esta habitación”, dijo.

Ella no dijo nada.

Luego, después de un breve silencio, preguntó: “¿Estás de acuerdo?”.

Ella asintió con cierto nerviosismo.

Entraron en la habitación juntos. Miró a su alrededor. La habitación hedía a rancio, y las paredes estaban decoradas con pinturas feas.

Se acercó a la cama y apretó su mano contra el colchón, comprobando su firmeza.

¿Estaba disgustada con la habitación?

No estaba seguro.

El gesto lo hizo enojar, y mucho.

No sabía por qué, pero algo dentro de él se quebrantó.

Normalmente no haría nada hasta tenerla desnuda en la cama. Pero no podía aguantarse.

Cuando se dio la vuelta para dirigirse al baño, le cerró el paso.

Sus ojos se abrieron, se veía alarmada.

Antes de que pudiera reaccionar, la empujó sobre la cama.

Comenzó a retorcerse, pero él era mucho más fuerte que ella.

Ella trató de gritar, pero él agarró una almohada y la puso sobre su rostro.

Él sabía que todo terminaría pronto.




CAPÍTULO UNO


De repente, las luces se encendieron en la sala de conferencias, y los ojos de la agente Lucy Vargas comenzaron a arderle.

Los estudiantes sentados a su alrededor empezaron a murmurar en voz baja. Lucy había estado muy centrada en el ejercicio de imaginar un asesinato real desde el punto de vista del asesino, y se le hizo difícil volver a la realidad.

“OK, vamos a hablar de lo que vieron”, dijo la instructora.

La instructora no era otra que la mentora de Lucy, la agente especial Riley Paige.

Lucy en realidad no era una estudiante de la clase, que era para los cadetes de la Academia del FBI. Solo había venido a escuchar, como lo hacía de vez en cuando. Todavía era bastante nueva en la UAC, y le parecía que Riley Paige era una fuente de inspiración e información ilimitada. Tomaba cada oportunidad que podía de aprender de ella, y también de trabajar con ella.

La agente Paige les había dado a los estudiantes los detalles de un caso de asesinato que se había enfriado hace unos veinticinco años. Tres mujeres jóvenes fueron asesinadas en el centro de Virginia. El asesino fue apodado el ‘Asesino de la caja de fósforos’ porque dejó cajas de fósforos junto con los cuerpos de las víctimas. Las cajas de fósforos eran de bares cerca de Richmond. También dejó servilletas impresas con los nombres de los moteles donde las mujeres fueron asesinadas. A pesar de ello, la investigación de esos lugares no había llevado a nada.

La agente Paige les había dicho a los estudiantes que usaran su imaginación para recrear uno de los asesinatos.

“Denle rienda suelta a su imaginación”, les había dicho la agente Paige antes de empezar. “Visualicen muchos detalles. No se preocupen por tratar de averiguarlo todo. Pero traten de acertar el panorama general, el ambiente, el estado de ánimo, el escenario”.

Luego había apagado las luces por diez minutos.

Ahora que las luces estaban encendidas de nuevo, la agente Paige se paseaba frente a la sala de conferencias.

Ella dijo: “En primer lugar, háblenme un poco del Bar Patom. ¿Cómo era?”.

Alguien subió la mano en medio de la sala. La agente Paige le pidió al alumno que hablara.

“El lugar no era elegante, pero estaba tratando de parecer más elegante de lo que era”, dijo. “Mesas cerradas con poca luz a lo largo de las paredes. Algún tipo de acolchado blando en todas partes, gamuza, tal vez”.

Lucy se sintió desconcertada. No se había imaginado al bar así.

La agente Paige sonrió un poco. No le dijo al estudiante si había acertado o no.

“¿Algo más?”, preguntó la agente Paige.

“Había música bajita”, dijo otro estudiante. “Jazz, tal vez”.

Pero Lucy recordó que se había imaginado el estruendo de música rock de los años 70 y 80.

¿Será que se había equivocado?

“¿Y el Motel Maberly?”, preguntó la agente Paige. “¿Cómo era?”.

Una estudiante levantó la mano y la agente Paige la escogió.

“Un poco pintoresco y parecido a otros moteles de su tipo”, dijo la joven. “Y bastante viejo. Data de antes de la mayoría de las franquicias de moteles comerciales”.

Otro estudiante tomó la palabra.

“Pienso igual”.

Otros estudiantes expresaron su acuerdo.

Una vez más, a Lucy le llamó la atención lo diferente que se había imaginado el lugar.

La agente Paige sonrió un poco.

“¿Cuántos de ustedes comparten estas impresiones generales, tanto del bar como del motel?”.

La mayoría de los estudiantes levantaron la mano.

Lucy estaba empezando a sentirse un poco incómoda ahora.

“Traten de acertar el panorama general”, les había dicho la agente Paige.

¿Se había equivocado por completo?

¿Todos los miembros de la clase habían acertado excepto ella?

Luego la agente Paige colocó algunas imágenes en la pantalla en frente de la clase.

Primero colocó un grupo de fotografías del Bar Patom, una foto tomada de noche desde el exterior que mostraba un letrero de neón en la ventana, y otras fotos de su interior.

“Este es el bar”, dijo la agente Paige. “O al menos así fue en la época de los asesinatos. No estoy segura de cómo se ve ahora, o siquiera si aún existe”.

Lucy se sintió aliviada. Se parecía mucho a como ella lo había imaginado, un bar de mala muerte con paredes con paneles baratos y tapicería de cuero artificial. Incluso había un par de mesas de billar y una diana, justo como había supuesto. En las fotos se veía una espesa nube de humo de cigarrillo.

Los estudiantes jadearon de lo sorprendidos que estaban.

“Ahora vamos a echarle un vistazo al Motel Maberly”, dijo la agente Paige.

Más fotos aparecieron. El motel se veía igual de sórdido como Lucy lo había imaginado, no muy viejo, pero en muy mal estado.

La agente Paige rio un poco.

“Algo no cuadra aquí”, dijo.

Todos los estudiantes se echaron a reír nerviosamente.

“¿Por qué visualizaron los lugares de esa forma?”, preguntó la agente Paige.

Ella llamó a una joven que levantó la mano.

“Bueno, nos dijo que el asesino se le acercó a la víctima en un bar”, dijo. “Para mí, eso me suena como un ‘bar para solteros’. De esos que son un poco cursi, pero que al menos intentan verse elegantes. Simplemente no se me vino a la mente un bar de mala muerte de clase trabajadora”.

Otro estudiante dijo: “Lo mismo con el motel. ¿El asesino no la llevaría a un lugar más bonito, aunque solo para engañarla?”.

Lucy comenzó a sonreír.

“Ahora lo entiendo”, pensó.

La agente Paige notó que ella estaba sonriendo y le devolvió la sonrisa.

Ella dijo: “Agente Vargas, ¿dónde nos equivocamos?”.

Lucy dijo: “Todo el mundo olvidó tomar en cuenta la edad de la víctima. Tilda Steen solo tenía veinte años. Las mujeres que van a bares de solteros generalmente son mayores, treintañeras o de mediana edad, a menudo divorciadas. Es por eso que se imaginaron mal el bar”.

La agente Paige asintió con la cabeza.

“Continúa”, le dijo.

Lucy pensó por un momento.

“Dijiste que la chica era de una familia de clase media bastante sólida de un pueblito ordinario. Juzgando por la imagen que nos mostraste anteriormente, ella era atractiva, y estoy casi segura que la invitaban a salir frecuentemente. Entonces, ¿por qué se dejó conquistar en un bar de mala muerte como el Patom? Para mí, estaba aburrida. Fue deliberadamente a un lugar que podría ser un poco peligroso”.

“Y se encontró con más peligro del que jamás se imaginó”, pensó Lucy.

Pero ella no dijo esa última parte en voz alta.

“¿Qué podemos aprender de lo que acaba de pasar?”, le preguntó la agente Paige a la clase.

Un estudiante levantó la mano y dijo: “Cuando estés reconstruyendo un crimen mentalmente, asegúrate de tomar en cuenta toda la información que tienes. No dejes nada por fuera”.

La agente Paige se veía satisfecha.

“Así es”, dijo. “Un detective tiene que tener una imaginación muy viva, tiene que ser capaz de entrar en la mente de un asesino. Pero eso no es fácil. Pasar por alto un solo detalle puede hacerte perder el rastro. Eso puede hacer la diferencia entre resolver el caso y no resolverlo en absoluto”.

La agente Paige hizo una pausa, y luego añadió: “Y este caso jamás fue resuelto. No se sabe si jamás lo será. Después de veinticinco años, se ha enfriado bastante el rastro. Un hombre mató a tres mujeres jóvenes, y es bastante probable que aún esté por ahí, libre”.

La agente Paige dejó que sus palabras surtieran efecto un momento.

“Eso es todo por hoy”, dijo. “Saben lo que tienen que leer para la próxima clase”.

Los estudiantes salieron de la sala de conferencias. Lucy decidió quedarse un rato para charlar con su mentora.

La agente Paige le sonrió y dijo: “Hiciste un buen trabajo”.

“Gracias”, dijo Lucy.

Estaba muy contenta. El más mínimo elogio de Riley Paige significaba mucho para ella.

Luego la agente Paige dijo: “Pero ahora quiero que pruebes algo un poco más avanzado. Cierra tus ojos”.

Lucy lo hizo. En una voz baja y firme, la agente Paige le dio más detalles.

“Después de matar a Tilda Steen, el asesino la enterró en una tumba poco profunda. ¿Puedes describirme cómo sucedió eso?”.

Como lo hizo durante el ejercicio, Lucy trató de meterse en la mente del asesino.

“Dejó el cuerpo tendido en la cama, luego salió por la puerta de la habitación”, dijo Lucy en voz alta. “Inspeccionó sus alrededores cuidadosamente. No vio a nadie, así que llevó su cuerpo a su auto y lo tiró en el asiento trasero. Luego se dirigió a una zona boscosa, a un lugar que conocía bastante bien, pero que no quedaba muy cerca de la escena del crimen”.

“Continúa”, dijo la agente Paige.

Sus ojos todavía cerrados, Lucy pudo sentir la frialdad metódica del asesino.

“Detuvo el auto en un sitio difícil de ver. Luego sacó una pala de su maletero”.

Lucy se sintió confundida por un momento.

Era de noche, así que ¿cómo había logrado el asesino adentrarse en el bosque?

No sería fácil llevar una linterna, una pala y un cadáver.

“¿Fue una noche de luna?”, preguntó Lucy.

“Sí”, dijo la agente Paige.

Lucy se sintió alentada.

“Cogió la pala con una mano y arrojó el cuerpo sobre su hombro con la otra. Caminó hacia el bosque. Siguió su camino hasta encontrar un lugar lejano”.

“¿Un lugar lejano?”, preguntó la Agente Paige, interrumpiendo el ensueño de Lucy.

“Definitivamente”, dijo Lucy.

“Abre tus ojos”.

Lucy lo hizo. La agente Paige estaba guardando todo en su maletín para irse.

