La mentira del vecino Blake Pierce Un misterio psicológico de suspenso de Chloe Fine #2 Una obra maestra de misterio y suspenso. Pierce desarrolló muy bien a los personajes psicológicamente, tanto así que sientes que estás en sus mentes, vives sus temores y aclamas sus éxitos. Este libro te mantendrá pasando páginas hasta bien entrada la noche debido a sus giros inesperados. Books and Movie Reviews, Roberto Mattos (sobre Una vez desaparecido) LA MENTIRA DEL VECINO (Un misterio de Chloe Fine) es el libro #2 de una nueva serie de suspenso psicológico del autor bestseller Blake Pierce, cuyo libro exitoso Una vez desaparecido (Libro #1) ha recibido más de 1. 000 opiniones de cinco estrellas. Aunque la agente del Equipo de Evidencias del FBI Chloe Fine, de 27 años de edad, aún se siente conmovida por los secretos de su pasado, tiene que trabajar en su primer caso: el asesinato de una niñera en un pueblo suburbano aparentemente perfecto. Inmersa en un mundo de secretos, parejas infieles, artificios y mentiras, Chloe pronto se da cuenta de que cualquiera pudiera ser el culpable. Sin embargo, debido a que su propio padre sigue en la cárcel, debe lidiar con sus demonios y desentrañar sus secretos, los cuales amenazan con acabar con su carrera. Un thriller lleno de acción con suspenso emocionante y personajes multi-facéticos, LA MENTIRA DEL VECINO es el libro #2 de una nueva serie fascinante que te dejará pasando páginas hasta bien entrada la noche. El Libro #3 de la serie de CHLOE FINE estará disponible pronto. l a m e n t i r a d e l v e c i n o (misterio psicológico de suspenso de chloe fine - libro 2) b l a k e p i e r c e Blake Pierce Blake Pierce es el autor de la serie exitosa de misterio RILEY PAIGE que cuenta con trece libros hasta los momentos. Blake Pierce también es el autor de la serie de misterio de MACKENZIE WHITE (que cuenta con nueve libros), de la serie de misterio de AVERY BLACK (que cuenta con seis libros), de la serie de misterio de KERI LOCKE (que cuenta con cinco libros), de la serie de misterio LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE (que cuenta con tres libros), de la serie de misterio de KATE WISE (que cuenta con dos libros), de la serie de misterio psicológico de CHLOE FINE (que cuenta con dos libros) y de la serie de misterio psicológico de JESSE HUNT (que cuenta con tres libros). Blake Pierce es un ávido lector y fan de toda la vida de los géneros de misterio y los thriller. A Blake le encanta comunicarse con sus lectores, así que por favor no dudes en visitar su sitio web www.blakepierceauthor.com (http://www.blakepierceauthor.com) para saber más y mantenerte en contacto. Derechos de autor © 2018 por Blake Pierce. Todos los derechos reservados. A excepción de lo permitido por la Ley de Derechos de Autor de Estados Unidos de 1976 y las leyes de propiedad intelectual, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o distribuida en cualquier forma o por cualquier medio, o almacenada en un sistema de bases de datos o de recuperación sin el previo permiso del autor. Este libro electrónico está licenciado para tu disfrute personal solamente. Este libro electrónico no puede ser revendido o dado a otras personas. Si quieres compartir este libro con otras personas, por favor compra una copia adicional para cada destinatario. Si estás leyendo este libro y no lo compraste, o no fue comprado solo para tu uso, por favor regrésalo y compra tu propia copia. Gracias por respetar el trabajo arduo de este autor. Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor o se emplean como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es totalmente coincidente. Derechos de autor de la imagen de la cubierta son de emin kuliyev, utilizada bajo licencia de Shutterstock.com. LIBROS ESCRITOS POR BLAKE PIERCE SERIE DE MISTERIO PSICOLÓGICO DE SUSPENSO DE JESSE HUNT LA ESPOSA PERFECTA (Libro #1) LA CALLE PERFECTA (Libro #2) LA CASA PERFECTA (Libro #3) SERIE DE MISTERIO PSICOLÓGICO DE SUSPENSO DE CHLOE FINE Al LADO (Libro #1) LA MENTIRA DEL VECINO (Libro #2) CALLEJÓN SIN SALIDA (Libro #3) SERIE DE MISTERIO DE KATE WISE SI ELLA SUPIERA (Libro #1) SI ELLA VIERA (Libro #2) SERIE LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE VIGILANDO (Libro #1) ESPERANDO (Libro #2) ATRAYENDO (Libro #3) SERIE DE MISTERIO DE RILEY PAIGE UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1) UNA VEZ TOMADO (Libro #2) UNA VEZ ANHELADO (Libro #3) UNA VEZ ATRAÍDO (Libro #4) UNA VEZ CAZADO (Libro #5) UNA VEZ CONSUMIDO (Libro #6) UNA VEZ ABANDONADO (Libro #7) UNA VEZ ENFRIADO (Libro #8) UNA VEZ ACECHADO (Libro #9) UNA VEZ PERDIDO (Libro #10) UNA VEZ ENTERRADO (Libro #11) UNA VEZ ATADO (Libro #12) UNA VEZ ATRAPADO (Libro #13) UNA VEZ LATENTE (Libro #14) SERIE DE MISTERIO DE MACKENZIE WHITE ANTES DE QUE ASESINE (Libro #1) ANTES DE QUE VEA (Libro #2) ANTES DE QUE DESEE (Libro #3) ANTES DE QUE ARREBATE (Libro #4) ANTES DE QUE NECESITE (Libro #5) ANTES DE QUE SIENTA (Libro #6) ANTES DE QUE PEQUE (Libro #7) ANTES DE QUE CACE (Libro #8) ANTES DE QUE SE APROVECHE (Libro #9) ANTES DE QUE ANHELE (Libro #10) ANTES DE QUE SE DESCUIDE (Libro #11) SERIE DE MISTERIO DE AVERY BLACK UNA RAZÓN PARA MATAR (Libro #1) UNA RAZÓN PARA HUIR (Libro #2) UNA RAZÓN PARA ESCONDERSE (Libro #3) UNA RAZÓN PARA TEMER (Libro #4) UNA RAZÓN PARA RESCATAR (Libro #5) UNA RAZÓN PARA ATERRARSE (Libro #6) SERIE DE MISTERIO DE KERI LOCKE UN RASTRO DE MUERTE (Libro #1) UN RASTRO DE ASESINATO (Libro #2) UN RASTRO DE VICIO (Libro #3) UN RASTRO DE CRIMEN (Libro #4) UN RASTRO DE ESPERANZA (Libro #5) CONTENIDO PRÓLOGO (#u0c2f6c14-5a63-52e7-b402-07ca490fbc52) CAPÍTULO UNO (#u10d509c3-5963-5cd4-8ab8-897af39c321f) CAPÍTULO DOS (#ucdce4212-452b-54f2-b666-afeaee35426c) CAPÍTULO TRES (#u0968c238-7762-50e6-8215-4f1140c715be) CAPÍTULO CUATRO (#u16763aa9-8854-55d1-950f-57fc6a083997) CAPÍTULO CINCO (#u8561fb96-1927-5388-91d0-7043d95055cd) CAPÍTULO SEIS (#u8173fdf0-ae38-55ee-91d5-2029a3a94f3b) CAPÍTULO SIETE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO OCHO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO NUEVE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIEZ (#litres_trial_promo) CAPÍTULO ONCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DOCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TRECE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO CATORCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO QUINCE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECISÉIS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECISIETE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECIOCHO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO DIECINUEVE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTIUNO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTIDÓS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTITRÉS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTICUATRO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTICINCO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTISÉIS (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTISIETE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTIOCHO (#litres_trial_promo) CAPÍTULO VEINTINUEVE (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA (#litres_trial_promo) CAPÍTULO TREINTA Y UNO (#litres_trial_promo) PRÓLOGO Trabajar de niñera no era la vida que Kim Wielding se había imaginado para sí misma, pero en realidad era bastante agradable. Eso era bastante sorprendente, dado que había tenido una carrera en Washington, DC trabajando en campañas políticas y redactando discursos para candidatos desvalidos. Y había estado a punto de llegar a la cima. La vida a veces daba muchas sorpresas. Ahora que tenía treinta y seis años de edad, sabía que jamás cumpliría sus sueños. Por esta razón, los había reemplazado con otro sueño: escribir una gran novela americana en su tiempo de inactividad como niñera. Kim comenzó a trabajar de niñera después de que un candidato prometedor para el que había trabajado fue derrotado. Eso la hizo decidir tomarse un tiempo fuera. Y durante ese tiempo afuera, este empleo había caído en su regazo. Jamás había considerado cuidar niños, pero todo había resultado bien. Kim pensó en su primer trabajo como niñera mientras se encontraba sentada en la isla de cocina de la casa de Bill y Sandra Carver. Era difícil de creer que había sido hace más de diez años. Esos años habían difuminado sus recuerdos de su trabajo en DC, de escribir discursos esperanzadores y solo una pizca de falsedad. Tenía su portátil en frente. Ya llevaba cuarenta mil palabras de su libro. Suponía que le faltaba la mitad. Tal vez lo terminaría en aproximadamente seis meses. Todo dependía de lo que sucedía en las vidas de los tres hijos Carver. El hijo mayor, Zack, estaba en noveno grado y practicaba fútbol americano. El hijo intermedio, Declan, jugaba fútbol. Y si la más pequeña, Madeline, seguía con la gimnasia, Kim estaría muy ocupada durante los próximos meses. Cerró la tapa de su portátil y miró alrededor de la cocina. Estaba descongelando un pollo para la cena. Ya había limpiado los mostradores y lavado los platos y tenía la cuarta carga de ropa en la lavadora. Hasta que los niños llegaran a casa, no tenía más nada que hacer. Es por esa razón que había logrado trabajar en su libro durante cuarenta y cinco minutos. Miró el reloj y vio que el día había pasado volando, algo que estaba empezando a entender les pasaba bastante a las niñeras. Tenía que salir a recoger a los niños en la escuela en quince minutos… y esa era una verdadera hazaña, dado que la menor estaba