Vecino silencioso
Blake Pierce


Un misterio psicológico de suspenso de Chloe Fine #4
“Una obra maestra de thriller y misterio. Blake Pierce hizo un magnífico trabajo desarrollando personajes con un lado psicológico tan bien descrito como para sentirnos dentro de sus mentes, seguimos sus miedos y queremos que tengan éxito. Lleno de vueltas de tuerca, este libro te mantendrá alerta hasta el final de la última página”. – Libros y reseñas de películas, Roberto Mattos (re Una vez desaparecido). VECINO SILENCIOSO (Un misterio de Chloe Fine) es el libro número 4 de una nueva serie de suspenso del autor de best-sellers, Blake Pierce, cuyo primer libro, Una vez desaparecido (Libro número 1) (de descarga gratuita), tiene más de 1.000 críticas de cinco estrellas… Cuando una nueva y llamativa vecina alardea de su riqueza en un pueblo suburbano, no pasa mucho tiempo antes de que la encuentren asesinada. ¿Sus maneras ostentosas molestaban a sus envidiosos vecinos). ¿O había un secreto más profundo en la fortuna de su marido?. La agente especial del VICAP del FBI, Chloe Fine, de 27 años, se encuentra inmersa en un mundo de mentiras, grupos, chismes y traiciones mientras intenta discernir entre la verdad y las mentiras… Pero, ¿cuál es la verdad?. ¿Y podrá resolverlo a la misma vez que se ocupa de la liberación de su problemático padre de la cárcel y de la caída en espiral de su perturbada hermana?. Un suspenso psicológico emocionalmente forjado con personajes con varias capas, un ambiente de pueblo pequeño y un suspenso que sacude el corazón, VECINO SILENCIOSO es el libro número 4 de una nueva serie fascinante que te dejará devorando las páginas hasta alta horas de la noche… El libro número 5 de la serie CHLOE FINE estará disponible pronto..





Blake Pierce

VECINO SILENCIOSO




v e c i n o   s i l e n c i o s o




(un libro de suspenso psicológico de Chloe Fine—libro 4)




b l a k e   p i e r c e



Blake Pierce

Blake Pierce es el autor de la exitosa serie de misterio de RILEY PAIGE, que incluye dieciséis libros hasta el momento. Blake Pierce es también el autor de la serie de misterio MACKENZIE WHITE, que comprende trece libros (y contando); de la serie de misterio AVERY BLACK, que comprende seis libros; de la serie de misterio KERI LOCKE, que comprende cinco libros; de la serie de misterio LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE, que comprende cinco libros (y contando); de la serie de misterio KATE WISE, compuesta por seis libros (y contando); del misterio de suspenso psicológico CHLOE FINE, compuesto por cinco libros (y contando); de la serie de thriller de suspenso psicológico JESSIE HUNT, compuesta por cinco libros (y contando); de la serie de thriller de suspenso psicológico LA AU PAIR, compuesta por dos libros (y contando); y la serie de misterio de ZOE PRIME, compuesta por dos libros (y contando).



Blake es un ávido lector y fanático de toda la vida de los géneros de misterio y thriller, y le encanta escuchar de sus lectores, así que por favor no dudas en visitar http://www.blakepierceauthor.com (http://www.blakepierceauthor.com/) para saber más y ponerte en contacto con el autor.








Copyright © 2019 por Blake Pierce. . Todos los derechos reservados. A excepción de lo permitido por la Ley de Derechos de Autor de Estados Unidos de 1976 y las leyes de propiedad intelectual, ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o distribuida en cualquier forma o por cualquier medio, o almacenada en un sistema de bases de datos o de recuperación sin el previo permiso del autor. Este libro electrónico está licenciado para tu disfrute personal solamente. Este libro electrónico no puede ser revendido o dado a otras personas. Si te gustaría compartir este libro con otras personas, por favor compra una copia adicional para cada destinatario. Si estás leyendo este libro y no lo compraste, o no fue comprado solo para tu uso, por favor regrésalo y compra tu propia copia. Gracias por respetar el trabajo arduo de este autor.  Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, eventos e incidentes son productos de la imaginación del autor o se emplean como ficción. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es totalmente coincidente. Derechos de autor de la imagen de la cubierta son de Mayer George, utilizada bajo licencia de Shutterstock.com.



LIBROS ESCRITOS POR BLAKE PIERCE




LA NIÑERA

CASI AUSENTE (Libro #1)

CASI PERDIDA (Libro #2)

CASI MUERTA (Libro #3)


SERIE DE MISTERIO DE ZOE PRIME

LA CARA DE LA MUERTE (Libro #1)

LA CARA DEL ASESINATO (Libro #2)

LA CARA DEL MIEDO (Libro #3)


SERIE DE THRILLER DE SUSPENSE PSICOLÓGICO CON JESSIE HUNT

EL ESPOSA PERFECTA (Libro #1)

EL TIPO PERFECTO (Libro #2)

LA CASA PERFECTA (Libro #3)


SERIE DE MISTERIO PSICOLÓGICO DE SUSPENSO DE CHLOE FINE

AL LADO (Libro #1)

LA MENTIRA DEL VECINO (Libro #2)

CALLEJÓN SIN SALIDA (Libro #3)

VECINO SILENCIOSO (Libro #4)


SERIE DE MISTERIO DE KATE WISE

SI ELLA SUPIERA (Libro #1)

SI ELLA VIERA (Libro #2)

SI ELLA CORRIERA (Libro #3)

SI ELLA SE OCULTARA (Libro #4)

SI ELLA HUYERA (Libro #5)


SERIE LAS VIVENCIAS DE RILEY PAIGE

VIGILANDO (Libro #1)

ESPERANDO (Libro #2)

ATRAYENDO (Libro #3)

TOMANDO (Libro #4)


SERIE DE MISTERIO DE RILEY PAIGE

UNA VEZ DESAPARECIDO (Libro #1)

UNA VEZ TOMADO (Libro #2)

UNA VEZ ANHELADO (Libro #3)

UNA VEZ ATRAÍDO (Libro #4)

UNA VEZ CAZADO (Libro #5)

UNA VEZ AÑORADO (Libro #6)

UNA VEZ ABANDONADO (Libro #7)

UNA VEZ ENFRIADO (Libro #8)

UNA VEZ ACECHADO (Libro #9)

UNA VEZ PERDIDO (Libro #10)

UNA VEZ ENTERRADO (Libro #11)

UNA VEZ ATADO (Libro #12)

UNA VEZ ATRAPADO (Libro #13)

UNA VEZ INACTIVO (Libro #14)


SERIE DE MISTERIO DE MACKENZIE WHITE

ANTES DE QUE MATE (Libro #1)

ANTES DE QUE VEA (Libro #2)

ANTES DE QUE CODICIE (Libro #3)

ANTES DE QUE SE LLEVE (Libro #4)

ANTES DE QUE NECESITE (Libro #5)

ANTES DE QUE SIENTA (Libro #6)

ANTES DE QUE PEQUE (Libro #7)

ANTES DE QUE CACE (Libro #8)

ANTES DE QUE ATRAPE (Libro #9)

ANTES DE QUE ANHELE (Libro #10)

ANTES DE QUE DECAIGA (Libro #11)

ANTES DE QUE ENVIDIE (Libro #12)


SERIE DE MISTERIO DE AVERY BLACK

CAUSA PARA MATAR (Libro #1)

UNA RAZÓN PARA HUIR (Libro #2)

UNA RAZÓN PARA ESCONDERSE (Libro #3)

UNA RAZÓN PARA TEMER (Libro #4)

UNA RAZÓN PARA RESCATAR (Libro #5)

UNA RAZÓN PARA ATERRARSE (Libro #6)


SERIE DE MISTERIO DE KERI LOCKE

UN RASTRO DE MUERTE (Libro #1)

UN RASTRO DE ASESINATO (Libro #2)

UN RASTRO DE VICIO (Libro #3)

UN RASTRO DE CRIMEN (Libro #4)

UN RASTRO DE ESPERANZA (Libro #5)




PRÓLOGO


Rosa abrió la puerta de la casa de dos pisos, pensando en lo extraño que era que la gente contratara a otras personas para limpiar sus casas, dándoles pleno acceso a cada habitación y a los posibles secretos de sus vidas. Rosa había estado limpiando casas en el área de Falls Church, en Virginia, durante seis años y se había topado con bastantes cosas inesperadas. Se alarmaba de lo poco que la gente se esforzaba en encubrir sus indiscreciones y secretos.

Sin embargo, no creía que llegara a encontrase nada escandalosos ni a toparse con secretos oscuros de esta pareja. Estos eran sus nuevos clientes, los séptimos en ayudarla a alcanzar su meta de ganar cuatro mil dólares al mes solo limpiando casas. Nada mal para una mujer que en un momento dado apenas llegaba a pagar su alquiler de trescientos cincuenta dólares limpiando mesas.

Esta pareja, los Fairchild, parecían ser prolijos y para nada dramáticos. Un matrimonio agradable, aunque posiblemente demasiado involucrados en su trabajo. El marido era una especie de agente financiero que viajaba al menos una vez al mes para asistir a reuniones en Nueva York y Boston. La esposa, una mujer de aspecto tímido de unos cincuenta años, no parecía hacer mucho. Ella era una especie de influencer en las redes sociales, sea lo que sea que eso signifique. Pero eran agradables, ricos, e increíblemente amables y amistosos con Rosa. Y eso era una cualidad que muchos de sus otros clientes no tenían.

Ella entró en el gran vestíbulo y miró hacia la espaciosa sala de estar, la planta abierta y la cocina integrada estaba separada solamente por una barra. En su opinión, la casa era demasiado grande para una pareja sin hijos, sobre todo para una pareja en la que el marido no estaba una semana o más de cada mes.

Rosa echó un vistazo y pensó que sería otra de esas veces en las que sentiría que ganaba su salario sin trabajar. Los Fairchild eran bastante limpios, y casi siempre dejaban la casa limpia. Rosa cumplía todas las tareas, fregaba, aspiraba y limpiaba las ventanas, pero realmente no había mucho que limpiar en la casa de los Fairchild.

Fue a la lavandería y al zaguán contiguo, donde llenó el lavabo con agua, vertiendo un poco de producto de lavanda. Pensó en empezar por el suelo de la cocina, ya que esa parecía ser la habitación más usada de la casa. Para darle tiempo al piso para secarse, aspiraría todas las alfombras del piso de arriba. Ella odiaba sentir que estaba “estafando” a una pareja tan agradable, pero se dijo a si misma que si lograba que las áreas más importantes lucieran muy limpias, los Fairchild considerarían que había hecho bien su trabajo. Además, no era su culpa que prácticamente ya estuviera todo limpio cuando ella llegaba.

Mientras esperaba que el fregadero se llenara a la mitad, Rosa caminó a través de la cocina y se dirigió hacia la escalera. La aspiradora estaba en el armario de la ropa blanca de arriba porque era la única zona de la casa con alfombras. Se le ocurrió que el filtro podría necesitar ser cambiado y quiso comprobarlo antes de empezar a trapear y olvidarse de hacerlo.

Encontró la aspiradora en su lugar habitual y revisó el filtro, pero aún le quedaba unos pocos usos antes de que precisara ser cambiado. Ya que había sacado la aspiradora, decidió aspirar el dormitorio principal. Era una habitación enorme, con chimenea, estantes empotrados y un baño en suite más grande que la sala de estar del apartamento de Rosa.

La puerta del dormitorio estaba abierta, por eso entró sin golpear. A menudo, no sabía si la señora Fairchild estaba en casa o no, pero había aprendido a tocar la puerta siempre que había una puerta cerrada en la casa de los Fairchild. Ella entró con la aspiradora, pero se detuvo en seco apenas entró en la habitación.