Ella dijo: “En realidad, el asesino llevó el cuerpo al bosque que quedaba al otro lado de la carretera. Solo adentró el cuerpo de Tilda unos pocos pies en el matorral. Fácilmente pudo haber visto las luces de los autos de la carretera, y probablemente utilizó la luz de un poste de luz para enterrar a Tilda. Y no la enterró muy bien, más bien la cubrió con más rocas que tierra. Un ciclista notó el hedor unos días más tarde y llamó a la policía. El cuerpo fue fácil de encontrar”.

Lucy estaba boquiabierta.

“¿Por qué no se esforzó más en ocultar el asesinato?”, preguntó. “No entiendo”.

Cerrando su maletín, la agente Paige frunció el ceño con pesar.

“Yo tampoco”, dijo. “Nadie lo entiende”.

La agente Paige cogió su maletín y salió de la sala de conferencias.

Lucy detectó amargura y decepción en su caminar.

Aunque la agente Paige siempre emanaba aires de indiferencia, este caso enfriado definitivamente seguía atormentándola.




CAPÍTULO DOS


Durante la cena de esa noche, Riley Paige no pudo sacarse al ‘Asesino de la caja de fósforos’ de su mente. Había usado ese caso enfriado como un ejemplo para su clase porque pronto recibiría una llamada respecto a él.

Riley trató de concentrarse en el delicioso estofado guatemalteco que Gabriela había preparado para ellos. Su ama de llaves y ayudante general era una cocinera maravillosa. Riley esperaba que Gabriela no se diera cuenta de que le estaba costando disfrutar de la cena de esta noche. Pero las chicas sí se dieron cuenta, obviamente.

“¿Qué pasa, mamá?”, preguntó April, la hija de quince años de Riley.

“¿Te pasó algo?”, preguntó Jilly, la niña de trece años que Riley tenía la esperanza de adoptar.

Desde su asiento al otro lado de la mesa, Gabriela también contemplaba a Riley con preocupación.

Riley no sabía qué decir. La verdad era que sabía que sería recordada del ‘Asesino de la caja de fósforos mañana’, que recibiría la misma llamada que recibía todos los años. No tenía sentido tratar de sacarlo de su mente.

Pero a ella no le gustaba llevar su trabajo a casa. A veces, a pesar de todos sus esfuerzos, incluso había puesto a sus seres queridos en peligro.

“No es nada”, dijo ella.

Las cuatro comieron en silencio durante unos momentos.

April finalmente dijo: “Es papá, ¿verdad? Te molesta que no está en casa de nuevo esta tarde”.

La pregunta sorprendió a Riley. Las ausencias recientes de su esposo habían estado preocupándola últimamente. Ella y Ryan se habían esforzado mucho para tratar de reconciliarse, incluso después de un divorcio doloroso. Ahora su progreso parecía estar desmoronándose, y Ryan había estado pasando más y más tiempo en su propia casa.

Pero la verdad era que no había estado pensando en él en este momento.

¿Qué decía eso de ella?

¿Ya se sentía indiferente a su relación casi fallida?

¿Se había dado por vencida?

Sus tres compañeras todavía la estaban mirando, esperando que dijera algo.

“Es un caso”, dijo Riley. “Siempre me molesta durante esta época del año”.

Los ojos de Jilly se abrieron con entusiasmo.

“¡Cuéntanos sobre él!”, dijo.

Riley se preguntó cuánto le debía decir a las niñas. No quería describirle los detalles del asesinato a su familia.

“Es un caso sin resolver”, dijo. “Una serie de asesinatos que ni la policía local ni el FBI fueron capaces de resolver. Llevo años tratando de resolverlo”.

Jilly estaba que saltaba de su silla.

“¿Cómo lo vas a resolver?”.

La pregunta hirió a Riley un poco.

Obviamente no era la intención de Jilly ser hiriente, sino todo lo contrario. La chica estaba orgullosa de que su madre fuera una agente de la ley. Y todavía pensaba que Riley era una especie de superhéroe que jamás podría fallar.

Riley sofocó un suspiro.

“Quizás es hora de decirle que no siempre atrapo a los malos”, pensó.

En vez, Riley simplemente dijo: “No sé”.

Esa era la verdad.

Pero había una cosa que Riley sí sabía.

El vigésimo quinto aniversario de la muerte de Tilda Steen era mañana, y no sería capaz de sacarlo de su mente en el corto plazo.

Riley se sintió aliviada cuando comenzaron a conversar de la cena deliciosa que Gabriela les había preparado. La mujer guatemalteca y las chicas empezaron a hablar en español, y a Riley le costó seguir la conversación.

Pero eso estaba bien. April y Jilly estaban estudiando español, y April estaba comenzando a dominarlo. A Jilly todavía le costaba el idioma, pero Gabriela y April la estaban ayudando.

Riley sonrió mientras observaba y escuchaba.

“Jilly se ve bien”, pensó.

Ella era una niña flaca de piel oscura, pero ya no quedaban rastros de esa niña abandonada que Riley había rescatado de las calles de Phoenix hace unos meses. Estaba saludable, y parecía estar adaptándose bien a su nueva vida con Riley y su familia.

Y April estaba resultando ser una hermana mayor perfecta. Estaba recuperándose bien de los traumas que había enfrentado.

A veces, cuando miraba a April, Riley sentía que estaba mirándose en un espejo, un espejo que mostraba su propio ser adolescente. April tenía los ojos color avellana y el pelo oscuro de Riley, aunque obviamente no tenía las canas que estaban empezando a cubrir el pelo de su madre.

Riley sintió un momento de tranquilidad.

“Tal vez estoy haciendo un buen trabajo como madre”, pensó.

Sin embargo, esa tranquilidad se desvaneció rápidamente.

El misterioso ‘Asesino de la caja de fósforos’ seguía al acecho en su mente.



*



Después de la cena, Riley subió a su habitación y oficina. Ella se sentó en su computadora y respiró profundamente, tratando de relajarse. Pero la tarea que le esperaba era un poco desconcertante.

Parecía ridículo que se estuviera sintiendo así. Después de todo, había cazado y luchado contra decenas de asesinos peligrosos a lo largo de los años. Su propia vida había sido amenazada más veces de las que podía contar.

“Hablar con mi hermana no debería afectarme tanto”, pensó.

Pero no había visto a Wendy en... ¿Cuántos años habían pasado?

La última vez que vio a su hermana fue de niña. Sin embargo, Wendy se había comunicado con ella después de la muerte de su padre. Habían hablado por teléfono, analizando la posibilidad de reunirse en persona. Pero Wendy vivía muy lejos en Des Moines, Iowa, y aún no habían podido finiquitar todo. Finalmente habían acordado hacer una videollamada a esta hora.

Para prepararse, Riley miró una foto enmarcada que estaba sobre su escritorio. La había encontrado entre las pertenencias de su padre después de su muerte. Era una foto de Riley, Wendy y su madre. Allí Riley tenía unos cuatro años, y Wendy era una adolescente.

Las niñas y su madre se veían felices.

Riley no recordaba cuándo o dónde había sido tomada esa foto.

Y tampoco podía recordar un momento en el que su familia había sido feliz.

Sus manos frías y temblorosas, tecleó la dirección de video de Wendy.

La mujer que apareció en la pantalla podría haber sido una perfecta desconocida.

“Hola, Wendy”, dijo Riley con timidez.

“Hola”, respondió Wendy.

Se quedaron mirándose en silencio durante unos momentos incómodos.

Riley sabía que Wendy tenía cincuenta años, era diez años mayor que ella. Se veía bastante bien para su edad. Era un poco corpulenta y se veía totalmente convencional. Su cabello no parecía estar canoso como el de Riley. Pero Riley dudaba de que esa fuera su color natural.

Riley miró la foto y luego volvió a mirar a Wendy. Su hermana se parecía un poco a su madre. Riley sabía que ella se parecía más a su padre. No estaba muy orgullosa de la semejanza.

“Bueno”, dijo Wendy para romper el silencio. “¿Qué has hecho... estas últimas décadas?”.

Riley y Wendy se echaron a reír. Incluso su risa se sentía tensa e incómoda.

Wendy preguntó: “¿Estás casada?”.

Riley suspiró en voz alta. ¿Cómo podía explicar lo que estaba pasando entre ella y Ryan cuando ni siquiera ella lo entendía?

Dijo: “Bueno, como dicen los chicos estos días: ‘Es complicado’. Y realmente lo es”.

Se echaron a reír nerviosamente de nuevo.

“¿Y tú?”, preguntó Riley.

Wendy parecía estar empezando a relajarse un poco.

“Loren y yo estamos a punto de cumplir veinticinco años de matrimonio. Los dos somos farmacéuticos, y somos dueños de nuestra propia farmacia. Loren la heredó de su padre. Tenemos tres hijos. El menor, Barton, está en la universidad. Thora y Parish están casados ya. Supongo que Loren y yo somos unos padres típicos con sus hijos ya crecidos”.

Riley sintió una extraña punzada de melancolía.

La vida de Wendy no había sido nada como la de ella. De hecho, la vida de Wendy aparentemente había sido completamente normal.

Justo como lo había hecho con April durante la cena, volvió a sentir ganas de mirarse en el espejo.

Excepto que este espejo no era el de su pasado.

Era el de una persona en la que alguna vez pudo haberse convertido, pero que ahora jamás podría ser.

“¿Y tú?”, preguntó Wendy. “¿Tienes hijos?”.

Una vez más, Riley se sintió tentada a decir...

“Es complicado”.

En vez, dijo: “Dos. Tengo una de quince años, April. Y estoy en el proceso de adoptar a otra. Se llama Jilly y tiene trece años”.

“¡Adopción! Más personas deberían hacer eso. Bien por ti”.

Riley no sentía que merecía ser felicitada. Quizás se sentiría mejor si pudiera estar segura de que Jilly crecería en una familia con dos padres. En este momento, eso estaba en veremos. Pero Riley decidió no hablar de todo eso con Wendy.

En cambio, había ciertas cosas de las que necesitaba hablar con su hermana.

Y temía que podría ser incómodo.

“Wendy, sabes que papá me dejó su cabaña en su testamento”, dijo.

Wendy asintió.

“Yo sé”, dijo. “Me enviaste unas fotos. Parece un lugar agradable”.

Las palabras eran un poco discordantes...

“… un lugar agradable”.

Riley había estado allí varias veces, más recientemente después de la muerte de su padre. Pero sus recuerdos del lugar no eran nada agradables. Su padre la compró cuando se retiró como coronel de la marina. Riley la recordaba como la casa de un anciano solo y malo que odiaba a casi todo el mundo, y un hombre al que casi todo el mundo odiaba también. La última vez que Riley lo vio realmente se entraron a golpes.

“Creo que fue un error”, dijo.

“¿Que fue un error?”.

“Dejarme la cabaña a mí. Fue un error de su parte. Debió habértela dejado a ti”.

Wendy se veía realmente sorprendida.

“¿Por qué?”, preguntó.

Riley sintió todo tipo de emociones desagradables brotando en su interior. Se aclaró la garganta.

“Porque estuviste con él al final, cuando estuvo en cuidados paliativos. Tú lo cuidaste. Incluso te encargaste de todo después de su funeral, y de todas las cosas legales. Yo no estuve allí. Yo…”.