en la escuela primaria, el intermedio en la escuela intermedia y el mayor en la escuela secundaria. Se tardaba más de una hora para recogerlos y traerlos a casa dado el tráfico. Sin embargo, sonaba peor de lo que era, ya que Kim había descubierto hace poco cuán maravillosos eran los audiolibros para matar tiempo durante viajes. Se levantó y fue a ver el pollo, el cual ya estaba casi completamente descongelado. Luego metió la ropa en la secadora y sacó todas las especias que necesitaría para preparar la cena. A lo que colocó el pimentón sobre el mostrador, alguien llamó a la puerta principal. Eso era bastante común en la casa de los Carver. Sandra Carver era una adicta a Amazon y Bill Carver siempre recibía planos. Kim agarró su bolso, decidiendo que iría a recoger a los niños luego de meter los paquetes. Abrió la puerta, su mirada yéndose directamente al suelo del porche en busca de una caja de Amazon. Es por eso que le tomó a su cerebro un segundo entender que había alguien frente a ella. Cuando levantó la mirada para ver su cara, su campo visual fue obstruido por… algo. Fuera lo que fuese, se estrelló contra su cabeza. Conectó justo entre los ojos, en el puente de su nariz. El chasquido dentro de su cabeza fue ensordecedor, pero apenas tuvo tiempo para notarlo ya que cayó al piso de madera de los Carver. Sintió sangre corriendo por su nariz mientras trataba de arrastrarse hacia atrás. La persona en el porche entró. Cerró la puerta detrás de ella. Kim trató de gritar, pero tenía demasiada sangre en la nariz, la cual estaba entrando en su garganta y boca. Tosió mientras la persona dio un gran paso adelante y volvió a alzar el objeto contundente. Kim se dio cuenta de que era un tubo mientras el dolor se extendió por su mente como un huracán. Y eso fue lo último que vio. Antes del golpe final, su mente se fue a un lugar extraño. Kim Wielding murió preguntándose qué pasaría con ese pollo, el cual seguía descongelándose en el fregadero de los Carver. CAPÍTULO UNO Debido al hecho de que su madre había muerto, su padre había sido encarcelado y sus abuelos las sobreprotegieron mucho, Chloe Fine a menudo prefería hacer las cosas sola. La gente a veces la consideraba una persona introvertida y eso no le molestaba en absoluto. Su personalidad la había ayudado a sacar excelentes notas en la escuela y también durante su entrenamiento del FBI. Pero esa personalidad también la había conducido a mudarse a su nuevo apartamento sola, sin nadie para ayudarla. Sí, podría haber contratado una empresa de mudanzas, pero sus abuelos le habían enseñado el valor del dinero. Y dado que tenía brazos fuertes y una mentalidad tenaz, había elegido mudarse sola. Después de todo, solo tenía dos muebles pesados. Todo lo demás sería fácil. Sin embargo, no fue así… Le costó mucho subir su cómoda por las escaleras aunque tuvo la ayuda de una carretilla y su apartamento solo quedaba en el segundo piso. Sí, lo había logrado, pero estaba segura de que se había lastimado la espalda. Lo último que subió fue la cómoda, ya que sabía que eso sería lo más difícil de toda la mudanza. No había empacado muchas cosas en cada caja, sabiendo que todo el trabajo lo haría sola. Supuso que podría haber llamado a Danielle y ella la habría ayudado, pero a Chloe nunca le había gustado pedirles favores a sus familiares. Chloe esquivó unas cuantas cajas de libros y cuadernos y se desplomó en el sillón que había tenido desde su segundo año en la universidad. La idea de llamar a Danielle para que la ayudara a desempacar y comenzar a ordenar todo le estaba comenzando a gustar. Las cosas no habían estado tan tensas entre las dos desde que Chloe había descubierto la verdad sobre lo que había pasado entre sus padres hace todos esos años, pero nada era perfecto. Las dos estaban muy conscientes del peso de la verdad de lo que su padre había hecho y los secretos que había estado guardando. Chloe sintió que ambas estaban lidiando con esos secretos a su forma y sabía que sus opiniones diferían. Lo que nunca se había atrevido a expresarle a Danielle era lo mucho que echaba de menos a su padre. Danielle lo había resentido desde su encarcelamiento. Pero Chloe había extrañado esa figura paterna en su vida. Ella había sido la que se había atrevido a esperar que tal vez la policía se había equivocado, que su padre no había matado a su madre después de todo. Y esa esperanza y creencia es lo que había dado lugar a esa pequeña aventura que habían vivido juntas que había culminado con la detención de Ruthanne Carwile y un punto de vista completamente distinto en el caso de Aiden Fine. Sin embargo, lo único contraproducente de todo es que ahora extrañaba a su padre aún más. Y sabía que si Danielle se enteraba, le parecería horroroso y tal vez incluso hasta masoquista. Aun así, quería llamar a Danielle para que juntas celebraran la pequeña victoria de mudarse a su nuevo apartamento. Solo era un pequeño apartamento de dos dormitorios en el vecindario Mount Pleasant de Washington, DC. Pequeño y apenas asequible, pero exactamente lo que había estado buscando. Llevaban dos meses sin verse, lo cual le parecía extraño dado lo que habían vivido juntas hace poco. Habían hablado por teléfono varias veces y, aunque había sido bastante agradable, también había sido muy superficial. Y Chloe no era buena para mantener las cosas superficiales. «A la mierda —pensó, buscando su teléfono—. ¿Qué daño podría hacer?» A lo que encontró el número de Danielle en su teléfono, comenzó a asimilar la realidad de la situación. Aunque solo habían pasado dos meses, eran personas diferentes ahora. Danielle estaba empezando a rehacer su vida. Tenía un trabajo bien pagado ahora, de barman y subgerente en un bar exclusivo en Reston, Virginia. Chloe todavía estaba tratando de asimilar que ya no estaba comprometida y no recordaba la última vez que había tenido una cita. «No puedes forzar esto con Danielle», pensó. Con el corazón agitado, Chloe hizo la llamada. Esperaba escuchar su buzón de voz. Así que cuando Danielle le atendió la llamada rápidamente, le sorprendió por completo. —Hola, Danielle. —Chloe, ¿cómo estás? —le preguntó. Era tan extraño oír a Danielle tan alegre. —Bien. Me mudé al apartamento hoy. Pensé en lo bonito que sería celebrarlo contigo entre copas de vino y una buena comida. Pero luego recordé tu nuevo trabajo… —Sí, aquí estoy —dijo Danielle con una risa. —¿Te gusta? —Chloe, me encanta. Aunque solo han pasado tres semanas, siento que nací para hacer esto. Sé que solo soy una barman, pero… —Bueno, también eres subgerente. —Sí. Tener ese cargo todavía me asusta. —Me alegra que te guste tu trabajo. —¿Y tú? ¿Cómo está el apartamento? ¿Cómo estuvo la mudanza? No quería decirle a Danielle que se había mudado sola, así que se decidió por la respuesta genérica. —Nada mal. Todavía tengo que desempaquetar, pero estoy contenta de estar aquí, ¿me entiendes? —Pronto iré a tomarme esas copas de vino contigo junto con una buena comida. ¿Y cómo va todo lo demás? —¿Honestamente? Danielle se quedó callada por un momento antes de preguntarle: —¿Qué pasa? —He estado pensando en papá. He estado pensando en ir a verlo. —¿Por qué diablos quieres hacer eso? —Quisiera tener una buena respuesta —dijo Chloe—. Después de todo lo que pasó, solo siento que tengo que hacerlo. Tengo que darle sentido a todo. —Dios mío, Chloe. Déjalo así. ¿No se supone que este nuevo trabajo tuyo te mantendrá ocupada resolviendo otros crímenes? Vaya, y eso que pensaba que yo era la que vivía en el pasado. —¿Por qué te molesta tanto que vaya a verlo? —preguntó Chloe. —Porque siento que ya le hemos dado suficiente de nuestras vidas. Y sé que si lo ves, mi nombre saldrá a relucir y yo preferiría que eso no sucediera. No quiero tener nada que ver con él, Chloe. Ojalá tú te sintieras igual. «Sí, yo deseo lo mismo», se dijo Chloe a sí misma. —Chloe, te amo, pero voy a colgar si sigues hablando de él. —¿Cuándo te toca trabajar? —preguntó Chloe. —Todas las noches de esta semana, excepto el sábado. —Tal vez pase a verte el viernes por la tarde para que me sirvas un trago especial. —Bueno, pero solo si no estás pensando en conducir a casa. Mis tragos son fuertes —dijo Danielle. —Está bien. —¿Y tú? ¿Cuándo comienzas tu nuevo trabajo? —Mañana por la mañana. —¿A mitad de semana? —preguntó Danielle. —Tengo una orientación. Pasaré todo el día en reuniones. —Estoy muy emocionada por ti —dijo Danielle—. Sé lo mucho que has deseado esto. Fue agradable escuchar a Danielle hablar tan bien de su trabajo. No solo eso, sino incluso fingir que estaba interesada en él. Hubo un momento pesado de silencio entre ellas, uno que afortunadamente terminó cuando Danielle dijo algo que era bastante fuera de lo común para ella. —Cuídate, Chloe. De tu trabajo… de todo. —Lo haré —dijo Chloe, el comentario tomándola por sorpresa. Danielle finalizó la llamada. Chloe se puso a mirar alrededor de su apartamento. Ya se estaba sintiendo en casa. «No hay nada como una conversación incómoda con Danielle para hacer que un lugar se sienta como en casa», pensó distraídamente. Chloe estiró la espalda, se bajó del sillón y se dirigió a la caja más cercana a ella. Comenzó a desempacarla y se puso a pensar qué sería de su vida si no descubría cómo reconciliar relaciones. Su hermana, su padre, su ex prometido… no tenía el mejor historial de mantener personas en su vida. Mientras pensaba en su ex prometido, encontró varias fotografías enmarcadas en el fondo de su primera caja. Había tres fotos en total, fotos de ella y Steven. Dos eran de los inicios de su relación. Pero la tercera era una foto que