La Sra. Fairchild estaba durmiendo en la cama. Esto parecía extraño, ya que estaba segura de que la mayoría de los días, la Sra. Fairchild se levantaba temprano y salía a correr. Estuvo a punto de salir de la habitación para evitar despertarla. Pero entonces notó un par de cosas.

Primero, la Sra. Fairchild estaba vestida con su ropa de correr. Segundo, estaba acostada sobre las sábanas de la cama recién hecha.

En la mente de Rosa se activó una gran señal de alarma y en lugar de salir de la habitación como había previsto, sintió que una fuerza invisible la empujaba a acercarse.

–¿Sra. Fairchild? ―preguntó.

No hubo respuesta. La Sra. Fairchild ni siquiera se movió.

«Llama a la policía», pensó Rosa. «Llama al 911. Esto no pinta bien… ella no está durmiendo y lo sabes».

Pero debía asegurarse. Dio dos pasos más hacia adelante hasta que llego a vislumbrar el rostro de la Sra. Fairchild.

Sus ojos estaban abiertos, mirando hacia la ventana sin parpadear. Su boca estaba parcialmente abierta. Un charco de sangre bastante fresca, manchaba la sábana justo encima de su cabeza. A lo largo de su cuello se podía ver una grotesca marca de corte.

Rose sintió que un grito se apoderaba de ella. Sus rodillas cedieron un poco, pero se las arregló para dar unos pasos hacia atrás. Cuando se chocó contra la aspiradora, soltó un alarido.

Le costó mucho poder apartar los ojos de la Sra. Fairchild, pero cuando lo hizo, salió corriendo de la habitación. Ella fue hacia la barra de la cocina donde había dejado su teléfono, y llamó al 911. Mientras esperaba que el operador respondiera, Rosa estaba tan horrorizada que ni siquiera se le cruzó por la mente que el fregadero de la lavandería se llenaba más con cada segundo que pasaba, casi desbordándose.




CAPÍTULO UNO


Chloe había escuchado muchas advertencias para intentar mantener muy separadas su vida personal y su carrera. Como agente federal, las cosas tendían a complicarse mucho cuando los dos mundos chocaban. Pero si era completamente honesta, había estado conviviendo con la colisión de esos dos mundos desde que se había graduado de la academia, gracias a los juegos mentales de su padre.

Sabía que había pasado demasiado tiempo especulando si su padre le había hecho algo a su madre o no hacía dieciocho años atrás. Gracias al descubrimiento de Danielle del diario de su madre, las últimas semanas de Chloe habían estado llenas de confusión. Ahora se sentía bastante segura de que su padre había matado a su madre hacía todos esos años. Ella le había dado el beneficio de la duda, incluso había llegado a culpar del asesinato de su madre a Ruthanne Carwile, un chivo expiatorio.

Pero ahora tenías las pruebas escritas con la letra de su madre. Tenía pruebas más que suficientes para sentir que su padre no solo era un asesino, sino que había matado a su madre.

Esto la había afectado bastante. Chloe había hecho todo lo posible para que no afectara su trabajo, pero había usado cada momento libre estudiando esto. Había pasado los dos primeros fines de semana luego del descubrimiento esquivando las llamadas de Danielle, de su compañera, la agente Rhodes, y de su padre.

«Todo lo que tengo que hacer es hacerlo público», se dijo a sí misma una y otra vez. «Solo hazlo público, lleva el diario al FBI y acaba con él. Cierra este miserable capítulo de tu vida y vuelve a poner al bastardo entre rejas».

Pero era arriesgado porque podría afectar su propia carrera. Y además, su pequeña niña interior insistía en que quizás se le estaba pasando por alto algún detalle importante… La versión más joven de ella misma no podía creer que su padre realmente no era un asesino.

Era una pelea interna que varias mañanas la hizo levantarse con resaca. Habían pasado solo veinte días desde el descubrimiento del diario. E incluso cuando estaba en el trabajo, aunque seguía siendo profesional y no dejaba que sus propios demonios personales interfirieran con su trabajo, las anotaciones del diario se le venían a la cabeza.

«Él me estranguló esta noche… y me abofeteó en la cara. Antes de que me diera cuenta de lo que estaba pasando, me empujó contra la pared y me estranguló. Me dijo que si le volvía a faltar el respeto, me mataría. Él dijo que lo esperaba algo mejor, una mejor mujer y una mejor vida…»

El diario estaba sobre su mesa ratona. Lo había dejado allí para siempre tenerlo presente y para no permitirse tenerlo fuera de su vista. Lo tenía ahí para recordarle que había sido una tonta y que su padre la había engañado durante mucho tiempo.

Habían pasado casi tres semanas enteras desde que ella y Danielle llegaron a la conclusión de que su padre había matado a su madre, y fue allí cuando Chloe pensó en ir a su apartamento y matarlo. Era sábado y ella había empezado a beber a las once de la mañana, mirando por la ventana de su apartamento mientras veía pasar el tráfico de Washington.

Ella sabía muy bien cómo funcionaba el sistema para hacer que pareciera un suicidio. O, por lo menos, sabía cómo ocultar bien sus huellas. Podía asegurarse de que él muriera sin que nada la delatara a ella como la autora del crimen.

Lo había pensado con mucho cuidado. Tenía un plan en la cabeza que parecía ser bastante viable.

«Pero eso es una locura, ¿no?», se preguntó para sus adentros.

Y luego pensó en lo profundo de su engaño. Recordó lo leal que ella le había sido, incluso cuando Danielle intentó advertirle que su padre no era el hombre que ella pensaba. Y cuando todo eso se le pasaba por la mente, la idea de matarlo no parecía tan drástica después de todo.

Soñaba con dispararle a su padre y estaba a punto de abrir su tercera cerveza del día cuando alguien llamó a su puerta suavemente. Ella se sobresaltó, su padre había venido cuatro veces en los últimos veinte días pero ella siempre se había quedado callada y no le había respondido. Sin embargo, este golpe era diferente, era al ritmo de la introducción de “Closer” de Nine Inch Nails, una de las canciones favoritas de Danielle. Ellas habían acordado que ese era el toque especial para que Chloe supiera que era su hermana la que estaba al otro lado de la puerta.

Con una sonrisa cansada, Chloe abrió la puerta. Y encontró a Danielle del otro lado mientras continuaba con la canción. Danielle bajó las manos y le sonrió a su hermana. La situación era rara, normalmente Danielle era la que estaba deprimida y Chloe era la que intentaba animarla. Había sido así la mayor parte de sus vidas, especialmente desde que Danielle había descubierto lo idiotas que pueden llegar a ser los hombres.

–¿No duermes bien? ―preguntó Danielle mientras entraba y cerraba la puerta detrás de ella.

–No demasiado ―dijo Chloe―. ¿Quieres una cerveza?

–¿Qué hora es?

–¿Mediodía? O cerca de eso…

–Solo una ―dijo Danielle, mirando a su hermana suspicazmente.

Chloe estaba muy al tanto de su cambio de papeles. Cuando destapó una botella y se la dio a Danielle, vio la preocupación en la cara de su hermana. Y eso estaba bien, era una prueba de que Danielle había crecido. Demostraba que luego de lo que habían descubierto juntas, podía valerse por sí misma sin que su hermana estuviera allí apoyándola como solía hacerlo siempre.

–Sé lo que estás pensando ―dijo Chloe.

–No, no lo sabes. Odio admitir que me gusta esta Chloe que bebe antes del mediodía. Me gusta esta Chloe malhumorada. Pero sería una mala hermana si no te dijera que estoy preocupada por ti. No tienes la personalidad necesaria para que te salga natural el lado oscuro y melancólico de los góticos.

–¿Es por eso que estás aquí? ―preguntó Chloe―. ¿Para decirme que estás preocupada por mí?

–En parte sí. Pero también vine por otra cosa. Y necesito que me escuches por un segundo, ¿de acuerdo?

–Claro ―dijo Chloe mientras ambas se acomodaban en el sofá con sus cervezas. Ella posó sus ojos sobre el diario de su madre en la mesa ratona y su mente brevemente volvió a la sórdida idea de matar a su padre. Y fue en ese preciso momento, con Danielle sentada frente a ella, que supo que jamás podría hacerlo. Ella podía fantasear con ello y hacer todos los planes que quisiera, pero nunca lo haría. Simplemente no era esa clase de persona.

–Hace un tiempo, recuerdo haber visto un programa… una especie de programa como Misterios sin Resolver ―dijo Danielle.

–Espero que esto tenga un sentido―la interrumpió Chloe.

–Sí, tiene sentido. Bien… se trataba de una mujer que salvó la vida de su hermano. Verás… eran gemelos idénticos. Nacieron con cinco minutos de diferencia o algo así. Una noche ella estaba preparando la cena para su familia y de repente, sintió una punzada en el cerebro, como si alguien le hablara. Por la mente se le pasó la idea de que su hermano estaba en problemas. Fue tan fuerte que dejó de hacer lo que estaba haciendo y lo llamó. Cuando él no contestó el teléfono, llamó a la novia de su hermano. La novia fue a la casa del hermano y encontró que alguien había entrado en su casa y le había disparado. Él se estaba desangrando cuando la novia lo encontró, pero ella llamó al 911 y terminó salvándole la vida. Y todo fue gracias a esa extraña sensación que tuvo su hermana gemela.

–De acuerdo…

Danielle puso los ojos en blanco. Chloe pudo ver que estaba eligiendo con cuidado las próximas palabras que saldrían de su boca.

–Estoy sintiendo algo así hace unos cuarenta minutos ―dijo Danielle―. No tan fuerte como lo presentó el programa de televisión, pero lo sentí. Fue bastante fuerte. Y fue… bueno, fue raro.

–Nadie entró ―dijo Chloe―. Nadie me ha disparado.

–Puedo verlo. Pero, no lo sé. Tuve ese extraño sentimiento de hermana. Sentí que tenía que estar aquí. Lo siento si suena tonto. Pero… ¿hay algo que podría haber evitado al aparecer?

Chloe sacudió la cabeza diciendo que no. Pero pensó: «Solo me has impedido planear el asesinato de nuestro padre». Sonrío suavemente y bebió un sorbo de su cerveza.

–Tú no estás bien ―dijo Danielle. Y señaló con la cabeza hacia la botella de cerveza. ―¿Cuántas de estas botellas vacías encontraré en la basura?

–Dos. Y lo siento… pero ¿quién eres tú para preocuparte por los hábitos de bebida de alguien? Es bastante hipócrita de tu parte.

–Oh, no me molesta que bebas. Tú puedes automedicarte como te parezca. Pero lo que sé es que tú no eres de automedicarte. Nunca lo ha sido. Tú eres la lógica, la inteligente. Estoy aquí porque has empezado a usar mis viejas estrategias para manejar las cosas. Eso es lo que me preocupa.

–Estoy bien, Danielle.

Danielle se cruzó de brazos y se reclinó en el sofá. Si había alguna posibilidad de salvar la conversación, Chloe sintió que desaparecía con ese simple gesto. La expresión de Danielle parecía hacer notar su descontento.

–¿Debo olvidar todo el año pasado cuando tú declarabas que papá era inocente? ¿Debo olvidar nuestras peleas a causa de él, y tú siempre apoyándolo? En mi opinión, me merezco algo de honestidad, Chloe. No soy estúpida. Este descubrimiento que te mostró cómo era papá realmente te ha afectado mucho.

–Por supuesto que sí.

–Así que dime lo que estás pensando. Dime qué hacemos ahora. Si soy honesta contigo, no entiendo por qué no lo has entregado a las autoridades todavía. ¿El diario no suficiente para condenarlo?