Casi se atragantó con sus siguientes palabras.

“No creo que podría haber hecho eso. Las cosas no estaban bien entre nosotros”.

Wendy sonrió con tristeza.

“Las cosas no estaban bien entre él y yo tampoco”.

Riley sabía que era verdad. Pobre Wendy. Papá la había golpeado mucho, y ella huyó de casa para siempre a los quince años. Y, sin embargo, Wendy tuvo la decencia de cuidar de papá al final.

Riley no lo hizo, y no podía evitar sentirse culpable por ello.

Riley dijo: “No sé cuánto vale la cabaña. Debe valer algo. Quiero que la tengas”.

Los ojos de Wendy se abrieron. Se veía alarmada.

“No”, dijo ella.

La brusquedad de su respuesta sorprendió a Riley.

“¿Por qué no?”, preguntó Riley.

“Simplemente no puedo. Yo no la quiero. Más bien quiero olvidarlo por completo”.

Riley sabía exactamente cómo se sentía porque ella se sentía igual.

Wendy agregó: “Véndela y guarda el dinero. Quiero que lo hagas”.

Riley no sabía qué decir.

Afortunadamente, Wendy cambió de tema.

“Antes de morir, papá me dijo que eras una agente de la UAC. ¿Cuánto tiempo llevas allí?”.

“Unos veinte años”, dijo Riley.

“Creo que papá estaba orgulloso de ti”.

Riley dejó escapar una risa amarga.

“No, no lo estaba”, dijo.

“¿Cómo lo sabes?”.

“Me lo hizo saber. Tenía su propia forma de comunicar ese tipo de cosas”.

Wendy suspiró.

“Supongo que tienes razón”, dijo Wendy.

Un incómodo silencio cayó entre ellas. Riley se preguntó de qué debían hablar. Después de todo, llevaban muchos años sin hacerlo. ¿Deberían intentar encontrar la forma de reunirse en persona de nuevo? Riley no podía imaginar viajar a Des Moines solo para ver a esta extraña llamada Wendy. Y estaba segura de que Wendy sentía lo mismo acerca de ir a Fredericksburg.

Después de todo, ¿qué podrían tener en común?

En ese momento, el teléfono de escritorio de Riley sonó. Se sintió agradecida por la interrupción.

“Debo contestar”, dijo Riley.

“Entiendo”, dijo Wendy. “Gracias por ponerte en contacto”.

“Gracias a ti”, dijo Riley.

Finalizaron la llamada y Riley contestó su teléfono. Riley dijo hola, y luego escuchó la voz de una mujer.

“Hola… ¿Quién habla?”.

“¿Quién es?”, preguntó Riley.

En ese momento cayó un silencio.

“¿Está Ryan?”, preguntó la mujer.

Sus palabras sonaban mal articuladas ahora. Riley se sentía bastante segura de que la mujer estaba borracha.

“No”, dijo Riley. Ella vaciló un momento. Después de todo, podría ser una clienta de Ryan. Pero sabía que no lo era. La situación era demasiado familiar.

Riley dijo: “No llames a este número de nuevo”.

Ella colgó.

Estaba muy enojada.

“Se está repitiendo el mismo ciclo”, pensó.

Marcó el número de la casa de Ryan.




CAPÍTULO TRES


Cuando Ryan contestó el teléfono, Riley no perdió tiempo en llegar al grano.

“¿Estás saliendo con alguien más, Ryan?”, preguntó.

“¿Por qué?”.

“Una mujer llamó preguntando por ti”.

Ryan vaciló antes de preguntar: “¿Te dio su nombre?”.

“No. Colgué”.

“No debiste haber hecho eso. Pudo haber sido una clienta”.

“Estaba borracha, Ryan. Y era personal, era evidente por su voz”.

Parecía que Ryan no sabía qué decir.

Riley repitió la pregunta, “¿Estás saliendo con alguien más?”.

“L-lo siento”, tartamudeó Ryan. “No sé cómo encontró tu número. Debe ser un error”.

“Es que es obvio que hubo un error”, pensó Riley.

“No estás respondiendo mi pregunta”, dijo.

Ryan estaba empezando a sonar enfadado.

“¿Y qué si estoy saliendo con alguien más? Riley, nunca llegamos a un acuerdo que seríamos exclusivos”.

Riley quedó pasmada. No, no recordaba haber hecho ningún acuerdo de ese tipo. Pero, aún así...

“Solo supuse que...”, comenzó.

“Tal vez supusiste lo que no debiste”, interrumpió Ryan.

Riley trató de mantener la calma.

“¿Cuál es su nombre?”, preguntó.

“Lina”.

“¿Es serio?”.

“No lo sé”.

El teléfono estaba temblando en la mano de Riley.

Ella dijo: “¿No crees que es hora de que te decidas?”.

En ese momento cayó un silencio.

Finalmente, Ryan dijo: “Riley, he tenido la intención de hablar contigo sobre esto. Necesito un poco de espacio. Todo esto de ser una familia… Pensé que estaba preparado, pero no es así. Quiero disfrutar de mi vida. Deberías tomarte un tiempo para disfrutar de la tuya también”.

Riley oía un tono demasiado familiar en su voz.

“Está de mujeriego de nuevo”, pensó.

Estaba disfrutando de su nuevo romance, alejándose de Riley y su familia. Se había visto muy cambiado recientemente, más comprometido y responsable. Debió haberse dado cuenta desde el principio que no duraría. No había cambiado en absoluto.

“¿Qué vas a hacer ahora?”, preguntó.

Ryan parecía estar aliviado de estar expresando sus sentimientos.

“Mira, todo esto de estar yendo y viniendo de tu casa y la mía no está funcionando. Se siente demasiado temporal. Creo que lo mejor es que me vaya”.

“April va a estar molesta”, dijo Riley.

“Lo sé. Pero resolveremos las cosas. Seguiré pasando tiempo con ella. Y estará bien. Ha pasado por cosas peores”.

La volubilidad de Ryan estaba enojando a Riley cada vez más. Sentía que estaba a punto de estallar.

“¿Y qué de Jilly?”, dijo Riley. “Está muy encariñada contigo. Cuenta contigo. La ayudas con un montón de cosas, como su tarea. Ella te necesita. Está pasando por tantos cambios, y es difícil para ella”.

Hubo otra pausa. Riley sabía que Ryan estaba a punto de decir algo que en realidad no le iba a gustar.

“Riley, Jilly fue tu decisión. Te admiro por ello. Pero yo nunca decidí asumir esa responsabilidad. Una adolescente con problemas es demasiado para mí. No es justo”.

Por un momento, Riley estaba demasiado furiosa que ni podía hablar.

Ryan había vuelto a su hábito de solo preocuparse por sus propios sentimientos.

Todo esto era inútil.

“Ven a buscar tus cosas”, dijo ella con los dientes apretados. “Asegúrate de venir cuando las chicas estén en la escuela. Quiero que te lleves todas tus cosas tan pronto como sea posible”.

Ella colgó el teléfono.

Se levantó de su escritorio y se paseó por la habitación, hirviendo de rabia.

Anhelaba alguna forma de drenar su rabia, pero no había nada que pudiera hacer ahora mismo. Sabía que le esperaba una noche de insomnio.

Pero mañana sí que podría hacer algo para drenar todo lo que estaba sintiendo.




CAPÍTULO CUATRO


Riley sabía que se aproximaba un ataque, y que sería de cerca. Podría venir de cualquier parte de estos espacios laberínticos. Caminó cuidadosamente por un pasillo estrecho del edificio abandonado.

Pero los recuerdos de la noche anterior seguían invadiendo su mente…

“Necesito un poco de espacio”, le había dicho Ryan.

“Todo eso de ser una familia… Pensé que estaba preparado para ello, pero no es así. Quiero disfrutar de mi vida”.

Riley estaba enojada. Su enojo no era solo con Ryan, sino consigo misma por permitir que tales pensamientos la distrajeran.

“Concéntrate”, se dijo a sí misma. “Tienes que derribar a un hombre malvado”.

Y la situación era sombría. La colega más joven de Riley, Lucy Vargas, ya había sido herida. El compañero de Riley, Bill Jeffreys, se había quedado con ella. Los dos estaban en una esquina detrás de Riley, manteniendo a raya los tiradores que se aproximaban. Riley oyó una ráfaga de tres disparos del rifle de Bill.

Se le aproximaba el peligro, así que no podía voltearse para ver lo que estaba ocurriendo.

“¿Cuál es tu situación, Bill?”, dijo en voz alta.

Ahora oyó una serie de disparos semiautomáticos.

“Uno menos, faltan dos”, le respondió Bill. “Voy a acabar con estos tipos, ya verás. Y tengo cubierta a Lucy, ella va a estar bien. Sigue adelante. El tipo que está adelante es bueno. Muy bueno”.

Bill tenía razón. Riley no podía ver al tirador que estaba adelante, pero ya le había dado a Lucy, quien era una excelente tiradora. Si Riley no acababa con él, era probable que los mataría a los tres.

Mantuvo su M4 levantada y lista. No había manejado un arma de asalto en mucho tiempo, así que todavía se estaba acostumbrando a su volumen y peso.

Ante ella se extendía el pasillo con todas sus puertas abiertas. El tirador podría estar en cualquiera de esas habitaciones. Estaba decidida a encontrarlo y hacerlo volar antes de que pudiera hacer más daño.

Riley se deslizó por la pared, moviéndose hacia la primera puerta. Esperando que estuviera allí, se alejó de la abertura, alargó el arma y disparó una ráfaga de tres asaltos adentro. El arma se sacudió fuertemente en sus manos. Luego se colocó delante de la puerta y disparó otra ráfaga de tres disparos. Esta vez presionó la culata contra su hombro, absorbiendo el retroceso.

Ella bajó su arma y vio que la habitación estaba vacía. Se dio la vuelta para asegurarse de que el pasillo aún estuviera despejado y se quedó allí por un momento considerando su siguiente movimiento. Además de ser peligroso, verificar sala por sala de esta forma la haría desperdiciar munición valiosa. Pero, en este momento, parecía no tener otra opción. Si el tirador estaba en una de esas habitaciones, estaba a punto de matar a quien tratara de pasar por la puerta abierta.

Se detuvo por un momento para verificar sus propias reacciones físicas.

Estaba agitada y nerviosa.

Su corazón latía con fuerza.

Estaba respirando fuerte y rápidamente.

Pero ¿era por adrenalina o por la ira de la noche anterior?

Recordó una vez más…

“¿Y qué si estoy saliendo con alguien más?”, había dicho Ryan.

“Riley, nunca llegamos a un acuerdo de que seríamos exclusivos”.

Él le había dicho que el nombre de la mujer era Lina.

Riley se preguntó qué edad tenía.

Probablemente era demasiado joven.

Las mujeres de Ryan siempre eran demasiado jóvenes.

“Maldita sea, ¡deja de pensar en él!”. Estaba reaccionando como una novata estúpida.

Tuvo que recordarse a sí misma quién era ella. Era Riley Paige, y era respetada y admirada por todos.

Tenía años de formación y trabajo de campo.