se habían tomado justo después de su compromiso… después de que le dijo que sí entre lágrimas. Sacó las fotos de la caja y las colocó sobre el mostrador de la cocina. Encontró su bote de basura en su habitación, al lado de su colchón. Tiró las fotos dentro del bote de basura. El sonido del vidrio rompiéndose fue demasiado agradable. «Qué fácil fue eso —pensó—. Ya quiero pasar página. Ahora, ¿por qué no puedes pasar página con todo el asunto de tu padre?» No tenía respuesta para eso. Y lo que la asustaba era que sentía que tenía que hablar con él para poder darle sentido a todo. Con ese pensamiento, el apartamento le pareció mucho más vacío que antes y Chloe se sintió muy sola. Eso la hizo ir al refrigerador y abrir la primera cerveza del paquete de seis que había comprado. Ella abrió la botella de cerveza, un poco alarmada por lo bien que se sintió el primer trago. Hizo todo lo posible para mantenerse ocupada hasta bien entrada la noche, no desempacando, sino abriendo cada una de las cajas, sacando las cosas y decidiendo si de verdad necesitaba cada cosa o no. Tiró el trofeo de debate que había ganado en la escuela secundaria en el bote de basura. Guardó el CD de Fiona Apple que había estado escuchando cuando perdió su virginidad en su segundo año en la escuela secundaria. No tiró ninguna de las fotos de su padre. Le dolió tirar sus cosas, pero se sintió mejor al respecto cuando llegó a su segunda botella de cerveza. Logró terminar solo dos cajas… y probablemente habría terminado al menos una más si no hubiera ido a la nevera y descubierto que se había tomado toda la cerveza. Miró el reloj de la cocina y jadeó ante lo que vio. Eran las 12:45 de la madrugada. «Y eso que iba a dormir bien esta noche antes de mi primer día», pensó. Pero aún más alarmante era el hecho de que estaba más molesta por el paquete vacío de cervezas que por tener una mañana potencialmente atontada en su primer día en el FBI. Se desplomó en la cama después de cepillarse los dientes, su habitación dando vueltas. Se dio cuenta de que lo que realmente había estado tratando de hacer esa noche era distraerse para no pensar en su padre. CAPÍTULO DOS Chloe no había estado segura de qué esperar cuando entró en la oficina central del FBI a la mañana siguiente. Pero lo que definitivamente no había esperado era ser recibida por un agente de más edad en el vestíbulo. Él la miró cuando entró y Chloe no supo qué hacer cuando se dio cuenta de que estaba caminando directamente hacia ella. Por un momento, pensó que era el agente Greene, el hombre que había servido como su instructor y compañero en el caso que la había llevado a descubrir la verdad sobre su padre. Pero cuando le echó un mejor vistazo, vio que era otro hombre. Parecía endurecido y hecho de piedra. —¿Chloe Fine? —preguntó el agente. —¿Sí? —El director Johnson quiere hablar contigo antes de la orientación. Eso la emocionó y la asustó. El director Johnson había hecho excepciones para ella cuando había estado trabajando con Greene. ¿Estaba teniendo dudas ahora? ¿Lo que ella había hecho en el caso lo había metido en problemas? No podría creer que había llegado tan lejos para que se le acabaran los sueños tan pronto. —¿Para qué? —preguntó Chloe. El agente se encogió de hombros, como si realmente no le importara. —Por aquí —dijo. La condujo a los ascensores y, por un momento, Chloe se sintió como si hubiera retrocedido en el tiempo. Podía verse a sí misma entrando en estos mismos ascensores hace poco más de dos meses con este mismo nudo de preocupación en su estómago, sabiendo que iba a reunirse con el director Johnson. Y al igual que la última vez, ese nudo de preocupación comenzó a extenderse al resto de su cuerpo mientras el ascensor subió. El agente cara de piedra la condujo por un pasillo. Pasaron varias oficinas y salas y el agente se detuvo en el ala de Johnson. La secretaria en su escritorio asintió con la cabeza y dijo: —Puedes pasar. Está esperándote. El agente cara de piedra asintió con la cabeza hacia la puerta de la oficina. Era evidente que no iba a entrar con ella. Haciendo todo lo posible para mantener la calma, Chloe se acercó a la puerta del director Johnson. «¿Qué es lo que temo? —se preguntó—. La última vez que fui llamada a su oficina, me fueron concedidas responsabilidades y deberes con los que la mayoría de los nuevos agentes ni sueñan.» Sin embargo, ese pensamiento no la ayudó a sentirse menos nerviosa. El director Johnson estaba sentado en su escritorio, leyendo algo en su ordenador portátil con atención cuando entró. Cuando levantó la mirada, toda su atención se fue a ella. Hasta cerró la computadora portátil. —Agente Fine —dijo—. Gracias por venir. Esto solo tomará un segundo. No quiero que te pierdas nada de tu orientación, la cual, para que sepas, será bastante rápida y fácil. A lo que oyó «agente Fine» se sintió muy emocionada, pero trató de no demostrarlo. Se sentó en la silla frente a su escritorio y sonrió. —No hay problema —dijo Chloe—. ¿Pasa algo? —No, no te preocupes —dijo Johnson—. Quería hablarte de algo. Tengo entendido que estarás trabajando con el Equipo de Evidencias. ¿Eso es algo que siempre has querido? —Sí, señor. Tengo un muy buen ojo para los detalles. —Sí, eso es lo que me han dicho. El agente Greene habló muy bien de ti. Y a pesar de los contratiempos, tengo que admitir que también estoy bastante impresionado. Tienes una confianza y certeza inquebrantable que es poco común en agentes nuevos. Y es por eso, y por los comentarios que recibí del agente Greene y de algunos de tus instructores de la academia, que quiero pedirte que reconsideres tu departamento de interés. —¿Tiene un departamento en particular en mente? —preguntó Chloe. —¿Estás familiarizada con el programa ViCAP? —¿El Programa de Aprehensión de Criminales Violentos? Sí, sé un poco de él. —El nombre se explica por sí solo, pero creo que también se presta a tu habilidad para la evidencia. Además, para serte sincero, el Equipo de Evidencia tiene un grupo bastante grande de agentes de primer año. En lugar de perderte en la multitud allí, creo que podrías encajar bien en el ViCAP. ¿Te interesaría eso? —Si le soy sincera, no sé. Nunca lo había pensado. Johnson asintió con la cabeza, pero Chloe estaba segura de que ya estaba decidido. —Quiero que lo intentes. Si después de unos días te das cuenta de que no es lo tuyo, me encargaré personalmente de que te admitan de nuevo al Equipo de Evidencias. Ella honestamente no estaba segura de qué decir o hacer. Sin embargo, lo que sí sabía era que se sentía bastante orgullosa del hecho que el director quería asignarla a un departamento basándose solamente en sus habilidades y retroalimentación positiva de sus colegas. —Sí, está bien —respondió Chloe finalmente. —Fantástico. Quiero asignarte a un caso. Empezarás a trabajar en él mañana. La policía de Maryland ha estado encargada del caso, pero llamaron esta mañana pidiendo ayuda. Trabajarás con una agente que no tiene compañera actualmente. El que le habían asignado llamó ayer para renunciar. —¿Puedo preguntar por qué? —Algunos de los crímenes asignados al programa tienden a ser un poco espantosos. Eso pasa a veces con las nuevas reclutas… Pasan el entrenamiento viendo casos ejemplo y escenarios de la vida real. Pero, al final, es demasiado para ellos saber que estarán trabajando en casos como ese. Chloe no dijo nada. Trató de imaginarse tener que renunciar de esa forma, pero no pudo. Había estado esperando un trabajo como este desde que supo la diferencia entre el bien y el mal. —¿Necesitaré alguna formación adicional? —Recomendaría más capacitación en el uso de armas de fuego —dijo Johnson—. Me aseguraré de que la recibas. Tus puntuaciones anteriores de armas de fuego se ven muy bien, pero es posible que necesites tener más en ViCAP, si es que decides quedarte en ese programa. —Comprendo. —Bueno, a menos que tengas alguna pregunta, supongo que puedes irte a tu orientación. Empieza en tres minutos. —No tengo preguntas. Y gracias por la oportunidad. Y la confianza. —No hay de qué. Yo me encargo de todo el papeleo y alguien te llamará para hablarte de tu asignación antes de que finalice el día. Y agente Fine… tengo un buen presentimiento sobre esto. Creo que serás excelente para el ViCAP. Mientras Chloe se levantaba para salir de su oficina, se dio cuenta de que nunca había sido muy buena para aceptar cumplidos. Tal vez era porque nunca había recibido muchos de ellos durante su vida. Así que simplemente sonrió torpemente e hizo su salida. Ya no sentía el nudo de nerviosismo. Ahora ese nudo había sido reemplazado por una sensación victoriosa que la hizo sentirse como si sus pies no estuvieran siquiera tocando el piso. *** La orientación fue exactamente como había esperado. Consistió en una lista de reglas de conducta que unos cuantos agentes experimentados compartieron con ellos. Hubo ejemplos de casos que habían salido mal, de casos tan malos que algunos agentes habían renunciado por ellos e incluso suicidado por ellos. Los instructores hablaron de niños asesinados y violadores en serie que aún no habían sido detenidos. Chloe escuchó pequeños murmullos de conversación incómoda en la multitud. Dos asientos a su izquierda, escuchó a una mujer susurrándole al hombre a su lado. —Al parecer, mi compañero oyó estas historias antes que nosotros. Por eso renunció. Lo dijo de una manera malintencionada que molestó a Chloe al instante. «Con la suerte que tengo, esta será mi nueva compañera», pensó Chloe. La conferencia terminó antes de la hora del almuerzo. Los instructores en el escenario separaron la