–¿No crees que he pensado en eso? ―le preguntó Chloe, empezando a enojarse un poco―. Y no, el diario no es suficiente. Podría ser suficiente para reabrir el caso, pero eso es todo. No hay evidencia sólida, y lo que lo hace aún más difícil es el hecho de que ya hubo un juicio y que nuestro padre ya fue puesto en prisión y luego liberado. Si a todo eso le sumas la reciente condena de Ruthanne Carwile, lo que se obtiene es un gran lío.

–¿Me estás diciendo es que probablemente se salga con la suya?

Chloe no le respondió. Terminó el resto de su cerveza y entró en la cocina. Abrió la puerta del refrigerador para tomar otra pero luego se detuvo. Lentamente, la cerró de nuevo y se apoyó en el pequeño mostrador de la cocina.

–Soy consciente de que esto es mayormente mi culpa ―dijo Chloe. Esto le fue difícil de admitir. Esas palabras le supieron amargas cuando salían de su boca.

–No estoy aquí para culparte, Chloe.

–Lo sé, pero es lo que estás pensando. Y no te culpo. Ahora que he visto lo que había en ese diario y es cómo que… No sé… como que ahora lo veo todo… Yo también pienso que es mi culpa. Si te hubiera escuchado antes de que todo esto hubiera empezado las cosas habrían sido diferentes. Antes de Ruthanne, antes de conseguir mi trabajo en el FBI…

–No hagas eso. Concentrémonos en el futuro. Averigüemos qué podemos hacer.

–¡No hay nada que hacer!

Chloe se sorprendió a sí misma cuando se escuchó gritarle esas palabras a su hermana. Pero luego de decirlas, ya no había vuelta atrás.

–Chloe, yo…

–Arruiné todo. Te fallé a ti, a mamá y a mí. Esta soy yo ahora. Tengo que vivir con esto y solo…

–Pero podemos resolverlo juntas, ¿verdad? Mira, no me molesta esta inversión de roles, pero no soporto verte torturándote a ti misma de esta manera.

–Ahora no, no puedo lidiar con ello ahora mismo. Tengo que resolver algunas cosas.

–Entonces déjame ayudarte.

Chloe se sintió sofocada. También sintió que estaba a punto de explotar otra vez, pero apretó los puños y fue capaz de calmarlo.

–Danielle ―dijo tan lenta y pacientemente como pudo―, aprecio tu intención y te amo por estar tan preocupada. Pero por ahora necesito manejar esto sola. Entre más molestes y presiones, más difícil será. Así que, por favor… solo por ahora… ¿puedes irte?

Chloe vio como cambiaba la expresión de Danielle. Parecía decepcionada. O tal vez era algo más parecido a la tristeza. Chloe no lo sabía y, francamente, en ese momento no le importaba.

Danielle dejó su cerveza casi llena en la mesa ratona, y se puso de pie.

–Quiero que me llames cuando termines de estar distante.

–No estoy distante.

–No sé cómo estás ―dijo Danielle mientras abría la puerta para irse―. Pero distante sonaba mejor que decir que te comportas como una perra.

Antes de que Chloe pudiera responderle algo, Danielle se fue, cerrando la puerta detrás de ella.

Chloe hubiera deseado que Danielle cerrara la puerta de un portazo. De esa forma, al menos sabría que había algún tipo de sentimiento, alguna señal de que Danielle estaba tan enojada como Chloe. Pero solo se escuchó el suave clic de la puerta al cerrarse y nada más.

Chloe se sentó en silencio durante el resto de la tarde y todo lo que había logrado al día siguiente era aumentar el número de botellas de cerveza vacías en la basura.




CAPÍTULO DOS


El domingo, Chloe estaba sentada en el estacionamiento para visitantes fuera del Centro de Detención de Washington DC. Miró el edificio por un momento antes de salir del coche, tratando de entender exactamente por qué estaba allí.

Sabía la respuesta, pero era algo difícil de aceptar. Estaba allí porque extrañaba a Moulton. Era una verdad que nunca diría en voz alta, era un tema delicado que tenía problemas para procesar. Pero la pura y simple verdad era que necesitaba a alguien que la consolara y desde que se había mudado a Washington, Moulton había ocupado el lugar de esa figura. Curiosamente, era algo de lo que no se había dado cuenta hasta que él fue enviado a prisión por su papel en un fraude financiero.

Al principio, ella pensaba que solo lo extrañaba por la intimidad física, por la necesidad de ser apoyada por un hombre cuando se sentía desanimada y perdida. Pero cuando Danielle se fue ayer de su casa y Chloe se vio a sí misma desesperada por hablar con alguien sobre lo que le estaba pasando, la única persona que se le vino a la mente fue Moulton.

Con el último empujón para motivarse, Chloe salió de su coche y entró por la puerta principal. Usó su identificación federal para entrar, se registró, y luego se sentó en una zona de espera mientras un guardia era enviado a buscar al agente Moulton. La zona de espera estaba casi vacía, aparentemente el domingo no era el día más popular para visitar a los seres queridos en prisión.

No habían pasado ni cinco minutos cuando Moulton apareció por la puerta del fondo de la habitación. La habitación en sí parecía como una especie de salón. Chloe estaba sentada en un sofá, y Moulton se acercó lentamente. La miró con una sonrisa escéptica, como si tratara de entender qué hacia ella ahí.

–¿Te parece bien si me siento aquí? ―preguntó inseguro.

–Sí ―dijo ella, moviéndose para dejarle espacio en el sofá.

–Me alegra verte ―dijo enseguida―. Pero tengo que admitir que también es algo muy inesperado.

–¿Cómo te están tratando aquí?

Puso los ojos en blanco y suspiró. ―Son sobre todo tipos como yo que están aquí por crímenes de guante blanco. No me preocupa que me ataquen en las duchas o que me golpeen en el patio, si a eso es a lo que te refieres. Pero no quiero ni hablar de eso. ¿Cómo va el trabajo? ¿Estás trabajando en algo interesante?

–No. Me pusieron a Rhodes como compañera. Ella y yo hemos estado trabajando en un proyecto de perfiles. A veces se torna un poco aburrido, pero nos mantiene ocupadas.

–¿Se están llevando bien?

–Mucho mejor que la primera vez, eso es seguro.

Él se acercó a ella y volvió a mirarla con una expresión escéptica.

–¿Qué te trae por aquí, Fine?

–Quería verte.

Él sonrió.

–Eso me hace sentir mucho mejor de lo que debería. Pero no me lo creo. No creo que hayas venido solo por eso. ¿Qué pasa?

Ella apartó la vista, empezando a sentirse avergonzada. Mientras se volvía hacia él, finalmente fue capaz de darle una respuesta―: Es por mi padre.

–¿Tu padre? ¿El que apareció en tu vida de nuevo hace unos meses? ¿El que pasó la gran parte de los últimos veinte años en prisión?

–Sí, ese mismo.

–Pensé que estabas feliz por eso, a grandes rasgos al menos.

–Lo estaba. Pero, sucedió algo más. Y luego algo más. Ha sido una gran pila de basura que se sigue acumulando. Y esta última cosa que descubrí… no lo sé. Creo que solo necesito la opinión de alguien que no tenga una conexión con él.

–¿Tal vez de alguien con quien hayas trabajado de cerca antes de que lo metieran en la cárcel?

–Tal vez ―dijo ella, sonriéndole de una forma que parecía bastante coqueta.

–Bueno, escuchar la historia será lo más interesante que me ha sucedido en las últimas dos semanas más o menos. Así que cuéntamela.

A Chloe le tomó unos segundos encontrar el coraje para hablar de un tema tan personal, pero sabía que tenía que hacerlo. Y cuando empezó a contarle a Moulton las constantes advertencias de Danielle sobre su padre y las revelaciones descubiertas en el diario, entendió que se había negado a discutirlo con Danielle porque esto la hacía ver vulnerable. Y Danielle nunca la había visto en ese estado.

Incluso cuando le contó todo a Moulton, omitió algunos de los detalles más privados, especialmente los que eran recuerdos relacionados con la muerte de su madre. Pero haber podido contar una gran parte de ello fue de gran ayuda. Ella sabía en lo profundo de su ser que esto no era más que una sesión de desahogo. Sin importar lo que fuera, lo importante era que se sentía como si le hubieran quitado un peso de los hombros.

Fue de gran ayuda que Moulton nunca la cuestionó ni expresó con su rostro lo que pensaba de todo el asunto. Él sabía lo que ella necesitaba, solo necesitaba alguien que la escuchara, alguien que tal vez incluso le diera algún consejo.

–Voy a asumir que ya has considerado presentarle esto a Johnson ―le preguntó él cuando ella terminó.

–Sí, he pensado mucho en ello. Pero tú sabes tan bien como yo que no harán nada por unas pocas anotaciones escritas en un diario hace dos décadas. En todo caso, eso solo haría que él se dé cuenta de lo que sucede. En el momento en que la policía o el FBI empiecen a interrogarlo, él sabrá que algo pasa.

–¿Crees que huiría? ―preguntó Moulton.

–No lo sé. Debes recordar que no lo conozco tan bien, él ha pasado la mayor parte de mi vida en prisión.

–¿Y qué hay de ti y tu hermana? ¿Se sienten seguras? ¿Crees que él llegaría a perseguirlas si sucede algo?

–Lo dudo. Todavía me ve como su confidente. Aunque estoy segura de que debe estar pensando que está sucediendo algo raro ya que no le he devuelto sus llamadas ni he respondido sus mensajes. Y no contesto a la puerta cuando viene.

Moulton asintió en señal de comprensión. Él la miraba de una manera que la hacía sentir un poco incómoda. Era la misma mirada que ella había visto hace un mes más o menos cuando casi se habían acostado. Y tenía que aceptar que realmente quería besarlo ahora.

–Ya sabes lo que tienes que hacer ―dijo él―. No sé si viniste aquí esperando que te apoyara o qué.

–Lo sé.

–Entonces dilo. Dilo en voz alta y hazlo real.

–Necesito averiguarlo por mí misma. No es una investigación oficial, pero solo quiero… mantenerlo vigilado, supongo.

–¿Crees que eso implica que vuelvas a contactarlo? ―preguntó Moulton―. ¿Tal vez seguir como si todo fuera como antes de que leyeras el diario de tu madre?

–No lo sé.

Moulton cortó con un suspiro el breve silencio que se instaló entre ellos.

–Me perderé muchas cosas por lo que hice ―dijo él―. Honestamente, demasiadas cosas si lo pienso con detenimiento. Y ya me estoy empezando a arrepentir del hecho de que creo que tú y yo podríamos haber estado muy bien juntos.

–Estoy tratando de no pensar en eso.

Él asintió, la miró a los ojos y se acercó lentamente. Ella se sintió atraída hacia él como un imán, incluso pudo sentir como sus labios se empezaban a abrir para recibir su beso. Pero ella giró la cabeza en el último momento.

–Lo siento. No puedo. Con todo este asunto con mi padre, lo último que necesito es una extraña y tensa relación con un criminal.

Él se rio y apoyó su cabeza juguetonamente sobre el hombro de ella.

–Tienes razón ―dijo él, levantando la cabeza y mirándola―. Pero, oye… haré uso de mis derechos para poder llamarte cuando salga de aquí.

–¿Y en cuánto tiempo será eso? ―preguntó Chloe.

–Oficialmente, dentro de unos pocos años. Pero gracias a un comportamiento ejemplar y a algunas lagunas legales del FBI, nada es claro todavía. Podría ser tan poco como ocho meses.

–Bien… te contestaré la llamada ―dijo ella.

–Eso es algo que puedo esperar con ansias, eso es bueno. Porque este lugar es horrible. Sin embargo, la comida es mejor de lo que esperaba.