Había pasado por muchas situaciones difíciles. Había quitado vidas y había salvado vidas. Siempre mantenía la calma ante el peligro.

Entonces ¿cómo podía dejar que Ryan la afectara así?

Se sacudió físicamente, tratando de sacar las distracciones de su cabeza.

Se arrastró hacia la habitación de al lado, disparó una ráfaga alrededor del marco de la puerta, dio un paso directamente en la habitación y apretó el gatillo de nuevo.

En ese mismo momento, su rifle se atascó.

“Maldita sea”, dijo Riley en voz alta.

Por suerte, el tirador no estaba en esa habitación tampoco. Pero ella sabía que su suerte podría acabarse en cualquier momento. Bajó la M4 y sacó su pistola Glock.

En ese momento, vio un destello de movimiento. Vio al hombre parado en la puerta, apuntándola directamente con el rifle. Instintivamente, Riley cayó al suelo y rodó, evitando sus disparos. Luego se puso de rodillas y disparó tres veces, preparándose para el retroceso con cada ronda. Las tres balas impactaron al tirador, quien cayó de espaldas al suelo.

“¡Lo tengo!”, le gritó a Bill. Observó la figura cuidadosamente y no vio ninguna señal de vida. Todo había acabado.

Luego Riley se puso de pie y se quitó el casco de realidad virtual con sus gafas, auriculares y micrófono. El tirador desapareció, junto con el laberinto de pasillos. Estaba en una sala del tamaño de una cancha de baloncesto. Bill estaba cerca, y Lucy estaba a sus pies. Bill y Lucy también estaban quitándose sus cascos. Al igual que Riley, llevaban puesto mucho equipo, incluyendo correas alrededor de sus muñecas, codos, rodillas y tobillos que rastreaban sus movimientos en la simulación.

Ahora que sus compañeros no eran marionetas simuladas, Riley se detuvo un momento para apreciar su presencia en la vida real. Parecían un par impar, uno de ellos maduro y sólido, la otra joven e impulsiva.

Pero ambos eran sus personas favoritas en el mundo.

Riley ya había trabajado con Lucy en el campo más de una vez, y sabía que podía contar con ella. La joven agente de ojos oscuros y piel oscura siempre parecía brillar desde el interior, irradiando energía y entusiasmo.

Por el contrario, Bill tenía la edad de Riley y, aunque sus cuarenta años lo estaban frenando un poco, todavía era un agente de campo de primera categoría.

“Sigue siendo bastante apuesto también”, se recordó a sí misma.

Por un momento se preguntó... Ahora que las cosas estaban derrumbándose entre ella y Ryan, ¿tal vez ella y Bill podrían...?

Pero no, sabía que era una idea terrible. En el pasado, ella y Bill habían hecho tantos esfuerzos torpes para empezar algo serio, y los resultados siempre habían sido desastrosos. Bill era un gran compañero y su mejor amigo. Sería estúpido echar a perder todo eso.

“Buen trabajo”, le dijo Bill a Riley. Estaba sonriendo.

“Sí, me salvaste la vida, agente Paige”, dijo Lucy, riendo. “Sin embargo, no puedo creer que me dejé meter un tiro. ¡Fallé al tipo cuando estuvo justo en frente de mí!”.

“Para eso está este sistema”, le dijo ​​Bill a Lucy, dándole palmaditas en la espalda. “Hasta los agentes muy experimentados tienden a fallar sus objetivos a corto alcance, dentro de diez pies de distancia. La RV te ayuda a lidiar con ese tipo de problemas”.

Lucy dijo: “Bueno, no hay nada como tomar una bala virtual en el hombro para enseñarte una lección”. Se frotó el hombro, donde el equipo había hecho que le ardiera la piel para hacerle saber que le habían disparado.

“Es mejor que una real”, dijo Riley. “De todos modos, te deseo una pronta recuperación”.

“¡Gracias!”, dijo Lucy, riendo de nuevo. “Ya me siento mejor”.

Riley enfundó la pistola modelo y recogió el rifle de asalto falso. Recordó el retroceso brusco que sintió cuando disparó las armas. Y el edificio abandonado había sido detallado y vívido.

Aún así, Riley se sentía extrañamente vacía e insatisfecha.

Pero eso obviamente no era culpa ni de Bill ni de Lucy. Y estaba agradecida de que se habían tomado tiempo libre esta mañana para acompañarla en este ejercicio.

“Gracias por aceptar hacer esto conmigo”, dijo. “Supongo que necesitaba desahogarme”.

“¿Te sientes mejor?”, preguntó Lucy.

“Sí”, dijo Riley.

No era cierto, pero supuso que una mentirita no haría daño.

“¿Qué les parece si vamos a tomarnos una taza de café?”, preguntó Bill.

“Suena genial”, dijo Lucy.

Riley negó con la cabeza.

“Hoy no, gracias. En otro momento. Vayan ustedes”.

Bill y Lucy salieron de la enorme sala de realidad virtual. Por un momento, Riley se preguntó si tal vez debería ir con ellos después de todo.

“No, sería pésima compañía”, pensó.

Las palabras de Ryan seguían haciendo eco en su mente...

“Riley, Jilly fue tu decisión”.

Ryan realmente era un desalmado por darle la espalda a Jilly.

Pero Riley no estaba enojada ahora. En vez se sentía muy triste.

Pero ¿por qué?

Poco a poco entendió...

“Nada de esto es real. Toda mi vida es una farsa”.

Sus esperanzas de ser una familia de nuevo con Ryan y las niñas solo había sido una ilusión.

“Igual que esta condenada simulación”.

Cayó de rodillas y comenzó a sollozar.

Le tomó unos minutos recomponerse. Agradecida de que nadie había visto su colapso, se puso de pie y se dirigió a su oficina. Tan pronto como entró, su teléfono de escritorio comenzó a sonar.

Sabía quién la estaba llamando.

Había estado esperándola.

Y sabía que la conversación no sería fácil.




CAPÍTULO CINCO


“Hola, Riley”, dijo la voz de una mujer cuando Riley contestó el teléfono.

Era una voz dulce, temblorosa y débil por la edad, pero agradable de todos modos.

“Hola, Paula”, dijo Riley. “¿Cómo estás?”.

La mujer suspiró.

“Bueno, ya sabes, este día siempre es difícil”.

Riley entendía. La hija de Paula, Tilda, fue asesinada este día hace veinticinco años.

“Espero que no te moleste mi llamada”, dijo Paula.

“Por supuesto que no, Paula”, le aseguró Riley.

Después de todo, Riley había iniciado su relación bastante peculiar hace años. En realidad, Riley jamás había trabajado en el caso del asesinato de Tilda. Se había comunicado con la madre de la víctima mucho después de que el caso se enfriara.

Esta llamada anual entre ellas era un ritual bastante antiguo.

A Riley todavía le parecía extraño tener estas conversaciones con alguien que no conocía. Ni siquiera sabía cómo era Paula. Sabía que tenía sesenta y ocho años ahora. Su hija fue asesinada cuando había tenido cuarenta y tres, solo tres años mayor que Riley. Riley la imaginada como una abuela amable.

“¿Cómo está Justin?”, preguntó Riley.

Riley había hablado con el marido de Paula un par de veces, pero nunca había llegado a conocerlo.

Paula volvió a suspirar.

“Falleció el verano pasado”.

“Lo siento”, dijo Riley. “¿Qué le pasó?”.

“Fue repentino e inesperado. Fue un aneurisma, o tal vez un ataque al corazón. Se ofrecieron a hacerle una autopsia para determinar la causa. Yo les dije que no tenía sentido, eso no lo traería de vuelta”.

Riley se sintió muy mal por la mujer. Sabía que Tilda había sido hija única. La pérdida de su marido tuvo que haber sido muy difícil.

¿Cómo lo estás sobrellevando?, preguntó Riley.

“Un día a la vez”, dijo Paula. “Me siento bastante sola”.

Había una nota de tristeza casi insoportable en su voz, como si se sintiera lista para estar con su esposo en la muerte.

A Riley le costaba imaginar tanta soledad. Se sentía agradecida por tener a personas atentas en su vida: April, Gabriela y ahora Jilly. Riley había temido perderlas. April había estado en mucho peligro más de una vez.

Y, por supuesto, también tenía amigos maravillosos, como Bill. Él también había estado en peligro.

“Nunca los daré por sentado”, pensó.

“¿Y tú, querida?”, preguntó Paula.

Tal vez por eso Riley sentía como si pudiera hablar con Paula acerca de las cosas de las que no podía con la mayoría de las personas.

“Bien, estoy en el proceso de adoptar a una niña de trece años de edad. Eso ha sido una aventura. Ah, y Ryan regresó por un tiempo. Luego se fue de nuevo. Otra joven hermosura le llamó la atención”.

“¡Qué terrible!”, dijo Paula. “Tuve suerte con Justin. Jamás se alejó de mí. Y supongo que, a la larga, también tuvo suerte. Se fue rápido, no sufrió. Espero que cuando llegue mi momento...”.

La voz de Paula se quebró.

Riley se estremeció.

Paula había perdido a una hija a manos de un asesino que jamás había comparecido ante la justicia.

Riley también había perdido a alguien a manos de un asesino que jamás fue encontrado.

Ella habló lentamente.

“Paula... Todavía lo recuerdo. También tengo pesadillas”.

Paula respondió con una voz amable.

“No es de extrañar. Eras pequeña. Y estuviste allí cuando sucedió. Al menos yo no tuve que vivirlo”.

Esa frase sorprendió a Riley.

Para ella, Paula sí tuvo que vivirlo.

Es cierto que Paula no fue obligada a ver a su hija morir.

Pero, sin duda, perder su hija única había sido peor de lo que Riley había sufrido.

La capacidad de Paula de demostrar compasión desinteresada siempre asombraba a Riley.

Paula seguía hablando en una voz tranquilizadora.

“Supongo que el dolor nunca desaparece. Tal vez no deberíamos querer que desaparezca. ¿En qué nos convertiríamos si yo olvidara a Justin o tú a tu madre? Jamás quisiera endurecerme tanto. Mientras siga herida y me siga doliendo, me seguiré sintiendo humana... Y viva. Lo sucedido forma parte de lo que ambas somos, Riley”.

Riley contuvo las lágrimas.

Como siempre, Paula le estaba diciendo exactamente lo que necesitaba oír.

Pero, como siempre, no era nada fácil oírlo.

Paula continuó: “Y mira lo que has hecho con tu vida, proteges a otros, buscas la justicia. Tu pérdida te ha ayudado a ser quién eres: una campeona, una persona buena y cariñosa”.

Riley sollozó.

“Ay, Paula. Desearía que las cosas no tuvieran que ser así para nosotras. Deseo haber podido...”.

Paula la interrumpió.

“Riley, hablamos de esto todos los años. El asesino de mi hija jamás será llevado ante la justicia. No es culpa de nadie, y no culpo a nadie. Y mucho menos a ti. Nunca fue tu caso para empezar. No es tu responsabilidad. Todos los demás hicieron lo mejor que pudieron. Lo mejor que puedes hacer es hablar conmigo. Y eso hace que mi vida sea mucho mejor”.