multitud en departamentos específicos. Cuando Chloe escuchó Equipo de Evidencias, sintió una pequeña punzada de dolor. Vio a las veinte reclutas caminar hacia el escenario y colocarse en el lado derecho. Sabiendo que se suponía que debía estar entre sus números la hizo sentirse un poco aislada, sobre todo cuando vio que algunos de los agentes parecían ya haber hecho amistades. Cuando los agentes del Programa de Aprehensión de Criminales Violentos fueron llamados, se levantó de su asiento y se dirigió hacia el escenario. La multitud con la que caminaba era más pequeña que la del Equipo de Evidencias. Incluida ella misma, contó solo nueve personas. Y una de ellas era la mujer que había hecho el comentario malintencionado sobre su compañero que había renunciado. Estaba tan concentrada en esta mujer que no notó al hombre que se puso a su lado mientras se abrían paso al escenario. —No sé tú —dijo el hombre—, pero siento que necesito esconderme. Ser parte de un programa con la palabra violentos en ella… me hace pensar que la gente me está juzgando. —No lo había visto de esa forma —dijo Chloe. —¿Y tú eres violenta? El hombre lo preguntó con una sonrisa, y esa sonrisa de alguna manera la ayudó a darse cuenta de lo bien parecido que era. Por supuesto, su comentario había ayudado en eso. —No que yo sepa —respondió ella con torpeza cuando llegaron al lugar donde su grupo estaba reunido. —De acuerdo —dijo el instructor, un señor mayor vestido con unos jeans y una camiseta negra—. Primero almorzaremos y luego nos reuniremos en la sala de conferencias número tres para repasar algunos detalles y hacer una sesión de preguntas y respuestas… Sin embargo, antes de todo eso... — Hizo una pausa y ojeó una hoja de papel, desplazándose por ella con su dedo—. ¿Chloe Fine está aquí? —Sí, aquí estoy —dijo Chloe, sintiéndose muy incómoda. —Necesito hablar contigo. Chloe se dirigió hacia el instructor y vio que el caballero también estaba haciéndole señas a otra agente para que se acercara. —Agente Fine, veo que eres una nueva adición a ViCAP, recomendada directamente por el director Johnson. —Eso es correcto. —Es bueno tenerte. Ahora quiero que conozcas a tu compañera, la agente Nikki Rhodes. Hizo un gesto hacia la otra agente. Efectivamente, era la mujer malintencionada de antes. Nikki Rhodes le sonrió a Chloe de una forma que dejó claro que ella sabía que era hermosa. Y Chloe tuvo que admitirlo. Era alta, con piel perfectamente bronceada, ojos azules brillantes, y cabello rubio demasiado liso. —Mucho gusto —dijo Rhodes. —Igualmente —dijo Chloe. —Ahora vayan a almorzar —les dijo el instructor—. Según tengo entendido, empezarán a trabajar en un caso mañana temprano. Ambas fueron las mejores en sus clases, por lo que espero grandes cosas de ustedes. Rhodes le sonrió y Chloe supo que la sonrisa era falsa. Ella odiaba asumir automáticamente que alguien no era una persona genuina o auténtica, pero sus instintos siempre habían dado en el clavo respecto a cosas como esa. El instructor se había vuelto para dirigirse de nuevo al grupo, dejando a las dos mujeres a solas. A lo que vio que su supervisor ya no las estaba mirando, Rhodes se dio la vuelta y se alejó sin decir más. Chloe se quedó allí por un momento para calmarse. Había despertado esta mañana emocionada por empezar su carrera como agente del Equipo de Evidencias. Ya había tenido todo su futuro previsible planeado. Y ahora se encontraba en un departamento con el cual no estaba familiarizada, asignada a una compañera maliciosa. —No parece muy agradable, ¿cierto? —dijo alguien detrás de ella. Se dio la vuelta y vio al hombre que había caminado con ella hasta el escenario, el guapo que le había preguntado si era violenta. —No, para nada. —Pues estuvo en casi todas mis clases en la academia —le dijo—. Fue miserable. Hablando de eso… no recuerdo haberte visto en ninguna de mis clases. —Sí… soy nueva. Fui asignada al departamento esta mañana. Se vio muy en shock en ese momento. Luego dijo: —Ah, está bien. Bueno, bienvenida a ViCAP. Soy Kyle Moulton y si tu nueva compañera no quiere almorzar contigo, pues yo sí. —Gracias —dijo Chloe, caminando detrás del resto del grupo—. Igual nada está saliendo según lo previsto hoy. Moulton se limitó a asentir mientras salían del auditorio. Aunque Moulton era un extraño, fue bueno caminar a su lado para el almuerzo que les esperaba. Temía que el hecho de tener que entrar en este futuro incierto completamente sola podría hacerla replantearse todo. —Los planes están sobrevalorados de todos modos —dijo Moulton. —No para mí. Los planes significan estructura. Los planes significan previsibilidad. —Nuestros trabajos no son nada previsibles —bromeó Moulton. Chloe sonrió y asintió con la cabeza, dándose cuenta de que nunca lo había visto de esa forma. Francamente, eso la asustaba un poco, aunque no tenía sentido. Su vida siempre había sido impredecible, así que ¿por qué había esperado que su carrera fuera diferente? Afortunadamente, había aprendido a lidiar con los golpes de la vida. Y si la perra de Nikki Rhodes trataba de interponerse en su camino, la pasaría bien mal. CAPÍTULO TRES A la mañana siguiente, Chloe fue despertada con la desagradable sorpresa de cómo sería su carrera. Uno de los ayudantes que trabajaban bajo la dirección de Johnson la llamó a las 5:45 de la mañana. Apenas había logrado saludar a la persona antes de que el hombre al otro lado de la línea empezó a hablar. —Habla el subdirector García. ¿Estoy comunicado con la agente Chloe Fine? —Sí. Ella se sentó en la cama, su corazón latiendo con fuerza de la adrenalina. —Tienes que encontrarte con la agente Rhodes en Bethesda a las siete de la mañana. Van a trabajar en lo que creemos es un caso bastante claro de violencia pandillera, probablemente de la MS-13. Si tienes alguna pregunta, llámame a este número. Le daré la misma información a la agente Rhodes. A lo que cuelgue, te enviaré la dirección por mensaje de texto. ¿Tienes alguna pregunta, agente Fine? Chloe estaba segura de que tenía varias preguntas, pero decidió no hacerlas. —No, señor. —Excelente. Sé inteligente y mantente a salvo, agente Fine. Y eso fue todo. Así fue como obtuvo su primera asignación. Sabía que no sería asignada a otros casos de esa forma en el futuro ya que se lo habían dicho en la orientación. Aun así, fue una excelente forma de empezar su primer día de trabajo. Se había duchado y sacado su ropa la noche anterior para asegurarse de no llegar tarde. Se vistió, cogió un bagel con queso crema y ​​se sirvió un termo de café. Durante todo esto le llegó el mensaje de texto del subdirector García, dándole la dirección en Bethesda. Chloe llegó a su auto solo quince minutos después de haber recibido la llamada. Ya había estado en Bethesda, Maryland, varias veces, así que sabía que le tomaría menos de media hora en llegar, sobre todo porque saldría temprano y no tendría que lidiar con el tráfico. Una vez que salió de las calles de DC a la autopista, colocó la dirección en su GPS y vio que estaba solo a veintidós minutos. Sintió ganas de llamar a Danielle. Este era uno de los momentos más memorables y significativos de su vida y sintió la necesidad de compartirlo con alguien. Pero sabía que Danielle todavía estaría durmiendo y que probablemente no entendería su emoción. Chloe lo entendía. Tenían diferentes intereses y pasiones, y ninguna de las dos era buena para fingir entusiasmo. Llegó a la dirección dos minutos antes que la hora que el GPS había indicado. Estaba en un edificio de departamentos deteriorado de un solo piso, del tipo que normalmente era visitado por la policía al menos una docena de veces durante un fin de semana por violencia, drogas, asalto sexual y casi cualquier otra cosa imaginable. Había esperado llegar allí antes que Rhodes, pero le desanimó un poco ver que la otra agente no solo estaba allí, sino que ya estaba subiendo los escalones a la escena del crimen. Molesta, se estacionó en la calle y caminó rápidamente por la acera. Llegó al porche justo cuando Rhodes terminó de abrir la puerta para entrar. —Buenos días —dijo Rhodes con falsedad. —Buenos días. Llegaste muy rápido. Rhodes se encogió de hombros y dijo: —No me lleva mucho tiempo prepararme por las mañanas. No te preocupes, agente Fine. Esto no es una carrera. Cuando entraron, vieron a un hombre parado en el medio de la pequeña sala de estar desordenada. Se volvió hacia ellas y su mirada se fijó en la agente Rhodes por un momento. Ella llevaba pantalones negros muy modestos y un top blanco conservador. Su cabello estaba liso y aunque había dicho que le tomaba muy poco tiempo prepararse por las mañanas, era obvio que se había maquillado antes de venir. —¿Ustedes son del FBI? —preguntó el hombre. —Sí —dijo Chloe rápidamente, para que el hombre captara que ella también estaba presente, no solo la otra agente rubia, bonita y alta. —Agentes Rhodes y Fine —dijo Rhodes—. ¿Y tú eres? —Detective Ralph Palace, del Departamento de Homicidios de Maryland. Solo estoy tomando algunas notas finales, ya que tengo entendido que este caso es de ustedes ahora. —Háblanos del caso —dijo Chloe. —Es bastante básico. Asesinato relacionado con pandillas. La MS-13 tiene una gran presencia en esta zona, así que suponemos que es la culpable. Los cuerpos de un esposo, esposa e hijo de trece años de edad fueron retirados ayer en la tarde, después de siete horas de la policía haber recibido la llamada. Algunos vecinos llamaron y reportaron que escucharon disparos, y el lugar terminó así. —Agitó los brazos por el apartamento para indicar el desorden—. La policía descubrió que