Este encuentro la había hecho recordar por qué disfrutaba de la compañía de Moulton. Había logrado transformar la incómoda charla sobre su padre en otra cosa. Y lo había hecho sin que ella sintiera que lo estaba molestando.

Se sentaron en el sofá durante otros quince minutos mientras Moulton le contaba cómo había sido su vida en las últimas semanas. Él se lo estaba tomando con calma y no tenía problemas en admitir su culpa y remordimiento. A Chloe le hizo bien escucharlo, no solo porque creía que era un buen hombre en el fondo, sino porque también le demostraba que la gente era capaz de ser honesta.

Y a causa del caos que podía sentir que estaba a punto de estallar entre ella, Danielle y su padre, estar en presencia de cualquier tipo de honestidad era muy refrescante.

Salió de allí cuarenta minutos después de haber dejado su coche en el aparcamiento. Moulton no había intentado besarla de nuevo, aunque secretamente ella hubiera deseado que lo hiciera. Se fue extrañamente satisfecha, sintiendo que finalmente estaba avanzando después de tres semanas de sentirse estancada y bloqueada.

Mientras caminaba hacia su coche en el estacionamiento, sonó su teléfono. Ella respondió de inmediato. Probablemente era Danielle o su padre. Si era su padre, pensó que esta vez podría contestar e inventar alguna excusa para haber evitado sus llamadas tantos días. Pensó que él aceptaría cualquier motivo, por el solo hecho de que había reaparecido repentinamente en su vida después de casi veinte años.

Pero el número que vio en la pantalla no era ni el de su padre ni el de Danielle. Era un número de la oficina del FBI. Ella se estremeció un poco al contestar. Recibir una llamada de la oficina un domingo era la señal de que le esperaría un lunes estresante.

–Habla la agente Fine ―respondió ella.

–Fine, soy Johnson. ¿Dónde estás ahora mismo?

Ella tuvo que contener una sonrisa antes de contestar.

–En la ciudad ―respondió de la forma más vaga posible.

–Necesito que visites una escena del crimen en Falls Church. Parece que está dentro de tu área de especialidad. Un vecindario rico, un asesinato de la alta sociedad.

–¿Debo ir hoy?

–Sí, hoy. El cuerpo fue descubierto el viernes por la mañana. La policía ha hecho su parte y no ha encontrado nada.

–¿Solo hay un cuerpo?

–Sí. Pero necesitamos que un agente se asegure de que no esté relacionado con un caso similar que hubo en esa zona el año pasado.

–Señor… ¿cree que Rhodes pueda manejarlo sola? Estoy lidiando con algunas cosas personales.

Hubo un breve momento de silencio en el otro extremo.

–¿Alguien ha muerto? ¿Un ser querido ha muerto? ―preguntó él.

–No, señor.

Sabía que Johnson conocía algunos detalles de la historia de su padre. Se preguntaba si él estaba pensando en todo eso silenciosamente del otro extremo del teléfono.

–Lo siento, Fine. Has pasado tres semanas armando un perfil en la oficina. Quiero que vayas a la acción. Quiero que Rhodes y tú estén en Falls Church dentro de tres horas. Si pueden llegar en dos, sería incluso mejor.

Ella abrió la boca para protestar, pero se detuvo antes de hacerlo. Dado todo lo que le estaba sucediendo, no tenía ninguna gana de estar metida hasta el cuello en una investigación por asesinato. Pero al mismo tiempo, sabía que involucrarse en un caso podría ser exactamente lo que necesitaba. No solo la distraería del drama con su padre, sino que la pondría en el estado mental adecuado para encontrar una manera de hacer caer a su padre.

–Sí, señor ―dijo―. Llamaré a Rhodes ahora mismo.

Y así como así, ya estaba lista para trabajar en su primer caso activo en tres semanas. El momento no era el mejor pero, ¿quién era ella para discutir? Al final y al cabo, ella había entrado en el FBI para ayudar a la gente que lo necesitaba, para ayudar a hacer valer la justicia en un sistema penal en el que nunca había confiado plenamente.

A raíz de todo lo que había sucedido en relación a su padre en las últimas semanas, incluyendo su propio juicio erróneo sobre él, parecía adecuado que tuviera este pensamiento en su cabeza cuando se subió a su coche y llamó al agente Rhodes.




CAPÍTULO TRES


Si Rhodes creía que Chloe estaba teniendo problemas, lo había disimulado muy bien en todo el camino hacia Falls Church. De hecho, no había comentado nada sobre el cambio de Chloe durante las tres semanas que habían estado trabajando juntas en el proyecto de definir el perfil de un hombre que se cree que es el principal responsable de una serie de robos a mano armada a varios bancos de Nueva York. Por otra parte, Rhodes era una tipa dura y reservada. Incluso cuando su relación de compañeras había mejorado mucho luego de que Chloe salvara su vida tras una herida de bala casi fatal, Rhodes no daba señales de querer conocer a Chloe a un nivel más personal.

Y Chloe no tenía problemas con ello.

De hecho, la mayor parte del viaje desde Washington DC a Falls Church, Virginia, transcurrió en un silencio total. Johnson no les había dado mucha información, los detalles del asesinato eran prácticamente nulos. Todo lo que les había dicho era que el subcomisario de la policía local estaría en la escena para informarlas cuando llegaran.

Lo más parecido a una conversación significativa sucedió justo cuando bajaron de la vía de salida para entrar en Falls Church.

–¿Sabes mucho sobre esta ciudad? ―preguntó Rhodes.

–Un poco. Creo que la mayoría es de la clase alta. Si recuerdo correctamente, hubo un caso de estudio en la academia en este vecindario al que nos dirigimos, es una de esas áreas que es rica principalmente por lo que llaman dinero antiguo.

–Ah, te refieres a gente rica que es rica porque mamá y papá eran ricos y no supieron qué hacer con el dinero después de que murieron.

–Básicamente, sí.

Rhodes esbozó una sonrisa y miró por la ventana.

–Parece que tú y yo somos las agentes de referencia cuando se trata de casos así. Bueno, al menos tú. ¿Qué piensas al respecto?

Era algo que Chloe nunca se había cuestionado. Simplemente se encogió de hombros y respondió honestamente―: Me imagino que todo el mundo precisa una especialización.

Rhodes no habló más del tema luego de su respuesta. Chloe estaba haciendo todo lo posible para reflejar que no tenía muchas ganas de charlar ahora, pero intentó responder sin ser demasiado ruda. Al parecer, había funcionado. El resto del camino hacia la escena del crimen transcurrió en silencio. El lugar era una hermosa casa de dos pisos en un vecindario rico, la mayoría de los lotes eran muy arbolados o contaban con grandes jardines. El vecindario en sí estaba un poco apartado de los vecindarios más densamente poblados, y gracias a eso cada casa tenía un poco más de lugar para expandirse.

La presencia de una patrulla de policía en la entrada de la casa parecía completamente desubicada. Le daba a la residencia una apariencia casi embrujada cuando se la comparaba con las otras casas. Era como un defecto dentro del perfecto vecindario.

Estacionaron el coche y se acercaron hasta el pórtico. Como la puerta estaba cerrada, Chloe simplemente tocó para evitar dar la impresión de estar invadiendo la escena cuando había un oficial esperándolas. Alguien llegó a la puerta de inmediato, el oficial que lo hizo parecía tener cerca de unos treinta años. Él estaba bien afeitado, lucía como un hombre del montón, y parecía estar sorprendido al ver a dos mujeres del otro lado de la puerta.

–Somos las agentes Fine y Rhodes ―dijo Chloe―. Nos enviaron a investigar el asesinato de Jessie Fairchild,

El oficial tendió su mano y se presentó. ―Soy el subcomisario de policía, Ed Nolan. Estoy a cargo de la recapitulación de los hechos aquí. Por favor, pasen adelante.

Él las condujo hacia el interior, y Chloe descubrió que la casa era más grande de lo que aparentaba desde fuera. El vestíbulo era casi del mismo tamaño que la sala de estar del apartamento de Chloe y los techos tenían una altura de casi tres metros y medio por encima de sus cabezas. Parecía que nadie vivía allí hacía mucho tiempo, eso le daba a Chloe una mala espina.

–Entonces, ¿qué ha pasado aquí? ―preguntó Chloe―. Todo lo que nos han dicho es que debemos verificar si está conectado con un caso del año pasado.

–¿Qué caso sería ese? ―preguntó Nolan.

–Tres muertes por estrangulación a unos ocho kilómetros de aquí ―contestó Rhodes―. Las víctimas fueron todas mujeres de entre cuarenta y sesenta años

–Sí, creo que podremos descartar la conexión fácilmente.

–¿Por qué lo dice? ―preguntó Chloe.

–Obviamente, el cuerpo ya no está aquí, pero puedo mostrarles las fotografías. La causa de muerte de la señora Fairchild no fue estrangulamiento, a pesar de que también fue estrangulada. Lo más probable es que la causa haya sido el corte en su garganta… Pero es un corte extraño que nunca he visto antes.

Él las condujo hasta la cocina y tomó una carpeta que se encontraba sobre la barra. La usó para señalar las escaleras mientras decía―: La limpiadora de la casa descubrió el cuerpo en el dormitorio principal del segundo piso. Ella subió mientras el fregadero del cuarto de servicio se llenaba de agua. Obviamente, se distrajo bastante al encontrar el cuerpo y el agua del fregadero se desbordó.

–Echémosle un vistazo al cuarto ―dijo Chloe.

Nolan asintió y tomó la delantera. Mientras caminaban por la casa, Chloe percibió que todo estaba impecable, o la limpiadora era increíblemente buena o su trabajo en la casa de los Fairchild simplemente era mantener la casa limpia.

El vestíbulo del segundo piso era tan impresionante como el del primer piso. Había una biblioteca empotrada en la pared al final del pasillo. A lo largo del vestíbulo, se encontraban cuatro habitaciones, dos de las cuales eran dormitorios, la tercera era un baño secundario y la cuarta era una oficina.

Nolan las condujo hacia el dormitorio principal. Aunque el cuerpo claramente ya no estaba en la escena, Chloe vio que nadie había quitado las sábanas desde el asesinato.

–¿Esta habitación está exactamente igual desde que fue descubierto el cuerpo? ―preguntó Chloe.

–Lo único que han movido fue el cuerpo ―confirmó Nolan.

–¿Podría explicarnos todos los detalles?

Él lo hizo mientras Chloe inspeccionaba la habitación con Rhodes. Ella escuchó cada detalle, tratando de imaginarse cómo había sucedido todo, cómo habían transcurrido los acontecimientos en el dormitorio en el que se encontraba.

–Rosa Ramírez, la limpiadora, descubrió el cuerpo cerca de las once y media de la mañana. La policía llegó a la escena del crimen justo antes del mediodía. Yo fui parte del primer grupo que respondió a la llamada, así que pude ver todo lo que se encuentra en este archivo con mis propios ojos. A Jessie Fairchild le cortaron la garganta, pero fue de una manera muy extraña y perturbadora. Aunque sí creemos que hubo un estrangulamiento, creemos que el corte en la garganta fue hecho con un gran anillo de diamante.

–¿Está seguro de ello?

–Sí. Los forenses lo confirmaron ayer a última hora. Estaba cubierto de sangre y las líneas irregulares del corte coinciden con el diamante. Si les sirve de algo, el marido no está seguro si el anillo le pertenecía a su esposa.

–Un momento ―dijo Rhodes―. No es posible que un anillo de diamantes pueda ser lo suficientemente grande como para hacer un corte tan profundo.

–Nosotros pensamos lo mismo ―dijo Nolan―. Pero el ángulo del corte permitió que llegara a una arteria vital y también perforó la tráquea.