“Siento lo de Justin”, dijo Riley.

“Gracias. Significa mucho para mí”.

Riley y Paula accedieron a hablar de nuevo el año siguiente, y luego finalizaron la llamada.

Riley se quedó sentada en su oficina.

Hablar con Paula siempre era difícil emocionalmente, pero la mayoría de las veces hacía a Riley sentirse mejor.

Hoy Riley solo se sintió peor.

¿Por qué?

“No me está yendo bien en estos momentos”, pensó Riley.

Hoy en día, todos los problemas en su vida parecían estar entrelazados.

Y, de alguna manera, no podía dejar de culparse a sí misma por toda la pérdida, por todo el dolor.

Al menos ya no tenía ganas de llorar. Llorar sin duda no la ayudaba. Además, Riley tenía que terminar unos trámites administrativos rutinarios hoy. Se acomodó en su escritorio y trató de trabajar.



*



Esa misma tarde, Riley se fue directamente a la Escuela Intermedia Brody. Jilly ya estaba esperándola en la acera cuando llegó.

Jilly saltó en el asiento del pasajero.

“¡Tenía quince minutos esperando!”, dijo. “¡Date prisa! ¡Vamos a llegar tarde al juego!”.

Riley dejó escapar una risita.

“No vamos a llegar tarde”, dijo. “Llegaremos justo a tiempo”.

Riley siguió conduciendo hacia la escuela secundaria de April.

Mientras conducía, Riley comenzó a preocuparse de nuevo.

¿Ryan había ido a recoger sus cosas?

¿Y cuándo y cómo iba a darles la noticia a las chicas de que se había ido?

“¿Qué pasa?”, preguntó Jilly.

Riley no se había dado cuenta de que su rostro había traicionado sus sentimientos.

“Nada”, dijo.

“Sé que tienes algo”, dijo Jilly. “Puedo notarlo”.

Riley sofocó un suspiro. Al igual que April y Riley, Jilly era bastante observadora.

“¿Debería decírselo ya?”, se preguntó Riley.

No, este no era el momento. Estaban en camino a ver jugar a April en un partido de fútbol. No quería arruinarles la tarde con malas noticias.

“No es nada”, dijo.

Riley se estacionó en la escuela de April minutos antes del comienzo del partido. Ella y Jilly se dirigieron hacia las gradas, que ya estaban bastante llenas. Riley se dio cuenta de que tal vez Jilly tenía razón, tal vez deberían haber llegado antes.

“¿Dónde nos sentamos?”, preguntó Riley.

“¡Allá arriba!”, dijo Jilly, señalando el nivel superior, donde quedaba un poco de espacio disponible. “Podré ponerme contra la baranda y ver todo”.

Subieron las gradas y se sentaron. El juego comenzó en cuestión de minutos. April estaba de mediocampo y pasándola de lo mejor. Riley vio de inmediato que era una jugadora agresiva.

Mientras observaban, Jilly comentó: “April dice que quiere desarrollar sus habilidades de juego durante los próximos años. ¿Es cierto que el fútbol podría ayudarla a obtener una beca para la universidad?”.

“Si trabaja duro”, dijo Riley.

“Guau. Eso es genial. Tal vez yo pueda hacer eso también”.

Riley sonrió. Era maravilloso que Jilly tuviera una visión tan positiva del futuro. En la vida que dejó atrás, Jilly había tenido poco qué esperar. Sus posibilidades habían sido sombrías. Era casi seguro que no hubiese terminado la secundaria, y mucho menos que iría a la universidad. Ahora tenía acceso a todo un mundo de posibilidades.

“Supongo que sí hago algunas cosas bien”, pensó Riley.

April se metió en la defensa e hizo un tiro de esquina que le pasó de lado a la arquera contraria. Anotó el primer gol del partido.

Riley se puso de pie, vitoreando y aplaudiendo.

Mientras vitoreaba, Riley reconoció a otra chica del equipo. Era la amiga de April, Crystal Hildreth. Riley no había visto a Crystal en bastante tiempo. Ver a la chica despertó algunas emociones complicadas.

Crystal y su padre, Blaine, habían vivido justo al lado de Riley y su familia.

Blaine era un hombre encantador. Riley se había interesado en él, y él en ella.

Pero todo eso terminó hace unos meses cuando sucedió algo terrible que hizo que se mudaran.

Riley realmente no quería recordar esos terribles acontecimientos.

Observó la multitud. Puesto que Crystal estaba jugando, era obvio que Blaine tendría que estar ahí. Pero no lo vio.

Esperaba no encontrárselo.



*



Era medio tiempo y Jilly se había ido a hablar con unos amigos que había visto.

Riley vio que tenía un mensaje de texto. Era de Shirley Redding, la agente inmobiliaria que había contactado para vender la cabaña de su padre.

Leía:

“¡Buenas noticias! ¡Llámame de inmediato!”.

Riley se bajó de las gradas y marcó el número de la agente.

“Le eché un vistazo a la propiedad”, dijo la mujer. “Vale más de cien mil dólares. Tal vez el doble”.

Riley sintió un cosquilleo de emoción. Esa cantidad de dinero sería una gran ayuda para los planes universitarios de las chicas.

Shirley continuó: “Tenemos que hablar de los detalles. ¿Ahora es un buen momento?”.

No lo era, por supuesto, así que Riley se puso de acuerdo con ella para hablar mañana. Justo cuando finalizó la llamada, vio a alguien haciendo su camino a través de la multitud hacia ella.

Riley lo reconoció de inmediato. Era Blaine, su antiguo vecino.

Vio que el hombre guapo y sonriente aún tenía una cicatriz en la mejilla derecha.

Riley se sintió desolada.

¿Él la culpaba por esa cicatriz?

Porque ella no podía dejar de culparse a sí misma…




CAPÍTULO SEIS


Blaine Hildreth sintió una oleada de emociones mientras se abrió paso entre la multitud. Había visto a Riley Paige cuando se puso de pie para vitorear. Se veía igual de vital y despampanante como siempre, y se encontró caminando automáticamente hacia ella en medio tiempo. Ahora estaba mirándolo mientras se acercaba, pero su expresión no le decía mucho.

¿Qué había sentido al verlo?

¿Y qué había sentido él al verla a ella?

Blaine no pudo evitar regresar a un día traumático hace más de dos meses…



Estaba sentado en su propia sala de estar cuando escuchó un ruido terrible al lado.

Corrió a la casa adosada de Riley y encontró la puerta parcialmente abierta.

Entró rápidamente y vio lo que estaba pasando.

Un hombre estaba atacando a April, la hija de Riley. El hombre había tirado a April al suelo, y ella estaba retorciéndose y golpeándolo con sus puños.

Blaine corrió hacia ellos y quitó al atacante de encima de April. Luchó con el hombre, tratando de someterlo.

Blaine era más alto que el atacante, pero no más fuerte, y no tan ágil.

Siguió lanzando golpes, pero la mayoría de ellos no conectaron, y los que sí no causaron ningún daño aparente.

De repente, el hombre conectó un golpe terrible en el abdomen de Blaine. Blaine se quedó sin aire. Se dobló sin poder respirar.

Luego, el atacante le lanzó una patada en la cara...

... y todo se puso negro.



Blaine despertó en el hospital después de eso.

Y ahora, mientras se acercaba a Riley, estaba temblando un poco por el recuerdo.

Él trató de recomponerse.

Cuando llegó a Riley, no sabía qué hacer. Darle la mano parecía un poco ridículo. ¿Debería darle un abrazo?

Vio que el rostro de Riley estaba rojo de vergüenza. Ella tampoco parecía saber qué hacer.

“Hola, Blaine”, dijo Riley.

“Hola”.

Se quedaron mirándose por un momento, luego se rio un poco ante su propia incomodidad.

“Las chicas están jugando bien hoy”, dijo Riley.

“Especialmente la tuya”, dijo Blaine.

El primer gol de April realmente lo había impresionado.

“¿Estás aquí con alguien?”, preguntó Riley.

“No. ¿Y tú?”.

“Solo, Jilly”, dijo Riley. “Tú no la conoces. Jilly es… Bueno, es una larga historia”.

Blaine asintió con la cabeza.

“Mi hija me ha hablado de Jilly”, dijo. “Fue genial lo que hiciste”.

Blaine recordó algo más que Crystal le había dicho. Riley estaba tratando de volver con Ryan. Blaine se preguntó cómo le estaba yendo con eso. Ryan no estaba aquí en el juego, después de todo.

Riley le dijo tímidamente: “Oye, estamos sentadas en la parte trasera de las gradas. Tenemos espacio. ¿Quieres ver el resto del partido con nosotras?”.

Blaine sonrió.

“Me gustaría eso”, dijo.

Se dirigieron a las gradas y subieron a la parte trasera. Una joven delgada sonrió cuando vio a Riley acercarse, pero luego hizo una mueca cuando vio que Blaine estaba con ella.

“Jilly, este es mi amigo, Blaine”, dijo Riley.

Sin decir nada, Jilly se levantó del banco y empezó a alejarse.

“Siéntate con nosotros, Jilly”, dijo Riley.

“Me voy a sentar con mis amigos”, dijo Jilly, pasándolos y continuando por las escaleras.

Riley se veía conmocionada y consternada.

“Lo siento”, le dijo a Blaine. “Eso fue muy grosero”.

“Está bien, no te preocupes”, dijo Blaine.

Riley suspiró y ambos se sentaron.

“No, no está bien”, dijo. “Un montón de cosas no están bien. Jilly está molesta porque estoy sentada con otra persona que no es Ryan. Se había mudado de nuevo a la casa, y se encariñó mucho con él”.

Riley negó con la cabeza.

“Ahora Ryan se mudará de nuevo”, dijo. “No he tenido la oportunidad de decirles a las chicas todavía. O tal vez simplemente no tengo las agallas. Ambas estarán desoladas”.

Blaine se sintió un poco aliviado de que Ryan ya no formara parte de la ecuación. Había visto al apuesto ex esposo de Riley un par de veces, y la arrogancia del hombre era desagradable. Además de eso, tenía que admitir que tenía la esperanza de que Riley no estuviera en una relación sentimental con nadie.

Pero también se sentía culpable por reaccionar de esa manera.

El juego comenzó de nuevo. April y Crystal estaban jugando bien, y Blaine y Riley vitorearon de vez en cuando.

Pero Blaine igual pasó todo el rato pensando en la última vez que había visto a Riley. Fue poco después de su regreso a casa. Había tocado su puerta para decirle que él y Crystal se mudarían. Blaine le había dado a Riley una excusa poco convincente. Le había dicho que la casa adosada quedaba demasiado lejos de su restaurante.

También trató de hacer parecer que la mudanza no era gran cosa.

“Será como si nada hubiera cambiado”, le había dicho.

No era cierto, por supuesto, y Riley no se lo había tragado.

Había estado visiblemente disgustada.

Este parecía ser un buen momento para hablar del tema.

Con una voz vacilante, dijo: “Mira, Riley, lamento lo que pasó la última vez que nos vimos. Cuando te dije que nos mudaríamos. Yo no estaba en mi mejor momento”.