el padre de familia estuvo involucrado con la pandilla rival, los Binzos. —¿Si la pandilla MS-13 está implicada, por qué el ICE no está trabajando en este caso? —preguntó Chloe. —Porque no se ha demostrado eso aún —dijo Palace—. Tenemos que estar bastante seguros respecto a los crímenes de pandillas relacionados con inmigrantes. De lo contrario, podríamos tener que lidiar con demandas y quejas sobre el trato injusto de grupos étnicos. —Negó con la cabeza y suspiró—. Así que sería genial si pudieran descubrir qué fue lo que pasó. Luego, el hombre se dirigió a la puerta principal y sacó una tarjeta de presentación de su cartera. No fue nada sorprendente que se la entregó directamente a Rhodes antes de decir: —Llámame si necesitas algo más. Rhodes no se molestó en responderle mientras se metió la tarjeta en el bolsillo. Chloe supuso que ya estaba acostumbrada a que los hombres se la comieran con los ojos. Estaba segura de que este encuentro con el detective Palace había sido solo un momento tedioso más. Chloe se tomó un momento para mirar alrededor del lugar. Alguien había volcado la mesa de centro. Algo, al parecer un refresco oscuro, había sido derramado de la mesa durante el tumulto. El líquido oscuro se había mezclado con lo que parecía sangre en la alfombra que cubría toda la sala hasta la cocina contigua. Había más sangre salpicada en las paredes. También vio sangre en el piso de linóleo en la cocina. —¿Cómo quieres dividir las tareas? —preguntó Rhodes. —No sé. Si hubo disparos, es probable que una perforó una de las paredes del piso. Y dado lo desordenado que está el lugar, no fue un tiroteo simple. Hubo forcejeo. Y eso me dice que es probable que haya huellas dactilares en algún lugar. Rhodes asintió. —También tenemos que averiguar cómo entró el asesino. ¿Le echaste un vistazo a la puerta principal? No hay señales de allanamiento de morada. Eso quiere decir que uno de los familiares dejó entrar al culpable, tal vez alguien que conocían bien. Chloe estaba de acuerdo con todo esto y se encontró impresionada con Rhodes y la forma en que ya había comprobado la puerta siquiera antes de entrar. —¿Por qué no echas un vistazo afuera para ver si ves alguna señal de allanamiento de morada? —sugirió Rhodes—. Voy a ver si puedo descubrir qué armas fueron utilizadas aquí. También veré si hay fragmentos de bala o algo por el estilo. Chloe asintió con la cabeza, pero ya estaba sintiendo que Rhodes estaba haciendo todo lo posible para dirigir la investigación. Chloe se lo tomó bien, sin embargo. Basándose en lo que Palace les había dicho, y el hecho de que este había sido asignado a dos nuevas agentes con la supervisión de un subdirector, sabía que era considerada una tarea de poca monta en el gran esquema de las cosas. Rhodes quería entrar en un juego de poder, pero no dejaría que eso la inquietara. No todavía, de todos modos. Chloe salió de la casa, imaginándose todo el escenario en su cabeza. Si el asesino era alguien que la familia conocía, ¿por qué hubo un forcejeo? Si el asesino había utilizado una pistola, tres tiros uno detrás del otro no habría permitido mucho tiempo para un forcejeo. Pero la puerta no se veía forzada. Así que una entrada forzada era mucho más probable. Pero si el asesino no allanó la morada por la puerta principal, entonces ¿por dónde? Caminó lentamente alrededor del edificio, dándose cuenta que en realidad no era ningún edificio de departamentos. Se sintió segura de que se trataba de una vivienda urbana de las que el gobierno construía para la gente necesitada. Estaban en el último de otros cuatro edificios idénticos, separados por hierba casi muerta. No encontró nada en el lado izquierdo. Solo encontró un pequeño tanque de gas y un grifo roto donde una manguera de agua estaba enrollada inútilmente en el suelo. Pero cuando dio la vuelta, vio varias cosas. En primer lugar, había tres ventanas. Una miraba a la cocina y las otras dos miraban a los dormitorios. También había unas escaleras de hormigón que conducían a una puerta trasera. Comprobó esta puerta y la encontró cerrada con llave. Daba a un área muy pequeña que parecía haber servido como un cuartito de la entrada. Encontró unos pares de zapatos sucios en el suelo y un abrigo sucio hecho jirones colgaba de un gancho en la pared. Comprobó la puerta y el marco y no vio nada fuera de lugar. No parecía forzada. Volvió a cada ventana, en busca de algo sospechoso, y definitivamente encontró algo cuando miró la tercera ventana, la cual daba al dormitorio principal. Vio que le faltaban dos trozos de madera al marco. Uno era en el borde inferior, donde el marco tocaba el borde del vidrio. El otro estaba a lo largo de la parte superior de la parte inferior del marco. Lo que había astillado la madera había hecho que una grieta se formara en el vidrio. No quería tocar nada por miedo a dañar cualquier huella que pudo haber quedado atrás. Pero a lo que se puso en puntillas, vio que esa grieta en la madera le hubiera permitido a alguien de afuera abrir el pestillo de la ventana. Volvió a entrar por la puerta trasera y se dirigió al dormitorio principal. No encontró ninguna señal que indicara que alguien había entrado por la ventana. Pero también sabía que era posible que levantaran huellas de la ventana, lo que indicaría lo contrario. —¿Qué estás haciendo? Se dio la vuelta y vio a Rhodes parada en la puerta de la habitación. Tenía una mirada escéptica en su cara mientras estudiaba a Chloe. —Esta ventana ha sido manipulada desde afuera —dijo Chloe—. Tenemos que levantar huellas. —¿Tienes guantes para pruebas? —preguntó Rhodes. —No —dijo Chloe. Eso le pareció irónico. Si hubiera comenzado su día como miembro del Equipo de Evidencias, los tendría encima. Pero como Johnson la había cambiado de departamento ayer, no se le había ocurrido traer nada para recolectar pruebas. —Tengo unos en mi auto —dijo Rhodes antes de tirarle unas llaves con una mirada de fastidio—. En la guantera. Y por favor cierra el auto con llave cuando termines. Chloe murmuró unas gracias cuando pasó a Rhodes para salir del dormitorio. Se preguntó por qué Rhodes mantendría guantes para pruebas en su auto. Según tenía entendido, a cada agente se le suministraría el equipo y los materiales apropiados para cualquier caso. ¿A Rhodes ya le habían entregado los materiales necesarios? ¿Su adición tardía al programa ViCAP ya le estaba comenzando a pasar factura? Salió y encontró una caja de guantes de látex en la guantera de Rhodes. También encontró un kit de pruebas, el cual también se llevó. Era un pequeño kit de emergencias, pero era mejor que nada. Y aunque demostraba que Rhodes estaba preparada, también indicaba que no tenía ninguna intención de ayudar a Chloe. ¿Por qué mantener en secreto que tenía guantes y un kit de pruebas en su guantera a menos que ella hubiera planeado quedárselos? Decidida a no dejarse abrumar por tales detalles, Chloe se colocó los guantes mientras caminó de regreso al departamento. Chloe le entregó el kit de pruebas a Rhodes a lo que pasó por su lado y le dijo: —Supuse que también lo necesitaríamos. Rhodes la miró feo mientras Chloe se dirigió a la ventana. Chloe verificó el área astillada y se dio cuenta de que tenía razón. Le permitiría a alguien de afuera aplicar suficiente fuerza para abrir el pestillo. —¿Agente Fine? —dijo Rhodes. —¿Sí? —Sé que no nos conocemos, pero te diré esto lo más amable posible. ¡Cuidado con lo que estás haciendo! Chloe se volvió hacia Rhodes y le dio una mirada desafiante: —¿Disculpa? —¡Mira la alfombra bajo tus pies por el amor de Dios! Chloe bajó la mirada y el corazón le dio un vuelco. Había una pisada parcial allí. Estaba hecha de lo que parecía ser polvo y barro. Y ella la había pisado. «¡Mierda!», pensó. Dio un paso atrás rápidamente. Rhodes tomó su lugar en la ventana, arrodillándose para mirar la huella. —Espero no la hayas arruinado —espetó. Chloe se tragó la réplica que tenía en la punta de la lengua. Después de todo, Rhodes tenía razón. Había pasado por alto algo tan obvio como una pisada. «Es porque no estoy concentrada —pensó—. Tal vez el hecho que Johnson me cambió de departamento me está afectando.» Pero sabía que esa era una mala excusa. Después de todo, lo único que habían hecho en esta escena del crimen era recopilar pruebas… que era lo que había querido hacer después de todo. Sintiéndose avergonzada y enfurecida, Chloe salió de la habitación para calmarse. —Dios mío —dijo Rhodes mientras miraba la pisada—. Fine, inspecciona la casa a ver qué más encuentras. Hay agujeros de bala en la pared de la cocina que aún no he inspeccionado. Veré si puedo salvar esta pisada. Chloe tuvo que volver a morderse los comentarios que tenía en la punta de la lengua. Sabía que no tenía razón, y eso significaba que tenía que pasar por alto la irascibilidad de Rhodes. Así que guardó silencio mientras se dirigió hacia la zona central de la vivienda, con la esperanza de encontrar algo para redimirse. Fue a la cocina y vio los agujeros de bala que Rhodes había mencionado. Vio los cartuchos en cada agujero, a varios centímetros de profundidad en el yeso. Estaba segura de que sería capaz de descubrir qué tipo de arma había sido utilizada basándose únicamente en eso. Estos agujeros de bala eran pistas fáciles que les darían información suficiente para mantener el caso viento en popa. «Tal vez encuentre otra cosa», pensó. Se dirigió de nuevo al pasillo y se detuvo donde conectaba con la sala de estar. Si el asesino había entrado por la ventana del dormitorio principal, el tiroteo probablemente había comenzado aquí. La falta de sangre y