–¿Hay algún móvil? ―preguntó Chloe.

–Al principio asumimos que fue una allanamiento de morada o un robo. Estoy seguro de que han percibido que este lugar está repleto de cosas valiosas―. Él apuntó hacia el vestidor que estaba del lado izquierdo de la habitación y añadió―: Hay una cantidad obscena de joyas allí. Cuando hablamos con el marido, él señaló un collar que valía cerca de treinta mil dólares. Y ni siquiera estaba en una caja fuerte. El collar estaba dentro de una vieja caja de joyas. También hay dos coches en el garaje, uno de ellos vale lo mismo que tres años de mi salario. Hay una gran piscina en el patio trasero y un jacuzzi. Me quedó corto si digo que los Fairchild estaban nadando en dinero. Y como ellos son nuevos en el vecindario, asumimos que se trataba de un robo. Pero no hemos encontrado evidencia de ello.

–¿Se llevaron algo? ―preguntó Chloe.

–Le pedimos al esposo que echara un vistazo, pero no sirvió de nada. Él dijo que no se daba cuenta si algo faltaba. Claro que estaba bastante perturbado por el hecho de que su esposa había sido asesinada recientemente, así que no sabemos qué tan profunda fue su búsqueda…

–Usted ha dicho que piensa que sufrió algún tipo de estrangulamiento ―dijo Rhodes―. ¿Sabe con qué pudo haber sido estrangulada?

–No lo sabemos con certeza, pero creemos que fue con una estola de zorro, algo como una bufanda de piel de zorro. Lo encontramos escondido detrás de la cama. Los forenses dijeron que están bastantes seguro de que ambos extremos recientemente han sido estirados y agarrados con fuerza. El marido tampoco recuerda la última vez que la vio usando algo así.

–¿Qué puede decirnos sobre los Fairchild? ―preguntó Chloe mientras se acercaba a la cama para mirar más de cerca las manchas de sangre seca en las sábanas.

–Eran nuevos en el pueblo. Se habían mudado hacía cinco semanas. Aún hay algunas cajas en el garaje sin desempacar. Mark, el esposo, es un banquero importante… Trabaja con algo de finanzas y acciones. Jessie Fairchild trabajaba con redes sociales… Era una especie de influencer de celebridades de poca monta. Se ocupaba de cosas como Instagram y Facebook. Antes vivían en Boston… El marido dijo que se mudaron porque se habían cansado de los atascos de la gran ciudad.

–¿Dónde está el esposo ahora? ―preguntó Chloe.

–Fue a una cabaña en las montañas con su hermano. De hecho, se fue esta mañana. Él está destrozado. Cada uno acepta la muerte de la forma que puede, lo sé. Pero este hombre… Lo vi derrumbarse y apagarse. Fue de lo más horrible que he visto

–Me imagino que no encontraron ninguna huella dactilar, ¿no? ―preguntó Chloe.

–Ninguna. Lo que sí encontramos fue una hebra de cabello en la estola de zorro. Era de color rubio, y Jessie Fairchild era morocha. La están analizando mientras hablamos. Deberíamos tener los resultados pronto.

Chloe se tomó un segundo para procesar toda la información. Como había un gran indicador de un tipo de estrangulamiento, no podía descartar la conexión con los asesinato del año pasado. Pero el corte con el anillo de diamantes le hacía creer que esto se trataba de algo nuevo, de algo diferente. Tomó la carpeta y casi la abre en el acto para comenzar a analizarla.

–Ha dicho que usted estaba a cargo de atar los cabos sueltos, ¿verdad?

–Sí.

–¿Podemos seguirlo hasta su precinto? Quisiera montar una estación de trabajo allí.

–¿Entonces creen que está relacionado con las estrangulaciones del año pasado? ―preguntó Nolan. Era evidente que no se lo esperaba.

–No lo sé ―dijo Chloe―. Pero lo que sé es que una mujer fue asesinada en su propia casa y que actualmente no hay ningún sospechoso. Así que pongámonos a trabajar.

Nolan sonrió ante su actitud positiva. Asintió con la cabeza y se dirigió hacia la puerta del dormitorio para salir al pasillo y dijo―: Empecemos, entonces.




CAPÍTULO CUATRO


Chloe abrió el archivo del asesinato de Jessie Fairchild apenas llegó a la estación de policía. Nolan les había dado una oficina que era de un subcomisario que tuvo que ser despedido por recortes de presupuesto. Aún quedaban algunas de las pertenencias del subcomisario, Chloe se sentía desubicada allí.

De todas formas, se instaló y estudió minuciosamente la información del archivo. Estaba impresionada por lo bien ordenado que estaba todo. Aparentemente, el subcomisario. Nolan tenía un talento natural para la organización y una gran atención a los detalles.

Además del completo informe policial básico, Nolan ya les había adelantado que habían varias fotografía del cadáver de Jessie Fairchild en la casa de la familia Fairchild. Ella estaba completamente vestida sobre la cama. Su cabeza estaba inclinada hacia la izquierda, sus ojos estaban abiertos en dirección al charco de sangre que se había formado cerca de su cabeza. Lo que llamaba la atención del cadáver, era la laceración irregular a lo largo de su cuello.

Las fotografías debían haber sido tomadas solo unas horas después del asesinato porque una gran parte de la sangre aún estaba húmeda. Se podía ver donde estaba empezando a coagularse, pero aún estaba fresca. El corte en sí era bastante impresionante, era irregular y espeluznante, una línea recta que parecía haber sido cosida a la piel. Chloe también notó un leve indicio de que algo había sido envuelto alrededor de su cuello, aunque era difícil saberlo con seguridad solo mirando las fotos. Sin poder ver el cuerpo, debería creer lo que el equipo de forenses decía. Pero si era cierto que le envolvieron algo alrededor del cuello, la estola de zorro que había visto en otra de las fotos coincidiría a la perfección.

También vio una foto del anillo de diamante que había sido usado para hacer el corte. Estaba apoyado sobre una de las mesas de luz, el asesino no había intentado limpiarlo ni esconderlo. Al parecer de Chloe, el asesino quiso dejar un mensaje.

«¿Pero qué mensaje?».

–El anillo me confunde ―dijo Rhodes―. ¿Por qué lo dejaría en la mesa de luz? ¿Está alardeando? ¿Quizás intenta decirnos algo?

–Me estaba preguntando lo mismo, quizás el anillo tiene un significado especial. ¿Por qué ese anillo? Parece ser parte de esas combinaciones en las que viene un alianza de compromiso y un anillo de boda.

–También parece carísimo ―agregó Rhodes.

–Debe representar algo. Nadie deja accidentalmente un anillo de diamante empapado en sangre sobre la mesa de luz luego de usarlo para matar a alguien.

–¿Piensas que el asesino intenta decirnos algo?

–Quizás sí. También puede…

Su frase fue interrumpida por el sonido de su propio teléfono. Lo sacó, pensando que sería Johnson llamándola para asegurarse de que habían llegado. Pero cuando vio que decía “PAPÁ” en el captor de llamadas, se estremeció. Una ira brutal mezclada con miedo se apoderó de ella.

Ella ignoró la llamada y colocó su teléfono sobre el escritorio boca abajo. Cuando se volvió para enfocarse en el archivo frente a ella, tuvo problemas para concentrarse.

–¿Estás bien? ―le preguntó Rhodes.

–Sí, ¿por qué?

–Bueno, acabas de mirar tu teléfono como si te hubiera insultado o algo así.

Chloe se encogió de hombros, sin saber qué decir.

–Son solo cosas personales.

Rhodes asintió demostrando que no quería entrar en un terreno demasiado personal y dijo―: Sí, las cosas personales pueden ser un fastidio.

Mientras Chloe intentaba volver a concentrarse en el archivo, alguien golpeó la puerta. Cuando se abrió, vio al subcomisario Nolan asomando su cabeza dentro. Cuando abrió la puerta por completo, había otro hombre detrás de él, parecía bastante mayor y tenía un espeso bigote canoso que a Chloe le hizo pensar en una morsa.

–Agentes ―dijo Nolan―. Este es el comisario Clifton.

Clifton entró en la oficina y las miró a las dos mientras asentía con la cabeza en señal de apreciación. Él miró el archivo que actualmente estaba abierto sobre el escritorio y apartó la vista luego de ver una de las fotos del horrible corte en el cuello de Jessie Fairchild.

Chloe y Rhodes se presentaron brevemente al mismo tiempo que Nolan entraba en la oficina detrás del comisario Clifton, cerrando la puerta detrás de ellos.

–¿El subcomisario Nolan les ha dado todo lo que precisan? ―preguntó Clifton.

–Claro que sí ―respondió Chloe―. Ha sido muy servicial.

–¿Hay algo más que precisen?

–Quizás sí, al ser una casa tan grande, me imagino que debía tener un sistema de seguridad. ¿Hay alguna evidencia de ello?

–Sí, la hay ―dijo Nolan―. De hecho, el esposo nos dio el código para que pudiéramos reprogramarla luego de salir de la casa.

–¿Y él no recibió ninguna notificación de que la alarma se haya activado?

–No.

–¿Podemos conseguir algún reporte sobre ello? ―preguntó Rhodes.

Nolan y Clifton asintieron al mismo tiempo.

–Me pondré en contacto con la compañía de seguridad ―dijo Nolan.

–Obviamente, también queremos hablar con el esposo ―dijo Chloe―. Subcomisario, usted dijo que se había ido a la montaña con su hermano, ¿verdad? ¿Tiene idea de cuándo regresará?

–No lo sé, no me lo ha dicho.

–Me gustaría que él estuviera en la ciudad ―dijo Chloe.

–¿Sospecha de él?

–No necesariamente, pero es el hombre más cercano a la víctima ―dijo intentando no sonar acusatoria. Aunque le parecía irresponsable que la policía le había permitido al marido irse así como así.

–También lo llamaré. Creo que no tendrá problemas en venir. Sobre todo si sabe que el FBI está en ello y que eso ayudará a atrapar al asesino. Creo que podría venir aquí bastante rápido.

–Un última cosa ―dijo Chloe―. Sé que ha dicho que la familia Fairchild era nueva en la zona. ¿Pero alguno de ustedes sabe si Jessie Fairchild podría llegar a haber tenido algún enemigo? ¿Ha habido algún reclamo o quejas sobre ella y su esposo o ellos han reclamado sobre otra persona?

–No, nada de eso ―dijo Clifton―. Pero ese vecindario… En realidad, toda esa zona, es bastante complicada. Nos han llamado de vez en cuando. Esposas celosas tratando de atrapar a sus maridos en aventuras que no existen, propietarios pretenciosos tratando de molestar a sus vecinos porque sus perros hacen sus necesidades en sus jardines. La gente en ese vecindario se cree la gran cosa.

–Disculpe que le pregunte, pero, ¿por qué nos está contando esto? ―preguntó Rhodes.

–Porque aunque no sé si Jessie Fairchild tenía enemigos. Casi que puedo asegurarles que debía haber mujeres que como mínimo estaban celosas de ella. Es un vecindario muy pretencioso. Sé que no es adecuado que un comisario de la policía lo diga, pero creo que es necesario que sepan esa triste verdad.

–Bueno, eso puede significar que hay una gran posibilidad de que haya muchas pistas ―dijo Chloe―. Si ese es el tipo de mujeres del vecindario, me imagino que debe haber bastantes chismes. Quizás ellas ya sepan algo y podrían darnos una pista en la dirección correcta.

Clifton se rio en voz baja y se encogió de hombros mientras decía:  ―Les deseo mucha suerte con eso.

Chloe entendía por qué lo decía, pero de todas maneras le molestó lo innecesario que fue el comentario.