“No tienes que explicarme nada”, dijo Riley.

Pero Blaine se sentía muy diferente.

“Mira, creo que los dos sabemos por qué Crystal y yo nos mudamos”, dijo.

Riley se encogió de hombros.

“Sí”, dijo Riley. “Temías por la seguridad de tu hija. No te culpo, Blaine. Realmente no lo hago. Solo estabas siendo sensato”.

Blaine no sabía qué decir. Riley tenía razón, por supuesto. Había temido por la seguridad de Crystal, no por la suya. También temía por el bienestar mental de Crystal. La ex esposa de Blaine, Phoebe, era una alcohólica abusiva, y Crystal todavía estaba lidiando con las cicatrices emocionales de esa relación. No necesitaba más traumas en su vida.

Riley sabía todo de Phoebe. De hecho, ella había rescatado a Crystal de una de sus borracheras.

“Tal vez ella sí entiende”, él pensó.

Pero de verdad no sabía cómo se sentía realmente.

En ese momento, el equipo de sus hijas anotó otro gol. Blaine y Riley aplaudieron y vitorearon. Ellos vieron el partido en silencio durante unos minutos.

Luego Riley dijo: “Blaine, admito que me decepcionaste cuando te mudaste. Tal vez incluso me sentí un poco enojada. Yo no tenía razón. No era justo de mi parte. Lamento todo”.

Ella hizo una pausa, y luego continuó.

“Me sentí muy mal por lo que te pasó. Y culpable. Aún me siento culpable. Blaine, yo...”.

Por un momento, parecía estar luchando con sus pensamientos y sentimientos.

“No puedo evitar sentir que pongo en peligro a todo aquel que se cruza en mi camino. Odio esa parte de mi trabajo. Odio esa parte de mí”.

Blaine comenzó a refutarla.

“Riley, no debes...”.

Riley lo detuvo.

“Es cierto, y los dos lo sabemos. Si yo fuera mi vecina, también quisiera mudarme si tuviera un adolescente en casa”.

En ese momento, una jugada les salió mal al equipo de sus hijas. Blaine y Riley se quejaron junto con el resto de los aficionados.

Blaine estaba empezando a tranquilizarse. Riley sinceramente no parecía guardarle rencor por su mudanza.

¿Podrían volver a despertar el interés que una vez tuvieron el uno para el otro?

Blaine tuvo las agallas para decir: “Riley, me encantaría invitarte a ti y a tus hijas a cenar en mi restaurante. Puedes traer a Gabriela también. Ella y yo podríamos intercambiar recetas centroamericanas”.

Riley se quedó callada por un momento. Se veía como si ni siquiera lo hubiera oído.

Finalmente dijo: “No gracias, Blaine. Las cosas están demasiado complicadas en este momento. Gracias por la invitación”.

Blaine se sintió desilusionado. No solo lo estaba rechazando, sino que también parecía que no estaba dejando ninguna puerta abierta para el futuro.

Pero no había nada que pudiera hacer al respecto.

Vio el resto del juego con Riley en silencio.



*



Riley seguía pensando en Blaine durante la cena de esa noche. Se preguntó si tal vez había cometido un error. Tal vez debería haber aceptado su invitación. Le gustaba y lo echaba de menos.

Incluso había invitado a Gabriela, y eso había sido adorable de su parte. Como Blaine era restaurador, había apreciado la cocina de Gabriela en el pasado.

Y Gabriela había hecho una comida típica de Guatemala esa noche: pollo en salsa de cebolla. Las niñas estaban disfrutándola y charlando sobre su victoria de esa tarde.

“¿Por qué no viniste al juego, Gabriela?”, preguntó April.

“Lo hubieses disfrutado”, dijo Jilly.

“Sí, me gusta el fútbol”, dijo Gabriela. “Iré al próximo juego”.

Le pareció el momento ideal para mencionar algo.

“Tengo buenas noticias”, dijo. “Hablé con mi agente inmobiliaria hoy, y piensa que podría ganar bastante dinero de la venta de la cabaña de su abuelo. Estoy segura que ayudará con los planes universitarios de ambas”.

Eso alegró a las chicas y hablaron del tema por un tiempo. Pero pronto el estado de ánimo de Jilly pareció decaer.

Finalmente, Jilly le preguntó a Riley: “¿Quién era ese tipo que estaba contigo en el juego?”.

April dijo: “Ah, ese es Blaine. Solía ​​ser nuestro vecino. Él es el padre de Crystal. Tú la conoces”.

Jilly siguió comiendo en silencio por unos momentos.

Luego dijo: “¿Dónde está Ryan? ¿Por qué no estaba en el juego?”.

Riley tragó grueso. Se dio cuenta hace rato que Ryan había venido a casa durante el día para recoger sus cosas. Era el momento de decirles la verdad.

“Hay algo que he tenido la intención de decirles”, comenzó.

Pero le costó encontrar las palabras adecuadas.

“Ryan... Dice que necesita un poco de espacio. Él...”.

No podía seguir hablando. Notó por los rostros de las chicas que no necesitaba hacerlo. Entendieron muy bien lo que quiso decirles.

Después de unos segundos de silencio, Jilly se puso a llorar, huyó de la sala y subió las escaleras. April se puso de pie rápidamente para ir a consolarla.

Riley se dio cuenta de que April estaba acostumbrada a esas actitudes de Ryan. Estas decepciones aún debían dolerle, pero podía lidiarlas mejor que Jilly.

Sentada en la mesa con Gabriela, Riley comenzó a sentirse culpable. ¿Era completamente incapaz de mantener una relación seria con un hombre?

Como si hubiera leído sus pensamientos, Gabriela dijo: “Deja de culparte. No es tu culpa. Ryan es un tonto”.

Riley sonrió con tristeza.

“Gracias, Gabriela”, dijo.

Era exactamente lo que necesitaba oír.

Luego Gabriela agregó: “Las niñas necesitan una figura paterna, pero definitivamente no alguien que va y viene como él”.

“Lo sé”, dijo Riley.



*



Más tarde esa noche, Riley fue a ver cómo estaban las chicas. Jilly estaba en el cuarto de April haciendo tarea.

April levantó la mirada y dijo: “Estamos bien, mamá”.

Riley sintió un gran alivio. Aunque se sentía mal por las chicas, estaba orgullosa de que April estuviera consolando a Jilly.

“Gracias, cariño”, dijo antes de cerrar la puerta.

Sabía que April hablaría con ella de Ryan cuando se sintiera lista. Pero a Jilly podría costarle más.

Cuando volvió a bajar, Riley se encontró pensando en lo que Gabriela le había dicho.

“Las niñas necesitan una figura paterna”.

Miró el teléfono. Blaine había dejado claro que le gustaría entablar una relación con ella.

Pero ¿qué podría esperar de ella? Su vida era muy ocupada por sus hijas y el trabajo. ¿Realmente podría incluir a alguien más en este momento? ¿Solo terminaría decepcionándolo?

“Pero sí me gusta él”, admitió.

Y él también gustaba de ella. Seguramente tenía que tener espacio en su vida para...

Ella cogió el teléfono y marcó el número de Blaine. Se decepcionó cuando oyó la contestadora, pero eso no la sorprendió. Sabía que su trabajo en el restaurante a menudo lo mantenía alejado de casa en las noches.

Cuando oyó el pitido, Riley le dejó un mensaje.

“Hola, Blaine. Es Riley. Mira, lamento si estuve un poco distante en el juego de esta tarde. Espero no haber sido grosera. Solo quiero decirte que queremos aceptar tu invitación, si todavía sigue en pie. Llámame cuando puedas”.

Riley inmediatamente se sintió mejor. Ella fue a la cocina y se sirvió un trago. Mientras estaba sentada bebiéndoselo en el sofá de la sala de estar, se encontró recordando su conversación con Paula Steen.

Paula parecía haber aceptado que el asesino de su hija jamás sería llevado ante la justicia.

“No es culpa de nadie, y no culpo a nadie”, Paula le había dicho.

Esas palabras ahora preocupaban a Riley.

Era tan injusto.

Riley terminó su bebida, se duchó y se fue a la cama.

Las pesadillas comenzaron justo cuando se quedó dormida.



*



Riley era solo una niña.

Estaba caminando por un bosque de noche. Ella tenía miedo, pero no estaba segura del por qué.

Después de todo, no estaba realmente perdida en el bosque.

El bosque estaba cerca de una carretera, y podía ver los autos que iban y venían. El resplandor de un poste de luz y una luna llena iluminaban su camino entre los árboles.

Luego sus ojos se fijaron en una fila de tres tumbas poco profundas.

La tierra y las piedras que cubrían las tumbas estaban moviéndose.

Las manos de las mujeres se abrieron camino por las tumbas.

Podía oír sus voces decir...

“¡Ayúdanos! ¡Por favor!”.

“¡Solo soy una niña!”, respondió Riley entre lágrimas.



Riley se despertó en su cama. Estaba temblando.

“Fue solo una pesadilla”, se dijo a sí misma.

Y no era de extrañar que había soñado con las víctimas del ‘Asesino de la caja de fósforos’ la noche después de haber hablado con Paula Steen.

Respiró profundamente. Pronto se sintió relajada de nuevo, y comenzó a quedarse dormida.

Pero entonces…



Todavía era solo una niña.

Estaba en una tienda de dulces con mamá, y mamá estaba comprándole muchos dulces.

Un hombre aterrador que llevaba una media en la cabeza se acercó a ella.

Él apuntó a mamá con un arma.

“Dame tu dinero”, le dijo a mamá.

Pero mamá estaba demasiado asustada como para moverse.

El hombre le disparó a mamá en el pecho, y ella se cayó justo en frente de Riley.

Riley comenzó a gritar. Se dio la vuelta en busca de ayuda.

Pero, de repente, estaba en el bosque de nuevo.

Las manos de las mujeres seguían tratando de cavar por las tumbas.

Las voces seguían gritando...

“¡Ayúdanos! ¡Por favor!”.

Entonces Riley oyó otra voz a su lado. Esta le era familiar...

“Ya las oíste, Riley. Necesitan tu ayuda”.

Riley se volvió y vio a mamá. Estaba parada allí, su pecho sangrando de la herida de bala. Su cara estaba mortalmente pálida.

“¡No puedo ayudarlas, mamá!”, exclamó Riley. “¡Solo soy una niña!”.

Mamá sonrió.

“No, no eres una niña, Riley. Ya eres grande. Date la vuelta y lo verás”.

Riley se volvió y se encontró mirándose en un espejo completo.

Era verdad.

Ella era una mujer ahora.

Y las voces seguían exclamando...

“¡Ayúdanos! ¡Por favor!”.



Los ojos de Riley se abrieron de nuevo.

Estaba temblando aún más que antes, y estaba sin aliento.

Se acordó de algo que Paula Steen le había dicho.

“El asesino de mi hija jamás será llevado ante la justicia”.

Paula también había dicho...

“Nunca fue tu caso para empezar”.

Riley se sintió determinada.

Era cierto, el caso del ‘Asesino de la caja de fósforos’ no había sido suyo antes.

Pero ya no podía dejarlo en el pasado.