caos en el dormitorio indicaba que nada violento había sucedido allí. Miró hacia el sofá y vio el chorro de sangre en el piso delante de él. «Ese probablemente fue el primer disparo», pensó. Observó la distribución del lugar y vio todo en su cabeza. El primer disparo había matado a alguien en el sofá. Eso hizo que la persona que estuvo sentada en el sofá saltara rápidamente, tal vez tumbando la mesa de centro. La persona tal vez tropezó con ella o trató de saltar sobre ella. La sangre y el refresco al otro lado de la mesa de centro indicaban que esta persona no sobrevivió. Caminó lentamente a la sala de estar, siguiendo el camino que asumía las balas habían seguido. La cantidad de sangre seca en la parte trasera del sofá la hizo entender que la persona que había estado sentada allí murió al instante. No vio ningún orificio de salida, lo que indicaba que la bala se había alojado en la cabeza de la víctima. Vio dos agujeros de bala en la pared de la cocina, aproximadamente a siete centímetros de distancia. Podía verlos desde el sofá. Pero si había dos balas perdidas allí, quizás había más en otra parte. Si encontraba más, eso le daría una idea más clara de los acontecimientos. Se acercó a la mesa de centro y se puso en cuclillas. Si alguien había tropezado aquí antes de ser disparado, el asesino habría apuntado hacia abajo. Miró a su alrededor pero no vio más balas perdidas. El asesino aparentemente había alcanzado su objetivo. Sin embargo, vio algo que ni siquiera había estado buscando. Había un pequeño escritorio empujado contra la pared a su derecha. Sobre el escritorio había un tazón decorativo y una foto enmarcada. Entre las patas del escritorio había una cesta de mimbre con correo y libros antiguos. Entre esa cesta y las patas traseras del escritorio, había un teléfono celular. Ella lo recogió y vio que era un iPhone. Lo encendió y la pantalla se iluminó. La pantalla de bloqueo era una imagen de la Pantera Negra. Presionó el botón de inicio, esperando la pantalla de desbloqueo. Cuando no apareció, se sorprendió. «Este debe haber sido el teléfono del hijo —pensó—. Y tal vez los padres habían hecho algo para tener acceso a él todo el tiempo,» Le tomó un momento entender lo que estaba viendo. Vio la cara de un niño pequeño con algunas características zombis extrañas dibujadas sobre él. Verificó los bordes de la pantalla y luego vio que era una foto de Snapchat. Estaba mirando un video (o un «snap») que aún no había sido enviado. —Mierda —susurró. Entonces notó lo caliente que se sentía en el teléfono. Miró el indicador de batería en la esquina superior derecha y vio que el celular estaba a punto de descargarse. Corrió hacia el pasillo con el teléfono. —Rhodes, ¿ves un cargador de teléfono ahí? —gritó. —Sí —respondió Rhodes luego de un minuto—. En la mesita de noche. Para cuando Rhodes terminó de hablar, Chloe ya había llegado al dormitorio. Vio el cargador que Rhodes había mencionado y corrió hacia él. —¿Qué pasa? —preguntó Rhodes. Chloe no pudo evitar pensar: «No me extraña que quieras saberlo, perra». Pero no dijo nada mientras enchufó el cargador en el teléfono celular. —Creo que el hijo estaba usando Snapchat cuando el asesino entró. Y creo que estaba a punto de enviarle un «snap» a un amigo, pero nunca tuvo la oportunidad. Reprodujo el video que había estado en la pantalla cuando encontró el teléfono. Era de un joven de tal vez doce o trece años. Tenía la lengua afuera, su cara tapada con la animación de zombi. En cuestión de dos segundos, el primer disparo sonó. El teléfono fue zarandeado y luego se escuchó un segundo disparo. El muchacho al parecer cayó al suelo, el teléfono fue zarandeado de nuevo, y luego la pantalla se volvió a poner negra. Ahí es donde terminó el «snap». Solo duró unos cinco segundos. —Vuelve a reproducirlo —dijo Rhodes. Chloe volvió a reproducir el video, esta vez prestando atención a los momentos en el que el celular había sido zarandeado. Por aproximadamente un cuarto de segundo, vio la figura de una persona en el pasillo entrando a la sala de estar. Fue breve, pero igual se vio. Y como el celular era un modelo bastante nuevo, la imagen era bastante clara. Chloe no pudo distinguir una cara con su ojo no entrenado, pero sabía que el FBI no tendría ningún problema para hacer un análisis minucioso de las secuencias de video. —Esta es la pista definitiva —dijo Rhodes—. ¿Dónde encontraste el teléfono? —Debajo del escritorio empujado contra la pared en la sala de estar. Chloe sabía que Rhodes estaba emocionada por el hallazgo, pero no quería darle demasiado crédito. En cambio, asintió y volvió a su trabajo, tratando de levantar huellas debajo de la ventana. Ambas sabían que, gracias al video de Snapchat, su trabajo casi estaba hecho. Tenían la prueba perfecta y ahora lo único que les faltaba era terminar todo el proceso. Chloe supuso que debía seguir la corriente y no provocar más tensiones entre ellas. Se llevó el celular consigo a la sala de estar. Ella cruzó la cocina y se puso a excavar las balas de la pared. Pero sabía que la clave del caso era el teléfono celular y que ayudaría a enjuiciar al asesino de esta familia. En su subconsciente, no pudo evitar pensar que esto era demasiado fácil. CAPÍTULO CUATRO Volvieron a la sede del FBI dos horas después con lo que Chloe sintió eran más que suficientes pruebas para tener a un sospechoso en custodia antes de que finalizara el día. El video de Snapchat era la mejor prueba que habían encontrado, pero también habían logrado encontrar dos huellas dactilares sólidas, la pisada en la alfombra de la habitación y dos pelos en la parte inferior de la ventana de la habitación. Le presentaron sus hallazgos al subdirector García en una mesa pequeña de una sala de conferencias en el fondo de su oficina. Cuando Chloe le mostró lo que había encontrado en el teléfono celular, lo vio tratando de contener una sonrisa de satisfacción. También parecía contento por lo bien que Rhodes había embolsado y catalogado todas las pruebas que habían encontrado. «Tal vez deberían cambiarla al Equipo de Evidencias si creen que es tan buena», pensó Chloe de forma venenosa. —Muy buen trabajo —dijo García, levantándose de la mesa y mirándolas con orgullo—. Trabajaron rápido y de forma exhaustiva. Estoy seguro de que lograremos arrestar al culpable con todas estas pruebas. Las dos agentes le dieron las gracias. Chloe se sintió un poco mejor al ver que a Rhodes también le incomodaba recibir cumplidos. —Agente Fine, recibí una llamada del director Johnson justo antes de que entraran. Quiere reunirse contigo dentro de quince minutos. Agente Rhodes, dirígete al laboratorio para que puedas ser testigo de lo que pasa con las pruebas cuando son traídas. Rhodes asintió con la cabeza, aun haciendo el papel de buena estudiante. Chloe se sentía asustada. Cuando se reunió con Johnson ayer, la sorprendió mucho con su decisión. ¿Qué tenía planeado ahora? Se guardó sus preguntas mientras caminó por el pasillo hacia su oficina. Cuando llegó a la pequeña recepción, vio que la puerta estaba cerrada. Su secretaria le hizo un gesto a una de las sillas a lo largo de la pared mientras hablaba con alguien por teléfono. Chloe se sentó y finalmente se tomó un momento para reflexionar sobre lo que este día había significado para ella y su carrera. Por un lado, había descubierto una prueba importante que probablemente conllevaría a la detención de un pandillero que había matado a una familia entera. Pero también había cometido un error de novata dado que casi había arruinado una pisada decente. Supuso que no importaría mucho gracias al video de Snapchat. Aun así, estaba muy avergonzada por la forma en que Rhodes le había gritado por eso. Supuso que debía esperar que la gran prueba que había encontrado compensara su error. Cuando se abrió la puerta de la oficina de Johnson, sus pensamientos se desvanecieron. Miró hacia la puerta y vio a Johnson asomar la cabeza. La vio y ni siquiera dijo nada. Solo le hizo señas para que entrara en la oficina. Era imposible saber si estaba molesto o simplemente apurado. Entró en su oficina y cuando Johnson cerró la puerta detrás de ella, le hizo un gesto hacia la silla en el otro lado de la mesa, un lugar que se estaba volviendo más y más familiar para Chloe. Cuando se sentó detrás de su escritorio, Chloe finalmente pudo leer su expresión. Estaba bastante segura de que estaba irritado por algo. —Debes saber —dijo el director Johnson— que acabo de hablar por teléfono con la agente Rhodes. Me contó que básicamente pisoteaste una pisada en la escena del crimen. —Eso es cierto. Él asintió con la cabeza, decepcionado, y dijo: —Estoy indeciso, porque, por un lado, ella es igual de novata que tú. Y el hecho de que me haya llamado para acusarte me molesta. Pero, al mismo tiempo, me alegra que lo haya hecho. Supongo que tienes claro que yo no llamo a cada agente que comete un error a mi oficina para preguntarle qué pasó. Pero pensé que debería consultar contigo dado que te cambié de departamento a último minuto. ¿Sientes que te desconcentré? —No. Simplemente pasé la pisada por alto. Estaba tan concentrada en la ventana que ni siquiera la vi. —Eso es comprensible, pero un poco torpe. El subdirector García me dice que encontraste una prueba que debería conducir directamente a un arresto, un teléfono móvil con una ventana abierta de Snapchat. ¿Eso es correcto? —Sí, señor. Y por razones que no entendía, tenía ganas de añadir: —Pero cualquiera podría haberlo encontrado. Fue pura suerte. —Me considero un hombre bastante indulgente —dijo Johnson—. Pero tienes que saber