–Por ahora, quisiera el contacto de la limpiadora que encontró el cuerpo.

–Ya hemos hablado largo y tendido con ella ―dijo Clifton―. Puede echar un vistazo a nuestras notas. ―No sonaba a la defensiva, pero quería asegurarse de que supiera que no eran unos ineptos. Se preguntaba si su actitud tenía que ver con el hecho de haberse dado cuenta de que no deberían haber dejado que el marido se fuera de la ciudad tan pronto luego del asesinato.

–De todos formas me gustaría hablar con ella personalmente.

Clifton se cruzó de brazos y asintió diciendo―: Me ocuparé de que le llegue la información lo antes posible ―les dijo y luego les sonrió brevemente―. Fue un placer conocerlas, agentes.

Luego de terminar su frase, abrió la puerta y salió de la habitación.

Nolan quedó un poco incómodo y dijo―: A veces se pone así, sobre todo cuando trabajamos con el FBI o con otras agencias externas. Tiene un problema con el control… Pero eso queda entre nosotros tres.

Chloe hizo un gesto como si cerrara la boca con un cierre.

–Lo entiendo. Ahora, ¿podemos tener la información de contacto de la limpiadora? Me gustaría ir a visitarla antes de que se haga muy tarde.




CAPÍTULO CINCO


Rosa Ramírez vivía en un apartamento justo al borde del extremo más bonito del centro de la ciudad. Cuando recibió la llamada de Nolan, parecía deseosa de ayudar a Chloe y Rhodes. Eran las 16:30 cuando llegaron a su apartamento, y era claro que ella había ordenado para recibirlos, incluso había preparado café y había puesto unas galletas sobre la mesa ratona.

–Sra. Ramírez ―dijo Chloe―, ¿hace cuánto tiempo que trabaja en la casa de los Fairchild? Según lo que me han dicho, ellos se han mudado a la ciudad hace cinco semanas.

–Es correcto. Respondí a su aviso en línea que decía que precisaban ayuda en la casa. Incluso fue una semana antes de que se mudaran aquí. Querían que todo estuviera listo para cuando se mudaran, eso incluía una empleada doméstica. Incluso los ayudé a desempacar algunas de sus cosas.

–¿Parecían apreciar la ayuda?

–Sí, se notaba que no estaban muy acostumbrados a que la gente quisiera ayudarlos.

Chloe se sirvió un café a pesar de que estaba tratando de reducir su ingesta de cafeína. Ella quería que Rosa se sintiera tranquila, un testigo que se siente cómodo, generalmente puede recordar cosas que de otra manera no recordaría.

–¿Alguna vez discutió con alguno de ellos? ―pregunto Rhodes.

–No, ni una vez. Ellos incluso aceptaron mi tarifa sin negociar, aunque les pasé una tarifa un poco más elevada de lo que normalmente cobro. Jamás me dijeron algo negativo ni me levantaron la voz.

–¿Y entre ellos dos? ―preguntó Chloe―. ¿Alguna vez los vio discutiendo?

–No, estuve pensando en ello, pero no puedo recordar ni una sola discusión. Pero recuerde que esas cinco semanas que trabajé con ellos, solo los vi juntos dos veces. Generalmente, Mark estaba viajando por negocios.

–¿Sabe dónde iba en esos viajes de negocios?

–Iba a muchos lugares. Pero creo que se basaba sobre todo en la cosa este: Boston, Washington DC, Nueva York.

–¿Sabe si a Jessie le molestaba eso?

–Si le molestaba, lo ocultaba muy bien. Ella se mantenía ocupada, muy ocupada. No sé si se llegaba a dar cuenta que su marido no estaba.

–¿Cómo se mantenía ocupada? ―preguntó Rhodes.

–Bueno, el vecindario en el que viven está lleno de gente importante. O en realidad, si les soy completamente honesta, de gente que se cree que es importante.  Jessie estaba tratando de encontrar un lugar donde encajar. Estaba probando suerte en todos los círculos sociales, clubes de jardinería, recaudación de fondos, intentaba ayudar en la organización de eventos de gala locales, todo ese tipo de cosas.

–¿Se comprometió oficialmente a alguna de esas actividades?

–No que yo sepa.

–Sra. Ramírez, sé que entiende que necesito preguntarle dónde estuvo las primeras horas del día que encontró el cuerpo de Jessie Fairchild.

–Sí, lo entiendo ―dijo suspirando―. Era un viernes y los viernes me tomo la mañana libre. A veces duermo y me pongo al día con mis programas de televisión favoritos. Otras veces, aprovecho para hacer mandados. Pero este viernes, estuve en la biblioteca una parte de la mañana.

–¿Alguien la vio allí? ¿Alguien podría confirmar su historia?

–Sí, vacié algunas de mis viejas cajas almacenadas y doné un montón de viejos libros de bolsillo a “Amigos de la Biblioteca”. Los llevé en uno de los carritos de la biblioteca e incluso ayudé a la asistente de la bibliotecaria a guardarlos.

–¿Recuerda a qué hora fue eso?

–Claro, creo que llegué cerca de las diez y media. Salí de allí a eso de las once o un poco más tarde. Luego conduje hasta la casa de los Fairchild.

–¿Se detuvo en algún lugar antes de llegar?

–Sí, me detuve en Wendy’s para almorzar.

–Y cuando llegó a la casa… ¿vio algo extraño o fuera de lo común?

–No, nada. Lo único fuera de lo común fue cuando vi a Jessie en la cama con su atuendo de salir a correr.

–La policía nos ha dicho que su marido estaba en la ciudad, y no en un viaje de negocios. ¿Sabe si eso es verdad?

–Creo que sí. Normalmente me avisan cuando Mark no va a estar. Pero en lo que a mi respecta, él estuvo en su oficina el viernes. Yo llegué a la casa cerca de las once y media, unas tres o cuatro horas después de la hora que él se va a la oficina.

–Sra. Ramírez ―dijo Rhodes―, ¿cree que hay alguna posibilidad de que Mark haya asesinado a Jessie?

Rosa negó firmemente con su cabeza y dijo―: No. Es decir, sé que todo es posible, pero realmente lo dudo. Él es un hombre bueno, bromista y era muy amable con ella. Ambos tenían unos cincuenta años y eran la clase de pareja que aún camina tomándose de la mano. Incluso he llegado a verlo a él dándole una palmadita juguetona en el trasero, como si fueran dos recién casados. Parecían ser muy felices.

Chloe estaba asimilando toda la información. Ella estaba segura de que Rosa no tenía nada que ver con el asesinato de Jessie Fairchild. Le pediría a la policía que corroborara su coartada, pero le parecía que sería una pérdida de tiempo.

–Gracias por su tiempo ―dijo Chloe terminando se café de un trago. Le entregó su tarjeta de presentación a Rosa y se dirigió a la puerta. ―Por favor, llámame si recuerda algo más.

Rosa asintió mientras los acompañaba a la puerta y dijo―: Hay una cosa que se me viene a la mente ―dijo.

–¿Qué cosa?

–Es sobre el anillo en la mesa de luz, el que usaron para cortarle el cuello. No tenía sentido que estuviera allí. Jessie era una maníaca del orden, por algo contrató una señora de la limpieza a pesar de que su casa estaba siempre limpia. Jamás había visto que dejara joyería en cualquier lugar.

Chloe asintió como si también hubiera tenido la misma impresión. Que el anillo estuviera allí no solo servía como una especie de mensaje del asesino, también probaba que el asesino no estaba interesado en la riqueza ni en robar nada. El anillo era muy caro y su único propósito había sido ser utilizado como arma. A pesar de que el asesino lo tuvo en sus manos, no tuvo ningún interés en robarlo.

Y ese hecho aislado decía mucho sobre el asesino.

«Y Ahora», pensó Chloe, «todo lo que tengo que hacer es interpretar el mensaje del asesino».




CAPÍTULO SEIS


Cuando Chloe y Rhodes salieron del apartamento de Rosa apenas eran las cinco de la tarde. Solo les llevaría unos cuarenta y cinco minutos de viaje desde donde estaban hasta Washington DC. A Chloe le agradaba la idea de regresar y no tener que quedarse en un motel. Pero con un caso así, no sabía cuándo terminaría el día.

–¿Deberíamos ir a la biblioteca para corroborar la coartada de Rosa? ―preguntó Rhodes mientras Chloe conducía hacia la salida del estacionamiento de complejo de apartamentos.

–Pensé en ello, pero es domingo a la tarde. Dudo mucho que la biblioteca esté abierta. Me gustaría averiguar de dónde salió ese anillo. Quizás intentar descubrir quién fue la última persona que lo usó. Si el marido no recuerda si era de su esposa…

Rhodes abrió la boca para responderle, pero la interrumpió el celular de Chloe sonando. Chloe contestó de inmediato, esperando que fuera alguien con una pista que pudiera darle un poco más de acción a un domingo que parecía demasiado tranquilo.

–Aquí la agente Fine ―dijo al responder.

–Agente Fine, soy el subcomisario Nolan. Creí que le gustaría saber que logré comunicarme con Mark Fairchild, el esposo. Él llegará a la estación de policía cerca de las ocho de la noche de hoy. Él y su hermano están regresando a la ciudad para ocuparse de la organización del funeral, el papeleo del seguro y otras cosas de esa índole.

–¿Y él ya está al tanto de que el FBI está en el caso?

–Sí, parecía complacido y deseoso de hablar con ustedes.

–Estaremos allí a las ocho ―dijo Chloe terminando la llamada animada ante la posibilidad de una nueva fuente de información. Cuando la información llega hacia ti sin tener que ir a buscarla, cualquier caso es fácil y rápido.

Solo esperaba que todo continuara a este ritmo.


***

Desde el primer momento en que vieron a Mark Fairchild era evidente que hacía unos días que no dormía bien. Solo por su apariencia, Chloe podía adivinar que no había podido dormir ni un minuto desde que supo que se esposa había sido asesinada. Él tenía unas pronunciadas ojeras bajo sus ojos inexpresivos que se movían para intentar reconocer dónde se encontraba. Su cabello estaba despeinado y su barba tenía un crecimiento de varios días.

De todas formas, lucía bastante centrado y determinado. Se sentó un poco encorvado en una de las sillas con una taza de café que Nolan le había servido, pero aún no había tomado ni un sorbo. Su hermano estaba parado en un rincón de la sala, lucía igual de cansado pero se notaba que estaba cuidando a su afligido hermano.

Chloe sabía que la conversación podría ser difícil. La gente que está atravesando un duelo está cansada puede estar en una posición frágil. O podrían hablar sin parar, o incluso sus emociones podrían salirse de control de un segundo al otro. Ella sabía que debía elegir sus preguntas con mucho cuidado, debería hacerle sentir que era él quien estaba en control.

–Sr. Fairchild, me gustaría que me contara cómo fue su mañana del día viernes. Le pido si puede incluir cualquier detalle que recuerde, sin importar que considere que sea algo trivial.

Él asintió pero se veía incómodo.

–Todo ―dijo él con una sonrisa somnolienta que parecía algo forzada―. Bueno… sonó mi alarma para ir a trabajar. Apreté el botón de postergar y cuando lo hice, Jessie se acercó y se acurrucó junto a mí. Era una tradición que teníamos desde que éramos novios. Era viernes y ambos habíamos tenido una buena semana, así que terminamos teniendo sexo. A ella le gustaba hacerlo en la mañana, nada fuera de lo común.

Chloe se sintió incómoda al mirar como cambiaba la expresión en el rostro del Sr. Fairchild a medida que contaba su mañana. Ella le dio un momento para que tuviera el tiempo suficiente para recomponerse y seguir hablando.