El ‘Asesino de la caja de fósforos’ tenía que ser llevado ante la justicia.

“Ahora es mi caso”, pensó.




CAPÍTULO SIETE


Riley no tuvo más pesadillas esa noche, pero, aún así, pasó muy mala noche. Sorprendentemente, se sintió completamente despierta y energizada cuando se levantó a la mañana siguiente.

Tenía trabajo por hacer ese día.

Se vistió y bajó las escaleras. April y Jilly estaban en la cocina desayunando. Las chicas se veían tristes, pero no tan devastadas como ayer.

Riley se sentó en la mesa y dijo: “Esos panqueques se ven buenísimos. Pásenlos, por favor”.

Se comió su desayuno y se bebió el café. Luego comenzó a darse cuenta de que las chicas se veían más alegres. No mencionaron la ausencia de Ryan, en vez charlando de otros niños en la escuela.

“Son fuertes”, pensó Riley.

Y ambas habían pasado por momentos muy difíciles.

Estaba segura de que superarían esta crisis con Ryan.

Riley terminó su café y dijo: “Tengo que irme a la oficina”.

Se puso de pie y le dio un beso a April y a Jilly en la mejilla.

“Ve a atrapar a los malos, mamá”, dijo Jilly.

Riley sonrió.

“A eso voy, querida”, respondió ella.



*



Justo cuando llegó a la oficina, Riley abrió los ficheros automatizados del caso. Mientras examinaba los viejos artículos periodísticos, recordó haber leído algunos de ellos cuando salieron por primera vez. Había sido una adolescente en esa época, y el Asesino de la caja de fósforos le había parecido una pesadilla.

Los asesinatos habían ocurrido aquí en Virginia, cerca de Richmond, cada uno ocurriendo cada tres semanas.

Riley abrió un mapa y encontró el pueblo de Greybull, que quedaba cerca de la Interestatal 64. Tilda Steen, la última víctima, vivió y murió en Greybull. Los otros dos asesinatos ocurrieron en los pueblos de Brinkley y Denison. Riley podía ver que todos los pueblos quedaban a unas cien millas el uno del otro.

Riley cerró el mapa y miró los periódicos de nuevo.

Una gran titular gritaba...

¡ASESINO DE LA CAJA DE FÓSFOROS COBRA SU TERCERA VÍCTIMA!

Se estremeció un poco.

Sí, recordó haber visto ese titular hace muchos años.

El artículo describió el pánico que los asesinatos había desatado en toda la zona, sobre todo entre las mujeres jóvenes.

Según el artículo, el público y la policía estaban haciéndose las mismas preguntas:

¿Cuándo y dónde volvería a atacar?

¿Quién sería su próxima víctima?

Pero no había habido una cuarta víctima.

“¿Por qué?”, se preguntó Riley.

Era una pregunta que la policía no había podido responder.

El asesino había parecido un asesino en serie despiadado, del tipo que probablemente seguiría matando hasta ser atrapado. En su lugar, simplemente había desaparecido. Y su desaparición había sido igual de misteriosa que los asesinatos en sí.

Riley comenzó a estudiar minuciosamente las viejas fichas policiales para refrescar su memoria.

Las víctimas parecían no estar relacionadas. El asesino había seguido el mismo modus operandi en los tres asesinatos. Coqueteó con mujeres jóvenes en bares, las llevó a unos moteles y luego las mató. Después enterró sus cuerpos en tumbas poco profundas cerca de las escenas de los crímenes.

A la policía local no le costó localizar los bares donde el asesino coqueteó con las mujeres, ni los moteles donde fueron asesinadas.

Como hacían los otros asesinos en serie, dejó pistas para la policía.

Dejó cajas de fósforos de los bares y papel para notas de los moteles junto con cada uno de los cuerpos.

Los testigos en los bares y moteles hasta fueron capaces de dar unas buenas descripciones del sospechoso.

Riley encontró el boceto que fue creado hace años.

Vio que el hombre se veía bastante normal, con pelo color marrón oscuro y ojos color avellana. Al leer las descripciones de los testigos, se dio cuenta de algunos detalles más. Los testigos mencionaron que era muy pálido, como si trabajara en ambientes cerrados.

Las descripciones no eran muy detalladas. Aun así, le pareció a Riley un caso no tan difícil de resolver. Pero lo fue. La policía local nunca encontró al asesino. La UAC se encargó del caso, solo para concluir que el asesino había muerto o abandonado la zona. Hacer una búsqueda a nivel nacional sería como buscar una aguja en un pajar, una aguja que quizás ni existía.

Pero hubo un agente, un maestro en la resolución de casos sin resolver, que no estuvo de acuerdo.

“Todavía está en la zona”, le había dicho a todo el mundo. “Lo podremos encontrar si solo seguimos buscando”.

Pero sus jefes no le creyeron, y tampoco lo respaldaron. La UAC dejó que el caso se enfriara.

Este agente se retiró de la UAC hace años y se mudó a Florida. Pero Riley sabía cómo comunicarse con él.

Tomó su teléfono de escritorio y marcó su número.

Un momento después, oyó una voz retumbante y familiar. Jake Crivaro fue su compañero y mentor cuando se unió a la UAC.

“Hola, extraña”, dijo Jake. “¿Dónde demonios has estado? ¿Qué has estado haciendo? No llamas, tampoco escribes. ¿Es esa la forma de tratar al vejestorio olvidado que te enseñó todo lo que sabes?”.

Riley sonrió. Ella sabía que estaba bromeando. Después de todo, se habían visto hace poco. Jake hasta había abandonado la comodidad de su jubilación para ayudarla con un caso hace apenas un par de meses.

No le preguntó: “¿Cómo has estado?”.

Recordó lo que le dijo la última vez que se lo preguntó.

“Tengo setenta y cinco años. Me operaron ambas rodillas y una cadera. No veo nada. Tengo un audífono y un marcapasos. Y todos mis amigos excepto tú han muerto. ¿Cómo crees que he estado?”.

Preguntarle solo haría que comenzara a quejarse de nuevo.

La verdad era que todavía era físicamente ágil, y su mente estaba igual de aguda como siempre.

“Necesito tu ayuda, Jake”, dijo Riley.

“Excelente. La jubilación es lo peor. ¿Qué puedo hacer por ti?”.

“Estoy investigando un caso sin resolver”.

Jake se rio un poco.

“Mis favoritos. Los casos sin resolver fueron mi especialidad. Lo siguen siendo, es un pasatiempo. Incluso en mi jubilación recopilo y reviso cosas que nadie ha resuelto. ¿Recuerdas al asesino ‘Cara de ángel’ de Ohio? Resolví ese hace un par de años. Llevaba más de una década enfriado”.

“Sí, lo recuerdo”, dijo Riley. “Excelente trabajo para un vejestorio”.

“La adulación te llevará lejos. Entonces, ¿qué tienes para mí?”.

Riley vaciló. Sabía que estaba a punto de despertar recuerdos desagradables.

“Este caso fue uno de los tuyos, Jake”, dijo.

Jake se quedó callado por un momento.

“No me digas”, dijo. “El caso del ‘Asesino de la caja de fósforos’”.

Riley casi le preguntó: “¿Cómo lo sabes?”.

Pero era fácil adivinar la respuesta.

Jake estaba obsesionado con los fracasos del pasado, sobre todo los suyos. Sin duda estaba muy consciente del aniversario de la muerte de Tilda Steen. Probablemente también se acordaba de los aniversarios de las muertes de las otras víctimas. Riley supuso que probablemente lo atormentaban todos los años.

“Eso fue antes de tu tiempo”, dijo Jake. “¿Por qué quieres sacar a relucir todo eso?”.

Oyó la amargura en su voz, la misma amargura que recordó haber oído cuando ella todavía era una joven novata. Había estado furioso porque sus superiores habían ordenado cerrar el caso. Su jubilación no había apaciguado su amargura.

“Sabes que llevo años comunicándome con la madre de Tilda Steen”, dijo Riley. “Hablé con ella ayer. Esta vez...”.

Se detuvo. ¿Cómo podía ponerlo en palabras?

“Fue más difícil para mí. Si nadie hace nada, la pobre mujer morirá sin que el asesino de su hija comparezca ante la justicia. No estoy trabajando en ningún otro caso y yo...”.

Su voz se quebró.

“Sé exactamente cómo te sientes”, dijo Jake, su voz repentinamente compasiva. “Esas tres mujeres asesinadas merecían algo mejor. Sus familias merecían algo mejor”.

Riley se sintió aliviada de que Jake compartiera sus sentimientos.

“No puedo hacer mucho sin el apoyo de la UAC”, dijo Riley. “¿Crees que haya una manera para poder reabrir el caso?”.

“No lo sé. Tal vez. Manos a la obra”.

Riley podía oír los dedos de Jake tecleando en su computadora mientras buscaba sus propios archivos.

“¿Qué salió mal cuando tú trabajaste en él?”, preguntó Riley.

“Todo. Mis teorías no encajaron con las de los demás en la UAC. La zona era bastante rural en aquel entonces, solo eran unos pueblitos. A pesar de ello, había un montón de vagabundos a lo largo de una carretera interestatal que queda cerca de Richmond. La Oficina decidió que debió haber sido algún vagabundo. Mi instinto me dijo algo diferente, que vivía en la zona y que podría vivir allí todavía. Pero a nadie le importó mis instintos”.

Mientras estaba tecleando, dijo: “Podría haberlo resuelto hace años si no hubiese sido por mi compañero inútil”.

Riley había oído hablar del compañero incompetente de Jake, quien había sido despedido antes de que Riley se uniera a la UAC.

Ella dijo: “Me dijeron que arruinaba todo lo que tocaba”.

“Sí, literalmente. En uno de los bares, tomó un vaso que el asesino había tocado y no pudimos buscar huellas”.

“¿No se encontraron huellas en las servilletas ni en las cajas de fósforos?”.

“No después de haber sido cubiertas de tierra en las tumbas pocos profundas. El chico metió la pata. Debió haber sido despedido en ese mismo momento. Sin embargo, no duró mucho más. Lo último que supe es que estaba trabajando en una tienda. Adiós y hasta nunca”.

Riley notó que Jake había dejado de teclear. Supuso que ahora tenía todos sus materiales a la mano.

“OK, ahora cierra los ojos”, dijo Jake.

Riley cerró los ojos y sonrió. Iba a hacerla pasar por el mismo ejercicio que les había enseñado a sus alumnos. Él se lo había enseñado después de todo.

Jake dijo: “Tú eres el asesino, pero no has matado a nadie todavía. Acabas de entrar en el Bar McLaughlin en Brinkley, y acabas de presentarte a una chica llamada Melody Yanovich. Han coqueteado bastante, y las cosas van bien”.

Ella comenzó a ver las cosas desde el punto de vista del asesino. La escena se estaba desarrollando en su mente.

Jake dijo: “Hay un pequeño bol de cajas de fósforos en la barra. En pleno coqueteo, agarras una y te la metes en el bolsillo. ¿Por qué?”.

Riley casi podía sentir la pequeña caja de fósforos entre sus dedos. Se imaginó metiéndosela en el bolsillo de su camisa.