que errores como el de la pisada podrían tener graves consecuencias. Por ahora, sin embargo, quiero que trabajes con Rhodes en otro caso. ¿Te molesta seguir trabajando con ella? Tenía la palabra «sí» en la punta de la lengua, pero no quería parecer mezquina. —No, creo que puedo lidiarla. —Miré los expedientes de Rhodes. Sus instructores dijeron que es increíblemente astuta, pero que tiene una tendencia a tratar de hacer las cosas por su cuenta. Así que mi consejo sería no dejar que tome todo el control de un caso. «Sí, lo vi con mis propios ojos», pensó Chloe. —Y, para ser justo, le dije que no debería hacer eso —continuó—. También le dije que no aprecio cuando los nuevos agentes trataban de lanzar a otros a los leones. Así que espero que se comporte en el próximo caso. El subdirector García y yo estaremos supervisando todo de aquí en adelante, solo para asegurarnos de que todo se haga a rajatabla. —Está bien. Aprecio eso. —Aunque casi arruinaste una pisada, creo que hiciste un buen trabajo hoy. Quiero que pases el resto del día escribiendo un informe sobre la escena del crimen y tus interacciones con la agente Rhodes. —Sí, señor. ¿Algo más? —Eso es todo por ahora. Solo… como te dije… si comienzas a sentir que mi cambio de última hora está afectando su trabajo, házmelo saber. Ella asintió mientras se levantaba. A lo que salió de la oficina, se sintió como si acabara de esquivar una bala, como una niña que había sido llamada a la oficina del director pero que no se había metido en problemas. No obstante, el hecho de que Johnson la había felicitado por lo que había hecho la reconfortaba. Regresó a su pequeño espacio de trabajo, un cubículo sencillo, su cabeza dando vueltas. Se preguntó si era la primera vez que una nueva agente era llamada a la oficina del director dos veces en menos de cuarenta y ocho horas. La hacía sentirse eufórica y de alguna forma minuciosamente escrudiñada. Mientras esperaba el ascensor, vio a otro agente girar en la esquina. Chloe reconoció el rostro del pequeño grupo de agentes que habían estado en el grupo ViCAP el día anterior. —Eres la agente Fine, ¿cierto? —le dijo con una sonrisa. —Sí —respondió ella, insegura de qué trataría esta conversación. —Soy Michael Riggins. Me acabo de enterar del caso que les asignaron a Rhodes y tú. Asesinato familiar relacionado con pandillas. Se dice que pronto arrestarán a alguien. Eso tiene que ser un récord. —No tengo idea —dijo Chloe, aunque sí se sentía que todo había pasado muy rápido. —Oye, sabes, no todos los agentes novatos pudieron salir al campo hoy —dijo Riggins—. Algunos estaban sumidos en investigación o papeleo. Creo que algunos de nosotros iremos a tomarnos unos tragos después del trabajo hoy. Deberías acompañarnos. Iremos al Bar Reed’s, el que está a dos cuadras de aquí. Tu historia de éxito definitivamente nos levantaría el ánimo. Pero no invites a Rhodes. Al parecer no le agrada a nadie. Chloe sabía que era mezquino, pero no pudo evitar sonreír ante el comentario. —Quizá pase por allá —le dijo. Esa fue la mejor respuesta que pudo dar… Era mucho mejor que explicarle que ella era muy introvertida y que no le gustaba pasar el rato con personas que no conocía. En ese momento llegó el ascensor. Chloe entró en él y Riggins se despidió de ella. Era extraño que alguien envidiara su situación, sobre todo después de la conversación que acababa de tener con Johnson. Era una sensación que la hizo querer ir al bar, aunque solo fuera por media hora. La alternativa era regresar a su apartamento y seguir desempacando. Y eso no le parecía muy atractivo. El ascensor la llevó hasta el tercer piso, donde su área de trabajo estaba cerca de espacios similares ocupados por otros agentes. Se encontró a Rhodes mientras caminaba por el pasillo. Se le ocurrió saludarla o darle las gracias por la reunión que acababa de tener con Johnson. Pero al final decidió hacer lo correcto. No caería en sus juegos. Aun así, pasar a la mujer en el pasillo e intercambiar miradas desagradables fue suficiente para hacerla tomar la decisión de ir al bar esta noche. Y a menos que su día cambiara drásticamente, probablemente se tomaría muchos tragos. «Estoy tomando mucho últimamente», pensó. Era un pensamiento que la persiguió durante el resto del día, pero, al igual que los pensamientos recurrentes de su padre, logró empujarlo a los rincones más oscuros de su mente. CAPÍTULO CINCO Cuando llegó al bar a las 6:45, se dio cuenta de que era justo lo que había esperado. Vio varias caras conocidas, pero ninguna que conocía bien. Y eso era porque no conocía a estos agentes en absoluto. Otra desventaja de haber sido cambiada de departamento por Johnson a última hora era que había muy pocas personas en el grupo ViCAP que habían tomado los mismos cursos o clases que ella. Los que más reconocía eran dos hombres. El primero fue Riggins. Estaba sentado con otro agente masculino, hablando animadamente sobre algo. El segundo fue Kyle Moulton, el agente guapo que se había ofrecido a llevarla a almorzar después de la primera etapa de la orientación, el hombre que había llamado su atención porque le había preguntado si ella era violenta. Le desanimó ver que estaba hablando con dos mujeres. Aunque eso no la sorprendía. Moulton era guapísimo. Parecía un joven Brad Pitt. Decidió no interrumpirlo, así que se fue a sentar con Riggins. Aunque parecía presumido, le gustaba la idea de pasar el rato con alguien que le impresionaba lo que había logrado. —¿Está ocupado este taburete? —le preguntó mientras se sentó en el asiento de al lado. —No, para nada —dijo Riggins. Parecía muy feliz de verla, sus mejillas regordetas formando una sonrisa—. Me alegra que hayas decidido venir. ¿Puedo invitarte un trago? —Sí, claro. Una cerveza. Por ahora. Riggins llamó al barman y le dijo que agregara la primera cerveza de Chloe a su cuenta. Riggins estaba bebiendo cubalibre, y pidió otro junto con la cerveza de Chloe. —¿Cómo estuvo tu primer día? —preguntó Chloe. —Estuvo bien. Pasé casi todo el día investigando un caso de un narcotraficante. Parece aburrido, pero realmente lo disfruté mucho. ¿Cómo fue pasar un día entero con Rhodes? —preguntó Riggins—. Estoy seguro de que cerrar ese caso tan rápido tuvo que haber sido genial, pero ella ya tiene una reputación de ser difícil de manejar. —Fue bastante tenso. Es una excelente agente, pero… —Dilo —dijo Riggins—. No puedo llamarla perra, porque no me gusta llamar a una mujer perra delante de otra mujer. —Ella no es una perra —dijo Chloe—. Solo es muy directa y exhaustiva. La conversación casual se prolongó durante un tiempo más. Chloe miró en la dirección del agente Moulton. Una de las mujeres se había ido. Moulton estaba inclinándose hacia la otra mujer y sonriendo. Chloe tendía a ser un poco ingenua cuando se trataba de relaciones, pero estaba segura de que Moulton estaba encantado con la mujer. Esto la decepcionó mucho. Había cortado con Steven hace solo dos meses. Supuso que solo estaba interesada en Moulton porque había sido la primera cara amigable en hablarle después de que Johnson la había sorprendido al cambiarla de departamento. Eso, además de la idea de tener que regresar a su nuevo apartamento en el que vivía sola, no era atractivo. El hecho de que era muy guapo también era relevante. «Sí, fue un error venir. Puedo beber por mucho menos en mi casa», pensó. —¿Estás bien? —preguntó Riggins. —Sí, creo que sí. Simplemente ha sido un largo día. Y creo que mañana también lo será. —¿Conducirás o caminarás a casa? —Conduciré. —Eh… Entonces mejor no te compro otro trago. Chloe sonrió y le dijo: —Eso es muy responsable de tu parte. Ella volvió a mirar en la dirección de Moulton y la mujer con la que había estado hablando. Ambos estaban poniéndose de pie. Mientras se dirigían hacia la puerta, Moulton colocó su mano en la zona lumbar de la mujer. —¿Puedo preguntarte por qué te decidiste por esta carrera? —preguntó Riggins. Ella sonrió con nerviosismo y se terminó su cerveza. —Problemas familiares —contestó—. Gracias por la invitación, Riggins. Pero tengo que volver a casa. El hombre asintió con la cabeza como si comprendiera perfectamente. Asimismo, notó que Riggins miró alrededor del bar y se dio cuenta de que él sería el último cliente que quedaría. Eso la hizo pensar que tal vez Riggins estaba lidiando con sus propios fantasmas. —Cuídate, agente Fine. Espero que mañana sea tan exitoso como hoy. Chloe salió del bar, ya haciendo planes para el resto de la noche. Todavía tenía cajas por desempacar, un armazón de cama por instalar y un montón de implementos de cocina por guardar. «Esta no es la vida emocionante que esperaba», pensó con un poco de sarcasmo. Mientras se dirigió a su auto, el cual seguía estacionado en la sede del FBI, su teléfono sonó. Cuando vio el nombre en la pantalla, se sonrojó de la rabia. Steven. No sabía por qué la estaba llamando. Y es por eso que decidió atender. Sabía que si no lo hacía, el misterio la carcomería. Atendió la llamada, sintiéndose muy nerviosa. —Hola, Steven. —Hola, Chloe. Ella esperó, con la esperanza de que no le diera más vueltas al asunto. Pero Steven no solía ir al grano. —¿Todo está bien? —le preguntó Chloe. —Sí, todo está bien. Lo siento… no pensé en cómo esta llamada te haría sentir… Su voz se quebró, recordando a Chloe de uno de sus muchos pequeños rasgos molestos. —¿Qué necesitas, Steven? —Quiero que hablemos —le dijo Steven—. Solo para reconectarnos. —No. No me parece buena idea. —No tengo motivos ocultos —dijo—. Lo prometo. Siento que… hay cosas por las que tengo que disculparme. Y necesito… bueno, necesitamos, un