–Luego fui a la ducha mientras ella contestaba emails de su trabajo. Cuando salí de la ducha, ella se estaba lavando los dientes. Hablamos de cosas triviales. Mientras yo me alistaba para ir a trabajar, Jessie se ponía su ropa para salir a correr, la misma ropa que estaba usando cuando…

En ese momento se quedó callado y respiró hondo. Él miró a su hermano, que alentó a Mark con un leve asentimiento con la cabeza. Mark también asintió y comenzó a hablar con la voz un poco temblorosa.

–Fuimos al piso de abajo. Ella tomó un batido y yo tomé una taza de café. Ella jamás tomaba café antes de salir a correr, decía que le caía mal. Recuerdo que me acompañó a la puerta. Normalmente lo hacía, solo para darme un beso de despedida. Ella estaba jugando con sus airpods mientras buscaba el podcast que la acompañaría mientras corría. Nos besamos, entré al coche, y eso fue todo. Esa fue la última vez que la vi con vida.

–¿A qué hora se fue de su casa? ―preguntó Chloe.

–No sé la hora exacta, pero creo que fue entre las siete cincuenta y cinco y las ocho y cinco. Estoy seguro de que no fue más tarde que eso.

–Así que tenemos una ventana de tres o tres horas y media ―dijo Rhodes.

–Sr. Fairchild, ¿usted y su esposa ya habían hecho amistades? ¿Alguien que los haya visitado en su casa un par de veces desde que se mudaron?

–No, solo conocidos. Sí, vino gente a la casa. Cuando una nueva familia se muda a este vecindario, la gente viene de visita con pasteles, galletas y cosas así. Pero creo que la única persona que entró en la casa y que no fuera para darnos la bienvenida al vecindario, fue la señora de la limpieza.  Ah, y el plomero también. Tuvimos un problema con el triturador de basura la primer semana después de mudados.

–También quería hablar con usted sobre el anillo que fue encontrado en la mesa de luz ―dijo Chloe―. Entiendo que no está seguro si pertenecía o no a su esposa, ¿es correcto?

–Es correcto. No me parecía conocido, pero eso no es extraño. Jessie no era de usar joyas, solo usaba nuestro anillo de bodas. Sé que puede parecer tonto porque el vestidor está lleno de joyas. Pero Jessie tenía una especie de colección de joyas, de la misma forma de que algunas mujeres se vuelven locas por zapatos o carteras. Cuando falleció su madre hace seis o siete años, Jessie heredó todas las joyas de su madre. Collares, anillos, unos pendientes horribles. Y eso despertó algo en Jessie, allí fue cuando empezó a coleccionar ese tipo de cosas.

–¿Recuerda cuántos anillos heredó Jessie de su madre?

–No, recuerdo que la mayor parte de ellos estaban en una caja fuerte. Al menos una parte de ellos. Lo que sí sé es que recibió una pequeña caja con algunos collares y anillos. Debía haber al menos diez anillos en esa caja.

–Así que cree que hay una gran posibilidad que el anillo encontrado en la escena del crimen haya sido uno de los anillos de su madre.

–Probablemente. Pero ese es el tema, ella los tenía en el vestidor. Quien sea que haya hecho esto…

Él se detuvo como si la sola mención del acto cometido con el anillo lo hubiera paralizado. Él respiro hondo y sacudió su cabeza como obligándose a continuar.

–Quien sea que lo haya hecho ―continuó él―, debería haber sabido donde buscarlo.

–Esa es una opción, o simplemente tuvo suerte y adivinó donde podrían guardar las joyas de valor.

–Es verdad ―dijo Mark.

–¿Y durante esa semana notó algo extraño en su esposa?

–No. Me estuve preguntando lo mismo… Preguntándome si se me había escapado algo. Pero juro que parecía estar completamente normal.

–Tenemos entendido que Jessie estaba intentado involucrarse en grupos y organizaciones locales ―dijo Rhodes―. ¿Sabe en cuáles?

–Ella me habló bastante sobre “Espacio de los niños”, una organización sin fines de lucro que recaudaba fondos para niños que no pueden pagar los almuerzos en las escuelas y cosas de ese estilo. Había otra… Un club de jardinería o algo así… Estoy seguro de que sé dónde pueden estar los nombres y números telefónicos de toda esa gente, si es algo que les interesa.

–Ya tenemos una copia de eso ―dijo Nolan.

Mark asintió, poniendo sus ojos en blanco.

–Es verdad. Lo siento, estos últimos tres días son bastantes confusos para mí.

–Me imagino ―dijo Chloe―. Sr. Fairchild, gracias por su tiempo. Por favor, vaya a su casa y duerma un poco. Le pediré que se quede en la ciudad por los días venideros, solo en caso de que tengamos más preguntas.

–Claro que sí.

Él se levantó y saludo sin fuerzas mientras él y su hermano salían de la sala. Nolan los acompañó y cerró la puerta detrás de él.

–¿Qué te parece? ―le preguntó Rhodes a Chloe cuando quedaron solas.

–Creo que aunque Mark Fairchild tuviera algo importante para decirnos, no podría recordarlo. Sí creo que nos dijo todo sobre esa mañana. Se ruborizó cuando habló de sexo. Y en las pausas que hizo era obvio que estaba intentando reprimir las lágrimas.

–Sí, también me di cuenta de lo mismo.

–De todas formas, nos presenta un panorama interesante. Una nueva pareja rica llega a la ciudad. El marido tiene un trabajo que los afianza en la clase alta. Y parece que han sido el blanco de alguien de inmediato, menos de cinco semanas completas después de que se hayan mudado

–¿Crees que se estaban escapando de algo? ―preguntó Rhodes―. ¿Crees que se podrían haber mudado a Falls Church escapando de algo en Boston?

–Quizás. Me gustaría saber todo sobre este trabajo. Tal vez echarle un vistazo a la información financiera y antecedentes criminales de la familia Fairchild. Incluso también hablar con el jefe de Mark si fuera necesario.

–Y creo que también deberíamos hablar con la compañía de seguridad ―dijo Rhodes―. Me parece extraño que no haya sonado ninguna alarma. Eso me hace pensar que quizás Jessie Fairchild dejó entrar a la persona que la mató.

Mientras reflexionaban sobre esto, se abrió la puerta de la sala y volvió a entrar Nolan. Parecía agotado por haber estado en presencia de un hombre que estaba tan desconsolado y angustiado.

–Nolan, ¿qué sabemos sobre el trabajo del Sr. Fairchild? ―preguntó Chloe.

–Él es un bróker normal. Por lo que me ha dicho, ha tenido suerte con unos negocios al principio de su carrera. Eso llevó a que varios clientes de alto perfil estén contentos con su desempeño. Se mostró bastante humilde al respecto, pero nos dijo que ganó cerca de seis millones el año pasado.

–¿Y está diciendo la verdad?

–Hasta donde sabemos, sí. Aún no hicimos una investigación demasiado exhaustiva de sus finanzas, ni miramos su informe de impuestos del año pasado. Le dijimos que quizás podríamos llegar a necesitar hacerlo en algún punto. Él pareció un poco ofendido, pero nos dijo que no habría problema. Incluso nos dio un par de números telefónicos de su oficina a los que podríamos llamar si precisábamos ayuda.

–Eso significa que no tiene nada que ocultar en lo que se trata de dinero.

–Eso es cierto. Parece estar limpio. Pero de todas formas puedo llamar a algunos de los números que nos dio, solo para estar seguros.

–En sus archivos tampoco vi ningún informe sobre sus antecedentes criminales ―añadió Rhodes.

–Sí, ninguno de los dos tiene antecedentes, nada. Ni siquiera una multa por exceso de velocidad.

Chloe abrió el archivo que estaba en la mesa frente a ella, intentando no fruncir el ceño. Es verdad que el caso parecía no tener nada que ver con las muertes por estrangulamiento del año anterior. Pero aún había un asesinato que no había sido resuelto.

Miró fijamente al archivo como si quisiera que le diera todas las respuestas. Ya casi había llegado a memorizar su contenido, contaba la historia del asesinato Jessie Fairchild por medio de informes, notas y fotografías de la escena del crimen.

Y hasta este momento, la historia parecía tener un final muy abierto.




CAPÍTULO SIETE


Chloe había olvidado lo útiles que podían llegar a ser los viajes en coche durante un caso. Salieron de Falls Church a las 20:42 en dirección a Washington DC, pero aprovecharon muy bien esos cuarenta minutos. Antes de que hubieran salido por completo de Falls Church, Rhodes logró llamar por teléfono a un gerente de Intel Security. Intel era la marca del sistema de seguridad que los Fairchild habían instalado en su propiedad. Chloe escuchó la conversación mientras conducía adentrándose en la noche.

Ella sonrío un par de veces al darse cuenta de lo que buena que era Rhodes tratando con las personas. Chloe había percibido que Rhodes solo hacía preguntas que realmente fueran buenas durante una investigación, no hacía mil preguntas esperando que alguna fuera interesante. Y hacía exactamente lo mismo al hablar por teléfono con Intel Security. Ella era cordial y educada, pero no se andaba con vueltas a la hora de preguntar lo que necesitaba saber. Y por ese motivo, para Chloe era difícil seguir la conversación simplemente basándose en lo que escuchaba que decía Rhodes.

Cuando terminó la llamada luego de unos minutos, Rhodes compartió la información con ella. Y fue allí cuando Chloe se percató de otra de las fortalezas de Rhodes. Ella era muy buena tomando notas y a veces ni siquiera precisaba escribirlas, era como si su mente pudiera almacenar todos los detalles.

–Bien, el hombre con el que hablé dijo que la alarma no se disparó el pasado viernes por la mañana ―dijo Rhodes―. También buscó en la información de las fechas y dijo que no había registro de que la alarma haya sido desactivada. Dijo que nunca fue desactivada por los Fairchild.

–¿Te dio algún detalle sobre cómo funciona la alarma?

–Sí, la alarma se dispara cuando la puerta es forzada. Si la puerta se abre con una llave, la alarma se desactiva al instante. También se desactiva cuando la puerta es abierta desde dentro de la casa. El único momento en que la alarma se dispararía, aparte de cuando alguien fuerza la cerradura o patea la puerta, es cuando la puerta se deja abierta durante más de 20 segundos.

–¿Alguna vez se disparó la alarma en las pocas semanas que ellos vivieron en la casa?

–Él me dijo que había dos registros en su cuenta. Ambos fueron en la primer semana desde que se mudaron. Intel hace llamadas para cerciorarse de que todo está bien cuando las alarmas se disparan. En ambas llamadas, Mark Fairchild dijo que habían olvidado cerrar la puerta por completo al entrar las cajas y muebles durante la mudanza.

–¿Y qué hay de las ventanas? ¿La alarma también funciona en las ventanas?

–De acuerdo a lo que él me dijo, cada vez que una ventana es abierta desde el exterior, la alarma debe ser desactivada antes. Me dio el ejemplo de las limpiezas de primavera en las que la gente quiere limpiar todos los marcos de la ventanas. En esos casos, se debe desactivar la alarma antes de poder hacerlo.

–¿Eso quiere decir que no hubo nada sospechoso con respecto a la alarma en la última semana?

–No, nada.

–Es decir ―dijo Chloe―, que quien haya asesinado a Jessie Fairchild no entró por la fuerza en la casa. Alguien lo dejó entrar en la casa.

–Eso es lo que parece.

Ambas se quedaron calladas mientras procesaban esta información. Chloe sabía dónde deberían continuar su búsqueda. Hasta entonces, todo lo sabían sobre Jessie Fairchild es que desde que ella y Mark se habían mudado a Falls Church, ella había intentado involucrarse en diferentes grupos y organizaciones locales. Al ser nuevos en la ciudad, ni ella ni Mark tenían amigos allí, y eso significaba que con la mayoría de la gente con la que hablaban no eran de confianza.