“Pero ¿por qué?”, se preguntó.

Cuando el caso había estado abierto, se había producido una teoría bastante práctica para explicarlo. El asesino había dejado cajas de fósforos de los bares y papel para notas de los moteles en los cuerpos de las víctimas para burlarse de la policía.

Pero ahora entendió que Jake no creía eso.

Y ahora ella tampoco lo creía.

Ella dijo: “Ni siquiera sabía que iba a matarla, al menos no cuando estuvo en el Bar McLaughlin, no esa primera vez. Tomó la caja de fósforos como recuerdo de su inminente conquista, un trofeo para el buen momento que esperaba tener”.

“Excelente”, dijo Jake. “¿Y después qué pasó?”.

Riley podía visualizar claramente el asesino ayudando a Melody Yanovich a bajarse de su auto y escoltándola a la habitación del motel.

“Melody estaba dispuesta, y él se sentía seguro. Tan pronto como llegaron a la habitación, ella se dirigió al baño para prepararse. Mientras tanto, tomó papel para notas con el logo del motel por la misma razón por la cual tomó la caja de fósforos, como un recuerdo. Luego se quitó la ropa y se metió bajo las sábanas. Melody salió del baño...”.

Riley hizo una pausa para obtener una imagen más clara.

¿La mujer había estado desnuda en ese momento?

“No, no exactamente”, pensó Riley.

“Melody salió con una toalla envuelta alrededor de su cuerpo. En ese momento comenzó a inquietarse. Había tenido problemas sexuales en el pasado. ¿Tendría problemas de nuevo? Melody se metió en la cama con él, se quitó la toalla y...”.

“¿Y?”, dijo Jake.

“Y supo en ese momento que no podía hacerlo. Estaba avergonzado y humillado. No podía permitir que la mujer se escabullera sabiendo que había fallado. Se enfureció en ese momento. Esa furia acabó con su humanidad. La agarró por el cuello y la estranguló en la cama. Murió muy rápidamente. Su rabia se disipó, se dio cuenta de lo que había hecho y se sintió muy culpable. Y...”.

El resto del crimen se reprodujo en la mente de Riley como una película. El asesino no solo había enterrado a las víctimas en tumbas poco profundas, sino que también las había enterrado cerca de calles y carreteras. Sabía perfectamente que los cuerpos serían encontrados. De hecho, se aseguró de que fuera así.

Los ojos de Riley se abrieron de golpe.

“Entiendo, Jake. Cuando tomó las cajas de fósforos y los trozos de papel para notas, solo eran recuerdos para él. Pero, después de los asesinatos, las utilizó para algo diferente. Las dejó con los cuerpos para ayudar a la policía, no para burlarse. Quería ser atrapado. No tuvo el valor para entregarse, así que dejar pistas fue lo mejor que pudo hacer”.

“Ya captaste”, dijo Jake. “Para mí, los primeros dos asesinatos fueron exactamente así. Ahora échale un vistazo al resumen del último asesinato”.

Riley miró el informe en la pantalla de su computadora.

“¿En qué se diferenció de los otros?”, preguntó Jake.

Riley escaneó el texto. No vio nada distinto.

“Enterró a Tilda Steen completamente vestida. Parece que no intentó tener relaciones sexuales con ella en absoluto”.

Jake dijo, “Ahora dime lo que dice de la causa de muerte de las tres víctimas”.

Riley encontró eso rápidamente en el texto.

“Estrangulamiento”, dijo. “Igual para las tres”.

Jake gruñó con consternación.

“Ahí es donde se equivocaron los locales”, dijo. “Las dos primeras, Melody Yanovich y Portia Quinn, definitivamente fueron estranguladas. Pero me enteré del médico forense que el cuello de Tilda Steen no presentó hematomas. Ella fue asfixiada, más no estrangulada. ¿Qué te dice eso?”.

El cerebro de Riley comenzó a procesar esta nueva información.

Ella cerró los ojos otra vez, tratando de imaginarse la escena.

“Algo pasó cuando metió a Tilda en esa habitación de motel”, dijo Riley. “Le confió algo, tal vez algo que jamás le había contado a nadie. O tal vez le dijo algo sobre sí mismo que él quería oír. De repente se volvió...”.

Riley se detuvo.

Jake dijo: “Continúa. Dilo”.

“Humana. Se sintió culpable por lo que iba a hacer. Y retorcidamente...”.

Le tomó a Riley un momento organizar sus pensamientos.

“Decidió matarla como un acto de piedad. No la estranguló con sus manos. Lo hizo suavemente. Él la dominó en la cama y la asfixió con una almohada. Se sintió tan lleno de remordimiento que...”.

Riley abrió los ojos.

“... jamás mató de nuevo”.

Jake dejó escapar un gruñido de aprobación.

“Yo llegué a esa misma conclusión en ese entonces”, dijo. “Todavía creo que tengo razón. Creo que todavía está en esa área, y que todavía se siente atormentado por lo que hizo hace todos esos años”.

Una palabra comenzó a hacer eco en la mente de Riley...

Remordimiento.

Algo le pareció evidente en ese momento.

Sin detenerse a pensar, dijo: “Todavía está lleno de remordimientos, Jake. Y apuesto a que deja flores en las tumbas de las mujeres”.

Jake se rio.

“Bien pensado”, dijo. “Eso es lo que siempre me agradó de ti, Riley. Entiendes la psicología, y sabes cómo usarla para poner un plan en acción”.

Riley sonrió.

“Aprendí del mejor”, dijo.

Jake le dio las gracias por el cumplido, luego ella le dio las gracias a él por su ayuda y finalizaron la llamada. Ella se quedó sentada en su oficina pensando.

“Ahora depende de mí”.

Tenía que cazar al asesino y llevarlo ante la justicia de una vez por todas.

Pero sabía que no podía hacerlo sola.

Necesitaba ayuda para lograr que la UAC reabriera el caso.

Corrió al pasillo y se dirigió a la oficina de Bill Jeffreys.




CAPÍTULO OCHO


Bill Jeffreys estaba disfrutando de una mañana inusualmente tranquila en la UAC cuando su compañera irrumpió en su oficina. Inmediatamente reconoció la expresión en su rostro. Así se veía cuando estaba emocionada por un nuevo caso.

Hizo un gesto hacia la silla en el otro lado de su escritorio, y Riley se sentó. Pero a medida que escuchaba su descripción de los homicidios con atención, Bill se sintió un poco perplejo por su entusiasmo. A pesar de ello, no hizo ningún comentario mientras ella le dio el resumen completo de su conversación telefónica con Jake.

“Entonces, ¿qué te parece?”, le preguntó a Bill cuando terminó.

“¿Qué me parece qué?”, preguntó Bill.

“¿Quieres trabajar en el caso conmigo?”.

Bill estaba indeciso.

“Claro que me gustaría, pero... Bueno, el caso ni siquiera está abierto. No depende de nosotros”.

Riley respiró profundamente y dijo con cautela: “Esperaba que ambos pudiéramos hacer algo al respecto”.

A Bill le tomó un momento entender qué quería decir. Entonces sus ojos se abrieron y negó con la cabeza.

“No, Riley”, dijo. “Esto es cosa del pasado. Meredith no estará interesado en reabrir el caso”.

Veía que ella también tenía dudas, pero estaba tratando de ocultarlo.

“Tenemos que intentarlo”, dijo. “Podemos resolver este caso. Lo sé. Los tiempos han cambiado, Bill. Tenemos nuevas herramientas a nuestra disposición. Por ejemplo, las pruebas de ADN estaban en pañales en ese entonces. Ahora las cosas son diferentes. No estás trabajando en otro caso en este momento, ¿cierto?”.

“No”.

“Yo tampoco. ¿Por qué no lo intentamos?”.

Bill miró a Riley con preocupación. En menos de un año, su compañera había sido reprendida, suspendida, e incluso despedida. Su carrera estuvo en peligro varias veces. Lo único que la había salvado era su extraña habilidad para encontrar a su presa, a veces de maneras poco ortodoxas. Esa habilidad, y el hecho de que él la había encubierto de vez en cuando, eran las razones por las cuales seguía en la UAC.

“Riley, eso causará problemas”, dijo. “No busques problemas donde no los hay”.

Vio la mueca que hizo ante lo que dijo y de inmediato se arrepintió de su elección de palabras.

“Está bien si no quieres hacerlo”, dijo ella, levantándose de su silla, dándose la vuelta y dirigiéndose a la puerta de su oficina.



*



Riley odiaba esa frase. “No busques problemas donde no los hay”.

Después de todo, ella estaba acostumbrada a agitar las cosas. Y sabía perfectamente bien que era una de las cosas que la hacían una buena agente.

Estaba a punto de salir de la oficina cuando Bill le dijo: “Espera. ¿Adónde vas?”.

“Creo que ya lo sabes”, respondió.

“¡Está bien! ¡Ya voy!”.

Ella y Bill corrieron por el pasillo hacia la oficina del jefe de equipo, Brent Meredith. Riley tocó la puerta de su jefe, y oyeron una voz ronca decir: “Adelante”.

Riley y Bill entraron a la oficina espaciosa de Meredith. Como siempre, el jefe de equipo tenía una presencia intimidante con su gran físico y sus rasgos negros y angulosos. Él estaba encorvado sobre su escritorio estudiando unos informes detenidamente.

“Sean breves”, dijo Meredith, sin levantar la mirada de su trabajo. “Estoy ocupado”.

Riley ignoró la expresión de preocupación que Bill tenía en el rostro y se sentó audazmente junto al escritorio de Meredith.

Ella dijo: “Jefe, el agente Jeffreys y yo queremos reabrir un caso sin resolver, y nos preguntábamos si...”.

Todavía concentrado en los papeles, Meredith la interrumpió.

“No”.

“¿Qué?”, dijo Riley.

“Solicitud denegada. Ahora discúlpenme, pero tengo trabajo por hacer”.

Riley se quedó sentada. Se sintió momentáneamente obstaculizada.

Luego dijo: “Acabo de hablar por teléfono con Jake Crivaro”.

Meredith levantó la cabeza y la miró. Una sonrisa se formó en sus labios.

“¿Cómo está el viejo Jake?”, preguntó.

Riley también sonrió. Ella sabía que Jake y Meredith habían sido amigos cercanos en aquel entonces en la UAC.

“Malhumorado”, dijo Riley.

“Siempre lo fue”, dijo Meredith. “Ese viejo bastardo era intimidante”.

Riley reprimió una risita. Era cómico que a Meredith le pareciera alguien intimidante. Riley jamás se había sentido intimidada por Jake.

Ella dijo: “Ayer fue el vigésimo quinto aniversario del último asesinato del ‘Asesino de la caja de fósforos’”.

Meredith se volvió hacia ella en su silla, comenzando a verse interesado.

“Recuerdo ese caso”, dijo. “Jake y yo éramos agentes de campo en aquel entonces. Nunca superó no haber podido resolverlo. Hablamos mucho de eso”.




Конец ознакомительного фрагмента.


Текст предоставлен ООО «ЛитРес».

Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию (https://www.litres.ru/pages/biblio_book/?art=43693799) на ЛитРес.

Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.