cierre. —Habla por ti mismo. Todo está bien cerrado para mí. No necesito ningún cierre. —Está bien. Entonces considéralo un favor. Solo quiero media hora contigo. Quiero desahogarme. Y si estoy siendo honesto… Solo quiero verte una vez más. —Steven… estoy ocupada. Mi vida está muy agitada ahora mismo, y… Se detuvo, ni siquiera segura de qué decir. Realmente su vida no era tan ocupada que no tenía tiempo para verlo. Sabía que esta llamada no era fácil para Steven. Estaba humillándose, lo cual nunca hacía. —Chloe… —Está bien. Media hora. Pero no iré para allá. Si quieres verme, tienes que venir a DC. Todo es una locura y yo no... —Está bien. ¿Cuándo es un buen momento para ti? —El sábado a la hora del almuerzo. Te enviaré la dirección de un restaurante por mensaje de texto. —Me parece bien. Muchas gracias, Chloe. —De nada —Sintió que había algo más que debía decir, cualquier cosa para mitigar la tensión. Pero, al final, lo único que dijo fue—: Adiós, Steven. Ella finalizó la llamada y se metió el celular en el bolsillo. No pudo evitar preguntarse si solo había cedido porque se sentía muy sola. Pensó en el agente Moulton y se preguntó para dónde se había ido con su amiguita. Más que eso, se preguntó por qué estaba tan interesada en él. Llegó a su auto y condujo a casa mientras se hacía de noche. DC era una ciudad extraordinaria y, a pesar de la congestión y la mezcla extraña de historia y comercio, igual era hermosa. Ese pensamiento la hizo sentirse melancólica mientras se dirigía a su apartamento, un apartamento nuevo y vacío que se había sentido afortunada de encontrar, pero que ahora le parecía una isla aislada. *** Cuando su teléfono la despertó a la mañana siguiente, la sacudió de sus sueños. Trató de quitárselos de encima, pero luego se preguntó si siquiera valía la pena. Los únicos sueños que había tenido últimamente eran de su padre, varado y solo en la cárcel. Hasta podía oír su voz tarareando alguna vieja canción de Johnny Cash de las que solía cantar en su apartamento. «A Boy Named Sue», pensó. O tal vez no. Tenía esa canción en su cabeza cuando rebuscó su teléfono celular en la mesa de noche. Cuando jaló su teléfono celular del cargador, vio que su reloj marcaba las 6:05, solo veinte-cinco minutos antes de la alarma que había puesto. —Habla la agente Fine —respondió ella. —Agente Fine, habla el subdirector García. Te necesito en mi oficina de inmediato. Trata de estar aquí en menos de una hora. Tengo un caso en el que tienen que empezar a trabajar lo antes posible. —Sí, señor —dijo mientras se sentó en la cama—. Estaré allí enseguida. En este momento, no le importaba que tendría que volver a trabajar con Rhodes. Lo único que le importaba era que, hasta ahora, ya llevaba un caso resuelto y estaba ansiosa por ayudar a resolver otro. CAPÍTULO SEIS Chloe llegó a la oficina del subdirector García treinta minutos después. Estaba sentado en la pequeña mesa de conferencia en el fondo, rebuscando entre unos papeles. Vio que había colocado dos tazas de café negro y humeante en la mesa. —Buenos días, agente Fine —le dijo a lo que entró—. ¿Has visto o hablado con la agente Rhodes? —Estaba estacionándose cuando me monté en el ascensor. García pensó en eso por un momento, tal vez confundido en cuanto a por qué no había esperado a Rhodes en el ascensor. Chloe se preguntó cuánto le había hablado Johnson de su pequeña lucha de poder. Aunque Chloe tomó café en camino a la sede, se sentó en frente de una de las tazas y bebió. Prefería tomarse el café con un poco de crema y azúcar, pero decidió no pedirle nada para no parecer muy exigente. Mientras bebía de su taza de café, Rhodes entró en la sala. Lo primero que hizo fue lanzarle una mirada de disgusto. Luego tomó asiento frente a la otra taza de café. García las observó a las dos, al parecer detectando la tensión, pero luego se encogió de hombros. —Tenemos un asesinato en Landover, Maryland. Es un caso que parecía bastante normal al principio. La policía de Maryland lo está manejando en este momento, pero solicitaron nuestra ayuda. También vale la pena mencionar que Jacob Ketterman de Asuntos Públicos de la Casa Blanca conocía a la víctima. Trabajó con ella hace mucho tiempo. Nos pidió como favor que nos encargáramos del caso. Y como alguien de la Casa Blanca conocía a la víctima, estamos tratando de mantenerlo oculto. Esto debería ser sencillo. Parece un homicidio bastante simple. Es una de las razones por las que se lo estamos asignando a ustedes, agentes novatas. Será una buena prueba y no parece ser tan apremiante aunque obviamente quisiéramos resolverlo lo antes posible. Luego deslizó dos copias de su informe hacia ellas. Los detalles fueron breves y al grano. Mientras Chloe los leyó, García les dijo lo que sabían. —La víctima es Kim Wielding, de treinta y seis años de edad. Estaba trabajando como niñera de la familia Carver cuando la mataron. Suponemos que alguien entró en la casa y la mató. Fue golpeada en la cabeza dos veces con un objeto muy contundente y luego fue estrangulada. Tenía dos golpes muy horribles en la cabeza. Aún no se ha determinado cuál de esas cosas la mató. Necesitamos que ustedes averigüen quién lo hizo. —¿El asesinato fue la única razón del asesino para visitar la casa? —preguntó Chloe. —Eso parece. Nada se reportó robado. La casa estaba exactamente igual a como los Carver la habían dejado… con la excepción de la niñera muerta. La dirección está en los informes. Acabo de hablar por teléfono con el sheriff de Landover. Los Carver se han estado alojando en un motel desde que se produjo el asesinato hace dos días. Pero se reunirán con ustedes en la casa esta mañana para responder a cualquier pregunta. Y eso es todo, agentes. Espero lo resuelvan pronto. Diríjanse a RRHH y saquen un auto. ¿Están familiarizadas con el proceso? Chloe no estaba familiarizada, pero asintió con la cabeza de todos modos. Ella asumía que Rhodes ya conocía los pormenores. Dado todo lo que había pasado el día de ayer, Chloe asumió que Rhodes sabía casi todo del FBI. Chloe y Rhodes se levantaron de la mesa. Chloe dio un último sorbo de café antes de salir de la oficina de García. Caminaron por el pasillo hacia el ascensor en silencio. «Este día será bien largo si Rhodes no supera esta estúpida rivalidad», pensó Chloe. A lo que Chloe pulsó la flecha hacia abajo, se volvió a Rhodes e hizo todo lo posible no solo para romper el hielo, sino para aniquilarlo. —Agente Rhodes, saquemos todo a la luz. ¿Tienes algún problema conmigo? Rhodes sonrió con superioridad y luego dijo: —No. No tengo un problema contigo, agente Fine. Pero estoy un poco renuente a trabajar con alguien que fue colocada en ViCAP a última hora. Eso me hace preguntarme si alguien te está haciendo favores, favores que no son justos para los otros agentes que se partieron el lomo para formar parte de este programa. —No es que sea de tu incumbencia, pero se me pidió que me uniera a este programa. Yo quería seguir en el Equipo de Evidencias. Rhodes se encogió de hombros a lo que las puertas del ascensor se abrieron. —Creo que el Equipo de Evidencias estuviera decepcionado si se enterara lo que hiciste ayer con la pisada. Chloe no respondió. Podía seguir teniendo esta pequeña guerra de palabras con Rhodes, pero eso solo empeoraría su relación laboral ya tensa. La única forma de acabar con esto era demostrarle su valía a Rhodes. Además, había metido la pata ayer. Y la única forma de arreglar eso era probarse a sí misma en este nuevo caso. *** Cuando Rhodes eligió conducir sin siquiera preguntárselo a Chloe, ella decidió no decir nada. No valía la pena molestarse por eso. En el camino a Landover, Chloe comenzó a preguntarse si algo le había sucedido a Rhodes que la había convertido en alguien tan mandona. Tuvo un montón de tiempo para reflexionar sobre esto durante el viaje de media hora en auto a Landover porque Rhodes todavía no estaba haciendo ningún esfuerzo para hablar. Llegaron a la residencia Carver a las 8:05. Era una casa preciosa en un vecindario adinerado, del tipo donde todos los céspedes estaban perfectamente cortados. Había una camioneta bastante nueva en la entrada, estacionada frente al garaje. Rhodes se detuvo detrás de ella y apagó el auto. Luego miró a Chloe y le preguntó: —¿Estamos bien? —No creo, pero eso no importa. Vamos a concentrarnos en el caso. —Eso es lo que quise decir —espetó Rhodes cuando abrió la puerta y salió. Chloe se salió y vio a un hombre y una mujer salirse de la camioneta. Ellos se presentaron como Bill y Sandra Carver. Bill parecía el tipo de persona que ni dormía mucho pero igual tenía buen rendimiento. Sandra era bastante bonita, del tipo de mujer que probablemente no tenía que esforzarse mucho para verse bien. Pero también parecía cansada, sobre todo mientras miraba hacia la casa. —Tengo entendido que han estado viviendo en un motel —dijo Chloe. —Sí —dijo Sandra—. Cuando pasó, Bill estaba en un viaje de negocios. Los policías no dejaban de entrar y salir de la casa y… bueno, había tanta sangre. Así que recogí a los niños de la escuela, los llevé a cenar y luego los llevé a un motel. Les dije lo que había pasado y que parecía morboso volver tan rápido. —Llegué a casa ayer por la mañana —dijo Bill—. Aproximadamente al mediodía, la policía nos dio el visto bueno para volver a la casa. Pero los niños y Sandra estaban muy asustados. Конец ознакомительного фрагмента. Текст предоставлен ООО «ЛитРес». Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию (https://www.litres.ru/pages/biblio_book/?art=43693903) на ЛитРес. 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