Pero también tenía en mente una pregunta que se había hecho más temprano. ¿Los Fairchild se habían mudado de Boston porque estaban escapándose de algo? Si la investigación implicaba echar un vistazo a la vida de los Fairchild en Boston, este caso resultaría ser mucho más complicado que un simple caso de asesinato.

–Sin amigos ni familia en la zona ―pensó Rhodes en voz alta mientras se acercaban a Washington DC―. Hay una hermana en Boston, ambos padres han muerto. Si esto nos lleva a Boston…

Chloe sonrió complacida al ver que ambas pensaban lo mismo, y con la misma rapidez.

–¿No había una mención a un familiar de Mark en el archivo? ¿Alguien que vivía cerca a Falls Church?

–Sí, su tío. Pero por lo que he visto, está de viaje. Creo que de vacaciones.

Rhodes le respondió con poco entusiasmo, eso le daba a entender a Chloe que creía lo mismo que ella, esa pista tampoco daría muchos frutos.

A medida que se acercaba a su casa, Chloe empezaba a pensar en sus propios problemas personales. Había pensado seriamente en llamar a Danielle para disculparse por su comportamiento del día anterior. Pero ese tipo de conversación con Danielle tendía a convertirse en una larga discusión y no tenía fuerzas para soportarlo.

Regresaron a la sede del FBI, dejaron el coche de la oficina y cada una de ellas partió en su propio coche. Chloe reflexionó nuevamente en llamar a Danielle antes de irse, incluso pensó en pasar por el nuevo apartamento de Danielle, ya que ahora vivía a solo a veinte minutos de distancia, después de haberse mudado para que su exnovio no supiera donde encontrarla.

Al final decidió no hacerlo. Ella sabía que la relación con Danielle estaría bien, algunas veces les llevaba más tiempo a ambas calmarse. Sin embargo, tenía una hora libre antes de dar por terminada la noche. Y cómo las cosas no estaban muy movidas en el caso Fairchild, pensó en otra cosa que hacer. El simple hecho de pensarlo la hacía sentirse mal, pero el impulso estaba ahí y decidió actuar.

Salió hacia la calle y condujo en dirección al apartamento de su padre.


***

En realidad, no tenía ganas de verlo, mucho menos de hablar con él. Pero necesitaba probarse a sí misma que al menos podía pasar por la puerta de su casa. En algún momento tendría que hacerlo si quería ver en qué estaba, así que precisaba poder controlar sus nervios lo antes posible.

Su apartamento quedaba a menos de media hora de distancia de la sede del FBI, y a menos de veinte minutos del apartamento de Chloe en la otra dirección. Eran las 22:08 cuando ella entró en el estacionamiento. Su casa era una casa adosada más que un apartamento, el tipo de casa que está pegada a otra y luego a otra, en una especie de complejo de apartamentos. Ella conocía el Ford Focus de su padre y estaba estacionado directamente frente a su casa. Se podía ver una luz encendida por la ventana principal.

Ella se detuvo sin estacionar, mirando fijamente a luz mientras se preguntaba qué estaría haciendo. ¿Estaría viendo televisión solo? ¿O quizás leyendo? Se preguntaba si cuando apagara esa luz y se preparara para ir a dormir, le vendrían a la mente imágenes de su pasado, de sus hijas, su esposa muerta. Se preguntaba si los traumas y el tormento que les había causado lo mantendrían en vela algunas noches.

Realmente esperaba que sí.

Comenzó a sentir mucha rabia, el sentimiento se apoderó de ella como su fuera veneno, hasta que se dio cuenta de que sus nudillos estaban blancos de apretar tan fuerte el volante.

«Quizás debería entrar ahora», pensó. «Tocaría su puerta y le diría todo. Le diría qué sé lo que hizo… Y que leí el diario de mamá».

Fue tan convincente que sintió como su corazón se aceleraba. Una pequeña y placentera descarga de adrenalina recorrió su torrente sanguíneo mientras lo consideraba.

Pero, todavía no podía ir. Aún no…

Chloe buscó el espacio más cercano para estacionar y lo usó para dar la vuelta. Se dirigió a su casa, y solo se dio cuenta al llegar al primer semáforo de que estaba apretando el volante con una fuerza mortal.




CAPÍTULO OCHO


Fue una revelación para Danielle darse cuenta de que cuando terminó su última relación, también había quedado desempleada de nuevo. El trabajo de cantinera y la posibilidad de cumplir su sueño de tener su propio bar habían sido suficiente para hacerla flotar por la vida durante unos meses, pero aquí estaba de nuevo, sin novio y sin ningún trabajo significativo.

Siempre supo ocultar su descontento con los trabajos de mierda, pero con este se le estaba haciendo muy difícil. Estaba trabajando como cantinera en un club de striptease, por más que la gerencia insistía en decir que era simplemente un club o un salón de caballeros. En lo que respectaba a Danielle, poco importaba cómo le llamaran. El hecho era que había una mujer en el escenario sacudiendo su trasero frente al rostro de un hombre al ritmo de una canción de Bruno Mars.

Ella terminó de preparar el mojito que un cliente acababa de pedir (¿quién pide un mojito en un club de striptease?) y se lo entregó. Él tenía unos cincuenta años y cuando tomó el trago, no hizo ningún esfuerzo por ocultar el hecho de que estaba mirándole el pecho. Él le sonrió mientras tomaba un sorbo de su bebida, sin dejar de mirar su pecho.

–Tú deberías estar en el escenario ―dijo mirándola a los ojos finalmente, tal vez para que ella pudiera ver que se lo estaba diciendo en serio.

–Vaya. No había escuchado eso antes. Qué frase tan original para ligar.

Confundido, el tipo la miró con desprecio y se alejó del bar para sentarse más cerca del escenario.

Sí, ella ya sabía que había más de una docena de tipos claramente desconcertados de que estuviera detrás de la barra y no en el escenario. Su gerente era uno de ellos. Y aunque Danielle había soportado bastantes trabajos degradantes en el pasado, nada la haría quitarse la ropa para que un grupo de borrachos pudieran colocar en su tanga billetes de cinco y diez dólares.

Ella sabía que era un trabajo puramente temporal. Tenía que serlo. Ella no sabía cómo podría salir de esto. Quizás podría terminar la universidad de una buena vez. Aún le quedaba un año y medio de estudios, y aunque tendría casi treinta años al momento de graduarse, al menos sería algo.

Pero los beneficios de este trabajo no eran para nada despreciables. Estaba trabajando allí cuatro noches a la semana hacía un mes. En su segunda semana, había ganado más de setecientos dólares solo en propinas. Pero el problema era la atmósfera y el ambiente del lugar. Incluso cuando aparecían en el escenario las chicas góticas que bailaban con la música que Danielle disfrutaba, siempre sentía la necesidad de salir de allí tan rápido como fuera posible.

Además, veía que las bailarinas no parecían nada infelices cuando se cruzaba con ellas tras bambalinas o cuando iban al bar. Y cuando las vio doblando sus billetes de cincuenta y cien dólares cómo si fueran simples servilletas, la idea de subirse al escenario no le pareció tan terrible.

Y esa era la razón principal por la que quería irse de ese lugar lo más rápido posible.

Echó un vistazo al bar y notó que la multitud se estaba reduciendo. Había cinco personas en total, tres de las cuales (un hombre y dos mujeres) parecían estar muy acaramelados, tal vez estaban haciendo planes para terminar su noche de domingo. Danielle miró su reloj y se sorprendió al ver que eran las 23:50. En una hora más podría irse a casa… Podría irse a su casa y dormir hasta el mediodía, algo que había dejado de hacer durante una gran parte del año pasado, ya que había tratado de convertirse en una adulta más responsable. Una adulta responsable que había dependido demasiado de un hombre, pero una adulta responsable de todos modos.

Ella decidió empezar a limpiar las bandejas de goteo de los grifos de cerveza y a ver qué licores deberían ser repuestos para actualizar la planilla del inventario para su gerente. Iba por la mitad de las botellas de tequila cuando escuchó que alguien pronunciaba su nombre detrás de ella.

–Hola, Danielle.

Era una voz masculina. Intentó descifrar de dónde la conocía, solo un par de los hombres que frecuentaban este lugar habían hecho el esfuerzo de aprenderse su nombre. Ella frunció el ceño, porque no estaba con ganas de coquetear con nadie, aunque le significara una buena propina.

Ella se dio vuelta, poniendo su mejor cara. Pero se paralizó cuando vio quién era el hombre sentado en el bar.

Era su padre. No solo lucía desubicado sentado frente a ella, sino que también era surreal verlo en el club de striptease. Él también se veía increíblemente incómodo.

La palabra papá estaba en la punta de su lengua, pero decidió tragársela. No le daría el placer de decirle así a la cara. En cambio, lo que salió de su boca fue la pregunta más obvia del mundo.

–¿Qué demonios estás haciendo aquí?

–Vine para verte ―le dijo y se inclinó hacia adelante, como si intentara alejarse aún más de las dos mujeres en el escenario que bailaban en toples a siete metros de él.

–Déjame hacerte otra pregunta ―dijo Danielle―. ¿Cómo supiste que estaba trabajando aquí?

Él frunció el ceño y señaló las botellas de licor que estaban detrás de ella con la cabeza. ―¿Puedo pedir un whisky antes?

Esforzándose para reaccionar rápidamente, Danielle tomó un vaso y lo llenó hasta la mitad con el whisky más barato del bar. Solo le faltó arrojarlo delante de él. Todo el proceso le llevó menos de diez segundos.

–Ahí tienes tu whisky. Ahora, habla.

–No estoy orgulloso de haberlo hecho ―dijo―. Pero te he seguido.

–¿Desde dónde? ¿Sabes dónde vivo?

Se tomó el whisky de un solo trago, haciendo una mueca luego de tomarlo. Él deslizó el vaso hacia ella y asintió en señal de que lo llenara de nuevo. Danielle tomó el vaso y lo puso a un lado.

–Responde la pregunta ―espetó.

–No sé donde vives. Estaba conduciendo frente a la casa de Chloe la semana pasada. Fui hasta allí y toqué a su puerta porque no me responde las llamadas ni los mensajes. Y cuando salía del edificio y me metí en mi coche, te vi. Estabas entrando al edificio y…

Él se detuvo, mirando por encima de su hombro cuando comenzó una nueva canción. Detrás de él, las mismas dos chicas bailaban y se contoneaban con una lastimosa canción de rock.

–¿Podemos hablar en otro lugar? ―preguntó él.

–No, estoy trabajando.

–Cinco minutos, Danielle. Es todo lo que te pido.

Ella estuvo a punto de rechazar su propuesta, pero se dio cuenta de que él tenía todas las respuestas que ella necesitaba. ¿Cómo supo que estaba trabajando allí? ¿Qué más sabía sobre ella? ¿Y qué demonios estaba haciendo allí?

–Espera ―dijo ella.

Ella fue hacia la puerta del extremo izquierdo de la barra y la abrió. A la derecha, la bailarina que recién había bajado del escenario estaba subiendo las escaleras hacia el vestuario. Hacia la izquierda, había un pequeño pasillo con otros tres cuartos, un baño para empleados, una oficina y una pequeña sala de descanso para las chicas.

Su gerente estaba parado en la puerta de su oficina, hablando con otra bailarina y con el DJ de respaldo. Cuando vio que Danielle salió de la barra, terminó la charla y se acercó hacia ella. No era porque ella fuera importante, simplemente era porque la única cantinera trabajando desde las nueve de esa noche, ya que los domingos tienden a ser muy tranquilos.




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